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martes, 13 de septiembre de 2016

CAMINATA AL IBÓN DE PIEDRAFITA

     La tarde del lunes 5 hicimos una pequeña salida senderista hasta el Ibón de Piedrafita, un pequeño lago de origen glacial más o menos a una hora andando desde el pueblo que presta su nombre al ibón. Discurre aproximadamente la mitad del trayecto por carretera asfaltada, correspondiendo la otra mitad a una pista forestal, más un pequeño tramo que podría considerarse estrictamente como un sendero. A excepción del tramo final, donde las vistas se abren a la escarpada Sierra de Partacúa, la carretera y la pista están rodeadas por el bosque, donde en su espesura resultaba casi imposible observar a los pájaros que podíamos escuchar, y que aparecían fugazmente moviéndose entre las ramas.
     Al poco tiempo de iniciar la marcha nos detuvimos a mirar un carbonero palustre, que solo se dejó ver por unos breves instantes. Lo mismo nos hizo, más adelante, el papamoscas cerrojillo, y uno de los camachuelos comunes que pudimos ver posado, de un bando al que vimos en vuelo, mientras emitían su canto, que nos sirvió para identificarlos. Por la carretera encontramos un par de pequeñas serpientes, chafadas en el firme, que probablemente fueran coronelas europeas. Los arrendajos y las urracas, en cambio no nos ponían ningún problema para poder identificarlos fácilmente.

Sierra de Partacúa

Ibón de Piedrafita

     Llegando al ibón la vegetación se aclaraba, y empezaba a dominar el paisaje rocoso en el que habitaba la collalba gris. Por el entorno del ibón había infinidad de diminutas ranas bermejas juveniles, y multitud de pequeños sapos parteros, algunos de los cuales todavía presentaban cola. Vimos también un pequeño sapo común, y encontramos bastantes tritones palmeados, todos ellos ejemplares inmaduros. Y en el desagüe por el que el ibón evacua el agua cuando esta supera los niveles máximos que puede contener el pequeño lago, donde hay un pequeño dique de contención, merodeaban por sus inmediaciones las roqueras lagartijas de los muros.

Sapo Común Ibérico

Tritón Palmeado, inmaduro
     Cuando nos marchábamos pudimos ver un pequeño grupo de cornejas que se acercaron al entorno del ibón. Íbamos andando más ligeros de vuelta, que a la ida, sin pararnos tanto a mirar a nuestro alrededor, pero no nos pasaron inadvertidos unos petirrojos que pudimos ver en la carretera. Entre los sonidos que provenían de la vegetación colindante a la carretera, se podía distinguir los reclamos del petirrojo.

(*) Fotografías: gentileza de David Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Papamoscas Cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
  • Carbonero Palustre (Poecile palustris)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Camachuelo Común (Pyrrhula pyrrhula)
  • Lagartija Roquera (Podarcis muralis)
  • Tritón Palmeado (Lissotriton helveticus)
  • Sapo Partero Común (Alytes obstetricans)
  • Sapo Común Ibérico (Bufo spinosus)
  • Rana Bermeja (Rana temporaria)

viernes, 6 de mayo de 2016

UNA VISITA RÁPIDA A LA SIERRA DE BAZA

     Antes de salir para Daimiel, a otro Voluntariado, me urgía dejar terminada esta crónica, escrita con un poco de prisa. Ayer acompañé a Fran Checa a una reunión en Benamaurel. Cuando terminó, nos encontramos con Fran Silva, y este nos llevó a aprovechar un rato por la tarde a un rincón de la Sierra de Baza, al Cortijo Narváez, donde se encuentra el Centro de Visitantes del Parque Natural y un Complejo Rural. De camino se nos había cruzado un zorzal charlo. Encontramos cerradas las instalaciones. Pero a cambio disfrutamos de la tranquilidad de no tener a nadie cerca, hablar de nuestras cosas, reírnos y de conectar con la Naturaleza del entorno. Como si quisieran intervenir en nuestra conversación, solían escucharse a los piquituertos desde lo alto de los cipreses y los cedros, a los carboneros garrapinos y a los pinzones de entre los pinos, los arrullos de la torcaz procedentes del interior del bosque, y de vez cuando también un cercano pico picapinos con sus monosilábicas notas.
     Tras almorzar nos dimos un breve paseo por los alrededores. Mientras concluíamos que una pequeña encina que había nacido bajo unos cipreses era obra de los arrendajos, reputados sembradores de bosques, nos sorprendió un ciervo que bajaba a la carrera por la ladera. Se situó unos instantes cerca de nosotros, quieto, pudiendo ver que era un macho en el que despuntaban los pivotes óseos de la incipiente cuerna, carraspeó, sacudiendo la cabeza, quizás tratando de librarse del acoso de las moscardas, y se marchó. Y mientras mirábamos la cantidad de muérdago que amenazaba la vida de algunos pinos laricios, descubrimos a una ardilla en la copa de otro, pegada al tronco. Nuestro paseo nos llevó a la mancha de cipreses donde de vez en cuando cantaba y tamborileaba en la madera el pico picapinos, pudiendo ver al pájaro carpintero volar, mientras pasaban cantando los pequeños bandos de verdecillos y piquituertos. Llegamos a ver algún piquituerto posado en la parte superior de estos lanceolados árboles de los que extraen las semillas de sus gálbulos.
     Pero Silva no podía quedarse toda la tarde con nosotros, de manera que cuando nos despedimos, Checa y yo decidimos hacer el par de senderos que de allí parten. Pero una cosa es lo que planificas, o lo que teníamos intención de hacer, y otra es lo que luego realmente haces, a menudo en función de la disponibilidad de tiempo. Y es que nos entretuvimos más de lo que quisimos en el itinerario circular que recorrimos. Antes de empezar el recorrido, estando en el entorno del cortijo, recibí la llamada del coordinador de WWF/Adena, para confirmar mi plaza en el Voluntariado. El sendero discurría casi ininterrumpidamente entre bosques de pino laricio, resinero y carrasco, mezclados entre si. Al poco rato de empezar la caminata, llegamos a una fuente donde se agolpaban los piquituertos, y algún que otro pinzó, para beber. El canto del carbonero garrapinos podía escucharse casi todo el tiempo, y más tarde acabamos viendo algunos.
     Llegamos a un mirador, elevado y sobre un área despejada, desde el que podíamos contemplar las cumbres de la Sierra de Baza que nos rodeaban. Oímos las graznantes llamadas de las chovas, y las descubrimos altas, surcando el cielo plomizo de la tarde. Del pinar surgían los ásperos reclamos del arrendajo, consiguiendo ver alguno. También vimos algunas palomas torcaces, en vuelos altos y rápidos, sobre el techo de las copas de los pinos, y algún mirlo, volando bajo, a los cuales además pudimos escuchar. Los relinchos del pito real y las agudas notas del agateador también sonaron entre los murmullos del bosque, pero sin que llegásemos a verlos. Logramos ver al herrerillo capuchino, aunque apenas un instante, gracias a que lo delató su canto.
     Cuando llegamos de vuelta al Cortijo de Narváez, determinamos que se nos haría muy tarde si hacíamos también el otro sendero. Antes de montarnos en el coche para irnos, pudimos observar sobre el tejado del cortijo al carbonero común. Pero toda esta historia tan solo es un fragmento que he querido destacar de la Naturaleza con la que estuve en contacto y de los avistamientos que realicé en el día de ayer. La siguiente lista de especies es por lo tanto, solo una parte del total que pude observar, por la carretera, en el entorno de Benamauriel por el que anduve mientras esperaba a que Fran terminase, y en Sierra Mágina, donde paramos a cenar en un área recreativa.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Carbonero Garrapinos (Periparus ater)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)

domingo, 11 de enero de 2015

AGUARDO EN EL HIDE DEL MULADAR

     En un rincón de las estribaciones de Sierra Madrona hay un muladar, desde donde a través de las ventanas de un hide, tuve una apasionante vivencia campera hace un par de días. Fui testigo de unas espectaculares secuencias que tuvieron por protagonistas a las aves necrófagas, como si estuviera visionando un documental, que aquí narro lejos de la elocuencia de haberlo podido presenciar en directo.
     En camino, por la noche, se nos cruzó un ratón en la carretera. Circulando ya por los carriles interiores de la finca, vimos una liebre con las luces de la furgoneta, e intuimos las siluetas de unos ciervos en la oscuridad, bajo el resplandor de la luna decreciente. Una vez colocados en el interior del hide, cada cual en su sitio, solo rompía el silencio el búho real con su cantar, mientras esperábamos el amanecer.
     Con el clareo de las primeras luces, pudimos ver la primera ave que hizo su aparición en el muladar, una hembra de colirrojo tizón que se posó sobre el cadáver del ciervo. Sopló el aire con cierto vigor, el rato posterior a la salida del sol que bañaba de luz las altas lomas, pero no hacía demasiado frío. Un par de zorzales se posaron en las partes altas del las encinas, mientras ya podíamos ver los buitres leonados posados en los cercanos riscos. Despegaron los primeros, pero pasaron de largo. Escuchamos al águila imperial, y también a los cuervos, pero todavía no había entrado nada al muladar. Los bandos de palomas también pasaban cerca. Unos aviones roqueros revolotearon por allí. Otro grupo de buitres cicleó sobre el muladar, pero altos, antes de alejarse, mientras una lavandera cascadeña se afanaba en la caza de insectos entorno a la carroña.
     El grueso de colonia de buitres leonados, junto algún negro, volaba, desfilando hacia otra parte. El vuelo bajo de una joven águila real junto a un viejo buitre negro sobre el muladar, creó el primer momento de gran expectación en el grupo que aguardaba que llegara a posarse alguna gran rapaz a tiro de sus objetivos fotográficos. Poco después un par de buitres leonados, dieron unas vueltas sobre el muladar, volando bajo, pero también se fueron.

Águila Imperial joven, sobre la copa de una encina

     A nuestras espaldas podían oírse los arrendajos, y mientras uno de estos córvidos se entretenía en picotear un trozo de carne en un posadero de una encina seca, se dejó caer el águila imperial, que vino a pararse sobre la copa de una encina. Era un ejemplar joven que permaneció bastante rato en el sitio que eligió de posadero, mientras simultáneamente unos milanos reales comenzaron a sobrevolarnos. Y solo cuando el águila se fue, se dedicaron los milanos a dar pasadas y hacer picados para tratar de coger con sus garras algún trozo de carne. Solo un milano se atrevió a aterrizar en el suelo, aunque por un breve momento, tras llevarse un jirón de carne. Entre tanto un joven buitre negro se paró cerca del muladar, lejos del hide, pero después de un rato se acabo marchando.
     Se sucedió el rato de actividad de las rapaces, con la calma, en el que el grupo deparaba entonces en los colirrojos tizones y los arrendajos que visitaban el muladar. Alguna paloma se adentraba en el interior de las copas de las encinas del interior del recinto acotado, mientras que de vez en cuando, algún que otro zorzal pasaba volando. También se acercaron los primeros rabilargos, que expulsaron a la lavandera cascadeña de las inmediaciones de la carroña. De todos modos, a la cascadeña le salió otro competidor más directo. Una lavandera blanca, ligeramente más grande, que también se dedicaba a capturar insectos, alejaba a la cascadeña de su lado, allá donde iba. Se oían a las perdices por detrás de nuestra posición. Un cernícalo pasó raudo sobre el muladar. Y llegó el primer cuervo, a posarse sobre una encina, desde donde emitía su llamada, hasta que poco después apareció su compañero.

El vuelo de una joven Águila Real

     De repente los rabilargos y los arrendajos desaparecieron. Y del cielo cayó una joven águila real, que en seguida se vio acosada por la pareja de cuervos, hasta posarse en interior de la frondosa copa de una encina. No podíamos verla, pero sabíamos que estaba allí. Los rabilargos, los arrendajos y uno de los cuervos marcaban su posición con sus voces de alarma. Pero el águila trepó con un aleteo hasta la percha superior de la encina, coronándola, y descubriéndose ante nuestra atónita mirada. Y desde ahí se tiró al suelo, donde anduvo y estuvo picoteando los viejos esqueletos. Alzó el vuelo para intentar apostarse en un posadero, la rama seca de una encina, pero el lance de los cuervos puso al gigante alado en retirada.

Deslizándose planeando
Aterrizando






























     Pero no esperamos mucho tiempo, cuando la joven águila imperial vuelve aparecer, parándose directamente en el suelo, bajo una encina. Y casi a la vez llegó otra vez la joven real, que fue a colocarse frente a la imperial. Los retoños de otra encina que teníamos delante no nos dejaron ver con claridad la breve escaramuza, que acabó abandonado la imperial para posarse sobre la copa de una encina. La real imitó a su competidora, apostándose en otra encina. Y en una tercera encina, la pareja de cuervos estaba tan pendiente de las águilas como nosotros. Más impaciente que la imperial, la real cambia de encina, a lo que los cuervos responden arrojándose en picado sobre ella, en el corto trayecto. Las águilas permanecieron tranquilamente sobre sendas encinas durante un largo rato. La primera en irse fue la real, y bastante después hizo lo mismo la imperial.


Levantando el vuelo
Increpada por un cuervo






























     Los milanos también retornaron con sus acrobacias aéreas, sus virajes y sus picados para llevarse algún pedazo de carne consigo. El cernícalo también volvió a aparecer por allí. Un nuevo visitante fue la abubilla, prospectando el suelo. Los cuervos siguieron por allí, y bajando a recoger trozos de carne sueltos. Los arrendajos pasaban y parecían pararse por curiosear. Los rabilargos iban y venían sobre la carcasa del ciervo. Los colirrojos tizones se dedicaban a capturar insectos, sin que mediasen enfrentamientos con las dos lavanderas. Y el desfile de buitres comenzó de nuevo, esta vez en dirección al roquedo.
     Entrada la tarde, cuando ya no se espera que llegue ningún comensal del muladar, avisamos al guarda para que viniese a buscarnos. Es muy importante seguir este procedimiento, pues aunque aparentemente no haya ningún ave cerca, si alguna llega a detectarnos salir directamente desde el hide, podría recelar. Antes de salir de la finca pudimos ver tres abubillas, unos ciervos, un gavilán y algunos muflones. Por la carretera vimos los estorninos congregados en los cables de los tendidos eléctricos, un par de cigüeñas en los campos, más un par de ratoneros sobre sendos postes de las dehesas del Valle de los Pedroches.

Fotografías: gentileza de Julen Gayarre y Luke Massey.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nissus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

ÚLTIMA JORNADA DE CAMPO DEL AÑO EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Un año más termino pasando sus últimos días en el monte, en la cercana Sierra de Andújar. Nunca hay dos días iguales en el campo, aun estando en los mismos lugares e incluso repitiendo en las mismas horas. Siempre se puede observar algo diferente. De estos últimos días, destaco el de hoy, en el que hemos apurado al máximo las horas de luz.
     Avanzando lentamente por las dehesas podían verse urracas, rabilargos, palomas y perdices moviéndose agrupadas. Nos detuvimos un momento al escuchar a las urracas, pero como en muchos casos, no marcaban nada.
     También aparecían los conejos, que a lo sumo eran dos los que podían verse juntos. La mayoría en solitario, denotando la triste realidad que han dejado tras de si las enfermedades que han diezmado las poblaciones del lagomorfo que era tan común antaño. Sin conejos en el monte, sus depredadores habituales se ven avocados a buscar fuentes de alimento alternativas, entrando en conflicto con intereses humanos, o ampliar sus territorios y dispersarse más. Esta es la principal causa que hayamos cerrado un año tan catastrófico para el lince ibérico, con la fatídica cifra de 27 muertes por causas no naturales… que se sepa, según datos oficiales. Principalmente han sido atropellos, pero también ha habido algún ejemplar que se ha dejado la vida en la trampa o en el tiro de escopeta de algún desaprensivo cazador. También por la caza los ciervos se mostraban bastante huidizos.
     Las totovías, invisibles en el suelo, no se descubrían hasta que no levantaban el vuelo, o bien cuando emitían su melódico canto. Entre las apretadas zarzas que crecen junto al río se escuchaba al petirrojo, que de vez en cuando se descubría. Un cormorán pasó volando siguiendo el curso del río. Entre los deshojados fresnos podía oírse los reclamos del pico picapinos, que no vimos hasta que no emprendió su ondulante vuelo. La hierba crujía con nuestros pasos, y en lugar de mostrar flexibilidad, estaba rígida debido a la escarcha.
     Subimos hasta una alta loma desde donde oteamos el terreno un rato. Vimos pasar unos ciervos, que se desplazaban apresurados, tal vez asustados por tres perros que parecían extraviados, que habíamos visto momentos antes. La presencia de estos animales en el monte, bien perdidos en tras las monterías, o abandonados directamente por sus dueños, provoca serios perjuicios en las especies silvestres y en el ganado doméstico. Pasaron también algunas palomas, y un arrendajo que se metió en la copa de un pino.
     Bajamos hacia las dehesas, por un umbrío barranco donde el bosque mediterráneo alcanza su máximo esplendor con las siempre verdes encinas y los ahora dorados quejigos, mezclado los madroños de hojas de verde brillante y sus vistosos frutos rojos, los verdes oscuros del mirto, del agracejo o del lentisco, y las rojas cornicabras, ofreciendo a la vista un hermoso contraste cromático. En esta vaguada hay rincones donde no penetran los rayos de sol en todo el día, blancos por el hielo, de la escarcha que se acumula de un día para otro. En las dehesas, donde la vegetación no es tan apretada como en el barranco, podían verse fácilmente las urracas, los rabilargos y las perdices. La observación de los conejos repetía prácticamente en los mismos sitios.
     Tras hacer un recorrido prospectando las dehesas bajas, volvemos a dirigirnos a otro punto en las partes altas, desde donde otear el terreno. Un par de zorzales cambiaron su rumbo a descubrir nuestra posición. Pasado el medio día, me aposté contra una roca de granito en una ladera, desde donde tener una cómoda perspectiva. En un momento que me dio por volver la mirada atrás descubro una enorme serpiente que se arrastra detrás de mí. Pero lo que me desconcierta es que no logro identificarla claramente, por presentar una librea negra que no me es familiar entre las especies de ofidios propias de aquí. De hecho, hasta barajé la posibilidad que pudiera tratarse de una especie exótica, mientras me inclinaba sobre ella para poder verle la cabeza. Cuando consigo vérsela, concluyo que se trata de una culebra de herradura, inusualmente negra, en la que casi resultaban inapreciables las manchas que lucen los ejemplares ibéricos. Este diseño es más característico de los individuos norteafricanos. Sobrepasaba el metro de longitud, pero también resultaba sorprendente que estuviera activa en pleno invierno, que aunque había sido relativamente cálido, desde hace unos días helaba bastante.

Culebra de Herradura

     A la hora del almuerzo hizo su aparición, aunque en la lejanía, el águila imperial. Por la zona empezaron a mostrarse muy activos los pequeños pájaros a primera hora de la tarde. Sobre todo se veían petirrojos y mosquiteros, pero también un pequeño agateador trepando el tronco de un pino, y un reyezuelo que no cesaba de moverse entre las ramas de una encina.
      De vuelta hacia las zonas bajas paramos en un par de lugares, a media altura, a hacer unas breves esperas. Desde el primer sitio donde estuvimos se empezaban a ver ciervos otra vez por las laderas de los montes, más activos por la tarde que por la mañana. Por aquí se oyeron jilgueros. También se oyó al águila imperial, y poco más tarde apareció para posarse sobre la horrible estructura metálica de una torreta eléctrica. En el segundo sitio donde paramos veíamos los prados de las dehesas ya en penumbra, por donde también había ya algún ciervo pastando. Un grupo de urracas se concentraba en un sitio, emitiendo su alarma, pero de nuevo no señalaban nada. También se dejaron oír los pitidos del pito real y el reclamo del herrerillo.
     Llegamos hasta la inmediación del río, donde poco a poco se nos hizo de noche, en una espera en el interior del coche. Se escuchaban los reclamos de petirrojos, del chochín y de la curruca cabecinegra. También se oyó graznar una garza real. Con la oscuridad, empezaron a oírse los reclamos de los mirlos. Con su pesado vuelo, la negra silueta de un búho real surcó el cielo hasta posarse en una torreta eléctrica. Con el telescopio pudimos apreciar con algo más de detalle, tanto como nos permitía la poca luz que ya quedaba, al compacto búho, que llegó a ulular. Mientras, también empezó el cárabo a hacerlo desde el bosque de ribera. Y desde la lejanía, también llegaron a nuestros oídos los ladridos de un zorro.
     Recorriendo los caminos, en dirección a la carretera, se nos cruzaron tres gamos, vimos más ciervos, los conejos parecían más activos de noche, y finalmente también se atrevió a atravesar el caminote lado a lado un pequeño ratón.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Reyezuelo Listado (Regulus ignicapilla)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)

domingo, 16 de noviembre de 2014

ESCAPADA A SIERRA MADRONA, POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Tras varios días seguidos de lluvia, aprovechamos la calma de ayer Raimundo y yo para salir de campo. Fuimos hasta Sierra Madrona, atravesando la Sierra de Andújar. Más allá de los animales que pudimos ver, destacó la presencia del agua en el paisaje, que se precipitaba a través de los arroyos, o se acumulaba en charcos.
     Carretera arriba, hacia la sierra, me fijé en unas palomas torcaces posadas en un eucalipto, en los estorninos alineados en los tendidos eléctricos, y en los rabilargos que se movían por el entorno. En Las Viñas realizamos nuestra primera parada, corta, pero en la que nos dio tiempo a escuchar la continua y variada cascada de notas de los estorninos, acompañados del agudo canto de los petirrojos, como música de fondo, a la que de vez en cuando se le imponía los graves reclamos de algún cercano herrerillo o del pico picapinos que no acertamos a ver.
     Seguimos adelante, viendo algunas urracas por las cercanías de la carretera. La siguiente parada la hicimos al cruzar el Río Jándula para contemplar a un par de cercanas grajillas posadas en la desnuda rama de un chopo, la mayoría de los cuales están vestidos ahora de amarillo.
     Pocos ciervos y numerosos buitres fueron la razón principal de algunas de nuestras siguientes paradas. A veces resultaba difícil determinar la especie de buitre que estábamos viendo, pues aunque no volaban demasiado altos, lo hacían contra el gris oscuro de las nubes. Las siluetas nos ayudaban bastante a discernir los negros que se mezclaban con los cuantiosos leonados. Entre tanto podían escucharse a los arrendajos y al pito real, que habíamos visto cuando íbamos en marcha por la carretera, así como también rabilargos y algunos zorzales. Los bandos de pinzones también podían verse fácilmente al levantarlos a nuestro paso. Dediqué una pequeña parada a un petirrojo posado sobre la horquilla más alta de una rama seca. En otra parada nos acercamos a un arroyo, donde una rana se delató al saltar al agua. Más otra parada en la que nos dedicamos a recolectar unos cuantos madroños, tarea que mientras realizábamos, nos acompañaba con sus cantos el trepador azul, el herrerillo y los petirrojos que estaban por los aledaños.


Arroyo de la Sierra de Andújar

     Abundaban los buscadores de setas en Sierra Madrona. Podíamos ver sus coches aparcados junto a la carretera al pasar. El lugar que elegimos para campear fue el tramo alto del Río Jándula. Dirigiéndonos hacia allí, paralelos a las cumbres rocosas, podíamos ver altos a los buitres leonados sobrevolándolas. El primer sitio al que quisimos ir era la Hoz del Jándula, pero el abundante caudal de este río, al que le aunaba el del Robledillo, nos lo impidieron. Envidiamos al andarríos grande y a la garza real que podían desplazarse en vuelo sobre el río, y posarse allá donde les daba la gana. De lejos se oía al ruiseñor bastardo. Y llegamos a ver a una pequeña rana que prefería la tranquilidad de un pequeño charco, que los agitados caudales de los ríos próximos.

Hoces del Río Jándula

     El siguiente sitio al que fuimos, donde almorzamos y echamos casi el resto de la tarde, hasta que decidimos irnos, fue otra zona próxima al río. Unos pitidos cortos y de timbre agudo se repetían a un ritmo continuo sin variaciones. En mis pensamientos era incapaz de identificar al pájaro que producía semejante sonido. No podían ser los cuatro cormoranes que se movían por allí, y que paraban sobre unas piedras, aguas arriba, ni la garza que levantó el vuelo cuando nos vio aparecer. Tampoco eran los aviones roqueros, ni los lejanos buitres que con su vuelo cicleante coronaban la sierra. Dejé de prestarle atención, y entre tanto Raimundo localizó un grupo integrado por seis cabras en el roquedo de la otra orilla. Estuvimos siguiéndolas con la vista en su ascenso por la inclinada cornisa, hasta que se perdieron.

Cabras Monteses

     Apenas unos momentos después, por puro azar, dejé caer la mirada perdida sobre la corriente del río, sin estar buscando nada más allá del sosiego. Pero hay algo que irrumpe a la superficie desde el fondo oculto por las turbias aguas y me obliga a fijarme en ello. Un breve instante de desconcierto me sacude la mente, tratando de averiguar lo que es. Podría ser la cabeza de un pez, pero es una silueta más grande la que asoma en el río, avanzando aguas abajo, y que seguidamente desaparece bajo el líquido elemento. Justo en ese preciso instante, me atrevo a decirle a Raimundo que acabo de ver una nutria, aun cuando el margen de la duda, por la fugacidad del acontecimiento, estaba en mi cabeza.
     Deliberábamos los dos sin quitarle la vista al río. Cada segundo pasaba lentamente, y me hacía perder a pasos agigantados la esperanza de que volviera a emerger la señora del río. Pero lo hizo, dándome tiempo a señalársela a Raimundo. Ahora iba vadeando las aguas de tal manera que también podíamos apreciar la parte dorsal del alargado cuerpo del mustélido acuático. Y con los prismáticos, descubrimos que lleva un enorme pez atrapado entre sus fauces. Raimundo cae en la cuenta sobre la autoría en la nutria de esos repetitivos y silbantes sonidos que llevábamos oyendo desde hacía rato. Y efectivamente comprobamos que dejábamos de oírlos cada vez que se sumergía, y que nuevamente escuchábamos cada vez que asomaba la cabeza. Curso abajo se fue, hasta que la perdimos de vista y dejamos de oírla.
     Continuamos un rato más por las inmediaciones. Por aquel tramo del río se movían ahora un par de lavanderas cascadeñas. Los cormoranes estaban aguas arriba, y aguas abajo una garza real que de vez en cuando lanzaba al aire su graznido mientras volaba. Un mirlo, dando su voz de alarma, salió al descubierto desde unos sauces de la orilla. Y descubrimos un galápago sobre una piedra en medio del ya umbrío río por la caída de la luz. Pero la nutria era la protagonista del reciente recuerdo en nuestra memoria y en nuestro intercambio de impresiones.
     Los ciervos se volvieron más activos con la caída de la tarde, que vimos en mayor número al volver. Incluso paramos para ser testigos de una pelea entre machos. Aún luchan y aún berrean los señores del bosque en pleno Noviembre. Mientras los contemplábamos, un petirrojo que salió de un lentisco, se interpuso en mi campo visual. Pude ver otro más cuando íbamos circulando, y también una perdiz que se nos cruzó por la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

jueves, 13 de noviembre de 2014

TRABAJO DE CAMPO EN SIERRA MADRONA

     Con motivo de acondicionar el muladar para próximas carroñadas, José Luis y yo nos desplazamos ayer hasta una finca ubicada en Sierra Madrona. Por las dehesas de encinas del Valle de los Pedroches, veíamos sobre todo urracas dispersas, algunos bandos de pinzones que se levantaban de la carretera a nuestro paso y tórtolas turcas cerca de los pueblos. Unas lavanderas blancas se paseaban sobre la verde hierba de una pequeña pradera donde pastaban unas ovejas. Unos buitres leonados, volaban bajos, sobre las encinas, enfrentándose a la tenue lluvia que dejaba caer el denso cielo gris. Se cruzaron en vuelo un arrendajo y un pito real. Como un pequeño bolo de granito más, permanecía un rechoncho mochuelo posado sobre unas redondeadas rocas de este tipo. A un lado del camino también quedaron un conejo sobre un montículo de arena junto a un arroyo, un alcaudón real posado visiblemente en una rama seca de un arbusto, una abubilla posada en la rama seca de una encina, y un carbonero que se ocultó en el interior de la copa de una encina.
     Al entrar a la finca había reunidos bajo unas encinas grupos de muflones que se ponían a cubierto de la fina llovizna. Mientras estuvimos en los aledaños de la casa me fue posible observar a una pareja de mirlos en el jardín, y un colirrojo tizón. También me era posible escuchar a una cercana ranita meridional. Los gorriones estaban presentes en el interior de una nave a la que fuimos a coger algunas de las herramientas que necesitábamos.
     Empleamos todo el tiempo de luz a la limpieza y arreglo de los hides y a quitar tantos huesos como pudimos de anteriores carroñadas, con la ayuda de dos voluntarios estadounidenses que están en la finca como woofers. Vimos una perdiz sobre una piedra de camino al muladar. Y antes de entrar, hicimos una parada casi obligatoria para contemplar los buitres que volaban entre las espesas nubes que envolvían los roquedos más altos. No tardamos en descubrir que había muchos más buitres posados en las rocas, con sus enormes alas extendidas. Aparentemente todos eran leonados, tanto los que estaban en vuelo, como los incontables buitres hacinados en las rocas, pero en el entorno del muladar había un par de negros posados en el suelo. Estuvieron sobrevolando el muladar a lo largo de la mañana mientras nos dedicábamos a nuestra labor. Los rabilargos también se movían por la zona. Entre tanto, podía oírse de vez en cuando la totovía, el pito real y las chovas piquirrojas.
     Buscamos para comer la cercanía de un par de albercas contiguas, donde un martín pescador realizó una formidable zambullida, y en cuyo entorno encontramos bastantes excrementos de nutria. Desde allí nos era posible también escuchar la berrea del ciervo. De vuelta al muladar, una familia de perdices corría por el mismo camino por donde íbamos, hasta que con una volada se echaron a un lado, hasta los juncos de un arroyo donde se ocultaron. Un zorzal charlo se cruzó y fue a posarse a una piedra en medio de un prado.


Ejemplar subadulto de Culebra de Escalera

     Una vez en el muladar, a primera hora de la tarde, mientras llevaba una carretilla de huesos que había recogido al remolque donde los estábamos cargando, me encontré con una culebra de escalera, que a pesar de su considerable tamaño, era todavía un ejemplar subadulto, pues aún se le intuían en el dorso el dibujo de los peldaños de la escalera que presentan los juveniles. El día húmedo y fresco hacía que sus movimientos fueran muy lentos.

     Algunos rayos de sol se abrieron paso entre las nubes a media que atardecía. También apareció por el muladar un colirrojo tizón. Y además de seguir oyéndose a ratos la totovía, el pito real y las chovas, también hubo un momento en el que oí unos pardillos que no pude localizar con la vista, y un arrendajo que empezó a graznar desde el interior de una encina. Pude ver unos lejanos ciervos que iban a la carrera, fuera del recinto vallado del muladar.
     Apuramos la tarde para colocar un hide sobre una estructura metálica, enfocado al águila imperial, con el objetivo de conseguir unos fondos adecuados de cara a la fotografía. Los ciervos empezaron a mostrarse activos al caer la tarde, que vimos cuando nos íbamos de la finca. De vuelta, ya de noche, se nos cruzaron por la carretera un par de ratones de campo.
    

Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemos sylvaticus)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Culebra de Escalera (Rhinechis scalaris)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)

lunes, 24 de diciembre de 2012

CARROÑADA

     En un muladar de Ciudad Real, ubicado en la Sierra Morena oriental, asistí ayer a mi primera carroñada, donde tomé mis primeras fotografías de fauna silvestre, a los comensales del festín, que no solo fueron buitres. Todo gracias a José Luis Ojeda, quien me llevó allí como parte de nuestro trabajo de campo (con los pertinentes permisos en regla, tanto de la Administración Pública, como del propietario de la finca privada), quien me prestó la cámara y con quien compartí esta jornada campera.

Águila Imperial Ibérica

     Antes de las 6.00 de la mañana nos pusimos en marcha, pues teníamos una hora aproximadamente de camino por delante, y debíamos entrar en el hide antes de las primeras luces del alba, para evitar ser vistos por los buitres. Recorriendo los carriles interiores de la finca que conducen al muladar se nos cruzó un pequeño lirón careto, aún activo en el primer día del invierno. Lo cierto es que el día fue soleado, y apenas hizo frío.
     En plena oscuridad entramos en el hide, y desde el interior de su habitáculo, en las 12 horas que allí permanecimos, vimos levantarse el día, y así mismo ponerse, cuando la noche volvió a cubrir con su oscuro manto los montes mariánicos. La cogujada montesina cantaba temprano, con la primera claridad del día. Y con esa misma claridad, cuando todavía la luz no había alcanzado el fondo del valle donde nos encontrábamos, descubrimos que ya había buitres esperando la pitanza, un viejo negro entre unos pocos leonados.

Buitre Leonado y Buitre Negro

     Parecía que la carroña se hacía de rogar, y a nosotros empezaba a invadirnos cierta sensación de impaciencia, y mientras seguía nuestra espera, llegó otro buitre leonado a posarse en una encina. No podíamos arriesgarnos a hacerles fotos sin que estuvieran comiendo, pues podían desconfiar, o ahuyentarlos. Otros buitres permanecían a la espera posados en el suelo, pero fuera del muladar. Entre las ramas de las encinas también se movían unos estorninos negros, haciendo distintas imitaciones de otros cantos de aves que incluso llegaron a confundirnos. También llegaban a nuestros oídos los ásperos graznidos de los arrendajos que pululaban entre los quejigos a la espalda del hide. Algunos buitres más madrugadores, y quizás también los más hambrientos, habían levantado su pesado vuelo, y daban vueltas sobre el muladar. Los rabilargos también habían empezado a prospectar el terreno, así como una pareja de cuervos, que posados en la rama alta de una encina, se acicalaban en demostración de su amor corvino. Y sobre el muladar también voló una joven águila imperial.

Pareja de Cuervos, acicalándose

      Por fin llegó el guarda, y dejó los despojos de los ciervos donde le indicó José Luis. No tardaron mucho en llegar los primeros comensales, que tal y como describen los libros de Ciencia, fueron los córvidos, que con sus plumajes fanéricos llamaron la atención de los buitres. Los córvidos que aquí reclamaron a los buitres fueron los rabilargos, y como si de una cascada se tratara, los buitres que había fuera del muladar despegaron para volver a tomar tierra cerca de los restos de los venados, mientras del cielo se precipitaban los que antes cicleaban, y a su vez atraían como imanes a los que aún permanecían en la buitrera cercana. La joven imperial volvió a dar una pasada sobre el lugar, y la pareja de cuervos también regresó.

Buitres Leonados oteando desde la copa de una encina

Más Buitres Leonados que Negros esperando para comer





























     Pero la guinda del pastel la puso otro comensal que acudió al festín de vísceras. Una maravilla alada que cayó del cielo, y con su canto nos anunció su llegada al posarse en la rama más alta de una encina. Un águila imperial adulta que estuvo unos 4 minutos apostada a tan solo 35 metros de nosotros. Algo más tarde también se paró la joven imperial en otra encina del muladar, pero no podíamos verla. Escuchamos en varias ocasiones a lo largo del día los reclamos de la pareja de adultos, a los que también vimos sobrevolar el muladar, pero no volvieron a posarse por allí cerca.

Ejemplar adulto de Águila Imperial

     Entre tanto los buitres iban y venían durante todo el día, y las horas pasaban léntamente. Recelaban de comer más allá de algunos despojos sueltos. Parecían esperar al que alguno, el más hambriento, se atreviera a hincar su pico en la carne, pero cuando alguno lo intentaba, estallaba el duelo vultino. Los dominantes del grupo de buitres comunes, no permitían a sus congéneres comer. Abrían las alas y alzaban una de sus patas en actitud amenazante. Los negros, numéricamente muy inferiores a los leonados, se entremezclaban con ellos, pero sin obedecer sus protocolos.
 

Buitre Leonado en actitud de amenaza

Avalanzándose sobre una cabeza de ciervo
Comiendo













     Muy altas, en el cielo planearon junto a los buitres una pareja de cigüeñas comunes. Las chovas piquirrojas también se escuchaban al sobrevolar el muladar, incluso una se posó a lo lejos, al otro extremo de donde estábamos, pero no se acercó a la carroña. En las primeras horas de la tarde se oía el canto de las perdices, y una se aventuró a cruzar el muladar, picoteando entre la hierba. Más tarde también lo hizo una abubilla que afanosamente sondeaba el terreno en búsqueda de los invertebrados con los que se nutre.

Abubilla

     Y cuando al anochecer salíamos de la finca, pudimos ver ciervos, un zorro y muflones. Por la carretera, de vuelta, también se nos cruzó otro zorro.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Lirón Careto (Eliomys quercinus lusitanicus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) 
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)