Mostrando entradas con la etiqueta Falco tinnunculus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Falco tinnunculus. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de enero de 2018

PASEO POR LOS ALREDEDORES DE ZUHEROS

     Quedé ayer con David y Maite en Zuheros, para posteriormente reunirnos con Lucía y Paco en el Centro de Visitantes de Santa Rita, de Cabra, y hacer el sendero del Río Bailón, desde la Nava de Cabra hasta Zuheros, donde yo dejé el coche. Para recorrer este sendero, David había pedido la autorización previa pertinente, pero el viento y el frío nos obligaron a posponerlo.
     Pero como me adelanté a la hora de quedada, aproveché el rato para darme un paseo por el entorno de Zuheros en la fresca mañana, donde nada más apearme del coche el griterío de las chovas piquirrojas me daba la bienvenida a este enclave cordobés de las Sierras Subbéticas. A pesar de disponer de algo más de una hora de tiempo, no llegué muy lejos, pues los numerosos pájaros que se hacían notar por el barranco del Río Bailón, sin nada de agua, por desgracia, y los alrededores de Zuheros, me obligaban a detenerme a escucharlos, o a tratar de contemplarlos.

Barranco del Río Bailón

     Por las paredes rocosas próximas al aparcamiento, también llegué a oír al gorrión chillón, pero me fue imposible detectarlo con la vista. Las currucas capirotadas y los gorriones comunes eran frecuentes en un pequeño joven olivar a los pies del pueblo, a los que previamente había podido escuchar. A la curruca cabecinegra también llegué a oírla, pero no logré verla. Los mirlos se descubrían por su voz de alarma que emiten en sus vuelos rasantes, que salían a mi paso. Los herrerillos comunes también se dejaron ver y oír con facilidad, así como algún carbonero. Además se oía el escribano soteño en alguna parte, pero no era capaz de descubrirlo. Inconfundibles, en apoyados en sus respectivos posaderos, el macho de la pequeña tarabilla sobre el tallo de una herbácea, y el macho azul del roquero solitario en una destacada roca.
     Los estorninos negros alegraban con su presencia el Castillo de Zuheros, posados en sus almenas, desde donde emitían su variado repertorio musical. Mis pasos me llevaron a un puente colgante por un estrecho desfiladero entre la roca, desde donde pude ver y oír a la pareja de cernícalos, a los que podríamos considerar los verdaderos señores que viven en el castillo.
     De vuelta al coche volví a toparme con varias de las especies de pájaros que ya había visto. De hecho ahora eran más visibles las currucas capirotadas y también se dejó ver mejor el carbonero común. Pero antes de llegar al coche reconocí la silueta de un macho de cabra montés, recortada en el cielo, sobre el roquedo. Desde el puente sobre el lecho del Bailón, estuve observándolo más cerca y con mayor detenimiento, pues permaneció durante largo tiempo sin apenas moverse del sitio. Tanto, que también me dediqué a mirar al otro lado del puente, donde vi más gorriones comunes y divisé al escribano soteño sobre la deshojada rama de una higuera.
     Finalmente el macho montés se acabó yendo, y llegaron Maite y David, cuando había aparecido en escena cuatro hembras de cabra montés, muchos más dinámicas que el macho, desplazándose y brincando por las rocas del cortado pétreo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)

domingo, 10 de diciembre de 2017

RUTA GUIADA POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Junto con Inma y con Paco, ayer pasé una gran jornada en la Sierra de Andújar. Fue un día de trabajo, para unas rutas guiadas con Iberus, pero cuado pasas el tiempo entre personas tan entusiastas con lo que hacen, el trabajo se convierte en todo un estímulo. Inma y yo recogimos a nuestros respectivos clientes en el Centro de Visitantes de las Viñas de Peñallana, y desde allí, yo detrás de ella, nos dirigimos hacia La Lancha.
     En nuestro recorrido vimos urracas y rabilargos, pero sin duda los que hacían las delicias de las observaciones de nuestros clientes eran los abundantes ungulados de los montes mediterráneos andujareños, ciervos y gamos, que exigían improvisar algunas paradas. Por el camino vimos también pinzones y un cernícalo.
     En una parada en la que nos apeamos del coche acabamos localizando un pequeño rebaño de muflones, compuesto por seis hembras y dos machos. Vimos también un discreto mochuelo, sobre unas rocas de granito, a la sombra de unas encinas, pese a la cerrada nubosidad del día. Se podían escuchar petirrojos por el entorno, mientras alguna lavandera blanca se paseaba por el carril.
     Paramos también al llegar a las curvas, apartados de las grandes concentraciones de gente, donde pudimos observar conejos. Al menos cinco ejemplares distintos. A quienes comprendemos el funcionamiento de estos ecosistemas, nos produce mayor entusiasmo contemplar a este modesto animal que a un ciervo, pues el conejo es una presa fundamental en la dieta de los depredares de este medio natural. También vimos algún mirlo que prospectaba el suelo. Se escuchaba a la curruca rabilarga, y acabamos descubriendo una moviéndose entre las ramas de un madroño cercano.

Lince Ibérico

     Poco después hicimos otra parada porque sabíamos que se estaba viendo el lince. Y nada más bajarnos del coche lo localicé, encaramado junto a unos romeros. Permaneció bastante rato echado en el suelo, dormitando, y mientras tanto se nos unió Paco con su grupo. Pero tras cesar su descanso no se incorporó inmediatamente, sino que aprovechó su amagada posición para iniciar un rececho. Y desplazándose ligeramente a cortos trechos se lanzó a por un conejo. El lance no tuvo éxito, como ocurre la mayoría de las veces en la naturaleza, del que salieron dos raudos conejos por la loma donde ocurrió, y tras la que se había ocultado el lince. Las urracas, hasta una curruca cabecinegra, parecían reprocharle su fracaso. Delataban su presencia, todavía en la zona, pese a que nosotros no podíamos verlo. Y decidimos seguir nuestra ruta.
     Nuestra siguiente parada fue para observar las cabras monteses de los alrededores del embalse del Jándula, mientras les servimos un aperitivo campero a nuestros clientes, con productos locales y ecológicos, escuchábamos los reclamos del carbonero. El aire que entraba valle arriba, venía cargado de humedad. Pero a parte de las cabras, en las rocas también había posados unos buitres leonados, más otros que pasaron en vuelo. Con estos, también venía un buitre negro. También se dejaron ver un par de chovas. De vuelta, pasado el medio día, a parte de ciervos y gamos en el camino, me fijé en un zorzal charlo posado en la rama alta de una encina, y en un macho de tarabilla en un alambre.
     Tras dejar a los clientes en el punto de encuentro, y para aprovechar el resto del día, Inma y yo nos fuimos hacia la finca privada para ayudarle a Paco con los suyos. Por el camino nos dedicamos con mayor interés a fijarnos en los pájaros. Entre una multitudinaria bandada de pinzones, Inma fue capaz de dar con un pinzón real, que yo no llegué a ver, porque no tardaron mucho en levantar el vuelo, formando una gran algarabía con sus reclamos. También buscamos entre los estorninos negros algún pinto, pero no lo encontramos. Tan sólo un avefría compartía aquellos campos, pero sin mezclarse con ellos. Pero además habíamos visto lavanderas blancas por los campos donde estaban los estorninos y los pinzones, más una lavandera cascadeña, un par de pitos reales por el camino, pardillos, a los que también oímos, y unos jilgueros.
     Entrando en la finca pude ver un verdecillo. Por el entorno del sitio que elegimos para hacer una espera se movía una lavandera blanca y un bisbita por el suelo, mientras un ruidoso y compacto bando de los estorninos cambiaba a menudo de encina donde se dejaba caer. Vimos también dos conejos. Cuando nos pusimos a almorzar, Inma no tardó en divisar dos linces que bajaban descendiendo entre las rocas de la ladera de enfrente nuestra. Avisamos a Paco, que estaba en otro punto para que estuviese atento. Y los linces, una madre con su cría del año llegaron a un prado donde estuvieron moviéndose por largo rato, antes de volver a ascender ladera arriba hacia al final de la tarde, cuando algunos rayos de sol atravesaban la cortina de nubes, y bañaban de luz algunas áreas de los montes adyacentes. Los mochuelos habían empezado a cantar con el crepúsculo. Pero la humedad atmosférica puso activos a los sapos, y de noche, cuando íbamos de regreso hacia el Centro, los encontramos. Un par de sapos corredores, y uno de espuelas, a los que nos entretuvimos haciéndoles fotos con la ayuda de una pequeña linterna, y posteriormente apartamos de la carretera para evitar que fueran atropellados.

Sapo Corredor

Sapo de Espuelas



























Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalli)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Bisbita Pratense (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

RUTA AL IBÓN DE ANAYET

     Dedicamos la mañana completa del jueves 8 a hacer una ruta ascendente a pie de algo más de dos horas hasta el Ibón de Anayet. El punto de partida era la carretera que sube hasta la estación de esquí de Anayet, donde comienza el sendero propiamente dicho hasta llegar al ibón, a los pies del pico Anayet.
     Antes de empezar la marcha, ya era posible ver algunas aves por la zona, como un par de garzas reales, cornejas y cernícalos. Al poco tiempo de comenzar a andar, nos fue posible ver al águila culebrera a lo lejos, pero nos entretenían más las tarabillas norteñas, unos pardillos y algún que otro escribano cerillo, que por su cercanía, dedicábamos más tiempo tratando de observar. También había por allí algunas urracas y collalbas grises, a las que no hacíamos tanto caso.
     Llegando a la estación de esquí, pudimos ver algunas marmotas entre las rocas que encauzaban un riachuelo, donde en diferentes puntos sorprendimos al mirlo acuático. Por la misma estación pululaba una lavandera blanca. Y además de collalbas también revoloteaban entre las rocas de los alrededores del sendero los colirrojos tizones.

El Pico Anayet, con sus 2.574 m. y su cima cubierta por nubes, se alza sobre el ibón con el que compararte nombre

     Almorzamos a orillas del ibón, sentados en unas rocas mientras contemplábamos un cuantioso y compacto bando de aviones comunes revolotear sobre el agua, a la caza de mosquitos. Por los alrededores también se movían collalbas, una de las cuales nos llamó la atención por quedarse en varias ocasiones suspendida sobre el agua momentáneamente, como si de un cernícalo se tratara. En las aguas descubrimos una gran sanguijuela negra, que se desplazaba con movimientos ondulantes de su cuerpo por el líquido elemento. También planeaban los buitres leonados, cercanos a los altos roquedos. Pasó volando un quebrantahuesos, a no demasiada altura, siendo uno de los mejores avistamientos que tuvimos de este buitre barbudo. Y también pasó sobre el ibón, a baja altura, un halcón peregrino, que raudo, se dirigió hacia las paredes del antiguo circo glacial que contienen el lago.
     Después de un rato de sobremesa, recorrimos el perímetro del ibón, pudiendo observar a un par de mirlos acuáticos volar por sus bordes, y lanzarse al agua a la captura de algún insecto. En un extremo del ibón, por el que escurría el agua formando un arroyo, teníamos una sobrecogedora perspectiva de un valle glacial. Ningún indicio de lo que llamamos civilización había a nuestro alrededor, ni carreteras, ni edificios… ¡nada! Sólo nosotros y las montañas cuyas cumbres más altas escondían las plomizas nubes. Unas cornejas prospectaban entre la hierba, no muy lejos de las orillas del ibón.
     En el descenso, a la vuelta, vimos algún mirlo acuático más por el torrente que discurría paralelo a la senda que llevábamos. También los buitres se deslizaban por el aire, próximos a los riscos. Más abajo, en los canchales donde se acumulan las rocas sueltas que se desprenden por los efectos erosivos de los agentes meteorológicos, podían verse collalbas y colirrojos. Y entre el pasto que circunda el camino pasó una lagartija de turbera. Se trataba de un macho que pudimos ver con más calma al salir a un área abierta.

Lagartija de Turbera, macho

      Entre los derrubios de las rocas, amontonadas, encontraban las marmotas el lugar propicio donde construir sus vivares, a la vez que puntos elevados desde los que custodiar el territorio, constituyendo un refugio inexpugnable. A lo largo de esta senda podíamos observar más cerca que nunca a estos rollizos roedores, pudiendo fijarnos en las poderosas zarpas delanteras adaptadas a la excavación, y en las pequeñas orejas y en los ojos ubicados en la parte superior de la cabeza, muy cerca de la plana frente, reduciendo al máximo la parte de sus cabezas que exponen al asomarse a las bocas de su guaridas subterráneas a algún predador que acechara en las inmediaciones. Con frecuencia se yerguen apoyándose sobre sus extremidades posteriores cuando algo les llama la atención. David consiguió aproximarse bastante a uno de estos centinelas, pero sin pasarle inadvertido, pues antes de retirarse, le lanzo dos potentes silbidos, mientras todavía aguantaba en su posición.

Marmota

     Al llegar a la estación de esquí volvimos a ver al águila culebrera, o tal vez otra distinta a la que vimos por la mañana, a saber, pero al igual que los cernícalos que también prospectaban el área, nos demostró que poco tiene que envidiar a los pequeños halcones en cuanto a su habilidad para cernirse, a pesar de la considerable mayor talla que ostenta el águila encapuchada. Y también volvimos a ver por aquellos pastizales, antes de llegar adonde habíamos dejado el coche, a las collalbas, las tarabillas y las urracas.

(*) Fotografías: gentileza de David Gómez.
                                                                                                

Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Marmota Alpina (Marmota marmota)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Mirlo Acuático (Cinclus cinclus)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Norteña (Saxicola rubetra)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Cerillo (Emberiza citrinella)
  • Lagartija de Turbera (Zootoca vivipara)

domingo, 19 de julio de 2015

PASEO POR LA LAGUNA DEL CAMINO DE VILLAFRANCA Y LA LAGUNA DE LAS YEGUAS

     En mi segunda visita al Complejo Lagunar de Alcázar de San Juan, en la mañana del presente día, me dediqué a buscar los caminos que llevaban a la Laguna del Camino de Villafranca y la Laguna de las Yeguas. Como el día anterior, estuvo la mañana nublada al principio, despejada después. Empleé el mismo tiempo que ayer, unas cuatro horas, pero en lugar de esperar en observatorios, lo invertí en caminar alrededor de las lagunas. Y aunque la jornada matutina dominical no me deparó tantas observaciones como la del sábado, sí que me dejó alguna agradable sorpresa.
     Mis observaciones comienzan a la salida del pueblo, con un bando de pardillos, a los que primero escuché, otro cercano grupo de gorriones, y una tórtola turca posada en el suelo entre ambos. Ya que debía pasar cerca de la Laguna de la Veguilla inevitablemente vi los flamencos en sus aguas, y a las gaviotas reidoras y sombrías, y a los vencejos sobrevolándolos. Los conejos se movían entre las lindes del bosque de tarajes y los campos, y las grajillas, emparejadas, permanecían posadas en sus respectivos postes, lanzándose algún graznido de vez en cuando. Desde lo alto de un pequeño montículo, minado por los conejos que asomaban por las bocas de las madrigueras, oteaban unas urracas. Un joven pinar, a modo de bosque-isla, rompía la monotonía del paisaje dominado por el sistema agrario. Pero los pinos en formación, alineados, denotaba su origen en una repoblación forestal. Más adelante, por el mismo camino que iba recorriendo, también lo andaban un par de cogujadas, que de vez en cuando cantaban, hasta que salieron volando. Un milano negro, gaviotas sombrías, y unas solitarias palomas volaron sobre el barbecho que separa la Laguna de la Veguilla de la Laguna del Camino de Villafranca, la más extensa de todas.

Laguna del Camino de Villafranca

     Pero una gran extensión gris denotaba su carácter estacional y que la laguna estaba seca. No había resistido el tórrido estío. Los grises oscuros de las partes centrales y más hondas indicaban que aún queda barro fresco, frente a la dura costra gris claro del perímetro de la laguna. Ningún ave acuática quedaba allí. Tan solo alguna que otra golondrina revoloteaba por la zona. Los tarajes eran más pequeños, y el bosque que forman rodeando la laguna es mucho más estrecho e interrumpido que en la Laguna de la Veguilla, pero igualmente era aprovechado como refugio por los conejos, o por alguna abubilla o las urracas para posarse en las ramas. Me asomé a los dos observatorios de esta laguna, y evidentemente no vi nada. Pero me llevé una terrible sensación de abandono de estas instalaciones. Una liebre se dio una carrera hasta un olivar.

Entorno de las lagunas

Páramo de los alrededores


























     Pude escuchar aisladamente un sonido, que no había oído antes, pero que captó mi atención. Miré hacia arriba tratando de descubrir al autor, pero no lo conseguí. Se volvió a repetir más cerca, y después se fue alejando paulatinamente, pero sin ver nada. Acto seguido, la silueta de un ave, que era casi un punto en el cielo, se echó a tierra. Tal vez fuera solo casualidad, pero lo sucedido me dio una pista de quien se podía tratar, y acerté a la primera. Con el móvil, pude comprobar que había escuchado, y aunque fuera fugazmente, también había conseguido ver por primera vez, a la ganga. Me acerqué a probar suerte, y salió otra volando de alguna parte, que aterrizó más cerca. Acercándome cautelósamente a esta segunda ganga, salió volando la primera desde bastante cerca de por donde iba, sin que la hubiese visto antes. Se perdió en el horizonte, y yo ya iba centrado en tratar de descubrir a la segunda en el suelo. Mientras, pude ver otro par de gangas más, que pasaron volando en el mismo sentido en que yo caminaba, y que a saber donde se dejarían caer. La suerte me sonrío, y gracias a sus movimientos por tierra la pude ver a unos 50 metros de distancia. Un día más volví a maldecir haberme venido sin los prismáticos, pues además estuvo un considerable rato, antes de emprender el vuelo, efectuando cortos desplazamientos por tierra que interrumpía con la quietud.

Costra salina sobre el fondo de la seca Laguna de las Yeguas

     El calor empezaba apretar, pero seguí mi camino hasta la Laguna de las Yeguas, que también se encuentra seca. Unos gorriones revoloteaban por el tejado de una casa. Los tarajes crecen como arbustos aislados y dispersos a su alrededor, y la presencia de algunas matas de salicornia denotan que su naturaleza es salobre. Traté de rodearla, pero cuando comprobé que el camino se separaba demasiado de la laguna, retrocedí. Tan solo vi alguna golondrina por aquí. Pequeños saltamontes acompañaban mis pasos con sus saltos. Una pequeña y rápida lagartija se me cruzó sin que me diera tiempo a verla con claridad, ocultándose rápidamente bajo el pasto.















     Al llegar de nuevo a La Laguna del Camino de Villafranca, tomé otro camino, el de la otra orilla a los observatorios. El seco camino me acabó llevando al pinar, después de una calurosa y estéril caminata. En la suave ladera de un pequeño cerro volaban dos cernícalos, cerniéndose, cayendo en picado y nuevamente remontando. Dos agrupaciones de cigüeñas se elevaban con las corrientes térmicas, y se deslizaban suavemente por el aire cuando llegaban al final. Junto con ellas volaba una rapaz que no pude identificar.
     Pasé junto a la Laguna de la Veguilla. Como un oasis en el desierto, el agua es fuente de vida. Porque aunque no eran las horas más propicias, además de los flamencos, pude ver en esta ocasión a unas cigüeñuelas. Pasaron un par de bandos de estorninos. Las golondrinas daban pasadas a ras del suelo y sobre los espesos tarajes, y escuché a los pardillos.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Ganga Ibérica (Pterocles alchata)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)

lunes, 1 de septiembre de 2014

VIVAQUEO EN SIERRA NEVADA

     Dos días después de la subida al Mulhacén, volvimos a su entorno el grupo de voluntarios de Eco Campus a continuar con nuestras labores, pero esta vez con el requerimiento de quedarnos a vivaquear en la montaña. Subir y bajar al alojamiento de Capileira a diario nos hubiera supuesto demasiado tiempo y esfuerzo, y la proporcional ineficiencia en el trabajo. Y aunque dura, supuso una vivencia incomparable para las personas que integramos el grupo. Pasar más de dos días enteros en un paisaje de aspecto lunar, que a primera vista parece inhóspito, envuelto en la inmensa soledad que trasmiten las altas cumbres cuando te detienes un momento y alzas la vista a los picos y collados que te rodean, es una experiencia única e inolvidable. Sentir el azote del sol durante el día, capaz de quemar aún cuando no calienta, sin sombras donde resguardarse, y que cuando se oculta el frío cala rápidamente, somete al cuerpo a un gran estrés por el mero hecho de estar allí. Preparamos todo meticulosamente el día de la partida, racionalizando alimentos y dosificando agua, que después del primer día, potabilizamos de la que cogíamos de las lagunas.

Ladera norte del Mulhacén (vista desde el Collado del Ciervo)

     Una vez que dejamos el coche en el Alto del Chorrillo (con la correspondiente autorización), emprendimos la marcha. Entre los numerosos saltamontes de alas azules (Oedipoda caerulescens) que escalan hasta estas altas cotas, aparecían ejemplares de la áptera chicharra de Sierra Nevada (Baetica ustulata), sobre todo machos, fácilmente reconocibles por la ausencia del largo tubo ovopositor que presentan las hembras en el extremo del abdomen. Las collalbas grises se desplazaban en vuelos rasantes de roca en roca. Vuelos más altos y largos hacían los pardillos, que a pesar de dejarse oír, eran complicados de llegar a ver. Los aviones roqueros podían verse más fácilmente en sus repetidas pasadas.

Hembra de Baetica ustulata



Macho de Baetica ustulata















     Nuestra primera ocupación fue seguir tapando veredillas y trochas entre una de las veredas principales de subida al Mulhacén por la vertiente oeste, y otra que sube al Collado del Ciervo. En lo alto del Collado del Ciervo comimos en compañía de una cabra y su chivo. Se acercan tanto las cabras (y también los zorros, que no llegamos a ver) en busca de los restos de comida que abandona la gente, o a que directamente le ofrezcan algo los montañeros y excursionistas, e incluso su atrevimiento las lleva a hurgar en las mochilas cuando su dueño se despista. Por supuesto no les dimos nada de comer, pues este comportamiento las está llevando a desnaturalizarse, a perder su instinto silvestre de supervivencia. Además, nuestros alimentos no siempre son apropiados para los animales silvestres. Además pudimos ver algún que otro buitre pasando rápidamente en vuelo de crucero, y unos vencejos reales. Eché de menos los prismáticos más de una vez, cuando vi rapaces que no pude identificar a simple vista, que no llevé conmigo para aligerar peso.

Hembra de cabra montés y su chivo

     Después de comer empezamos a descender hacia la Laguna de La Mosca, levantando hitos de piedra a lo largo del primer tramo de bajada. De vez en cuando aparecía sobre alguna piedra la rechoncha silueta del acentor alpino. No conseguimos finalizar, pues se nos echaban encima las horas, y debíamos llegar a la laguna antes de que oscureciera. En el verde borreguil que la rodea pastaban media docena de machos monteses cuando llegamos.

Laguna de La Mosca

     Nos arropamos, y cenamos a orillas de la laguna, en un lugar distinto donde dormimos, para evitar que se nos acercaran los zorros u otros animales. En plena oscuridad, bordeamos la laguna para dirigirnos al lugar donde pasaríamos la noche, no sin antes pararnos a contemplar el cielo estrellado reflejado en el espejo del agua. La ausencia de la luna nos brindó la posibilidad de observar un cielo nocturno sin igual desde nuestros sacos.

     Había algunas cabras a nuestro alrededor cuando despertamos. El acentor alpino asomaba entre las piedras, y el colirrojo tizón podía verse volar sobre las rocas de la pedrera de los alrededores de la laguna. Empleamos el día central de nuestra estancia en la montaña en eliminar las corraletas que impide el desarrollo del pastizal del borreguil de La Mosca, y en terminar, casi anocheciendo, de marcar con hitos la vereda que va al Collado del Ciervo.

El verde borreguil de La Mosca

     Además de basura, que por supuesto recogimos, al desmontar las corraletas aparecían bastantes escarabajos, arañas y opiniones. Menos numerosos resultaban cochinillas, escolopendras, ciempiés y milpiés. Todo este elenco de invertebrados es lo que sustenta a los acentores, collalbas y colirrojos que afanosamente se dedican a prospectar las rocas a estas altitudes. La chicharra de Sierra Nevada tampoco faltaba allí.


Timarcha sp.

     Almorzamos a orillas de La Mosca, y aprovechamos para potabilizar agua que corría en su zona de desagüe.
     Ya por la tarde, ascendiendo por la empinada vereda que sube al Collado del Ciervo, consigo ver el fugaz paso de tres pardillos a los que previamente había oído. Al detenerme unos momentos y mirar al aire, descubro semillas de diente de león flotando, que serán parte del sustento que el pardillo encuentra a estas alturas. Poco después el graznido de la chova llama mi atención, y al levantar la vista descubro a una ágil chova que parecía estar quitándose del alcance de un águila real que cicleaba sin aparentemente prestar demasiada atención al córvido. Y ajenos a todo esto, los aviones roqueros también volaban por allí.
     Descendimos hasta la Laguna de La Caldera al anochecer, donde cenamos y pasamos la noche a la intemperie.

     Desperté al oír el graznido de las chovas, y poco más tarde nos levantamos en compañía de unas cabras, como el día anterior. A diferencia de La Mosca, La Caldera no tiene borreguil en sus inmediaciones, si no que es una pedrera. No obstante, desmontamos las corraletas que están a menos de 50 metros de la orilla, como está previsto, y seguimos recogiendo basura. Por el pedregal se movía el colirrojo.
     Otra diferencia, es que La Caldera es totalmente estanca, sin desagüe, y aunque extrajimos agua para potabilizar, lo descartamos por la presencia de pequeños seres macroscópicos similares a pulgas de agua y gusanos. Aprendimos así el valor que tiene el recurso del agua, administrando nuestras últimas reservas para poder echar el día.

Laguna de La Caldera

     Almorzamos en el refugio de La Caldera, valorando así lo que es tener una sombra donde cobijarse en medio de tan asolado terreno. Cogimos la vereda arriba del Mulhacén para terminar de cerrar las últimas trochas. Alguna que otra collalba gris se dejaba ver por allí, y mientras tanto los aviones roqueros iban y venían. Seguimos con el levantamiento de un hito caído en otra de las veredas que asciende al Mulhacén por su lado oeste. Y por fin terminamos eliminando una corraleta del borreguil de la ahora seca Laguna de Majano.
     Con la satisfacción por haber completado todo el trabajo previsto, nos felicitamos por ello, y sin mucha demora, cogimos con ganas a pesar del cansancio el camino de regreso al coche. Durante la caminata pudimos ver más collalbas, y unas alondras más abajo, donde el pastizal ya alcanza cierto porte, destacando sobre las rocas. Las negras chicharras de Sierra Nevada y los pequeños saltamontes de alas azules también se veían fácilmente. Una vez que bebimos y nos refrescamos con el agua que había en el coche, nos montamos para volver. Antes de entrar en piso ocupado por el pinar, pude identificar unos cernícalos que parecían estar cazando en grupo en una despejada ladera. Posiblemente se estarían cebando con los montaraces ortópteros.

(*) Fotografías: gentileza de Mabel Roldán.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Vencejo Real (Tachymarptis melba)
  • Alondra Común (Alauda arvensis)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Acentor Alpino (Prunella collaris)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)

domingo, 31 de agosto de 2014

SUBIDA AL MULHACÉN

     Hoy ha finalizado un Campo de Voluntariado Ambiental al que he asistido durante los últimos días de Agosto, organizado por Eco Campus y Amigos de la Tierra. A pesar de solo ofertarse 6 plazas, el Campo me ha servido para coincidir con Fran Checa un año después de conocernos en otro Voluntariado y quien me ha acompañado en el viaje desde Andújar, y reencontrarme con Fran Silva después de más de un año sin vernos, así como conocer a personas tan interesantes como Hada, Álvaro, Mabel y Pedro, el monitor, quien metódicamente tenía todo organizado. ¡Una compañía inmejorable!
    El pasado día 24 de Agosto coronamos la montaña más alta de la Península Ibérica, la cota de 3.482 metros del Mulhacén. Pero no subimos a la cima haciendo una relajada excursión, si no realizando parte del trabajo del Campo, junto con los miembros de la Red de Voluntariado Ambiental del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada.

Cumbre del Veleta



Hembra de Cabra Montés































     Pero empecemos por el principio. Partimos en coche después de prepararlo todo desde Capileira, donde todas las mañanas nos amenizaba el carbonero con su estribillo musical. Los pisos de vegetación se sucedían rápidamente durante el camino a medida que ascendíamos. Del bosque mediterráneo compuesto por encinas y robles del entorno de los pueblos de La Alpujarra, pasamos al de pinos resineros y silvestres, donde habitaban los pinzones, procedentes en su mayor parte de repoblaciones forestales, y torturados los que escalan mayores cotas por las duras condiciones de la montaña, antes de dar paso a los enebros que se arrastran entre las piedras y a los piornos. Desde este piso de vegetación de porte rastrero, sobrevolado por los buitres, emprendimos la caminata. Poco a poco las rocas destacaban más sobre el paisaje que la pocas plantas que disminuían con la altitud. De vez en cuando, entre las piedras descubríamos alguna collalba gris. Más adelante vimos algunas cabras, y localizamos a unos pocos pardillos mediante su canto.

Los Lagunillos

Estrella de las Nieves
(Plantago nivalis)
     Tras algo más de dos horas de caminata llegamos al Refugio de La Caldera, y un poco más adelante a la laguna glacial del mismo nombre, y que presta su nombre al refugio. Por encima de los 3.000 metros aparecía la estrella de las nieves, emblema del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada, y que como copos de nieve, emblanquece el suelo en verano. En las inmediaciones del refugio nos alcanzaron los voluntarios de la Red del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada entre los cuales estaba Mariano Sevilla, a quien conocí el pasado mes de Mayo en la Sierra de Cazorla. Venían acompañados por Javier y Antonio, personal del Parque que estuvieron ayudándonos en nuestras labores.
     Piedra a piedra, eliminamos dos corraletas del entorno de la Laguna de La Caldera, y otras dos del borreguil próximo al refugio. Las corraletas son unas construcciones de forma circular hechas con piedras por los montañeros para vivaquear. El problema ambiental que tienen es que al hacerse sobre los borreguiles, o prados que crecen en torno a las lagunas glaciares, acaban asfixiando a las especies endémicas de pastos que dejan de crecer. Además, donde pone el pie el ser humano deja algo más que la huella de su zapato, y conforme desmontábamos las corraletas, aparecían restos de basura (latas, vidrios y papeles).


Laguna de La Caldera

Amapola de Sierra Nevada
(Papaver lapeyrousianum)
     Tras un descanso para almorzar, empezamos la subida al Mulhacén, marcando la vereda principal y cerrando trochas, para evitar que los excursionistas atajen por donde les venga en gana. Perseguíamos con esto una doble finalidad, por un lado evitar la erosión de la montaña y el deterioro de vegetación endémica, como la escasa amapola de Sierra Nevada, por el pisoteo de la gente que sube a la montaña por cualquier parte, y por otro la seguridad de las personas, que si se conducen por el camino correctamente marcado se disminuye el riesgo de perdida en condiciones meteorológicas adversas. Aprovechando estos momentos en los que nos deteníamos a cerrar veredillas y señalizar el camino a seguir, era posible ver a los aviones roqueros volando sobre la pedrera. El duro camino a la cima cada vez se hacía más empinado. Una pareja de chovas voló con toda facilidad por encima de la cumbre que a veces parecía inalcanzable.
     Pero al final, con esfuerzo, todo el grupo consiguió llegar a la cima, e íbamos sentándonos sobre las rocas para recuperar el aire y comer tranquilamente. Pronto nos llamó la atención a Fran Silva y a mí lo confiados que se mostraban los acentores alpinos que se acercaban y pululaban entre nosotros con toda tranquilidad. Entre los resquicios de las piedras, Álvaro descubrió al topillo nival que estaba delante de nosotros, y que durante sus prospecciones conseguimos ver Fran Checa y yo. En la cima del Mulhacén continuó el trabajo de limpieza de basura, y de “ofrendas“ que la romería de gente que desfila hasta el techo de la península deja allí. Estando allí también se acercaron unas cabras.
     Antes de que siguiera avanzando la tarde, bajamos por otra vereda, de pendiente menos acusada. Conseguimos ver unos machos monteses, más esquivos que las hembras y los chivos, y algunas chovas más. Recorriendo la pista forestal de vuelta a Capileira, pudimos ver un cernícalo. A los dos días regresamos al entorno del Mulhacén, para vivaquear y proseguir con nuestras actividades del Voluntariado.

(*) Fotografías: gentileza de Mabel Roldán.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Topillo Nival (Chionomys nivalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Acentor Alpino (Prunella collaris)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)