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domingo, 26 de marzo de 2017

UN DÍA DE TRABAJO EN LA CAMPIÑA DEL SUROESTE JIENNENSE

     Con el objetivo de darle un acelerón a las plantaciones, antes de que avance la primavera, que se están llevando a cabo dentro del proyecto de Olivares Vivos con el propósito de restaurar con especies vegetales mediterráneas áreas improductivas, lindes o corregir cárcavas de arroyos y torrentes, se contrató una cuadrilla a tal efecto de la que he formado parte. Pese a la dureza del trabajo de campo, pocas cosas gratifican tanto como saber que estoy siendo participe de una acción que mejorará la naturaleza, en este caso el cultivo del olivar, contribuyendo a incrementar su biodiversidad. Y si además realizas estas labores junto a personas con las que compartes las mismas motivaciones conservacionistas como lo son el equipo humano de Iberus Medio Ambiente, un día de trabajo puede acabar pareciendo que más bien has salido para tratar de disfrutar con la observación de fauna y la contemplación de la naturaleza, como de hecho nos pasó ayer.
     Sin descuidar el trabajo, acudimos por segundo día consecutivo a la misma finca que el día anterior, de la campiña suroccidental de Jaén, donde se mantienen todavía algunos campos de cereal, diversificando el paisaje, e interrumpiendo la fiebre del monocultivo del olivo. Los aguiluchos cenizos se entregaban a sus paradas nupciales, ejecutando en el aire acrobáticas cabriolas y picados, acompasados al ritmo de sus silbidos. También las golondrinas daban continuas pasadas sobre el sembrado cerealista, del que no podíamos ignorar la procedencia del reclamo de los sisones, que ocultos entre las verdes espigas, dejaban oír a menudo sus leves ventosidades. Algo más tarde escuchamos también el característico siseo que producen al volar, cuando un macho se levantó para interceptar a otro en el aire, al pasar por su territorio.

Gallipato


     Del olivar se llegó a escuchar la silbante voz del alcaraván, pero lo que más se solía oír eran los jilgueros y los verdecillos. Tampoco faltaban en estos medios agrarios las cogujadas. Pasó también por la zona un ánade real, y algo más tarde un ratonero. Y además de las aves, mientras nos dedicábamos a plantar, nos encontramos también con un gallipato, no muy grande, y poco después apareció una culebra de escalera, un ejemplar subadulto.
     Al finalizar la jornada laboral, en lugar de irnos directamente, aprovechamos un rato más para dedicarnos ahora en exclusiva a mirar a las aves de los espacios abiertos y las zonas agrícolas, especialmente a los aguiluchos. Por el carril vimos también una abubilla. Aunque también atrajo mucho nuestra atención la avutarda, un macho que se paseaba por un barbecho. Y al irnos vimos unos cuervos.


Lista de Especies Observadas:

  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Avutarda Común (Otis tarda)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Culebra de Escalera (Rhinechis scalaris)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)

martes, 8 de diciembre de 2015

REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Hace un par de días que Elena, Manu y yo hemos vuelto a acompañar a Laura por los mismos sitios en los que estuvimos hace unas tres semanas, para que realizara un reportaje fotográfico para el trabajo sobre el que se estuvo documentando entonces de la Sierra de Andújar como destino turístico. Pero esta vez completamos el recorrido, mostrándole otras zonas, que la vez anterior, por falta de tiempo, no pudimos ir.
     Iniciamos nuestra ruta por Los Cerrillos, que ya saliendo de Andújar, antes de llegar a la zona, nos ofrecían una angostada imagen de verano en pleno Diciembre, teñidos por oscuras tonalidades de ocre y marrón. La causa, la total ausencia de lluvias en más de un mes, junto a temperaturas más elevadas de lo que es (o era) habitual.
     Encontramos no obstante un considerable número avefrías asentadas en el ondulado paraje, a las que paramos a ver por la curiosidad que despiertan en quienes solo tenemos oportunidad de observarlas en invierno cerca de casa. Había también lavanderas blancas, “pajaritas de las nieves”, que aunque difícilmente llegue a nevar en estas latitudes, y a tan bajas altitudes (menos de 300 metros), se las considera aves mensajeras del frío, aún cuando algunas de ellas crían y viven de manera permanente en las riberas próximas. Las tarabillas comunes, posadas en las alambradas o en los tamujos, el colirrojo tizón, y los bisbitas pratenses, moviéndose entre la hierba, completan el elenco de aves invernantes en el lugar, mezcladas con las residentes como los estorninos negros, dispersos por el prado, las blanquinegras urracas, y las cogujadas comunes, agolpadas en un pequeño grupo más compacto. Vimos también un alcaudón real, que se alejó desde el tamujo donde estaba apostado hasta una alambrada.

Vista panorámica de la Sierra de Andújar

     Atravesando el monte bajo de encinar conforme ascendíamos, pasaban rabilargos sobre la carretera. Paré a ver unos estorninos negros en las ruinas de una casa, y mientras pasó volando un zorzal común.
     Sonaban los pitidos del pico picapinos en el umbrío pinar por el que caminábamos hacia la piscina de la vieja casa, y acabamos viendo fugazmente el ondulante vuelo de este pájaro carpintero. La piscina mantenía más o menos el mismo nivel de agua. Pero en esta ocasión solo encontramos un par de gallipatos, y ningún tritón, aunque también había tres pequeñas ranas. Manu, un gran entendido en setas, no hizo fijarnos en un par de concentraciones de Leocarpus fragilis, un pequeño hongo que prolifera a modo de diminutas bolitas entre las acículas de pino caídas en el suelo, y también encontró un ejemplar de Mycena pura y un yesquero del pino (Fomitopsis pinicola). Las rúsulas que asomaban sobre la densa capa de pinocha, estaban desecadas debido a la completa falta de lluvia.

Un par de metamorfos de rana verde ibérica

     Siguiendo nuestro itinerario por las Viñas, llegamos hasta otro rincón en el que se abre el paisaje a la vista, a través de una vaguada donde en la ladera de la solana crecen los pinos piñoneros entre grandes bolos graníticos, y en la de la umbría se elevan las encinas sobre el matorral, y en la hondonada el otoño tardío da sus pinceladas de amarillo en unos chopos. Al llegar, podíamos oír el canto de las perdices, que salieron volando al asomarnos a este balcón natural. También se escuchaba al mirlo. Recogí un poco de la mucha basura que por desgracia queda abandonada en la zona. Manu, por su parte, nos mostró un champiñón (Agaricus sylvaticus) que encontró, de olor anisado y rubescencia (tendencia al rojo).
     En vez de tirar para La Lancha, como la ocasión anterior, nos dirigimos primero hacia la Recta de Lugar Nuevo, donde hicimos un breve recorrido, y luego hacia el Encinarejo, con la intención de hacer más completa la visita guiada a Laura. Momentos antes de cruzar el puente de hierro sobre el Río Jándula, nos topamos con un joven vareto de gamo en la carretera, que no podía huir hacia el monte por las vallas.

Joven gamo, atrapado entre la carretera y una malla cinegética

     Nuestra primera parada por el Encinarejo fue en el mirador, donde hace unos años, por estas épocas en las que da comienzo el celo del lince, solía haber algún naturalista en paciente espera, probando a la suerte. Pero parece que el felino mediterráneo se ha rarificado aún más en el lugar, que a día de hoy los naturalistas prefieren “las curvas de La Lancha”, por lo que estuvimos allí solos, tranquilamente un rato. Nada más llegar, un cormorán emprendió el vuelo. Descubrimos una garza real, casi invisible, posada entre las deshojadas ramas de los fresnos, que también se fue volando al cabo de un tiempo. Podían oírse los arrullos de las torcaces, y alguna se vio en vuelo. Y a lo lejos, vimos a los buitres leonados.
     También estuvimos un rato por la zona de la presa, donde desde el puente estuve viendo a los inquietos mosquiteros revolotear entre las piedras del río y las ramas de los sauces de la orilla. Y mientras pasaron algunos grupos de cormoranes.

Río Jándula


Macrolepiota sp.
     El siguiente sitio al que fuimos fue a una de las playas del Embalse del Encinarejo, donde también recogimos algo de la basura que la gente deja abandonada en el campo. Encontramos Amanita muscaria formando un extenso corro de brujas bajo los grandes eucaliptos. Esta especie de hongo no micorriza con esta especie de árbol, sino con encinas, lo que nos indica que la arboleda natural que allí debía encontrarse es el encinar. Junto a ellas también crecían Pisolithus arhizus, cuya seta no tiene la forma típica, sino que se asemeja más a una bola. Cerca de allí, encontramos un par de parasoles (Macrolepiota sp.), sin abrir, y que debido a la sequía, posiblemente ya no lo hagan.

Amanita muscaria














     De vuelta, paramos en el camino para mirar una altanera águila imperial que cicleaba sobre el pinar. Hicimos una última parada en el área del Encinarejo, donde están los inservibles observatorios de Doña Rosa y Los Lastrones, por su ineficaz función e incómodo diseño, y lo mal ubicados que están. Al llegar, pudimos ver como alzaba el vuelo un cormorán, golpeando el agua con las alas al despegar. Y al águila que habíamos visto viniendo, se le sumó otra más que podíamos ver desde aquí. Antes de salir de nuevo a la carretera, pudimos ver un conejo que se escondió bajo unas zarzas.
     Nuestra siguiente etapa del recorrido transcurrió por el camino de La Lancha, donde nada más pasar las Viñas vimos un pequeño bando de gorriones, y de ahí en adelante no faltaron urracas, rabilargos, algunos pinzones, unos zorzales charlos y un grupo de totovías. Pero sobre todo dedicamos nuestras paradas a los gamos y a los ciervos. En una de esas paradas que dedicamos a los ciervos, vimos también una abubilla. Había también bastante tráfico por el camino. Y como si fuéramos repitiendo la misma rutina que la ocasión anterior, paramos a almorzar cerca de la tumba que hay junto al camino, donde un petirrojo se volvió a dejar ver, como aquella vez. Encontramos en “las curvas” bastante concurrencia de gente ya, esperando que la suerte les sonría y se deje ver el lince.
     Paramos en La Lancha antes de bajar al Embalse del Jándula, y anduvimos un rato por el viejo poblado. Sobre los altos eucaliptos vimos unos picogordos, y entre las ruinas del poblado encontramos un sapo corredor. Había también algunos estorninos, a los que podía oírseles la variedad de voces que pueden emitir. Al asomarnos al borde de un talud desde el que se contempla una panorámica del valle por el que discurre el Río Jándula, asustamos a unas perdices que levantaron el vuelo dejando oír su reclamo de alarma. Era llamativo ver en flor algunos romeros y cantuesos por el entorno. Manu encontró unas setas de cardo (Pleurotus eryngii ferulae) por las cercanías.

Sapo Corredor
Flor de cantueso































     Cuando llegamos al pantano, dejamos el coche, cruzamos  andando la presa, y atravesamos el túnel. Pude ver algún que otro colirrojo en el entorno de la presa, sobre la que estaban concentrados en gran número los aviones roqueros.
     Paseando hacia el Mirador del Rey, en las últimas horas de la tarde, podían verse pasar algunos cormoranes. Se oyeron los graznidos de la chova piquirroja, y pude localizarla volando sobre la presa. En la orilla del otro lado, de nuevo nos faltaron las cabras en la inmensa pared de granito. Ladera arriba por donde discurre el sendero, las cornicabras, salpicadas como manchas amarillas, naranjas o rojas entre los siempre verdes acebuches, labiérnagos, y sus primos los lentiscos, nos indican que estamos ya a finales del otoño. No así la temperatura, que resultaba agradable incluso para estar apunto de oscurecer. De vuelta al coche empezó a ulular el búho real, al que estuvimos un rato escuchando mientras las últimas luces de la tarde se iban disipando.

Embalse del Jándula

     A la vuelta, paramos por última vez un rato en la zona de “las curvas”, donde estuvimos escuchando berrear con fuerza a algún ciervo. Pero nuestra atención estaba puesta en el cielo. Le explicamos a Laura que toda Sierra Morena, fue declarada Reserva Starlight, la más extensa del planeta, lo que significa que es un lugar idóneo para la observación astronómica por la calidad de su cielo, en el que afortunadamente hay muy poca contaminación lumínica. Y sin que todavía hubiese oscurecido completamente, ya se apreciaba la Vía Láctea. Además podía verse con claridad Casiopea, el Cisne y el Delfín.
     Y de nuevo nos volvimos a encontrar con el molesto obstáculo que suponen las vallas a los grandes animales de interés cinegético. Acorralado en el camino por las vallas que hay a ambos lados, nos topamos con un ciervo que trataba de huir desesperadamente del coche, al que solo pude dejar atrás, cuando se apartó lo bastante de la pista.

Fotografías: gentileza de Laura Plaza.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

domingo, 15 de noviembre de 2015

EXCURSIÓN A LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Con el propósito de ayudar a Laura a documentar un reportaje de viajes enfocado sobre la Sierra de Andújar, como destino turístico, la acompañamos ayer, en un recorrido por la sierra, Elena, Fran, y yo. Por mi parte, me dediqué a mostrarle los animales que íbamos viendo, quizás omitiendo o tocando con demasiada ligereza otros aspectos que hacen de la Sierra de Andújar un enclave singular, como la vegetación o su geología, aunque desde luego, el valor más destacado de este espacio natural sea su gran diversidad faunística, de la que tan solo observamos una pequeña muestra, en un día cualquiera.
     Salimos por la Carretera de la Cadena, en cuanto empezamos a transitar por la zona de Los Cerrillos, paré a ver un macho de tarabilla común posado sobre un tamujo cercano al cauce del Arroyo Mestanza. No tardamos mucho en volver a parar para ver a una garcilla bueyera caminado entre las vacas, haciendo honor a su apellido. También se movían lavanderas blancas por la hierba que tapiza las suaves lomas con un fresco verdor, y algún que otro colirrojo tizón. Carretera arriba, donde el encinar es desplazado por los pinares de Las Viñas de Peñallana, se nos cruzaron rabilargos, y vimos el planeo de los buitres leonados.
     Paramos en una vieja viña, en cuya piscina caen anfibios, y actúa como una trampa de la que no pueden salir. Por primera vez en algunos años el nivel de agua estaba lo bastante bajo que dejaba expuesto al aire parte del fondo. Encontramos allí, entre la pinocha, ocho tritones pigmeos adultos, de diferentes tamaños, y nueve gallipatos, también adultos, y aunque de tamaño variable de unos a otros, todavía no habían alcanzado la talla máxima a la que pueden llegar. Optamos por dejarlos allí, pues aunque no puedan entrar y salir libremente de la piscina, es lo bastante amplia como para que puedan vivir en condiciones óptimas, conseguir alimento, y reproducirse.

Tritón Pigmeo



























     Mientras estábamos en la zona de la piscina, escuchamos el canto del águila imperial, pero el pinar que nos rodeaba, impedía localizarla. Caminamos por el umbrío pinar, hasta el borde de un soleado talud donde se abría la vista hacia el norte de la sierra. No tardó mucho en descubrirse un ejemplar adulto de águila imperial, que de vez en cuando soltaba algún cacareo al aire, mientras se elevaba sobre el mismo. Bajo el águila, apareció al rato un buitre negro que iba siguiendo su trayectoria en la columna de aire.

Gallipato













    













     De vuelta hacia el coche, escuchamos la aguda voz del agateador cantar en el pinar. Además se nos cruzó una pequeña lagartija colilarga, que se movía con rápidas carreras. Con el coche llegamos hasta otro sitio desde el que pueden contemplar unas fabulosas vistas de la sierra. Nuestra estancia allí fue breve, pues el tiempo apremia, y anochece pronto en estos días del avanzado otoño.
     Siguiendo por el camino, poco antes de incorporarnos a la carretera, dirección a La Lancha, paré al ver a un macho de curruca capirotada ocultarse en una coscoja. Esa corta parada, en la que ni siquiera nos bajamos del coche, nos permitió oír cantar al carbonero común, y ver pasar algunos rabilargos.
     Vimos de camino hacia el Embalse del Jándula, una vez pasadas Las Viñas, urracas, pinzones y un par de zorzales charlos, pero fueron los ciervos, sobre todo los primeros que vimos, los que parecían acaparar más interés por parte de mis compañeros de ruta, y a mí mismo. Cuanto mayor sea un animal suele producir este efecto. Pero no me pasaban desapercibidos, cada vez que nos deteníamos unos momentos para ver algún ciervo, detectar a las totovías o a los petirrojos a través de sus cantos. Y donde estuvimos almorzando, nos acompañó un petirrojo que varias veces asomó entre la vegetación, y posó sobre la arena del carril.
     Al poco de retomar la marcha, paramos a contemplar la ternura con la que una cierva amamantaba a su gabato, y el contundente rechazo que mostraba frente a otra de sus compañeras del grupo al acercarse a ella, tal vez su cría del año anterior. Paramos algo más adelante, al llegar a la primera de las “curvas de La Lancha”. No tardamos en ver unos ciervos, pero junto a ellos había también un jabalí que, siguiendo su ruta, se perdió monte arriba. Últimamente, a tenor de otras observaciones que he realizado en la zona, parece que los jabalíes empiezan a dejarse ver con luz más a menudo, y también más tranquilos. Es posible que ello se deba a que ha dejado de practicarse la caza en esta finca que circunda el camino, y también sendero, al que presta su nombre, Los Escoriales. Pasaron también por allí unas palomas torcaces.
     Retomando la ruta hacia el pantano, cruzó velozmente el camino un herrerillo que siguió volando pendiente abajo, perdiéndose pronto de vista. Al llegar al embalse, aparcamos el coche y cruzamos la presa andando. Estuvimos viendo la silueta de un par de grandes peces que buceaban superficialmente, mientras que los aviones roqueros nos revoloteaban por encima. Los colirrojos tizones se movían por el muro del dique que contenía el agua embalsada al otro lado. Pasamos al otro lado del túnel excavado en el granito, y nos asomamos al rebosadero de la presa. Podían oírse las notas musicales del petirrojo, procedentes del tupido sotobosque de brezos, madroños y cornicabras que cubría la umbría ladera.
     Al volver a cruzar la presa, además de los aviones roqueros y los colirrojos, pude ver pasar un verdecillo rápidamente. Recorrimos también el corto Sendero del Mirador del Rey. El azar no nos permitió que viésemos a las cabras monteses que viven en estos roquedos. En cambio sí que vimos algún que otro cormorán venir volando desde el embalse. Y también escuchamos los graznidos de la chova piquirroja, pero no la localizamos.
     Invertimos las últimas horas de claridad en dar un paseo por las ruinas del poblado de La Lancha. Descubrí unos estorninos posados en lo más alto de un eucalipto, y pude escuchar los repetitivos pitidos del pico picapinos. Vimos algunos ciervos más en el camino de vuelta, con las últimas luces del fresco atardecer. En una última parada, envueltos ya en la oscuridad de la noche, escuchamos venir de las dehesas los bramidos de un toro, los berridos del ciervo, y el canto de los mochuelos.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinega (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocarax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Tritón Pigmeo (Triturus pygmaeus)

martes, 4 de agosto de 2009

SALIDA POR LA SIERRA SUR

     Salimos de Torre del Campo con dirección a Jaén, Raimundo y yo, ayer por la tarde, cuando el mercurio empezó a bajar, para hacer un recorrido por la Sierra Sur. La ruta fue circular, saliendo y volviendo a Jaén.
     De Jaén salimos hacía Puente La Sierra, y al comienzo de nuestro trayecto, en los canchales próximos al Paraje de los Cañones, por donde discurre el Río Eliche, vimos algunas collalbas negras. Más adelante, por unos encinares, en Ventisqueros, vimos un águila culebrera y tres ciervos. Bajamos por un valle hasta el lecho del Río Valdearazo, donde en un pequeño puente de piedra vimos una culebra viperina y alevines de peces. El camino continuaba paralelo al río, por la margen derecha del mismo, entre choperas de chopo negro y pinares de pino carrasco, donde vimos pinzones vulgares, palomas torcaces, arrendajos y dos ardillas. Hicimos otra breve parada y nos asomamos a una poza del río donde vimos un par de ranas saltar al agua. De nuevo nuestro camino empezaba a ascender, dejando atrás los bosques que daban paso a canchales donde vimos un cernícalo vulgar y algunas collalbas negras. Más adelante, atravesamos una zona de pinar donde vimos una urraca persiguiendo un críalo y después de pasar por el Puerto del Alamillo, y de bajar por una vieja carretera, mal asfaltada, en la parte baja tomamos un camino que se bifurcaba a la derecha subiendo cuesta y que se dirigía hacía Despeñaburros y que llegaba hasta Valdepeñas. Por esta zona vimos dos zorzales charlos, palomas torcaces y un gavilán. El carril volvía a bajar hasta un valle por el que discurría el Arroyo de la Fresnedilla donde crecen unos cuantos chopos negros y algún nogal. Junto a un viejo cortijo que tiene una fuente, paramos a cenar, y aquí también aprovecharon los mosquitos para hacer lo mismo, picarnos y cenar a nuestra costa. Pero aparte de este pequeño inconveniente, vimos en el lugar un mirlo, un par de lavanderas cascadeñas y toda una familia de mitos. Siguiendo el camino volvemos a tomar altura, donde, ya de noche, hicimos una parada en la que escuchamos chotacabras gris y autillos. Llegando a Valdepeñas, bajamos por una cuesta pedregosa y muy empinada, donde se nos cruzó un escorpión, y desde aquí fuimos hasta la Cañada de las Hazadillas sin ver nada. Una vez aquí hicimos una espera larga con el objetivo de avistar garduñas, pero sin éxito. En cambio sí escuchamos ulular a los cárabos a lo lejos, y en el pilón conseguimos ver una culebra viperina y un gallipato. Y finalmente cuando volvíamos para Torre del Campo, a la altura de Puente La Sierra levantamos un chotacabras pardo que estaba posado en la carretera.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Críalo Europeo (Clamator glandarius)
  • Autillo Europeo (Otus scops)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Europeo (Caprimulgus europaeus)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Rana Verde Ibérica (Rana perezi)