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lunes, 4 de septiembre de 2017

VIGILANCIA DE INCENDIOS EN EL XORRET DE CATÍ

     Con el calificativo alicantino podría resumir mi mes de agosto, que desde el 31 de julio al 1 de septiembre ha transcurrido en esta provincia levantina. Y el grueso de mi estancia se centra en el Xorret de Catí, un enclave natural situado entre las Sierras del Maigmó, de El Cid y del Fraile. Tan prolongada permanencia se debe a que he participado en tres turnos seguidos, de 11 días cada uno, de un Voluntariado sobre vigilancia de incendios forestales, a lo largo de los cuales he tenido la oportunidad de conocer a bastantes personas, cada cual con sus peculiaridades, pero todas interesantes a su manera, que he tenido por compañeros y monitores, y que pasaron por la casa donde conviví un mes. Además, para el primer turno me reencontré con David e Irene, dos años después de conocernos en Sierra Nevada. Los monitores, siempre dos, fueron Raquel y Cristian en el primero y segundo turno, y Neus y Rossana en el tercero.

Sierra del Cid

La Sierra del Cid, vista desde la casa






























     Por parejas y en turnos de 4 horas, bien por la mañana o bien por la tarde, vigilábamos desde puntos fijos, que en función de la cantidad de gente que hubiésemos, ocupábamos preferentemente unos u otros. El primordial en ocupar era aquel que designaban como Mirador, bajo la crestería de la Sierra del Fraile, y que paradójicamente muchos preferían que no les tocase, porque había que ir andando, y subiendo cuesta casi todo el tiempo. El siguiente punto en prioridad respondía al nombre en clave de Ermita, por la proximidad a una ermita, y el tercero se llamaba Cachuli, pero nadie me supo explicar el porqué de ese nombre. Estos dos puntos eran torretas de vigilancia, pero a Cachuli sólo pude ir un par de veces durante el segundo turno, ya que llegamos a estar 13 voluntarios, a uno de cubrir todas las plazas. Esos nombres usábamos para comunicarnos con los walkie-talkies. A parte, los días de alerta 3 (alto riesgo de incendio), y los fines de semana, por la gran afluencia de gente que pudiera acudir a la zona, había una ronda de vigilancia nocturna, que era opcional para los voluntarios, y a las que me sumé en algunas ocasiones.
     Cuando no teníamos guardia hacíamos diversas actividades complementarias. Algunas relacionadas con el cometido del Voluntariado, como lo eran la Cartografía, para familiarizarnos con los mapas y las brújulas, y aprender a calcular el rumbo en caso de detectar alguna columna de humo (por suerte no hubo que hacer ningún aviso), gymkhanas destinadas a la orientación, rutas tanto diurnas como nocturnas para el reconocimiento de la zona, o visitar el Parque de Bomberos de Elda. Y otras actividades que eran más de ocio, como visitar lugares de baño en algún río, la vía ferrata en la Sierra del Fraile y la escalada en La Foradá. Además Cristian nos dio una iniciación sobre primeros auxilios, una tarde en el primer turno Gabriel nos enseñó un poco de acroyoga, con Neus hicimos una excursión reconociendo plantas, y un día de lluvia, Víctor, compañero del segundo y tercer turno, nos dio unas nociones de defensa personal. También hicimos un par de batidas de limpieza. Una de ellas tras el final de una etapa de la vuelta ciclista que terminaba allí, y dejaron basura esparcida por todo el área y a lo largo de la carretera, y además encontramos una garduña muerta, probable víctima de atropello por el trasiego de vehículos en los días previos y posteriores.

Sierra del Maigmó

     De esas actividades, las que más me gustaron fueron las rutas senderistas. Dos subidas al Despenyador (1262 m.), en el primer turno con Gabriel y guiados por Raquel, y en el segundo turno en compañía de Bruno, Fer y Mar, también conducidos por Raquel. Otras dos fueron al Pantanet, que no es un embalse, una andando por carretera en el segundo turno, pero la más aventurera fue por donde nos llevó Rossana en el tercer turno, siguiendo la crestería de la Sierra del Fraile. Otra caminata muy agradable fue siguiendo un sendero PR en el tercer turno que Tomás conocía, ofreciéndonos buenas vistas panorámicas de las Sierras del Maigmó y de El Cid. Además en este recorrido pasamos por un pozo de nieve y una pequeña gruta. Las dos rutas nocturnas que hice en el primer y segundo turno fueron en torno a La Foradá, más larga en el segundo turno, conducidos por Saúl y Víctor, además de una subida hasta el Mirador. Pero además están las andanzas que pude hacer por libre, bajo las paredes de la cresta del Fraile, siguiendo una pista forestal abandonada que llega hasta la roca que le da el nombre a la sierra, aunque en mi opinión parece una gárgola, primero con Saúl, en el segundo turno, y posteriormente lo repetí en el tercero con Héctor. Y aparte, el día de la vuelta ciclista tuvimos que ir andando desde la casa hasta la torre de Ermita a hacer una guardia, pasando por otro pozo de nieve, aunque a Susana no le gustó demasiado este atajo.

La crestería de la Sierra del Fraile
La roca que le da nombre a la Sierra del Fraile

     Pinos carrascos más bien jóvenes formaban los bosques del Xorret de Catí, con algunas manchas de encinar, carrascas como las llaman aquí, que atestiguan el bosque primigenio que allí debió existir. Coscojas, jaras y espino negro (Rhmanus lycioides) componían el estrato arbustivo. Concretamente el espino negro, indicador de que la naturaleza del terreno es caliza, me lo identificó Marcos, el hermano de Bruno, un compañero que estuvo en los dos primeros turnos, con quien me reí un montón, y que alguno de los sobrenombres que me puso, tenía que ver con mi faceta bichera. El paisaje también estaba integrado por bancales de cultivo de almendros, y hasta cerezos, indicador de que existe cierto grado de humedad en la zona, seguramente aportada por el aire que entra desde el cercano Mar Mediterráneo.
     No destaca el Xorret en cuanto a fauna, al menos por cantidad, a pesar de haber cierta variedad. Quizás por la época, o porque yo no estuve muy acertado, pero en general hacía sólo observaciones puntuales de aves, que es el grupo más numeroso y fácil de reconocer. Y de estas, me resultó curioso que fueran los piquituertos los que en más ocasiones detecté por vista u oído, y probablemente también fueran los más numerosos, cuando en la mayor parte de los lugares en los que he estado, no es ni mucho menos el ave más frecuente. Al arrendajo también se le veía o se le escuchaba con relativa asiduidad. Los vencejos comunes tenían algunos días en los que se dejaban ver en gran número. Y de las aves de presa, el pequeño cernícalo era la que más a menudo se movía, bien en torno a los bancales, o bien cerca los riscos y las altas rocas. El águila real o la culebrera sólo las vi algunos días sueltos.
     Tal vez ante la escasez de aves y otros vertebrados, me empleé más a fondo que quizás en ninguna otra etapa de mi afición como naturalista, a fijarme en el complejo universo de los insectos y los arácnidos. Saúl, que disponía de un objetivo macro que acoplaba al móvil, hizo fotos con bastante detalle de estos pequeños animales. A veces era cómico ver como Gabriel, o algún otro compañero intentaba desembarazarse con poco éxito de las avispas que siempre compartían nuestros desayunos en la terraza, o el talento innato de Tamara para encontrar arañas y avisarme para que las expulsara de su habitación. En cambio despertaban mucha expectación polillas, crisopas, escarabajos y hasta mantis que acudían, atraídas por la luz, a esa misma terraza por la noche, cuando después de haber cenado, interrumpíamos nuestros juegos o nuestras charlas, para centrar nuestra atención sobre los lances de caza que las salamanquesas ejercían sobre ellas. Hasta tres salamanquesas que por estar allí siempre, llegamos a reconocer individualmente. Alguna estilizada Empusa pennata de las que acudían precisamente a la luz para capturar polillas, se convirtió en el cazador cazado, al ser presa de una gran salamanquesa.

Cymbalophora pudica

Dendrolimus pini
Sphinx maurorum














     Algunas de estas polillas eran bastante vistosas, como Cymbalophora pudica de alas anteriores densamente punteadas, o de considerable tamaño como Sphinx maurorum, o los varios ejemplares de Dendrolimus pini, haciendo notable su presencia en las paredes de la terraza, aunque las más frecuentes eran las de la procesionaria (Thaumetopoea pytiocampa) más modestas en cuanto a tamaño y discreta librea gris. Pero además de estos lepidópteros nocturnos, también había mariposas diurnas en la zona, tales como Hipparchia fidia, que además resultaba corriente localizarla.

Hipparchia fidia en cópula

     Desde los puestos de vigilancia, cuando no estaba inmerso en alguna conversación con el compañero de turno, trataba también de localizar algún ave. Y según el punto, era más fácil de ver unas u otras especies. Varias veces pude ver los aviones roqueros, los vencejos comunes, y algún real, volando sobre las paredes que se elevaban verticalmente tras el Mirador, o cuando hacíamos alguna excursión por la Sierra del Fraile. Las chovas piquirrojas, que creí que serían frecuentes por allí, sólo pasaron muy de tarde en tarde, y en pequeño número. Por la ladera que asciende hacia esta sierra era usual toparse con las lagartijas colilargas, y alguna vez también con el lagarto bético, o fardacho como lo llaman allí, separado como especie propia del lagarto ocelado hace pocos años. Por el camino que iba a la torre de Ermita, se veían de vez en cuando arrendajos, torcaces o pinzones, o se escuchaba al pito real. Y desde la misma torre, a parte de piquituertos, vencejos y algún cernícalo, llegué a ver y a escuchar a la curruca rabilarga, al herrerillo capuchino y a los carboneros garrapinos y común.

Hembra de Lagartija Colilarga

     Cerca del propio Xorret, que sería como una especie de surgencia de agua, ahora oculta y canalizada por una estructura construida por el ser humano, había una pequeña charca, artificial también, que no obstante está muy naturalizada por los juncos que crecen en su entorno, que usaban como posaderos las múltiples libélulas que por allí revoloteaban, y en cuyas orillas era fácil encontrar ranas de apreciable tamaño. Aquí los piquituertos elegían las horquillas altas de los chopos para posarse. Las ardillas, de cuando en cuando, solían también verse por los alrededores. Y hasta una perdiz seguida por su prolífica pollada, llegué a ver por la zona. Aunque las perdices, al igual que algún conejo, cuando llegaba a verlos, solían estar en el entorno de los bancales.

Rana Verde Ibérica

     La propia casa también se convertía en un punto de observación durante mi estancia al aire libre. Las golondrinas comunes y dáuricas a veces se concentraban por los aledaños, siendo fácil verlas en vuelo. Alguna vez también pasaron unas abubillas. De vez en cuando observaba fugazmente una pequeña lagartija marrón, que no terminaba de ver claro. Suponía que podría ser una cenicienta, pero no fue hasta los últimos días, cuando conseguí fotografiar una, y que me identificaron como lagartija de Edwards, una de las tres especies en las que los taxónomos separaron la cenicienta. Y no sólo cerca de la casa, sino también en claros con rocas, tomillos y matorrales bajos la encontré.

Juvenil de Lagartija de Edwards

     Las arañas que solían encontrarse dentro de la casa eran las patilargas Pholcus phalangioides, completamente inofensiva y beneficiosa como todas arañas. En los exteriores teníamos localizada a una hembra de Argiope lobata, aguardando pacientemente en el centro de su telaraña vertical construida en el pasto seco frente a la puerta de casa, a que algún saltamontes o un insecto volador cayese en su trampa invisible, especie de la que Víctor y yo vimos otro espécimen en otro sitio. También encontramos tanto cerca de casa como en otras zonas algunos negros ejemplares de la valiente e imponente Amblyocarenum walckenaeri. Jorge, compañero del primer turno con él que me quedó pendiente hacer una guardia, y María, compañera del segundo turno, trataban de evitar encuentros con estos artrópodos de ocho patas a toda costa.

Macho de Amblyocarenum walckenaeri

Hembra de Argiope lobatacon un saltamontes como presa






























     Los escorpiones, que solíamos encontrar activos por las noches en las que salíamos de ruta o de vigilancia, se ocultaban bajo piedras durante las horas diurnas. Bajo las rocas, y cerca de casa también, podían verse luciérnagas y milpiés. Y en una de mis prospecciones volteando piedras, a parte de alguna lagartija, encontré un día un eslizón ibérico. Si se hace esta práctica de levantar piedras, que menos que tras de la molestia ocasionada a cualquier inquilino que se encuentre bajo ellas por satisfacer nuestro gusto en contemplarlos, que dejar la piedra en la posición original en la que se hallaba, y posteriormente permitir que el animal que sea retorne a ella, y no antes, para evitar un posible aplastamiento.

Escorpión, también conocido como alacrán

Eslizón Ibérico


























Sapo Común Ibérico
     Que en aquel lugar se mantenía cierta humedad nos lo ponían de manifiesto los sapos comunes que en más de una noche llegamos a encontrar por la carretera o en los caminos durante nuestros recorridos. Estas salidas nocturnas también nos permitieron ver un joven mochuelo una noche, y algún chotacabras.
     Se abrió la media veda estando allí, aunque paradójicamente Natalia, una compañera del segundo turno con una gran sensibilidad por los animales e interesada en aprender sobre la fauna, y yo apreciamos un mayor número de cazadores en la zona, que sus potenciales piezas, perdices y palomas. Con el paso de los días también se notaban cambios en el comportamiento de las aves, que ya empezaba a agruparse para sus viajes migratorios. Los vencejos hacía tiempo que no los veía, y empezaba a verse alguna tarabilla por los bancales y los espacios abiertos. Y en compañía de Neus y de Susana, detectamos a los abejarucos a través de su canto, que revoloteaban altos sobre nuestras cabezas. Tuvimos lluvia en los últimos días, y hasta una espectacular noche de tormenta que contemplamos desde la terraza, como el resplandor de los relámpagos iluminaba la noche.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Vencejo Real (Tachymarptis melba)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Carbonero Garrapinos (Periparus ater)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Eslizón Ibérico (Chalcides bedriagai)
  • Lagarto Bético (Timon nevadensis)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Lagartija de Edwards (Psamodromus edwardsianus)
  • Sapo Común Ibérico (Bufo spinosus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

CAMPO DE VOLUNTARIADO AMBIENTAL: ACTIVIDADES EN PUNTA ENTINAS-SABINAR

     Entre el 2 y el 11 de Septiembre he asistido a un Campo de Voluntariado Ambiental organizado por Moisés Palmero, a través de su asociación El Árbol de las Piruletas, en el Paraje Natural almeriense de Punta Entinas-Sabinar, donde, junto con el resto de mis compañeros, venidos de diferentes lugares de la geografía andaluza, y guiados por los monitores, realizamos el grueso de las actividades del voluntariado. Entre todos constituimos un gran equipo humano, y estuvimos alojados en Roquetas de Mar, en el Hostal de Andrés Navarro, presidente del Patronato para la Protección y Defensa de Punta Entinas-Sabinar.

Punta Entinas-Sabinar

     Las actividades del voluntariado han consistido en la limpieza de basuras del entorno, diseño de paneles informativos, construcción de un sendero, delimitación de un camino, e inventario y ordenación de los caminos que surcan el paraje. Además asistimos a un censo de fartet en los Charcones de Punta Entinas (cerca de Almerimar) llevado a cabo por Mariano Paracuellos, y a un curso sobre varamientos de cetáceos y tortugas marinas, organizado por Promar, de mano de Paco Toledano. Incluso por aquellos días, varó una cría de delfín mular que esperábamos poder devolver al mar, pero que por desgracia murió sin que ni siquiera llegáramos a verla. También tuvimos charlas informativas y visitas guiadas por parte de José Manuel López Martos, entre ellas a las Albuferas de Adra y a Cabo de Gata-Níjar. También visitamos un invernadero en San Agustín, y tomamos muestras de agua del Río Adra para su análisis. Y por supuesto no faltaron otras actividades más amenas como lo fueron una gymkhana fotográfica, un taller de cabuyería en la playa, observación de las praderas marinas de Posidonia oceanica, un taller de masajes y un baño de arcilla en la playa, así como los ratos de ocio y tiempo libre que aprovechábamos para hacer algún juego o disfrutar de la playa.

Río Adra

     Como regla general, por las mañanas nos dividíamos en diferentes equipos de trabajo, e íbamos a distintas zonas del paraje a desempeñar la labor encomendada, aunque siempre estábamos situados cerca de Roquetas de Mar. Siempre pasábamos cerca del Charco del Hornillo antes de entrar en Punta Entinas-Sabinar, donde se concentraba un elevado número de fochas. Además, por la Urbanización de Roquetas, bien en las calles, en las zonas verdes, en los edificios, o incluso en los jardines del mismo hostal, también era posible descubrir aves como el gorrión, el mirlo o la tórtola turca, aves a las que muchas personas no prestan atención, aves que parecen haber perdido su importancia, su valor como integrantes del medio urbano donde se han adaptado a vivir, tan cerca de nosotros. Y por supuesto, la cercanía a la costa, también hacía que se viesen fácilmente las gaviotas sobrevolando la cuidad.

Gaviotas

     Personalmente el voluntariado ha supuesto para mi una experiencia muy grata y enriquecedora, y además del buen ambiente entre los compañeros y las cosas aprendidas durante el desarrollo de las actividades, me ha permitido la observación de numerosas especies faunísticas que no tengo ocasión de contemplar habitualmente. Concretamente, Punta Entinas-Sabinar fue comparada por José Antonio Valverde con Doñana, como una versión en miniatura de esta, y lo cierto es que en nuestras andanzas por este paraje nunca dejábamos de ver flamencos, gaviotas, charranes, correlimos, fochas, patos, garcetas y garcillas. E incluso el penúltimo día, cuando tuvimos que asistir a la inauguración de la Puerta de San Agustín, tuvimos la suerte de encontrarnos con un camaleón, que acaparó nuestra atención más que el propio evento de la inauguración de la puerta.

Camaleón Común

- Faro del Sabinar.

Faro del Sabinar
     Al día siguiente de llegar a Roquetas de Mar, por la mañana, fuimos conducidos todo el grupo por José Manuel López Martos para pajarear por una zona del paraje conocida como el Faro del Sabinar. Para la observación de fauna silvestre en su hábitat natural no resulta aconsejable salir acompañado por un grupo tan cuantioso, ya que supone una molestia para los animales y resta las posibilidades de poder verlos tranquilamente. No obstante tuvimos avistamientos bastantes interesantes en el poco rato que estuvimos en este sitio.




Duna cubierta por Lentiscos y Sabinas
      Ya de entrada, al pasar por un tramo del camino que nos llevaba a aquel lugar, rodeado de agua a ambos lados, nos brindó la ocasión de poder ver gaviotas y correlimos muy próximos. Al poco rato de pasar ese lugar, aparcamos los coches en un rellano y emprendimos una corta caminata entre viejas dunas, cubiertas por los “bosques” de sabinas y lentiscos, vegetación que le ha prestado el nombre al paraje de Punta Entinas-Sabinar.






Laguna del Faro del Sabinar
      Llegamos hasta un mirador desde el que podíamos otear una laguna donde resultaba difícil centrar la atención en algún ave en particular dada la gran cantidad que allí había. Destacaba la figura de los flamencos, pero no eran las únicas aves zancudas que tenían sus largos tarsos en remojo en aquellas aguas superficiales, pues garcillas bueyeras y algunas garcetas comunes también se encontraban allí, así como grupos de cigüeñuelas, avocetas, archibebes y agujas colinegras. Sobre la lámina del agua nadaban fochas y ánades reales, y también llegamos a descubrir unas malvasías. Por los fangos de las orillas y las aguas más someras podíamos ver algunos chorlitejos patinegros y correlimos, limícolas cuya identificación entraña una gran dificultad. Volando por las inmediaciones, resultaban abundantes las gaviotas de Audouin, reidora y patiamarilla, pero también era posible ver charrancitos y alguna que otra canastera. Lo más llamativo de la jornada fueron tres ostreros que se acercaron por allí, pero sobre todo fue un morito el ave que llamó la atención de los pajareros que allí estábamos, ante lo insólito que resulta observar tal especie en aquel lugar.


- Charco de la Gravera.

     El Charco de la Gravera era uno de los sitios que visitábamos casi a diario. Su origen es artificial, consecuencia de la extracción de áridos ya hace tiempo, ahora permanece con agua todo el año, habiéndose convertido en el hogar para multitud de aves acuáticas y sus orillas han poblado por cañas y tarajes.

El Charco de la Gravera y sus aves

    Junto a una de sus orillas construimos un camino elevado, con piedras y grava, con la finalidad que cuando la zona se inunde, la gente pueda seguir accediendo a pie, y al mismo tiempo evitar el tráfico de vehículos. También diseñamos dos carteles divulgativos para esta pequeña laguna, y por supuesto, limpiábamos de basura sus alrededores siempre que allí acudíamos, porque de un día para otro, quedaban por allí residuos abandonados. Además es un sitio donde habitualmente, algunas personas les llevan comida a los patos, mal acostumbrando así a estos animales a la comida fácil y atrofiando su instinto de supervivencia. Para colmo también se han soltado patos domésticos en la charca, que a menudo se hibridan con los silvestres, sobre todo con el azulón, puniendo en peligro el acervo genético de la especie. E incluso un día pudimos observar una especie exótica.

Sendero de los Voluntarios

     A simple vista resultaba muy fácil ver los ánades reales y las fochas comunes, pero tampoco era difícil descubrir algunas malvasías cabeciblancas y fochas morunas. También se podían ver las gallinetas cruzando a nado el charco, con su característico movimiento oscilante de cabeza, y a veces andando por las orillas, en compañía de algún pato. Tampoco faltaban los zampullines realizando sus características zambullidas. Bajo el agua buceaban infinidad de cardúmenes de gambusias, que podían verse con solo asomarse a la orilla, y que constituían la dieta de los charrancitos, que realizaban espectaculares inmersiones tras un picado vertical desde el aire, para pescarlas. El martín pescador era más fácil escucharlo, pero también llegamos a verlo en alguna ocasión, y no faltaban los adaptables gorriones moviéndose entre los tarajes de los alrededores. Pero también habitaban las inmediaciones del charco otras dos especies aves de recatadas costumbres, que no resultaban fáciles de ver, pero que al menos logramos avistarlas una vez cada una. Se trata de la garcilla cangrejera y del avetorillo que pudimos observarlos en días diferentes, y que no tardaron mucho en perderse en la espesura del cañaveral.

Ánades Reales y Malvasía Cabeciblanca, algunos de los patos del charco


- Torre de Cerrillos.

Torre de Cerrillos
     Otro de lugares a los que también íbamos habitualmente es la Torre de Cerrillos. Se trata de un viejo torreón de piedra, al parecer construido en el siglo XIV, cerca del mar, con propósitos defensivos y de vigilancia, que en la actualidad se haya en estado de ruina y parcialmente derruido. Allí también acometimos labores de recogida de basura, pero sobre todo nos dedicamos a delimitar un camino a su alrededor con una cadena y con piedras, para así tratar de evitar que los visitantes lleguen hasta la misma torre.
     Desde el banco de arena donde se halla la torre se puede divisar el mar, y buena parte del paraje natural. Es un área despejada desde donde se veían claramente bandos de vencejos, aviones, y golondrinas tanto comunes como dáuricas. Cerca, hay una zona donde se forman charcas estacionales, y que a pesar de la resquebrajada costra que ahora las cubre, aún se pueden encontrar gaviotas, flamencos, garcillas y garcetas. También es posible ver algún chorlitejo, marchando a prisa, sobre el fango que se acumula en el lecho más profundo. La misma torre ofrece refugio entre sus grietas a la salamanquesa común y a la salamanquesa costera, las cuales se podían ver con cierta facilidad en su muro. Y en sus alrededores llegué a ver dos eslizones ibéricos, que como si de peces se trataran, se sumergieron rápidamente en las profundidades de las arenas. También encontramos escarabajos y un escorpión común (Buthus occitanus).


- Charcones de Entinas.

Charcón de Entinas
     Durante tres días seguidos, algunos voluntarios asistimos a un censo de fartet que realizó Mariano Paracuellos en los Charcones de Punta Entinas, Reserva Natural muy cercana a Almerimar. A este pequeño pez lo llamaban “el lince de las aguas” por la crítica situación en la que se encuentran sus poblaciones, al borde mismo de la extinción. Afortunadamente se llegaron a recuperar nueve individuos, y lo que es más importante, no se capturó ni una sola gambusia, especie alóctona que supone una grave amenaza, no solo para el fartet, si no para otros peces ibéricos y anfibios, allí donde se encuentre, dada la voracidad con la que depreda sobre sus alevines y larvas respectivamente. Curiosamente, estos charcones, que en realidad ya solo forman una única laguna, conservan un buen nivel de agua debido a que el acuífero que los mantiene, está sobrecargado debido a las filtraciones procedentes del riego de los invernaderos cercanos. Pero estas mismas aguas que mantienen los charcones, pueden también acabar con la vida en ellos, ya que al proceder de invernaderos, arrastran contaminación de productos fitosanitarios y fertilizantes.

Fartet

     Además del fartet, aquella laguna se ha convertido en la residencia habitual para flamencos, avocetas, cigüeñuelas, fochas, gaviotas y charrancitos, que se veían con suma facilidad. También las garcillas hacían acto de presencia en el lugar, pero recorriendo el perímetro de la laguna también llegamos a observar una garza real y dos zarapitos trinadores. También era muy patente en la zona el paso de aves tan aéreas como los vencejos, las golondrinas y los aviones. El monótono canto del buitrón sonaba por los alrededores, y entre la espesura de la vegetación que bordeaba la laguna, de vez en cuando se descubría algún aguilucho lagunero. En el cielo, además de las habituales gaviotas, llegamos a observar cernícalos y una pareja de gavilanes en las proximidades de este paraje. También en una de las ocasiones que pude ir, vi la inconfundible silueta de un mochuelo posado en un poste próximo a la carretera, cerca de este lugar.

Flamencos entre Fochas




Las diversas aves de los charcones






























(*) Fotografías: gentileza de Susana Estudillo, Lucía Pérez y Juan Sánchez (orden alfabético).


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Zampullín Chico (Tachibaptus ruficollis)
  • Avetorillo Común (Ixobrychus minutus)
  • Garcilla Cangrejera (Ardeola ralloides)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garceta Común (Egretta garzetta)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Morito Común (Plegadis falcinellus)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Focha Moruna (Fulica cristata)
  • Ostrero Euroasiático (Haematopus ostralegus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Canastera Común (Glareola pratincola)
  • Chorlitejo Chico (Charadrius dubius)
  • Chorlitejo Patinegro (Charadrius alexandrinus)
  • Aguja Colinegra (Limosa limosa)
  • Zarapito Trinador (Numenius phaeopus)
  • Archibebe Común (Tringa totanus)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota de Audouin (Larus audouinii)
  • Gaviota Patiamarilla (Larus michahellis)
  • Charrancito Común (Sterna albifrons)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Camaleón Común (Chamaeleo chamaeleon)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Salamanquesa Rosada (Hemidactylus turcicus)
  • Eslizón Ibérico (Chalcides bedriagai)
  • Fartet (Aphanius iberus)
  • Gambusia (Gambusia holbrooki)

lunes, 6 de marzo de 2006

DOS RUTAS DE LARGO RECORRIDO POR LAS ÁREAS NATURALES DEL ENTORNO DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Puesto que habíamos acordado echar de campo todo el fin semana pasado, y ya que disponíamos de tiempo, le propuse a Antonio salirnos de los lugares a los que solemos ir cuando vamos a la sierra, para aprovechar e ir más lejos. Así que hicimos dos grandes recorridos que abarcan más allá de los límites de la Sierra de Andújar.
                                                             
     El viernes trazamos un circuito por la zona más al este de la sierra, partiendo desde Andújar hasta Contadero-Selladores, de allí a La Carolina, de La Carolina a Baños de la Encina por autovía, y de Baños de la Encina volvimos a Andújar metiéndonos otra vez en la sierra. Nuestras primeras observaciones corresponden a aves que podíamos ver cerca de la carretera, como estorninos y tórtolas turcas, posados en postes y tendidos eléctricos, gorriones cercanos a las casas, y rabilargos, urracas y también algún mirlo que se nos cruzaba por la carretera. Circulando entre las fincas, donde la carretera es más tranquila, ya podíamos parar a mirar con más detenimiento los animales que veíamos sobre la marcha, como los ciervos, las perdices o los conejos. En estas paradas, a menudo veíamos urracas, a las que no les prestábamos demasiada atención, salvo si estaban alarmadas, por la posibilidad que estuvieran delatando la presencia de un lince u otro depredador. Y también descubrir algún otro animal que nos hubiera pasado desapercibido, como nos pasó con una abubilla posada en el suelo. Poco después de los ciervos, fueron los gamos a los que le dedicamos algo de tiempo para observarlos, como también lo hicimos con los buitres, al descubrirlos en el cielo.
     El tramo de camino de hacia Contadero-Selladores nos ofrecía nuevas expectativas, recorrer una zona por la que nunca habíamos transitado, y quizás descubrir alguna especie que hasta ahora no habíamos visto. Se sucedieron los avistamientos de gamos, pero sobre todo de ciervos, algunas abubillas, y pinzones que salían volando desde el camino donde estaban posados, comisqueando alguna cosa. Paramos en una zona adehesada, por el revuelo de las urracas. Entre sus sucesivos cacareos, que nos eran familiares, escuchamos un áspero reclamo que no nos resultaba conocido. De repente un ave salió del encinar al claro del bosque, perseguida por dos urracas. Era un críalo, el primero que veíamos, que nos alegro bastante el día, y del que Antonio me estuvo explicando cosas. Por estas zonas abiertas, nos resultaba fácil ver a los trigueros posados en las vallas, o en los dispersos piruétanos, que apenas han empezado a verdear con la incipiente primavera. También era frecuente escucharlos cantar. Paramos a ver a un alcaudón común, que destacaba posado sobre un piruétano. No muy lejos se movía un bando de verdecillos, por lo que estuvimos esperando un poco por si se lanzaba a la captura de alguno, pero no tuvimos esa suerte.
     Nos paramos a almorzar junto al camino, ya en la finca de Contadero-Selladores. Retomamos nuestro recorrido en las primeras horas de la tarde, en las que parecía que la fauna estuvo prácticamente ausente hasta llegar a El Centenillo. Por los ondulados espacios abiertos antes de llegar a La Carolina empezamos a ver algunos trigueros, estorninos y tórtolas turcas, los cuales también se podían escuchar. Cerca ya de La Carolina pudimos ver aviones comunes.
     Cogimos la autovía hasta la salida hacia Baños de la Encina, pero no entramos en el pueblo, sino que nos dirigimos hacia el Embalse del Rumblar. Por esta área de campos vimos más tórtolas turcas y estorninos, y junto a las casas y cortijos que íbamos encontrando en nuestro camino, aparecían los gorriones.

Culebra Viperina
Liberando a la culebra tras haberla cogido
Culebra Viperina, enroscada bajo el agua

     Adentrándonos en la sierra empezaban de nuevo a verse pájaros forestales, como los pinzones, o algún mirlo. Y de nuevo también volvíamos a ver ciervos. Pero además de pararnos cuando veíamos algún ciervo, hicimos otra para asomarnos a un abrevadero, a ver que encontrábamos. Curiosamente el pilón estaba seco, pero por el reguero del desagüe había tres charcos en los que había algunos renacuajos negros de sapo corredor, y en uno de ellos encontramos la explicación de porque no había muchos, una culebra viperina. Por las cercanías podía oírse el carbonero y a las perdices.
     Atardeciendo llegamos a la bifurcación del camino que va hacia Contadero-Selladores, y empezamos a recorrer la carretera por la que habíamos ido, pero de vuelta hacia Andújar. Como es frecuente por esta zona, antes de llegar a las Viñas, vimos más ciervos.

     El recorrido que hicimos el sábado fue más largo. Salimos de Andújar, no demasiado temprano, porque estábamos cansados del día anterior, hasta llegar a Puertollano, de donde fuimos por la carretera nacional hasta Cardeña, de allí fuimos por la carretera secundaria de la sierra a Marmolejo, y desde aquí regresamos a Andújar.
     Pasamos de ver de estorninos al principio de comenzar nuestra ruta, en las cercanías de Andújar, a las urracas, al ir ya por la sierra. Nos desviamos al cercano Embalse del Encinarejo, puesto que no queda muy retirado de la carretera, donde nos dimos una vuelta a pie por los alrededores de la presa. Al cruzar el puente nos fijamos en una garza real posada en una de las grandes piedras que emergen del río. Al pasar al otro lado, bajamos hasta la orilla, cerca de la presa, donde se formaba una pequeña charca en la que habían quedado atrapados unos pocos cangrejos rojos (Procambarus clarkii), especie alóctona de origen americano. Pero también había allí unos pequeños peces, que parecían estar aturdidos, y que no nos fue difícil coger. Después los devolvimos a la misma charca donde los habíamos encontrado. Antonio pudo averiguar después que se trataba de percasoles, una especie invasora introducida por los pescadores. Aquellos cangrejos y aquellos peces, son por desgracia una radiografía del estado de nuestros ríos. Cuando íbamos de vuelta al coche, nos pasaron volando unos ánades reales. También nos fijamos en las orugas de la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa) que comían las acículas de un pequeño pino piñonero, que por su tamaño, presencia de pelos urticantes en su cuerpo y ausencia de bolsones en el pino donde se alimentaban, estimamos que se encontraban en el tercer estadio de su desarrollo larvario.

Percasoles

     La siguiente parada que hicimos fue completamente improvisada, y afortunadamente pude encontrar un hueco rápido para salirme de la carretera. Sobre una encina no muy lejana, vimos nada menos que un águila imperial adulta, posada, que estuvimos contemplando a placer hasta que se dejó caer en vuelo al otro lado de la ladera, y la perdimos de vista.
     Por la carretera hacia Puertollano se empezaban a ver pequeños grupos de pinzones, y los ciervos, que sobre todo con los primeros parábamos a observar. En una parada que hicimos para estirar un poco las piernas, encontramos en una zona arenosa cuatro eslizones ibéricos.

Eslizón Ibérico

     Más adelante, siguiendo nuestro camino, además de los ciervos, veíamos también algún que otra paloma torcaz en vuelo. Improvisamos otra parada para mirar los buitres, todos leonados, volando en espiral primero, lanzándose después en línea recta. La siguiente parada obligada que hicimos fue para almorzar, en la parte norte de la sierra. Mientras comíamos, unos maullidos llamaron nuestra atención. Nos levantamos de las rocas que usábamos como asientos, y detrás de nosotros algo alejados, volaba sobre el encinar una pareja de ratoneros.
     Una vez que reanudamos la marcha, no tardamos mucho en pasar de Sierra de Andújar a Sierra Madrona, y no solo porque cruzáramos la frontera entre Andalucía y Castilla-La Mancha, sino porque era algo patente en el paisaje. Aunque ambas integran Sierra Morena, hay un apreciable cambio en la vegetación. De los encinares y los jarales de Sierra de Andújar, a los densos pinares de Madrona, que sus cimas más altas y abruptas se aprecia la roca desnuda, frente a la superficie ondulada que predomina en la Sierra de Andújar. También pudimos ver algunos robles melojos y brezos junto a la carretera. En cuanto a la fauna no varía tanto, y los ciervos seguían estando presentes en nuestra ruta, acompañados de mirlos, palomas torcaces, pinzones y arrendajos que solo se dejaban ver unos instantes. Por la cara norte de la sierra, donde el pinar vuelve a ceder el sitio que le corresponde al monte mediterráneo autóctono, volvimos a ver más buitres.
     Hicimos una breve parada en el Embalse del Montoro. Nuestras paradas cada vez eran más cortas. Todavía no habíamos llegado a Puertollano, y temía que la noche se nos echara encima. Aunque conseguimos llegar a Puertollano antes que atardeciera, se nos hizo de noche antes de llegar a Cardeña. Pudimos disfrutar del Valle de Alcudia todo lo que nos permitió ir por una carretera nacional, en la que nos era imposible parar, con las últimas luces de la tarde. No obstante, aunque solo fuera de paso, nos dio tiempo a ver aves esteparias recorriendo este paraje. Los cernícalos, y también algún ratonero, era fácil descubrirlos posados en los tendidos eléctricos que unen los altos postes, algunos de los cuales ocupados por los grandes nidos de las cigüeñas comunes. Además, en los cables, solían aparecer multitud de estorninos. Y también logramos ver a los trigueros, posados en las alambradas colindantes con la carretera, y un bando de jilgueros.
     Por la carretera que transcurre de Cardeña a Marmolejo, ya de noche, solo pudimos ver unos cuantos ciervos a los que alumbramos con los faros del coche, que se retiraron en seguida de la cercanía de la carretera. Paramos un rato en el Embalse del Yeguas, pero no vimos nada, ni tampoco oímos el sonido de ningún animal. Antes de llegar a Marmolejo, paramos en el balneario, junto a la ribera del Guadalquivir, donde escuchamos la metálica voz del autillo provenir de la arboleda riparia.


(*) Fotografías: gentileza de Antonio Ibarra.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
03/032006
Sierra de Andújar
Conejo Europeo
(Oryctolagus cuniculus algirus)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Varios
03/032006
Sierra de Andújar
Gamo
(Dama dama)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Algunos
03/032006
Sierra de Andújar
Perdiz Roja
(Alectoris rufa)
Pocas. Oída
03/032006
Sierra de Andújar
Tórtola Turca
(Streptopelia decaocto)
Varias. Oída
03/032006
Sierra de Andújar
Críalo Europeo
(Clamator glandarius)
Un ind. Oído
03/032006
Sierra de Andújar
Abubilla
(Upupa epops)
Pocas
03/032006
Sierra de Andújar
Avión Común
(Delichon urbicum)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Mirlo Común
(Turdus merula)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Carbonero Común
(Parus major)
Oído
03/032006
Sierra de Andújar
Alcaudón Común
(Lanius senator)
Un ind.
03/032006
Sierra de Andújar
Rabilargo
(Cyanopica cyanus cooki)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Urraca
(Pica pica melanotos)
Algunas. Oída
03/032006
Sierra de Andújar
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Varios
03/032006
Sierra de Andújar
Gorrión Común
(Passer domesticus)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Algunos
03/032006
Sierra de Andújar
Verdecillo Común
(Serinus serinus)
Pocos
03/032006
Sierra de Andújar
Triguero
(Emberiza calandra)
Pocos. Oído
03/032006
Sierra de Andújar
Culebra Viperina
(Natrix maura)
Un ind.
03/032006
Sierra de Andújar
Sapo Corredor
(Bufo calamita)
Algunos (renacuajos)
04/03/2006
Sierra de Andújar, Madrona y Cardeña
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Algunos
04/03/2006
Encinarejo
Garza Real
(Ardea cinerea)
Un ind.
04/03/2006
Encinarejo
Ánade Azulón
(Anas platyrhynchos)
Pocos
04/03/2006
Sierra de Andújar y Madrona
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Varios
04/03/2006
Sierra de Andújar. Valle de Alcudia
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Pocos. Oído
04/03/2006
Sierra de Andújar
Águila Imperial Ibérica
(Aquila adalberti)
Un ind.
04/03/2006
Valle de Alcudia
Cernícalo Vulgar
(Falco tinnunculus)
Pocos
04/03/2006
Sierra de Andújar y Madrona
Paloma Torcaz
(Columba palumbus)
Pocas
04/03/2006
Ribera del Río Guadalquivir
Autillo Europeo
(Otus scops)
Oído
04/03/2006
Sierra Madrona
Mirlo Común
(Turdus merula)
Pocos
04/03/2006
Sierra Madrona
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Pocos
04/03/2006
Sierra de Andújar
Rabilargo
(Cyanopica cyanus cooki)
Algunos
04/03/2006
Sierra de Andújar
Urraca
(Pica pica melanotos)
Algunas
04/03/2006
Sierra de Andújar. Valle de Alcudia
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Varios
04/03/2006
Sierra de Andújar y Madrona
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Pocos
04/03/2006
Valle de Alcudia
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Pocos
04/03/2006
Valle de Alcudia
Triguero
(Emberiza calandra)
Pocos
04/03/2006
Sierra de Andújar
Eslizón Ibérico
(Chalcides bedriagai)
4 inds.
04/03/2006
Encinarejo
Percasol
(Lepomis gibbosus)
2 inds.