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lunes, 15 de enero de 2018

FIN DE SEMANA LINCERO

     El emblemático lince ibérico fue el protagonista indiscutible del pasado fin de semana en la zona pública de la Sierra de Andújar, haciéndonos testigos a Raimundo y a mí, aunque no en exclusividad, sino también a otras muchas personas de diversas procedencias, probablemente demasiadas, que desafiaron el frío y la lluvia, para presenciar dos de las facetas quizás más apasionantes en la vida de este felino: la caza y la cópula.
     Cuando llegamos el sábado a las concurridas “curvas de La Lancha”, lo habían estado viendo unos 15 minutos antes, carroñeando los restos de un cérvido, unos decían ciervo y otros gamo, y aunque pude verlos con los prismáticos, no me paré a tratar de averiguar de que especie eran aquellos despojos. Habían sido justo los minutos en los que yo me había demorado en llegar al punto de encuentro con Raimundo, y estaba un poco molesto por ello. Podíamos haber perdido la oportunidad de observar el lince ese día.


     Pero unos maullidos, posiblemente del ejemplar que había estado comiendo carroña, se propagaron por el lugar, y nos devolvió la confianza en que podíamos verlo. Decidimos cambiar de sitio. Nos desplazamos andando, y llegamos a un sitio donde lo estaban viendo. Un lince estaba a la caza de su presa por excelencia, el conejo, pero no estaba empleando su habitual rececho para sorprender a su presa y capturarla al salto. Estaba llevando a cabo una insólita técnica que de hecho en un principio dudé que estuviera cazando, hasta que me despejó la incertidumbre con el conejo en las fauces. Un animal como el lince, sin ninguna adaptación anatómica para la excavación, se empleaba a fondo en los alrededores de una gazapera. Más que excavar, parecía como sí solo arañase el terreno con las retráctiles uñas con las que están dotadas las zarpas de todos los felinos del mundo.
     Mientras, habíamos divisado otro lince que bajaba por la ladera del monte, en dirección al que estaba excavando. Este por su parte había conseguido extraer dos jóvenes conejos, uno que mal herido se ocultó entre unos romeros cercanos. Pero seguía obstinado en su prospección, tanto que no advirtió que un congénere se le aproximaba sigilosamente. Cuando llegó a su altura, se asustó, dando un pequeño brinco hacia atrás, cogiendo con diligencia el conejo muerto que yacía al lado, y desapareciendo de nuestra vista en la espesura de la vaguada.


     El lince que acababa de llegar también estuvo merodeando y olisqueando la gran boca abierta al exterior por el lince que se había marchado, pero no se entregó a ello tan afanosamente como el que se había ido. Localizó al pequeño conejo que se había ocultado entre unos romeros cercanos, donde puede que muriera, porque lo cogió sin ningún esfuerzo. Tras haberlo comisqueado, se dirigió al agujero, y sin emplearse tan afondo en remover tierra como el otro, consiguió extraer otro gazapo. Acto seguido, se largó exactamente por donde se fue el primero. Se trataba de una pareja, pues poco después, los pudimos ver juntos de nuevo sobre una gran roca de granito.
     Además aquella mañana de sábado, pues nos fuimos a medio día, antes de que empezara a llover, vimos también por allí a los buitres leonados y una pareja de negros, más un águila imperial. Y en general otras aves como mirlos, el petirrojo, palomas, la curruca cabecinegra, gorriones o el pito real que vimos en el camino, o que habían estado en el punto de observación, eclipsadas por el lince para el gran público. Porque la siguiente mañana, el domingo, estuvo lloviendo, y no fue precisamente un día para contemplar aves, exceptuando al trepador azul que pude oír mientras llegaba Raimundo, y un mochuelo y una abubilla que vimos por el camino. Ciervos y gamos, también fueron mamíferos que vimos ambos días, sobre todo por el camino. Y entre las aves que repitieron están urracas, rabilargos, pinzones, estorninos y perdices. Los conejos parecen que vuelven a repuntar en la zona, tras haber quedado su población reducida al mínimo por la hemorrágica vírica de años atrás.
     Nada más llegar el domingo a las curvas, encontramos a la gente concentrada en una de ella en medio del camino. Obviamente estaban viendo al lince. Tuve suerte de poder aparcar a un lado del camino, sin estorbarle a nadie, que otros que llegaron después se vieron obligados a dejar sus coches en mitad de la pista. El silencio unánime del grupo nos comunicaba que el lince andaba cerca. Y no uno, sino dos, una pareja estaba a menos de 100 metros de nosotros. Ya habían copulado, según nos dijeron. Otra vez sentía que habíamos llegado tarde.


     Tan cerca estaban, que oíamos el gruñido casi continuo que emitía la hembra, agazapada, sin apartar la vista de su compañero, el cual la rondaba insistentemente, bajo la constante lluvia. De vez en cuando se movían por las inmediaciones, desapareciendo entre las jaras y los romeros. Yo temía que en una de esas veces que se levantaba la hembra, emprendieran una carrera y se largaran. Me resultaba increíble que estuvieran tan entregados, el macho en intentar montar a la hembra, y esta, que parecía poco receptiva, en intentaba evitarlo, sin importarles el gran número de gente que allí nos reunimos.
     El macho cada vez se envalentonaba más, y la hembra ya recurrió a repelerlo en un conato de lucha a zarpazos, pero aquel consiguió finalmente su objetivo, y yo presencié mi primera cópula de lince, a pesar de estar tras una mata de romero. Mientras el macho montaba a la hembra, mordiéndola por el cogote, está permanecía echada en el suelo, gruñendo sin cesar.



     Tras finalizar la cópula, seguían permaneciendo juntos ambos consortes, allí mismo, pero el interés de la gente por los linces empezó a decrecer. Hay que entender que la mayor parte de de cualquier animal discurre dentro de una rutina, que en el caso del lince es bastante tranquila. Quizás también  la lluvia, que por momentos arreciaba, también desanimara al público. Yo mismo me fui un par de veces al coche. Y poco antes de dejar de llover, los linces se marcharon ladera arriba. La gente, y los coches, empezaron a irse poco a poco también. Y como testimonio de aquellas magníficas horas en las que estuvimos contemplando las escenas de amor con las que nos deleitaron aquella pareja de linces, algunos espectadores dejaron abandonadas las colillas de sus cigarros sobre el camino.


     Pero pese al protagonismo casi absoluto que le damos al lince, conviene recordar que no es en si mismo un ser aislado que vive independiente o de maneja ajena al entorno en el que se mueve. Ni siquiera es tan simple como la estrecha relación trófica que guarda con el conejo, animal que constituye la base en su dieta. El lince interactúa con el resto de elementos, vivos y no vivos de su hábitat. El lince precisa de las jaras, los romeros y los lentiscos, donde ocultarse para cazar, o descansar tranquilamente. Necesita de las inertes rocas, entre cuyas oquedades suelen realizar sus camadas. Y así, los conejos, las jaras y los lentiscos, y las rocas constituyen el mundo del lince ibérico en un delicado y complejo equilibrio en la Sierra de Andújar.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.
                                                                                                             

Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus sharpei)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

domingo, 19 de febrero de 2017

SALIDA POR LA SIERRA DE CAZORLA

     A diferencia de la mayoría de las veces en las que Raimundo y yo hemos quedado para salir de campo, que lo hemos hecho en la Sierra de Andújar, ayer fuimos a la Sierra de Cazorla. Salimos desde Baeza, donde nos encontramos. Me apetecía bastante volver por allí, que ya llevaba tiempo sin ir, y aunque el cielo estaba encapotado por la nubosidad, sentía que iba a ser un buen día, que algo grande nos esperaba.
     Subiendo por la carretera de la sierra, nos salía al paso algún que otro pinzón, más un carbonero común que puede apreciar claramente posado en una rama de un arbusto deshojado. Un poco antes de llegar al Puerto de las Palomas, levantó el vuelo desde un árbol contiguo a la calzada, un falcónido que no pudimos identificar, pues el cielo gris sólo nos dejó ver la silueta negra del ave de puntiagudas alas y cola larga al paso, ya que nos fue imposible parar con seguridad. Desde el mirador del puerto, localizamos algunas cabras monteses, entre ellas un par de hembras con chivos.
     Prosiguiendo nuestro camino, vimos aves de mayor porte que el carbonero y los pinzones, tales como torcaces, cornejas y algún mirlo. Y además unos ciervos cerca de la carretera. También desde la carretera divisamos algunos buitres leonados cicleando en el cielo. Hicimos otra parada para mirar un arroyo que se precipitaba por un profundo tajo. El continuo murmullo del agua no consiguió apagar el canto del trepador azul ni del carbonero garrapinos, que logré distinguir en el breve periodo que allí estuvimos.
     Raimundo me descubrió un lugar donde no había estado antes, pero del que había oído hablar, las lagunas de Valdeazores y Aguas Negras. Al llegar al sitio donde aparcamos el coche, sin bajarnos, descubrimos al pico picapinos posado apoyado sobre el fino tronco de un joven pino resinero. Por la zona se escuchaba con facilidad a los piquituertos, del que divisamos unos pocos en la horquilla de un alto pino laricio, y los carboneros garrapinos, que no tardamos en ver al ponernos a caminar. Las graznantes voces de los arrendajos y las alarmas de los mirlos, también nos permitieron advertir sus movimientos entre el ramaje o en vuelo. Al chochín tan sólo pudimos oírlo, pero al mito, tras haber escuchado su agudo canto, conseguimos dar con él. El sonido de rocas sueltas desplomándose por una ladera nos permitió ver unos gamos machos.


Quebrantahuesos




































     Allí donde el valle por el que descendíamos, se abría un poco más, descubriendo el espacio aéreo, podíamos ver algún buitre. No dejaban de atraparme la atención los buitres. No sólo por su armonioso planeo entre los paredones rocosos, pues por suerte puedo decir que estoy acostumbrado a verlos, sino que buscaba algo entre ellos. ¡Y por fin más adelante lo encontré! El quebrantahuesos, que tras varias décadas desaparecido por fin vuelve a volar en libertad en estas vastas y abruptas sierras. Raimundo determinó que se trataba de un ejemplar subadulto, pero la importancia de su edad quedaba relativizada, con la emoción del momento de haber contemplado por primera vez al buitre barbudo en estado silvestre en la Sierra de Cazorla.

Laguna de Aguas Negras
     Llegamos a la Laguna de Aguas Negras, donde nadaba una focha, y se oía alguna otra entonando su reclamo entre las eneas de los bordes. Sobre Valdeazores volaban unos pocos buitres, de los que seguía sin apartar la mirada. Entre las rocas por las que corría el Río Borosa descubrimos a la llamativa lavandera cascadeña, y casi a la vez vimos a un zorro escabullirse entre la vegetación arbustiva. Paramos a comer por allí.
     Deshaciendo el camino recorrido, hacia el coche, volvimos a toparnos con algunas de las aves que ya habíamos visto, arrendajos, mirlos y carboneros garrapinos. Pero al llegar al coche se suma otro párido más a la lista, el herrerillo capuchino, delatado por su canto, desde un espino albar. Además, de las profundidades del pinar, llegaron a nuestros oídos las notas del pito real.
     De vuelta por la carretera, paramos a ver un pequeño grupo de gamos, a los que les apuntaba las cuernas en forma de varas, lejos de parecerse a las palas que exhibirán al final de su desarrollo. También vimos cornejas y torcaces. Y volvimos a parar para mirar un rato a una ardilla que desde el suelo se lanzó a trepar por el tronco de un pino. Culminamos la jornada con otro rato de espera y observación en el Puerto de las Palomas, donde además de las cabras, entre los que vimos un par de machos monteses lejanos, también oímos el ajeo de la perdiz y nos estuvieron entreteniendo con su repertorio de voces una pareja de cornejas.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Carbonero Garrapinos (Periparus ater)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Piquituerto (Loxia curvirostra)

lunes, 2 de enero de 2017

COMENZANDO EL AÑO CAMPEANDO POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Inmejorable inicio del año. Ya empieza a ser costumbre que inaugure los años saliendo al campo. Aprovechando ayer mi día libre, que previsiblemente será de los pocos que tenga en enero, salí en compañía de Rocío, a sugerencia suya, a dar una vuelta por la sierra. Y yo le propuse ir al camino de La Lancha, a probar suerte con el lince. Salimos más bien tarde, pero el día dio bastante de si, pese a llevar un plan más bien tranquilo y relajado, y no ir expresamente en busca de nada.
     Durante el trayecto de ida paramos en alguna ocasión para fijarnos en los pajarillos que había junto al camino. Petirrojos y pinzones sobre todo, pero también algún colirrojo tizón y tarabillas. Nos detuvimos también a ver los trigueros en alambradas y encinas cercanas, y a un par de zorzales charlos, algo lejos, en una dehesa por la que pasamos. Más cerca que los charlos, vimos también una abubilla en la misma parada, sondeando el suelo con su largo y curvo pico, a la sombra de una encina. Por supuesto tampoco faltaron urracas, ni estorninos, pero no les prestamos demasiada atención. Pero me extraño no ver ni un ciervo en todo el camino.

Sierra de Andújar

     Al poco tiempo de llegar a las curvas, donde había bastante gente repartida por diferentes puntos del camino, vimos una pareja de buitres negros que nos pasaron volando bastante cerca. Se oían los arrullos de la paloma torcaz y las ásperas notas de reclamo de la curruca capirotada, y de vez en cuando también berreaba algún ciervo. También oímos el canto del águila imperial, pero tampoco se dejaba ver. Vimos un conejo al lado de un lentisco. Los buitres leonados planeaban diseminados por el cielo, en todas direcciones, en lugar de hacerlo en las típicas concentraciones aprovechando las corrientes térmicas. Alguna paloma pasaba en vuelo por el lugar. Las pocas urracas también aparecían dispersas por la zona, y aunque de vez en cuando se oían, no eran alarmas que marcaran la presencia de ningún carnívoro, como a menudo lo hacen con el lince. Y no tardó en aparecer el águila imperial, el adulto al que habíamos oído hacia un rato.
     Poco antes de almorzar, emprendimos un paseo que pronto se vería interrumpido. Habían detectado a un lince en algún lugar. Cuando una mujer nos dejó mirar por su telescopio, contemplamos a un remoto lince, a contra luz, tumbado placidamente sobre una gran roca, al sol. A pesar de las malas condiciones de luz, y la lejanía, siempre que se consigue observar un lince en libertad es un momento especial, y quizás más tratándose del primero, y espero que no el último, del año. Pero no se quedo demasiado tiempo allí, y tras acicalarse y lamerse con esmero, bajó de la roca al suelo, y entre la vegetación desapareció. Fue entonces cuando Rocío y yo nos fuimos a comer.
     Mientras comíamos sentados al borde del camino volvimos a ver un conejo, quizás el mismo de antes, junto a los lentiscos por los que se movía algún que otro mirlo. Se seguía oyendo a la curruca cabecinegra, y llegó a salir unos instantes de los lentiscos que la cobijan. Con sus habituales griteríos, de repente irrumpió en aquel mismo rodal de lentiscos donde estuvo el conejo, los mirlos y la curruca, un bando de rabilargos. Y a lo lejos, el pito real repitió seguidamente sus potentes notas sonoras, componiendo su característica estrofa.

Abeja libando el néctar de la flor del romero

     Reanudamos el paseo poco después de comer, con varias paradas para mirar a los buitres leonados, al buitre negro y al águila imperial, que también se podía escuchar con fuerza. Esta vez, además de al adulto, llegamos a ver a un damero. Vimos también petirrojos y unas perdices. Divisamos al azul roquero solitario entre granitos, mientras daban pasadas sobre la pista aviones roqueros. Las abejas (Apis mellifera) zumbaban entre los romeros en flor. No muy lejos se encontraban las colmenas, visibles desde el camino. Y al término de nuestro paseo oímos el chasquido que producen los ciervos al chocar sus cuernas. Nos asomamos un poco más adelante por si descubríamos la pelea, pero tan solo vimos un grupo de seis machos que enseguida se marcharon. En cambio un joven vareto se mostró más confiado. Parece que el hecho de que no se cace en esa finca, ha cambiado el comportamiento de los animales, mostrándose más tranquilos y confiados.
     Al comenzar a caminar de vuelta, presenciamos como el águila imperial adulta, entre cacareos, picaba sobre el damero. Más buitres deslizándose por el aire, y aviones revoloteando por los alrededores del carril. Nos paramos un rato a mitad de recorrido, y nos sentamos a contemplar los seres animados del paisaje. De nuevo repetía el macho del roquero solitario posado en su pétreo hábitat. Un petirrojo se movía inquieto por un lentisco próximo al camino. Un par de urracas, la una sobre una encina, y la otra en el suelo, se veían cláramente pese a la distancia, por su destacado blanquinegro plumaje. También vimos otro conejo, algo lejos, cerca de unos acebuches.

Anocheciendo

     No tardamos mucho en volver al coche para irnos, pues aunque todavía quedaba un buen rato de luz aprovechable, tenía cosas que preparar. Durante el camino de vuelta vimos más ciervos, separados por grupos de machos y hembras. Alguno de ellos eran portadores de grandes cuernas. Vimos también un grupo de gamos en una dehesa, algunos de los cuales, con alocados brincos y carreras, idas y venidas, y sus colas totalmente levantadas mostrando el escudo anal completamente blanco, parecían estar jugando y divirtiéndose, en lugar de indicar algún tipo de peligro inminente. Y de las aves volvieron a repetir los estorninos, los trigueros, los colirrojos, los petirrojos, los pinzones, más la abubilla, que voló no lejos de un gran ciervo macho, que corría paralelo a la valla que le impedía cruzar la pista.

(*) Fotografías: gentileza de Rocío Ferrer.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)

lunes, 28 de noviembre de 2016

NOCHE DE LLUVIA, MAÑANA DE SETAS Y ESPÁRRAGOS

     Estuvo lloviendo el sábado pasado casi todo el día, así que era la noche ideal para salir a buscar anfibios. Fue lo que le propuse a David la tarde de hace dos días, salir con la furgoneta de noche para encontrar a estos animales que tan solo se pueden ver en bajo esas condiciones meteorológicas, dormir en algún sitio de la sierra, y la mañana del domingo ir a buscar setas.
     Tras recoger la furgo en el cortijo de Javi, nos dirigimos en primer lugar al área de la Alcaparrosa. No vimos nada a lo largo de toda la carretera hasta llegar, y tras un breve recorrido circular, también fallido, por la zona, nos asomamos a una piscina abandonada. El agua cubría todo fondo, pero permitía verlo en su parte menos honda así que nos limitamos a explorarla desde el borde. Según adaptamos nuestra visión a la luz del frontal, pasamos de ver a los grandes gallipatos, algunos en la misma superficie del agua, a descubrir a los más pequeños y miméticos tritones pigmeos, nadando entre dos aguas, o bien reposando en el fondo de la piscina, sobre el lecho de hojarasca. Mientras tanto, bajo la llovizna, podíamos oír con fuerza la llamada de un cárabo por las cercanías.

     A continuación miramos por unas charcas no muy lejanas, esperando descubrir algún sapo, pero nada. No había puestas, ni oímos ningún reclamo, y desde luego tampoco encontramos ningún ejemplar. Repetimos esta acción en un prado encharcado, junto a un arroyo, y tampoco conseguimos nada, hasta que no miramos junto a un borde con piedras, donde por fin encontramos un sapo corredor, poco activo, bajo una de ellas. Además de algunos insectos y miriápodos, también descubrimos una salamanquesa común. Es muy importante recordar que tras levantar una piedra hay que volver dejarla igual que estaba, y en caso de haber algún animal de cierto tamaño debajo, dejar que salga o sacarlo para no aplastarlo al devolver la piedra a su sitio, y posteriormente acercarlo a alguna oquedad, al ser posible de la misma piedra para que recupere su refugio. Al volver hacia la furgo nos encontramos junto a ella con una salamandra adulta, de la subespecie propia de Sierra Morena, sobre la alfombra de hierba empapada, que se convirtió en objeto de nuestra atención durante un rato.

Subespecie de salamandra propia de Sierra Morena
















     Cenamos allí mismo, y después nos encaminamos hacia La Lancha. Al poco de haber salido, nos encontramos con otra salamandra adulta, a la que nos limitamos a retirar de la carretera para evitar que la atropellasen. Y más adelante, por un carril arenoso, nos topamos con otra salamandra, también adulta. Los tres ejemplares que vimos, eran además de buen porte. Pero otra de las cosas que me llamó la atención fue no ver ni un sapo a lo largo de todo el recorrido hasta llegar a La Lancha, bajo una cortina de tenue lluvia. En mitad del camino hicimos un par de esperas, junto a sendos arroyos, esperando escuchar algo, y nada. Sí que vimos en cambio unos ciervos y un par de conejos.
     Tras un rato por la mañana, contemplando el panorama, salimos a dar un paseo antes de desayunar, para abrir el apetito. En nuestra andanza localizamos algún que otro lejano ciervo, y nos fijamos en los pinzones y en los petirrojos que se movían junto al carril. También había algunas urracas dispersas por los alrededores. Unas perdices se deslizaron planeando monte abajo, alarmadas por nuestros pasos. Entre las jaras, los romeros y los lentiscos escuchamos a la curruca rabilarga, pero sobre todo a la cabecinegra. Se escuchaban los arrullos de la paloma torcaz, y alguna pasaba volando. De vuelta hacia la furgo repitieron los petirrojos, las torcaces y las urracas, y además estuvimos mirando a un par de escribanos montesinos.

La Sierra de Andújar

     Mientras desayunamos, se desperezaron un par de buitres, que con pesados aletazos, perdimos pronto de vista tras las colinas. El pito real entonó su potente canto, pero no logramos ver al verde pájaro carpintero. Se oía también a la curruca cabecinegra, mientras podíamos ver alguna paloma y urracas por la zona.
     Después, cogimos la furgo, y nos dirigimos a un rodal a la búsqueda de setas. De camino se cruzó algún mirlo, y al divisar las aguas del Embalse del Jándula vimos atravesándolo a una garza real. David, estuvo mucho más afortunado que yo en la búsqueda de setas, pues apenas encontré algún champiñón (Agaricus sp.) y algún pie azul (Lepista nuda). Esas fueron las dos únicas especies que recolectamos, porque los parasoles (Macrolepiota sp.) estaban casi todos ya pasados. Y desde luego que no faltaron especies no comestibles como el falso níscalo (Lactarius torminosus), setas de las piñas (Mycena seynii), diversos ejemplares de Russula sp. y una formación de Armillaria sp. Durante mi poca acertada búsqueda de setas aproveché para comer algún que otro madroño de los que encontré. Y también me dediqué a las aves, a los bulliciosos herrerillos comunes y capuchinos, carboneros comunes y el trepador azul que me movían por las cercanías, e incluso echar la vista a tras para ver a un cormorán al que previamente oí agitar el agua al aletear.


Armillaria sp.


Murciélagos de Cueva
     Tras recoger unas cuantas de las mencionadas especies de setas, entramos al túnel del Embalse del Jándula, el cual aprovechan algunas especies de murciélagos como refugio donde pasar las horas de luz, o tal vez para la invernada. Gracias a las fotos que tomó David, conseguimos averiguar dos especies, aunque estaba presente alguna más, de este complicado, pero interesante, grupo de mamíferos alados que son los quirópteros para la identificación; el murciélago ratonero grande y el murciélago de cueva. Aquel solitario, y estos últimos agregados en un pequeño racimo. No persistimos demasiado tiempo allí, para ocasionarles la menor molestia posible.


Murciélago Ratonero Grande

     Al pasar el túnel y salir a la presa, rápidamente nos percatamos a primer golpe de vista de los aviones roqueros que revoloteaban en torno al dique. Pero también detectamos en seguida a unas pocas lavanderas blancas, y una cascadeña. Y con levantar la vista divisamos a los buitres sobre nuestras cabezas, un pequeño grupo de leonados en el que se había colado un negro. Al asomarnos a la presa, descubrimos a los colirrojos tizones moviéndose por el muro de la presa, y abajo, en el remanso de agua nadaban unos ánades reales. Afinando nuestras observaciones llegamos a descubrir a los pequeños mosquiteros que pululaban por las rocas y las plantas de las orillas del río.
     Cogimos la furgo e hicimos una breve escala en el poblado de La Lancha, donde por sus alrededores cogimos algunos espárragos. De nuevo a David se le dio mejor que a mí, y consiguió hacerse con un apreciable manojo. En nuestro paseo esparraguero no acompañaron mirlos y perdices, y nos fijamos en un escribano montesino y una pareja de roqueros solitarios, ambos posados sobre sendos bolos graníticos. Oímos a las chovas piquirrojas, pero no las vimos. Paramos a almorzar más adelante, en “las curvas de La Lancha”, arroz revuelto con los espárragos y los pies azules, y cochinillo frito. Todo el mérito de la buena comida que nos dimos, en un enclave privilegiado, fue mérito de David.
     Y por la tarde, de regreso a Andújar, vimos por el camino ciervos y gamos, además de unas perdices, alguna abubilla, unos pocos verdecillos, tórtolas turcas, estorninos, rabilargos y urracas.

Ciervo en la dehesa

(*) Fotografías: gentileza de David Torres.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Murciélago Ratonero Grande (Myotis myotis)
  • Murciélago de Cueva (Miniopterus schreibersii)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalocrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvaticus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Salamandra Común (Salamandra salamandra morenica)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Tritón Pigmeo (Triturus pigmaeus)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)

viernes, 16 de septiembre de 2016

PRELUDIOS DE BERREA Y PASO MIGRATORIO DE AVES EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Septiembre siempre es una buena época para hacer una escapada a la Sierra de Andújar, pues el paso migratorio de la aves viajeras que se van a África a pasar el invierno y la berrea del ciervo que comienza en estas fechas que anuncian que el otoño está por llegar, llenan de vida estos alomados montes. Y tras la vuelta del Voluntariado en Pirineos, aprovechamos Fran, Alberto antes de que se fuese a Almería, y yo el lunes 12 para hacer una ruta por la sierra.
     Calurosa jornada, que no obstante nos deparó muchas y variadas observaciones. Iniciamos nuestra salida por la carretera de la cadena, donde en los agostados pastos de los cerrillos pudimos ver un alcaudón real, estorninos, grajillas y urracas. Nos llamó la atención una posada en el cabeza de una vaca que estaba tumbada. Por la zona de los bajos chaparros que hay más adelante fueron los rabilargos los que vimos cercanos a la carretera, y al llegar a las viñas, aparecían las tórtolas turcas en los tendidos eléctricos.
     Nos acercamos a una vieja piscina donde se acumula el agua de lluvia, y que actúa como una trampa para los anfibios. Pero no encontramos ninguno, al menos en la parte libre de agua. La causa, una culebra de collar. Se trataba de un individuo adulto, que carecía por completo del collar que exhiben los jóvenes y que da nombre a la especie. Esa ausencia de collar en los ejemplares adultos es lo que caracteriza a la especie ibérica de esta culebra acuática, taxonómicamente separada de la especie europea en fechas recientes.

Culebra de Collar Mediterránea

     Pero no era la única culebra que allí había, pues encontramos un joven macho de culebra bastarda. Con dos culebras compartiendo tan reducido espacio, a saber desde cuanto tiempo, normal que no encontrásemos ranas, ni tritones, ni gallipatos que solían haber. A esta especie la sacamos de la piscina, pues de llegar a inundarse si lloviera, moriría ahogada. También aprovechamos y colocamos un par de tablones a modo de rampas, para facilitar la salida de ciertos animales que podrían caer y perecer allí.

Culebra Bastarda, macho joven

     Dimos una pequeña vuelta por la zona, hasta salir a un sitio con una buena panorámica de la sierra. Parecía como si hubieran estado esperando a que llegáramos, pero ante nosotros empezaron a desfilar rapaces en vuelo. El contraluz nos impidió que identificásemos con seguridad una gran águila, pero nos impidió disfrutar del planeo de un cercano buitre negro. No tardaron en sumársele un milano negro, y un águila calzada de fase oscura, volando casi simultáneamente ofreciéndonos una perspectiva, primero frontal y luego ventral. Algo más lejos volaba otro buitre negro, en compañía de unos leonados, mientras por las cercanías había aparecido un águila calzada de morfo claro. Atrapados en el dilema de tener que elegir a que rapaz observar, mientras estábamos con los ojos puestos en los prismáticos, irrumpió en la zona un grupo de 25 halcones abejeros, en el que estaban representadas todas sus coloraciones. La calzada volaba junto a ellos, mientras se arremolinaban cogiendo altura. Y la exhibición de rapaces cesó cuando se lanzaron hacia el sur.
     Volviendo hacia el coche, deparamos en un papamoscas cerrojillo y en un herrerillo común, que no se dejaron ver mucho rato. En la carretera se nos cruzó algún mirlo, y vimos un gran grupo de estorninos, aparte de rabilargos. Paramos en otro lugar desde donde había buenas vistas de la sierra, pero aquí no tuvimos tanta suerte. En el rato que estuvimos tan solo pasaron unas palomas torcaces, pero al bajarnos del coche cuando llegamos, nos entretuvimos mirando un par de inquietos herrerillos capuchinos, que se movían entre las ramas de una encina, mientras emitían su canto.
     Nos dirigimos después al área recreativa del Encinarejo, donde almorzamos, y pasamos la sobremesa esperando a que se disminuyeran un poco las altas temperaturas de la tarde. Pero antes, al llegar, paramos en el mirador un rato, tanto como aguantamos expuestos al sol. Ya pudimos escuchar aquí la berrea. Sobre la dehesa que controlábamos visualmente, vimos pasar alguna torcaz, pero fijamos la atención en el águila imperial, que también volaba por allí. En un tocón que sobresalía del río, se soleaba un galápago leproso, y siguiendo el cauce pasó un ánade real con en fase de eclipse. Tras la breve espera, seguimos un poco más abajo, en busca de las sombras de los pinos y los fresnos. Al llegar, antes de bajarnos del coche, vimos a la garza real. Nos acercamos cautelosamente a la orilla del río, donde entre la vegetación de la orilla pudimos escuchar al ruiseñor bastardo y los reclamos del petirrojo y la curruca cabecinegra. La garza estaba tan bien mimetizada que apenas podíamos verla. En cambio si localizamos al ánade nadando a la sombra orilla del río, donde entre el efecto del claroscuro juego de luces y sombras, y su críptico plumaje de eclipse tampoco hubiera sido fácil descubrirlo de no ser por sus movimientos. Se oyeron los verdecillos, pero sin llegar a verlos. Los jilgueros, por su parte, que también cantaron, sí que se mostraron. Escuchamos los agudos pitidos del agateador y los sonoros trinos del trepador azul, los cuales acabamos viendo. Igualmente oímos las leves voces del mito, y lo encontramos moviéndose por las ramas. También descubrimos paseándose por las ramas a un carbonero. Oímos las notas del pico picapinos, y también acabamos viéndolo. Y entre tanto, un papamoscas gris se movía por los alrededores, de rama en rama. También escuchamos los graznidos del águila imperial, y con solo levantar la vista vimos a una pareja de adultos sobrevolando los montes.
     El siguiente sitio al que nos encaminamos por la tarde fue a La Lancha. A lo largo del trayecto pudimos ciervos y gamos, perdices, urracas y rabilargos, más algún papamoscas. Un arrendajo salió volando entre un grupo de rabilargos. Le dedicamos sendas paradas a una totovía que se posó en la rama baja de un pino, y a un pito real posado en el suelo, a al sombra de una encina. Como todavía apretaba el calor eludimos pararnos en las curvas, y seguimos hasta el Embalse del Jándula. Nada más llegar, vimos tres cormoranes, en la orilla cercana, que se lanzaron al agua. En torno a la presa se concentraban los aviones comunes, y desde esta descubrimos una hembra de cabra montés. Seguimos nuestra andadura, que nos llevó al desaguadero del embalse, por donde vimos al macho del roquero solitario. Y sentados a las orillas del pantano, vimos por el otro borde unas garzas reales, más una que volando a ras del agua, cruzó el pantano de lado a lado.
     Con el objetivo de hacer una espera durante las últimas horas de la tarde, y que la temperatura había descendido, volvimos hacia las curvas. Bajo los eucaliptos del primer trecho por el que circulábamos, vimos unos pinzones en la pista, y algún papamoscas más. Y las perdices, que se mueven ahora en grandes bandos familiares, con los perdigones ya grandes. Hicimos una corta parada para asomarnos a ver el valle por el que bajan las aguas del Jándula. Entre los lentiscos de la ladera, vimos moverse algún mirlo, y en el cielo divisamos al águila culebrera. De vuelta al coche se nos cruzó una veloz lagartija colilarga.
     Desde las curvas avistamos sobre todo ciervos, cuyos machos ya berreaban con vigor, aunque todavía no se ensalzaban en combates. Por lo demás, no había demasiada actividad de aves. Tan solo el vuelo de las palomas sobre las lomas en las que centrábamos nuestra atención, donde tan solo detectábamos el movimiento ocasional de algunas urracas y rabilargos. Mientras veía un alcaudón real posado en un cable, podía oír el reclamo de la curruca rabilarga. Y lejos, volaban unos buitres contra la puesta de sol.
     Apurando las últimas luces, cambiamos de lugar donde dedicarnos un rato a esperar y observar. En el trecho que debimos recorrer, nos encontramos con una joven culebra de herradura en el carril, que primero optó por la inmovilización, para después lanzarse disparada hacia la cuneta, donde se escabulló entre el pasto y las rocas. Tan solo seguimos viendo ciervos en el poco rato que tuvimos de espera hasta que oscureció. Y en un breve paseo que di bordeando una curva, pude ver tan solo un conejo. De vuelta, ya por la noche, vimos un chotacabras posado en el camino, que se fue volando al acercarnos, y más adelante, pasó en vuelo sobre la carretera un cárabo.


Lista de Especies de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Papamoscas Gris (Muscicapa striata)
  • Papamoscas Cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)
  • Culebra de Collar Mediterránea (Natrix astreptophora)
  • Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)