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domingo, 28 de enero de 2018

PASEO POR LOS ALREDEDORES DE ZUHEROS

     Quedé ayer con David y Maite en Zuheros, para posteriormente reunirnos con Lucía y Paco en el Centro de Visitantes de Santa Rita, de Cabra, y hacer el sendero del Río Bailón, desde la Nava de Cabra hasta Zuheros, donde yo dejé el coche. Para recorrer este sendero, David había pedido la autorización previa pertinente, pero el viento y el frío nos obligaron a posponerlo.
     Pero como me adelanté a la hora de quedada, aproveché el rato para darme un paseo por el entorno de Zuheros en la fresca mañana, donde nada más apearme del coche el griterío de las chovas piquirrojas me daba la bienvenida a este enclave cordobés de las Sierras Subbéticas. A pesar de disponer de algo más de una hora de tiempo, no llegué muy lejos, pues los numerosos pájaros que se hacían notar por el barranco del Río Bailón, sin nada de agua, por desgracia, y los alrededores de Zuheros, me obligaban a detenerme a escucharlos, o a tratar de contemplarlos.

Barranco del Río Bailón

     Por las paredes rocosas próximas al aparcamiento, también llegué a oír al gorrión chillón, pero me fue imposible detectarlo con la vista. Las currucas capirotadas y los gorriones comunes eran frecuentes en un pequeño joven olivar a los pies del pueblo, a los que previamente había podido escuchar. A la curruca cabecinegra también llegué a oírla, pero no logré verla. Los mirlos se descubrían por su voz de alarma que emiten en sus vuelos rasantes, que salían a mi paso. Los herrerillos comunes también se dejaron ver y oír con facilidad, así como algún carbonero. Además se oía el escribano soteño en alguna parte, pero no era capaz de descubrirlo. Inconfundibles, en apoyados en sus respectivos posaderos, el macho de la pequeña tarabilla sobre el tallo de una herbácea, y el macho azul del roquero solitario en una destacada roca.
     Los estorninos negros alegraban con su presencia el Castillo de Zuheros, posados en sus almenas, desde donde emitían su variado repertorio musical. Mis pasos me llevaron a un puente colgante por un estrecho desfiladero entre la roca, desde donde pude ver y oír a la pareja de cernícalos, a los que podríamos considerar los verdaderos señores que viven en el castillo.
     De vuelta al coche volví a toparme con varias de las especies de pájaros que ya había visto. De hecho ahora eran más visibles las currucas capirotadas y también se dejó ver mejor el carbonero común. Pero antes de llegar al coche reconocí la silueta de un macho de cabra montés, recortada en el cielo, sobre el roquedo. Desde el puente sobre el lecho del Bailón, estuve observándolo más cerca y con mayor detenimiento, pues permaneció durante largo tiempo sin apenas moverse del sitio. Tanto, que también me dediqué a mirar al otro lado del puente, donde vi más gorriones comunes y divisé al escribano soteño sobre la deshojada rama de una higuera.
     Finalmente el macho montés se acabó yendo, y llegaron Maite y David, cuando había aparecido en escena cuatro hembras de cabra montés, muchos más dinámicas que el macho, desplazándose y brincando por las rocas del cortado pétreo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)

sábado, 9 de enero de 2016

RUTA CAMPERA POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Mi segunda salida campera del año fue hace tres días a la Sierra de Andújar, en compañía de Raimundo y Esteban, y en la que pude conocer a Ana. No estaba en el mejor momento de salud, y el día, gris, húmedo y frío, se tornó en una jornada bastante completa en lo que a observaciones de fauna se refiere.
     Como de costumbre, quedamos al inicio de la carretera que sube a la sierra, pero en lugar ir directamente hacia allí, nos dimos una vuelta por la zona de Los Cerrillos. Entre los olivares, otros cultivos y el cinturón de pastizal que constituyen Los Cerrillos, área de transición entre la sierra y los campos de labor, podían verse urracas, estorninos, tórtolas turcas, y lavanderas blancas y cogujadas. Sobre unos juncos que crecían junto a un arroyó se posó una tarabilla. En nuestro camino se cruzó literalmente un gavilán, volando bajo y a gran velocidad, al que paramos a ver hasta ocultarse en unas adelfas. Por allí cerca también pudimos ver una garcilla bueyera.
     Nos acompañaron en nuestro camino por la sierra urracas, rabilargos, tórtolas turcas, algunos pinzones y unos mirlos. Nuestro destino fue La Lancha, y llegando a las curvas donde aguardaríamos en espera de ver al lince, nos fijamos en un alcaudón real que oteaba desde lo alto de un poste. Pero eché de menos durante el recorrido los ciervos que suelen verse junto al camino, seguramente refugiados en la tranquilidad de áreas más interiores, alejados del trasiego de vehículos de esta época.
     En nuestras observaciones descubrimos algunos ciervos lejanos. Unas perdices tomaban un baño de tierra en una pista. Divisamos un par de chovas en vuelo a las que antes escuchamos sus llamadas. Sonaban entre los arbustos los reclamos de las currucas cabecinegras y rabilargas. En el interior de un acebuche al que me acerqué atraído por sus reclamos descubrí unos herrerillos y una familia de mitos. Nunca supe si tal algarabía se debía a algún conflicto de relaciones interespecíficas. Los buitres planeaban dispersos, siendo complicado distinguir los leonados de los negros de lejos, a falta de luz contra el gris cielo.

Buitre Leonado

Buitre Negro






































     Entre los buitres, apareció el águila imperial. Nos acercamos hacia donde estaba, pero pronto nos centramos en buscar otra cosa. Nos acababan de decir que un lince acababa de cruzar el camino, y el moteado gato no tardó en dejarse ver. Lo estuvimos contemplando desde unos 200 metros de distancia, unos cuantos minutos. Probablemente se tratara del mismo ejemplar que vimos Raimundo y yo el 2 de enero, y aunque entonces lo vimos en un par de ocasiones, fue a más de un kilómetro de distancia. En su camino hizo una parada para orinar, marcando así su territorio. Pero su camino lo llevó a volcar al otro lado de la ladera. Ya que lo había visto, y no tenía mayor interés en seguirlo. Me quedé con Esteban, y mientras esperábamos que Ana y Raimundo volvieran, vimos un verderón posarse en la alambrada.
     Apuntar, eso sí, que con la presencia de tanta gente como acude a este lugar atraída por el celo del lince, tanto como los propios linces, resulta fácil verlos, pues más tarde o más temprano alguien acaba localizándolo, más lejos o más cerca. No es lo más atractivo observarlo entre tanta gente para el naturalista, ni tampoco el fotógrafo consigue imágenes exclusivas e inéditas de la especie, pero es un aliciente esta facilidad con la que se puede descubrir al lince, que también se mueve más impulsado por sus instintos reproductores en esta época, periodo delicado y crucial para la especie. Y aunque se pude presumir más o menos un comportamiento éticamente correcto en los observadores y fotógrafos de naturaleza, también es cierto que estas concentraciones en el camino de La Lancha pueden constituir una barrera que los linces no pueden cruzar, sobre todo cuando se forman procesiones de gente que, llevados por el interés que suscita observarlos y que lógicamente siente cualquiera al que le gusten los animales, les siguen a cada paso, para satisfacer la curiosidad que sana y egoístamente tenemos los amantes de la Naturaleza. Por desgracia sigue quedando algún descerebrado, que intuyendo la trayectoria que seguirá el lince, se coloca cortándole el paso en aras de capturar la foto “perfecta”, pero afortunadamente son muchos los que toman consciencia de ello, y aunque se apelotonen en un determinado punto para verlo, este queda transversal o paralelo al sentido en el que se desplaza el animal.
     Cuando de nuevo nos juntamos los cuatro, elegimos un nuevo destino, y tiramos para el Encinarejo. Volvimos a ver al alcaudón real cuando nos íbamos. De camino, vimos rabilargos, urracas y bastantes tórtolas turcas. Paramos para ver una pareja de pitos reales en una dehesa. Mientras uno de los componentes voló lejos, el otro se posó en una encina no muy lejana, pero como es costumbre en los pájaros carpinteros optó por ponerse en la otra cara del tronco, opuesta a nosotros. Más adelante volvimos a parar, junto a un arroyo en cuyo entorno encontramos un tritón ibérico, en fase terrestre, y que aunque era adulto, se trataba de un ejemplar inmaduro.

Tritón Ibérico

     Pasaron los cormoranes sobre el Río Jándula, mientras comíamos en la aledaña área recreativa del Encinarejo, sobrevolada por los aviones roqueros. Después de almorzar dimos un paseo junto al río. Revoloteaba un mosquitero entre los cantos rodados entre los que corría el agua, adonde acudieron a beber unos jilgueros. Fue fácil descubrir al escribano montesino en las desnudas ramas de un sauce. Se escuchó el regañante reclamo del carbonero provenir del soto fluvial.
     Pasamos el resto de la tarde, hasta que nos fuimos, en el mirador, desde donde divisamos ciervos ciervos y gamos al frente. Los aviones roqueros también volaban por allí, y además de los cormoranes, también pasó la garza real, dejándonos oír su graznido. Acudió un carbonero que estuvo posado brevemente en los lentiscos cercanos. Y vimos el vuelo batido del martín pescador recorrer el cauce, junto a la deshojada fresneda, que más tarde eligió una rama como posadero no muy lejos del mirador desde el que lo observábamos.

Martín Pescador

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Avión Zapador (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Tritón Ibérico (Lissotriton boscai)

domingo, 15 de noviembre de 2015

EXCURSIÓN A LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Con el propósito de ayudar a Laura a documentar un reportaje de viajes enfocado sobre la Sierra de Andújar, como destino turístico, la acompañamos ayer, en un recorrido por la sierra, Elena, Fran, y yo. Por mi parte, me dediqué a mostrarle los animales que íbamos viendo, quizás omitiendo o tocando con demasiada ligereza otros aspectos que hacen de la Sierra de Andújar un enclave singular, como la vegetación o su geología, aunque desde luego, el valor más destacado de este espacio natural sea su gran diversidad faunística, de la que tan solo observamos una pequeña muestra, en un día cualquiera.
     Salimos por la Carretera de la Cadena, en cuanto empezamos a transitar por la zona de Los Cerrillos, paré a ver un macho de tarabilla común posado sobre un tamujo cercano al cauce del Arroyo Mestanza. No tardamos mucho en volver a parar para ver a una garcilla bueyera caminado entre las vacas, haciendo honor a su apellido. También se movían lavanderas blancas por la hierba que tapiza las suaves lomas con un fresco verdor, y algún que otro colirrojo tizón. Carretera arriba, donde el encinar es desplazado por los pinares de Las Viñas de Peñallana, se nos cruzaron rabilargos, y vimos el planeo de los buitres leonados.
     Paramos en una vieja viña, en cuya piscina caen anfibios, y actúa como una trampa de la que no pueden salir. Por primera vez en algunos años el nivel de agua estaba lo bastante bajo que dejaba expuesto al aire parte del fondo. Encontramos allí, entre la pinocha, ocho tritones pigmeos adultos, de diferentes tamaños, y nueve gallipatos, también adultos, y aunque de tamaño variable de unos a otros, todavía no habían alcanzado la talla máxima a la que pueden llegar. Optamos por dejarlos allí, pues aunque no puedan entrar y salir libremente de la piscina, es lo bastante amplia como para que puedan vivir en condiciones óptimas, conseguir alimento, y reproducirse.

Tritón Pigmeo



























     Mientras estábamos en la zona de la piscina, escuchamos el canto del águila imperial, pero el pinar que nos rodeaba, impedía localizarla. Caminamos por el umbrío pinar, hasta el borde de un soleado talud donde se abría la vista hacia el norte de la sierra. No tardó mucho en descubrirse un ejemplar adulto de águila imperial, que de vez en cuando soltaba algún cacareo al aire, mientras se elevaba sobre el mismo. Bajo el águila, apareció al rato un buitre negro que iba siguiendo su trayectoria en la columna de aire.

Gallipato













    













     De vuelta hacia el coche, escuchamos la aguda voz del agateador cantar en el pinar. Además se nos cruzó una pequeña lagartija colilarga, que se movía con rápidas carreras. Con el coche llegamos hasta otro sitio desde el que pueden contemplar unas fabulosas vistas de la sierra. Nuestra estancia allí fue breve, pues el tiempo apremia, y anochece pronto en estos días del avanzado otoño.
     Siguiendo por el camino, poco antes de incorporarnos a la carretera, dirección a La Lancha, paré al ver a un macho de curruca capirotada ocultarse en una coscoja. Esa corta parada, en la que ni siquiera nos bajamos del coche, nos permitió oír cantar al carbonero común, y ver pasar algunos rabilargos.
     Vimos de camino hacia el Embalse del Jándula, una vez pasadas Las Viñas, urracas, pinzones y un par de zorzales charlos, pero fueron los ciervos, sobre todo los primeros que vimos, los que parecían acaparar más interés por parte de mis compañeros de ruta, y a mí mismo. Cuanto mayor sea un animal suele producir este efecto. Pero no me pasaban desapercibidos, cada vez que nos deteníamos unos momentos para ver algún ciervo, detectar a las totovías o a los petirrojos a través de sus cantos. Y donde estuvimos almorzando, nos acompañó un petirrojo que varias veces asomó entre la vegetación, y posó sobre la arena del carril.
     Al poco de retomar la marcha, paramos a contemplar la ternura con la que una cierva amamantaba a su gabato, y el contundente rechazo que mostraba frente a otra de sus compañeras del grupo al acercarse a ella, tal vez su cría del año anterior. Paramos algo más adelante, al llegar a la primera de las “curvas de La Lancha”. No tardamos en ver unos ciervos, pero junto a ellos había también un jabalí que, siguiendo su ruta, se perdió monte arriba. Últimamente, a tenor de otras observaciones que he realizado en la zona, parece que los jabalíes empiezan a dejarse ver con luz más a menudo, y también más tranquilos. Es posible que ello se deba a que ha dejado de practicarse la caza en esta finca que circunda el camino, y también sendero, al que presta su nombre, Los Escoriales. Pasaron también por allí unas palomas torcaces.
     Retomando la ruta hacia el pantano, cruzó velozmente el camino un herrerillo que siguió volando pendiente abajo, perdiéndose pronto de vista. Al llegar al embalse, aparcamos el coche y cruzamos la presa andando. Estuvimos viendo la silueta de un par de grandes peces que buceaban superficialmente, mientras que los aviones roqueros nos revoloteaban por encima. Los colirrojos tizones se movían por el muro del dique que contenía el agua embalsada al otro lado. Pasamos al otro lado del túnel excavado en el granito, y nos asomamos al rebosadero de la presa. Podían oírse las notas musicales del petirrojo, procedentes del tupido sotobosque de brezos, madroños y cornicabras que cubría la umbría ladera.
     Al volver a cruzar la presa, además de los aviones roqueros y los colirrojos, pude ver pasar un verdecillo rápidamente. Recorrimos también el corto Sendero del Mirador del Rey. El azar no nos permitió que viésemos a las cabras monteses que viven en estos roquedos. En cambio sí que vimos algún que otro cormorán venir volando desde el embalse. Y también escuchamos los graznidos de la chova piquirroja, pero no la localizamos.
     Invertimos las últimas horas de claridad en dar un paseo por las ruinas del poblado de La Lancha. Descubrí unos estorninos posados en lo más alto de un eucalipto, y pude escuchar los repetitivos pitidos del pico picapinos. Vimos algunos ciervos más en el camino de vuelta, con las últimas luces del fresco atardecer. En una última parada, envueltos ya en la oscuridad de la noche, escuchamos venir de las dehesas los bramidos de un toro, los berridos del ciervo, y el canto de los mochuelos.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinega (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocarax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Tritón Pigmeo (Triturus pygmaeus)

lunes, 9 de septiembre de 2013

EXCURSIÓN SENDERISTA POR LA VEGUETA DEL FRESNO

     El Voluntariado acabó ayer. Uno de los días más destacables, en cuanto a observación de fauna, fue el pasado jueves, cuando recorrimos el sendero de la Vegueta del Fresno, el cual requiere autorización previa.
      El día fue caluroso. En el camino entre Cardeña y la Aldea del Cerezo fue posible ver algunas urracas. En el entorno del mismo poblado deshabitado volaban las golondrinas dáuricas, y entre las copas encinas se movía algún herrerillo, aunque nos pusimos a caminar al poco de llegar.

Paisaje del entorno del sendero de la Vegueta del Fresno

     Nos “acompañó” amablemente la Directora del Parque Natural en el camino, desplazándose, eso sí, en coche oficial a pesar de estar prohibida la circulación de vehículos a motor por el sendero, y más en verano, cuando hay riesgo máximo de incendio. Algo paradójico que chocó en la mente de más de un compañero voluntario. A pesar de ello, los avistamientos de animales se fueron sucediendo a lo largo del camino, más bajando hacia el Río Yeguas, que a la vuelta subiendo.
     De la dehesa del entorno de la Aldea del Cerezo cambia el paisaje al encinar mezclado con sotobosque, más espeso en la umbría, algo que se puede apreciar bien al discurrir el camino paralelo a una vaguada. Los mirlos se apresuraban a ocultarse en la espesura de las umbrías, mientras las perdices levantaban el vuelo sobre la aclarada ladera de la solana, y rabilargos en grupo y arrendajos en solitario podían verse volar en cualquier sentido. Alguna que otra lagartija colilarga se cruzaba.
     Poco antes de llegar al pinar de la zona baja, donde proliferan los pinzones, y algunas palomas, apareció la silueta del águila culebrera tras las copas de los pinos. Donde el pinar se aclaraba, y se mezclaba con lentiscos y otros arbustos mediterráneos podía verse algún que otro conejo a la carrera, hasta que se quitaba de nuestra vista.

Ranas

Hembra de Trithemis kirbyi































Exuvias de ninfas
     Anduvimos más allá del fin del sendero, por el lecho rocoso, y entre las pozas del Río Yeguas, tratando de capturar algunas libélulas. A una orilla la Sierra de Andújar, y a la opuesta la Sierra de Cardeña, de donde veníamos y adonde volveríamos después. Cristina, cámara en mano, demostraba especial habilidad para acercarse a las rápidas y huidizas libélulas. Entre las rocas encontramos numerosas exuvias, fantasmagóricas carcasas de piel muerta pertenecientes a las ninfas que poblaron las aguas, y de las que emergieron los imagos alados de libélula. Abundaban las pequeñas lagartijas ibéricas que se movían entre las redondeadas rocas de granito, lavadas por el caudal de agua, cuando corre, y junto a las pozas, que atestiguan esa corriente ahora ausente, se hacinaban multitud de ranas. Una lavandera cascadeña voló cauce abajo, emitiendo sus monótonos pitidos y más adelante, donde dimos la vuelta, vimos pasar un águila real.

Macho inmaduro de Trithemis annulata

Hembra de Onychogomphus forcipatus
































     Volvimos, y nos reunimos al final del sendero, a la sombra para identificar los especímenes de libélula capturados, y proceder a su liberación posterior. Tras la suelta de las últimas libélulas comenzamos, con no demasiadas ganas, el camino de vuelta, subiendo cuesta constantemente y con bastante calor. Pero apenas habíamos empezado a andar, cuando vimos un grupo de buitres que cicleaba sobre un cerro no muy lejos. Con los prismáticos vimos que estaban presentes las dos especies, tanto el negro como el leonado, aunque en mayor número este último. Los gritos del águila imperial desvelaron que también había un ejemplar volando junto a los buitres. Poco después se mostró otra águila imperial que posiblemente acudió en respuesta a las voces que le lanzó su compañera. Poco a poco los buitres se fueron lanzando en vuelo de crucero hasta perderse, y así mismo las águilas también dejaron de verse.

Lecho del Río Yeguas

(*) Fotografías: gentileza de Cristina Conejero.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

miércoles, 2 de enero de 2013

VIAJE EXPRES A LAS TABLAS DE DAIMIEL

     Invitado por mi amiga Eva Marín, comenzamos el nuevo año con una escapada a las Tablas de Daimiel. Entre los asistentes se encontraban caras conocidas como las de Javi Moreno, Isa Periera, Javi Ramírez, Paqui Jódar y Jesús García, a quienes no veía desde mayo del año pasado. Y una grata sorpresa, reencontrarme con Rosa Armenteros, una compañera del Voluntariado del lince del verano del 2004, a la que no veía desde entonces. Igualmente positivo fue conocer gente nueva. Un verdadero lujo haber podido recorrer los itinerarios de las Tablas en tan buena compañía, con los que compartir impresiones y observaciones de campo que aquí relato.
 

Las Tablas de Daimiel vistas al atardecer

     La mañana del primer día del año amanecía cubierta de nubes por la borrasca que barría el cielo, y húmeda por la tenue llovizna que se precipitaba sobre la campiña olivarera que rodeaba la gasolinera donde esperaba a Eva y a los demás. Temía que el día en las Tablas fuera pasado por agua, mientras un carbonero parecía que clamaba a la lluvia emitiendo su característica estrofa “aguaquí aguaquí…”. Pero aunque el día no llegó a abrir totalmente, tampoco llovió.
     Llegando a Despeñaperros se dejó ver un rabilargo que volaba junto a la autovía. Posado en una roca, se recortaba la silueta del ratonero, y al entrar en uno de los túneles de Despeñaperros un buitre planeaba bajo. Recorriendo la meseta manchega empiezan a verse urracas y estorninos cerca de la autovía, posados en postes o en cables del tendido eléctrico, y del mismo asfalto despegaban algunos gorriones al acercarnos. Un milano real sobrevoló la autovía. Aproximándonos a nuestro destino vimos tres cernícalos y otro ratonero más. Cada vez más cerca de las Tablas, además de gorriones y estorninos, se veían los bandos de jilgueros recorriendo los llanos campos aledaños a la carretera, y las primeras grullas, surcando el cielo gris, nos anuncian que ya estábamos al lado de las Tablas de Daimiel.

Las Tablas de Daimiel

     Nuestra primera parada fue en el puente que cruza el Río Guadiana, donde destacaban las oscuras fochas que nadaban sobre sus aguas, y las gallinetas que prospectan las orillas. También había unos pocos cormoranes allí presentes, al igual que un concentrado bando de gaviotas sombrías sobre la superficie del agua, ocupando una parcela concreta, que parecía claramente definida. Y sobre un taray en medio del río, se posó una lavandera blanca.
     Pasado el medio día llegamos a nuestro destino, el Parque Nacional, donde nuestro primer objetivo fue acercarnos a la Laguna de Aclimatación, en la que hay ejemplares de distintas especies de anátidas y rálidas que se tratan de recuperar para devolverlos a la libertad. Pero las únicas aves que entran y salen de aquel recinto son los pequeños gorriones que se cuelan por la malla que cubre la laguna. Y a través de la malla, vimos al primer aguilucho lagunero que volaba fuera.
     A continuación hicimos un itinerario a través de las islas de las Tablas. El nivel de agua no estaba demasiado alto. Era fácil descubrir a las fochas en el agua, o a las gallinetas recorriendo las orillas. Desde una pasarela podían apreciarse un número considerable de ánades frisos, y también un par de machos de cerceta común. Desde uno de los observatorios descubrimos al gallo azul de nuestras zonas húmedas: el calamón, que utilizando sus enormes pies a modo de manos, agarraba los rizomas con los que se nutre.

Pareja de Ánades Frisos

     Más lejanas, aparecían las grullas en las dehesas del fondo, y sobre las mismas, cicleaban las cigüeñas. Los ánsares, las garzas reales y los cormoranes también los vimos de lejos, en las lagunas del fondo. Los aguiluchos laguneros y las gaviotas daban pasadas sobre aquellas áreas inundadas.
     Entre los secos tallos de la vegetación palustre se movían los mosquiteros, y de vez en cuando era posible ver alguna tarabilla posada en lo más alto de esos mismos tallos. En las islas, en tierra firme, crecen a modo de bosques grandes tarajes que cobijan urracas, palomas torcaces, petirrojos y mirlos. También se ven sobre el terreno las hozaduras de los jabalíes, y por las pasarelas se podía observar excrementos de zorro.
     Cuando llegamos a los aparcamientos, a coger nuestro almuerzo, el colirrojo tizón se mostraba con confianza. Un herrerillo que cantaba por allí, se descubrió al volar. Y de camino al área recreativa donde comimos, vimos una gran liebre por las inmediaciones, y alguna que otra tórtola turca.

Las secas espadañas ocupan las orillas de las lagunas

     Después de comer, para aprovechar el tiempo de las primeras horas de la tarde, antes de asistir al gran espectáculo de la llegada de las grullas, fuimos hasta la Torre de Prado Ancho. En el camino varias paradas obligadas, para disfrutar del maravilloso entorno que nos rodea. Desde uno de los observatorios, pudimos ver de cerca un pequeño grupo de ánsares que comisqueaban sobre el barro de una zona que estuvo encharcada hasta hace no mucho tiempo. Y donde aún quedaba algo de agua, nadan cinco hembras de pato cuchara. Otros ánsares volaban cerca, dejándonos escucharlos.
    El grupo ya se había disgregado un poco, y mientras algunos ya habían llegado a la Torre de Prado Ancho, otros, los más rezagados, nos tomábamos el paseo con calma. Destacaban los trigueros que se detectaban con facilidad por su canto inconfundible, e igualmente se veían posados en lo más alto de un cardo, o eran fáciles de descubrir entre las desnudas ramas de los tarajes del camino.
     Un zorro nos obligó a detenernos en seco, y el raposo no huyó, si no que incluso hasta se nos acercó. En el tiempo que nos dejó observarlo, nos mostró algunas de las facetas de su vida cotidiana, y así marcó con la orina el borde de un camino, mordisqueó un junco permitiéndome verle con los prismáticos los caninos, y por último nos enseñó como caza, dirigiendo sus pabellones auditivos hacia la presa como si fueran rádares, con la cola izada cubierta del lustroso pelaje invernal y flexionado las patas traseras para abalanzarse de un certero salto sobre su víctima. No falló, pero tampoco vimos que se llevaba en la boca, aunque por su tamaño más bien pequeño, presumiblemente se tratara de algún roedor.

Zorro

     Caía la tarde y las grullas pronto llegarían. Con cierta celeridad hicimos el camino de vuelta, del que nos salió una liebre que tenía el encame cerca del camino, y corrió campo a través hasta desaparecer de nuestra vista. Con el grupo disgregado, unos acabaron en la Laguna Permanente y otros fuimos a la Isla del Pan para ver llegar a las grullas. Mientras aún caminaba, puede ver el grueso de las grullas, como un caudal que recorría el cielo del atardecer, que anunciaba su llegada emitiendo su sonido de trompeta.
     Desde la Isla del Pan seguimos viendo la llegada de más grullas, pero ya repartidas en pequeños bandos. Entre el sonido de las grullas se mezclaba con el las urracas que también tienen su dormidero en las Tablas de Daimiel. Mientras el sol se ocultaba tras el horizonte, y el juego de luces de la fría tarde de invierno, pintaba el cielo de preciosas tonalidades que contrastaban con las oscuras y sombrías nubes, comenzaba a ulular el búho real. De vez en cuando también se escuchaban los graznidos de la garza real.

La llegada de las grullas al atardecer en las Tablas de Daimiel

(*) Fotografías: gentileza de Paqui Jódar y Javier Ramírez (orden alfabético).


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánsar Común (Anser anser)
  • Ánade Friso (Anas strepera)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Cerceta Común (Anas crecca)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Calamón Común (Porphyrio porphyrio)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Grulla Común (Grus grus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)