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domingo, 15 de junio de 2014

UNA TARDE PASEANDO POR LA ROPERA

     Después de bastante tiempo sin ir, ayer David y yo salimos a dar un paseo por la zona de La Ropera a últimas horas de la tarde. Y como otras veces que hemos elegido aquel sitio por su proximidad a Andújar, para echar un rato de campo y poder observar fauna, no nos decepcionó. Las tórtolas turcas y algún que otro gorrión adornaban los cables de los tendidos eléctricos sobre los que se hallaban posados por la carretera. Sobre las aguas abiertas del ancho tramo final del Río Jándula nadaban algunos ánades reales, mientras los rabilargos revoloteaban entre los olivos y los árboles de la ribera.
     Aparcamos en las inmediaciones del puente. La humedad del río y el calor reinante a pesar de las horas crepusculares, propiciaban que estuviésemos envueltos en un cierto bochorno. Desde el puente, veíamos los desconfiados patos que se habían alejado aguas abajo. También descubrimos una garza real que entre los sauces, asomaba sobre el cauce. De las verdes eneas que proliferaban a ambas orillas del río junto al puente, emanaban las ásperas notas del carricero común. Una brizna de enea que se agitaba a un ritmo diferente a las demás, era movida por una gran carpa que nadaba por las someras aguas de donde brotaba.
      Cruzamos el puente y echamos a andar paralelos a la orilla, aguas abajo, entre bosque de ribera y olivar. Entre los muchos vencejos que con su incesante griterío volaban sobre el río, los acompañaban algunos abejarucos. En los claros donde el bosque en galería se abría, aprovechábamos para mirar hacia el río, pero en cuanto nos deteníamos, las garzas y los ánades reales que tratábamos de observar echaban a volar sin darnos muchas más opciones. Y también por este lado del río había rabilargos
     Nos resultó llamativo el gran número de pollos volantones de golondrina común que se concentraban sobre un sauce, mientras otras tantas pasaban sobre el río. Del interior del bosque de aquella orilla procedían también los arrullos de la tórtola común, y la voz aflautada de la oropéndola. Un tronco encallado en el lecho del río y que emergía sobre la corriente, servía de islote a unos galápagos que se soleaban con los últimos rayos de la tarde. Y mientras esto sucedía, un pollo volantón se posó en el tallo de una planta de la orilla por la que caminábamos, muy cerca de nosotros. Pero no era una golondrina, si no algo que acaparó nuestra atención con especial interés. Habíamos tenido junto a nosotros un pájaro moscón.
     Poco más adelante terminó nuestro paseo, pero no retomamos la vuelta inmediatamente, si no que esperamos un rato. Íbamos tranquilamente, y delante nuestra alzaron el vuelo un par de abubillas. Al pasar por el lugar donde habíamos visto al moscón, escuchamos al martín pescador, que David que llegó a ver. Los galápagos permanecían apurando su baño de sol sobre el tronco. Bajo las aguas se intuía la difusa silueta de grandes carpas que a veces nadaban a ras de la superficie del agua turbia, dibujando onduladas  estelas, que a veces asomaban sus aletas dorsales. Sobre el olivar cercano volaban algunos estorninos, y más lejos también lo hacía un bando de estos negros pájaros sobre la chopera del otro lado del río.
     Esta vez no conseguimos ver ninguna garza, pero si patos. A los vencejos y a las golondrinas comunes que se dedicaban afanosamente a prospectar el río a la caza de mosquitos y otros insectos alados, se sumaban ahora al elenco aviones comunes y golondrinas dáuricas. Quizás también estaban allí al principio, cuando veníamos, pero entonces no me percaté de su presencia. Entre el sotobosque de sauces, los rabilargos formaban una algarabía, quizás en conflictos entre ellos mismos, o tal vez fuera otra cosa lo que los inquietara, pero que nunca llegamos a descubrir. En las sombras del camino se descubre un mirlo que acto seguido vuelve a refugiarse entre la segura espesura de la vegetación.
     Acercándonos al puente, entre el canto del carricero también se oyó la estrofa musical del ruiseñor bastardo. Y al llegar al puente, antes de cruzarlo, observamos un pájaro que se movía nerviosamente entre el suelo y los tallos secos del pasto. Estaba comiendo hormigas en aquel sitio, por lo que pudimos observarlo con todo detenimiento, durante un rato, hasta que se decidió a volar hasta el interior de la copa de un chaparro. Se trataba de una curruca que puso el broche de oro y el cierre a nuestras observaciones de la tarde, la mirlona.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Pájaro Moscón (Remiz pendulinus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

viernes, 21 de junio de 2013

LOS PECES DEL CURSO BAJO DEL RÍO JÁNDULA

     Ayer asistí a unas jornadas sobre Peces Continentales, impartidas en el Cercado del Ciprés, por Francisco Blanco, miembro de la Asociación de Educación Ambiental el Bosque Animado. Debido al calor del último día de la primavera, nos dedicamos por la mañana al taller práctico de identificación de especies en el tramo bajo del Río Jándula, correspondiente al área recreativa del Encinarejo, junto al embalse del mismo nombre, y el propio río, aguas abajo de la presa. Entre los asistentes estaban personal del Parque Natural de la Sierra de Andújar como José María Molina, Director del Parque, y Pedro García, Biólogo del Parque, y participantes a quienes conocía como Mª José Bueno, Merche Coco y Florent Prunier.

Aguas del Embalse del Encinarejo.
Los embalses constituyen una de las principales amenazas para la
Ictiofauna Ibérica. Por un lado las presas constituyen una barrera 
infranqueable en los desplazamientos de nuestras especies, 
que suelen ser reófilas (que ocupan corrientes); y por otro, sus aguas 
favorecen la proliferación de especies exóticas, mejor adaptadas 
a los ambientes lénticos (aguas quietas).

     Al llegar al puente que cruza el Río Jándula pudieron verse grajillas entre los chopos cercanos, y rabilargos merodeando por el área recreativa en busca de restos dejados por la gente con los que alimentarse. Recorriendo la pista, hasta los puntos escogidos para la pesca, se dejaban ver los pinzones, y algún que otro mirlo.


Barbo Gitano, distinguible de la Carpa por su corta aleta dorsal

Colmilleja (izquierda)

































     Para las capturas de los peces contamos con algunos asistentes que pertenecen a una asociación de pescadores, y emplearon sedal y nasas como métodos de pesca. Las capturas evidenciaron una triste realidad de la que prácticamente no se libra ningún río ibérico, y es que actualmente están poblados por más especies alóctonas que autóctonas. De las seis especies que se pescaron, dos tercios eran exóticas. Además, las poblaciones de algunas de estas especies foráneas, también son más numerosas que nuestras especies nativas, que estuvieron representadas por el barbo y tres pequeñas colmillejas.

Percas Soles.
El objeto de su introducción fue el incentivo de su pesca deportiva. El
impacto que ocasionan es por competencia por el espacio y el alimento,
así como su capacidad de ejercer cierta presión predadora sobre
algunas especies de peces autóctonas y sus puestas, provocando el
desplazamiento, la disminución e incluso la desaparición de estas.

Alburno.
Se introdujo para ser utilizada como cebo vivo para la pesca de otras
especies. Compite con otras especies por el espacio y el alimento,
llegando a desplazarlas. También es vector de parásitos, transmisibles
a otras especies.









































     La presencia de esas especies introducidas en nuestras aguas, las lleva a desarrollar un comportamiento invasor, que no solo perjudica la ictiofauna oriunda de las cuencas fluviales, si no también a especies de otros grupos. Estas especies fueron los alburnos, las carpas, las percas soles y la perca americana, más conocida como black bass o blablá. La razón por la que estas especies han llegado a nuestros ríos, responde a la demanda por la afición a la pesca, es decir, que proceden de sueltas deliberadas realizadas en distintos momentos. Todas las capturas fueron devueltas al agua, no sin que algunos de los asistentes nos cuestionáramos hasta que punto era correcto hacerlo con las invasoras.

Perca Americana, mejor conocida por black bass o bablá.
Poseé dos aletas dorsales que la hacen inconfundible. 

Detalle de la enorme boca del black bass, que lo convierte en un voraz
predador de las aguas continentales, que además de afectar a las
poblaciones de otros peces, también influye en las de los galápagos.
Fue introducido para la pesca, por su estimadada carne.

Carpa, diferenciable del Barbo por su larga aleta dorsal.
Parece ser que fue introducida en épocas antiguas por interés
gastronómico. La problemática de esta especie radica en que remueve
los fondos allí donde vive, aumentando la turbidez del agua y
empeorando su calidad, perjudicando a la vegetación acuática y
desplazando a otros peces. Además, puede portar
parásitos y enfermedades para otras especies de peces.

La Carpa puede presentar acusadas variaciones individuales. Por sus
grandes escamas, irregularmente distribuidas por el cuerpo, a la
variedad del ejemplar de arriba se la llama carpa "espejo".











































































     Aunque los peces sean quizás los habitantes más representativos del río, no son los únicos cuyas vidas transcurren ligadas a los cursos de agua. Los galápagos leprosos se lanzaban pronto al agua desde las piedras donde se soleaban en cuanto detectaban la presencia de alguien. O también insectos como las libélulas, cuyas ninfas necesitan el agua tanto como los peces. Florent pudo capturar un bello macho de vivo color rojo de Trithemis annulata, una especie de odonato que empezó a colonizar la Península Ibérica en tiempos recientes, llegada por sus propios medios desde el norte de África.

Macho de Trithemis annulata

     Las aves características de los sotos fluviales nos dejaban escuchar sus melodías, tales como el variado repertorio de notas del ruiseñor común o la aflautada voz de la oropéndola, a las que se les sumaba las estrofas del chochín, del ruiseñor bastardo, del mirlo o del escribano soteño. En el pinar contiguo al bosque de ribera, podían oírse a los pinzones, al herrerillo común y alguna vez también al pito real. En el eucaliptal del embalse, José María pudo coger una lagartija colilarga para quitarle una astilla que llevaba clavada.
     La parte teórica de estas jornadas fue también bastante amena y didáctica, pues aprendimos algunas claves básicas para distinguir rápidamente unas especies de otras que aparentemente son similares.

(*) Fotografías: gentileza de María José Bueno.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psamodrommus algirus)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Carpa (Cyprinus carpio)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Colmilleja (Cobitis paludica)
  • Perca Americana (Micropterus salmoides)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)

martes, 31 de mayo de 2011

EXCURSIÓN EN BICICLETA A LA ROPERA

     Ayer, a media tarde, cuando todavía no había empezado a refrescar, salimos David y yo a dar un paseo en bicicleta hasta La Ropera. Mientras pedaleábamos en la carretera que separa Andújar de La Ropera, rodeada por cultivos de maíz, de olivos y de árboles frutales, pocas aves se movían a esas horas de la cálida tarde. Tan solo era posible ver alguna cogujada, a la sombra que proyectaba algún árbol o poste en la carretera, y a los bulliciosos vencejos volando en el cielo. Al llegar a la pequeña aldea paramos un momento en la fuente para beber y rellenar de agua las botellas. Se escuchaba algún verderón, y también a los gorriones y estorninos moviéndose en los tejados.
     Al salir de la aldea, pasamos por las choperas que lo rodean y a continuación seguimos nuestra ruta entre caminos envueltos por la densa vegetación rupícola. La sensación de bochorno aumentó durante este tramo debido a la proximidad del río. Una explosión de sonidos bombardeaba nuestros oídos. Sus autores eran mirlos, abejarucos, oropéndolas y ruiseñores. De vez en cuando se cruzaban en el camino algún mirlo o algún ruiseñor, y en los claros de vegetación que apuntaban al cielo, podíamos ver a los abejarucos. Nuestro camino, cada vez discurría más cercano al río, y poco a poco disminuía la densidad de los sauces y las zarzas, lo que nos permitía contemplar las turbias aguas del río sobre las que nadaban algunos ánades reales. En las orillas inundadas del remanso del río, donde se depositan sedimentos, empezaban a crecer de nuevo las espadañas, arrasadas durante las fuertes crecidas del invierno. En esas orillas nos fue posible observar a la garza real y escuchar el corto trompeteo de la gallineta. Las golondrinas bajaban en velo rasante a tomar agua del río.
     Cruzamos el viejo puente, y cambiamos de orilla. Desde el puente nos llamo la atención un potente silbido, pero pronto descubrimos a su autor. Se trataba de una pareja de chorlitejos chicos. Ahora teníamos en frente el margen del río por el que acabábamos de circular, y la escasez de vegetación en este tramo nos permitía ver con más facilidad a las garzas y a los patos, e incluso llegamos a ver algunas gallinetas. Pero no nos detuvimos aquí y seguimos hacía adelante, buscando la sombra del sotobosque que había a continuación. Por el olivar que atravesamos antes de llegar al soto fluvial, descubrimos a una liebre encamada, que se dejó observar tranquilamente. Dejamos las bicis, y nos adentramos entre la vegetación de ribera para acercarnos a la orilla, donde hicimos una espera. Escuchábamos a las ranas croar y a las tórtolas comunes arrullar. De las turbias aguas del río, asomaba la cabeza de algún galápago, y de vez en cuando saltaba alguna carpa. También sobre las aguas del río, pudimos ver un gran número de ánades reales, jóvenes y adultos en plumaje de eclipse. Justo frente a nosotros había un montículo alargado de sedimentos en el que empezaba a crecer vegetación palustre, por cuyas orillas correteaban incesantemente cuatro chorlitejos. Un águila calzada cruzó el río, de lado a lado, por encima del bosque de galería.
     Al coger las bicis para regresar, un gran revuelo de rabilargos enfurecidos que centraban sus ataques sobre un enemigo aparentemente invisible en la copa de una encina, nos hizo detenernos y mirar con atención lo que sucedía. Intentábamos descubrir entre las ramas de la encina a la rapaz que presumiblemente era hostigada por los córvidos, pero hasta que no se movió, saltando de una rama a otra, de la misma encina, no pudimos ver que se trataba de un azor. Y a continuación emprendió la huida, a cielo abierto, perseguido por los rabilargos, hasta que se perdió en la espesura del bosque ribereño.
     Antes de marcharnos definitivamente, volvimos a hacer otra espera más adelante, en el área donde apenas había vegetación y desde donde teníamos una buena perspectiva del río. A la sombra de una encina, escuchábamos el áspero canto del carricero común y la monótona estrofa del ruiseñor bastardo, mientras un pequeño buitrón se movía a nuestro alrededor. En la orilla de en frente se veían fácilmente garzas, patos y gallinetas. Con paciencia acabamos viendo algunas garcillas que pasaron en vuelo, y al advertir nuestra presencia giraron pero sin modificar el rumbo. También pasó volando rápidamente un avetorillo. A la otra orilla fue a posarse una cigüeña y una paloma torcaz que bajó a beber. Y entre la vegetación marchó un calamón, y descubrimos dos pollos de martinete.
     Y antes de que anocheciera, emprendimos el regreso, esta vez sin pasar por el pueblo, por un camino alternativo que discurre entre olivares, donde en un poste pudimos ver un mochuelo que comenzaba su jornada antes de la puesta de sol.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Avetorillo Común (Ixobrychus minutus)
  • Martinete Común (Nycticorax nycticorax)
  • Garcilla Bueyera (Bulbulcus ibis)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Azor Común (Accipiter gentilis)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Calamón Común (Porphyrio porphyrio)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Chorlitejo Chico (Charadrius dubius)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

viernes, 29 de octubre de 2010

UNA ESPERA DE NUTRIA EN EL RÍO JÁNDULA

     Ayer salí con José Rico para subir al Encinarejo a hacer una espera de nutria. Colocamos el hide en una orilla del Jándula, desde donde controlábamos un paso estrecho del río y un profundo ensanchamiento del mismo. Pasamos una larga jornada de espera, hasta que prácticamente oscureció, pero valió la pena, pues conseguimos avistar al mustélido acuático, aunque solo fuera fugazmente.
     Quedamos sobre las 10.00 en Andújar, en el mismo cruce desde donde sale la carretera que lleva a la sierra, y sin detenernos en el camino, llegamos directamente hasta el Encinarejo. Preparamos todo cuanto necesitábamos para pasar el día en el hide, y nos armamos de paciencia para hacer la espera. Mientras montábamos el hide, algunos cormoranes volaron sobre nosotros, y para las 11.00 ya estábamos dentro, expectantes para no perder detalle de cuanto sucedía a nuestro alrededor.
     En las primeras horas de la mañana se mostraron muy activos los pájaros cantando, y así escuchamos al chochín, al trepador azul, al piquituerto, al carbonero, a la curruca cabecinegra, al escribano soteño, al ruiseñor bastardo, al pico picapinos y al pito real, así como los cacareos de las desconfiadas urracas, que parecían estar delatando nuestra presencia al resto de los habitantes del bosque. Algo después, aunque no llegamos a verla, oímos al águila imperial en la lejanía. Poco a poco se empezaron a confiar algunos pájaros, y por la playa de la misma orilla donde estábamos empezaron a moverse varias lavanderas cascadeñas, las cuales se dejaron ver a lo largo de casi todo el día. También pasó alguna lavandera blanca, pero sus visitas fueron más breves. Entre tanto, los mosquiteros también se dejaron ver durante toda la jornada, moviéndose inquietos entre los sauces y las zarzas. Algunas gallinetas también estuvieron acompañándonos casi todo el día. En más de una ocasión, las abundantes carpas llamaron nuestra atención por la agitación del agua que producen cuando se asoman a la superficie, e incluso las tuvimos muy cerca, prospectando los someros fondos próximos a la playa donde nos hallábamos.

Lavandera Cascadeña
sobre una roca de granito en medio del Río Jándula

Ciervo
bebiendo agua del Río Jándula
     Las horas iban pasando despacio, y esporádicamente algunos animales se iban mostrando más confiados, y de esta manera un ciervo se acercó a tomar unos tragos de agua en la otra orilla. Pero el sonido de los disparos de la cámara de Jose, no escaparon del fino oído del ungulado que dejó de beber para buscar el origen de procedencia del ruido. No obstante tampoco pareció molestarle demasiado, pues hasta lanzó un berrido al aire. Una urraca se llegó a posar en la misma playa donde nos encontrábamos, pero enseguida levantó el vuelo. También una garza real se posó en el río, entre los cantos rodados del estrechamiento, pero tampoco permaneció mucho tiempo ahí. Los martines pescadores solo pasaron velozmente en un par de ocasiones frente al hide, y un andarríos grande llegó a posarse en un bolo de río delante de nosotros, pero enseguida se fue por donde vino. En cambio un carbonero y las lavanderas cascadeñas se mostraron mucho más confiadas, hasta el punto que llegaron a apostarse directamente en el hide. Y junto con los mosquiteros que revoloteaban entre la maleza, también llegamos a ver petirrojos y una curruca capirotada.

Andarríos Grande
caminando en una somera orilla del Río Jándula


















     Ya eran más de las 16.00. El sol de la tarde había calentado el interior de nuestro escondite y estábamos ya algo inquietos. De repente, en la parte estrecha del río escuchamos un brusco alboroto en el agua. Se trataba de la nutria que por fin se había dignado a aparecer, pero sin darnos mucho tiempo a su observación, pues enseguida se sumergió en las profundidades del ensanchamiento contiguo del río. A pesar de ello, estuvo nadando por la superficie del agua el tiempo justo para poder verla y para que Jose le tomase algunas fotos. Y aunque permanecimos un rato más esperándola, hasta apurar las últimas horas de la tarde, no se volvió a presentar.


Nutria
nadando en las aguas del Río Jándula

     Mientras desmontábamos el hide y recogíamos se escuchaba en las proximidades la alarma del mirlo, y conforme oscurecía un lejano cárabo comenzó a ulular. Y para rematar el día, cuando regresábamos ya de noche, al pasar el puente de hierro que cruza el Río Jándula, nos topamos con una piara de jabalíes compuesta por dos adultos y cuatro o cinco bermejos.

(*) Fotografías: gentileza de José Rico.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Martín Pescador (Alcedo actthis)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinega (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

viernes, 22 de octubre de 2010

UN DÍA CUALQUIERA EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     El miércoles pasado por la mañana, quedé con Rocío para enseñarle algunos de los rincones más emblemáticos de la Sierra de Andújar. Queríamos aprovechar que estábamos entre semana y la sierra estaría tranquila. El día se presentaba prometedor, puesto que hacía buen tiempo y no teníamos ninguna prisa en volver.
     En primer lugar fuimos hasta el Río Cabrera. Por el camino, mientras recorríamos estos montes de la Sierra Morena oriental, vimos algunos ciervos, bandos de rabilargos y de pinzones, un carbonero común y un pito real. Pero debido a que esta estrecha carretera de curvas sinuosas, por desgracia cada vez tiene más tráfico, llegamos pronto y directos al río, sin habernos parado. Anduvimos por el lecho del río, todavía seco, pero apenas nos habíamos apeado del coche, y ya escuchamos la corvina voz del águila imperial, y más tarde, cuando regresábamos, conseguimos ver una pareja sobrevolando su territorio. Durante el paseo también vimos buitres leonados y algunos arrendajos, y también se nos cruzó un conejo. Como el día fue caluroso a pesar de ser octubre, entre los cantos rodados del río correteaban pequeñas lagartijas ibéricas, y en las pozas más hondas que aún conservan agua, se apresuraban a refugiarse los galápagos leprosos asustados por nuestros pasos. En el barro de las proximidades de estas pozas encontramos baños de jabalíes. Pero nos supuso una gran decepción no poder llegar hasta las inmediaciones del Rosalejo, pues una valla que atravesaba el río, nos cortaba el paso. Otra aberración más del hombre en su afán de dominio. Cuando ya nos marchábamos de este enclave, recorriendo el carril que nos llevaría de nuevo a la carretera, pudimos observar a un ratonero posado en un poste.
     Al bajar al puente de hierro que cruza el Río Jándula, no faltaron las grajillas, siempre presentes en las inmediaciones de este puente, saltando entre las ramas de los chopos negros, y por el carril que nos conduciría al Encinarejo, sorprendimos más cerca, a otro ratonero en un poste, que levantó el vuelo en cuanto frené el coche, pero nos brindó la oportunidad de contemplar su silueta volando sobre nuestras cabezas. Aquí comimos, en los merenderos del área recreativa, acompañados por colirrojos y petirrojos, que revoloteaban entre las rocas y los arbustos respectivamente. Después de comer, nos desperezamos y fuimos a caminar un poco, subiendo hasta las casas del embalse. En este paseo pudimos ver animales pertenecientes a todas las clases zoológicas. Por los mamíferos estaban gamos y algunos conejos. Las aves, como casi siempre, fueron las más numerosas y variadas, con una hembra de gavilán, un par de garzas reales y otro par de cormoranes grandes, una gallineta, una abubilla, mirlos, perdices, un cuervo, urracas, rabilargos y un macho de curruca cabecinegra. Los reptiles estaban representados por una salamanquesa común y un galápago leproso. Una rana, que rauda saltó a refugiarse su poza, fue el único anfibio que vimos. Los peces del río, aunque numerosos, solo resultaron ser grandes carpas. Y hasta algunos invertebrados aparecieron ante nosotros, con un ciempiés por parte de los miriápodos, y en cuanto a los insectos, en el mismo carril se nos cruzaron un curioso ortóptero ("saltamontes") saltando con sus patas traseras superdesarrolladas, y una mantis (Iris oratoria) bastante fotogénica que no dudó en ponerse en guardia ante nuestra presencia.
     Hacía la tarde fuimos hasta La Lancha y conseguimos llegar con luz. Durante este recorrido seguimos viendo ciervos, gamos y conejos, y más rabilargos, urracas, perdices y tórtolas turcas. En las paradas que hicimos en la pista conseguimos observar pinzones, buitres leonados, una pareja de buitre negro, y un cernícalo haciendo honor a su nombre, cerniéndose en el cielo, suspendido en el firmamento. Aunque las lluvias caídas hasta ahora no han sido muy intensas, y el celo del ciervo, la berrea, ha sido difuso, no por ello dejamos de escuchar sus berridos que aún retumban en las serranías de la Cordillera Mariánica, e incluso fuimos testigos de un combate entre dos jóvenes machos, que chocaban sus cuernas escasamente ramificadas. En las cercanías del Embalse del Jándula nos detuvimos para hacer una pequeña ruta a pie. Bajamos hasta un túnel de piedra donde encontramos plumas de cárabo y vimos un murciélago, a saber de que especie. Mientras bajábamos vimos ciervos y palomas torcaces, y sobre las aguas del pantano volaban bandadas de cormoranes. Poco después, volvimos a hacer otra parada, esta vez en La Lancha para andorrear entre las ruinas de las casas del viejo poblado. Nada más bajarnos, nos encontramos con un viborezno de víbora hocicuda en el mismo rellano donde aparqué el coche, que no sé como no atropellé. Al estar en un llano despejado de hierbas y de piedras, pudimos observarlo con todo lujo de detalles, e incluso manipularlo, con cierta precaución, para evitar que se refugiara bajo las ruedas del coche. Finalmente llegamos hasta la presa, desde donde vimos más ciervos, una lavandera cascadeña, dos garzas reales y una pareja de acrobáticas chovas piquirrojas. Hicimos el corto sendero que hay en este lugar, y cenamos escuchando el potente ulular del búho real. Ya de noche, regresemos por el mismo camino que a la ida. Un conejo, los ciervos y los gamos que nunca faltan en este recorrido, así como la fugaz visión de un mochuelo que oteaba desde el poste de una valla que linda con la carretera, y que emprendió el vuelo en cuanto la luz del coche le rozó, fue todo lo que vimos y así terminamos el día. ¡Lástima que ni Rocío ni yo tengamos cámara de fotos!


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo  Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Salamanquesa común (Tarentola mauritanica)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Víbora Hocicuda (Vipera latastei)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Carpa Común (Cyprinus carpio)

domingo, 2 de julio de 2006

TRAVESÍA EN CANOA POR EL EMBALSE DEL JÁNDULA

     Ayer hicimos una travesía en canoa, a remo, Esteban Ureña, Javier Ramírez y yo, de unas 12 horas, a lo largo del Embalse del Jándula. La exposición al sol veraniego, y el reflejo de la luz en la superficie del agua del pantano nos ha dejado bien quemados. Pero la fatigosa ruta ha dado sus frutos y tuvimos avistamientos de fauna muy interesantes.
     Pasaron a recogerme por Andújar sobre las 8.00, y más o menos hacia las 9.00 habíamos llegado a la playa de la cola del embalse que hay pasando el túnel de piedra, desde la que empezamos a remar. Fuimos directos hasta allí, sin pararnos en el camino a mirar las urracas, las abubillas y los mirlos que adornan con su presencia la sierra. A la salida del estrecho túnel sí que nos vimos obligados a detenernos un momento, a la espera que una golondrina dáurica que estaba en el suelo, levantara el vuelo.
     Tras descargar la barca y aprovisionarnos con la comida y el agua que nos llevamos empezamos a remar por turnos. La sequía tiene el nivel de agua por debajo de su máxima altura, y a todo el alrededor del embalse queda un ancho y árido cinturón desprovisto de vegetación. De vez en cuando parábamos a descansar en alguna sombra que encontrásemos bajo el talud de alguna orilla, o bien nos dábamos un chapuzón para aliviarnos del azote del calor.
     Pero otras paradas que también hicimos estaban destinadas a la observación de algún animal. Al poco rato de empezar a navegar paramos para deleitarnos con los planeos de cuatro cigüeñas negras que volaban juntas, y poco después volvimos a dejar de remar para dedicarnos a contemplar dos jóvenes águilas imperiales. Ambas especies las pudimos ver a cortas distancias. Seguimos remando aguas arriba, intentando no equivocarnos de dirección, despistados por la enorme anchura de alguna de las colas que hay en la parte baja del pantano. Algún tiempo después, lo siguiente que paramos a ver fueron los picados y las acrobacias aéreas de un par de águilas reales, algo alejadas. Las horas del caluroso día avanzaban, mientras poco a poco el embalse se estrechaba, y sus aguas se tornaban turbias. Entre ellas se intuían la silueta de las carpas, que de vez en cuando asomaban a la superficie. Un cuantioso bando de rabilargos se cruzó de lado a lado el embalse. En las piedras de las orillas tomaban el sol algunos galápagos que rápidamente se echaban al agua al acercarnos con la canoa. Casi al final vimos otras dos cigüeñas negras volando sobre el embalse, y sobre el mismo unos pocos patos. A continuación llegamos a un tramo donde de las aguas cenagosas asomaban los esqueletos de los árboles que conformaba el antiguo bosque de galería, que murió sepultado por las aguas del embalse. Sobre uno de estos troncos, casi imperceptible, reposaba una garza real. Remando sobre espesas aguas, que ya casi parecían fango, vimos nadando entre las ramas de los árboles muertos un macho de ánade real, y casi en frente, en el otro lado, un zorro merodeando por la orilla. En este tramo paramos a descansar, para quitarnos un rato de la insolación, y fue donde decidimos no seguir adelante por miedo a que se nos atrancara la barca. Pero teníamos que regresar antes de que oscureciese, así que tras un breve reposo, volvimos a remar, bajo el sol de la tarde. De nuevo volvimos a ver al zorro en una orilla, y al pato en la otra. También volvimos a ver la pareja de cigüeñas en el mismo tramo, y así mismo repitieron las otras cuatro cuando ya estábamos cerca de la presa. Pero bastante antes de llegar, pudimos ver unos pocos buitres leonados, y también algún negro.
     Desembarcamos casi de noche. Mientras cargábamos la canoa en la baca del coche, paso una cigüeña negra. En el camino de vuelta vimos los ciervos que no vimos durante el día, que debieron permanecer sesteando a la sombra, ocultos en el algún lugar, esperando a iniciar su actividad con el fresco de la caída de la noche. En medio del carril también vimos un mochuelo, que en el momento de frenar el coche salió volando, y más adelante paramos al ver una garduña sobre una roca de granito, donde permaneció un rato quieta.


Lista de Especies Observadas:

  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Garduña (Martes foina)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Daúrica (Hirundo daurica)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Rabilargo (Cyanopica cyanus cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Carpa (Cyprinus carpio)