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lunes, 11 de mayo de 2015

PROGRAMA ANDARRÍOS EN EL JÁNDULA

     Participé ayer como voluntario en el Programa Andarríos junto a los miembros de AMECO (Asociación Medioambiental para la Conservación de Animales y Plantas), que a través de la medición de diferentes parámetros físico-químicos y biológicos del agua mediante su muestreo, mediciones de caudal, velocidad del agua y anchura del río, comprobación del estado de conservación de la vegetación de la ribera y las zonas adyacentes, anotación de la fauna observada y realización del sondeo de nutria para detectar su presencia, busca conocer la calidad de las aguas del tramo de río seleccionado, la ribera y su entorno colindante, con el objetivo de detectar cualquier indicio de degradación e intentar corregir los factores que la provoquen. El río escogido fue el Jándula (afluente del Guadalquivir), en su tramo medio, para lo que nos desplazamos a las Áreas Recreativas de la Recta y del Encinarejo, cercanas entre si. De las varias partes en las que se divide el programa, mi principal contribución fue la identificación de las especies de vertebrados que pueblan el río y la ribera, y el entorno aledaño, sobre la cual versa la siguiente narración.
     Nos dirigimos primero a La Recta, donde pasamos el grueso del día, un área recreativa que a pesar de encontrarse en Lugar Nuevo, una finca de interés público, tiene limitaciones horarias su acceso, lo cual permite un mejor estado de conservación. Levantamos algunos pinzones del carril por el que avanzábamos de camino al sitio donde nos instalamos, y algún que otro rabilargo merodeando por el área recreativa. Aunque todavía era muy temprano, todavía no había nadie, así que en cuanto me bajé del coche puse en marcha el oído dado que era el momento propicio. Sonaba el agateador en alguna parte, entre los fresnos y las encinas del área recreativa, mientras que en la otra dejaba oír su repetitiva estrofa el triguero. De la espesura de los sauces y zarzas podía escucharse las voces del mirlo, el repertorio de notas musicales del ruiseñor común, la estrofa del ruiseñor bastardo, y un lejano cuco.

Culebra Viperina, en actitud defensiva, emulando a una víbora, por lo
que debe su nombre. En cualquier caso no es más que una farsa,
porque incluso en el extraño caso de llegar a morder no podría inocular
veneno alguno, por carecer de él, por lo que es una especie
completamente inofensiva.

    En cuanto nos acercamos a la orilla no tardamos en ver una culebra viperina de considerable porte. Y casi inmediatamente otra, esta vez una cría. Tampoco nos llevó mucho tiempo en encontrar los excrementos de nutria sobre las rocas del río. La lavandera blanca, daba pasadas sobre el tramo del río en el que empezábamos a trabajar, y de vez en cuando se posaba en las piedras del río. De vez en cuando aparecía el mirlo en algún claro entre la espesura, pero siempre eran avistamientos fugaces. Río arriba había una garza real posada, que por la distancia que nos separaba, permaneció allí tranquilamente durante bastante tiempo. Se podían encontrar diversas especies de escarabajos en las flores. Lejanas, vimos las siluetas de grandes aves planeadoras, imposibles de asegurar de que se trataban. Apareció un ratonero volando sobre las copas de los árboles, que se mostró en un par de ocasiones. Altos, pasaron sobre nosotros un par de buitres negros, en vuelo de crucero. También volaban altos los vencejos, pero iban y venían continuamente. Los aviones comunes y las golondrinas dáuricas volaban más bajo, bien papando los mosquitos que se movían sobre el cauce, bien a ras del agua, dando pasadas sobre su superficie para beber.
     Avanzada la mañana, el cuco se había callado por completo, el ruiseñor común ya prácticamente permanecía en silencio, y el bastardo tan solo se oía de vez en cuando. Pero había empezado a oírse la melódica voz de la oropéndola. Un agudo sonido llamó mi atención, y pude ver que trataba de un andarríos chico que se había acercado hasta donde estábamos, y al verse sorprendido, se retiraba alarmado. El triguero se seguía oyendo con fuerza, a los que se sumaron a cantar los pinzones, los verdecillos, y algún verderón. Además arrullaban las palomas torcaces, así como las ranas, que ya se oían croar. A las palomas torcaces se las podía ver a veces, como también a una abubilla que se dejó ver por el área recreativa. También irrumpió en aquel tramo de río donde estábamos un pequeño bando de jilgueros, que pasó en seguida.
     Poco a poco aumentaban su actividad las culebras de agua, que descubríamos cruzando la masa de agua a lo ancho, nadando a gran velocidad con la cabeza asomada. Era fácil ver los cardúmenes de alevines en las aguas tranquilas y someras, pero no sucedía lo mismo con los adultos, que se prestaban rápidamente a la huída en cuanto notaban nuestra proximidad. No obstante logré ver con la suficiente claridad algunos ejemplares de barbo y de pez sol. Del agua extrajimos varias ninfas de libélula y otros invertebrados, que nos sirvieron como medidores biológicos de la calidad del agua, y que por supuesto fueron devueltos a su medio tras ser observados. Libélulas y caballitos del diablo adultos, de distinta coloración y variados tamaños, volaban sobre el cauce. Y entre las piedras de la orilla, de vez en cuando asomaba alguna lagartija colilarga, entre ellas, un gran macho adornado con los colores del celo.
     Hacia el medio día, salimos andando, río abajo, sirviéndonos de la sombra que nos brindaba la arboleda riparia. Bajo la cubierta arbustiva cantaba el chochín, mientras el carbonero lo hacía desde las copas de los árboles, que moviéndose entre las ramas, logramos descubrirlo. Entre ambos estratos vegetales se delataba el petirrojo, llegando a ver una pareja. Diferentes clases de hongos saprófitos crecían sobre los troncos de los pinos muertos que yacían en el suelo. Unos parecidos a los yesqueros, otros similares a agallas. Allí donde podía verse el río entre algún hueco de la vegetación, si había alguna roca, esta servía a los galápagos para tomar un baño de sol.
     Saliendo a una zona más aclarada, escuchamos el ruido de un animal corriendo monte a través. Se trataba de una hembra de gamo, que probablemente se habría ocultado en la fresca sombra de la ribera para pasar el día, y que huía al percatarse de que nos acercábamos. Un banco de arena de la margen del río por la que caminábamos aparecía minado por los cráteres de las larvas de la hormiga león. Había también bastantes caballitos del diablo que volaban por allí, algunos enlazados en la cópula. Y de entre la variedad de escarabajos nos fijamos en uno considerablemente mayor que los demás, que resultó ser una hembra de Melolontha papposa apoyada en las hojas de un pequeño taray. Escuché el gorgojeo de los abejarucos, y los divisamos en el cielo, junto con vencejos. También cruzó el espacio aéreo del claro del bosque alguna paloma. Los chapoteos en el agua llamaban mucho nuestra atención, por si podía ser la nutria, pero se trataba de los saltos de los peces, o de los galápagos al lanzarse al agua, buscando apartarse de nuestra vista. Cuando nos asomábamos al río, entre la turbidez del agua, aparecían las grandes sombras de los barbos, o los pequeños y plateados alburnos al nadar cerca de la superficie. Un par de patos levantaron el vuelo desde el agua, y fueron río abajo. En alguna ocasión se vio al mirlo pululando en la otra orilla, y las lavanderas blancas en su trasiego a lo largo del cauce o con su incesante balanceo de la cola cuando permanecían posadas.

Hembra de Melolontha papposa.

     Con la llegada paulatina de la gente, o tal vez por el aumento del calor en las primeras horas de la tarde, dejaron de verse las culebras vadeando el río. En cambio los galápagos aprovechaban para solearse en aquellos puntos más tranquilos, que no usaba la gente como zona de baño. Los pájaros también habían disminuido su actividad, y mientras el grupo pasábamos las horas de calor a la sombra, solo pude ver un alcaudón común que se posó en la rama baja de un fresno del área recreativa. En los fondos arenosos y someros, donde el agua no parecía tan turbia, podían verse con tanta nitidez las percas soles, que era fácil apreciar su dimorfismo sexual.
     Pasadas las horas de más calor, nos dirigimos al Encinarejo, un área recreativa que está en una zona pública a la que se puede ir en cualquier momento. Pero aquí no hicimos mediciones de ningún parámetro del agua, si no que nos limitamos a evaluar el estado de la cubierta vegetal. A la ida por el Encinarejo, se veían a los rabilargos, esperando pacientemente a que la gente abandonase la zona, para acercarse a buscar algún resto de comida. No estuvimos mucho tiempo allí. Nos acompañó una hembra de lagartija colilarga en el lugar que escogimos para hacer la valoración sobre la vegetación. Terminándola, oímos a la curruca cabecinegra, que poco después se mostró un macho, con su frágil vuelo sobre unos arbustos. Una vez acabado nuestro trabajo, saliendo del área recreativa, ya se veían los bandos de rabilargos en los merenderos donde había estado gente, y también algún mirlo.

Lagartija Colilarga, hembra.

     De nuestro trabajo concluimos que las condiciones del agua, si bien no son las óptimas, permiten albergar diferentes formas de vida. En cuanto al estado de la vegetación, estamos ante un bosque en galería aceptablemente bien conservado. No obstante la intervención humana está patente en las estructuras presentes del entorno, y en la presencia de eucaliptos y especies de árboles ornamentales en las zonas recreativas, así como en la presencia de un mayor número de especies exóticas de peces, que nativas en el río. Además, es muy importante hacer un llamamiento al poco civismo que demuestran algunas personas que disfrutan de estos enclaves naturales, dejando tirada la basura, aún cuando existen contenedores para depositarla, en incluso para el reciclaje.

                                                                                                                           
Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Gamo (Dama dama)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleuca)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)

domingo, 16 de noviembre de 2014

ESCAPADA A SIERRA MADRONA, POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Tras varios días seguidos de lluvia, aprovechamos la calma de ayer Raimundo y yo para salir de campo. Fuimos hasta Sierra Madrona, atravesando la Sierra de Andújar. Más allá de los animales que pudimos ver, destacó la presencia del agua en el paisaje, que se precipitaba a través de los arroyos, o se acumulaba en charcos.
     Carretera arriba, hacia la sierra, me fijé en unas palomas torcaces posadas en un eucalipto, en los estorninos alineados en los tendidos eléctricos, y en los rabilargos que se movían por el entorno. En Las Viñas realizamos nuestra primera parada, corta, pero en la que nos dio tiempo a escuchar la continua y variada cascada de notas de los estorninos, acompañados del agudo canto de los petirrojos, como música de fondo, a la que de vez en cuando se le imponía los graves reclamos de algún cercano herrerillo o del pico picapinos que no acertamos a ver.
     Seguimos adelante, viendo algunas urracas por las cercanías de la carretera. La siguiente parada la hicimos al cruzar el Río Jándula para contemplar a un par de cercanas grajillas posadas en la desnuda rama de un chopo, la mayoría de los cuales están vestidos ahora de amarillo.
     Pocos ciervos y numerosos buitres fueron la razón principal de algunas de nuestras siguientes paradas. A veces resultaba difícil determinar la especie de buitre que estábamos viendo, pues aunque no volaban demasiado altos, lo hacían contra el gris oscuro de las nubes. Las siluetas nos ayudaban bastante a discernir los negros que se mezclaban con los cuantiosos leonados. Entre tanto podían escucharse a los arrendajos y al pito real, que habíamos visto cuando íbamos en marcha por la carretera, así como también rabilargos y algunos zorzales. Los bandos de pinzones también podían verse fácilmente al levantarlos a nuestro paso. Dediqué una pequeña parada a un petirrojo posado sobre la horquilla más alta de una rama seca. En otra parada nos acercamos a un arroyo, donde una rana se delató al saltar al agua. Más otra parada en la que nos dedicamos a recolectar unos cuantos madroños, tarea que mientras realizábamos, nos acompañaba con sus cantos el trepador azul, el herrerillo y los petirrojos que estaban por los aledaños.


Arroyo de la Sierra de Andújar

     Abundaban los buscadores de setas en Sierra Madrona. Podíamos ver sus coches aparcados junto a la carretera al pasar. El lugar que elegimos para campear fue el tramo alto del Río Jándula. Dirigiéndonos hacia allí, paralelos a las cumbres rocosas, podíamos ver altos a los buitres leonados sobrevolándolas. El primer sitio al que quisimos ir era la Hoz del Jándula, pero el abundante caudal de este río, al que le aunaba el del Robledillo, nos lo impidieron. Envidiamos al andarríos grande y a la garza real que podían desplazarse en vuelo sobre el río, y posarse allá donde les daba la gana. De lejos se oía al ruiseñor bastardo. Y llegamos a ver a una pequeña rana que prefería la tranquilidad de un pequeño charco, que los agitados caudales de los ríos próximos.

Hoces del Río Jándula

     El siguiente sitio al que fuimos, donde almorzamos y echamos casi el resto de la tarde, hasta que decidimos irnos, fue otra zona próxima al río. Unos pitidos cortos y de timbre agudo se repetían a un ritmo continuo sin variaciones. En mis pensamientos era incapaz de identificar al pájaro que producía semejante sonido. No podían ser los cuatro cormoranes que se movían por allí, y que paraban sobre unas piedras, aguas arriba, ni la garza que levantó el vuelo cuando nos vio aparecer. Tampoco eran los aviones roqueros, ni los lejanos buitres que con su vuelo cicleante coronaban la sierra. Dejé de prestarle atención, y entre tanto Raimundo localizó un grupo integrado por seis cabras en el roquedo de la otra orilla. Estuvimos siguiéndolas con la vista en su ascenso por la inclinada cornisa, hasta que se perdieron.

Cabras Monteses

     Apenas unos momentos después, por puro azar, dejé caer la mirada perdida sobre la corriente del río, sin estar buscando nada más allá del sosiego. Pero hay algo que irrumpe a la superficie desde el fondo oculto por las turbias aguas y me obliga a fijarme en ello. Un breve instante de desconcierto me sacude la mente, tratando de averiguar lo que es. Podría ser la cabeza de un pez, pero es una silueta más grande la que asoma en el río, avanzando aguas abajo, y que seguidamente desaparece bajo el líquido elemento. Justo en ese preciso instante, me atrevo a decirle a Raimundo que acabo de ver una nutria, aun cuando el margen de la duda, por la fugacidad del acontecimiento, estaba en mi cabeza.
     Deliberábamos los dos sin quitarle la vista al río. Cada segundo pasaba lentamente, y me hacía perder a pasos agigantados la esperanza de que volviera a emerger la señora del río. Pero lo hizo, dándome tiempo a señalársela a Raimundo. Ahora iba vadeando las aguas de tal manera que también podíamos apreciar la parte dorsal del alargado cuerpo del mustélido acuático. Y con los prismáticos, descubrimos que lleva un enorme pez atrapado entre sus fauces. Raimundo cae en la cuenta sobre la autoría en la nutria de esos repetitivos y silbantes sonidos que llevábamos oyendo desde hacía rato. Y efectivamente comprobamos que dejábamos de oírlos cada vez que se sumergía, y que nuevamente escuchábamos cada vez que asomaba la cabeza. Curso abajo se fue, hasta que la perdimos de vista y dejamos de oírla.
     Continuamos un rato más por las inmediaciones. Por aquel tramo del río se movían ahora un par de lavanderas cascadeñas. Los cormoranes estaban aguas arriba, y aguas abajo una garza real que de vez en cuando lanzaba al aire su graznido mientras volaba. Un mirlo, dando su voz de alarma, salió al descubierto desde unos sauces de la orilla. Y descubrimos un galápago sobre una piedra en medio del ya umbrío río por la caída de la luz. Pero la nutria era la protagonista del reciente recuerdo en nuestra memoria y en nuestro intercambio de impresiones.
     Los ciervos se volvieron más activos con la caída de la tarde, que vimos en mayor número al volver. Incluso paramos para ser testigos de una pelea entre machos. Aún luchan y aún berrean los señores del bosque en pleno Noviembre. Mientras los contemplábamos, un petirrojo que salió de un lentisco, se interpuso en mi campo visual. Pude ver otro más cuando íbamos circulando, y también una perdiz que se nos cruzó por la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

domingo, 15 de junio de 2014

UNA TARDE PASEANDO POR LA ROPERA

     Después de bastante tiempo sin ir, ayer David y yo salimos a dar un paseo por la zona de La Ropera a últimas horas de la tarde. Y como otras veces que hemos elegido aquel sitio por su proximidad a Andújar, para echar un rato de campo y poder observar fauna, no nos decepcionó. Las tórtolas turcas y algún que otro gorrión adornaban los cables de los tendidos eléctricos sobre los que se hallaban posados por la carretera. Sobre las aguas abiertas del ancho tramo final del Río Jándula nadaban algunos ánades reales, mientras los rabilargos revoloteaban entre los olivos y los árboles de la ribera.
     Aparcamos en las inmediaciones del puente. La humedad del río y el calor reinante a pesar de las horas crepusculares, propiciaban que estuviésemos envueltos en un cierto bochorno. Desde el puente, veíamos los desconfiados patos que se habían alejado aguas abajo. También descubrimos una garza real que entre los sauces, asomaba sobre el cauce. De las verdes eneas que proliferaban a ambas orillas del río junto al puente, emanaban las ásperas notas del carricero común. Una brizna de enea que se agitaba a un ritmo diferente a las demás, era movida por una gran carpa que nadaba por las someras aguas de donde brotaba.
      Cruzamos el puente y echamos a andar paralelos a la orilla, aguas abajo, entre bosque de ribera y olivar. Entre los muchos vencejos que con su incesante griterío volaban sobre el río, los acompañaban algunos abejarucos. En los claros donde el bosque en galería se abría, aprovechábamos para mirar hacia el río, pero en cuanto nos deteníamos, las garzas y los ánades reales que tratábamos de observar echaban a volar sin darnos muchas más opciones. Y también por este lado del río había rabilargos
     Nos resultó llamativo el gran número de pollos volantones de golondrina común que se concentraban sobre un sauce, mientras otras tantas pasaban sobre el río. Del interior del bosque de aquella orilla procedían también los arrullos de la tórtola común, y la voz aflautada de la oropéndola. Un tronco encallado en el lecho del río y que emergía sobre la corriente, servía de islote a unos galápagos que se soleaban con los últimos rayos de la tarde. Y mientras esto sucedía, un pollo volantón se posó en el tallo de una planta de la orilla por la que caminábamos, muy cerca de nosotros. Pero no era una golondrina, si no algo que acaparó nuestra atención con especial interés. Habíamos tenido junto a nosotros un pájaro moscón.
     Poco más adelante terminó nuestro paseo, pero no retomamos la vuelta inmediatamente, si no que esperamos un rato. Íbamos tranquilamente, y delante nuestra alzaron el vuelo un par de abubillas. Al pasar por el lugar donde habíamos visto al moscón, escuchamos al martín pescador, que David que llegó a ver. Los galápagos permanecían apurando su baño de sol sobre el tronco. Bajo las aguas se intuía la difusa silueta de grandes carpas que a veces nadaban a ras de la superficie del agua turbia, dibujando onduladas  estelas, que a veces asomaban sus aletas dorsales. Sobre el olivar cercano volaban algunos estorninos, y más lejos también lo hacía un bando de estos negros pájaros sobre la chopera del otro lado del río.
     Esta vez no conseguimos ver ninguna garza, pero si patos. A los vencejos y a las golondrinas comunes que se dedicaban afanosamente a prospectar el río a la caza de mosquitos y otros insectos alados, se sumaban ahora al elenco aviones comunes y golondrinas dáuricas. Quizás también estaban allí al principio, cuando veníamos, pero entonces no me percaté de su presencia. Entre el sotobosque de sauces, los rabilargos formaban una algarabía, quizás en conflictos entre ellos mismos, o tal vez fuera otra cosa lo que los inquietara, pero que nunca llegamos a descubrir. En las sombras del camino se descubre un mirlo que acto seguido vuelve a refugiarse entre la segura espesura de la vegetación.
     Acercándonos al puente, entre el canto del carricero también se oyó la estrofa musical del ruiseñor bastardo. Y al llegar al puente, antes de cruzarlo, observamos un pájaro que se movía nerviosamente entre el suelo y los tallos secos del pasto. Estaba comiendo hormigas en aquel sitio, por lo que pudimos observarlo con todo detenimiento, durante un rato, hasta que se decidió a volar hasta el interior de la copa de un chaparro. Se trataba de una curruca que puso el broche de oro y el cierre a nuestras observaciones de la tarde, la mirlona.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Pájaro Moscón (Remiz pendulinus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

viernes, 21 de junio de 2013

LOS PECES DEL CURSO BAJO DEL RÍO JÁNDULA

     Ayer asistí a unas jornadas sobre Peces Continentales, impartidas en el Cercado del Ciprés, por Francisco Blanco, miembro de la Asociación de Educación Ambiental el Bosque Animado. Debido al calor del último día de la primavera, nos dedicamos por la mañana al taller práctico de identificación de especies en el tramo bajo del Río Jándula, correspondiente al área recreativa del Encinarejo, junto al embalse del mismo nombre, y el propio río, aguas abajo de la presa. Entre los asistentes estaban personal del Parque Natural de la Sierra de Andújar como José María Molina, Director del Parque, y Pedro García, Biólogo del Parque, y participantes a quienes conocía como Mª José Bueno, Merche Coco y Florent Prunier.

Aguas del Embalse del Encinarejo.
Los embalses constituyen una de las principales amenazas para la
Ictiofauna Ibérica. Por un lado las presas constituyen una barrera 
infranqueable en los desplazamientos de nuestras especies, 
que suelen ser reófilas (que ocupan corrientes); y por otro, sus aguas 
favorecen la proliferación de especies exóticas, mejor adaptadas 
a los ambientes lénticos (aguas quietas).

     Al llegar al puente que cruza el Río Jándula pudieron verse grajillas entre los chopos cercanos, y rabilargos merodeando por el área recreativa en busca de restos dejados por la gente con los que alimentarse. Recorriendo la pista, hasta los puntos escogidos para la pesca, se dejaban ver los pinzones, y algún que otro mirlo.


Barbo Gitano, distinguible de la Carpa por su corta aleta dorsal

Colmilleja (izquierda)

































     Para las capturas de los peces contamos con algunos asistentes que pertenecen a una asociación de pescadores, y emplearon sedal y nasas como métodos de pesca. Las capturas evidenciaron una triste realidad de la que prácticamente no se libra ningún río ibérico, y es que actualmente están poblados por más especies alóctonas que autóctonas. De las seis especies que se pescaron, dos tercios eran exóticas. Además, las poblaciones de algunas de estas especies foráneas, también son más numerosas que nuestras especies nativas, que estuvieron representadas por el barbo y tres pequeñas colmillejas.

Percas Soles.
El objeto de su introducción fue el incentivo de su pesca deportiva. El
impacto que ocasionan es por competencia por el espacio y el alimento,
así como su capacidad de ejercer cierta presión predadora sobre
algunas especies de peces autóctonas y sus puestas, provocando el
desplazamiento, la disminución e incluso la desaparición de estas.

Alburno.
Se introdujo para ser utilizada como cebo vivo para la pesca de otras
especies. Compite con otras especies por el espacio y el alimento,
llegando a desplazarlas. También es vector de parásitos, transmisibles
a otras especies.









































     La presencia de esas especies introducidas en nuestras aguas, las lleva a desarrollar un comportamiento invasor, que no solo perjudica la ictiofauna oriunda de las cuencas fluviales, si no también a especies de otros grupos. Estas especies fueron los alburnos, las carpas, las percas soles y la perca americana, más conocida como black bass o blablá. La razón por la que estas especies han llegado a nuestros ríos, responde a la demanda por la afición a la pesca, es decir, que proceden de sueltas deliberadas realizadas en distintos momentos. Todas las capturas fueron devueltas al agua, no sin que algunos de los asistentes nos cuestionáramos hasta que punto era correcto hacerlo con las invasoras.

Perca Americana, mejor conocida por black bass o bablá.
Poseé dos aletas dorsales que la hacen inconfundible. 

Detalle de la enorme boca del black bass, que lo convierte en un voraz
predador de las aguas continentales, que además de afectar a las
poblaciones de otros peces, también influye en las de los galápagos.
Fue introducido para la pesca, por su estimadada carne.

Carpa, diferenciable del Barbo por su larga aleta dorsal.
Parece ser que fue introducida en épocas antiguas por interés
gastronómico. La problemática de esta especie radica en que remueve
los fondos allí donde vive, aumentando la turbidez del agua y
empeorando su calidad, perjudicando a la vegetación acuática y
desplazando a otros peces. Además, puede portar
parásitos y enfermedades para otras especies de peces.

La Carpa puede presentar acusadas variaciones individuales. Por sus
grandes escamas, irregularmente distribuidas por el cuerpo, a la
variedad del ejemplar de arriba se la llama carpa "espejo".











































































     Aunque los peces sean quizás los habitantes más representativos del río, no son los únicos cuyas vidas transcurren ligadas a los cursos de agua. Los galápagos leprosos se lanzaban pronto al agua desde las piedras donde se soleaban en cuanto detectaban la presencia de alguien. O también insectos como las libélulas, cuyas ninfas necesitan el agua tanto como los peces. Florent pudo capturar un bello macho de vivo color rojo de Trithemis annulata, una especie de odonato que empezó a colonizar la Península Ibérica en tiempos recientes, llegada por sus propios medios desde el norte de África.

Macho de Trithemis annulata

     Las aves características de los sotos fluviales nos dejaban escuchar sus melodías, tales como el variado repertorio de notas del ruiseñor común o la aflautada voz de la oropéndola, a las que se les sumaba las estrofas del chochín, del ruiseñor bastardo, del mirlo o del escribano soteño. En el pinar contiguo al bosque de ribera, podían oírse a los pinzones, al herrerillo común y alguna vez también al pito real. En el eucaliptal del embalse, José María pudo coger una lagartija colilarga para quitarle una astilla que llevaba clavada.
     La parte teórica de estas jornadas fue también bastante amena y didáctica, pues aprendimos algunas claves básicas para distinguir rápidamente unas especies de otras que aparentemente son similares.

(*) Fotografías: gentileza de María José Bueno.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psamodrommus algirus)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Carpa (Cyprinus carpio)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Colmilleja (Cobitis paludica)
  • Perca Americana (Micropterus salmoides)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)

miércoles, 4 de julio de 2012

UNA MAÑANA DE VERANO EN LA ROPERA

     Ayer por la mañana fuimos David y yo a dar una vuelta por La Ropera, donde a pesar de las pocas horas que estuvimos, y del calor, vivimos una intensa jornada de observación de animales.
     Bajando por la pedregosa cuesta que nos acercaría al río se movían los rabilargos entre los olivos y los ciruelos, y nada más aparcar en el cruce de caminos, se cruzó un zorro por el camino, un poco más adelante. Empezamos a andar por ese mismo camino, aunque pronto nos salimos del mismo, para tratar de asomarnos al río, entre las eneas donde se descubría y desaparecía el carricero común a su antojo. De vez en cuando sonaba el canto del ruiseñor bastardo, y los pitidos de la gallineta. Logramos ver una caminado por la orilla opuesta, por el borde donde las verdes eneas emergen del agua. Y una garceta común pasa en vuelo sobre el cauce.
    Siguiendo nuestro paseo, era fácil ver los mirlos y ruiseñores que atravesaban el camino de lado a lado, a los que también se les oía cantar desde el interior de la enmarañada vegetación que los cobijaba. Acompañaban también las estrofas del carricero tordal en un tramo de la senda. Al llegar a la pequeña laguna, se escucha el chapoteo de los galápagos al sumergirse en las turbias aguas donde se ocultaban. Desde bosque de ribera que nos rodea, llegan a nuestros oídos los arrullos de palomas torcaces y tórtolas comunes. También se oye el tamborileo que produce el pico picapinos al golpear seguidamente los troncos, al que también oímos emitir sus notas monosilábicas, y que tras buscarlo, conseguimos ver por unos instantes.
    Nos adentramos entre los sauces ribereños para asomarnos al río, donde permanecimos un rato de espera, sentados a la sombra. Tenemos como telón de fondo el canto del verderón. De vez en cuando se ve algún mirlo entre la vegetación de la otra orilla, o alguna paloma volar sobre las copas de los árboles. A nuestras espaldas vemos unos jilgueros, y bajo las mismas sombras donde improvisamos nuestro escondite aparece algún que otro joven herrerillo. En medio del río hay una pequeña isleta en la que vemos unos cuantos picos de coral. Ya los vimos en enero de este año, por lo que es posible que se hayan establecido en el lugar de forma permanente.
     De vuelta hacia el coche, se nos vuelven a cruzar algunos mirlos y ruiseñores, mientras el carricero tordal prosigue cantando por el mismo sitio, aunque no conseguimos observarlo. Cogemos el coche para ir hasta el puente. Antes de llegar descubrimos en los calvos del olivar unos conejos que pronto se ocultan bajo las zarzas. Un pequeño bando de verdecillos pasa por allí.
     Cuando llegamos al puente nos detenemos en medio del mismo, y desde el coche nos dedicamos a esperar, por no estar al sol. A lo lejos, en el río, vemos varios ánades reales, y por las orillas próximas por donde los patos nadan, descubrimos algunas gallinetas. Delante de nosotros, donde acaba el puente, se mueven unos gorriones. Las golondrinas vuelan a ras de la superficie del agua. Pasa un grupo de abejarucos, a los que previamente habíamos escuchado. Al buscar a los coloridos pájaros africanos en el aire, también vemos el rápido vuelo de los vencejos. A pesar del estío, el río baja crecido, debido a los desembalses. Con satisfacción contemplamos el vuelo de una garza imperial, que tras algunos años sin verla en La Ropera, parece haber vuelto por allí. Conseguimos ver al martín pescador dar varias pasadas, río abajo, río arriba, traspasando el puente por los ojos en sus idas y venidas. Siguiendo el vuelo del pájaro ictiófago, con el fin de observarlo en algún posadero, David descubre por su lado del río a un discreto martinete posado bajo la sombra de un sauce. La garza imperial, o tal vez otra diferente, vuelve a sobrevolar el puente, siguiendo su camino sobre el río. Y desde mi lago, se oye al avetorillo, desde lo más profundo de las espadañas.
     A pesar del calor, la vida bullía en torno al río, pero a nosotros empezaba a fatigarnos. Terminamos de cruzar el puente, para cambiar de sentido, y al volver cruzar el puente vemos una rata corriendo por el borde, en nuestra dirección, pero que pronto se echó a un lado, suponemos en introduciéndose por una grieta o agujero de los pilares del puente. Y al girar en el camino, por el tramo que va paralelo al cauce, paramos por última vez, para observar desde otra perspectiva al martinete.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Rata Parda (Rattus norvegicus)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Avetorillo Común (Ixobrychus minutus)
  • Martinete Común (Nycticorax nycticorax)
  • Garceta Común (Egretta garzetta)
  • Garza Imperial (Ardea purpurea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Carricero Tordal (Acrocephalus arundinaceus)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pico de Coral Común (Estrilda astrild)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)