Mostrando entradas con la etiqueta Saxicola rubicola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Saxicola rubicola. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de enero de 2018

PASEO POR LOS ALREDEDORES DE ZUHEROS

     Quedé ayer con David y Maite en Zuheros, para posteriormente reunirnos con Lucía y Paco en el Centro de Visitantes de Santa Rita, de Cabra, y hacer el sendero del Río Bailón, desde la Nava de Cabra hasta Zuheros, donde yo dejé el coche. Para recorrer este sendero, David había pedido la autorización previa pertinente, pero el viento y el frío nos obligaron a posponerlo.
     Pero como me adelanté a la hora de quedada, aproveché el rato para darme un paseo por el entorno de Zuheros en la fresca mañana, donde nada más apearme del coche el griterío de las chovas piquirrojas me daba la bienvenida a este enclave cordobés de las Sierras Subbéticas. A pesar de disponer de algo más de una hora de tiempo, no llegué muy lejos, pues los numerosos pájaros que se hacían notar por el barranco del Río Bailón, sin nada de agua, por desgracia, y los alrededores de Zuheros, me obligaban a detenerme a escucharlos, o a tratar de contemplarlos.

Barranco del Río Bailón

     Por las paredes rocosas próximas al aparcamiento, también llegué a oír al gorrión chillón, pero me fue imposible detectarlo con la vista. Las currucas capirotadas y los gorriones comunes eran frecuentes en un pequeño joven olivar a los pies del pueblo, a los que previamente había podido escuchar. A la curruca cabecinegra también llegué a oírla, pero no logré verla. Los mirlos se descubrían por su voz de alarma que emiten en sus vuelos rasantes, que salían a mi paso. Los herrerillos comunes también se dejaron ver y oír con facilidad, así como algún carbonero. Además se oía el escribano soteño en alguna parte, pero no era capaz de descubrirlo. Inconfundibles, en apoyados en sus respectivos posaderos, el macho de la pequeña tarabilla sobre el tallo de una herbácea, y el macho azul del roquero solitario en una destacada roca.
     Los estorninos negros alegraban con su presencia el Castillo de Zuheros, posados en sus almenas, desde donde emitían su variado repertorio musical. Mis pasos me llevaron a un puente colgante por un estrecho desfiladero entre la roca, desde donde pude ver y oír a la pareja de cernícalos, a los que podríamos considerar los verdaderos señores que viven en el castillo.
     De vuelta al coche volví a toparme con varias de las especies de pájaros que ya había visto. De hecho ahora eran más visibles las currucas capirotadas y también se dejó ver mejor el carbonero común. Pero antes de llegar al coche reconocí la silueta de un macho de cabra montés, recortada en el cielo, sobre el roquedo. Desde el puente sobre el lecho del Bailón, estuve observándolo más cerca y con mayor detenimiento, pues permaneció durante largo tiempo sin apenas moverse del sitio. Tanto, que también me dediqué a mirar al otro lado del puente, donde vi más gorriones comunes y divisé al escribano soteño sobre la deshojada rama de una higuera.
     Finalmente el macho montés se acabó yendo, y llegaron Maite y David, cuando había aparecido en escena cuatro hembras de cabra montés, muchos más dinámicas que el macho, desplazándose y brincando por las rocas del cortado pétreo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)

domingo, 10 de diciembre de 2017

RUTA GUIADA POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Junto con Inma y con Paco, ayer pasé una gran jornada en la Sierra de Andújar. Fue un día de trabajo, para unas rutas guiadas con Iberus, pero cuado pasas el tiempo entre personas tan entusiastas con lo que hacen, el trabajo se convierte en todo un estímulo. Inma y yo recogimos a nuestros respectivos clientes en el Centro de Visitantes de las Viñas de Peñallana, y desde allí, yo detrás de ella, nos dirigimos hacia La Lancha.
     En nuestro recorrido vimos urracas y rabilargos, pero sin duda los que hacían las delicias de las observaciones de nuestros clientes eran los abundantes ungulados de los montes mediterráneos andujareños, ciervos y gamos, que exigían improvisar algunas paradas. Por el camino vimos también pinzones y un cernícalo.
     En una parada en la que nos apeamos del coche acabamos localizando un pequeño rebaño de muflones, compuesto por seis hembras y dos machos. Vimos también un discreto mochuelo, sobre unas rocas de granito, a la sombra de unas encinas, pese a la cerrada nubosidad del día. Se podían escuchar petirrojos por el entorno, mientras alguna lavandera blanca se paseaba por el carril.
     Paramos también al llegar a las curvas, apartados de las grandes concentraciones de gente, donde pudimos observar conejos. Al menos cinco ejemplares distintos. A quienes comprendemos el funcionamiento de estos ecosistemas, nos produce mayor entusiasmo contemplar a este modesto animal que a un ciervo, pues el conejo es una presa fundamental en la dieta de los depredares de este medio natural. También vimos algún mirlo que prospectaba el suelo. Se escuchaba a la curruca rabilarga, y acabamos descubriendo una moviéndose entre las ramas de un madroño cercano.

Lince Ibérico

     Poco después hicimos otra parada porque sabíamos que se estaba viendo el lince. Y nada más bajarnos del coche lo localicé, encaramado junto a unos romeros. Permaneció bastante rato echado en el suelo, dormitando, y mientras tanto se nos unió Paco con su grupo. Pero tras cesar su descanso no se incorporó inmediatamente, sino que aprovechó su amagada posición para iniciar un rececho. Y desplazándose ligeramente a cortos trechos se lanzó a por un conejo. El lance no tuvo éxito, como ocurre la mayoría de las veces en la naturaleza, del que salieron dos raudos conejos por la loma donde ocurrió, y tras la que se había ocultado el lince. Las urracas, hasta una curruca cabecinegra, parecían reprocharle su fracaso. Delataban su presencia, todavía en la zona, pese a que nosotros no podíamos verlo. Y decidimos seguir nuestra ruta.
     Nuestra siguiente parada fue para observar las cabras monteses de los alrededores del embalse del Jándula, mientras les servimos un aperitivo campero a nuestros clientes, con productos locales y ecológicos, escuchábamos los reclamos del carbonero. El aire que entraba valle arriba, venía cargado de humedad. Pero a parte de las cabras, en las rocas también había posados unos buitres leonados, más otros que pasaron en vuelo. Con estos, también venía un buitre negro. También se dejaron ver un par de chovas. De vuelta, pasado el medio día, a parte de ciervos y gamos en el camino, me fijé en un zorzal charlo posado en la rama alta de una encina, y en un macho de tarabilla en un alambre.
     Tras dejar a los clientes en el punto de encuentro, y para aprovechar el resto del día, Inma y yo nos fuimos hacia la finca privada para ayudarle a Paco con los suyos. Por el camino nos dedicamos con mayor interés a fijarnos en los pájaros. Entre una multitudinaria bandada de pinzones, Inma fue capaz de dar con un pinzón real, que yo no llegué a ver, porque no tardaron mucho en levantar el vuelo, formando una gran algarabía con sus reclamos. También buscamos entre los estorninos negros algún pinto, pero no lo encontramos. Tan sólo un avefría compartía aquellos campos, pero sin mezclarse con ellos. Pero además habíamos visto lavanderas blancas por los campos donde estaban los estorninos y los pinzones, más una lavandera cascadeña, un par de pitos reales por el camino, pardillos, a los que también oímos, y unos jilgueros.
     Entrando en la finca pude ver un verdecillo. Por el entorno del sitio que elegimos para hacer una espera se movía una lavandera blanca y un bisbita por el suelo, mientras un ruidoso y compacto bando de los estorninos cambiaba a menudo de encina donde se dejaba caer. Vimos también dos conejos. Cuando nos pusimos a almorzar, Inma no tardó en divisar dos linces que bajaban descendiendo entre las rocas de la ladera de enfrente nuestra. Avisamos a Paco, que estaba en otro punto para que estuviese atento. Y los linces, una madre con su cría del año llegaron a un prado donde estuvieron moviéndose por largo rato, antes de volver a ascender ladera arriba hacia al final de la tarde, cuando algunos rayos de sol atravesaban la cortina de nubes, y bañaban de luz algunas áreas de los montes adyacentes. Los mochuelos habían empezado a cantar con el crepúsculo. Pero la humedad atmosférica puso activos a los sapos, y de noche, cuando íbamos de regreso hacia el Centro, los encontramos. Un par de sapos corredores, y uno de espuelas, a los que nos entretuvimos haciéndoles fotos con la ayuda de una pequeña linterna, y posteriormente apartamos de la carretera para evitar que fueran atropellados.

Sapo Corredor

Sapo de Espuelas



























Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalli)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Bisbita Pratense (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)

lunes, 2 de enero de 2017

COMENZANDO EL AÑO CAMPEANDO POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Inmejorable inicio del año. Ya empieza a ser costumbre que inaugure los años saliendo al campo. Aprovechando ayer mi día libre, que previsiblemente será de los pocos que tenga en enero, salí en compañía de Rocío, a sugerencia suya, a dar una vuelta por la sierra. Y yo le propuse ir al camino de La Lancha, a probar suerte con el lince. Salimos más bien tarde, pero el día dio bastante de si, pese a llevar un plan más bien tranquilo y relajado, y no ir expresamente en busca de nada.
     Durante el trayecto de ida paramos en alguna ocasión para fijarnos en los pajarillos que había junto al camino. Petirrojos y pinzones sobre todo, pero también algún colirrojo tizón y tarabillas. Nos detuvimos también a ver los trigueros en alambradas y encinas cercanas, y a un par de zorzales charlos, algo lejos, en una dehesa por la que pasamos. Más cerca que los charlos, vimos también una abubilla en la misma parada, sondeando el suelo con su largo y curvo pico, a la sombra de una encina. Por supuesto tampoco faltaron urracas, ni estorninos, pero no les prestamos demasiada atención. Pero me extraño no ver ni un ciervo en todo el camino.

Sierra de Andújar

     Al poco tiempo de llegar a las curvas, donde había bastante gente repartida por diferentes puntos del camino, vimos una pareja de buitres negros que nos pasaron volando bastante cerca. Se oían los arrullos de la paloma torcaz y las ásperas notas de reclamo de la curruca capirotada, y de vez en cuando también berreaba algún ciervo. También oímos el canto del águila imperial, pero tampoco se dejaba ver. Vimos un conejo al lado de un lentisco. Los buitres leonados planeaban diseminados por el cielo, en todas direcciones, en lugar de hacerlo en las típicas concentraciones aprovechando las corrientes térmicas. Alguna paloma pasaba en vuelo por el lugar. Las pocas urracas también aparecían dispersas por la zona, y aunque de vez en cuando se oían, no eran alarmas que marcaran la presencia de ningún carnívoro, como a menudo lo hacen con el lince. Y no tardó en aparecer el águila imperial, el adulto al que habíamos oído hacia un rato.
     Poco antes de almorzar, emprendimos un paseo que pronto se vería interrumpido. Habían detectado a un lince en algún lugar. Cuando una mujer nos dejó mirar por su telescopio, contemplamos a un remoto lince, a contra luz, tumbado placidamente sobre una gran roca, al sol. A pesar de las malas condiciones de luz, y la lejanía, siempre que se consigue observar un lince en libertad es un momento especial, y quizás más tratándose del primero, y espero que no el último, del año. Pero no se quedo demasiado tiempo allí, y tras acicalarse y lamerse con esmero, bajó de la roca al suelo, y entre la vegetación desapareció. Fue entonces cuando Rocío y yo nos fuimos a comer.
     Mientras comíamos sentados al borde del camino volvimos a ver un conejo, quizás el mismo de antes, junto a los lentiscos por los que se movía algún que otro mirlo. Se seguía oyendo a la curruca cabecinegra, y llegó a salir unos instantes de los lentiscos que la cobijan. Con sus habituales griteríos, de repente irrumpió en aquel mismo rodal de lentiscos donde estuvo el conejo, los mirlos y la curruca, un bando de rabilargos. Y a lo lejos, el pito real repitió seguidamente sus potentes notas sonoras, componiendo su característica estrofa.

Abeja libando el néctar de la flor del romero

     Reanudamos el paseo poco después de comer, con varias paradas para mirar a los buitres leonados, al buitre negro y al águila imperial, que también se podía escuchar con fuerza. Esta vez, además de al adulto, llegamos a ver a un damero. Vimos también petirrojos y unas perdices. Divisamos al azul roquero solitario entre granitos, mientras daban pasadas sobre la pista aviones roqueros. Las abejas (Apis mellifera) zumbaban entre los romeros en flor. No muy lejos se encontraban las colmenas, visibles desde el camino. Y al término de nuestro paseo oímos el chasquido que producen los ciervos al chocar sus cuernas. Nos asomamos un poco más adelante por si descubríamos la pelea, pero tan solo vimos un grupo de seis machos que enseguida se marcharon. En cambio un joven vareto se mostró más confiado. Parece que el hecho de que no se cace en esa finca, ha cambiado el comportamiento de los animales, mostrándose más tranquilos y confiados.
     Al comenzar a caminar de vuelta, presenciamos como el águila imperial adulta, entre cacareos, picaba sobre el damero. Más buitres deslizándose por el aire, y aviones revoloteando por los alrededores del carril. Nos paramos un rato a mitad de recorrido, y nos sentamos a contemplar los seres animados del paisaje. De nuevo repetía el macho del roquero solitario posado en su pétreo hábitat. Un petirrojo se movía inquieto por un lentisco próximo al camino. Un par de urracas, la una sobre una encina, y la otra en el suelo, se veían cláramente pese a la distancia, por su destacado blanquinegro plumaje. También vimos otro conejo, algo lejos, cerca de unos acebuches.

Anocheciendo

     No tardamos mucho en volver al coche para irnos, pues aunque todavía quedaba un buen rato de luz aprovechable, tenía cosas que preparar. Durante el camino de vuelta vimos más ciervos, separados por grupos de machos y hembras. Alguno de ellos eran portadores de grandes cuernas. Vimos también un grupo de gamos en una dehesa, algunos de los cuales, con alocados brincos y carreras, idas y venidas, y sus colas totalmente levantadas mostrando el escudo anal completamente blanco, parecían estar jugando y divirtiéndose, en lugar de indicar algún tipo de peligro inminente. Y de las aves volvieron a repetir los estorninos, los trigueros, los colirrojos, los petirrojos, los pinzones, más la abubilla, que voló no lejos de un gran ciervo macho, que corría paralelo a la valla que le impedía cruzar la pista.

(*) Fotografías: gentileza de Rocío Ferrer.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)

martes, 21 de junio de 2016

SUBIDA A LOS LAVADEROS DE LA REINA, DESDE LA DEHESA DEL CAMARATE

     De nuestra estancia en Sierra Nevada, la jornada más significativa en lo que a observación de fauna se refiere, fue el día 13, cuando, guiados por Javier Plana, guía-interprete del Parque, y por David Sánchez, subimos hasta los Lavaderos de la Reina desde la Dehesa del Camarate. Y todavía fueron más observaciones de las que aquí cuento, pues he omitido la avifauna urbana, que pudimos ver desde que salimos de La Calahorra, así como por los pueblos por los que pasamos, tanto de ida como a la vuelta.

Mostajo en flor
     A pesar de su nombre, nada tiene que ver con un bosque aclarado de matorral y de suaves pendientes la Dehesa del Camarate, punto de quedada y lugar de inicio de nuestra ruta, una parte coche, la otra andando. Todo lo contrario, un frondoso bosque de mostajos, robles y cerezos, mezclados con las densidades de arces y majuelos que componen el sotobosque, trepa por la umbría del valle del Río Alhama, donde también se pueden encontrar algunos abedules junto al río, y hasta tejos en los lugares más secretos de este “Bosque Encantado”. Un exuberante vergel de cuyas entrañas se manifestaban sonoramente el chochín y la curruca capirotada, mientras por las ramas superiores se paseaba, cantando, el herrerillo común. Toda una joya botánica, conservada en su estado primigenio de las alteraciones humanas, y sin duda uno de los rincones más hermosos que atesora Sierra Nevada.



Tejo

     Hicimos algunas paradas a lo largo del trayecto, en algunos puntos significativos de la Dehesa del Camarate, donde nuestros guías acompañantes nos aportaban datos relevantes del lugar. En un tentadero, pues el nombre de Dehesa de esta finca ahora incorporada al Parque Nacional le viene porque criaban vacas bravas, de las que todavía quedan algunas, pudimos ver lavanderas blancas por el entorno, y en el cielo descubrir los cicleos de una pareja de águilas calzadas. La primera que vimos, de fase oscura, me desconcertó un poco hasta poder identificarla, despejándome todas las dudas al aparecer su conyugue, del morfo más habitual, el claro. A cierta altura ya, en otra parada donde el bosque se va aclarando paulatinamente, dejando entrever las verdes manchas de hierbazales, se elevó en el cielo una ruidosa congregación de chovas piquirrojas.

Chovas Piquirrojas, evolucionando en el azul cielo

     Dejamos los coches en la difusa frontera donde robles y mostajos van progresivamente desapareciendo, ganándole terreno los prados al arbolado. A lo lejos podía oírse el cuco, pero más cerca teníamos el cacareo de las urracas, revoloteando entre los escaramujos y majuelos. También entonaba su armoniosa estrofa la totovía. A nuestro alrededor se movían infinidad de mariposas, atraídas por el suelo empapado de aquellos prados montanos, donde la primavera aún vive su apogeo, resistiéndose a la inminente llegada del estío. Entre esos lepidópteros diurnos destacaba la vistosa Iphiclides podalirius que gratamente me sorprendió por su relativa abundancia.
     Nueve kilómetros de marcha a pie, principalmente ascendente, nos separaban hasta llegar a los Lavaderos de la Reina, paseo que discurría entre piornos almohadillados y enebros y sabinas rastreras, y en el que cruzamos por arroyos de aguas cristalinas que se precipitaban por los barrancos, alimentándose del deshielo en las rocosas cumbres donde todavía perduraba algo de nieve. No pasaron desapercibidos los buitres leonados a lo largo nuestra andanza, que aunque volaban altos eran bastante visibles, y al principio también se dejó ver alguna que otra tarabilla común. Interrumpimos la caminata para mirar a un grupo de jabalíes, avanzando entre los piornos y los enebros de una soleada ladera. Piara mixta en cuanto a la edad pues estaba compuesta por adultos, bermejos y rayones. Estampa inédita a mis ojos, pues acostumbrado a descubrirlos emboscados, me sorprendió verlos rompiendo monte entre esos arbustos de montaña, desprotegidos por completo de árboles.

Escribano Hortelano

     Pero mi atención fue captada por un pájaro que surgió casi simultáneamente que los jabalíes junto al camino y que volando paralelamente a este, se posó un poco más abajo, sobre un arbusto del borde. Volando de espaldas a nosotros, por las bandas blancas laterales de su cola, delató que se trataba de un emberizido. Por los tonos marrones, salpicado de negro, del dorso, pensé que sería un escribano montesino, pero al posarse al descubierto me llevé la grata sorpresa de poder comprobar que se trataba nada más y nada menos que de un escribano hortelano. Entonces caí en la cuenta que el sonido que se repetía en los alrededores era su monosilábico canto. Este ejemplar en concreto se mostró bastante confiado, y estuvo revoloteando a nuestro alrededor, posándose siempre en puntos bien visibles, y relativamente cercanos. Todo un lujo poder contemplar en tan buenas condiciones a este pájaro.

Una alfombra de diversas flores tapizaba el entorno del camino



Collalba Gris































     Las notas del escribano hortelano no cesaron de oírse por el área contigua al camino, y aunque lo seguíamos viendo cuando salía volando, se ocultaban de nuestra vista al posarse de nuevo. Se le suma con su incesante repertorio musical la alondra, y entre otros pájaros que pudimos ver por el camino aparecen las collalbas grises entre las rocas, al escalar cotas, y algún colirrojo tizón entre las grandes piedras por las que desfilaban algunos de los arroyos que atravesamos, recorridos por la lavandera cascadeña. Pudimos ver a pasar también por una de estas vaguadas por las que corrían los arroyos, otra piara de jabalíes. Entre la hierba de las orillas se desplazaban aceiteras (Berberomeloe majalis) de lustrosa capa negra brillante. En otros herbazales, también bastante húmedos, pero ya alejados de los arroyos, encontramos algún ejemplar de Eumigus monticola. Pasábamos junto a una sucesión de cascadas y saltos de agua del tramo alto del Río Maitena, cerca ya de las primeras nieves. En este abrupto paisaje vimos las primeras cabras monteses, resguardadas a la sobra de las grandes rocas.

Aceiteras
Eumigus monticola

La flor lila de Pinguicola nevadensis
     La primavera nos brindó la oportunidad de observar en flor algunas especies que salpicaban de color los verdes prados de montaña, como las azules gitanillas (Gentiana verna) o el amarillo cuernecillo (Lotus corniculatus glacialis/carpetanus), o las endémicas violetas (Viola crassiuscula) y la tiraña de Sierra Nevada (Pinguicula nevadensis). Y asociadas a ellas se dan multitud de insectos, como las mariquitas de los siete puntos (Coccinella septempunctata) y mariposas, entre ellas la moteada Issoria lathonia. En las pedreras aparecían cubriendo el suelo como blancos copos caídos, la estrella de las nieves (Plantago nivalis), también en flor.

Gentiana verna














Issoria lathonia

     Almorzamos junto al borreguil de una laguna de acorazonada forma. A nuestras espaldas, quedaban las oscuras y desnudas cimas de los Tajos Negros, cubiertos aún por blancas manchas de nieve. Durante la comida, y el descanso que allí hicimos, se acercaron algunas cabras, mientras otras se dejaron ver en la lejanía. De vez en cuando se levantaba un ingente bando de escandalosas chovas. Altos, también podíamos divisar a los buitres en vuelo. Y además se estuvo escuchando un rato el canto del bisbita campestre. Las chorreras y surgencias de agua en este antiguo circo glacial en el que nos hallamos por encima de los 2.600 metros de altitud, conforman los llamados Lavaderos de la Reina, que junto al deshielo en la falda norte de los Tajos Negros de Cobatillas originan la escorrentía que ve nacer al Río Maitena. Nuestra compañera Lorena aprovechó también el descanso para entrevistar a Javier, sobre el paraje en el que nos encontrábamos, y sobre Sierra Nevada en general.

Saltos de agua del tramo alto del Río Maitena. Al fondo, Tajos Negros de Cobatillas
Cabra Montés, hembra pastando en un prado de montaña

     Después de comer seguimos subiendo un poco más hasta llegar a la primera mancha de nieve, que sacó nuestro lado más infantil. Y como si estuviera confinado a la nieve, vimos allí a una de las reliquias glaciales de Sierra Nevada. Una pareja de acentores alpinos moviéndose por las rocas. De vuelta, siguiendo el cauce del río para disfrutar de la espectacularidad de sus saltos de agua, desmantelamos los restos de una corraleta que encontramos. Y haciendo honor a su nombre, en estos saltos de agua vimos de nuevo a un par de lavanderas de las cascadas.
     Los nueve kilómetros que nos quedaban de vuelta sobre nuestros pasos nos permitieron volver a ver collalbas grises, buitres y escribanos hortelanos, además de pardillos y un cernícalo vulgar que se suman a la lista de avistamientos. Las cabras monteses se mostraban más activas al atardecer, y se dejaron ver con más facilidad a nuestro regreso. Y de nuevo nos topamos con los jabalíes. Primero con una hembra que conducía ella sola a cuatro rayones, y que no deparó en nosotros, por lo que la vimos moverse tranquilamente por los piornales. Y después nos encontramos con otra piara mixta, que probablemente sería alguna de las que habíamos visto a la ida. Cerca ya de los coches, donde los arbustos tenían ya cierto porte, se nos cruzó un macho de cabra montés.

Jabalina, acompañada de sus rayones, entre piornos y enebros

     Pero nuestras observaciones continúan durante el trayecto de bajada por la Dehesa del Camarate, improvisando breves paradas. Una pequeña cabra montés que cruzó el camino, y otra manada de jabalíes avanzando por el robledal fueron los motivos. Además también pude ver a una pareja de oropéndolas en vuelo, cruzando un barranco de lado a lado. Y hasta una cierva para rematar nuestra visita, a las puertas de la Dehesa del Camarate, especie esta, introducida en algunas fincas aledañas a Sierra Nevada para su caza, por donde va colonizando poco a poco algunas áreas.

(*) Fotografías: gentileza de David Sánchez.                                                                              


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):                                        

  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Alondra Común (Alauda arvensis)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Bisbita Campestre (Anthus campestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Acentor Alpino (Prunella collaris)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Hortelano (Emberiza hortulana)

jueves, 14 de enero de 2016

DÍA ÉPICO EN UN RINCÓN DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     A propuesta de Raimundo, volvimos por la Sierra de Andújar hace dos días. Frente al pleno al seis de Raimundo en lo que a observaciones de lince se refiere por salida, esta fue mi cuarta salida y la tercera en la tengo la inmensa fortuna de poder no solo ver, sino también de escuchar los potentes maullidos del gran gato rabón. El lugar elegido, como en las ocasiones anteriores fueron “las curvas” de La Lancha, donde había más gente de lo que esperábamos.
     Tras el anterior día de lluvia, la jornada fue soleada y de temperatura más agradable de lo que debiera para estas fechas. La atmósfera limpia y la luz le otorgaban pureza y brillo a los colores del paisaje que nos envolvían. Por la carretera se dejaron ver una abubilla que salió volando de la cuneta al pasar junto a ella, algún mirlo, y unas perdices en vuelo, cuando superamos el tramo de niebla cercano a Andújar. Más adelante, vimos urracas y pinzones, antes de detenernos unos momentos a contemplar el algodonoso mar de nubes que se extendía sobre el Valle del Jándula, del que solo despuntaba el santuario a lo lejos a modo de isla, como un castillo flotante en las densas nubes de un mundo mágico. Esta parada también me permitió ver tres colirrojos tizones que revoloteaban por los alrededores, y me entretenían con sus flexiones.

Valle del Río Jándula, inundado por el mar de nubes

     Paramos otra vez para ver un mochuelo apostado en los bolos graníticos de una dehesa. Al rato voló a refugiarse en el ramaje de una encina cercana. Estaban también presentes en las cercanías del camino donde estábamos parados la lavandera blanca y el buitrón, y un poco más adelante nos aguardaba la tarabilla. Destacaba en el prado verde la blancuzca silueta del zorzal charlo entre los negros estorninos que comisqueaban entre la hierba. Entre otros bolos resaltaban las ramificadas cornamentas de un par de ciervos. En el resto del bacheado camino vimos algunos pinzones más, unos mitos y un arrendajo.
     Al llegar a las primeras curvas nos encontramos con el banco de niebla que nos privaba del amplio campo visual que abarca los dominios del lince. Nos enfrentamos a una sensación contradictoria. Por un lado experimentamos cierto alivio por no haber llegado más temprano, pero por otro lado sentimos temor que pasado el medio día no hubiesen abierto aún las nieblas, y nos quedamos sin ver nada. A pesar de todo no teníamos más opción que resignarnos, y esperar. Mientras me entretenía observando las numerosas currucas capirotadas, y algún que otro pinzón, moviéndose entre la vegetación próxima. Y la niebla poco a poco, no tardó en disiparse.
     En un paseo me encontré con Armando, que había venido con unos amigos suyos de Málaga. Mientras charlábamos, después de algunos años desde la última vez que nos habíamos visto, nos entreteníamos con las currucas rabilargas que de vez en cuando asomaban entre los romeros y lentiscos desde los que emitían sus reclamos, con urracas y rabilargos que de vez en cuando nos ponían en alerta cuando graznaban, con el paso de alguna paloma torcaz y los buitres leonados que empezaron a remontar en vuelo. Junto a un conejo que se soleaba en un claro, maullaron una pareja de mochuelos cercanos que también tomaban el sol apostados en una roca de granito. También se escuchaba a la curruca cabecinegra. Pero fue el águila imperial la que tuvo un mayor protagonismo cuando pasó sobre nuestras cabezas.
     Entre tanto, habíamos tenido noticia que un lince había cruzado el camino cerca de donde estábamos, pero solo lo había visto una persona, y rápidamente se perdió de vista. Yo me disponía a enfocar con los prismáticos a un escribano montesino, posado sobre una jara pringosa al otro lado del camino, cuando Armando me advirtió que un lince estaba cruzando el camino delante de nosotros. Fueron solo unos momentos los que se dejó ver, pero suficientes para que se concentrara gran número de personas en la zona. Justo después de cruzar llegó Rafa, que también hacía tiempo que no veía, y le dije que se acababa de cruzar justo donde él y otro compañero suyo habían dejado el coche. Pudimos ver a aquel macho unos instantes más, caminando entre la espesa vegetación, pero enseguida lo perdimos de vista, y nunca más supimos de su paradero. Al parecer se trataba de un joven macho.
     Pero no tardamos mucho en recibir la noticia que también estaban viendo otro lince en otra curva. Me lo tomé con calma y fui el último de mis compañeros en llegar al lugar. Al llegar encontré un ingente número de objetivos de cámaras y prismáticos apuntando desde el borde del camino hacia abajo. Y abajo se encontraba una lincesa dedicada a su aseo, acicalándose sobre una roca expuesta al sol. Al rato empezó a caminar pausadamente hacia abajo, alejándose del camino. De vez en cuando se perdía entre los lentiscos y los acebuches. En su ruta, iba marcando con orina algunos puntos. Según se iba alejando, llegaba el momento en el que me parecía más interesante observar a una pareja de buitres negros que habían aparecido por la zona. Esta hembra probablemente fuera aquel primer ejemplar de lince del que supimos que había cruzado el camino.
     Cuando dejó de verse, Raimundo y yo nos fuimos a comer. Mientras almorzábamos escuchábamos al pito real y a la perdiz, y me distraía con las currucas capirotadas que revoloteaban entre los lentiscos cercanos. También lo hizo algún pinzón, y además una hembra de mirlo sobre una jara, me permitió descubrir al más discreto acentor común que había junto a ella. Y en unas rocas descubrí al azul roquero solitario macho.
     Cerca de donde comimos había gente que había seguido a la lincesa, ya muy lejos. Mientras la pareja de águilas imperiales empezó a volar junta, mientras lanzaban sus graznidos al aire por el que se deslizaban. ¡Todo un espectáculo! Más cercanos que la lincesa, podía verse algún que otro ciervo deambular tranquilamente por los montes.

Águila Imperial Ibérica

     Nos acercamos a reunirnos nuevamente con mis amigos de Málaga. En el corto paseo escuchaba los reclamos de la curruca rabilarga y cabecinegra. Pude ver aparecer un macho de la cabecinegra surgir del interior de un mirto. También veía las acrobacias de un par de chovas en el cielo, mientras graznaban. Pero comprobamos que no graznaban para mantener el contacto entre ellas, que tanto revuelo se debía a la presencia de un gavilán que perturbaba su tranquilidad. No dudaron los ágiles córvidos en lanzarse en un furioso ataque contra la pequeña rapaz forestal hasta expulsarla de su territorio.
     El rato que estuve con los malagueños vimos a otra pareja de chovas, aposentadas sobre otras grandes piedras. Más abajo se movía algún ciervo, y sobre la roca en que había una pareja de mochuelos al medio día, había ahora un par de perdices.
     Raimundo se volvió un poco antes que yo adonde habíamos comido y desde donde tenían localizada a la lincesa. Cuando llegué me dijo que la habían vuelto a ver. Mientras caía la tarde vimos un par de conejos corretear en un claro y el vuelo de las perdices precipitándose ladera abajo. El cacareo de una urraca atrajo nuestra atención, pero enseguida comprobamos que se trataba de un pequeño grupo de cuatro de estos córvidos comunicándose entre ellos sobre el área descubierta de un cortafuegos. Escuché un par de notas del pico picapinos, y algo más tarde lo localicé sobre un poste de madera. Algo más lejos, también localicé al alcaudón real posado sobre una encina.

Pico Picapinos

     Recogimos las sillas, y al guardar el trípode de su cámara, Raimundo me comentó que seguro que volvíamos a ver otro lince ya que lo había guardado. Caminábamos hacia donde estaban mis amigos de Málaga, ya para despedirnos de ellos. Poco antes de llegar adonde estaban ellos iba con la mirada perdida en el fondo del barranco, donde me daba la impresión de estar viendo un animal, sobre la divisoria de aguas de un pequeño promontorio, en la frontera entre las sombras y las luces de la tarde. Hay momentos en los que la vista, ayudada por la imaginación, juega malas pasadas a los naturalistas, y vemos algún animal donde solo hay una piedra o un tronco, así que confieso haber cometido el error de no comprobarlo. Ciertamente fue un fallo, porque apenas un instante tras verlo y tomar esa equivocada decisión en mi cabeza, aquel tronco muerto cobró vida, y empezó a emitir unos potentes maullidos que hicieron las delicias de todos quienes se acercaron atraídos por la desgarradora voz del lince.
    Aquel lince, que en la distancia parecía de mayor tamaño que los otros dos de las primeras horas de la tarde, empezó a ascender por la ladera envuelta en las sombras crepusculares. A lo largo de su aparentemente errática trayectoria, en la que llegó a volver sobre sus pasos, orinó, marcando su territorio, y también posó sentado, como si contemplase el área de sierra que controla. Y la fiera del monte mediterráneo volvió a romper el silencio en la sierra con sus maullidos, o quizás más bien rugidos, deleitándonos a todos los oyentes allí presentes la jornada vespertina. ¡Todo un regalo de la Naturaleza, la experiencia vivida en este día!


Lince Ibérico

     La jornada la completan un ciervo que vimos volviendo por la noche, y una liebre que se nos cruzó en la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Acentor Común (Prunella modularis)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicuros ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Buitrón (Cisticola junciduis)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)