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martes, 8 de diciembre de 2015

REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Hace un par de días que Elena, Manu y yo hemos vuelto a acompañar a Laura por los mismos sitios en los que estuvimos hace unas tres semanas, para que realizara un reportaje fotográfico para el trabajo sobre el que se estuvo documentando entonces de la Sierra de Andújar como destino turístico. Pero esta vez completamos el recorrido, mostrándole otras zonas, que la vez anterior, por falta de tiempo, no pudimos ir.
     Iniciamos nuestra ruta por Los Cerrillos, que ya saliendo de Andújar, antes de llegar a la zona, nos ofrecían una angostada imagen de verano en pleno Diciembre, teñidos por oscuras tonalidades de ocre y marrón. La causa, la total ausencia de lluvias en más de un mes, junto a temperaturas más elevadas de lo que es (o era) habitual.
     Encontramos no obstante un considerable número avefrías asentadas en el ondulado paraje, a las que paramos a ver por la curiosidad que despiertan en quienes solo tenemos oportunidad de observarlas en invierno cerca de casa. Había también lavanderas blancas, “pajaritas de las nieves”, que aunque difícilmente llegue a nevar en estas latitudes, y a tan bajas altitudes (menos de 300 metros), se las considera aves mensajeras del frío, aún cuando algunas de ellas crían y viven de manera permanente en las riberas próximas. Las tarabillas comunes, posadas en las alambradas o en los tamujos, el colirrojo tizón, y los bisbitas pratenses, moviéndose entre la hierba, completan el elenco de aves invernantes en el lugar, mezcladas con las residentes como los estorninos negros, dispersos por el prado, las blanquinegras urracas, y las cogujadas comunes, agolpadas en un pequeño grupo más compacto. Vimos también un alcaudón real, que se alejó desde el tamujo donde estaba apostado hasta una alambrada.

Vista panorámica de la Sierra de Andújar

     Atravesando el monte bajo de encinar conforme ascendíamos, pasaban rabilargos sobre la carretera. Paré a ver unos estorninos negros en las ruinas de una casa, y mientras pasó volando un zorzal común.
     Sonaban los pitidos del pico picapinos en el umbrío pinar por el que caminábamos hacia la piscina de la vieja casa, y acabamos viendo fugazmente el ondulante vuelo de este pájaro carpintero. La piscina mantenía más o menos el mismo nivel de agua. Pero en esta ocasión solo encontramos un par de gallipatos, y ningún tritón, aunque también había tres pequeñas ranas. Manu, un gran entendido en setas, no hizo fijarnos en un par de concentraciones de Leocarpus fragilis, un pequeño hongo que prolifera a modo de diminutas bolitas entre las acículas de pino caídas en el suelo, y también encontró un ejemplar de Mycena pura y un yesquero del pino (Fomitopsis pinicola). Las rúsulas que asomaban sobre la densa capa de pinocha, estaban desecadas debido a la completa falta de lluvia.

Un par de metamorfos de rana verde ibérica

     Siguiendo nuestro itinerario por las Viñas, llegamos hasta otro rincón en el que se abre el paisaje a la vista, a través de una vaguada donde en la ladera de la solana crecen los pinos piñoneros entre grandes bolos graníticos, y en la de la umbría se elevan las encinas sobre el matorral, y en la hondonada el otoño tardío da sus pinceladas de amarillo en unos chopos. Al llegar, podíamos oír el canto de las perdices, que salieron volando al asomarnos a este balcón natural. También se escuchaba al mirlo. Recogí un poco de la mucha basura que por desgracia queda abandonada en la zona. Manu, por su parte, nos mostró un champiñón (Agaricus sylvaticus) que encontró, de olor anisado y rubescencia (tendencia al rojo).
     En vez de tirar para La Lancha, como la ocasión anterior, nos dirigimos primero hacia la Recta de Lugar Nuevo, donde hicimos un breve recorrido, y luego hacia el Encinarejo, con la intención de hacer más completa la visita guiada a Laura. Momentos antes de cruzar el puente de hierro sobre el Río Jándula, nos topamos con un joven vareto de gamo en la carretera, que no podía huir hacia el monte por las vallas.

Joven gamo, atrapado entre la carretera y una malla cinegética

     Nuestra primera parada por el Encinarejo fue en el mirador, donde hace unos años, por estas épocas en las que da comienzo el celo del lince, solía haber algún naturalista en paciente espera, probando a la suerte. Pero parece que el felino mediterráneo se ha rarificado aún más en el lugar, que a día de hoy los naturalistas prefieren “las curvas de La Lancha”, por lo que estuvimos allí solos, tranquilamente un rato. Nada más llegar, un cormorán emprendió el vuelo. Descubrimos una garza real, casi invisible, posada entre las deshojadas ramas de los fresnos, que también se fue volando al cabo de un tiempo. Podían oírse los arrullos de las torcaces, y alguna se vio en vuelo. Y a lo lejos, vimos a los buitres leonados.
     También estuvimos un rato por la zona de la presa, donde desde el puente estuve viendo a los inquietos mosquiteros revolotear entre las piedras del río y las ramas de los sauces de la orilla. Y mientras pasaron algunos grupos de cormoranes.

Río Jándula


Macrolepiota sp.
     El siguiente sitio al que fuimos fue a una de las playas del Embalse del Encinarejo, donde también recogimos algo de la basura que la gente deja abandonada en el campo. Encontramos Amanita muscaria formando un extenso corro de brujas bajo los grandes eucaliptos. Esta especie de hongo no micorriza con esta especie de árbol, sino con encinas, lo que nos indica que la arboleda natural que allí debía encontrarse es el encinar. Junto a ellas también crecían Pisolithus arhizus, cuya seta no tiene la forma típica, sino que se asemeja más a una bola. Cerca de allí, encontramos un par de parasoles (Macrolepiota sp.), sin abrir, y que debido a la sequía, posiblemente ya no lo hagan.

Amanita muscaria














     De vuelta, paramos en el camino para mirar una altanera águila imperial que cicleaba sobre el pinar. Hicimos una última parada en el área del Encinarejo, donde están los inservibles observatorios de Doña Rosa y Los Lastrones, por su ineficaz función e incómodo diseño, y lo mal ubicados que están. Al llegar, pudimos ver como alzaba el vuelo un cormorán, golpeando el agua con las alas al despegar. Y al águila que habíamos visto viniendo, se le sumó otra más que podíamos ver desde aquí. Antes de salir de nuevo a la carretera, pudimos ver un conejo que se escondió bajo unas zarzas.
     Nuestra siguiente etapa del recorrido transcurrió por el camino de La Lancha, donde nada más pasar las Viñas vimos un pequeño bando de gorriones, y de ahí en adelante no faltaron urracas, rabilargos, algunos pinzones, unos zorzales charlos y un grupo de totovías. Pero sobre todo dedicamos nuestras paradas a los gamos y a los ciervos. En una de esas paradas que dedicamos a los ciervos, vimos también una abubilla. Había también bastante tráfico por el camino. Y como si fuéramos repitiendo la misma rutina que la ocasión anterior, paramos a almorzar cerca de la tumba que hay junto al camino, donde un petirrojo se volvió a dejar ver, como aquella vez. Encontramos en “las curvas” bastante concurrencia de gente ya, esperando que la suerte les sonría y se deje ver el lince.
     Paramos en La Lancha antes de bajar al Embalse del Jándula, y anduvimos un rato por el viejo poblado. Sobre los altos eucaliptos vimos unos picogordos, y entre las ruinas del poblado encontramos un sapo corredor. Había también algunos estorninos, a los que podía oírseles la variedad de voces que pueden emitir. Al asomarnos al borde de un talud desde el que se contempla una panorámica del valle por el que discurre el Río Jándula, asustamos a unas perdices que levantaron el vuelo dejando oír su reclamo de alarma. Era llamativo ver en flor algunos romeros y cantuesos por el entorno. Manu encontró unas setas de cardo (Pleurotus eryngii ferulae) por las cercanías.

Sapo Corredor
Flor de cantueso































     Cuando llegamos al pantano, dejamos el coche, cruzamos  andando la presa, y atravesamos el túnel. Pude ver algún que otro colirrojo en el entorno de la presa, sobre la que estaban concentrados en gran número los aviones roqueros.
     Paseando hacia el Mirador del Rey, en las últimas horas de la tarde, podían verse pasar algunos cormoranes. Se oyeron los graznidos de la chova piquirroja, y pude localizarla volando sobre la presa. En la orilla del otro lado, de nuevo nos faltaron las cabras en la inmensa pared de granito. Ladera arriba por donde discurre el sendero, las cornicabras, salpicadas como manchas amarillas, naranjas o rojas entre los siempre verdes acebuches, labiérnagos, y sus primos los lentiscos, nos indican que estamos ya a finales del otoño. No así la temperatura, que resultaba agradable incluso para estar apunto de oscurecer. De vuelta al coche empezó a ulular el búho real, al que estuvimos un rato escuchando mientras las últimas luces de la tarde se iban disipando.

Embalse del Jándula

     A la vuelta, paramos por última vez un rato en la zona de “las curvas”, donde estuvimos escuchando berrear con fuerza a algún ciervo. Pero nuestra atención estaba puesta en el cielo. Le explicamos a Laura que toda Sierra Morena, fue declarada Reserva Starlight, la más extensa del planeta, lo que significa que es un lugar idóneo para la observación astronómica por la calidad de su cielo, en el que afortunadamente hay muy poca contaminación lumínica. Y sin que todavía hubiese oscurecido completamente, ya se apreciaba la Vía Láctea. Además podía verse con claridad Casiopea, el Cisne y el Delfín.
     Y de nuevo nos volvimos a encontrar con el molesto obstáculo que suponen las vallas a los grandes animales de interés cinegético. Acorralado en el camino por las vallas que hay a ambos lados, nos topamos con un ciervo que trataba de huir desesperadamente del coche, al que solo pude dejar atrás, cuando se apartó lo bastante de la pista.

Fotografías: gentileza de Laura Plaza.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

lunes, 11 de mayo de 2015

PROGRAMA ANDARRÍOS EN EL JÁNDULA

     Participé ayer como voluntario en el Programa Andarríos junto a los miembros de AMECO (Asociación Medioambiental para la Conservación de Animales y Plantas), que a través de la medición de diferentes parámetros físico-químicos y biológicos del agua mediante su muestreo, mediciones de caudal, velocidad del agua y anchura del río, comprobación del estado de conservación de la vegetación de la ribera y las zonas adyacentes, anotación de la fauna observada y realización del sondeo de nutria para detectar su presencia, busca conocer la calidad de las aguas del tramo de río seleccionado, la ribera y su entorno colindante, con el objetivo de detectar cualquier indicio de degradación e intentar corregir los factores que la provoquen. El río escogido fue el Jándula (afluente del Guadalquivir), en su tramo medio, para lo que nos desplazamos a las Áreas Recreativas de la Recta y del Encinarejo, cercanas entre si. De las varias partes en las que se divide el programa, mi principal contribución fue la identificación de las especies de vertebrados que pueblan el río y la ribera, y el entorno aledaño, sobre la cual versa la siguiente narración.
     Nos dirigimos primero a La Recta, donde pasamos el grueso del día, un área recreativa que a pesar de encontrarse en Lugar Nuevo, una finca de interés público, tiene limitaciones horarias su acceso, lo cual permite un mejor estado de conservación. Levantamos algunos pinzones del carril por el que avanzábamos de camino al sitio donde nos instalamos, y algún que otro rabilargo merodeando por el área recreativa. Aunque todavía era muy temprano, todavía no había nadie, así que en cuanto me bajé del coche puse en marcha el oído dado que era el momento propicio. Sonaba el agateador en alguna parte, entre los fresnos y las encinas del área recreativa, mientras que en la otra dejaba oír su repetitiva estrofa el triguero. De la espesura de los sauces y zarzas podía escucharse las voces del mirlo, el repertorio de notas musicales del ruiseñor común, la estrofa del ruiseñor bastardo, y un lejano cuco.

Culebra Viperina, en actitud defensiva, emulando a una víbora, por lo
que debe su nombre. En cualquier caso no es más que una farsa,
porque incluso en el extraño caso de llegar a morder no podría inocular
veneno alguno, por carecer de él, por lo que es una especie
completamente inofensiva.

    En cuanto nos acercamos a la orilla no tardamos en ver una culebra viperina de considerable porte. Y casi inmediatamente otra, esta vez una cría. Tampoco nos llevó mucho tiempo en encontrar los excrementos de nutria sobre las rocas del río. La lavandera blanca, daba pasadas sobre el tramo del río en el que empezábamos a trabajar, y de vez en cuando se posaba en las piedras del río. De vez en cuando aparecía el mirlo en algún claro entre la espesura, pero siempre eran avistamientos fugaces. Río arriba había una garza real posada, que por la distancia que nos separaba, permaneció allí tranquilamente durante bastante tiempo. Se podían encontrar diversas especies de escarabajos en las flores. Lejanas, vimos las siluetas de grandes aves planeadoras, imposibles de asegurar de que se trataban. Apareció un ratonero volando sobre las copas de los árboles, que se mostró en un par de ocasiones. Altos, pasaron sobre nosotros un par de buitres negros, en vuelo de crucero. También volaban altos los vencejos, pero iban y venían continuamente. Los aviones comunes y las golondrinas dáuricas volaban más bajo, bien papando los mosquitos que se movían sobre el cauce, bien a ras del agua, dando pasadas sobre su superficie para beber.
     Avanzada la mañana, el cuco se había callado por completo, el ruiseñor común ya prácticamente permanecía en silencio, y el bastardo tan solo se oía de vez en cuando. Pero había empezado a oírse la melódica voz de la oropéndola. Un agudo sonido llamó mi atención, y pude ver que trataba de un andarríos chico que se había acercado hasta donde estábamos, y al verse sorprendido, se retiraba alarmado. El triguero se seguía oyendo con fuerza, a los que se sumaron a cantar los pinzones, los verdecillos, y algún verderón. Además arrullaban las palomas torcaces, así como las ranas, que ya se oían croar. A las palomas torcaces se las podía ver a veces, como también a una abubilla que se dejó ver por el área recreativa. También irrumpió en aquel tramo de río donde estábamos un pequeño bando de jilgueros, que pasó en seguida.
     Poco a poco aumentaban su actividad las culebras de agua, que descubríamos cruzando la masa de agua a lo ancho, nadando a gran velocidad con la cabeza asomada. Era fácil ver los cardúmenes de alevines en las aguas tranquilas y someras, pero no sucedía lo mismo con los adultos, que se prestaban rápidamente a la huída en cuanto notaban nuestra proximidad. No obstante logré ver con la suficiente claridad algunos ejemplares de barbo y de pez sol. Del agua extrajimos varias ninfas de libélula y otros invertebrados, que nos sirvieron como medidores biológicos de la calidad del agua, y que por supuesto fueron devueltos a su medio tras ser observados. Libélulas y caballitos del diablo adultos, de distinta coloración y variados tamaños, volaban sobre el cauce. Y entre las piedras de la orilla, de vez en cuando asomaba alguna lagartija colilarga, entre ellas, un gran macho adornado con los colores del celo.
     Hacia el medio día, salimos andando, río abajo, sirviéndonos de la sombra que nos brindaba la arboleda riparia. Bajo la cubierta arbustiva cantaba el chochín, mientras el carbonero lo hacía desde las copas de los árboles, que moviéndose entre las ramas, logramos descubrirlo. Entre ambos estratos vegetales se delataba el petirrojo, llegando a ver una pareja. Diferentes clases de hongos saprófitos crecían sobre los troncos de los pinos muertos que yacían en el suelo. Unos parecidos a los yesqueros, otros similares a agallas. Allí donde podía verse el río entre algún hueco de la vegetación, si había alguna roca, esta servía a los galápagos para tomar un baño de sol.
     Saliendo a una zona más aclarada, escuchamos el ruido de un animal corriendo monte a través. Se trataba de una hembra de gamo, que probablemente se habría ocultado en la fresca sombra de la ribera para pasar el día, y que huía al percatarse de que nos acercábamos. Un banco de arena de la margen del río por la que caminábamos aparecía minado por los cráteres de las larvas de la hormiga león. Había también bastantes caballitos del diablo que volaban por allí, algunos enlazados en la cópula. Y de entre la variedad de escarabajos nos fijamos en uno considerablemente mayor que los demás, que resultó ser una hembra de Melolontha papposa apoyada en las hojas de un pequeño taray. Escuché el gorgojeo de los abejarucos, y los divisamos en el cielo, junto con vencejos. También cruzó el espacio aéreo del claro del bosque alguna paloma. Los chapoteos en el agua llamaban mucho nuestra atención, por si podía ser la nutria, pero se trataba de los saltos de los peces, o de los galápagos al lanzarse al agua, buscando apartarse de nuestra vista. Cuando nos asomábamos al río, entre la turbidez del agua, aparecían las grandes sombras de los barbos, o los pequeños y plateados alburnos al nadar cerca de la superficie. Un par de patos levantaron el vuelo desde el agua, y fueron río abajo. En alguna ocasión se vio al mirlo pululando en la otra orilla, y las lavanderas blancas en su trasiego a lo largo del cauce o con su incesante balanceo de la cola cuando permanecían posadas.

Hembra de Melolontha papposa.

     Con la llegada paulatina de la gente, o tal vez por el aumento del calor en las primeras horas de la tarde, dejaron de verse las culebras vadeando el río. En cambio los galápagos aprovechaban para solearse en aquellos puntos más tranquilos, que no usaba la gente como zona de baño. Los pájaros también habían disminuido su actividad, y mientras el grupo pasábamos las horas de calor a la sombra, solo pude ver un alcaudón común que se posó en la rama baja de un fresno del área recreativa. En los fondos arenosos y someros, donde el agua no parecía tan turbia, podían verse con tanta nitidez las percas soles, que era fácil apreciar su dimorfismo sexual.
     Pasadas las horas de más calor, nos dirigimos al Encinarejo, un área recreativa que está en una zona pública a la que se puede ir en cualquier momento. Pero aquí no hicimos mediciones de ningún parámetro del agua, si no que nos limitamos a evaluar el estado de la cubierta vegetal. A la ida por el Encinarejo, se veían a los rabilargos, esperando pacientemente a que la gente abandonase la zona, para acercarse a buscar algún resto de comida. No estuvimos mucho tiempo allí. Nos acompañó una hembra de lagartija colilarga en el lugar que escogimos para hacer la valoración sobre la vegetación. Terminándola, oímos a la curruca cabecinegra, que poco después se mostró un macho, con su frágil vuelo sobre unos arbustos. Una vez acabado nuestro trabajo, saliendo del área recreativa, ya se veían los bandos de rabilargos en los merenderos donde había estado gente, y también algún mirlo.

Lagartija Colilarga, hembra.

     De nuestro trabajo concluimos que las condiciones del agua, si bien no son las óptimas, permiten albergar diferentes formas de vida. En cuanto al estado de la vegetación, estamos ante un bosque en galería aceptablemente bien conservado. No obstante la intervención humana está patente en las estructuras presentes del entorno, y en la presencia de eucaliptos y especies de árboles ornamentales en las zonas recreativas, así como en la presencia de un mayor número de especies exóticas de peces, que nativas en el río. Además, es muy importante hacer un llamamiento al poco civismo que demuestran algunas personas que disfrutan de estos enclaves naturales, dejando tirada la basura, aún cuando existen contenedores para depositarla, en incluso para el reciclaje.

                                                                                                                           
Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Gamo (Dama dama)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleuca)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)

domingo, 16 de noviembre de 2014

ESCAPADA A SIERRA MADRONA, POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Tras varios días seguidos de lluvia, aprovechamos la calma de ayer Raimundo y yo para salir de campo. Fuimos hasta Sierra Madrona, atravesando la Sierra de Andújar. Más allá de los animales que pudimos ver, destacó la presencia del agua en el paisaje, que se precipitaba a través de los arroyos, o se acumulaba en charcos.
     Carretera arriba, hacia la sierra, me fijé en unas palomas torcaces posadas en un eucalipto, en los estorninos alineados en los tendidos eléctricos, y en los rabilargos que se movían por el entorno. En Las Viñas realizamos nuestra primera parada, corta, pero en la que nos dio tiempo a escuchar la continua y variada cascada de notas de los estorninos, acompañados del agudo canto de los petirrojos, como música de fondo, a la que de vez en cuando se le imponía los graves reclamos de algún cercano herrerillo o del pico picapinos que no acertamos a ver.
     Seguimos adelante, viendo algunas urracas por las cercanías de la carretera. La siguiente parada la hicimos al cruzar el Río Jándula para contemplar a un par de cercanas grajillas posadas en la desnuda rama de un chopo, la mayoría de los cuales están vestidos ahora de amarillo.
     Pocos ciervos y numerosos buitres fueron la razón principal de algunas de nuestras siguientes paradas. A veces resultaba difícil determinar la especie de buitre que estábamos viendo, pues aunque no volaban demasiado altos, lo hacían contra el gris oscuro de las nubes. Las siluetas nos ayudaban bastante a discernir los negros que se mezclaban con los cuantiosos leonados. Entre tanto podían escucharse a los arrendajos y al pito real, que habíamos visto cuando íbamos en marcha por la carretera, así como también rabilargos y algunos zorzales. Los bandos de pinzones también podían verse fácilmente al levantarlos a nuestro paso. Dediqué una pequeña parada a un petirrojo posado sobre la horquilla más alta de una rama seca. En otra parada nos acercamos a un arroyo, donde una rana se delató al saltar al agua. Más otra parada en la que nos dedicamos a recolectar unos cuantos madroños, tarea que mientras realizábamos, nos acompañaba con sus cantos el trepador azul, el herrerillo y los petirrojos que estaban por los aledaños.


Arroyo de la Sierra de Andújar

     Abundaban los buscadores de setas en Sierra Madrona. Podíamos ver sus coches aparcados junto a la carretera al pasar. El lugar que elegimos para campear fue el tramo alto del Río Jándula. Dirigiéndonos hacia allí, paralelos a las cumbres rocosas, podíamos ver altos a los buitres leonados sobrevolándolas. El primer sitio al que quisimos ir era la Hoz del Jándula, pero el abundante caudal de este río, al que le aunaba el del Robledillo, nos lo impidieron. Envidiamos al andarríos grande y a la garza real que podían desplazarse en vuelo sobre el río, y posarse allá donde les daba la gana. De lejos se oía al ruiseñor bastardo. Y llegamos a ver a una pequeña rana que prefería la tranquilidad de un pequeño charco, que los agitados caudales de los ríos próximos.

Hoces del Río Jándula

     El siguiente sitio al que fuimos, donde almorzamos y echamos casi el resto de la tarde, hasta que decidimos irnos, fue otra zona próxima al río. Unos pitidos cortos y de timbre agudo se repetían a un ritmo continuo sin variaciones. En mis pensamientos era incapaz de identificar al pájaro que producía semejante sonido. No podían ser los cuatro cormoranes que se movían por allí, y que paraban sobre unas piedras, aguas arriba, ni la garza que levantó el vuelo cuando nos vio aparecer. Tampoco eran los aviones roqueros, ni los lejanos buitres que con su vuelo cicleante coronaban la sierra. Dejé de prestarle atención, y entre tanto Raimundo localizó un grupo integrado por seis cabras en el roquedo de la otra orilla. Estuvimos siguiéndolas con la vista en su ascenso por la inclinada cornisa, hasta que se perdieron.

Cabras Monteses

     Apenas unos momentos después, por puro azar, dejé caer la mirada perdida sobre la corriente del río, sin estar buscando nada más allá del sosiego. Pero hay algo que irrumpe a la superficie desde el fondo oculto por las turbias aguas y me obliga a fijarme en ello. Un breve instante de desconcierto me sacude la mente, tratando de averiguar lo que es. Podría ser la cabeza de un pez, pero es una silueta más grande la que asoma en el río, avanzando aguas abajo, y que seguidamente desaparece bajo el líquido elemento. Justo en ese preciso instante, me atrevo a decirle a Raimundo que acabo de ver una nutria, aun cuando el margen de la duda, por la fugacidad del acontecimiento, estaba en mi cabeza.
     Deliberábamos los dos sin quitarle la vista al río. Cada segundo pasaba lentamente, y me hacía perder a pasos agigantados la esperanza de que volviera a emerger la señora del río. Pero lo hizo, dándome tiempo a señalársela a Raimundo. Ahora iba vadeando las aguas de tal manera que también podíamos apreciar la parte dorsal del alargado cuerpo del mustélido acuático. Y con los prismáticos, descubrimos que lleva un enorme pez atrapado entre sus fauces. Raimundo cae en la cuenta sobre la autoría en la nutria de esos repetitivos y silbantes sonidos que llevábamos oyendo desde hacía rato. Y efectivamente comprobamos que dejábamos de oírlos cada vez que se sumergía, y que nuevamente escuchábamos cada vez que asomaba la cabeza. Curso abajo se fue, hasta que la perdimos de vista y dejamos de oírla.
     Continuamos un rato más por las inmediaciones. Por aquel tramo del río se movían ahora un par de lavanderas cascadeñas. Los cormoranes estaban aguas arriba, y aguas abajo una garza real que de vez en cuando lanzaba al aire su graznido mientras volaba. Un mirlo, dando su voz de alarma, salió al descubierto desde unos sauces de la orilla. Y descubrimos un galápago sobre una piedra en medio del ya umbrío río por la caída de la luz. Pero la nutria era la protagonista del reciente recuerdo en nuestra memoria y en nuestro intercambio de impresiones.
     Los ciervos se volvieron más activos con la caída de la tarde, que vimos en mayor número al volver. Incluso paramos para ser testigos de una pelea entre machos. Aún luchan y aún berrean los señores del bosque en pleno Noviembre. Mientras los contemplábamos, un petirrojo que salió de un lentisco, se interpuso en mi campo visual. Pude ver otro más cuando íbamos circulando, y también una perdiz que se nos cruzó por la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

lunes, 9 de septiembre de 2013

EXCURSIÓN SENDERISTA POR LA VEGUETA DEL FRESNO

     El Voluntariado acabó ayer. Uno de los días más destacables, en cuanto a observación de fauna, fue el pasado jueves, cuando recorrimos el sendero de la Vegueta del Fresno, el cual requiere autorización previa.
      El día fue caluroso. En el camino entre Cardeña y la Aldea del Cerezo fue posible ver algunas urracas. En el entorno del mismo poblado deshabitado volaban las golondrinas dáuricas, y entre las copas encinas se movía algún herrerillo, aunque nos pusimos a caminar al poco de llegar.

Paisaje del entorno del sendero de la Vegueta del Fresno

     Nos “acompañó” amablemente la Directora del Parque Natural en el camino, desplazándose, eso sí, en coche oficial a pesar de estar prohibida la circulación de vehículos a motor por el sendero, y más en verano, cuando hay riesgo máximo de incendio. Algo paradójico que chocó en la mente de más de un compañero voluntario. A pesar de ello, los avistamientos de animales se fueron sucediendo a lo largo del camino, más bajando hacia el Río Yeguas, que a la vuelta subiendo.
     De la dehesa del entorno de la Aldea del Cerezo cambia el paisaje al encinar mezclado con sotobosque, más espeso en la umbría, algo que se puede apreciar bien al discurrir el camino paralelo a una vaguada. Los mirlos se apresuraban a ocultarse en la espesura de las umbrías, mientras las perdices levantaban el vuelo sobre la aclarada ladera de la solana, y rabilargos en grupo y arrendajos en solitario podían verse volar en cualquier sentido. Alguna que otra lagartija colilarga se cruzaba.
     Poco antes de llegar al pinar de la zona baja, donde proliferan los pinzones, y algunas palomas, apareció la silueta del águila culebrera tras las copas de los pinos. Donde el pinar se aclaraba, y se mezclaba con lentiscos y otros arbustos mediterráneos podía verse algún que otro conejo a la carrera, hasta que se quitaba de nuestra vista.

Ranas

Hembra de Trithemis kirbyi































Exuvias de ninfas
     Anduvimos más allá del fin del sendero, por el lecho rocoso, y entre las pozas del Río Yeguas, tratando de capturar algunas libélulas. A una orilla la Sierra de Andújar, y a la opuesta la Sierra de Cardeña, de donde veníamos y adonde volveríamos después. Cristina, cámara en mano, demostraba especial habilidad para acercarse a las rápidas y huidizas libélulas. Entre las rocas encontramos numerosas exuvias, fantasmagóricas carcasas de piel muerta pertenecientes a las ninfas que poblaron las aguas, y de las que emergieron los imagos alados de libélula. Abundaban las pequeñas lagartijas ibéricas que se movían entre las redondeadas rocas de granito, lavadas por el caudal de agua, cuando corre, y junto a las pozas, que atestiguan esa corriente ahora ausente, se hacinaban multitud de ranas. Una lavandera cascadeña voló cauce abajo, emitiendo sus monótonos pitidos y más adelante, donde dimos la vuelta, vimos pasar un águila real.

Macho inmaduro de Trithemis annulata

Hembra de Onychogomphus forcipatus
































     Volvimos, y nos reunimos al final del sendero, a la sombra para identificar los especímenes de libélula capturados, y proceder a su liberación posterior. Tras la suelta de las últimas libélulas comenzamos, con no demasiadas ganas, el camino de vuelta, subiendo cuesta constantemente y con bastante calor. Pero apenas habíamos empezado a andar, cuando vimos un grupo de buitres que cicleaba sobre un cerro no muy lejos. Con los prismáticos vimos que estaban presentes las dos especies, tanto el negro como el leonado, aunque en mayor número este último. Los gritos del águila imperial desvelaron que también había un ejemplar volando junto a los buitres. Poco después se mostró otra águila imperial que posiblemente acudió en respuesta a las voces que le lanzó su compañera. Poco a poco los buitres se fueron lanzando en vuelo de crucero hasta perderse, y así mismo las águilas también dejaron de verse.

Lecho del Río Yeguas

(*) Fotografías: gentileza de Cristina Conejero.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)