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domingo, 28 de enero de 2018

PASEO POR LOS ALREDEDORES DE ZUHEROS

     Quedé ayer con David y Maite en Zuheros, para posteriormente reunirnos con Lucía y Paco en el Centro de Visitantes de Santa Rita, de Cabra, y hacer el sendero del Río Bailón, desde la Nava de Cabra hasta Zuheros, donde yo dejé el coche. Para recorrer este sendero, David había pedido la autorización previa pertinente, pero el viento y el frío nos obligaron a posponerlo.
     Pero como me adelanté a la hora de quedada, aproveché el rato para darme un paseo por el entorno de Zuheros en la fresca mañana, donde nada más apearme del coche el griterío de las chovas piquirrojas me daba la bienvenida a este enclave cordobés de las Sierras Subbéticas. A pesar de disponer de algo más de una hora de tiempo, no llegué muy lejos, pues los numerosos pájaros que se hacían notar por el barranco del Río Bailón, sin nada de agua, por desgracia, y los alrededores de Zuheros, me obligaban a detenerme a escucharlos, o a tratar de contemplarlos.

Barranco del Río Bailón

     Por las paredes rocosas próximas al aparcamiento, también llegué a oír al gorrión chillón, pero me fue imposible detectarlo con la vista. Las currucas capirotadas y los gorriones comunes eran frecuentes en un pequeño joven olivar a los pies del pueblo, a los que previamente había podido escuchar. A la curruca cabecinegra también llegué a oírla, pero no logré verla. Los mirlos se descubrían por su voz de alarma que emiten en sus vuelos rasantes, que salían a mi paso. Los herrerillos comunes también se dejaron ver y oír con facilidad, así como algún carbonero. Además se oía el escribano soteño en alguna parte, pero no era capaz de descubrirlo. Inconfundibles, en apoyados en sus respectivos posaderos, el macho de la pequeña tarabilla sobre el tallo de una herbácea, y el macho azul del roquero solitario en una destacada roca.
     Los estorninos negros alegraban con su presencia el Castillo de Zuheros, posados en sus almenas, desde donde emitían su variado repertorio musical. Mis pasos me llevaron a un puente colgante por un estrecho desfiladero entre la roca, desde donde pude ver y oír a la pareja de cernícalos, a los que podríamos considerar los verdaderos señores que viven en el castillo.
     De vuelta al coche volví a toparme con varias de las especies de pájaros que ya había visto. De hecho ahora eran más visibles las currucas capirotadas y también se dejó ver mejor el carbonero común. Pero antes de llegar al coche reconocí la silueta de un macho de cabra montés, recortada en el cielo, sobre el roquedo. Desde el puente sobre el lecho del Bailón, estuve observándolo más cerca y con mayor detenimiento, pues permaneció durante largo tiempo sin apenas moverse del sitio. Tanto, que también me dediqué a mirar al otro lado del puente, donde vi más gorriones comunes y divisé al escribano soteño sobre la deshojada rama de una higuera.
     Finalmente el macho montés se acabó yendo, y llegaron Maite y David, cuando había aparecido en escena cuatro hembras de cabra montés, muchos más dinámicas que el macho, desplazándose y brincando por las rocas del cortado pétreo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)

domingo, 19 de junio de 2016

PASEO MATUTINO POR LOS ALREDEDORES DEL CASTILLO DE LA CALAHORRA

     Entre los días 4 y 17 de Junio he vuelto a participar en el Voluntariado organizado por Amigos de la Tierra y EcoCampus UAM en Sierra Nevada, donde de nuevo he coincido con Pedro, que como monitor ha conducido el grupo para desempeñar las actividades (principalmente señalización del tramo del GR 7 comprendido entre Ferreira y el Puerto de la Ragua), rutas, visitas y excursiones, y también me he reencontrado con Cris, compañera de Daimiel del año pasado, con quien no han faltado las risas y buenos ratos. El resto del grupo lo integraron Lorena, Loyola, Nátalia y Rosalia, a quienes he tenido oportunidad de conocer allí, y compartir una intensa vivencia durante esas casi dos semanas.
     Pero no todo en Sierra Nevada han sido montañas. En La Calahorra, pequeño pueblo del Marquesado del Zenete, donde hemos estado alojados, conocido por su castillo levantado sobre un cerro, dominando visualmente el paisaje aledaño, y en cuyo entorno se congrega un curioso elenco de aves pertenecientes al hábitat urbano, a los roquedos y a los páramos abiertos. Quizás no sean circunstancias que exclusivamente sucedan en La Calahorra, pero en cualquier caso me llamó la atención descubrirlo en un paseo en la primera mañana que allí desperté.

Castillo de La Calahorra

     Me levanté pronto, tal vez debido a que las emociones contenidas por poder estar allí, asistiendo otra vez en un nuevo voluntariado, no me dejaron conciliar un sueño profundo. Salí antes del desayuno, y con la idea de llegar al castillo, me adentré en el pueblo. Los aviones comunes estaban muy activos, volando en los alrededores del edificio del colegio que está frente al hotel. Sobre ellos también pasaban los vencejos comunes, que también vi por el pueblo, además de algunos gorriones comunes y estorninos negros. Pero la verdad es que tampoco les presté mucha atención. Fue subiendo las empedradas callejas de las faldas del castillo donde ya me entretuve un poco más en tratar de descubrir a los gorriones chillones, que se podían escuchar por las últimas casas antes de salir a terreno abierto. También allí escuche al colirrojo tizón, que fácilmente se dejó observar.
     Por los alrededores del castillo volaban los vencejos y los aviones roqueros, pero eran particularmente llamativas las chovas piquirrojas, por poder verse y oírse tan de cerca. Los muros del castillo también son utilizados por estorninos negros y los gorriones comunes y chillones, que se movían por el lugar. Mientras iba rodeando el castillo con mi paseo, también vi algunas cogujadas por la zona, y cuando bajaba para hacia el pueblo para encaminarme hacia el hotel descubrí a la collalba negra.
     No fue este el único paseo hasta el castillo, aunque sí en el que pude realizar el inventario más completo de aves. Muchas noches, después de cenar, nuestras caminatas nocturnas grupales culminaban en la colina sobre la que se alza el castillo, donde las estrellas y las constelaciones solían acaparar buena parte de nuestras conversaciones. También pudimos visitarlo un día por dentro. El castillo pues, se acabó convirtiendo en un importante referente de nuestro Voluntariado.


Lista de las Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)

viernes, 18 de marzo de 2016

CAMINO DE LA LANCHA

     Ayer echamos el día Raimundo y yo en la sierra. Y aunque no vimos el lince, la jornada no desmereció la pena, pues disfrutamos de la transición del invierno a la primavera, plasmado no solo en el paisaje, sino también en las aves migradoras, viajeras que llegan, unas simplemente pasajeras, y otras que pronto se irán, más las que usualmente permanecen en estos montes.
     Por la carretera vimos una abubilla, rabilargos, urracas y algún que otro mirlo. Nuestras primeras paradas no se producen hasta que no pasamos las viñas, y empezamos a recorrer el camino al Embalse del Jándula. La primera se la dedicamos a un triguero posado en una alambrada, que no aguantó demasiado al pararnos a su lado. Había alguno más por la zona, del que oíamos su repetitivo tono a través de las ventanillas del coche. También se movían urracas por los prados cercanos, y una abubilla que se alejó volando. Esta parada nos permitió ver pasar un cuco. La siguiente parada, más adelante, fue para ver tres gamos lejanos. Íbamos recorriendo el camino lentamente que de vez en cuando deteníamos la marcha por unos momentos para mirar los zorzales charlos, los mirlos, las perdices, las palomas torcaces, las urracas o los rabilargos que se movían por las dehesas colindantes al camino. Ello también nos permitía ver a los altos buitres o a pequeños pájaros, como las golondrinas comunes revoloteando sobre el camino, algún petirrojo y un par de herrerillos que cruzaron el camino, de una encina a otra, a los que pudimos oír cantar.
     Hicimos algunas paradas en las curvas en las que dedicamos más tiempo, hasta la hora de comer, a buscar en el paisaje al lince. Nos parecía un poco raro que no hubiéramos visto ni un ciervo en el camino, ni localizásemos ninguno en toda la mañana. Predominaban los arrullos de las palomas y el cuchicheo de la perdiz, a los que de vez en cuando se sobreponían los pitidos del pito real, o los voceríos de los rabilargos y las urracas que deambulaban por las lomas. También se oyó al mosquitero común. Las golondrinas dáuricas hacían incursiones por la zona, oyéndoselas parlotear. Y entre tanto pasaban buitres leonados, y a veces negros, navegando en las corrientes de aire.

Lagartija Ibérica

     Más adelante, paramos unos instantes para ver una pareja de escribanos montesinos que se desplazaba por el suelo, y justo al detenernos de nuevo para bajarnos a observar el área, se cruzó un pito real. Se añadieron los verdecillos y el carbonero con sus cantos a lo que ya se oía. A veces también se escuchaba al mochuelo o el reclamo de la curruca cabecinegra. Vimos en una piedra solearse a una lagartija ibérica. Y continuaban viéndose los buitres pasar. También pasaron unos veloces jilgueros, a la par que cantaban volando. Soplaba el aire, y parecía que costaba aclimatarse, pues expuestos al sol hacía calor, y bajo las escasas sombras refrescaba después de un rato.
     Al volver a cambiarnos de sitio, sorprendimos a una gran culebra de herradura cruzando la pista. Fue donde más rato pasamos, contemplando el entorno, mientras proseguía la orquesta de las aves cantoras ya descritas, y el paso, a cuenta gotas, de los buitres. Lejos, podía oírse de vez en cuando la voz del cuervo, mientras por las proximidades se movían unas chovas. Entre jaras y romeros se descubrió la curruca cabecinegra, y se también se dejó ver el petirrojo. Apareció por allí el cernícalo. Y de repente surgieron tras los cerros, como centellas, una pareja de cuervos pisándole los talones a un águila imperial, graznando simultáneamente ambas especies, en una alocada persecución. Fue persistente el lance de los cuervos contra la rapaz, abandonando primero uno, mientras el otro miembro de la pareja aún seguía marcando al águila, echándola cada vez más lejos.
     Cuando estábamos barajando la idea de cambiar de lugar para almorzar, vimos dos águilas imperiales, volando altas, una joven y otra adulta. Próximos a ellas, cicleaban varios milanos negros. Y casi a la vez, divisamos al frente un águila culebrera. Más allá del águila culebrera, volaba otro pequeño grupo de milanos negros, pero fue la culebrera la que estuvo acaparando nuestra atención durante un buen rato, con sus vuelos prospectores sobre la zona y sus repetidos cernidos, hasta que dejó de verse. Entre tantas rapaces que casi podíamos observar simultáneamente, casi pasaban inadvertidos los aviones comunes que también sobrevolaban el lugar. Pero lo más extraño de todo era que no habíamos visto ningún ciervo, ni durante el camino ni en las paradas en las curvas.

Águila Culebrera

     Bajamos a comer al Mirador del Embalse del Jándula. De camino nos fijamos en el alcaudón real, que vigilaba su territorio desde un tendido. Al llegar al mirador vimos unos colirrojos tizones, cerca de donde dejamos el coche. Nos amenizaba la comida un carbonero común cantado desde un árbol próximo.
     Antes de bajar hasta la presa hicimos un alto en el camino, para asomarnos a contemplar el valle por donde discurre el Jándula, aguas abajo del dique. Pasó una chova, volando casi a nuestra altura, lo que nos permitió verla casi de frente. Se manifestó acústicamente el águila imperial, y no tardó mucho en dejarse ver una pareja volando sobre los eucaliptos.
     Bajando hacia la presa, paramos para mirar a un pito real posado en la rama de un pino, que previamente se había delatado al volar. Desde la presa vimos a la pareja de chovas, posadas en un talud, hasta alzar el vuelo entre sus graznidos. Volaban en los alrededores de la presa varios aviones.
     Tras un tiempo por las cercanías del embalse, volvimos a las curvas. Vimos otra vez al alcaudón real a la vuelta, y poco más adelante paramos al ver una culebra reptando por la pista. Al detenernos, también se quedó inmóvil el ofidio, y pudimos ver que se trataba de una culebra bastarda. Tras un tiempo de espera, se dio la vuelta, sin terminar de cruzar el carril. Si raro es que se te crucé una serpiente, más lo es poder ver dos en el mismo día.

Culebra Bastarda

     Permanecimos el resto de la tarde por la misma zona, viendo los buitres, y desde donde descubrimos un roquero solitario cuya figura destacaba sobre el bolo granítico en el que estaba posado. De nuevo se dejaron ver el águila imperial, la culebrera y el cernícalo, en diferentes momentos, mientras repetían las golondrinas dáuricas, dando pasadas de vez en cuando por allí, o las palomas pasando velozmente. Por fin empezamos a ver los primeros ciervos, a lo lejos. Urracas y rabilargos se desplazaban de un lugar a otro. Se acercó un petirrojo por donde estábamos, y un paseo por las inmediaciones se dejo ver una curruca cabecinegra. Unas perdices salieron volandas alarmadas. También a lo lejos pudimos ver una piara de jabalíes, compuesta por tres adultos y cuatro rayones. El viento nos traía a los oídos los arrullos de las torcaces, los cacareos de urracas y rabilargos, y los maullidos del mochuelo, a veces con no demasiada nitidez dependiendo de hacia donde soplara el viento o hacia donde dirigíamos la vista en un determinado momento. Entre ellos se colaron, por un instante, otros maullidos, lejanos y poco nítidos, que nos recordaron mucho al lince, pero que no me atrevería confirmar con completa seguridad.
     Al final de la tarde, cuando ya íbamos volviendo, nos llamó mucho la atención un ave grande que apareció que entre los buitres cuya silueta me recordó a una gaviota. Al parar y mirarla con los prismáticos nos sorprendimos al ver que se trataba de un águila pescadora. Se deslizaba por el aire en vuelo de crucero, con sus largas y estrechas alas, ligeramente curvadas. Tuvimos pues, la gran sorpresa del día cuando ya nos marchábamos. Improvisamos otras paradas para ver los ciervos que estuvieron ausentes en la ida, en alguna ocasión mezclados con los gamos. También hubo en el camino perdices, zorzales charlos, mirlos, un petirrojo y algún triguero. Paramos a ver un mochuelo en la penumbra, bajo una encina. Atravesando las viñas, cruzó la carretera un conejo.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Pescadora (Pandion haliaetus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)
  • Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)

domingo, 31 de agosto de 2014

SUBIDA AL MULHACÉN

     Hoy ha finalizado un Campo de Voluntariado Ambiental al que he asistido durante los últimos días de Agosto, organizado por Eco Campus y Amigos de la Tierra. A pesar de solo ofertarse 6 plazas, el Campo me ha servido para coincidir con Fran Checa un año después de conocernos en otro Voluntariado y quien me ha acompañado en el viaje desde Andújar, y reencontrarme con Fran Silva después de más de un año sin vernos, así como conocer a personas tan interesantes como Hada, Álvaro, Mabel y Pedro, el monitor, quien metódicamente tenía todo organizado. ¡Una compañía inmejorable!
    El pasado día 24 de Agosto coronamos la montaña más alta de la Península Ibérica, la cota de 3.482 metros del Mulhacén. Pero no subimos a la cima haciendo una relajada excursión, si no realizando parte del trabajo del Campo, junto con los miembros de la Red de Voluntariado Ambiental del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada.

Cumbre del Veleta



Hembra de Cabra Montés































     Pero empecemos por el principio. Partimos en coche después de prepararlo todo desde Capileira, donde todas las mañanas nos amenizaba el carbonero con su estribillo musical. Los pisos de vegetación se sucedían rápidamente durante el camino a medida que ascendíamos. Del bosque mediterráneo compuesto por encinas y robles del entorno de los pueblos de La Alpujarra, pasamos al de pinos resineros y silvestres, donde habitaban los pinzones, procedentes en su mayor parte de repoblaciones forestales, y torturados los que escalan mayores cotas por las duras condiciones de la montaña, antes de dar paso a los enebros que se arrastran entre las piedras y a los piornos. Desde este piso de vegetación de porte rastrero, sobrevolado por los buitres, emprendimos la caminata. Poco a poco las rocas destacaban más sobre el paisaje que la pocas plantas que disminuían con la altitud. De vez en cuando, entre las piedras descubríamos alguna collalba gris. Más adelante vimos algunas cabras, y localizamos a unos pocos pardillos mediante su canto.

Los Lagunillos

Estrella de las Nieves
(Plantago nivalis)
     Tras algo más de dos horas de caminata llegamos al Refugio de La Caldera, y un poco más adelante a la laguna glacial del mismo nombre, y que presta su nombre al refugio. Por encima de los 3.000 metros aparecía la estrella de las nieves, emblema del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada, y que como copos de nieve, emblanquece el suelo en verano. En las inmediaciones del refugio nos alcanzaron los voluntarios de la Red del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada entre los cuales estaba Mariano Sevilla, a quien conocí el pasado mes de Mayo en la Sierra de Cazorla. Venían acompañados por Javier y Antonio, personal del Parque que estuvieron ayudándonos en nuestras labores.
     Piedra a piedra, eliminamos dos corraletas del entorno de la Laguna de La Caldera, y otras dos del borreguil próximo al refugio. Las corraletas son unas construcciones de forma circular hechas con piedras por los montañeros para vivaquear. El problema ambiental que tienen es que al hacerse sobre los borreguiles, o prados que crecen en torno a las lagunas glaciares, acaban asfixiando a las especies endémicas de pastos que dejan de crecer. Además, donde pone el pie el ser humano deja algo más que la huella de su zapato, y conforme desmontábamos las corraletas, aparecían restos de basura (latas, vidrios y papeles).


Laguna de La Caldera

Amapola de Sierra Nevada
(Papaver lapeyrousianum)
     Tras un descanso para almorzar, empezamos la subida al Mulhacén, marcando la vereda principal y cerrando trochas, para evitar que los excursionistas atajen por donde les venga en gana. Perseguíamos con esto una doble finalidad, por un lado evitar la erosión de la montaña y el deterioro de vegetación endémica, como la escasa amapola de Sierra Nevada, por el pisoteo de la gente que sube a la montaña por cualquier parte, y por otro la seguridad de las personas, que si se conducen por el camino correctamente marcado se disminuye el riesgo de perdida en condiciones meteorológicas adversas. Aprovechando estos momentos en los que nos deteníamos a cerrar veredillas y señalizar el camino a seguir, era posible ver a los aviones roqueros volando sobre la pedrera. El duro camino a la cima cada vez se hacía más empinado. Una pareja de chovas voló con toda facilidad por encima de la cumbre que a veces parecía inalcanzable.
     Pero al final, con esfuerzo, todo el grupo consiguió llegar a la cima, e íbamos sentándonos sobre las rocas para recuperar el aire y comer tranquilamente. Pronto nos llamó la atención a Fran Silva y a mí lo confiados que se mostraban los acentores alpinos que se acercaban y pululaban entre nosotros con toda tranquilidad. Entre los resquicios de las piedras, Álvaro descubrió al topillo nival que estaba delante de nosotros, y que durante sus prospecciones conseguimos ver Fran Checa y yo. En la cima del Mulhacén continuó el trabajo de limpieza de basura, y de “ofrendas“ que la romería de gente que desfila hasta el techo de la península deja allí. Estando allí también se acercaron unas cabras.
     Antes de que siguiera avanzando la tarde, bajamos por otra vereda, de pendiente menos acusada. Conseguimos ver unos machos monteses, más esquivos que las hembras y los chivos, y algunas chovas más. Recorriendo la pista forestal de vuelta a Capileira, pudimos ver un cernícalo. A los dos días regresamos al entorno del Mulhacén, para vivaquear y proseguir con nuestras actividades del Voluntariado.

(*) Fotografías: gentileza de Mabel Roldán.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Topillo Nival (Chionomys nivalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Acentor Alpino (Prunella collaris)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)

lunes, 20 de mayo de 2013

PASEANDO POR LOS CAHORROS

     El último día que estuve en Granada, ayer, antes de regresar a Andújar, salí a dar un breve paseo por las estribaciones de Sierra Nevada en compañía de Eli y su amiga Nati, buena conocedora del mundo de las aves, con quienes compartí una amena jornada. El sitio que elegimos para estirar las piernas fueron Los Cahorros, dada su cercanía a Granada y el poco tiempo del que yo disponía. Para los tres, constituía la primera vez que íbamos allí.
     En las altas y lejanas cumbres de Sierra Nevada, que se vislumbran desde la misma Granada y también llegando a Monachil, resplandecía bajo el sol el blanco manto de nieve que las cubre, oponiendo resistencia el frío de un invierno tardío. Por debajo de esas cotas, la Naturaleza desplegaba su máximo esplendor en el apogeo de la primavera reinante, ajena a los calores de mayo que ya asolan los campos de las vegas de altitudes más bajas.
     No recorrimos todo el sendero, ni siquiera llevábamos un rumbo predeterminado. Íbamos improvisando nuestra marcha, parando aquí y allá, disfrutando del paisaje que nos rodeaba, un abrupto estrechamiento rocoso por el que discurría el caudaloso río Monachil, paralelo al cual, estaban trazados los caminos que constituyen el sendero de Los Cahorros, labrado en la piedra, y con puentes colgantes sobre el río.

Sendero de Los Cahorros, sobre la garganta del Río Monachil

     Encaminándonos dirección al principio del sendero, nos detuvimos a mirar como una lagartija se soleaba en un muro, y al llegar al punto de partida, busqué con los prismáticos al carbonero que cantaba entre las ramas de un arbolillo. Eran las primeras horas de la tarde, y a parte de la actividad humana, otros senderistas y excursionistas, así como algunos escaladores, no parecía que hubiese ningún animal en las inmediaciones. Quizás yo tampoco iba prestando mucha atención al principio. Cuando cruzamos el primer puente, paramos a orillas del río a almorzar.
     Resultó bastante entretenido el trecho que recorrimos. En algunos puntos debíamos agarrarnos a unas asas metálicas puestas en la pared. Otro tramo lo salvamos Eli y yo sentándonos al borde del poyete del camino y dando pequeños saltos y arrastrando el culo. En otro tramo pasamos bajo una gruta en la roca. Al salir de esta gruta estuvimos un rato viendo a una pareja de colirrojos tizones. Entre las grietas de las rocas crecían diversas especies de plantas que no conocíamos. El camino se abría a campo abierto donde dimos la vuelta. En este lugar crecía el espino albar, cubierto copiosamente de albas flores, y los aviones roqueros volaban a cielo descubierto. Y sobre las escarpadas aristas rocosas vimos el vuelo de un halcón que portaba en sus garras una presa abatida.

Flores del Espino Albar

     De vuelta sobre nuestros pasos, logramos ver tanto algunas lavanderas blancas, como algún que otro espécimen de lavandera cascadeña, pero ambas especies compartían el recorrido del río. Cuando regresamos, antes de volver a los aparcamientos, tomamos una ruta alternativa, adentrándonos en una zona más boscosa. Parecía estar menos concurrido este tramo de la ruta. Aquí detectamos al chochín por su canto, y entre la vegetación logramos ver un petirrojo. Los negros mirlos también estaban presentes, que volaban entre la vegetación ripícola, a veces alarmados. Y más arriba, cercanas a los ambientes rupícolas, volaba un bando de aves, también negras, que habían llamado nuestra atención por sus voces, las chovas piquirrojas.

(*) Fotografías: gentileza de Natividad Aguilera.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

·         Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
·         Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
·         Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
·         Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
·         Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
·         Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
·         Colirrojo Tizón (Phonicurus ochruros)
·         Mirlo Común (Turdus merula)
·         Carbonero Común (Parus major)
·         Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
·         Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)

lunes, 24 de diciembre de 2012

CARROÑADA

     En un muladar de Ciudad Real, ubicado en la Sierra Morena oriental, asistí ayer a mi primera carroñada, donde tomé mis primeras fotografías de fauna silvestre, a los comensales del festín, que no solo fueron buitres. Todo gracias a José Luis Ojeda, quien me llevó allí como parte de nuestro trabajo de campo (con los pertinentes permisos en regla, tanto de la Administración Pública, como del propietario de la finca privada), quien me prestó la cámara y con quien compartí esta jornada campera.

Águila Imperial Ibérica

     Antes de las 6.00 de la mañana nos pusimos en marcha, pues teníamos una hora aproximadamente de camino por delante, y debíamos entrar en el hide antes de las primeras luces del alba, para evitar ser vistos por los buitres. Recorriendo los carriles interiores de la finca que conducen al muladar se nos cruzó un pequeño lirón careto, aún activo en el primer día del invierno. Lo cierto es que el día fue soleado, y apenas hizo frío.
     En plena oscuridad entramos en el hide, y desde el interior de su habitáculo, en las 12 horas que allí permanecimos, vimos levantarse el día, y así mismo ponerse, cuando la noche volvió a cubrir con su oscuro manto los montes mariánicos. La cogujada montesina cantaba temprano, con la primera claridad del día. Y con esa misma claridad, cuando todavía la luz no había alcanzado el fondo del valle donde nos encontrábamos, descubrimos que ya había buitres esperando la pitanza, un viejo negro entre unos pocos leonados.

Buitre Leonado y Buitre Negro

     Parecía que la carroña se hacía de rogar, y a nosotros empezaba a invadirnos cierta sensación de impaciencia, y mientras seguía nuestra espera, llegó otro buitre leonado a posarse en una encina. No podíamos arriesgarnos a hacerles fotos sin que estuvieran comiendo, pues podían desconfiar, o ahuyentarlos. Otros buitres permanecían a la espera posados en el suelo, pero fuera del muladar. Entre las ramas de las encinas también se movían unos estorninos negros, haciendo distintas imitaciones de otros cantos de aves que incluso llegaron a confundirnos. También llegaban a nuestros oídos los ásperos graznidos de los arrendajos que pululaban entre los quejigos a la espalda del hide. Algunos buitres más madrugadores, y quizás también los más hambrientos, habían levantado su pesado vuelo, y daban vueltas sobre el muladar. Los rabilargos también habían empezado a prospectar el terreno, así como una pareja de cuervos, que posados en la rama alta de una encina, se acicalaban en demostración de su amor corvino. Y sobre el muladar también voló una joven águila imperial.

Pareja de Cuervos, acicalándose

      Por fin llegó el guarda, y dejó los despojos de los ciervos donde le indicó José Luis. No tardaron mucho en llegar los primeros comensales, que tal y como describen los libros de Ciencia, fueron los córvidos, que con sus plumajes fanéricos llamaron la atención de los buitres. Los córvidos que aquí reclamaron a los buitres fueron los rabilargos, y como si de una cascada se tratara, los buitres que había fuera del muladar despegaron para volver a tomar tierra cerca de los restos de los venados, mientras del cielo se precipitaban los que antes cicleaban, y a su vez atraían como imanes a los que aún permanecían en la buitrera cercana. La joven imperial volvió a dar una pasada sobre el lugar, y la pareja de cuervos también regresó.

Buitres Leonados oteando desde la copa de una encina

Más Buitres Leonados que Negros esperando para comer





























     Pero la guinda del pastel la puso otro comensal que acudió al festín de vísceras. Una maravilla alada que cayó del cielo, y con su canto nos anunció su llegada al posarse en la rama más alta de una encina. Un águila imperial adulta que estuvo unos 4 minutos apostada a tan solo 35 metros de nosotros. Algo más tarde también se paró la joven imperial en otra encina del muladar, pero no podíamos verla. Escuchamos en varias ocasiones a lo largo del día los reclamos de la pareja de adultos, a los que también vimos sobrevolar el muladar, pero no volvieron a posarse por allí cerca.

Ejemplar adulto de Águila Imperial

     Entre tanto los buitres iban y venían durante todo el día, y las horas pasaban léntamente. Recelaban de comer más allá de algunos despojos sueltos. Parecían esperar al que alguno, el más hambriento, se atreviera a hincar su pico en la carne, pero cuando alguno lo intentaba, estallaba el duelo vultino. Los dominantes del grupo de buitres comunes, no permitían a sus congéneres comer. Abrían las alas y alzaban una de sus patas en actitud amenazante. Los negros, numéricamente muy inferiores a los leonados, se entremezclaban con ellos, pero sin obedecer sus protocolos.
 

Buitre Leonado en actitud de amenaza

Avalanzándose sobre una cabeza de ciervo
Comiendo













     Muy altas, en el cielo planearon junto a los buitres una pareja de cigüeñas comunes. Las chovas piquirrojas también se escuchaban al sobrevolar el muladar, incluso una se posó a lo lejos, al otro extremo de donde estábamos, pero no se acercó a la carroña. En las primeras horas de la tarde se oía el canto de las perdices, y una se aventuró a cruzar el muladar, picoteando entre la hierba. Más tarde también lo hizo una abubilla que afanosamente sondeaba el terreno en búsqueda de los invertebrados con los que se nutre.

Abubilla

     Y cuando al anochecer salíamos de la finca, pudimos ver ciervos, un zorro y muflones. Por la carretera, de vuelta, también se nos cruzó otro zorro.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Lirón Careto (Eliomys quercinus lusitanicus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) 
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

SENDERISMO EN SIERRA MÁGINA: LA CUEVA DE LA GRAJA Y EL PINAR DE CÁNAVA

     Ayer nos desplazamos Roland, Merche, Azu y yo hasta Sierra Mágina para comenzar con el reconocimiento de senderos para las actividades de Educación Ambiental que próximamente realizaremos. Concretamente fuimos hasta Jimena, donde en sus inmediaciones parten las subidas que conducen hasta la Cueva de la Graja y el Pinar de Cánava.
     En primer lugar fuimos hasta la Cueva de la Graja, para la que debimos pedir las llaves. Está cerrado el acceso a la cueva, en aras de mantener unas pocas pinturas rupestres, ya de por si en mal estado de conservación. Tampoco existe tal cueva, más allá de una simple oquedad en la pared rocosa. Y no son grajas los córvidos allí instalados, si no grajillas a las cuales pudimos ver en un gran número cuando bajábamos. Bajo las mismas surcaron el aire dos cuervos. Pocas más aves pudimos ver además unos cuantos jilgueros al inicio del sendero, y algún mirlo.

Pinturas rupestres de la Cueva de la Graja

     El Pinar de Cánava está formado por viejos pinos carrascos, de espectacular porte algunos ejemplares. Entre los arbustos más o menos dispersos que tapizan el suelo del pinar se movían los zorzales. Cuando sobrepasamos el pinar, comimos en un pequeño llano junto a las ruinas de un cortijo. Escuchábamos la cascada de notas musicales del verdecillo, mientras podíamos ver al roquero solitario y al colirrojo tizón por las rocas, y el paso de palomas torcaces, grajillas y chovas.
     En cambio el sendero que asciende al Pinar de Cánava, más largo, fue más variado en observaciones de aves, sobe todo a la vuelta. Pero sin embargo resultaron de mayor interés las observaciones de la ida. Al poco de comenzar nuestra marcha no tardamos en descubrir dos águilas perdiceras. Una de ellas la perdimos pronto de vista, pero la otra, aunque lejos, se dejó ver más tiempo cicleando y dando pasadas por la zona. Más adelante, llegando al pinar, fue un macho de cabra montés lo que pudimos observar. Durante el camino se oyeron la perdiz y el pito real.

Macho de Cabra Montés

















Sendero del Pinar de Cánava
     Bajando, al volver a atravesar el pinar, deparamos en un cernícalo que volaba sobre el mismo. Dedicamos tiempo a observar a los colirrojos que se movían por las cercanías del camino, acompañando a las cogujadas montesinas. Entre estos pájaros también pudimos descubrir un par de escribanos montesinos. Y ya en la parte más baja del sendero fueron unas currucas capirotadas y un verderón los pájaros que pudimos ver al acabar nuestro recorrido.

(*) Fotografías: gentileza de Merche Coco.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Águila de Bonelli (Aquila fasciata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)