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domingo, 19 de junio de 2016

PASEO MATUTINO POR LOS ALREDEDORES DEL CASTILLO DE LA CALAHORRA

     Entre los días 4 y 17 de Junio he vuelto a participar en el Voluntariado organizado por Amigos de la Tierra y EcoCampus UAM en Sierra Nevada, donde de nuevo he coincido con Pedro, que como monitor ha conducido el grupo para desempeñar las actividades (principalmente señalización del tramo del GR 7 comprendido entre Ferreira y el Puerto de la Ragua), rutas, visitas y excursiones, y también me he reencontrado con Cris, compañera de Daimiel del año pasado, con quien no han faltado las risas y buenos ratos. El resto del grupo lo integraron Lorena, Loyola, Nátalia y Rosalia, a quienes he tenido oportunidad de conocer allí, y compartir una intensa vivencia durante esas casi dos semanas.
     Pero no todo en Sierra Nevada han sido montañas. En La Calahorra, pequeño pueblo del Marquesado del Zenete, donde hemos estado alojados, conocido por su castillo levantado sobre un cerro, dominando visualmente el paisaje aledaño, y en cuyo entorno se congrega un curioso elenco de aves pertenecientes al hábitat urbano, a los roquedos y a los páramos abiertos. Quizás no sean circunstancias que exclusivamente sucedan en La Calahorra, pero en cualquier caso me llamó la atención descubrirlo en un paseo en la primera mañana que allí desperté.

Castillo de La Calahorra

     Me levanté pronto, tal vez debido a que las emociones contenidas por poder estar allí, asistiendo otra vez en un nuevo voluntariado, no me dejaron conciliar un sueño profundo. Salí antes del desayuno, y con la idea de llegar al castillo, me adentré en el pueblo. Los aviones comunes estaban muy activos, volando en los alrededores del edificio del colegio que está frente al hotel. Sobre ellos también pasaban los vencejos comunes, que también vi por el pueblo, además de algunos gorriones comunes y estorninos negros. Pero la verdad es que tampoco les presté mucha atención. Fue subiendo las empedradas callejas de las faldas del castillo donde ya me entretuve un poco más en tratar de descubrir a los gorriones chillones, que se podían escuchar por las últimas casas antes de salir a terreno abierto. También allí escuche al colirrojo tizón, que fácilmente se dejó observar.
     Por los alrededores del castillo volaban los vencejos y los aviones roqueros, pero eran particularmente llamativas las chovas piquirrojas, por poder verse y oírse tan de cerca. Los muros del castillo también son utilizados por estorninos negros y los gorriones comunes y chillones, que se movían por el lugar. Mientras iba rodeando el castillo con mi paseo, también vi algunas cogujadas por la zona, y cuando bajaba para hacia el pueblo para encaminarme hacia el hotel descubrí a la collalba negra.
     No fue este el único paseo hasta el castillo, aunque sí en el que pude realizar el inventario más completo de aves. Muchas noches, después de cenar, nuestras caminatas nocturnas grupales culminaban en la colina sobre la que se alza el castillo, donde las estrellas y las constelaciones solían acaparar buena parte de nuestras conversaciones. También pudimos visitarlo un día por dentro. El castillo pues, se acabó convirtiendo en un importante referente de nuestro Voluntariado.


Lista de las Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)

martes, 30 de junio de 2015

RUTA POR EL RÍO CEBOLLÓN

      A propuesta de Lucía, me sumé al grupo que había formado junto a Sergio, un amigo suyo, para hacer una ruta este domingo por el Río Cebollón, en la Sierra de Tejeda, Alhama y Almijara. Además de mí, también iba Toñi por mediación de Lucía, y por parte de Sergio iban su prima Cristina, Gema y Jon. Sin conocernos entre todos de antes, el camino que anduvimos juntos, nos unió en un gran equipo humano. A nivel personal, me sorprendió muy gratamente la variedad de fauna silvestre que pudimos observar, sobre la cual he escrito este relato.
     Salimos pronto de Málaga, hacia la Sierra de Alhama, Tejeda y Almijara, en la que fue mi cuarta visita a este espacio natural. Algunas de las aves que pude reconocer durante el camino por las estribaciones de la sierra fueron el alcaudón real, posado en una visible percha; aviones roqueros, siempre volando cerca de los escalpados peñascos, un pito real que se cruzó por la carretera mientras circulábamos por un encinar; el águila real, cicleando sobre un valle; una abubilla más un par de abejarucos posados en cables de tendido eléctrico; garzas reales en el Embalse de los Bermejales, ánades reales en un pequeño estanque próximo a La Resinera; y el cernícalo, volando cercano a un talud rocoso.
     Aparcamos en La Resinera, donde hay un Punto de Información que visitamos antes de comenzar la caminata. Entre la vegetación del entorno se ocultó un mirlo, y se podían escuchar a los piquituertos y al verderón cantar. Cruzamos el Río Cacín por un puente cercano a La Resinera, y aunque el camino iba paralelo al río, se elevaba poco a poco sobre este, donde podían contemplarse los peces a través de sus cristalinas y amansadas aguas. Antes de llegar al Río Cebollón, pasamos de andar por una chopera al pinar. El calor ya era fuerte entrada la mañana, y eso repercutía en que fueran pocos los animales que manifestaban su actividad. Tan solo un macho de lagartija colilarga, que vino a pararse a nuestros pies en mitad en mitad del polvoriento carril, una pequeña rana y unos cuantos renacuajos en un reguero que cruzaba el camino, y el reclamo de un arrendajo, monte arriba, que después voló, fue todo cuanto vimos antes de empezar a andar por el río.

Macho de Lagartija Colilarga

     Caminamos por el lecho de uno de los pocos ríos andaluces trucheros, donde también vive el mirlo acuático y nuestro cada vez más escaso cangrejo de río autóctono, en medio de una composición paisajística de montañas y pinares. Advertimos la ausencia de bosque en galería formado por especies propiamente riparias, pero la conectividad del río con el entorno era completamente natural. Los pinos llegaban hasta las orillas, de hecho muchos eran los que yacían sobre el cauce, y bajo sus sombras proliferaban los helechos. Supongo que el agua estaría más fría de lo que parecía, pero la sensación térmica resultaba muy agradable, y era la única manera de desafiar el calor, andando bajo el sol.
     Ir andando por un río, sobre cantos rodados, entre rocas y otras posibles dificultades, obliga a poner bastante atención adonde se pisa. Atención que se le resta a la posibilidad de poder observar algún animal, o simplemente contemplar las maravillas que nos brindaba el paraje que nos rodeaba. Además, la corriente acallaba cualquier otro sonido que pudiera oírse en los alrededores. Tan solo era posible advertir alguna rana al saltar en alguna tranquila poza de aguas quietas, que no estuviese influida directamente por la corriente, donde también nadaban zapateros por su superficie. Las arañas tejían sus complejas redes entre los brezos de los márgenes, y allí donde el río se estrechaba, extendían sus trampas de seda de lado a lado. Y entre los insectos voladores destacaban distintas especies de mariposas, libélulas de abdomen rayado y caballitos del diablo de alas negras (Calopterix haemorrhoidalis). Encontramos en algunos someros fondos por los que pasamos las armaduras de los cangrejos de río. Por el fondo también se movían unos pequeños y alargados peces que vimos en algunos puntos, que quizás se tratase de alevines de alguna especie de mayor porte.
     Llegamos hasta un dique donde paramos un rato a bañarnos. Esta parada me sirvió para encontrar un sapo común que iba tratando de vadear el río, haciéndole frente al empuje de la corriente. Y estar allí un rato también me permitió fijarme en los vencejos y en los aviones roqueros que volaban sobre nosotros. Y una de las veces que alcé la mirada, descubrí al águila perdicera, no muy alta, lo que nos permitió contemplarla a placer. Cuando reanudamos la marcha, aguas arriba, todavía cerca del dique, encontré otro sapo común, pero esta vez a bastante profundidad.

Sapo Común Ibérico, recientemente catalogado como especie propia, y
separado taxonómicamente del Sapo Común Europeo

     Antes de parar a almorzar vimos una pareja de lavanderas cascadeñas, a las que también escuchamos, así como algún que otro pinzón. Comimos bajo la sombra de unos pinos, sobre un ramal del río que se encontraba completamente seco. Y es que según nos habían dicho, este año bajaba menos agua, debido a la escasez de lluvia de este año.
     Cuando retomamos el camino vi algún pinzón más, y también logré ver dos chochines en diferentes sitios. Me resultó curioso llegar a verlos, pues más fácil detectarlos por su canto o su reclamo, y en cambio no los escuché. Al que sí pude oír fue al mito, pero no verlo. Aparecían algunos arces cercanos a la orilla. Y por una orilla descubrí un pequeño sapo al moverse entre la hierba, que resultó ser el sapo partero bético, endemismo andaluz que es la primera vez que veo. Más adelante, también en la orilla, pudimos ver un joven lagarto ocelado.

Sapo Partero Bético

     Finalmente llegamos hasta dos pozas muy cerca la una de la otra, con la suficiente profundidad para cubrirnos, donde pasamos un buen rato, tanto por la cantidad de tiempo que pasamos allí como por lo divertido que fue. Eso sí, aquí se nos adhirieron a la piel pequeñas sanguijuelas, pero que tampoco nos ocasionaron ninguna herida. Por encima de los taludes que contenían estas ”piscinas” naturales, crecían unos pequeños olmos de montaña.
     La vuelta fue más rápida, y en lugar de ir todo el tiempo por el río, utilizamos durante un buen trecho la senda que había paralela. Andar más metido en monte que en el río hizo que viésemos algunas lagartijas colilargas. No obstante desde el camino también pude ver algunas lavanderas cascadeñas. Por poco tiempo, seguimos equivocadamente un camino que ascendía por el monte. Esta pequeña confusión nos deleitó con una bonita panorámica del paraje por donde discurría el río. Todavía hacía bastante calor al atardecer, así que después de llevar algún tiempo andando fuera, apetecía volver al río y refrescarse. En una de estas ocasiones en las que volvimos al agua, encontramos un ejemplar adulto de cangrejo de río común o europeo (Austropotamobius pallipes), también llamado cangrejo de patas blancas, nuestra especie autóctona, y que sin embargo resulta más difícil de encontrar que el invasor cangrejo rojo americano, responsable de su rarefacción.

Cangrejo de Río Común o Europeo, o Cangrejo de Patas Blancas

      Antes de salir definitivamente al camino, hicimos una breve parada para observar el alto vuelo de un halcón peregrino. Cerca, también volaban los vencejos. Entre las plantas del camino, vimos el frágil vuelo de hasta tres ejemplares de Nemoptera bipennis, un precioso insecto alado, que lejanamente puede recordar a una mariposa o a una libélula, pero que no tiene ningún parentesco cercano ni con la una ni con la otra.
     Las aves empezaban a mostrarse muy activas con la caída de la tarde, y cerca ya de La Resinera, se oían los pájaros carpinteros, al pito real por el pinar y al pico picapinos por la chopera. El mosquitero papialbo cantó por el río del cual ya nos habíamos salido completamente, y también se oyó el reclamo de la oropéndola por la chopera. Se dejaron ver unos arrendajos; una paloma torcaz, que pasó en vuelo; un pico picapinos, que fue a pararse en la rama de un chopo; un escribano montesino que se cruzo volando por el camino, del cual despegó una abubilla para adentrarse en el bosque. Gema, Jon y yo mismo, que íbamos más rezagados, nos perdimos el ciervo que vieron los demás. No solo traíamos con nosotros los residuos que habíamos generado cuando cominos, si no que además recogimos algunos que encontramos en nuestra andadura.
     De camino a Alhama de Granada, al anochecer, además de observarse perfectamente la proximidad entre Júpiter y Venus, que en unos días coincidirán en el mismo punto en el cielo, levantamos de la carretera a un chotacabras pardo.
     Diez horas de refrescante ruta, dieciocho kilómetros recorridos por un idílico rincón de nuestra Naturaleza que hasta hace un par de días era desconocido para los siete que integramos el grupo, y que desde luego no defraudó nuestras expectativas.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila de Bonelli (Aquila fasciata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mosquitero Papialbo (Phylloscopus bonelli)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Lagarto Ocelado (Timon lepidus lepidus)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Sapo Partero Bético (Alytes dickhilleni)
  • Sapo Común Ibérico (Bufo spinosus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

jueves, 18 de junio de 2015

UNA VISITA GUIADA HASTA LA LANCHA

     Bastante más tarde de lo que es aconsejable, pasado el medio día, iniciamos Fran, Hada y yo una jornada campera hace un par de días. Y más importante aún es salir pronto, sobre todo si se quiere observar animales, en los últimos días de una primavera que agoniza abrasada por un precoz verano, en los que la tónica habitual es el fuerte calor. Pero nuestra intención solo  era dar un paseo por la sierra, lejos de dedicarnos, pretenciosamente, a tratar de observar nada en concreto. Por suerte para nosotros, justo hasta el día anterior, había llovido, y también refrescado bastante durante la semana, por lo que disfrutamos de unas temperaturas suaves, y hasta se podía soportar estar al sol un rato.
     Hada, que vino de visita a Andújar, fue quien me propuso acompañarlos, y Fran a quien se le ocurrió que fuésemos hasta el Embalse del Jándula. A pesar de la demora con la que salimos, y que yo no iba demasiado atento al entorno, sino más bien integrado en las conversaciones con mis amigos, resultó la jornada más fructífera de lo que esperaba, deparándonos alguna grata sorpresa.
     Hasta llegar a las Viñas, no me percaté de la presencia de ningún ave, que seguro que la hubo, a lo largo del trayecto. Fueron unos rabilargos que cruzaron la carretera. Más adelante un abejaruco posado en un poste, y a continuación nos detuvimos un momento para observar un mochuelo posado en un cable del tendido eléctrico, a pleno sol, totalmente expuesto. Prestaba más atención a un grupo de urracas que a nosotros, de hecho, cambio de posición, posándose sobre el mismo tendido, pero más cerca del coche desde cuyo interior lo observábamos. Las urracas seguían apareciendo en el entorno cuando reanudamos el camino.
     Aunque lo difícil sería no ver ciervos en la Sierra de Andújar, si se tiene un mínimo interés en la fauna, lo menos es dedicarle un vistazo cuando te encuentras con los primeros, y así lo hicimos nosotros. Era una hembra acompañada por la cría del año anterior, y su moteado cervatillo de este año. La simpatía que despiertan las crías del resto de mamíferos en los seres humanos hizo que nos fijásemos más en su belleza salpicada de manchas blancas sobre una brillante librea rojiza, que en las pardas ciervas adultas. No muy lejos de los ciervos, estaba sus próximos parientes los gamos, un grupo de paletos machos que exhibían ya una cornamenta plenamente desarrollada, pero todavía cubierta por el terciopelo. Así pudimos ver las claras diferencias que distinguen fácilmente a ambas especies de cérvidos.
     La tormenta del día anterior debió ser bastante fuerte, pues en algunos tramos de carretera encontramos coladas de barro cubriendo el asfalto. Pero también dejó agua acumulada en las pozas de los arroyos, que aliviará la sed de plantas y animales, aunque solo dure unos días.
     Las tórtolas turcas preferían dejarse ver volando bajo las copas de las encinas, que posadas sobre ellas o sobre algún poste, como también lo hacían urracas y rabilargos. Volvimos encontrarnos con otra área compartida por ciervos y gamos. En esta ocasión fue un pequeño gamo, que con la gracilidad de sus trotes y saltos atrajo nuestra atención. Alguna que otra perdiz que vimos en algún momento de nuestro recorrido, seguida por sus pollos, trepaba ladera arriba, o se movía en zigzag entre las rocas y los lentiscos.
     Pero como de lo que se trataba es de hacerle a Hada una visita guiada, en la que pudiera hacerse una idea de las cosas más pintorescas de nuestro entorno, Fran hizo una parada en las tumbas esculpidas en granito que hay junto al camino. 
Descubrimos aquí, a pesar de su mimetismo, un insecto palo, al que estuvimos mirando con curiosidad.
     En las primeras “curvas de La Lancha” nos detuvimos un rato para ver un alcaudón real posado en un poste, hasta que se fue de allí. Hicimos una parada en las últimas curvas, para probar suerte. Pero tan solo vimos pequeños y dispersos grupos de ciervos sesteando a la sombra de las encinas. De vez en cuando miraba a un cielo, en el que alternaban nubes y claros, tratando de descubrir el vuelo de alguna rapaz. Y en una de estas ocasiones pasó un buitre negro a baja altura, deslizándose por el aire sin aparente esfuerzo.
     La siguiente parada fue en el Mirador del Embalse del Jándula, desde donde además de contemplar las aguas estancadas del pantano, y el paisaje que las contiene, se podía ver el infatigable vuelo de los vencejos y las golondrinas. También pude escuchar las notas del agateador y del pico picapinos, pero sin llegar a verlos.
     Bajando hacia la presa, improvisamos una parada para tratar de identificar un pequeño pájaro que al final no se dejó ver. En cambio no fue necesario parar para asegurarnos que eran perdices unas aves que se dejaron caer en vuelo desde el camino, ladera abajo. Ya íbamos buscando un lugar donde almorzar. Pensé en un pequeño rellano, junto a la orilla del embalse, pero al llegar daba el sol, y además el pasto seco no invitaba a sentarnos en el suelo. Pero desplazarnos hasta aquí nos permitió ver un arrendajo, que también nos dejó escuchar su áspera voz.
     Optamos finalmente por comer en la presa, a la sombra de la bóveda bajo la cual cría una colonia de aviones comunes. Antes de empezar a comer nos asomamos al otro lado de la presa, donde descubrimos un par de hembras de cabra montés, acompañadas por sendos chivos, al fondo del precipicio, a la orilla del río, donde nadaban plácidamente un par de ánades reales. Mientras comíamos, además de ver y entrar salir constantemente a los aviones para cebar a su prole, de escuchar sus continuos reclamos, también se vieron los gorriones comunes por el entorno de la presa. Después de comer nos volvimos a asomar a la presa, y nos dejamos maravillar por el vuelo de los aviones, que pasaban a nuestra altura, o por debajo. La mayoría comunes, pero también algún roquero, lo que nos permitía ver sus patentes diferencias. Ya no vimos las cabras, pero fijándome en los patos, que vestían el discreto plumaje de eclipse, me di cuenta que había cuatro más.
     En las siguientes horas, nos dedicamos a dar un paseo calmadamente, para bajar la comida. En torno a la boca del túnel que hay junto la presa revoloteaban los aviones roqueros, mientras que la hembra del roquero solitario permanecía posada sobre un muro de piedra. Hacia la salida al otro lado del túnel se agolpaban los opiliones en las paredes.
     Decidimos bajar al canal de desembalse previsto para cuando el pantano acumula más agua de la que puede contener. Atravesamos otro túnel que aprovechaban los aviones para construir sus nidos en el techo. En los charcos que había entre las grietas del lecho rocoso que forma el suelo viven las ranas, que no dudaban en refugiarse en sus aguas al acercarnos. Al salir sorprendimos a una lagartija colilarga.
    Nos sentamos al borde del acantilado granítico, donde estuvimos un buen rato, viendo el continuo trasiego de los aviones. Dos cabras, probablemente las de antes, caminaban por el fondo, junto al río, donde en la otra orilla sobre la lisa superficie de los granitos se soleaban un par de galápagos. Se oía el croar de las ranas. La oropéndola intercambiaba su aflautado canto con las ásperas notas de su reclamo, y vimos un par de machos persiguiéndose entre los eucaliptos del río. Se escuchaba también la melodía del roquero solitario, y acabamos viendo al macho sobre la repisa del muro en la que estuvo posada la hembra antes. Un mirlo se movía entre las adelfas y otros arbustos que crecían en la pared rocosa, y un arrendajo pasó volando alto hacia el lado del pantano. Después seguimos caminando por el desaguadero, viendo las ranas saltar a los charcos formados por la lluvia.
     Al regresar por el túnel de la presa, pudimos oír con mucha claridad los agudos chillidos de los murciélagos. Tomamos el camino de vuelta, pero teníamos previsto hacer más paradas. Nos detuvimos para recorrer a pie un corto camino. En un trecho en el que había barro se concentraban las abejas para tomar agua. De nuevo pude oír al pico picapinos, pero al igual que la vez anterior tampoco conseguí verlo. Pero sí vimos otra lagartija colilarga volviendo hacia el coche, más un pájaro que no me dio tiempo a identificar.

Pollos de Golondrina Común en el nido

     La siguiente parada fue para andorrear entre las ruinas del viejo poblado de La Lancha. En la primera de las casas a las que entramos vimos una salamanquesa en el techo. En el resto destacaba la presencia de los nidos de golondrina, sobre todo comunes, y algunos de ellos estaban ocupados con pollos. Los adultos iban y venían, entraban y salían. También vimos alguna que otra golondrina dáurica volando por el entorno del poblado, como también lo hacían las palomas torcaces entre los altos eucaliptos, bajo alguno de los cuales podía oírse el zumbido de las abejas. Y muy altas pasaron una pareja de chovas, a las que primero oímos graznar.

     Antes de llegar de nuevo a las famosas curvas, utilizadas como oteaderos para la observación por los naturalistas, paramos para mirar tres córvidos apostados en lo alto de unas rocas, que no puedo asegurar que fueran grajillas. Pararnos a mirar a las negras aves, me llevó a descubrir bajo ellas a un muflón macho que asomaba la cabeza entre las piedras, dotado de grandes cuernos, pero sin que le viéramos el cuerpo.
     Paramos un rato en otra “curva” diferente de donde estuvimos a la ida. Con la caída de la tarde, pudimos ver más ciervos, que ya empezaban a moverse. Pero yo seguía mirando al cielo, ya prácticamente despejado, extrañado por la ausencia de buitres, o alguna otra rapaz. Así mismo también estuvimos echando en falta los conejos. El pito real cantó desde alguna parte del inmenso paisaje que se abría a nuestros ojos. Un paisaje adehesado con pastos agostados y raquíticas encinas que lejanamente, contemplado bajo las luces anaranjadas del atardecer, nos recordaba a las sabanas africanas. También se oían los rabilargos, pero no las urracas. Pude ver un arrendajo en uno de los momentos que rodeé la mirada hacia el monte que se elevaba a nuestras espaldas. También vi un mamífero que no pude identificar, pero que por su silueta y su apresurada forma de moverse me recordó a un tejón, que antes que me diese tiempo a llevarme los prismáticos a los ojos, ya se había ocultado entre los lentiscos de la vaguada.
     Cogimos el coche ya con la idea de volver a Andújar, aunque íbamos despacio, casi parando a ver algún ciervo o gamo que nos llamase la atención. Y entre las muchas urracas, una cabalgaba a lomos de un ciervo usándolo como atalaya móvil para capturar los insectos  que espantara el ciervo a su paso, mientras pacía. El posible beneficio que el ciervo sacaría de portar una urraca sería una huída a tiempo en caso de que córvido se alertara. Un pito real, que voló desde un poste de madera al encinar. Los mirlos comenzaban su actividad crepuscular. Y por fin vemos conejos, aunque solo fueron cuatro. Y tras ver al cuarto, pude ver a una abubilla posarse sobre una piedra, y desplegando su cresta.
     Pues como digo, no teníamos prevista ninguna parada más, pero vi un pequeño animal que brincaba sobre el pasto, en la penumbra, que atrajo mi atención como un imán. Esos aires gatunos que gastaba al moverse me dispararon todas las alarmas en una fracción de segundo, y a grito de ¡lince!, aún sin estar seguro completamente, hice parar el coche. Ya no tardamos en confirmar que estábamos viendo un precioso cachorro de lince ibérico, cubierto por esa especie de borra que le da un aspecto rechoncho tan diferente del apretado y moteado pelaje que estiliza el aspecto de los adultos. Pero, ¿solo? Nuestra pregunta tampoco tardó en responderse, pues pronto localicé a la madre, prácticamente invisible, tumbada en el pasto. La ligera inclinación del terreno, la hierba seca y la tenue luz, nos dificultaban verlos con claridad a pesar de estar a menos de 50 metros. Pero los saltos y las carreras del cachorro nos brindaron un espectáculo inolvidable.
     Al rato, cuando llegó otro coche que se paró poco más adelante de nosotros, se levantó la madre, y se marchó monte arriba, seguida por la cría que iba trotando con enérgicos saltos que contrastaban con el pausado andar su progenitora, perdiéndose enseguida de vista, bajo las copas de las encinas. A pesar de la escasa inclinación del terreno, apenas había fondo. Después de ese rato de emoción contenida, nos quedamos allí mismo para liberarla, hablando de lo sucedido, sin deparar en que había un tercer lince adulto, que solo vimos cuando asomó media cabeza por encima del pasto, enseñándonos sus puntiagudas orejas rematadas en los pinceles. Pero después de un tiempo, también acabó largándose por donde se lo hicieron la madre y el cachorro. Es posible que pudiera tratarse de una cría del año pasado.

     En ese intermedio que hubo entre la observación de la madre y la cría con la del tercer lince, deparé en una tórtola turca posada en un poste, una hembra de pinzón sobre el camino, y un alcaudón, probablemente el común, parado en la alambrada, que enfrascado en la tertulia, no aseguré su identificación. Y volviendo a aquel símil, quizás no muy acertado, sobre dehesas ibéricas y sabanas, las encinas serían como las acacias, los ciervos jugarían el papel de los antílopes, y el lince se asemejaría al leopardo en nuestras “sabanas mediterráneas”.
     Para Hada y Fran fueron sus primeros linces, nada más y nada menos que ¡un triple bimbo lincero! Para mí, un avistamiento igualmente emocionante, fue la primera vez que veo linces en un mes de Junio. También la primera vez que veo tres juntos. Y además la primera vez que consigo ver un cachorro de la última fiera mediterránea, que representa una esperanza de supervivencia para la especie de felino más amenazada del mundo.
     En el coche seguimos hablando del extraordinario acontecimiento que acabábamos de vivir. No obstante eso no me impedía reconocer la hermosa silueta de los ciervos contra el cielo del anochecer, o distinguir aún a otro pito real que salió volando desde otro poste donde estaba posado, o escuchar los maullidos de los mochuelos a través de la ventanilla. Más adelante pude ver un mochuelo levantar el vuelo desde una piedra, y casi inmediatamente, nos detuvimos a ver a uno que salió volando desde la carretera para posarse sobre un chaparro, desde el que se cambio a un poste de la valla del camino, situándose con este movimiento aún más cerca. Y mientras se dejó ver este último mochuelo, pude llegar a escuchar al chotacabras pardo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

domingo, 15 de junio de 2014

UNA TARDE PASEANDO POR LA ROPERA

     Después de bastante tiempo sin ir, ayer David y yo salimos a dar un paseo por la zona de La Ropera a últimas horas de la tarde. Y como otras veces que hemos elegido aquel sitio por su proximidad a Andújar, para echar un rato de campo y poder observar fauna, no nos decepcionó. Las tórtolas turcas y algún que otro gorrión adornaban los cables de los tendidos eléctricos sobre los que se hallaban posados por la carretera. Sobre las aguas abiertas del ancho tramo final del Río Jándula nadaban algunos ánades reales, mientras los rabilargos revoloteaban entre los olivos y los árboles de la ribera.
     Aparcamos en las inmediaciones del puente. La humedad del río y el calor reinante a pesar de las horas crepusculares, propiciaban que estuviésemos envueltos en un cierto bochorno. Desde el puente, veíamos los desconfiados patos que se habían alejado aguas abajo. También descubrimos una garza real que entre los sauces, asomaba sobre el cauce. De las verdes eneas que proliferaban a ambas orillas del río junto al puente, emanaban las ásperas notas del carricero común. Una brizna de enea que se agitaba a un ritmo diferente a las demás, era movida por una gran carpa que nadaba por las someras aguas de donde brotaba.
      Cruzamos el puente y echamos a andar paralelos a la orilla, aguas abajo, entre bosque de ribera y olivar. Entre los muchos vencejos que con su incesante griterío volaban sobre el río, los acompañaban algunos abejarucos. En los claros donde el bosque en galería se abría, aprovechábamos para mirar hacia el río, pero en cuanto nos deteníamos, las garzas y los ánades reales que tratábamos de observar echaban a volar sin darnos muchas más opciones. Y también por este lado del río había rabilargos
     Nos resultó llamativo el gran número de pollos volantones de golondrina común que se concentraban sobre un sauce, mientras otras tantas pasaban sobre el río. Del interior del bosque de aquella orilla procedían también los arrullos de la tórtola común, y la voz aflautada de la oropéndola. Un tronco encallado en el lecho del río y que emergía sobre la corriente, servía de islote a unos galápagos que se soleaban con los últimos rayos de la tarde. Y mientras esto sucedía, un pollo volantón se posó en el tallo de una planta de la orilla por la que caminábamos, muy cerca de nosotros. Pero no era una golondrina, si no algo que acaparó nuestra atención con especial interés. Habíamos tenido junto a nosotros un pájaro moscón.
     Poco más adelante terminó nuestro paseo, pero no retomamos la vuelta inmediatamente, si no que esperamos un rato. Íbamos tranquilamente, y delante nuestra alzaron el vuelo un par de abubillas. Al pasar por el lugar donde habíamos visto al moscón, escuchamos al martín pescador, que David que llegó a ver. Los galápagos permanecían apurando su baño de sol sobre el tronco. Bajo las aguas se intuía la difusa silueta de grandes carpas que a veces nadaban a ras de la superficie del agua turbia, dibujando onduladas  estelas, que a veces asomaban sus aletas dorsales. Sobre el olivar cercano volaban algunos estorninos, y más lejos también lo hacía un bando de estos negros pájaros sobre la chopera del otro lado del río.
     Esta vez no conseguimos ver ninguna garza, pero si patos. A los vencejos y a las golondrinas comunes que se dedicaban afanosamente a prospectar el río a la caza de mosquitos y otros insectos alados, se sumaban ahora al elenco aviones comunes y golondrinas dáuricas. Quizás también estaban allí al principio, cuando veníamos, pero entonces no me percaté de su presencia. Entre el sotobosque de sauces, los rabilargos formaban una algarabía, quizás en conflictos entre ellos mismos, o tal vez fuera otra cosa lo que los inquietara, pero que nunca llegamos a descubrir. En las sombras del camino se descubre un mirlo que acto seguido vuelve a refugiarse entre la segura espesura de la vegetación.
     Acercándonos al puente, entre el canto del carricero también se oyó la estrofa musical del ruiseñor bastardo. Y al llegar al puente, antes de cruzarlo, observamos un pájaro que se movía nerviosamente entre el suelo y los tallos secos del pasto. Estaba comiendo hormigas en aquel sitio, por lo que pudimos observarlo con todo detenimiento, durante un rato, hasta que se decidió a volar hasta el interior de la copa de un chaparro. Se trataba de una curruca que puso el broche de oro y el cierre a nuestras observaciones de la tarde, la mirlona.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Pájaro Moscón (Remiz pendulinus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

martes, 14 de mayo de 2013

TALLER FOTOGRÁFICO DE ANFIBIOS Y REPTILES EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Iberian Lynx Land organizó hace dos días un Taller de Fotografía de Anfibios y Reptiles en la Sierra de Andújar al que asistí, a pesar de no ser fotógrafo, como parte de la organización, junto a los prestigiosos fotógrafos de Naturaleza José Luis Ojeda y José Manuel Cañones. Allí pude reencontrarme con Miryam Lara, compañera con quien trabajo en Educación Ambiental y también gran fotógrafa de campo que participaba como asistente. La ponencia y la identificación de las especies de anfibios y reptiles en el campo corrieron a cargo del herpetólogo Luis Pedrajas, en cuya charla de introducción también hizo un esfuerzo por desmitificar las supersticiones que giran entorno a muchas de las especies que engloban estas dos fascinantes clases de vertebrados, que pese a ser dos grupos bien diferenciados son tratados por la misma ciencia, la herpetología. Las prácticas de campo se desarrollaron entorno al Río Jándula, en La Lancha y en el Embalse de Jándúla por la mañana, y en El Encinarejo por la tarde, momento en el que ya no estuve.
     Pero más allá de los anfibios y reptiles que centraban la jornada del día, yo no limité mis observaciones a estas especies, pues el campo ofrece infinitas posibilidades de disfrutar de todos sus pobladores. Ya en la Casa de La Elvira, punto de encuentro y lugar donde se impartió la teoría, mientras esperábamos que llegaran todos los asistentes, podía ver los gorriones en el entorno y escuchaba el canto cercano del herrerillo.
     El primer lugar al que nos dirigimos fue al viejo poblado de La Lancha, donde nos dedicamos a la búsqueda de reptiles entre sus ruinas. Por el camino, aunque distraído en la tertulia con Luis y José Luis, a quienes acompañé en el mismo coche, no dejé de apercibirme de urracas, rabilargos y perdices que veía al pasar. Tan solo dedicamos una breve parada a ver un mochuelo que tomaba un baño de sol matutino sobre un poste.

Macho de Lagartija Colilarga

Detalle de la cabeza
























     Al llegar a La Lancha, antes de empezar a movernos para buscar reptiles, nos reunimos bajo la sombra de los grandes eucaliptos, en un área despejada. El día era soleado, más bien cálido, bastante propicio para que los reptiles estuvieran activos. Acordamos hacer algunas batidas por los alrededores, y volver allí para que los asistentes pudieran tomar fotos cómodamente. Entre los restos de las casas daban pasadas las golondrinas dáuricas. Los mirlos salían alarmados de entre los arbustos al aproximarnos a ellos. Y más altos, los vencejos destacaban sus oscuras siluetas negras contra el claro cielo azul. Yo participé activamente en la búsqueda de reptiles, y aunque bajo la mayor parte de las piedras y troncos que moví aparecía una gran diversidad de artrópodos como escarabajos, cochinillas, escorpiones y escolopendras, no tardé en encontrar culebrillas ciegas, que tras ser fotografiadas, devolví a su lugar de origen. Por otro lado, Luis había capturado un bello ejemplar macho de lagartija colilarga, vestido de gala con los lustrosos colores del celo. Más tarde encontró una pequeña salamanquesa común. Mientras los fotógrafos centraban sus objetivos en estos modelos de “”sangre fría”, temidos por mucha gente que ignoran el papel que juegan en el medio, los buitres empezaron a concentrarse sobre nuestras cabezas. Próxima a ellos también planeaba la encapuchada águila culebrera, rapaz especializada en la caza de culebras y otros reptiles.

Salamanquesa Común

Detalle de la cabeza
























     En las siguientes batidas íbamos ampliando el radio de búsqueda. Al llegar a las proximidades de un abrupto balcón que abre las vistas a la profunda garganta excavada por el Río Jándula en el granito, donde está presa que contiene las aguas del embalse, apareció la cigüeña negra cicleando en el cielo, ascendiendo hasta dejarse llevar y perderse.
     Hacía medio día aconteció uno de los momentos más interesantes de la jornada. José Manuel llamó nuestra atención haciendo señas. Había descubierto un lince bebiendo agua en un exiguo charco. Nos acercamos rápido. Pudimos verlo a corta distancia, aunque también durante corto tiempo, pero el suficiente para algunos incluso le echasen unas pocas fotos. Al tímido felino no parecía gustarle tanto espectador, pero tampoco se apresuró al irse, no emprendió ninguna huida acelerada, y como un fantasma se desvaneció bajo las sombras entre la alta hierba. Nunca más volvió a aparecer.
     Tras la fuga del gato, el grupo volvió al juntarse en la explanada del poblado donde estaban, pero José Manuel, Luis y yo nos acercamos al mermado charco donde estuvo bebiendo con la intención de encontrar alguna rana. Corría un pequeño reguero, pero no había ninguna rana. En cambio, sobre un apilamiento de rocas amontonadas en aquel sitio, entre cuyos huecos prosperaban los cardos y otras herbáceas, descubrimos una culebra bastarda. Se trataba de un ejemplar adulto de unos 70 u 80 cm. Estaba mudando la piel. La pude coger con firmeza de la parte posterior del cuerpo pero al pasársela a Luis, se resbaló y con sorprendente celeridad se nos escapó.
     Después bajamos hasta el Embalse del Jándula, donde continuamos la jornada. En el breve trecho de camino que nos separaba del pantano, vimos una pareja de oropéndolas. En el desaguadero de la presa retomamos nuestra búsqueda donde esperábamos encontrar ranas y culebras viperinas, pero tan solo fueron algunas ranas todo cuanto pudimos ver y capturar. En las masas de agua estancada también se agrupaban algunos bancos de blackbass, o percas americanas, que habían quedado allí atrapados de los recientes desembalses. La lavandera cascadeña también se movía por allí.

Ranas Verdes Ibéricas

     Y el calor de las primeras horas de la tarde pegaba con fuerza y tras fotografiar las ranas, fuimos saliendo del desaguadero para dirigirnos nuevamente a los coches. Al cruzar la presa nos detuvimos a mirar una cabra montés. Estaba en el desaguadero, donde momentos antes habíamos estado nosotros. El taller continuaría en El Encinarejo, pero para mí ya estaba llegando a su fin. En el regreso, además de urracas y rabilargos, levantamos algún pequeño bando de pinzones del camino, pero prestamos más atención al desfile de abejarucos posados en los cables que al pasar a su lado, se lanzaban a volar.

(*) Fotografías: gentileza de Miryam Lara.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

·         Lince Ibérico (Lynx pardinus)
·         Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
·         Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
·         Buitre Leonado (Gyps fulvus)
·         Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
·         Perdiz Roja (Alectoris rufa)
·         Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
·         Vencejo Común (Apus apus)
·         Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
·         Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
·         Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
·         Mirlo Común (Turdus merula)
·         Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
·         Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
·         Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
·         Urraca (Pica pica melanotos)
·         Gorrión Común (Passer domesticus)
·         Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
·         Culebrilla Ciega (Blanus cinereus)
·         Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
·         Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
·         Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)
·         Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
·         Perca Americana (Micropterus salmoides)