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domingo, 28 de mayo de 2017

VOLUNTARIADO DE OLIVARES VIVOS: OBSERVACIONES EN LA CAMPIÑA SUR DE SEVILLA

     Olivares Vivos es un Proyecto Life que pretende recuperar la biodiversidad en el cultivo del olivar mediante diferentes actuaciones tales como la plantación de especies vegetales mediterráneas en lindes y zonas de escorrentía, por un lado para frenar la erosión, y la colocación de cajas-nido para murciélagos, paseriformes insectívoros y lechuzas que contribuyan al control biológico de las poblaciones de insectos y roedores que podrían perjudicar los campos. Por su parte, las 20 fincas colaboradoras en este proyecto, distribuidas por casi toda Andalucía, obtienen un certificado que garantiza al consumidor de sus productos (aceite, esencialmente), la contribución de las mismas al restablecimiento de la biodiversidad.
     Una de las formas de llevar a cabo estas actividades es a través del Voluntariado. Entre el 21 y el 26 de mayo he podido participar en un Voluntariado que se ha desarrollado en dos fincas de la campiña sur de Sevilla y otra en Antequera. Con María Cano y Paco Martín como monitores del grupo y el reencuentro con Cata en el que fue el tercer voluntariado en el que coincidimos, he conocido a Alegría, Edu, Zarine, Miguel, Rebe y Manu, integrando un gran equipo y compartiendo una intensa vivencia durante los cinco días, y un par de significativas jornadas camperas.
     Durante nuestros dos primeros días de trabajo, el 22 y 23 de mayo, en la misma finca, realizamos interesantes observaciones de algunas de las especies de aves esteparias más singulares de la Campiña Sur de Sevilla. Nos dedicamos, además de a la plantación y a la colocación de cajas-nido, a la instalación de un bebedero para aves. Para la plantación, a modo experimental, se utilizó terracote, una sustancia granular que contiene abono y una sustancia que retiene el agua y la va liberando progresivamente según la demanda la planta, dado que el mes de mayo no es propicio para plantar.

Milano Negro
     No era difícil observar el vuelo de los vencejos y los milanos negros por el entorno mientras nos dedicábamos a nuestra labor. Al oído de Paco no pasaron desapercibidos los cantos del zarcero común, de la curruca mirlona y de la terrera común, que nos indicó de quien era cada cual. A la terrera la llegamos a localizar en vuelo, mientras cantaba, y también echarse a tierra. Además llegué a ver un zarcero entre los tarajes que atestiguan el paso de un arroyo, ahora seco. Por el camino de vez en cuando andaban las cogujadas, a las cuales también escuchamos, y entre los olivos corría alguna liebre. Además también se llegó a escuchar el reclamo de la curruca cabecinegra, la estrofa del carbonero y la repetitiva nota del buitrón. Irrumpieron en el espacio aéreo unos buitres leonados, compartiéndolo con milanos. Vimos además algún que otro ratonero, y el paso de una carraca que desapareció sobre los olivos.
     El paisaje agrario en el que nos hallábamos trabajando, entre el olivar, el cereal y hasta un campo de espárragos, encierra ya de por si un enorme potencial de vida. Aunque quizás no fueran las aves los animales que más atención acapararon, sino las garrapatas, que con su presencia sembraron la inquietud entre algunos componentes del grupo. Pero nada hicieron estos arácnidos que tuviéramos que lamentar.
     Pero fue la tarde del lunes 22, acompañados por dos anilladores de la zona que conocían María y Manu, cuando nos dedicamos con mayor exclusividad a movernos por el entorno de Lantejuela en busca de aves que observar. El sol todavía atizaba con fuerza sobre la campiña, pero al poco de habernos incorporado a un carril, divisamos unos cernícalos primillas posados en un tendido eléctrico, en compañía de un par de cuervos, y casi simultáneamente teníamos a una pareja de aguiluchos cenizos realizando cabriolas a un lado del camino, sobre el campo de cereal, lo que nos obligó a hacer una parada. Entre tanto se podía oír a las calandrias, y a lo lejos pasaron en vuelo unas garcillas bueyeras. Las cogujadas casi pasaban inadvertidas entre los terrones y los surcos en un campo, en el que descubrimos un pollo volantón de triguero.

Dehesa al anochecer

     Algún tiempo después nos desplazamos al territorio del elanio azul, donde no tardamos en ver aparecer a ambos miembros de la pareja en repetidas ocasiones. Incluso se llegaron a posar en lo más alto de alguna de encinas que salpicaban el campo de alrededor. Con el telescopio descubrimos también una perdiz posada en las ramas de la encina. Y mientras caía la tarde, entretenidos con los elanios, o las liebres que salían de entre los girasoles, pasaron también por el lugar un cuco que se perdió sobre el dosel del olivar cercano, la abubilla por un cortijo cercano, un sisón volando a bastante altura, un alcaraván aterrizar por la zona, y una carraca que llegó a posarse en una encina próxima, aunque fuera de nuestra vista. La silbante voz del alcaraván y el maullido del mochuelo le ponían voz a las últimas horas vespertinas.
     Apurando las últimas luces alargamos un poco más la jornada, en búsqueda de mochuelos. Pero tan sólo conseguimos oírlos. Así como al alcaraván y al chotacabras pardo, del que sí logramos ver un ejemplar en la zona en la que estuvimos esperando.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Europea (Lepus granatensis)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Elanio Común (Elanus caeruleus)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Primilla (Falco naumanni)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Carraca Europea (Coracias garrulus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Calandria Común (Melanocorypha calandra)
  • Terrera Común (Calandrella brachydactyla)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Zarcero Común (Hippolais polyglotta)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Triguero (Miliaria calandra)

viernes, 18 de marzo de 2016

CAMINO DE LA LANCHA

     Ayer echamos el día Raimundo y yo en la sierra. Y aunque no vimos el lince, la jornada no desmereció la pena, pues disfrutamos de la transición del invierno a la primavera, plasmado no solo en el paisaje, sino también en las aves migradoras, viajeras que llegan, unas simplemente pasajeras, y otras que pronto se irán, más las que usualmente permanecen en estos montes.
     Por la carretera vimos una abubilla, rabilargos, urracas y algún que otro mirlo. Nuestras primeras paradas no se producen hasta que no pasamos las viñas, y empezamos a recorrer el camino al Embalse del Jándula. La primera se la dedicamos a un triguero posado en una alambrada, que no aguantó demasiado al pararnos a su lado. Había alguno más por la zona, del que oíamos su repetitivo tono a través de las ventanillas del coche. También se movían urracas por los prados cercanos, y una abubilla que se alejó volando. Esta parada nos permitió ver pasar un cuco. La siguiente parada, más adelante, fue para ver tres gamos lejanos. Íbamos recorriendo el camino lentamente que de vez en cuando deteníamos la marcha por unos momentos para mirar los zorzales charlos, los mirlos, las perdices, las palomas torcaces, las urracas o los rabilargos que se movían por las dehesas colindantes al camino. Ello también nos permitía ver a los altos buitres o a pequeños pájaros, como las golondrinas comunes revoloteando sobre el camino, algún petirrojo y un par de herrerillos que cruzaron el camino, de una encina a otra, a los que pudimos oír cantar.
     Hicimos algunas paradas en las curvas en las que dedicamos más tiempo, hasta la hora de comer, a buscar en el paisaje al lince. Nos parecía un poco raro que no hubiéramos visto ni un ciervo en el camino, ni localizásemos ninguno en toda la mañana. Predominaban los arrullos de las palomas y el cuchicheo de la perdiz, a los que de vez en cuando se sobreponían los pitidos del pito real, o los voceríos de los rabilargos y las urracas que deambulaban por las lomas. También se oyó al mosquitero común. Las golondrinas dáuricas hacían incursiones por la zona, oyéndoselas parlotear. Y entre tanto pasaban buitres leonados, y a veces negros, navegando en las corrientes de aire.

Lagartija Ibérica

     Más adelante, paramos unos instantes para ver una pareja de escribanos montesinos que se desplazaba por el suelo, y justo al detenernos de nuevo para bajarnos a observar el área, se cruzó un pito real. Se añadieron los verdecillos y el carbonero con sus cantos a lo que ya se oía. A veces también se escuchaba al mochuelo o el reclamo de la curruca cabecinegra. Vimos en una piedra solearse a una lagartija ibérica. Y continuaban viéndose los buitres pasar. También pasaron unos veloces jilgueros, a la par que cantaban volando. Soplaba el aire, y parecía que costaba aclimatarse, pues expuestos al sol hacía calor, y bajo las escasas sombras refrescaba después de un rato.
     Al volver a cambiarnos de sitio, sorprendimos a una gran culebra de herradura cruzando la pista. Fue donde más rato pasamos, contemplando el entorno, mientras proseguía la orquesta de las aves cantoras ya descritas, y el paso, a cuenta gotas, de los buitres. Lejos, podía oírse de vez en cuando la voz del cuervo, mientras por las proximidades se movían unas chovas. Entre jaras y romeros se descubrió la curruca cabecinegra, y se también se dejó ver el petirrojo. Apareció por allí el cernícalo. Y de repente surgieron tras los cerros, como centellas, una pareja de cuervos pisándole los talones a un águila imperial, graznando simultáneamente ambas especies, en una alocada persecución. Fue persistente el lance de los cuervos contra la rapaz, abandonando primero uno, mientras el otro miembro de la pareja aún seguía marcando al águila, echándola cada vez más lejos.
     Cuando estábamos barajando la idea de cambiar de lugar para almorzar, vimos dos águilas imperiales, volando altas, una joven y otra adulta. Próximos a ellas, cicleaban varios milanos negros. Y casi a la vez, divisamos al frente un águila culebrera. Más allá del águila culebrera, volaba otro pequeño grupo de milanos negros, pero fue la culebrera la que estuvo acaparando nuestra atención durante un buen rato, con sus vuelos prospectores sobre la zona y sus repetidos cernidos, hasta que dejó de verse. Entre tantas rapaces que casi podíamos observar simultáneamente, casi pasaban inadvertidos los aviones comunes que también sobrevolaban el lugar. Pero lo más extraño de todo era que no habíamos visto ningún ciervo, ni durante el camino ni en las paradas en las curvas.

Águila Culebrera

     Bajamos a comer al Mirador del Embalse del Jándula. De camino nos fijamos en el alcaudón real, que vigilaba su territorio desde un tendido. Al llegar al mirador vimos unos colirrojos tizones, cerca de donde dejamos el coche. Nos amenizaba la comida un carbonero común cantado desde un árbol próximo.
     Antes de bajar hasta la presa hicimos un alto en el camino, para asomarnos a contemplar el valle por donde discurre el Jándula, aguas abajo del dique. Pasó una chova, volando casi a nuestra altura, lo que nos permitió verla casi de frente. Se manifestó acústicamente el águila imperial, y no tardó mucho en dejarse ver una pareja volando sobre los eucaliptos.
     Bajando hacia la presa, paramos para mirar a un pito real posado en la rama de un pino, que previamente se había delatado al volar. Desde la presa vimos a la pareja de chovas, posadas en un talud, hasta alzar el vuelo entre sus graznidos. Volaban en los alrededores de la presa varios aviones.
     Tras un tiempo por las cercanías del embalse, volvimos a las curvas. Vimos otra vez al alcaudón real a la vuelta, y poco más adelante paramos al ver una culebra reptando por la pista. Al detenernos, también se quedó inmóvil el ofidio, y pudimos ver que se trataba de una culebra bastarda. Tras un tiempo de espera, se dio la vuelta, sin terminar de cruzar el carril. Si raro es que se te crucé una serpiente, más lo es poder ver dos en el mismo día.

Culebra Bastarda

     Permanecimos el resto de la tarde por la misma zona, viendo los buitres, y desde donde descubrimos un roquero solitario cuya figura destacaba sobre el bolo granítico en el que estaba posado. De nuevo se dejaron ver el águila imperial, la culebrera y el cernícalo, en diferentes momentos, mientras repetían las golondrinas dáuricas, dando pasadas de vez en cuando por allí, o las palomas pasando velozmente. Por fin empezamos a ver los primeros ciervos, a lo lejos. Urracas y rabilargos se desplazaban de un lugar a otro. Se acercó un petirrojo por donde estábamos, y un paseo por las inmediaciones se dejo ver una curruca cabecinegra. Unas perdices salieron volandas alarmadas. También a lo lejos pudimos ver una piara de jabalíes, compuesta por tres adultos y cuatro rayones. El viento nos traía a los oídos los arrullos de las torcaces, los cacareos de urracas y rabilargos, y los maullidos del mochuelo, a veces con no demasiada nitidez dependiendo de hacia donde soplara el viento o hacia donde dirigíamos la vista en un determinado momento. Entre ellos se colaron, por un instante, otros maullidos, lejanos y poco nítidos, que nos recordaron mucho al lince, pero que no me atrevería confirmar con completa seguridad.
     Al final de la tarde, cuando ya íbamos volviendo, nos llamó mucho la atención un ave grande que apareció que entre los buitres cuya silueta me recordó a una gaviota. Al parar y mirarla con los prismáticos nos sorprendimos al ver que se trataba de un águila pescadora. Se deslizaba por el aire en vuelo de crucero, con sus largas y estrechas alas, ligeramente curvadas. Tuvimos pues, la gran sorpresa del día cuando ya nos marchábamos. Improvisamos otras paradas para ver los ciervos que estuvieron ausentes en la ida, en alguna ocasión mezclados con los gamos. También hubo en el camino perdices, zorzales charlos, mirlos, un petirrojo y algún triguero. Paramos a ver un mochuelo en la penumbra, bajo una encina. Atravesando las viñas, cruzó la carretera un conejo.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Pescadora (Pandion haliaetus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)
  • Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)

domingo, 11 de enero de 2015

AGUARDO EN EL HIDE DEL MULADAR

     En un rincón de las estribaciones de Sierra Madrona hay un muladar, desde donde a través de las ventanas de un hide, tuve una apasionante vivencia campera hace un par de días. Fui testigo de unas espectaculares secuencias que tuvieron por protagonistas a las aves necrófagas, como si estuviera visionando un documental, que aquí narro lejos de la elocuencia de haberlo podido presenciar en directo.
     En camino, por la noche, se nos cruzó un ratón en la carretera. Circulando ya por los carriles interiores de la finca, vimos una liebre con las luces de la furgoneta, e intuimos las siluetas de unos ciervos en la oscuridad, bajo el resplandor de la luna decreciente. Una vez colocados en el interior del hide, cada cual en su sitio, solo rompía el silencio el búho real con su cantar, mientras esperábamos el amanecer.
     Con el clareo de las primeras luces, pudimos ver la primera ave que hizo su aparición en el muladar, una hembra de colirrojo tizón que se posó sobre el cadáver del ciervo. Sopló el aire con cierto vigor, el rato posterior a la salida del sol que bañaba de luz las altas lomas, pero no hacía demasiado frío. Un par de zorzales se posaron en las partes altas del las encinas, mientras ya podíamos ver los buitres leonados posados en los cercanos riscos. Despegaron los primeros, pero pasaron de largo. Escuchamos al águila imperial, y también a los cuervos, pero todavía no había entrado nada al muladar. Los bandos de palomas también pasaban cerca. Unos aviones roqueros revolotearon por allí. Otro grupo de buitres cicleó sobre el muladar, pero altos, antes de alejarse, mientras una lavandera cascadeña se afanaba en la caza de insectos entorno a la carroña.
     El grueso de colonia de buitres leonados, junto algún negro, volaba, desfilando hacia otra parte. El vuelo bajo de una joven águila real junto a un viejo buitre negro sobre el muladar, creó el primer momento de gran expectación en el grupo que aguardaba que llegara a posarse alguna gran rapaz a tiro de sus objetivos fotográficos. Poco después un par de buitres leonados, dieron unas vueltas sobre el muladar, volando bajo, pero también se fueron.

Águila Imperial joven, sobre la copa de una encina

     A nuestras espaldas podían oírse los arrendajos, y mientras uno de estos córvidos se entretenía en picotear un trozo de carne en un posadero de una encina seca, se dejó caer el águila imperial, que vino a pararse sobre la copa de una encina. Era un ejemplar joven que permaneció bastante rato en el sitio que eligió de posadero, mientras simultáneamente unos milanos reales comenzaron a sobrevolarnos. Y solo cuando el águila se fue, se dedicaron los milanos a dar pasadas y hacer picados para tratar de coger con sus garras algún trozo de carne. Solo un milano se atrevió a aterrizar en el suelo, aunque por un breve momento, tras llevarse un jirón de carne. Entre tanto un joven buitre negro se paró cerca del muladar, lejos del hide, pero después de un rato se acabo marchando.
     Se sucedió el rato de actividad de las rapaces, con la calma, en el que el grupo deparaba entonces en los colirrojos tizones y los arrendajos que visitaban el muladar. Alguna paloma se adentraba en el interior de las copas de las encinas del interior del recinto acotado, mientras que de vez en cuando, algún que otro zorzal pasaba volando. También se acercaron los primeros rabilargos, que expulsaron a la lavandera cascadeña de las inmediaciones de la carroña. De todos modos, a la cascadeña le salió otro competidor más directo. Una lavandera blanca, ligeramente más grande, que también se dedicaba a capturar insectos, alejaba a la cascadeña de su lado, allá donde iba. Se oían a las perdices por detrás de nuestra posición. Un cernícalo pasó raudo sobre el muladar. Y llegó el primer cuervo, a posarse sobre una encina, desde donde emitía su llamada, hasta que poco después apareció su compañero.

El vuelo de una joven Águila Real

     De repente los rabilargos y los arrendajos desaparecieron. Y del cielo cayó una joven águila real, que en seguida se vio acosada por la pareja de cuervos, hasta posarse en interior de la frondosa copa de una encina. No podíamos verla, pero sabíamos que estaba allí. Los rabilargos, los arrendajos y uno de los cuervos marcaban su posición con sus voces de alarma. Pero el águila trepó con un aleteo hasta la percha superior de la encina, coronándola, y descubriéndose ante nuestra atónita mirada. Y desde ahí se tiró al suelo, donde anduvo y estuvo picoteando los viejos esqueletos. Alzó el vuelo para intentar apostarse en un posadero, la rama seca de una encina, pero el lance de los cuervos puso al gigante alado en retirada.

Deslizándose planeando
Aterrizando






























     Pero no esperamos mucho tiempo, cuando la joven águila imperial vuelve aparecer, parándose directamente en el suelo, bajo una encina. Y casi a la vez llegó otra vez la joven real, que fue a colocarse frente a la imperial. Los retoños de otra encina que teníamos delante no nos dejaron ver con claridad la breve escaramuza, que acabó abandonado la imperial para posarse sobre la copa de una encina. La real imitó a su competidora, apostándose en otra encina. Y en una tercera encina, la pareja de cuervos estaba tan pendiente de las águilas como nosotros. Más impaciente que la imperial, la real cambia de encina, a lo que los cuervos responden arrojándose en picado sobre ella, en el corto trayecto. Las águilas permanecieron tranquilamente sobre sendas encinas durante un largo rato. La primera en irse fue la real, y bastante después hizo lo mismo la imperial.


Levantando el vuelo
Increpada por un cuervo






























     Los milanos también retornaron con sus acrobacias aéreas, sus virajes y sus picados para llevarse algún pedazo de carne consigo. El cernícalo también volvió a aparecer por allí. Un nuevo visitante fue la abubilla, prospectando el suelo. Los cuervos siguieron por allí, y bajando a recoger trozos de carne sueltos. Los arrendajos pasaban y parecían pararse por curiosear. Los rabilargos iban y venían sobre la carcasa del ciervo. Los colirrojos tizones se dedicaban a capturar insectos, sin que mediasen enfrentamientos con las dos lavanderas. Y el desfile de buitres comenzó de nuevo, esta vez en dirección al roquedo.
     Entrada la tarde, cuando ya no se espera que llegue ningún comensal del muladar, avisamos al guarda para que viniese a buscarnos. Es muy importante seguir este procedimiento, pues aunque aparentemente no haya ningún ave cerca, si alguna llega a detectarnos salir directamente desde el hide, podría recelar. Antes de salir de la finca pudimos ver tres abubillas, unos ciervos, un gavilán y algunos muflones. Por la carretera vimos los estorninos congregados en los cables de los tendidos eléctricos, un par de cigüeñas en los campos, más un par de ratoneros sobre sendos postes de las dehesas del Valle de los Pedroches.

Fotografías: gentileza de Julen Gayarre y Luke Massey.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nissus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)

martes, 28 de mayo de 2013

DE LA CAMPIÑA OLIVARERA A LA CALDERA DE LOS CARACOLES

     Con la idea de revisar el sendero del Pinar de Cánava previamente a la actividad de Educación Ambiental que en unos días realizaremos, ayer Azu y yo nos desplazamos hasta allí en su furgo. Además de comprobar su estado, queríamos ver las posibilidades que ofrece para el desempeño de las actividades previstas, y el tiempo que se tarda en llegar hasta la Caldera de los Caracoles, el fin del sendero.
    Tanto el camino hasta llegar a Jimena, donde da inicio el sendero, pasando por la campiña olivarera, de vez en cuando interrumpida por algún sembrado de cereal, como el camino del propio sendero, nos dieron la posibilidad de observar diversas aves. Fuimos a la ida dirección Úbeda, y de allí hasta Jimena, pasando por Jódar. Los cernícalos comunes volaban acercándonos a Linares, y pasada esta ciudad lo hacía algún que otro aguilucho cenizo sobre los campos de cereal. Posadas en los tendidos eléctricos aparecían algunas palomas torcaces, y en un número bastante más reducido unas pocas tórtolas comunes, pero entre ellas fue la azul carraca el ave que más interés suscitó poder ver, por desgracia solo de pasada, sin tener la posibilidad de parar a contemplarla por ir por una carretera nacional. Más adelante, vimos el águila culebrera planeando sobre el olivar.

Cascada

     En cuanto llegamos a Jimena, empezamos a recorrer el sendero, deteniéndonos a observar el variado mosaico de plantas con flores que circundan la pista, las cascadas y las cárcavas por las que corre la abundante agua caída este mes de mayo, y por supuesto los pájaros. Así, al comienzo de nuestro paseo, en el cercano roquedo podíamos ver revolotear el pequeño bando de palomas bravías, junto a sus vecinas, las grajillas. Altos volaban los vencejos bajo el cielo grisáceo, con su incesante griterío. Se puede decir que intercambiamos nuestros conocimientos. Azu me mostraba y me explicaba sobre las plantas que aparecían en nuestro recorrido, y yo le enseñaba lo que sabía sobre los pájaros que íbamos viendo.

Pastizal

Roquedo

     Subiendo, nos detuvimos un rato a ver el pastizal mecido por la brisa, que producía verdes olas que ascendían por la ladera hasta romperse donde afloraban las rocas. Pronto empezamos a escuchar los cantos de los carboneros y los pinzones al adentrarnos en el pequeño bosque de grandes y torturados pinos carrascos, y que al esperarnos un poco, conseguíamos descubrir moviéndose entre las ramas. Los arrullos de la paloma torcaz también resonaban en el pinar. Un alarmado mirlo voló bajo, entre las coscojas.
     Más arriba del pinar vuelve a aparecer una plantación de olivar, que hay que atravesar para llegar a Los Caracoles, construcciones de piedra que moraron los antiguos canteros del lugar, levantadas con los guijarros de roca que allí mismo encontraban. Podíamos escuchar cantar a los verdecillos, mientras un azul macho de roquero solitario se dejaba ver claramente posado en unas rocas del entorno.

Los Caracoles

     Dilatamos el tiempo todo lo posible en nuestro entretenido paseo de reconocimiento, pero debíamos volver. Aunque ello tampoco evitó que nos dedicásemos el tiempo que consideráramos oportuno en cualquier otra parada que improvisáramos. Así lo hicimos al volver a pasar por el pinar, donde nos entretuvimos un rato observando a placer a unos escribanos montesinos. También volvimos a ver a los pinzones.
      Así mismo, el camino de regreso a Andújar nos dio muchas posibilidades de ver más aves, algunas ya vistas, más otras nuevas especies. Cambiamos ahora la ruta, y fuimos dirección Jaén. Además de palomas, antes de llegar a Mancha Real pudimos ver una abubilla, cuervos y un milano negro. Pero el grueso de nuestros avistamientos está entre Jaén y Andújar. Pasar junto a una laguna en medio del olivar, que a pesar de su marcada estacionalidad se encuentra ahora llena de agua gracias a las generosas lluvias, nos permitió ver, aunque en reducido número, ánades reales, cigüeñuelas y avocetas. No muy lejos, y en corto trecho vimos al ratonero sobre un poste, unos cuantos cernícalos primillas volando sobre unas despejadas colinas, y el paso migratorio prenupcial de unos pocos halcones abejeros.

(*) Fotografías: gentileza de Azucena Roa.


Lista de Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Cernícalo Primilla (Falco naumanni)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Carraca Europea (Coracias garrulus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)

lunes, 24 de diciembre de 2012

CARROÑADA

     En un muladar de Ciudad Real, ubicado en la Sierra Morena oriental, asistí ayer a mi primera carroñada, donde tomé mis primeras fotografías de fauna silvestre, a los comensales del festín, que no solo fueron buitres. Todo gracias a José Luis Ojeda, quien me llevó allí como parte de nuestro trabajo de campo (con los pertinentes permisos en regla, tanto de la Administración Pública, como del propietario de la finca privada), quien me prestó la cámara y con quien compartí esta jornada campera.

Águila Imperial Ibérica

     Antes de las 6.00 de la mañana nos pusimos en marcha, pues teníamos una hora aproximadamente de camino por delante, y debíamos entrar en el hide antes de las primeras luces del alba, para evitar ser vistos por los buitres. Recorriendo los carriles interiores de la finca que conducen al muladar se nos cruzó un pequeño lirón careto, aún activo en el primer día del invierno. Lo cierto es que el día fue soleado, y apenas hizo frío.
     En plena oscuridad entramos en el hide, y desde el interior de su habitáculo, en las 12 horas que allí permanecimos, vimos levantarse el día, y así mismo ponerse, cuando la noche volvió a cubrir con su oscuro manto los montes mariánicos. La cogujada montesina cantaba temprano, con la primera claridad del día. Y con esa misma claridad, cuando todavía la luz no había alcanzado el fondo del valle donde nos encontrábamos, descubrimos que ya había buitres esperando la pitanza, un viejo negro entre unos pocos leonados.

Buitre Leonado y Buitre Negro

     Parecía que la carroña se hacía de rogar, y a nosotros empezaba a invadirnos cierta sensación de impaciencia, y mientras seguía nuestra espera, llegó otro buitre leonado a posarse en una encina. No podíamos arriesgarnos a hacerles fotos sin que estuvieran comiendo, pues podían desconfiar, o ahuyentarlos. Otros buitres permanecían a la espera posados en el suelo, pero fuera del muladar. Entre las ramas de las encinas también se movían unos estorninos negros, haciendo distintas imitaciones de otros cantos de aves que incluso llegaron a confundirnos. También llegaban a nuestros oídos los ásperos graznidos de los arrendajos que pululaban entre los quejigos a la espalda del hide. Algunos buitres más madrugadores, y quizás también los más hambrientos, habían levantado su pesado vuelo, y daban vueltas sobre el muladar. Los rabilargos también habían empezado a prospectar el terreno, así como una pareja de cuervos, que posados en la rama alta de una encina, se acicalaban en demostración de su amor corvino. Y sobre el muladar también voló una joven águila imperial.

Pareja de Cuervos, acicalándose

      Por fin llegó el guarda, y dejó los despojos de los ciervos donde le indicó José Luis. No tardaron mucho en llegar los primeros comensales, que tal y como describen los libros de Ciencia, fueron los córvidos, que con sus plumajes fanéricos llamaron la atención de los buitres. Los córvidos que aquí reclamaron a los buitres fueron los rabilargos, y como si de una cascada se tratara, los buitres que había fuera del muladar despegaron para volver a tomar tierra cerca de los restos de los venados, mientras del cielo se precipitaban los que antes cicleaban, y a su vez atraían como imanes a los que aún permanecían en la buitrera cercana. La joven imperial volvió a dar una pasada sobre el lugar, y la pareja de cuervos también regresó.

Buitres Leonados oteando desde la copa de una encina

Más Buitres Leonados que Negros esperando para comer





























     Pero la guinda del pastel la puso otro comensal que acudió al festín de vísceras. Una maravilla alada que cayó del cielo, y con su canto nos anunció su llegada al posarse en la rama más alta de una encina. Un águila imperial adulta que estuvo unos 4 minutos apostada a tan solo 35 metros de nosotros. Algo más tarde también se paró la joven imperial en otra encina del muladar, pero no podíamos verla. Escuchamos en varias ocasiones a lo largo del día los reclamos de la pareja de adultos, a los que también vimos sobrevolar el muladar, pero no volvieron a posarse por allí cerca.

Ejemplar adulto de Águila Imperial

     Entre tanto los buitres iban y venían durante todo el día, y las horas pasaban léntamente. Recelaban de comer más allá de algunos despojos sueltos. Parecían esperar al que alguno, el más hambriento, se atreviera a hincar su pico en la carne, pero cuando alguno lo intentaba, estallaba el duelo vultino. Los dominantes del grupo de buitres comunes, no permitían a sus congéneres comer. Abrían las alas y alzaban una de sus patas en actitud amenazante. Los negros, numéricamente muy inferiores a los leonados, se entremezclaban con ellos, pero sin obedecer sus protocolos.
 

Buitre Leonado en actitud de amenaza

Avalanzándose sobre una cabeza de ciervo
Comiendo













     Muy altas, en el cielo planearon junto a los buitres una pareja de cigüeñas comunes. Las chovas piquirrojas también se escuchaban al sobrevolar el muladar, incluso una se posó a lo lejos, al otro extremo de donde estábamos, pero no se acercó a la carroña. En las primeras horas de la tarde se oía el canto de las perdices, y una se aventuró a cruzar el muladar, picoteando entre la hierba. Más tarde también lo hizo una abubilla que afanosamente sondeaba el terreno en búsqueda de los invertebrados con los que se nutre.

Abubilla

     Y cuando al anochecer salíamos de la finca, pudimos ver ciervos, un zorro y muflones. Por la carretera, de vuelta, también se nos cruzó otro zorro.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Lirón Careto (Eliomys quercinus lusitanicus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) 
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)