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domingo, 11 de enero de 2015

AGUARDO EN EL HIDE DEL MULADAR

     En un rincón de las estribaciones de Sierra Madrona hay un muladar, desde donde a través de las ventanas de un hide, tuve una apasionante vivencia campera hace un par de días. Fui testigo de unas espectaculares secuencias que tuvieron por protagonistas a las aves necrófagas, como si estuviera visionando un documental, que aquí narro lejos de la elocuencia de haberlo podido presenciar en directo.
     En camino, por la noche, se nos cruzó un ratón en la carretera. Circulando ya por los carriles interiores de la finca, vimos una liebre con las luces de la furgoneta, e intuimos las siluetas de unos ciervos en la oscuridad, bajo el resplandor de la luna decreciente. Una vez colocados en el interior del hide, cada cual en su sitio, solo rompía el silencio el búho real con su cantar, mientras esperábamos el amanecer.
     Con el clareo de las primeras luces, pudimos ver la primera ave que hizo su aparición en el muladar, una hembra de colirrojo tizón que se posó sobre el cadáver del ciervo. Sopló el aire con cierto vigor, el rato posterior a la salida del sol que bañaba de luz las altas lomas, pero no hacía demasiado frío. Un par de zorzales se posaron en las partes altas del las encinas, mientras ya podíamos ver los buitres leonados posados en los cercanos riscos. Despegaron los primeros, pero pasaron de largo. Escuchamos al águila imperial, y también a los cuervos, pero todavía no había entrado nada al muladar. Los bandos de palomas también pasaban cerca. Unos aviones roqueros revolotearon por allí. Otro grupo de buitres cicleó sobre el muladar, pero altos, antes de alejarse, mientras una lavandera cascadeña se afanaba en la caza de insectos entorno a la carroña.
     El grueso de colonia de buitres leonados, junto algún negro, volaba, desfilando hacia otra parte. El vuelo bajo de una joven águila real junto a un viejo buitre negro sobre el muladar, creó el primer momento de gran expectación en el grupo que aguardaba que llegara a posarse alguna gran rapaz a tiro de sus objetivos fotográficos. Poco después un par de buitres leonados, dieron unas vueltas sobre el muladar, volando bajo, pero también se fueron.

Águila Imperial joven, sobre la copa de una encina

     A nuestras espaldas podían oírse los arrendajos, y mientras uno de estos córvidos se entretenía en picotear un trozo de carne en un posadero de una encina seca, se dejó caer el águila imperial, que vino a pararse sobre la copa de una encina. Era un ejemplar joven que permaneció bastante rato en el sitio que eligió de posadero, mientras simultáneamente unos milanos reales comenzaron a sobrevolarnos. Y solo cuando el águila se fue, se dedicaron los milanos a dar pasadas y hacer picados para tratar de coger con sus garras algún trozo de carne. Solo un milano se atrevió a aterrizar en el suelo, aunque por un breve momento, tras llevarse un jirón de carne. Entre tanto un joven buitre negro se paró cerca del muladar, lejos del hide, pero después de un rato se acabo marchando.
     Se sucedió el rato de actividad de las rapaces, con la calma, en el que el grupo deparaba entonces en los colirrojos tizones y los arrendajos que visitaban el muladar. Alguna paloma se adentraba en el interior de las copas de las encinas del interior del recinto acotado, mientras que de vez en cuando, algún que otro zorzal pasaba volando. También se acercaron los primeros rabilargos, que expulsaron a la lavandera cascadeña de las inmediaciones de la carroña. De todos modos, a la cascadeña le salió otro competidor más directo. Una lavandera blanca, ligeramente más grande, que también se dedicaba a capturar insectos, alejaba a la cascadeña de su lado, allá donde iba. Se oían a las perdices por detrás de nuestra posición. Un cernícalo pasó raudo sobre el muladar. Y llegó el primer cuervo, a posarse sobre una encina, desde donde emitía su llamada, hasta que poco después apareció su compañero.

El vuelo de una joven Águila Real

     De repente los rabilargos y los arrendajos desaparecieron. Y del cielo cayó una joven águila real, que en seguida se vio acosada por la pareja de cuervos, hasta posarse en interior de la frondosa copa de una encina. No podíamos verla, pero sabíamos que estaba allí. Los rabilargos, los arrendajos y uno de los cuervos marcaban su posición con sus voces de alarma. Pero el águila trepó con un aleteo hasta la percha superior de la encina, coronándola, y descubriéndose ante nuestra atónita mirada. Y desde ahí se tiró al suelo, donde anduvo y estuvo picoteando los viejos esqueletos. Alzó el vuelo para intentar apostarse en un posadero, la rama seca de una encina, pero el lance de los cuervos puso al gigante alado en retirada.

Deslizándose planeando
Aterrizando






























     Pero no esperamos mucho tiempo, cuando la joven águila imperial vuelve aparecer, parándose directamente en el suelo, bajo una encina. Y casi a la vez llegó otra vez la joven real, que fue a colocarse frente a la imperial. Los retoños de otra encina que teníamos delante no nos dejaron ver con claridad la breve escaramuza, que acabó abandonado la imperial para posarse sobre la copa de una encina. La real imitó a su competidora, apostándose en otra encina. Y en una tercera encina, la pareja de cuervos estaba tan pendiente de las águilas como nosotros. Más impaciente que la imperial, la real cambia de encina, a lo que los cuervos responden arrojándose en picado sobre ella, en el corto trayecto. Las águilas permanecieron tranquilamente sobre sendas encinas durante un largo rato. La primera en irse fue la real, y bastante después hizo lo mismo la imperial.


Levantando el vuelo
Increpada por un cuervo






























     Los milanos también retornaron con sus acrobacias aéreas, sus virajes y sus picados para llevarse algún pedazo de carne consigo. El cernícalo también volvió a aparecer por allí. Un nuevo visitante fue la abubilla, prospectando el suelo. Los cuervos siguieron por allí, y bajando a recoger trozos de carne sueltos. Los arrendajos pasaban y parecían pararse por curiosear. Los rabilargos iban y venían sobre la carcasa del ciervo. Los colirrojos tizones se dedicaban a capturar insectos, sin que mediasen enfrentamientos con las dos lavanderas. Y el desfile de buitres comenzó de nuevo, esta vez en dirección al roquedo.
     Entrada la tarde, cuando ya no se espera que llegue ningún comensal del muladar, avisamos al guarda para que viniese a buscarnos. Es muy importante seguir este procedimiento, pues aunque aparentemente no haya ningún ave cerca, si alguna llega a detectarnos salir directamente desde el hide, podría recelar. Antes de salir de la finca pudimos ver tres abubillas, unos ciervos, un gavilán y algunos muflones. Por la carretera vimos los estorninos congregados en los cables de los tendidos eléctricos, un par de cigüeñas en los campos, más un par de ratoneros sobre sendos postes de las dehesas del Valle de los Pedroches.

Fotografías: gentileza de Julen Gayarre y Luke Massey.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nissus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

ÚLTIMA JORNADA DE CAMPO DEL AÑO EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Un año más termino pasando sus últimos días en el monte, en la cercana Sierra de Andújar. Nunca hay dos días iguales en el campo, aun estando en los mismos lugares e incluso repitiendo en las mismas horas. Siempre se puede observar algo diferente. De estos últimos días, destaco el de hoy, en el que hemos apurado al máximo las horas de luz.
     Avanzando lentamente por las dehesas podían verse urracas, rabilargos, palomas y perdices moviéndose agrupadas. Nos detuvimos un momento al escuchar a las urracas, pero como en muchos casos, no marcaban nada.
     También aparecían los conejos, que a lo sumo eran dos los que podían verse juntos. La mayoría en solitario, denotando la triste realidad que han dejado tras de si las enfermedades que han diezmado las poblaciones del lagomorfo que era tan común antaño. Sin conejos en el monte, sus depredadores habituales se ven avocados a buscar fuentes de alimento alternativas, entrando en conflicto con intereses humanos, o ampliar sus territorios y dispersarse más. Esta es la principal causa que hayamos cerrado un año tan catastrófico para el lince ibérico, con la fatídica cifra de 27 muertes por causas no naturales… que se sepa, según datos oficiales. Principalmente han sido atropellos, pero también ha habido algún ejemplar que se ha dejado la vida en la trampa o en el tiro de escopeta de algún desaprensivo cazador. También por la caza los ciervos se mostraban bastante huidizos.
     Las totovías, invisibles en el suelo, no se descubrían hasta que no levantaban el vuelo, o bien cuando emitían su melódico canto. Entre las apretadas zarzas que crecen junto al río se escuchaba al petirrojo, que de vez en cuando se descubría. Un cormorán pasó volando siguiendo el curso del río. Entre los deshojados fresnos podía oírse los reclamos del pico picapinos, que no vimos hasta que no emprendió su ondulante vuelo. La hierba crujía con nuestros pasos, y en lugar de mostrar flexibilidad, estaba rígida debido a la escarcha.
     Subimos hasta una alta loma desde donde oteamos el terreno un rato. Vimos pasar unos ciervos, que se desplazaban apresurados, tal vez asustados por tres perros que parecían extraviados, que habíamos visto momentos antes. La presencia de estos animales en el monte, bien perdidos en tras las monterías, o abandonados directamente por sus dueños, provoca serios perjuicios en las especies silvestres y en el ganado doméstico. Pasaron también algunas palomas, y un arrendajo que se metió en la copa de un pino.
     Bajamos hacia las dehesas, por un umbrío barranco donde el bosque mediterráneo alcanza su máximo esplendor con las siempre verdes encinas y los ahora dorados quejigos, mezclado los madroños de hojas de verde brillante y sus vistosos frutos rojos, los verdes oscuros del mirto, del agracejo o del lentisco, y las rojas cornicabras, ofreciendo a la vista un hermoso contraste cromático. En esta vaguada hay rincones donde no penetran los rayos de sol en todo el día, blancos por el hielo, de la escarcha que se acumula de un día para otro. En las dehesas, donde la vegetación no es tan apretada como en el barranco, podían verse fácilmente las urracas, los rabilargos y las perdices. La observación de los conejos repetía prácticamente en los mismos sitios.
     Tras hacer un recorrido prospectando las dehesas bajas, volvemos a dirigirnos a otro punto en las partes altas, desde donde otear el terreno. Un par de zorzales cambiaron su rumbo a descubrir nuestra posición. Pasado el medio día, me aposté contra una roca de granito en una ladera, desde donde tener una cómoda perspectiva. En un momento que me dio por volver la mirada atrás descubro una enorme serpiente que se arrastra detrás de mí. Pero lo que me desconcierta es que no logro identificarla claramente, por presentar una librea negra que no me es familiar entre las especies de ofidios propias de aquí. De hecho, hasta barajé la posibilidad que pudiera tratarse de una especie exótica, mientras me inclinaba sobre ella para poder verle la cabeza. Cuando consigo vérsela, concluyo que se trata de una culebra de herradura, inusualmente negra, en la que casi resultaban inapreciables las manchas que lucen los ejemplares ibéricos. Este diseño es más característico de los individuos norteafricanos. Sobrepasaba el metro de longitud, pero también resultaba sorprendente que estuviera activa en pleno invierno, que aunque había sido relativamente cálido, desde hace unos días helaba bastante.

Culebra de Herradura

     A la hora del almuerzo hizo su aparición, aunque en la lejanía, el águila imperial. Por la zona empezaron a mostrarse muy activos los pequeños pájaros a primera hora de la tarde. Sobre todo se veían petirrojos y mosquiteros, pero también un pequeño agateador trepando el tronco de un pino, y un reyezuelo que no cesaba de moverse entre las ramas de una encina.
      De vuelta hacia las zonas bajas paramos en un par de lugares, a media altura, a hacer unas breves esperas. Desde el primer sitio donde estuvimos se empezaban a ver ciervos otra vez por las laderas de los montes, más activos por la tarde que por la mañana. Por aquí se oyeron jilgueros. También se oyó al águila imperial, y poco más tarde apareció para posarse sobre la horrible estructura metálica de una torreta eléctrica. En el segundo sitio donde paramos veíamos los prados de las dehesas ya en penumbra, por donde también había ya algún ciervo pastando. Un grupo de urracas se concentraba en un sitio, emitiendo su alarma, pero de nuevo no señalaban nada. También se dejaron oír los pitidos del pito real y el reclamo del herrerillo.
     Llegamos hasta la inmediación del río, donde poco a poco se nos hizo de noche, en una espera en el interior del coche. Se escuchaban los reclamos de petirrojos, del chochín y de la curruca cabecinegra. También se oyó graznar una garza real. Con la oscuridad, empezaron a oírse los reclamos de los mirlos. Con su pesado vuelo, la negra silueta de un búho real surcó el cielo hasta posarse en una torreta eléctrica. Con el telescopio pudimos apreciar con algo más de detalle, tanto como nos permitía la poca luz que ya quedaba, al compacto búho, que llegó a ulular. Mientras, también empezó el cárabo a hacerlo desde el bosque de ribera. Y desde la lejanía, también llegaron a nuestros oídos los ladridos de un zorro.
     Recorriendo los caminos, en dirección a la carretera, se nos cruzaron tres gamos, vimos más ciervos, los conejos parecían más activos de noche, y finalmente también se atrevió a atravesar el caminote lado a lado un pequeño ratón.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Reyezuelo Listado (Regulus ignicapilla)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)

miércoles, 2 de enero de 2013

VIAJE EXPRES A LAS TABLAS DE DAIMIEL

     Invitado por mi amiga Eva Marín, comenzamos el nuevo año con una escapada a las Tablas de Daimiel. Entre los asistentes se encontraban caras conocidas como las de Javi Moreno, Isa Periera, Javi Ramírez, Paqui Jódar y Jesús García, a quienes no veía desde mayo del año pasado. Y una grata sorpresa, reencontrarme con Rosa Armenteros, una compañera del Voluntariado del lince del verano del 2004, a la que no veía desde entonces. Igualmente positivo fue conocer gente nueva. Un verdadero lujo haber podido recorrer los itinerarios de las Tablas en tan buena compañía, con los que compartir impresiones y observaciones de campo que aquí relato.
 

Las Tablas de Daimiel vistas al atardecer

     La mañana del primer día del año amanecía cubierta de nubes por la borrasca que barría el cielo, y húmeda por la tenue llovizna que se precipitaba sobre la campiña olivarera que rodeaba la gasolinera donde esperaba a Eva y a los demás. Temía que el día en las Tablas fuera pasado por agua, mientras un carbonero parecía que clamaba a la lluvia emitiendo su característica estrofa “aguaquí aguaquí…”. Pero aunque el día no llegó a abrir totalmente, tampoco llovió.
     Llegando a Despeñaperros se dejó ver un rabilargo que volaba junto a la autovía. Posado en una roca, se recortaba la silueta del ratonero, y al entrar en uno de los túneles de Despeñaperros un buitre planeaba bajo. Recorriendo la meseta manchega empiezan a verse urracas y estorninos cerca de la autovía, posados en postes o en cables del tendido eléctrico, y del mismo asfalto despegaban algunos gorriones al acercarnos. Un milano real sobrevoló la autovía. Aproximándonos a nuestro destino vimos tres cernícalos y otro ratonero más. Cada vez más cerca de las Tablas, además de gorriones y estorninos, se veían los bandos de jilgueros recorriendo los llanos campos aledaños a la carretera, y las primeras grullas, surcando el cielo gris, nos anuncian que ya estábamos al lado de las Tablas de Daimiel.

Las Tablas de Daimiel

     Nuestra primera parada fue en el puente que cruza el Río Guadiana, donde destacaban las oscuras fochas que nadaban sobre sus aguas, y las gallinetas que prospectan las orillas. También había unos pocos cormoranes allí presentes, al igual que un concentrado bando de gaviotas sombrías sobre la superficie del agua, ocupando una parcela concreta, que parecía claramente definida. Y sobre un taray en medio del río, se posó una lavandera blanca.
     Pasado el medio día llegamos a nuestro destino, el Parque Nacional, donde nuestro primer objetivo fue acercarnos a la Laguna de Aclimatación, en la que hay ejemplares de distintas especies de anátidas y rálidas que se tratan de recuperar para devolverlos a la libertad. Pero las únicas aves que entran y salen de aquel recinto son los pequeños gorriones que se cuelan por la malla que cubre la laguna. Y a través de la malla, vimos al primer aguilucho lagunero que volaba fuera.
     A continuación hicimos un itinerario a través de las islas de las Tablas. El nivel de agua no estaba demasiado alto. Era fácil descubrir a las fochas en el agua, o a las gallinetas recorriendo las orillas. Desde una pasarela podían apreciarse un número considerable de ánades frisos, y también un par de machos de cerceta común. Desde uno de los observatorios descubrimos al gallo azul de nuestras zonas húmedas: el calamón, que utilizando sus enormes pies a modo de manos, agarraba los rizomas con los que se nutre.

Pareja de Ánades Frisos

     Más lejanas, aparecían las grullas en las dehesas del fondo, y sobre las mismas, cicleaban las cigüeñas. Los ánsares, las garzas reales y los cormoranes también los vimos de lejos, en las lagunas del fondo. Los aguiluchos laguneros y las gaviotas daban pasadas sobre aquellas áreas inundadas.
     Entre los secos tallos de la vegetación palustre se movían los mosquiteros, y de vez en cuando era posible ver alguna tarabilla posada en lo más alto de esos mismos tallos. En las islas, en tierra firme, crecen a modo de bosques grandes tarajes que cobijan urracas, palomas torcaces, petirrojos y mirlos. También se ven sobre el terreno las hozaduras de los jabalíes, y por las pasarelas se podía observar excrementos de zorro.
     Cuando llegamos a los aparcamientos, a coger nuestro almuerzo, el colirrojo tizón se mostraba con confianza. Un herrerillo que cantaba por allí, se descubrió al volar. Y de camino al área recreativa donde comimos, vimos una gran liebre por las inmediaciones, y alguna que otra tórtola turca.

Las secas espadañas ocupan las orillas de las lagunas

     Después de comer, para aprovechar el tiempo de las primeras horas de la tarde, antes de asistir al gran espectáculo de la llegada de las grullas, fuimos hasta la Torre de Prado Ancho. En el camino varias paradas obligadas, para disfrutar del maravilloso entorno que nos rodea. Desde uno de los observatorios, pudimos ver de cerca un pequeño grupo de ánsares que comisqueaban sobre el barro de una zona que estuvo encharcada hasta hace no mucho tiempo. Y donde aún quedaba algo de agua, nadan cinco hembras de pato cuchara. Otros ánsares volaban cerca, dejándonos escucharlos.
    El grupo ya se había disgregado un poco, y mientras algunos ya habían llegado a la Torre de Prado Ancho, otros, los más rezagados, nos tomábamos el paseo con calma. Destacaban los trigueros que se detectaban con facilidad por su canto inconfundible, e igualmente se veían posados en lo más alto de un cardo, o eran fáciles de descubrir entre las desnudas ramas de los tarajes del camino.
     Un zorro nos obligó a detenernos en seco, y el raposo no huyó, si no que incluso hasta se nos acercó. En el tiempo que nos dejó observarlo, nos mostró algunas de las facetas de su vida cotidiana, y así marcó con la orina el borde de un camino, mordisqueó un junco permitiéndome verle con los prismáticos los caninos, y por último nos enseñó como caza, dirigiendo sus pabellones auditivos hacia la presa como si fueran rádares, con la cola izada cubierta del lustroso pelaje invernal y flexionado las patas traseras para abalanzarse de un certero salto sobre su víctima. No falló, pero tampoco vimos que se llevaba en la boca, aunque por su tamaño más bien pequeño, presumiblemente se tratara de algún roedor.

Zorro

     Caía la tarde y las grullas pronto llegarían. Con cierta celeridad hicimos el camino de vuelta, del que nos salió una liebre que tenía el encame cerca del camino, y corrió campo a través hasta desaparecer de nuestra vista. Con el grupo disgregado, unos acabaron en la Laguna Permanente y otros fuimos a la Isla del Pan para ver llegar a las grullas. Mientras aún caminaba, puede ver el grueso de las grullas, como un caudal que recorría el cielo del atardecer, que anunciaba su llegada emitiendo su sonido de trompeta.
     Desde la Isla del Pan seguimos viendo la llegada de más grullas, pero ya repartidas en pequeños bandos. Entre el sonido de las grullas se mezclaba con el las urracas que también tienen su dormidero en las Tablas de Daimiel. Mientras el sol se ocultaba tras el horizonte, y el juego de luces de la fría tarde de invierno, pintaba el cielo de preciosas tonalidades que contrastaban con las oscuras y sombrías nubes, comenzaba a ulular el búho real. De vez en cuando también se escuchaban los graznidos de la garza real.

La llegada de las grullas al atardecer en las Tablas de Daimiel

(*) Fotografías: gentileza de Paqui Jódar y Javier Ramírez (orden alfabético).


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánsar Común (Anser anser)
  • Ánade Friso (Anas strepera)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Cerceta Común (Anas crecca)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Calamón Común (Porphyrio porphyrio)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Grulla Común (Grus grus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)

jueves, 29 de marzo de 2012

SALIDA POR LA CAMPIÑA DEL SUROESTE JIENNENSE

     Esta mañana hemos estado Raimundo y yo recorriendo los campos suroccidentales de Jaén. La jornada no ha podido ser mejor. En algo de más de tres horas hemos tenido avistamientos muy interesantes de aves esteparias.
     Al salir de Andújar y cruzar el Guadalquivir, pasaron volando sobre la carretera tres ánades reales, y una cigüeña. A medio camino me topé con unos cuervos y ya no tuve ningún avistamiento hasta casi llegar a Torre del Campo, donde vi un ratonero apostado en las ruinas de un cortijo. Tras recoger a Raimundo, salimos en dirección a Santiago de Calatrava. Además de un cernícalo posado en un poste, resultaba fácil descubrir entre los olivos conejos, mirlos y perdices. También pudimos ver tres golondrinas dáuricas y algunas tórtolas turcas posadas en los tendidos eléctricos. Y desde el asfalto despegaban las cogujadas para aterrizar en los campos conforme avanzábamos.
     Nos detuvimos junto a un cortado rocoso prospectado por grajillas y palomas bravías. No tardamos en descubrir a unos conejos que también se movían en sus inmediaciones. Afinando más la búsqueda, logré ver unas currucas capirotadas en un olivo próximo, pero Raimundo localizó un objetivo más llamativo. Se trataba de un búho real que dormitaba en una repisa, en la parte más sombría del talud rocoso. No nos acercamos, para evitar molestarlo. Durante el rato que permanecimos observándolo, pasó un cernícalo.
     Seguimos nuestro recorrido, viendo algunos verderones cantando desde lo alto de los olivos, y algunos pequeños bandos de los coloridos jilgueros. Al pasar por un verde campo de cereal no tarda en aparecer una hembra de aguilucho cenizo, sobrevolando los verdes pero mermados tallos del cereal, debido a la escasez de lluvia.
     Dejamos la carretera, para meternos por un carril que se adentraba en los campos entre estos campos de cereales, rodeados por olivares. El primer objetivo en el que fijamos los prismáticos fue un ratonero, pero no tardamos en descubrir a una pareja de aguiluchos cenizos. Poco después, varios de ejemplares de este aguilucho volando altos en el cielo, más dos cuervos. Cuando reanudamos la marcha, paramos en seguida, pues aunque algo lejos, entre las esmirriadas briznas del cereal, descubro un macho de avutarda, engalanado con el plumaje nupcial. Aunque más mérito tuvo Raimundo al ver a la hembra, más discreta, caminando sobre el terrizo suelo del olivar inmediato con el que lindaba el sembrado de cereal. Entre los olivos cercanos también vimos una perdiz, y una abubilla que se nos cruzó por delante.
     Después fuimos en dirección hacia Escañuela. Hicimos nuestra última parada junto a un viejo cortijo rodeado por unos eucaliptos para dar un breve paseo. Enseguida nos llamó la atención las impresionantes acrobacias aéreas de los cenizos, acompañadas por un agudo silbido que casi recuerdan más a un limícola, que a una rapaz. También escuchábamos el canto de verdecillos, gorriones y carboneros. Entre los altos y densos pastos secos de un barbecho cercano, fue fácil descubrir a un macho de tarabilla posado en lo más alto del tallo de una herbácea. Algo más lejos, pero con la misma facilidad, se dejó ver un alcaudón común. De entre los olivos levantó el vuelo un pequeño grupo de palomas torcaces. Por el tejado del cortijo se movían unos cuantos gorriones y estorninos, y entre las ramas de los eucaliptos lo hacían unos pocos carboneros.
     Al acercarnos a la sombra de estos árboles, salió de entre el ramaje un búho chico que fue a posarse a la rama baja de otro eucalipto contiguo. Con sumo cuidado nos acercamos hasta poder observarlo, pero no tardó mucho en volver a levantar el vuelo, esta vez buscando un árbol más alejado en el que ocultarse. El vuelo del búho, al descubierto y en pleno día, atrajo sobre si mismo el ataque combinado de una pareja de cernícalos, por lo que pronto hubo de volver a ocultarse entre la espesura de otro árbol. Aunque no deja de ser llamativa la escena que representaron los dos cernícalos picando contra el búho, decidimos no buscar su nuevo escondite para no seguir molestándolo. Los cernícalos también dejaron de acosarlo en cuanto se ocultó, y abandonaron el lugar.

Búho Chico

(*) Fotografía: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avutarda Común (Otis tarda)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tortola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Búho Chico (Asio otus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)

martes, 16 de diciembre de 2008

DE VUELTA POR LAS SIERRAS DE ANDÚJAR, CARDEÑA Y MADRONA Y EL VALLE DE ALCUDIA

     Desde el viernes hasta el domingo estuvimos Víctor y yo de ruta por las Sierras de Andújar, Cardeña, Madrona y Valle de Alcudia.

     Pasado el medio día del viernes fue cuando Víctor llegó. Pero antes de comenzar nuestras rutas serranas, quise enseñarle el Cercado del Ciprés, un parque medioambiental de Andújar que ofrece al visitante una colección botánica de las especies de flora que puede encontrar en nuestra sierra, y donde está ubicada la oficina del Parque Natural.
     Anochece muy pronto a pocos días del solsticio de invierno, así que salimos rápidamente hacia la sierra. Debíamos cubrir una gran distancia hasta llegar al Río de la Cabrera, lugar que pretendía mostrarle a Víctor antes de que oscureciese. Por la carretera veíamos al pasar algunos mirlos y rabilargos. Cuando llegamos al pequeño puente de piedra salimos a andar río arriba, llegando hasta casi las inmediaciones del Rosalejo. El río traía un generoso caudal, y casi se nos hizo de noche mientras bajábamos.

Río de la Cabrera


El Rosalejo


























     Entonces decidimos hacer un recorrido nocturno, y pensando en otras veces que he ido por allí de noche, en la fauna que allí he visto, se me ocurrió bajar hasta el Embalse del Jándula. Pero la naturaleza es caprichosa y los animales no siempre se dejan ver con la misma facilidad ni con la misma frecuencia. Supongo que hay radica parte del encanto que encierra nuestra afición naturalista, salir al campo a no saber que va a pasar, que vamos a ver. Y así hicimos un estéril recorrido en el solo los ojos de algunos venados se encendían al reflejar las luces del coche al pasar cerca de ellos. La noche era de calma, de cielo despejado iluminado por la luna llena, en la que tan solo la potente voz del búho real retumbaba en las agrestes soledades de los alrededores del pantano, rompiendo el silencio. Al atravesar el túnel excavado en el granito vimos algunos murciélagos colgando del techo, y un colirrojo tizón apostado en el nido de una golondrina o de un avión que usaba como dormidero. La suerte no nos cambió volviendo, y tan solo vimos más ciervos, aunque hicimos una parada en el camino para asomarnos a un pozo donde otro colirrojo utilizaba como dormidero el nido de una golondrina.

La luna llena,
tras las ramas desnudas de un fresno,
en una fría noche de invierno.

     El sábado, día central de nuestras salidas camperas, disponíamos de todas sus horas, por lo que aprovechamos para hacer un largo recorrido. Las condiciones meteorológicas estaban de nuestro lado. Tiramos por Marmolejo hasta llegar a Cardeña, para pasar por la sierra. Solo paramos en el cercano Embalse de Marmolejo, y en el Embalse del Yeguas que nos pillaba de paso. Por la arboleda del Guadalquivir, entorno al Embalse de Marmolejo, se movían rabilargos en pequeños bandos, mientras que gorriones y estorninos lo hacían cerca del dique de contención. En las inmediaciones de la presa del Embalse del Yeguas estuvimos viendo una pareja de tarabillas, mientras que en la misma carretera se movían unas lavanderas blancas. Ya no paramos hasta llegar a la Aldea del Cerezo, pero eso no significa que no nos fijásemos en las numerosas urracas y en algunos arrendajos que habitaban las dehesas cordobesas.

Sendero del Río Yeguas
      Por el carril que nos conduciría desde Cardeña hasta la Aldea del Cerezo se incrementaron las observaciones de aves. Las urracas seguían predominando en las dehesas, pero también se veían algunos mirlos y palomas, y de vez en cuando alguna abubilla. Aparcamos en la abandonada aldea, y nos dispusimos a hacer el sendero del Yeguas, para el que previamente habíamos solicitado permiso, antes de comer. Pero sin embargo no hicimos todo el recorrido, hasta llegar al río. Fundamentalmente nos salieron mirlos y arrendajos al paso, bastante escandalosos al levantar el vuelo, y allí donde dimos media vuelta, vimos unos conejos. Algún carbonero también revoloteaba entre las ramas de los chaparros. De regreso a la aldea, almorzamos al aire libre, aunque era algo frío. El tiempo que empleamos en ello nos permitió fijarnos en los pequeños pájaros de los alrededores, carboneros y algún que otro petirrojo.

Aldea del Cerezo















     Nuestro siguiente destino era el Valle de Alcudia, y nuestro objetivo llegar antes de que oscureciera. Moverse por una carretera nacional, a altas velocidades y sin poder pararte, no permite apreciar con detalle el paisaje, que cambiaba casi radicalmente de encinares a pinares al pasar de la Sierra de Cardeña a Madrona. Tampoco te permite hacer observaciones con detenimiento de fauna, pero nada te impide identificar a los siempre reconocibles grandes buitres que volaban por estos lares. Igualmente eran fáciles de ver las urracas y las palomas. Tras pasar el Puerto de Niebla, bajando al Valle de Alcudia vuelven a aparecer los encinares, que poco a poco se van aclarando en dehesas donde andaban las grullas.
     Concretamente íbamos hacia el muladar. Por el carril que nos llevaría hasta el comedero de las grandes aves carroñeras, frecuentaban las bandadas de jilgueros y gorriones. Los estorninos también eran abundantes. Más dispersas aparecían las tarabillas posadas en alguna alambrada, o las lavanderas moviéndose por el suelo. Y un alcaudón real resultó ser muy visible desde el posadero desde donde oteaba. No entramos al muladar, si no que nos limitamos a observar desde la puerta la infinidad de buitres leonados allí congregados. Aunque lo hubiera, no llegamos a descubrir a otra especie de carroñera alada que no fuera el buitre leonado. Volvimos a la carretera para contemplar el muladar desde otro ángulo, y tampoco conseguimos nada. Solo había buitres leonados posados, bien en el suelo, bien en las encinas. Seguimos un rato más circulando por la carretera que lleva a Almadén, por ver el páramo estepario del Valle de Alcudia. Cuando dimos la vuelta, nos encontramos con un buitre leonado posado en un poste junto a la carretera.

Sierra Madrona

     Ya estaba anocheciendo cuando íbamos dirección a Solana del Pino, cruzando el corazón de Sierra Madrona. Ya no había aves activas, salvo los mirlos que se atreven a hacer incursiones crepusculares. Y aparte de los ciervos, al pasar junto a una charca vimos una garza real solitaria. Tras cenar en Solana del Pino reanudamos nuestro camino. Al poco de salir de este pueblo, se nos cruzó una apresurada garduña, que con increíble agilidad trepó por el talud vertical pero no muy alto, del borde de la carretera. Al llegar al límite superior del pequeño cortado rocoso, directamente se introdujo en la maraña del matorral, sin antes pararse a mirarnos y de donde no volvió a aparecer. Todavía nos quedaba mucho trayecto y tiempo hasta llegar a Andújar, pero sin embargo todo lo que vimos fueron más ciervos en el camino por las sierras de Madrona y Andújar.

     Se levantó la mañana del domingo con el cielo gris, y con una ligera llovizna que se interrumpía con frecuencia. Habíamos quedado con David Torres para ir a buscar setas, y nos desplazamos hasta un pinar, no muy lejano, en las Viñas. El tiempo húmedo y no demasiado frío ha propiciado la proliferación de setas, y entre los tres llenamos una cesta con níscalo (Lactarius deliciosus) y pie azul (Lepista nuda). De esta última especie encontramos un corro de bruja bastante grande alrededor de un pino. Pero además de estas setas comestibles, crecía una gran diversidad, adoptando múltiples formas, siendo fáciles de distinguir los yesqueros en los troncos muertos de los pinos, o las abundantes Russulas que se desarrollaban entre la pinocha. Y aunque no estábamos muy pendientes, pero se movían por allí algunas aves como rabilargos y mirlos, siempre escandalosos en sus llamadas, además de carboneros y herrerillos comunes.
     Tras finalizar la jornada micológica, regresamos a Andújar porque David no nos podía acompañar el resto del día, pero Víctor y yo volvimos a la sierra dispuestos a empezar una jornada zoológica más, pero la última ya. El día se iba aclarando. Fuimos primero al Encinarejo, donde aprovechamos para comer. En nuestra breve estancia allí pudimos ver pinzones, rabilargos, urracas y mirlos. También una abubilla pasó mientras caminábamos por la ribera. Sin embargo no vimos nada desde el mirador.

Mirador del Encinarejo

     Por la carretera, cuando íbamos para el Embalse del Jándula solo se nos cruzaron más rabilargos, al igual que en algunos puntos del camino que lleva hasta dicho embalse. Pero por este camino la variedad faunística crece, siendo fáciles de observar en ciertos tramos los ciervos, además de unos gamos. Igualmente a la vera del camino se podían ver los bandos de pinzones, y de vez en cuando algún carbonero. Las urracas tampoco faltan en este trayecto, así como algún mirlo. Y en la distancia los buitres planeaban en círculos.
     Llegamos hasta la presa y el túnel de piedra, desde donde poco después volvimos al viejo poblado de La Lancha. Allí dimos un paseo entre las ruinas de las casas, bajo los pinos y los eucaliptos. Pero también llevé a Víctor hasta un túnel de piedra, más corto y más alto que el de la presa, parcialmente derrumbado, donde descubrimos tres murciélagos hibernando juntos. Yendo hacia el túnel, solo algún que otro mirlo se veía de vez en cuando, al que sin embargo era más fácil oírlo, oculto entre los densos arbustos.

Encina

     Y antes del anochecer, dimos por concluida nuestra jornada. Muchas, pero no todas las especies que habíamos visto a la ida, volvieron a repetir en el camino de retorno. Faltaron los gamos, los buitres y el carbonero.


(*) Fotografías: gentileza de Víctor Revuelta.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
12/12/2008
Camino de La Lancha
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Pocos
12/12/2008
Carretera general
Mirlo Común
(Turdus merula)
Pocos
12/12/2008
La Lancha
Búho Real
(Bubo bubo)
Oído
12/12/2008
Camino de La Lancha. Embalse del Jándula
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
2 inds.
12/12/2008
Carretera general
Rabilargo
(Cyanopica cyanus cooki)
Algunos
13/12/2008
Sendero del Yeguas
Conejo Europeo
(Oryctolagus cuniculus algirus)
Pocos
13/12/2008
Sierra Madrona
Garduña
(Martes foina)
Un ind.
13/12/2008
Sierra Madrona. Sierra de Andújar
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Algunos
13/12/2008
Sierra Madrona
Garza Real
(Ardea cinerea)
Un ind.
13/12/2008
Sierra de Cardeña. Valle de Alcudia
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Muchos
13/12/2008
Valle de Alcudia
Grulla Común
(Grus grus)
Algunas
13/12/2008
Sierra de Cardeña. Sierra Madrona
Paloma Torcaz
(Columba palumbus)
Pocas
13/12/2008
Sierra de Cardeña
Abubilla
(Upupa epops)
Pocas
13/12/2008
Embalse del Yeguas. Valle de Alcudia
Lavandera Blanca
(Motacilla alba alba)
Algunas
13/12/2008
Aldea del Cerezo
Petirrojo Europeo
(Erithacus rubecula)
Pocos
13/12/2008
Embalse del Yeguas. Valle de Alcudia
Tarabilla Común
(Saxicola torquatus rubicola)
Pocas
13/12/2008
Sierra de Cardeña. Sierra Madrona
Mirlo Común
(Turdus merula)
Algunos. Oído
13/12/2008
Aldea del Cerezo. Sendero del Yeguas
Carbonero Común
(Parus major)
Pocos
13/12/2008
Valle de Alcudia
Alcaudón Real
(Lanius meridionalis)
Un ind.
13/12/2008
Sierra de Cardeña
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Algunos. Oído
13/12/2008
Embalse de Marmolejo
Rabilargo
(Cyanopica cyanus cooki)
Pocos. Oído
13/12/2008
Sierra de Cardeña. Sierra Madrona
Urraca
(Pica pica melanotos)
Algunas. Oída
13/12/2008
Embalse de Marmolejo. Valle de Alcudia
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Muchos
13/12/2008
Embalse de Marmolejo. Valle de Alcudia
Gorrión Común
(Passer domesticus)
Bastantes
13/12/2008
Sierra de Cardeña. Sierra Madrona
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Algunos
13/12/2008
Valle de Alcudia
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Varios
14/12/2008
Camino de La Lancha
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Algunos
14/12/2008
Camino de La Lancha
Gamo
(Dama dama)
Pocos
14/12/2008
Camino de La Lancha
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Algunos
14/12/2008
Camino de La Lancha
Abubilla
(Upupa epops)
Un ind.
14/12/2008
Las Viñas. Camino de La Lancha
Mirlo Común
(Turdus merula)
Pocos. Oído
14/12/2008
Las Viñas
Herrerillo Común
(Parus caeruleus)
Pocos
14/12/2008
Las Viñas. Camino de La Lancha
Carbonero Común
(Parus major)
Pocos
14/12/2008
Ctra. general. Las Viñas. Camino de La Lancha
Rabilargo
(Cyanopica cyanus cooki)
Varios. Oído
14/12/2008
Camino de La Lancha
Urraca
(Pica pica melanotos)
Algunas
14/12/2008
Camino de La Lancha
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Algunos