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lunes, 29 de febrero de 2016

ESCAPADA A LAS TABLAS DE DAIMIEL

     Llevábamos ya tiempo con la idea de ir a las Tablas de Daimiel, y por fin hoy, Elena, Fran y yo conseguimos escaparnos. Y como de costumbre, en las Tablas siempre aguardan sorpresas. Cada vez que allí he ido he tenido oportunidad de contemplar distintas cosas. Las poblaciones de aves fluctúan al ritmo que lo hace el nivel del agua, y los acentuados cambios estacionales.
     Mientras esperábamos a Fran para partir en la temprana mañana, Elena y yo nos entreteníamos con las aves urbanas, tórtolas turcas, estorninos, golondrinas y gorriones comunes, mirándolos y escuchándolos. Aunque por la carretera no íbamos muy pendientes de mirar, no escaparon a nuestra atención las urracas, los abundantes estorninos y alguna cogujada, más otros que nos fue imposible determinar que eran. Circunvalando ya Daimiel vimos un cernícalo al borde de la autovía, pero nos resultó más llamativo el paso migratorio de los milanos negros, que en un disgregado grupo, escalaban cotas en el espacio aéreo describiendo espirales.
     Llegando al Río Guadiana, cruzado por el puente del Molino de Molemocho, destacaban en sus aguas un ingente número de fochas, y las cigüeñas, ocupando los nidos sobre los viejos chopos. Fue nuestra primera escala. Al bajarnos del coche llegan a nuestros oídos los crotoreos de las cigüeñas, y la repetitiva estrofa del ruiseñor bastardo. Las golondrinas revoloteaban por los alrededores, y el pequeño zampullín común nadaba y se sumergía cerca de las ojeras del puente, donde por la despejada orilla se movía la inquieta lavandera blanca. Pasaban de vez en cuando algún cormorán, cigüeña o gaviota sombría cruzando el cielo, y mientras observábamos las fochas, a nuestras espaldas cantó con fuerza un cercano ruiseñor bastardo que tuvo la amabilidad de asomar de su escondite entre las apretadas eneas y permitirnos que lo contemplásemos.


Las someras aguas de las Tablas de Daimiel

































     Dirigiéndonos hacia los aparcamientos, junto a las oficinas del Parque Nacional, pude ver estorninos y alguna cogujada, más un bando mixto de pájaros poco antes de llegar, entre los que estaban los inconfundibles jilgueros, reconocidos por la banda alar amarilla. Entre los tarajes de las inmediaciones podía verse urracas y palomas torcaces.
     Nuestro primer objetivo fue la Laguna Permanente. En nuestras andaduras, nos vimos envueltos por nubes de mosquitos en más de una ocasión. En el paseo hasta llegar a los observatorios, escuchamos al buitrón, y localizamos entre las desnudas ramas de los chopos y los tarajes, gracias a sus cantos, al carbonero y al herrerillo común. Antes de entrar en los observatorios, ya habíamos divisado en un pequeño cerro de la otra orilla a los ánsares pastando sobre el césped. Desde el interior del observatorio, pudimos verlos mejor, y además, a un par de cormoranes, posados en un pequeño islote, y de entre los pequeños bandos de grullas, diseminados por el cielo, uno de ellos compuesto por cinco, que se precipitó tras la colina donde estaban los ánsares. Descubrimos también, buscando en la profundidad del horizonte, a unas gaviotas sombrías, unas nadando, otras volando, un par de somormujos lavancos, una garza real en una orilla, bastante disimulada entre los tallos de la jungla de espadañas y carrizos secos, y un pequeño grupo de avefrías que pasaron volando.
     La siguiente meta fue ir hasta la Isla del Pan, pero haciendo el recorrido a la inversa a lo que usualmente hacen los visitantes, desde la Isla del Maturro, en lugar desde la Entradilla. Empelamos bastante rato en completar el corto itinerario. La razón, las múltiples paradas que nos obligaban las aves a improvisar. Destacaban sobre las someras aguas de la Tabla de la Hita los patos, los llamativos machos blancos del pato cuchara, y junto a ellos, las pequeñas cercetas, que compartían con alguna focha.
     Las lavanderas blancas se movían por las cenagosas orillas, y mientras las mirábamos se descubre desde el carrizal un pájaro de mayor porte, con el dorso gris pardusco, que irresistiblemente atrajo mi atención como imán sobre él. A menudo, estos pájaros de plumaje discreto, que pocas veces se dejan ver tan claramente, constituyen todo un desafío identificarlos. Mi sorpresa vino, cuando al girarse me muestra su pecho teñido parcialmente de azul, dibujándole una especie de collar, característica por la cual recibe su nombre. Se trataba de un pechiazul, bien de una hembra, bien de un macho del primer año, que aun carecía de la amplia mancha de intenso azul que colorea todo el pecho, a veces interrumpida por una pequeña mancha central blanca o roja, de los adultos de su sexo. Y aunque no es la primera vez que veo a esta especie, no pude ocultar el entusiasmo que sentí al verlo, recogiendo así mi premio particular con el que me obsequiaron las Tablas de Daimiel en esta visita aquí descrita.
     No tardamos mucho en afinar más, y descubrir unos cuantos pechiazules más. Uno se dejó ver posado en una alta rama que se elevaba sobre el nivel de los carrizos, pero la mayoría aparecían por las orillas, compartiéndolas con las lavanderas, un petirrojo que también salió por allí, y algún bisbita. Gaviotas y cormoranes podían verse en vuelo, pero más nos atraían los bandos de grullas, con su ensordecedor trompeteo mientras surcaban el firmamento. Cantaba el ruiseñor bastardo, y también podía oírse a veces al mosquitero. Más adelante acabamos viendo alguno, cuando asomaba entre las eneas y carrizos exteriores de las orillas. También vimos algunos ánades reales, y al aguilucho lagunero sobrevolar las tablas.
     Estaban bastante concurrido el Parque hoy por la mañana, a pesar de ser lunes. Caminando bajo el bosque de tarajes de la Isla del Pan escuchamos y pudimos ver unos gorriones morunos. Se oía también al ruiseñor bastardo, pero no lo vimos. Poco antes de llegar al observatorio pudimos ver un buitrón sobre una mata. Tras unos momentos en que pudimos mirarlo a placer, el diminuto pájaro desafió la corriente de aire, alzando el vuelo, a la vez que emitía su monótono canto, hasta dejarse caer en el suelo, un poco más allá de donde lo habíamos visto. Y seguimos viendo grullas pasar durante el tiempo que allí permanecimos, y apenas si le echamos cuentas a los aviones que también sobrevolaban la zona.

Grullas en vuelo

     De camino entre las Islas del Descanso y la Entradilla, vimos un par de fochas, y unas cercetas, y de nuevo, el vuelo rasante del aguilucho lagunero sobre la vegetación palustre. Escuchamos al ruiseñor bastardo y al buitrón mientras nos dirigíamos al observatorio de la Laguna de Aclimatación, lugar que elegimos para comer, desde donde además de los anátidos y rálidos que allí mantienen en condiciones controladas, vimos un bisbita caminado por la orilla, el único ave completamente silvestre, que puede entrar y salir libremente a través de la malla metálica que cubre la laguna. Yo salí antes, a llevar algunas cosas al coche, lo que me permitió advertir a una pareja de tarabillas, posadas en las puntas más altas de los arbustos del entorno, y poder oírlas cantar.

Pareja de Fochas

     Después de comer, fuimos hacia la Torre de Prado Ancho, parando en cada uno de los observatorios que había en el camino. La actividad de las aves parecía haber menguado a primeras horas de la tarde. Al iniciar el camino, pudimos ver un carbonero entre los tarajes del principio. Algunas urracas y palomas más adelante, y el paso de algún que otro cormorán. Nos fue fácil ver al macho de tarabilla posado en una señal. En las breves estancias en los observatorios tampoco conseguimos ver gran cosa. Tan solo un ánsar, dos ánades reales, un par de parejas de cercetas, además unas pocas fochas y cormoranes. Entre ellos había uno muy llamativo, que pudimos observarlo no muy lejos, que ya lucía el plumaje de celo, con la cabeza blanca, y desplegaba sus alas mientras nadaba. Cerca ya de la torre, volvemos a dedicar unos momentos para levantar la vista al cielo, y no dejar de mirar con cierto asombro las escuadras de las vociferantes grullas.
     Desde lo alto de la torre observamos un grupo de machos de patos cuchara, entre los que se movía una cigüeñuela. No muy lejos también nadaban unos ánades reales. Más al fondo había cormoranes sobre el agua, o bien pasaban volando, como también lo hizo un pequeño grupo de ánsares. Mientras tanto el aguilucho lagunero seguía sus prospecciones, dando pasadas sobre las tablas. Y en el borde de una de las junglas de carrizos y eneas que circundan las tablas, descubrimos a la garza real.

Tabla de Prado Ancho

     La vuelta la hicimos por un camino paralelo, entre barbechos restaurados con vegetación forestal mediterránea. Se oía el triguero y el buitrón en aquellos parajes, y podían verse alguna bandada jilgueros, gorriones y estorninos, así como a las solitarias tarabillas posadas en los tallos más altos de los pastos y a las cogujadas corretear por el camino. Además de las grullas, pudimos ver en el aire evolucionar una disgregada columna de milanos negros a lo lejos. Algunos pasaron más cerca. También pasaron unas grajillas, que graznaban de cuando en cuando. Llegando casi al Centro de Visitantes, saltó una liebre de donde se encontraba encamada. Lo más curioso es que salió corriendo después de haber pasado cerca de ella, y ni nos habíamos dado cuenta.
     En la parcela donde se encuentran los merenderos, junto a las oficinas del Parque, había tórtolas turcas, y también fui capaz de ver una abubilla en la linde, donde pronto pasó desapercibida entre los chaparros. Sobre las leñosas matas pudimos ver también una tarabilla macho, pero atrajo más nuestra atención poder ver al descubierto una curruca rabilarga, pequeña en comparación con la tarabilla, ya que por unos instantes la inquieta curruca nos permitió verla cerca de la tranquila tarabilla.
     Faltaba poco más de una hora para la puesta de sol, y mi idea era que antes que oscureciese, poder ir a la Laguna de Navaseca. Iba con cierto nerviosismo, por querer abarcarlo todo. Las numerosas fochas que nadaban cerca del puente del Molino del Molemocho, avanzaban ahora por tierra, como si de gallinas se tratara, dirigiéndose hacia el corral para recogerse.

Avifauna de la Laguna de Navaseca: fochas y flamencos

     Comprobé con satisfacción las actuaciones de mejora llevadas a cabo en el entorno de la laguna procedente de la estación depuradora, observatorios en su perímetro, y señalización limitando la velocidad a su alrededor por el paso de fauna. Y no es para menos, pues la vida bulle allí, concentrada como en un oasis. No nos detuvimos demasiado tiempo. De entrada nos da la bienvenida la algarabía formada por las gaviotas reidoras, y conseguimos ver con suma facilidad los flamencos, las gallinetas, las cigüeñulelas y los zampullines que no pudimos encontrar en las Tablas de Daimiel. Tampoco faltaban aquí las fochas, ni los ánsares ni los ánades reales. Además, en una de nuestras breves paradas, conseguimos ver una agachadiza común, que alzó el vuelo desde la orilla junto a la que pasamos. Las golondrinas también volaban por el entorno de la laguna, papando mosquitos. En nuestro ligero recorrido perimetral, además de parar para ver las aves acuáticas, también lo hicimos para observar un par de trigueros posados en una valla.
     De vuelta a las Tablas, pudimos ver la puesta de sol antes de cruzar el Guadiana. Aprovechamos para disfrutar del incandescente atardecer desde la carretera, cuyas últimas luces irisaban el cielo, reflejado también en el espejo del agua.

Atardecer en las Tablas de Daimiel

     Sin más demora, dejamos el coche en los aparcamientos, junto a las oficinas, y a un ritmo ligero andamos hacia la Isla del Pan. Nuestra intención era ver la llegada de las grullas a sus dormideros antes que se fuera la luz. Pero quedamos gratamente sorprendidos nada más llegar con otro espectáculo pocas veces observable, la jornada de caza vespertina de un búho chico. Con vuelo inaudible se deslizaba aleteando a ras de los matorrales de bajo porte que cubren la isla, efectuando quiebros y cortos cernidos justo antes de dejarse caer a tierra. Enseguida volvía a despegar y continuaba con su actividad, alejándose poco a poco, hasta desvanecerse entre tinieblas. Lejanos bandos de grullas se desplazaban por el aire, de las cuales solo podíamos ver sus siluetas contra el anaranjado horizonte del poniente. Hasta nuestros oídos llegaban sus voces. Yéndonos de Daimiel, un enclave que nunca decepciona mis expectativas, cruzó la carretera un ratón.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemos sylvaticus)
  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Zampullín Chico (Tachibaptus ruficollis)
  • Somormujo Lavanco (Podiceps cristatus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus ruber)
  • Ánsar Común (Anser anser)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Cerceta Común (Anas crecca)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Grulla Común (Grus grus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Agachadiza Común (Gallinago gallinago)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Chico (Asio otus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Pechiazul (Luscinia svecica)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Moruno (Passer hispaniolensis)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)

jueves, 29 de marzo de 2012

SALIDA POR LA CAMPIÑA DEL SUROESTE JIENNENSE

     Esta mañana hemos estado Raimundo y yo recorriendo los campos suroccidentales de Jaén. La jornada no ha podido ser mejor. En algo de más de tres horas hemos tenido avistamientos muy interesantes de aves esteparias.
     Al salir de Andújar y cruzar el Guadalquivir, pasaron volando sobre la carretera tres ánades reales, y una cigüeña. A medio camino me topé con unos cuervos y ya no tuve ningún avistamiento hasta casi llegar a Torre del Campo, donde vi un ratonero apostado en las ruinas de un cortijo. Tras recoger a Raimundo, salimos en dirección a Santiago de Calatrava. Además de un cernícalo posado en un poste, resultaba fácil descubrir entre los olivos conejos, mirlos y perdices. También pudimos ver tres golondrinas dáuricas y algunas tórtolas turcas posadas en los tendidos eléctricos. Y desde el asfalto despegaban las cogujadas para aterrizar en los campos conforme avanzábamos.
     Nos detuvimos junto a un cortado rocoso prospectado por grajillas y palomas bravías. No tardamos en descubrir a unos conejos que también se movían en sus inmediaciones. Afinando más la búsqueda, logré ver unas currucas capirotadas en un olivo próximo, pero Raimundo localizó un objetivo más llamativo. Se trataba de un búho real que dormitaba en una repisa, en la parte más sombría del talud rocoso. No nos acercamos, para evitar molestarlo. Durante el rato que permanecimos observándolo, pasó un cernícalo.
     Seguimos nuestro recorrido, viendo algunos verderones cantando desde lo alto de los olivos, y algunos pequeños bandos de los coloridos jilgueros. Al pasar por un verde campo de cereal no tarda en aparecer una hembra de aguilucho cenizo, sobrevolando los verdes pero mermados tallos del cereal, debido a la escasez de lluvia.
     Dejamos la carretera, para meternos por un carril que se adentraba en los campos entre estos campos de cereales, rodeados por olivares. El primer objetivo en el que fijamos los prismáticos fue un ratonero, pero no tardamos en descubrir a una pareja de aguiluchos cenizos. Poco después, varios de ejemplares de este aguilucho volando altos en el cielo, más dos cuervos. Cuando reanudamos la marcha, paramos en seguida, pues aunque algo lejos, entre las esmirriadas briznas del cereal, descubro un macho de avutarda, engalanado con el plumaje nupcial. Aunque más mérito tuvo Raimundo al ver a la hembra, más discreta, caminando sobre el terrizo suelo del olivar inmediato con el que lindaba el sembrado de cereal. Entre los olivos cercanos también vimos una perdiz, y una abubilla que se nos cruzó por delante.
     Después fuimos en dirección hacia Escañuela. Hicimos nuestra última parada junto a un viejo cortijo rodeado por unos eucaliptos para dar un breve paseo. Enseguida nos llamó la atención las impresionantes acrobacias aéreas de los cenizos, acompañadas por un agudo silbido que casi recuerdan más a un limícola, que a una rapaz. También escuchábamos el canto de verdecillos, gorriones y carboneros. Entre los altos y densos pastos secos de un barbecho cercano, fue fácil descubrir a un macho de tarabilla posado en lo más alto del tallo de una herbácea. Algo más lejos, pero con la misma facilidad, se dejó ver un alcaudón común. De entre los olivos levantó el vuelo un pequeño grupo de palomas torcaces. Por el tejado del cortijo se movían unos cuantos gorriones y estorninos, y entre las ramas de los eucaliptos lo hacían unos pocos carboneros.
     Al acercarnos a la sombra de estos árboles, salió de entre el ramaje un búho chico que fue a posarse a la rama baja de otro eucalipto contiguo. Con sumo cuidado nos acercamos hasta poder observarlo, pero no tardó mucho en volver a levantar el vuelo, esta vez buscando un árbol más alejado en el que ocultarse. El vuelo del búho, al descubierto y en pleno día, atrajo sobre si mismo el ataque combinado de una pareja de cernícalos, por lo que pronto hubo de volver a ocultarse entre la espesura de otro árbol. Aunque no deja de ser llamativa la escena que representaron los dos cernícalos picando contra el búho, decidimos no buscar su nuevo escondite para no seguir molestándolo. Los cernícalos también dejaron de acosarlo en cuanto se ocultó, y abandonaron el lugar.

Búho Chico

(*) Fotografía: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avutarda Común (Otis tarda)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tortola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Búho Chico (Asio otus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)

lunes, 9 de marzo de 2009

LAS DEHESAS DE ESPELUY

     Una soleada tarde, hace dos días, salimos David y yo para las Dehesas de Espeluy con el objetivo de intentar observar sisones y ortegas. A pesar de no tener éxito con estás especies de aves esteparias sí que pudimos ver otras. Saliendo de Villanueva de la Reina, un ratonero levantó el vuelo desde el poste donde estaba posado para adentrarse en el bosque en galería, de chopos, de la vega del Río Guadalquivir. Por el camino las aves más abundantes que se dejaron ver fueron los trigueros y los jilgueros.
     Al llegar a estas pequeñas dehesas lo primero que vimos fue una culebra de escalera atropellada, quizá de forma accidental, quizá a drede por la aversión que siguen despertando estos beneficiosos e inofensivos reptiles en algunas personas. Entre las aves que pudimos observar en el entorno están la paloma torcaz, el petirrojo, la curruca capirotada y el jilguero. Y a pesar que aún faltaban algunas horas para que anocheciese, ya se podían oír los maullidos del mochuelo, capaz de aventurarse a cazar insectos a la luz del día, o los ratones más madrugadores.
     También contemplamos con impotencia como una de estas relícticas dehesas ha sido plantada no hace muchos años por olivos, mientras que en otra, un tractor se daba prisa en rociar la pradera con algún tipo de pesticida. Estás dehesas tienen viejas encinas centenarias, que incapaces de regenerarse por sus propios medios debido al actual uso del suelo y técnicas de labor, son testigos mudos de la transformación que ha sufrido el paisaje, de como un encinar mediterráneo, sometido incesantemente por el fuego, las talas y el pastoreo, se degradó a una dehesa aclarada, mantenida por el diente del ganado, para finalmente convertirse en tierras agrícolas. Estas dehesas, condenadas a desaparecer de persistir el continuo avance del olivar, constituyen todavía uno de los últimos refugios de aves esteparias tan singulares como el sisón, la ortega o el alcaraván en la provincia de Jaén.
     A continuación nos dirigimos a una gran balsa de riego próxima a Villanueva, pero en lugar de volver sobre nuestros pasos, fuimos por Cazalilla. Por el camino pudimos ver algunos abejarucos, y una vez más nos vuelven a acompañar los jilgueros. Sobre uno de los cada vez más escasos cultivos de trigo o cebada, planeaba una hembra de aguilucho cenizo.
     Metidos en el carril que nos conduciría hasta la balsa, en el exiguo cañaveral de un encajonado arroyo por taludes verticales, unas tarabillas se posaban y revolotean en lo más alto de las cañas secas y medio quemadas de la cuneta del camino. De la espesura, salió una curruca capirotada y a la vera del mismo camino un par de conejos. Un pequeño cañaveral se convierte pues, en un auténtico refugio para la vida en mitad de una campiña cada vez más estéril. En estos pequeños arroyos, de marcado carácter estacional, se puede ver con mucha claridad los nefastos efectos de la erosión. Las recientes lluvias han profundizado aún más el talud de arcilla del arroyo al no encontrar ninguna vegetación que sujete el suelo superficialmente. Las calumniadas "malas hierbas" han desaparecido por prácticas agrícolas supuestamente correctas y los olivos más próximos a los arroyos se quedan con parte de sus raíces desnudas, expuestas al aire y al exceso de humedad que provoca la aparición de hongos.
     Ya, en el entorno de la balsa artificial, los mochuelos siguen maullando hasta que a nuestro paso, se levanta uno para cambiar de olivo. También se dejó ver un cernícalo y un par de cigüeñas, mientras en los olivos cercanos parlotean los pardillos.
     Pero no solo hay olivos en la campiña de Villanueva y Cazalilla, todavía quedan algunos campos de cereal, aunque en decremento a favor de los olivares debido a mal enfoque de las subvenciones agrarias. Con esto se ven obligados los últimos aguiluchos cenizos a concentrarse cada vez más para reproducirse, y no siempre con éxito, dada la cada vez más temprana recolección del cereal con maquinaria pesada que destruirá más de un nido aún con pollos desvalidos.
     Finalmente, y ya casi de noche nos acercamos al bosque de ribera del Guadalquivir. Un cernícalo que apuraba la última luz del día para cazar, levanta el vuelo de un poste de las vías del tren y un alcaraván nos sorprende cruzándose de lado a lado, con un rápido planeo para integrarse en el suelo, con el buen mimetismo que le otorga su crítico plumaje.
     En la breve parada que hicimos en el entorno de río, pudimos escuchar ánades reales al llegar, mientras en las profundidades del sotobosque retumbaba la potente alarma del mirlo y se hacía eco la monótona llamada del autillo. Y sobre un pequeño bosquete de pino carrasco, voló un búho chico que identificamos más que nada por su silueta, dado que ya había anochecido.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Autillo Europeo (Otus scops)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Búho Chico (Asio otus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Triguero (Emberiza calandra)

martes, 31 de julio de 2007

VIAJE A SOMIEDO

     Hace un par de días regresé de un magnífico viaje por tierras asturianas, acompañado por tres grandes naturalistas de la SEO. Este viaje, al que fui invitado por Esteban Ureña, me ha permitido conocer a José Rico y a Juanjo Lorite.
     A lo largo de casi cinco días hemos estado buscando al oso pardo por distintos puntos de las montañas de Somiedo, sin encontrarlo. En cambio si hemos podido observar otras especies faunísticas muy interesantes.
    Fuimos en el coche de Juanjo, y hemos estado alojados en un hostal en Pola de Somiedo. Un viaje de estas características, entre cuatro personas, resulta muy económico, y además, íbamos provistos con bastante comida, que unido al buen tiempo que hemos disfrutado estos días, ha favorecido que no interrumpiésemos nuestras jornadas camperas ni para comer.

El paisaje montañoso de Somiedo

     Salimos el día 25 por la mañana con destino a Pola de Somiedo. El punto de partida elegido fue Jaén, ya que cada uno de nosotros pertenece a municipios diferentes de la provincia. Dada la gran distancia que debíamos cubrir de trayecto, empleamos casi todo el día viajando, llegando a Pola pasada la media tarde.
     Las altas temperaturas estivales pronto empiezan a elevarse durante el día, lo que dificultó bastante que avistásemos aves durante el camino. No obstante en el sur de Madrid tuvimos ocasión de ver una gran concentración de halcones abejeros, cicleándo en el cielo, en los primeros pasos migratorios. Por los páramos leoneses pudimos ver un águila culebrera posada sobre un poste, además de varias cornejas por los campos. Justo antes de entrar en el túnel de la autopista que hay antes del puente colgante que cruza el Embalse de los Barrios de Luna, nos sobrevoló un blanquinegro alimoche. Tras pasar el túnel y cruzar el puente nos incorporamos a la carretera que nos llevaría a Pola, atravesando la Comarca de Babia. Pasado el Puerto de Somiedo, ya entre las verdes montañas del Parque Natural donde parece que no ha llegado el verano, improvisamos una parada para contemplar el paisaje de hayedos y prados que trepan por las laderas hasta perderse en las cumbres rocosas, donde, gracias al telescopio, descubrimos un rebaño de rebecos, los primeros de nuestro viaje.
     Al llegar a Pola, dejamos nuestros equipajes en las habitaciones del hostal, para reunirnos a continuación con Borja Riesgo, un amigo de Esteban que conoció durante un Voluntariado Ambiental en Andújar. Después de cenar, volvimos a quedar con él para tomar unas sidras en la terraza de un bar que sacaban las botellinas del río, donde se mantenían frescas gracias a la corriente. Borja no pudo acompañarnos en todas nuestras andanzas por su trabajo, pero nos indicó lugares a los que ir.

     Al día siguiente teníamos previsto hacer una ruta senderista desde Valle del Lago hasta el Lago del Valle. Jose ya conocía el lugar, y fuimos en coche hasta el pequeño poblado del Valle del Lago, donde aparcamos al inicio del sendero. El sendero era ascendente, aunque sin demasiada pendiente, hasta llegar al Lago del Valle. Su trazado discurre por el fondo de un valle, entre montañas, paralelo a un riachuelo con un generoso caudal.
     Al poco de empezar nuestra ruta, el azar nos brindó la oportunidad de ver a un escribano hortelano posado en el tejado de una casa, un pájaro cuya observación es más bien complicada. Un pariente suyo que si resulta más fácil de observar es el escribano montesino, especie de los que pudimos ver varios ejemplares a lo largo del camino. El colirrojo tizón se descubría en sus incesantes movimientos entre los muros de piedras. Además resultaba bastante patente la presencia de los carboneros comunes, a los cuales veíamos y oíamos con frecuencia. Sin embargo los carboneros garrapinos eran algo más discretos, aunque también llegamos a observar algunos. Avistamientos de córvidos de hábitos forestales tales como la corneja, la urraca y el arrendajo no faltaron tampoco en el recorrido, así como del montaraz cuervo. Y por supuesto las rapaces también estaban allí representadas, por algunos ratoneros y los poderosos planeos del buitre leonado, y también un alimoche que vimos al comienzo de nuestra marcha.
     Pero no solo las aves nos amenizaron el paseo. Al principio nos llamó bastante la atención las enormes babosas negras con las que nos topamos, que debido a la abundancia con la que frecuentaban el lugar, poco a poco fueron perdiendo interés en verlas. En una soleada rampa se nos cruzó una pequeña víbora cantábrica, a la que cedimos el paso, y dejamos que tranquilamente se ocultara en la grieta de una roca, a un lado de la senda. Aproximándonos al lago, entre la umbría de la vegetación y la humedad del suelo debido a la escorrentía superficial, se movían pequeñas ranas bermejas, pero también conseguimos ver un ejemplar particularmente grande.

Rana Bermeja

     El Lago del Valle ofrecía una vista sin igual. Se trataba de un precioso lago de aguas cristalinas, con un islote en medio, rodeado por altas cumbres. Carecía de arboleda a su alrededor, sustituida por un cinturón no muy denso de retamas, interrumpido por afloramientos rocosos, y por coladas de guijarros de piedra que caían ladera abajo desde las montañas hasta el lago.

Lago del Valle

     En sus aguas abundaban los cardúmenes de piscardos. Las escandalosas chovas piquirrojas dominaban aquellas montañas, y junto a ellas convivían las piquigualdas, cuyo canto difería mucho de la anterior especie de chova, así como del graznido del resto de los córvidos ibéricos. Precisamente fue su canto lo que las delató, y nos permitió localizarlas en el cielo. Los cuervos, aunque menos numerosos, también se veían por las cercanías. También descubrimos la silueta de otro alimoche sobrevolando las inmediaciones del lago, y algo después, un ratonero.
     Jose decidió quedarse a la sombra una retama, y barrer con el telescopio las faldas de las montañas que bordean el lago, mientras los demás nos decantamos por hacer un recorrido perimetral. Mientras él pudo observar varios rebecos, nosotros pudimos contar hasta una decena de pequeños sapos parteros en los canchales próximos a la orilla, en la primera parte del paseo. Más adelante, también muy cerca del borde del lago, encontramos cuatro tritones alpinos, y próximo a ellos, un lución en un minúsculo prado.
     Al regreso, antes de llegar a la pequeña villa donde dejamos el coche, paramos en un rústico bar donde probamos unos chupitos de licor de miel y de orujo de hierbas. Antes de entrar, nos percatamos de un rebeco que pastaba tranquilamente, monte arriba, relativamente cerca del bar. Se trataba de un individuo que se había acostumbrado a la presencia humana.
     De vuelta en Pola, quedamos con Borja, quien nos llevó al Mirador del Presidente, en Caunedo. Pero antes de marcharnos tuvimos oportunidad de darnos un pequeño paseo, y de asomarnos al río que pasa por el pueblo, donde descubrimos al mirlo acuático.
     Nada más llegar al mirador, tuvimos ocasión de ver un corzo bastante cerca, que pronto se quitó de nuestra vista. Allí apuramos hasta la última luz de la tarde, buscando al oso, sin resultado. Todo cuanto conseguimos observar a lo largo de esta espera fueron rebecos, y un ratonero.

Bosque de Hermo
     En el día central de nuestro viaje fuimos al Bosque de Hermo, donde también había estado antes ya Jose. Salimos por la mañana dirección sur, hacía el Puerto de Somiedo, para incorporarnos a la carretera que va a Villablino. Pasado este pueblo leonés, nos desviamos en Caboalles de Abajo por la carretera que conduce a Degaña. Cuando pasamos Caboalles de Arriba, hicimos una parada en el Puerto Cerredo que ofrecía unas espectaculares vistas de las montañas. Después de Degaña seguimos dirección a Ventanueva, pasando por el Puerto del Rañodoiro. En este tramo el paisaje estaba compuesto por frondosos bosques, donde improvisamos una breve parada, sin bajarnos del coche, para identificar un halcón abejero que cicleaba a cielo descubierto, sobre el techo del bosque. Poco antes de Ventanueva, tomamos la carretera hacía Gedrez, y desde allí nos dirigimos a nuestro objetivo: el Bosque de Hermo.
     Aparcamos el coche, y empezamos a ascender por un camino envuelto por un túnel de exuberante vegetación. Entre las viejas hayas, que conforman el maduro bosque, crecen algunos servales o mostajos. Y sobre el suelo, tapizado por la hojarasca, los helechos y las arandaneras salen adelante aprovechando los resquicios de luz que las espesas copas de los árboles dejan penetrar. Las babosas negras abundaban por doquier. También pudimos encontrar a lo largo del camino tres pequeñas salamandras, y más adelante, una cuarta de mayor tamaño. El entrenado oído de Juanjo captó el canto del chochín procedente del corazón del hayedo.

Salamandra Común

     A cierta altura, llegamos a un pequeño claro del bosque, que se abría a un mirador, ofreciéndonos un balcón desde el que contemplar toda la ladera de una montaña. Al llegar sorprendimos a un zorro que merodeaba por los alrededores. Aquí permanecimos, esperando en vano a que apareciera el oso, hasta la puesta de sol. En cambio los rebecos resultaban fáciles de ver. La espera también nos dio la oportunidad de ver pasar algunos ratoneros y milanos negros. Los gritos del halcón peregrino llamaron nuestra atención, y escudriñando con el telescopio el farallón rocoso que teníamos en frente, acabamos por descubrir a los dos miembros de la pareja que tenía allí su territorio.
     A media tarde abandonamos un rato nuestra larga espera para estirar un poco las piernas. Salimos los cuatro a dar un paseo, siguiendo hacía adelante, el camino por donde habíamos venido. Los griteríos de los arrendajos se escuchaban en las profundidades del bosque, y de vez en cuando, surgía alguno entre la espesura para volver a perderse rápidamente en lo más intrincado de la densa vegetación. En un claro entre las copas de las hayas, llegamos a descubrir un gavilán. En el barro de la pista por la que andábamos, encontramos dos rastros paralelos de huellas de lobo, que estuvimos siguiendo un rato, hasta encontrar un excremento.

Uno de los caminos que surcan el Bosque de Hermo

     Volvimos al mirador, donde reanudamos nuestra paciente espera, hasta que con la caída de la tarde, empezaron a escucharse los alaridos de los cárabos, procedentes de diversos rincones de las entrañas del bosque. Incluso una de estas rapaces nocturnas se atrevió a emitir su sobrecogedora llamada muy cerca del mirador, a nuestro lado.
     Antes de que terminase de oscurecer, volvimos al coche, pero nuestra jornada aún no finalizó. Emprendimos la Ruta de la Puertos, de noche. Realizar tan largo recorrido, nos llevó casi toda la noche y nos dejó agotados, pero mereció la pena por los avistamientos de animales que tuvimos, por lo que también nos dejó muy satisfechos. Volvimos a Ventanueva, y de allí fuimos hasta Moal, donde tomamos la carretera que sube al Puerto del Connio, pasando por Centenales y llegando casi hasta Cecos, desde donde regresamos a Degaña por la carretera que pasa por Busante, Tormaleo, Sisterna y Rebollar.
     Los sapos comunes fueron los animales con los que más veces nos topamos a lo largo del camino, pero no fueron los únicos. También nos encontramos con tres erizos en la carretera y hasta una pequeña musaraña cruzó la calzada a toda prisa delante del coche. Bajando una pequeña cuesta se nos cruzaron un grupo de tres corzos, que probablemente se tratara de una corza acompañada por dos corcinos ya crecidos. Los faros del coche nos permitieron descubrir fuera de la carretera a un ciervo y a un zorro, por el brillo de sus ojos al reflejar la luz. Bajando una cuesta sorprendimos a un cárabo, de plumaje gris, posado en una baliza para la nieve, que al acercarnos voló a un pino cercano, donde también lo veíamos. Y hasta tres cárabos más, otro más grisáceo y dos de plumaje rojizo, llegamos a ver posados en postes en distintos puntos del recorrido; además de un búho chico que volaba a baja altura sobre la carretera.

     Cuando finalizamos la Ruta de los Puertos, en Degaña, aún nos quedaba un buen rato hasta volver a Pola de Somiedo. Prácticamente estuvimos toda la noche desplazándonos con el coche. Faltaba poco para que amaneciese cuando estábamos cruzando el Puerto de Somiedo. Pero en lugar de llegar hasta el hostal, fuimos hacia La Peral, donde en el mismo coche, estuvimos durmiendo unas pocas horas.
     Al despertarnos con la luz de la fresca mañana, teníamos un par de cuervos rondando al lado del coche. Cuando se marcharon, fue cuando nos bajamos del coche y subimos hasta el Mirador del Príncipe. En el entorno de la pequeña aldea vimos bisbitas ribereños alpinos, carboneros, pardillos y colirrojos, además de un escribano cerillo. El cansancio acumulado hizo que solo estuviésemos unas cuantas horas en el mirador. Desde allí localizamos ciervos en los altos prados, y rebecos en las altas rocas, así como un huidizo corzo en las profundidades del valle que se abre a los pies del mirador. También llegamos a ver en ese rato el veloz vuelo del halcón peregrino, y algún tiempo después, la silueta de un águila culebrera. Sin embargo ni rastro de nuestro ansiado objetivo: el oso.
     A pesar de que la mañana se presentaba prometedora, debíamos regresar al hostal a descansar. Estuvimos durmiendo hasta pasado el medio día, cuando, tras almorzar, volvimos a reanudar nuestra jornada campera. Esta vez teníamos previsto dirigirnos a los Lagos de Saliencia, zona que también conocía Jose.
     De camino hacía los Lagos de Saliencia, podíamos observar a las descaradas tarabillas, siempre posadas en oteaderos bien visibles. Poco antes de llegar al Alto de la Farrapona, donde aparcamos el coche, para iniciar una marcha a pie que nos llevaría al primero de los lagos, descubrimos un camachuelo común moviéndose entre un arbusto en la linde de la carretera. Se trataba de un macho, inconfundible, en el que destaca su pecho y vientre de color rojo que contrasta con el casco negro que cubre su cabeza.
     El camino hacia el Lago de la Cueva desfilaba entre roquedos por los que se movían algunos colirrojos, y que eran sobrevolados por los aviones. Al llegar a las proximidades del lago pudimos observar cinco cuervos, y los acrobáticos vuelos de las chovas piquirrojas. El Lago de la Cueva se hallaba en las profundidades de una oquedad del terreno, donde resonaba la tenue voz del sapo patero. Al bajar por el talud vimos algunas ranas bermejas, pero al acercarnos a la orilla tan solo encontramos un sapo partero. Y aunque hubiésemos querido llegar hasta el siguiente lago, ya no nos quedaban suficientes horas de luz. De regreso al coche, un vistazo atrás para contemplar por última vez el paisaje montano del entorno del lago, nos descubrió la silueta de un acentor posado sobre una roca.
     Una vez en que llegamos al coche, emprendimos un breve recorrido nocturno, bajando hasta Torrestío por una pista forestal. Como la noche anterior, se nos cruzaron sapos, aunque no tantos. Entre aquellas soledades nocturnas que envolvían las montañas, transitamos con mucha tranquilidad por la pista, a nuestro ritmo, gracias a la ausencia de tráfico. Pero aún así no se movía ningún animal silvestre por aquellos parajes desarbolados. Ya llegando a Torrestío, en la parte baja y llana del recorrido donde algunos árboles crecían al borde del camino, vimos el fugaz paso de un búho chico. Llegamos al pueblo y dimos la vuelta. Subiendo la cuesta hasta el Alto de la Farrapona no vimos nada, pero bajando hacía Pola se nos cruzó un corzo, y oímos las risotadas de un lejano cárabo en una parada que hicimos. 

Un teito, típica cabaña asturiana

     El último día, sin demorarnos demasiado y tras despedirnos de Borja, hicimos el equipaje y emprendimos el viaje de regreso. Invertimos casi todo el día en el camino de vuelta a casa, y de nuevo nos tocó sufrir los rigores veraniegos sureños cuando llegamos, casi de noche.
     Al cruzar el Puerto de Somiedo pudimos contemplar un cernícalo, y un poco más adelante, una pareja de alimoches que cierran la lista de tantas especies cuantas observamos en este viaje.


(*) Fotografías: gentileza de José Rico.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
25/07/2007
Somiedo
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Algunos
25/07/2007
Prov. León (Babia)
Alimoche Común
(Neophron percnopterus)
Un ind. (adulto)
25/07/2007
Prov. Madrid (sur)
Abejero Europeo
(Pernis apivorus)
Varios
25/07/2007
Prov. León
Culebrera Europea
(Circaetus gallicus)
Un ind.
25/07/2007
Prov. León
Corneja Común
(Corvus corone corone)
Algunas
26/07/2007
Lago del Valle. Caunedo (Mirador del Presidente)
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Bastantes
26/07/2007
Caunedo (Mirador del Presidente)
Corzo
(Capreolus capreolus)
Un ind.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Alimoche Común
(Neophron percnopterus)
2 inds. (adultos)
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Algunos
26/07/2007
Lago del Valle. Caunedo (Mirador del Presidente)
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Varios
26/07/2007
Pola de Somiedo
Mirlo Acuático Europeo
(Cinclus cinclus)
Un ind.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
Algunos
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Carbonero Común
(Parus major)
Varios. Oído
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Carbonero Garrapinos
(Parus ater)
Pocos. Oído
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Varios
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Urraca
(Pica pica melanotos)
Varias
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Corneja Común
(Corvus corone corone)
Varias
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Cuervo Común
(Corvus corax)
Varios
26/07/2007
Lago del Valle
Chova Piquirroja
(Pyrrhocorax pyrrhocorax)
Bastantes. Oída
26/07/2007
Lago del Valle
Chova Piquigualda
(Pyrrhocorax graculus)
Varias. Oída
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Escribano Montesino
(Emberiza cia)
Varios
26/07/2007
Valle del Lago
Escribano Hortelano
(Emberiza hortulana)
Un ind.
26/07/2007
Lago del Valle
Lución
(Anguis fragilis)
Un ind.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Víbora Cantábrica
(Vipera seoanei)
Un ind.
26/07/2007
Lago del Valle
Tritón Alpino
(Triturus alpestris)
4 inds.
26/07/2007
Lago del Valle
Sapo Partero Común
(Alytes obstetricans)
10 inds.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Rana Bermeja
(Rana temporaria)
Varias
26/07/2007
Lago del Valle
Foxino
(Phoxinus bigerri)
Bastantes
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Erizo Europeo
(Erinaceus europaeus)
3 inds.
27/07/2007
Bosque de Hermo. Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Zorro Rojo
(Vulpes vulpes)
2 inds. total
27/07/2007
Bosque de Hermo
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Varios
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Un ind.
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Corzo
(Capreolus capreolus)
3 inds.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Milano Negro
(Milvus migrans)
Pocos
27/07/2007
Bosque de Hermo
Gavilán Común
(Accipiter gentilis)
Un ind.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Pocos
27/07/2007
Bosque de Hermo
Abejero Europeo
(Pernis apivorus)
Un ind.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Halcón Peregrino
(Falco peregrinus brookei)
2 inds. (adultos)
27/07/2007
Bosque de Hermo. Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Cárabo Común
(Strix aluco sylvatica)
Oído. 4 inds.
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Búho Chico
(Asio otus)
Un ind.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Chochín Común
(Troglodytes troglodytes)
Oído
27/07/2007
Bosque de Hermo
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Algunos
27/07/2007
Bosque de Hermo
Salamandra Común
(Salamandra salamandra bernardezi)
4 inds.
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Sapo Común
(Bufo bufo spinosus)
Bastantes
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Bastantes
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Varios
28/07/2007
La Peral. Lagos de Saliencia - Torrestío
Corzo
(Capreolus capreolus)
Un ind.
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Culebrera Europea
(Circaetus gallicus)
Un ind.
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Halcón Peregrino
(Falco peregrinus brookei)
Un ind.
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Cárabo Común
(Strix aluco sylvatica)
Oído
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Búho Chico
(Asio otus)
Un ind.
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Avión Común
(Delichon urbicum)
Varios
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Bisbita Alpino
(Anthus spinoletta)
Varios
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Acentor Común
(Prunella modularis)
Un ind.
28/07/2007
La Peral. Lagos de Saliencia - Torrestío
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
Algunos
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Tarabilla Común
(Saxicola torquatus rubicola)
Pocas
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Carbonero Común
(Parus major)
Pocos
28/07/2007
La Peral. Lagos de Saliencia - Torrestío
Cuervo Común
(Corvus corax)
7 inds. total
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Chova Piquirroja
(Pyrrhocorax pyrrhocorax)
Varias
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Pardillo Común
(Carduelis cannabina)
Algunos. Oído
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Camachuelo Común
(Pyrrhula pyrrhula)
Un macho
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Escribano Cerillo
(Emberiza citrinella)
Un ind.
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Sapo Partero Común
(Alytes obstetricans)
Un ind. Oído
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Sapo Común
(Bufo bufo spinosus)
Pocos
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Rana Bermeja
(Rana temporaria)
Algunas
29/07/2007
Puerto de Somiedo
Alimoche Común
(Neophron percnopterus)
Una pareja adulta
29/07/2007
Puerto de Somiedo
Cernícalo Vulgar
(Falco tinnunculus)
Un ind.