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martes, 24 de enero de 2017

DE BICHEO POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     En compañía de David, compañero del Voluntariado en Pirineos de septiembre del año pasado, con quien acordé que viniera este pasado fin de semana, nos movimos durante el sábado y el domingo por un sector de la Sierra de Andújar que nos deparó interesantes avistamientos de varias especies de la fauna silvestre que en estos montes tienen su hogar permanente… o su cuartel de invernada en el caso de algunos pájaros migradores. Cada día en el campo, aunque se repita el escenario y el público que lo contempla, se representan escenas diferentes, y cambian los actores que en ellas intervienen.

     Nuestro periplo campero comienza el sábado, cuando en camino hacia la sierra vimos unas pocas garcillas bueyeras, divididas en tres grupos distintos, pasando en vuelo sobre la carretera, más los destacados estorninos negros, agrupados en los árboles del borde de la calzada. Al desviarnos en sentido al Embalse del Jándula, empezó a seguirnos un comboy de vehículos que se dirigían a  una montería, lo que nos impidió poder detenernos para mirar los primeros ciervos que sólo pudimos ver de pasada, al igual que tórtolas turcas, urracas, y así como los rabilargos, la “urraca de cola y alas azules” que por estar tan solo presente en algunos montes del centro y del sur peninsular, resulta tan llamativa para las personas, que como David, vienen de fuera.
     Por suerte, para nosotros, aquellos coches no nos siguieron al meternos en el carril de La Lancha. Una breve parada al incorporarnos al carril nos permitió ver algún estornino, un carbonero y un herrerillo. Hicimos un par de paradas antes de llegar a “las curvas”. En un arroyo, a un lado de la pista le indiqué David donde se encontraba un andarríos grande, con su inquieta agitación de su cola mientras se dedicaba a sondear el lecho de arena. Pero él localizó otro al otro lado del camino, en compañía de una lavandera cascadeña. Paramos también en un punto donde los bolos graníticos salpican la dehesa donde vimos a un par de machos de gamo, coronados por sus paletas. Entre las rocas y los prados se movían algunos colirrojos y petirrojos. Pero lo más espectacular fue un alarmado mirlo que salió apresurado de un lentisco cercano, y tras él un veloz gavilán, a los que enseguida perdimos de vista, y de los que nunca más supimos. A lo largo del reto del camino, hasta llegar a las curvas, fueron apareciendo pinzones, más petirrojos, algún conejo, y sorprendimos a un pito real en un poste de madera. Y poco antes de llegar a las curvas paramos a ver un par de arrendajos.

Gamos en la dehesa 

     Mientras íbamos recorriendo las curvas, hubo un momento en el que aprecié cierto revuelo entre la gente que allí se encontraba. Entonces, dejando el coche tal cual lo frené en medio del camino, y sin dudar, le dije a David que se apresurara en bajarse si quería ver al lince. Casi inmediatamente me sumé al grupo. Iba a ser casi imposible observarle, pero sabíamos que estaba allí. Nos lo indicaban el revuelo de los rabilargos, y tres perdices, que alarmadas, se echaron a volar barranco abajo, y que además se estaba desplazando. Pero a la que casi nadie le echaría cuentas sería a una abubilla que se cruzó de frente con los rabilargos. No pasó demasiado tiempo sin que fuera visto cruzando el camino, y fue ahí cuando pudimos verlo nosotros. A partir de ahí estuvimos siguiendo sus movimientos entre el matorral, entre el que a veces desaparecía. La voz de alarma de algún mirlo y un ciervo macho que con ligereza se apartó de la ruta que llevaba el gato, nos lo volvieron a redescubrir. Pese a la notable diferencia de tamaño, el ciervo no apartaba la vista del lince, que con paso decidido, desfiló frente al gran ungulado de ramificada cuerna. Cuando dejo de verse definitivamente aparqué el coche a un lado del camino. Por suerte no le había estorbado a nadie.
     Poco más tarde volvió a ser visto por la misma zona. Tal vez hubiera regresado pronto de su campeo, tal vez fuese otro distinto, no lo sabemos. Nosotros tan sólo teníamos de referencia la zona donde había sido localizado. Pero la gente se empezó a largar pronto, especulando con la posibilidad que hubiese pasado a la otra ladera de la colina. Y en ese momento, cuando la gente se retiraba con cierta ansiedad, la paciencia nos recompensó mostrándonos nuevamente al moteado gato. Lo localizó David, y al vernos mirar tan atentamente con los prismáticos hacia el mismo sitio, volvieron apresuradamente los que ya se iban, sin llegar a verlo, porque ya desapareció entre la vegetación. Quizás podría pensarse que alguien que viene por primera vez a la Sierra de Andújar, y bimba al ser más emblemático por excelencia nada más arribar, no llegaría a apreciarlo y a valorarlo como bien merece, pero el entusiasmo con el que mi compañero de campo en esta jornada vivió la experiencia, es el más sincero reflejo de todo lo contrario.
     Invertimos el resto de la mañana por allí, viendo pasar de vez en cuando buitres leonados, y algún que otro negro. También vimos muy lejos el águila imperial, un individuo damero. También nos estuvieron entreteniendo un rato las currucas cabecinegra y rabilarga, con sus reclamos, y dejándose ver alguna de cuando en cuando. Se dejó ver una familia de mitos, con sus agudas voces se movía entre los bajos chaparros y las jaras y los romeros. Unos pocos aviones roqueros daban pasadas por el lugar, mientras veces cruzaba alguna paloma por la zona. Mientras estábamos pendientes de las voces de las urracas, una pequeña bandada de verdecillos irrumpió en la zona. Además, un cuantioso grupo de escandalosos rabilargos vino volando ladera abajo.

Embalse del Jándula

     Para la hora de comer bajamos hacia el Embalse del Jándula, no si antes hacer una breve parada en el mirador del embalse. Por la presa se movían unos pocos colirrojos, mientras por sus alrededores volaba algún avión roquero. Desde la presa advertimos en la pared a unas cabras monteses, una hembra y un par machos, que prácticamente pasaban desapercibidas. En el río nadaban un par ánades reales, mientras entre la vegetación se movían algunos mosquiteros y dos lavanderas cascadeñas entra las piedras.
     De vuelta, andorreamos un poco por el poblado de La Lancha. Sobre los eucaliptos que por allí crecen pudimos ver unos cuantos estorninos y unos pocos picogordos. Nos asomamos al valle para mirar el embalse desde otra perspectiva. Oímos a la llamada de las chovas, y no tardamos en ver dos jugando en el aire, entrecruzando sus trayectorias. Entre los arbustos del entorno vimos pinzones, petirrojos, a los cuales e les podía oír también, algún mosquitero, y a un carbonero común sobre una roca. Pero sobre otra roca divisamos al más genuino poblador de estas pétreas formaciones, al azul roquero solitario, que posó más de una vez por allí.

Río Jándula

     Al llegar a las curvas nos quedamos allí hasta que anocheció. Y de nuevo, gracias a la gente que habían visto el lince antes de llegar nosotros, volvimos a verlo, casi cuando ya estábamos apunto de marcharnos. Pero esta vez se trataba de dos linces, que entre la lejanía y la penumbra del atardecer, sólo podíamos observarlos con cierta gracias a un telescopio del que hicimos el usufructo. En general permanecieron bastante parados casi todo el tiempo. Y mientras estábamos algo absortos con los linces, esperando ver algún comportamiento más activo, cantó un cercano mochuelo, posado sobre un granito. De regreso a Andújar, ya de noche, memorando la extraordinaria jornada lincera, vimos junto al camino algunos ciervos.

     Dado que habíamos conseguido ver el lince el día anterior, me permití ampliar nuestro recorrido del domingo para que David conociese otros lugares de la sierra. No prioricé ir hasta La Lancha desde el principio, así que fuimos al Encinarejo. Al poco de salir de Andújar, además de repetir las garcillas bueyeras volando sobre la carretera, también pasó un bando de avefrías. También vimos de pasada estorninos y tórtolas turcas por aquella de zona de cultivos, al inicio de nuestro recorrido. Al transitar ya por la sierra vimos unas urracas y una torcaz, posadas en la vegetación junto a la calzada.
     La niebla se concentraba sobre el Río Jándula. Mientras recorríamos carril hacia la presa del Embalse del Encinarejo, vimos pinzones y David deparó en un conejo. En el puente se agolpaban varias personas, que como nosotros, habíamos acudido para intentar ver a la nutria, pero la densidad del manto de niebla sobre las aguas no invitaba al optimismo, así que en vez de alargar la espera le sugerí a mi compañero enseñarle un poco la zona, y tirar otra vez a La Lancha antes de que se fuera.

El Río Jándula envuelto en la bruma mañanera

Cormorán Grande

































     Nos acercamos a un gran remanso del río, y curiosamente la bruma se desvaneció rápidamente. Observamos a un par de cormoranes reposando sobre las deshojadas ramas de un fresno, y sobre ellos, en las ramas más altas de la oleácea ribereña, unos picogordos. Los petirrojos nos acompañaban por las rocas aledañas. Al final del gran remanso del río se dejó ver la garza real, y después de muchos años sin verla por allí, también apareció la gallineta, vista por David en primer lugar. Entonces, en cuestión de segundos, también David me avisa de la presencia de la nutria, mientras me la señala, pero sólo me da tiempo a ver fugazmente como una silueta oscura se hunde en el agua, que bien hubiera podido ser un pez. Durante un tiempo, que quizás nos pareció más largo de lo que realmente fue, nos quedamos expectantes, aguardando su regreso. Y la nutria volvió a surgir de las aguas, que a pesar de la lejanía, la vimos claramente como comisqueaba algo, con la cabeza totalmente descubierta y la parte superior de su alargado cuerpo emergido, junto a unos cantos rodados. Al dirigirnos hacia el coche escuchamos el trino del escribano soteño, y lo acabamos localizando sobre la copa de una encina. Vimos también unas totovías por el suelo.

Abubilla

     Al retomar la marcha nos fijamos en una abubilla totalmente inmóvil sobre la hierba escarchada. Y sobre una encina, antes de volver a parar, pudimos ver un par de escribanos montesinos. Nos volvimos a asomar al río, y nuevo nos encontramos con la nutria casi nada más llegar, observándola desde otra perspectiva, durante más tiempo. Venía nadando tranquilamente aguas abajo, y la distancia a la que estábamos hizo que la señora del río no advirtiera nuestra presencia. Lo mismo iba por mitad del cauce que se dirigía a las orillas. Parecía estar jugando y disfrutando del fluido en el que desenvolvía sus movimientos. Igualmente se zambullía, que nadaba superficialmente, que se subía a algún tronco que se cruzase en su camino. Un cormorán que también nadaba por aquel tramo, se largó volando aguas arriba, cuando la nutria se acercó. Su jornada de pesca culminó con la captura de algún pequeño pez, que hasta pudimos oír el ruido que producía al mascarlo en una orilla. Avisando de su llegada con su graznante voz, una garza real que vino a posarse en un fresno. Casi simultáneamente también se escuchaban el zorzal charlo, el herrerillo capuchino, la totovía, y el berrido de un ciervo que retumbó en el monte en una ocasión, más otro sonido que no llegamos a identificar, pero fue el águila imperial la que nos hizo apartar la mirada del mustélido para buscarla en el despejado cielo. Y a lo lejos pudimos ver un adulto planear sobre el pinar. El atronador ruido de algunos disparos o las campanas del santuario cuando se agitaban, invadían con brusquedad el ambiente, rompiendo la armonía de los sonidos naturales. Por las encinas del entorno se movían también algún herrerillo común, y un grupo mitos.

Nutria

     Siguiendo nuestra ruta nos encaminamos hacia La Lancha, donde pasamos el resto del día. A nuestro paso vimos ciervos y gamos, en los que nos entretuvimos un poco, y urracas, rabilargos, un par de charlos, petirrojos, pinzones. Un águila imperial adulta cicleando sobre la pista nos hizo detenernos en el camino también. Mientras la veíamos deparé en la presencia de una discreta hembra de roquero solitario en unas piedras cercanas.

Dos gamos machos descansando en el encinar

Ciervas
































     Durante el tiempo de espera llegamos a ver a un par de águilas imperiales volando juntas, a las que también pudimos escuchar. Antes y después de ver la pareja de imperiales, observamos un águila real que pasó por allí. Y tan sólo un único buitre leonado es lo que llegamos a ver de estas grandes aves, habitualmente gregarias. Había unos pocos lejanos ciervos dispersos por la zona, que de vez en cuando todavía berreaban, además de urracas, rabilargos y torcaces a las que tanto se las podía ver y oír. Mientras por las inmediaciones revoloteaba algún avión roquero y las abejas se dedicaban afanosamente a libar nectar de la violeta flor de los romeros, a lo lejos descubrimos el vuelo de un gavilán. También se escuchaba el ajeo de la perdiz, los reclamos de las currucas cabecinegra y rabilarga, e incluso llegaron a sonar las potentes notas del alcaudón real, pero no lo encontramos.

Apis mellifera entre las flores de Rosmarinus officinalis

     Las últimas horas de la tarde las pasamos mirando una pequeña vaguada donde nos avisaron que un lince había sido visto. Había menos gente que el día anterior, aunque repetían algunos. Al llegar al sitio, una joven águila imperial volaba relativamente baja por la zona. El tiempo pasaba, y yo mismo dudaba que aún se encontrara por allí escondido. Observábamos el tranquilo comportamiento de petirrojos y algún mirlo al adentrarse en los arbustos que controlábamos visualmente. Incluso un conejo llegó a refugiarse en un lentisco. Entre tanto se volvió a escuchar al alcaudón real, pero de nuevo sin llegar a ser visto. En unas peñas localicé a un roquero solitario macho, que no fue tomado muy en cuenta por la gente. Tan sólo distrajeron su atención al pasar una joven águila real describiendo círculos en el aire.

Juvenil de águila imperial

Águila Real joven

































     Pienso que la observación de fauna silvestre en el medio natural está muy supeditada al azar. Que en muchas ocasiones es estar en el momento y en el lugar, aunque la paciencia para esperar y la perseverancia de volver a un lugar también acaban dando sus frutos. Nos enteramos por un conocido mío, que el gato salió de su escondite a escasos minutos después de habernos ido.
     Durante el camino de regreso vimos tórtolas turcas, trigueros, perdices, y un par de pitos reales compartiendo el mismo poste de madera. En una dehesa junto a la que paramos a esperar a la chica con la que David se iría, pudimos ver unos ciervos por un lado y un pequeño grupo de gamos por otro. Un zorzal charlo era quizás el ave que más destacaba de cuantos menudos pájaros andorreaban por la hierba. Los gregarios fringílidos en un bando mixto compuesto por verdecillos, pardillos, pinzones y algún jilguero se mezclaban con los bisbitas pratenses, compartiendo el prado del abierto encinar con sus primas cercanas, las lavanderas blancas. Además del zorzal, también estaban por allí sus primos túrdidos más pequeños, los colirrojos tizones y una pareja de tarabillas comunes, y además vimos unos cuantos gorriones. A la caída de la tarde, cuando me despedí de David, empezó a maullar un cercano mochuelo.

(*) Fotografías: gentileza de David Gómez.
                                                                                                                           

Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nissus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalli)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Común (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Triguero (Miliaria calandra)

martes, 8 de diciembre de 2015

REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Hace un par de días que Elena, Manu y yo hemos vuelto a acompañar a Laura por los mismos sitios en los que estuvimos hace unas tres semanas, para que realizara un reportaje fotográfico para el trabajo sobre el que se estuvo documentando entonces de la Sierra de Andújar como destino turístico. Pero esta vez completamos el recorrido, mostrándole otras zonas, que la vez anterior, por falta de tiempo, no pudimos ir.
     Iniciamos nuestra ruta por Los Cerrillos, que ya saliendo de Andújar, antes de llegar a la zona, nos ofrecían una angostada imagen de verano en pleno Diciembre, teñidos por oscuras tonalidades de ocre y marrón. La causa, la total ausencia de lluvias en más de un mes, junto a temperaturas más elevadas de lo que es (o era) habitual.
     Encontramos no obstante un considerable número avefrías asentadas en el ondulado paraje, a las que paramos a ver por la curiosidad que despiertan en quienes solo tenemos oportunidad de observarlas en invierno cerca de casa. Había también lavanderas blancas, “pajaritas de las nieves”, que aunque difícilmente llegue a nevar en estas latitudes, y a tan bajas altitudes (menos de 300 metros), se las considera aves mensajeras del frío, aún cuando algunas de ellas crían y viven de manera permanente en las riberas próximas. Las tarabillas comunes, posadas en las alambradas o en los tamujos, el colirrojo tizón, y los bisbitas pratenses, moviéndose entre la hierba, completan el elenco de aves invernantes en el lugar, mezcladas con las residentes como los estorninos negros, dispersos por el prado, las blanquinegras urracas, y las cogujadas comunes, agolpadas en un pequeño grupo más compacto. Vimos también un alcaudón real, que se alejó desde el tamujo donde estaba apostado hasta una alambrada.

Vista panorámica de la Sierra de Andújar

     Atravesando el monte bajo de encinar conforme ascendíamos, pasaban rabilargos sobre la carretera. Paré a ver unos estorninos negros en las ruinas de una casa, y mientras pasó volando un zorzal común.
     Sonaban los pitidos del pico picapinos en el umbrío pinar por el que caminábamos hacia la piscina de la vieja casa, y acabamos viendo fugazmente el ondulante vuelo de este pájaro carpintero. La piscina mantenía más o menos el mismo nivel de agua. Pero en esta ocasión solo encontramos un par de gallipatos, y ningún tritón, aunque también había tres pequeñas ranas. Manu, un gran entendido en setas, no hizo fijarnos en un par de concentraciones de Leocarpus fragilis, un pequeño hongo que prolifera a modo de diminutas bolitas entre las acículas de pino caídas en el suelo, y también encontró un ejemplar de Mycena pura y un yesquero del pino (Fomitopsis pinicola). Las rúsulas que asomaban sobre la densa capa de pinocha, estaban desecadas debido a la completa falta de lluvia.

Un par de metamorfos de rana verde ibérica

     Siguiendo nuestro itinerario por las Viñas, llegamos hasta otro rincón en el que se abre el paisaje a la vista, a través de una vaguada donde en la ladera de la solana crecen los pinos piñoneros entre grandes bolos graníticos, y en la de la umbría se elevan las encinas sobre el matorral, y en la hondonada el otoño tardío da sus pinceladas de amarillo en unos chopos. Al llegar, podíamos oír el canto de las perdices, que salieron volando al asomarnos a este balcón natural. También se escuchaba al mirlo. Recogí un poco de la mucha basura que por desgracia queda abandonada en la zona. Manu, por su parte, nos mostró un champiñón (Agaricus sylvaticus) que encontró, de olor anisado y rubescencia (tendencia al rojo).
     En vez de tirar para La Lancha, como la ocasión anterior, nos dirigimos primero hacia la Recta de Lugar Nuevo, donde hicimos un breve recorrido, y luego hacia el Encinarejo, con la intención de hacer más completa la visita guiada a Laura. Momentos antes de cruzar el puente de hierro sobre el Río Jándula, nos topamos con un joven vareto de gamo en la carretera, que no podía huir hacia el monte por las vallas.

Joven gamo, atrapado entre la carretera y una malla cinegética

     Nuestra primera parada por el Encinarejo fue en el mirador, donde hace unos años, por estas épocas en las que da comienzo el celo del lince, solía haber algún naturalista en paciente espera, probando a la suerte. Pero parece que el felino mediterráneo se ha rarificado aún más en el lugar, que a día de hoy los naturalistas prefieren “las curvas de La Lancha”, por lo que estuvimos allí solos, tranquilamente un rato. Nada más llegar, un cormorán emprendió el vuelo. Descubrimos una garza real, casi invisible, posada entre las deshojadas ramas de los fresnos, que también se fue volando al cabo de un tiempo. Podían oírse los arrullos de las torcaces, y alguna se vio en vuelo. Y a lo lejos, vimos a los buitres leonados.
     También estuvimos un rato por la zona de la presa, donde desde el puente estuve viendo a los inquietos mosquiteros revolotear entre las piedras del río y las ramas de los sauces de la orilla. Y mientras pasaron algunos grupos de cormoranes.

Río Jándula


Macrolepiota sp.
     El siguiente sitio al que fuimos fue a una de las playas del Embalse del Encinarejo, donde también recogimos algo de la basura que la gente deja abandonada en el campo. Encontramos Amanita muscaria formando un extenso corro de brujas bajo los grandes eucaliptos. Esta especie de hongo no micorriza con esta especie de árbol, sino con encinas, lo que nos indica que la arboleda natural que allí debía encontrarse es el encinar. Junto a ellas también crecían Pisolithus arhizus, cuya seta no tiene la forma típica, sino que se asemeja más a una bola. Cerca de allí, encontramos un par de parasoles (Macrolepiota sp.), sin abrir, y que debido a la sequía, posiblemente ya no lo hagan.

Amanita muscaria














     De vuelta, paramos en el camino para mirar una altanera águila imperial que cicleaba sobre el pinar. Hicimos una última parada en el área del Encinarejo, donde están los inservibles observatorios de Doña Rosa y Los Lastrones, por su ineficaz función e incómodo diseño, y lo mal ubicados que están. Al llegar, pudimos ver como alzaba el vuelo un cormorán, golpeando el agua con las alas al despegar. Y al águila que habíamos visto viniendo, se le sumó otra más que podíamos ver desde aquí. Antes de salir de nuevo a la carretera, pudimos ver un conejo que se escondió bajo unas zarzas.
     Nuestra siguiente etapa del recorrido transcurrió por el camino de La Lancha, donde nada más pasar las Viñas vimos un pequeño bando de gorriones, y de ahí en adelante no faltaron urracas, rabilargos, algunos pinzones, unos zorzales charlos y un grupo de totovías. Pero sobre todo dedicamos nuestras paradas a los gamos y a los ciervos. En una de esas paradas que dedicamos a los ciervos, vimos también una abubilla. Había también bastante tráfico por el camino. Y como si fuéramos repitiendo la misma rutina que la ocasión anterior, paramos a almorzar cerca de la tumba que hay junto al camino, donde un petirrojo se volvió a dejar ver, como aquella vez. Encontramos en “las curvas” bastante concurrencia de gente ya, esperando que la suerte les sonría y se deje ver el lince.
     Paramos en La Lancha antes de bajar al Embalse del Jándula, y anduvimos un rato por el viejo poblado. Sobre los altos eucaliptos vimos unos picogordos, y entre las ruinas del poblado encontramos un sapo corredor. Había también algunos estorninos, a los que podía oírseles la variedad de voces que pueden emitir. Al asomarnos al borde de un talud desde el que se contempla una panorámica del valle por el que discurre el Río Jándula, asustamos a unas perdices que levantaron el vuelo dejando oír su reclamo de alarma. Era llamativo ver en flor algunos romeros y cantuesos por el entorno. Manu encontró unas setas de cardo (Pleurotus eryngii ferulae) por las cercanías.

Sapo Corredor
Flor de cantueso































     Cuando llegamos al pantano, dejamos el coche, cruzamos  andando la presa, y atravesamos el túnel. Pude ver algún que otro colirrojo en el entorno de la presa, sobre la que estaban concentrados en gran número los aviones roqueros.
     Paseando hacia el Mirador del Rey, en las últimas horas de la tarde, podían verse pasar algunos cormoranes. Se oyeron los graznidos de la chova piquirroja, y pude localizarla volando sobre la presa. En la orilla del otro lado, de nuevo nos faltaron las cabras en la inmensa pared de granito. Ladera arriba por donde discurre el sendero, las cornicabras, salpicadas como manchas amarillas, naranjas o rojas entre los siempre verdes acebuches, labiérnagos, y sus primos los lentiscos, nos indican que estamos ya a finales del otoño. No así la temperatura, que resultaba agradable incluso para estar apunto de oscurecer. De vuelta al coche empezó a ulular el búho real, al que estuvimos un rato escuchando mientras las últimas luces de la tarde se iban disipando.

Embalse del Jándula

     A la vuelta, paramos por última vez un rato en la zona de “las curvas”, donde estuvimos escuchando berrear con fuerza a algún ciervo. Pero nuestra atención estaba puesta en el cielo. Le explicamos a Laura que toda Sierra Morena, fue declarada Reserva Starlight, la más extensa del planeta, lo que significa que es un lugar idóneo para la observación astronómica por la calidad de su cielo, en el que afortunadamente hay muy poca contaminación lumínica. Y sin que todavía hubiese oscurecido completamente, ya se apreciaba la Vía Láctea. Además podía verse con claridad Casiopea, el Cisne y el Delfín.
     Y de nuevo nos volvimos a encontrar con el molesto obstáculo que suponen las vallas a los grandes animales de interés cinegético. Acorralado en el camino por las vallas que hay a ambos lados, nos topamos con un ciervo que trataba de huir desesperadamente del coche, al que solo pude dejar atrás, cuando se apartó lo bastante de la pista.

Fotografías: gentileza de Laura Plaza.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

lunes, 9 de enero de 2012

AVES INVERNATES E INVASORAS EN LA DESEMBOCADURA DEL RÍO JÁNDULA

     El paraje de La Ropera es un lugar que nunca deja de sorprendernos a los que amamos la Naturaleza, aunque a veces también nos depare algún disgusto, casi siempre de la mano del ser humano. Esta vez ha acogido, como cuartel de invernada, a unas cuantas cercetas y agachadizas comunes, además de unas pocas garcetas grandes. O tal vez solo suponga un área de paso, ya que estamos soportando un invierno de sequía y temperaturas diurnas más bien altas. Este fue el motivo por el cual David y yo visitamos ayer el lugar, y conseguimos ver a estas especies poco habituales por la zona. Pero también nos topamos con una numerosa bandada de picos de coral, especie exótica e invasora introducida por el hombre, que pululaban entre la vegetación palustre y se posaban en las deshojadas ramas de los árboles de la ribera.
     Saliendo de Andújar, nos pasaron en vuelo un par de grajillas, y al desviarnos al carril vimos unas garcillas bueyeras entre los olivos. Poco antes de llegar también vimos unos bisbitas y unos jilgueros. Como otras veces, dejamos el coche aparcado en el cruce, y fuimos caminando paralelos al cauce, río abajo. Y como casi siempre, al bajarnos del coche observamos entre las ramas de los cercanos olmos alguna curruca capirotada y también al petirrojo. Los rabilargos también estaban allí presentes.
     No andamos mucho, e hicimos una primera parada para asomarnos a la orilla del río. Mientras nos acercábamos se escuchaba alguna gallineta. Las aguas de este tramo de río, como es habitual, eran turbias, pero bajaba muy poco caudal, nada que ver con los dos últimos inviernos. Teníamos la luz en contra pero no tardamos en descubrir una garceta grande, aguas abajo, en medio del lecho del río, y a continuación encontramos a las agachadizas en una playa. También había por allí unas cigüeñuelas, y pasó volando una garceta común. Antes de cambiar nuestro sitio de observación, descubrimos por casualidad al martín pescador posado en un tendido eléctrico.
     En el segundo sitio de observación que elegimos, teníamos una mejor perspectiva, por lo que estuvimos más tiempo. La luz no nos daba de frente, pero había demasiada distancia para que David pudiese sacar alguna foto. No tardó en aparecer el bullicioso bando de picos de coral, que por las imprudencias humanas, acaban viviendo donde no les corresponde, perjudicando así, a las especies locales. También pudimos observar muy próximas a las agachadizas, nadando en el agua, un grupo de cercetas comunes. Así mismo era posible ver algún andarríos y alguna lavandera por aquella cenagosa orilla. El martín pescador no tardó en volver a aparecer, posándose frente a nosotros, en la otra orilla, y más tarde volvió a pasar volando sobre el río. Cerca de donde estuvo posado el martín, también se paró un mirlo, que raudo se escondió entre la vegetación. Entre las secas eneas también se movía de vez cuando algún mosquitero. Un buitrón pasó fugazmente cerca de nosotros. Al ruiseñor bastardo solo se le pudo escuchar. También se escuchaban los verdecillos y algún verderón, a los cuales llegamos a ver. Un carbonero que también cantaba, se le veía fácilmente entre las ramas desnudas de los alisos y los sauces. Unas inquietas avefrías también acompañaron un rato a las agachadizas, pero no tardaron mucho en marcharse. Y poco antes de cambiásemos nuestro punto de observación, se dejó ver una hembra de aguilucho lagunero planeando.

Picos de Coral

     Previamente habíamos visto más abajo un segundo grupo de cercetas, y con ellas, unas cuantas gallinetas moviéndose en otra playa. Pero antes de que nos acercásemos, emprendieron el vuelo, huyendo. Desde este tercer punto veíamos de nuevo a la garceta grande en medio del río, y cerca de ella vino a posarse una garza real. También pasaba algún azulón disperso por allí. De vuelta hasta el coche pudimos ver a la curruca capirotada y una pareja de pinzones, y paramos en medio del camino para mirar a la garceta grande por última vez.

(*) Fotografía: gentileza de David Torres.


Lista de Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garceta Común (Egretta garzetta)
  • Garceta Grande (Casmerodius albus)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cerceta Común (Anas crecca)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Agachadiza Común (Gallinago gallinago)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleucos)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Bisbita Pratense (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pico de Coral Común (Estrilda astrild)
  • Pinzón Vulgar (Frigilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)