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domingo, 10 de diciembre de 2017

RUTA GUIADA POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Junto con Inma y con Paco, ayer pasé una gran jornada en la Sierra de Andújar. Fue un día de trabajo, para unas rutas guiadas con Iberus, pero cuado pasas el tiempo entre personas tan entusiastas con lo que hacen, el trabajo se convierte en todo un estímulo. Inma y yo recogimos a nuestros respectivos clientes en el Centro de Visitantes de las Viñas de Peñallana, y desde allí, yo detrás de ella, nos dirigimos hacia La Lancha.
     En nuestro recorrido vimos urracas y rabilargos, pero sin duda los que hacían las delicias de las observaciones de nuestros clientes eran los abundantes ungulados de los montes mediterráneos andujareños, ciervos y gamos, que exigían improvisar algunas paradas. Por el camino vimos también pinzones y un cernícalo.
     En una parada en la que nos apeamos del coche acabamos localizando un pequeño rebaño de muflones, compuesto por seis hembras y dos machos. Vimos también un discreto mochuelo, sobre unas rocas de granito, a la sombra de unas encinas, pese a la cerrada nubosidad del día. Se podían escuchar petirrojos por el entorno, mientras alguna lavandera blanca se paseaba por el carril.
     Paramos también al llegar a las curvas, apartados de las grandes concentraciones de gente, donde pudimos observar conejos. Al menos cinco ejemplares distintos. A quienes comprendemos el funcionamiento de estos ecosistemas, nos produce mayor entusiasmo contemplar a este modesto animal que a un ciervo, pues el conejo es una presa fundamental en la dieta de los depredares de este medio natural. También vimos algún mirlo que prospectaba el suelo. Se escuchaba a la curruca rabilarga, y acabamos descubriendo una moviéndose entre las ramas de un madroño cercano.

Lince Ibérico

     Poco después hicimos otra parada porque sabíamos que se estaba viendo el lince. Y nada más bajarnos del coche lo localicé, encaramado junto a unos romeros. Permaneció bastante rato echado en el suelo, dormitando, y mientras tanto se nos unió Paco con su grupo. Pero tras cesar su descanso no se incorporó inmediatamente, sino que aprovechó su amagada posición para iniciar un rececho. Y desplazándose ligeramente a cortos trechos se lanzó a por un conejo. El lance no tuvo éxito, como ocurre la mayoría de las veces en la naturaleza, del que salieron dos raudos conejos por la loma donde ocurrió, y tras la que se había ocultado el lince. Las urracas, hasta una curruca cabecinegra, parecían reprocharle su fracaso. Delataban su presencia, todavía en la zona, pese a que nosotros no podíamos verlo. Y decidimos seguir nuestra ruta.
     Nuestra siguiente parada fue para observar las cabras monteses de los alrededores del embalse del Jándula, mientras les servimos un aperitivo campero a nuestros clientes, con productos locales y ecológicos, escuchábamos los reclamos del carbonero. El aire que entraba valle arriba, venía cargado de humedad. Pero a parte de las cabras, en las rocas también había posados unos buitres leonados, más otros que pasaron en vuelo. Con estos, también venía un buitre negro. También se dejaron ver un par de chovas. De vuelta, pasado el medio día, a parte de ciervos y gamos en el camino, me fijé en un zorzal charlo posado en la rama alta de una encina, y en un macho de tarabilla en un alambre.
     Tras dejar a los clientes en el punto de encuentro, y para aprovechar el resto del día, Inma y yo nos fuimos hacia la finca privada para ayudarle a Paco con los suyos. Por el camino nos dedicamos con mayor interés a fijarnos en los pájaros. Entre una multitudinaria bandada de pinzones, Inma fue capaz de dar con un pinzón real, que yo no llegué a ver, porque no tardaron mucho en levantar el vuelo, formando una gran algarabía con sus reclamos. También buscamos entre los estorninos negros algún pinto, pero no lo encontramos. Tan sólo un avefría compartía aquellos campos, pero sin mezclarse con ellos. Pero además habíamos visto lavanderas blancas por los campos donde estaban los estorninos y los pinzones, más una lavandera cascadeña, un par de pitos reales por el camino, pardillos, a los que también oímos, y unos jilgueros.
     Entrando en la finca pude ver un verdecillo. Por el entorno del sitio que elegimos para hacer una espera se movía una lavandera blanca y un bisbita por el suelo, mientras un ruidoso y compacto bando de los estorninos cambiaba a menudo de encina donde se dejaba caer. Vimos también dos conejos. Cuando nos pusimos a almorzar, Inma no tardó en divisar dos linces que bajaban descendiendo entre las rocas de la ladera de enfrente nuestra. Avisamos a Paco, que estaba en otro punto para que estuviese atento. Y los linces, una madre con su cría del año llegaron a un prado donde estuvieron moviéndose por largo rato, antes de volver a ascender ladera arriba hacia al final de la tarde, cuando algunos rayos de sol atravesaban la cortina de nubes, y bañaban de luz algunas áreas de los montes adyacentes. Los mochuelos habían empezado a cantar con el crepúsculo. Pero la humedad atmosférica puso activos a los sapos, y de noche, cuando íbamos de regreso hacia el Centro, los encontramos. Un par de sapos corredores, y uno de espuelas, a los que nos entretuvimos haciéndoles fotos con la ayuda de una pequeña linterna, y posteriormente apartamos de la carretera para evitar que fueran atropellados.

Sapo Corredor

Sapo de Espuelas



























Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalli)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Bisbita Pratense (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)

lunes, 16 de enero de 2017

EL LANCE DEL LINCE

     Inesperadamente no trabajé hace dos días, lo que me brindó la oportunidad de salir al campo en compañía de Julia, Lucía y Paquillo, que junto a otros compañeros de su promoción de Ciencias de Ambientales de Málaga, entre los que están Lola, promotora de la quedada, vinieron a pasar este fin de semana en la Sierra de Andújar. El grupo había contratado una visita guiada por Inma y Paco, y durante nuestro recorrido me encontré con Raimundo, con quien pasé la mitad de la jornada. Una jornada naturalista que además haría las delicias del más exigente de los naturalistas, en la que se dejaron ver las seis especies emblemáticas que residen permanentemente en este privilegiado enclave de Sierra Morena que es Andújar, acompañadas de un variado elenco de otras especies igualmente interesantes, siendo de entre aquellas primeras el lince el que en mejores condiciones pude observar.

La cauta mirada del lince

     Me encontré con el grupo en El Encinarejo. Ellos ya me llevaban cierta ventaja, pues hasta que supe que ese sábado no trabajaría, ya llevaban en el campo casi un par de horas, y habían visto a la nutria. Por el camino yo había visto algunas de las aves más usuales que suelen verse al recorrer ese trayecto, estorninos, algunas urracas y al mirlo. Lamentaba no haber podido llegar antes, y haber compartido el avistamiento de la nutria, pero mientras aún esperábamos su aparición en las tranquilas aguas del río, podíamos oír a un par de gorriones chillones posados en un cable, ver a los mosquiteros y a la lavandera cascadeña pulular entre los guijarros del río y a unos cuantos estorninos sobre un eucalipto seco. Pero tan solo vimos salir de la espesura de la vegetación a un picogordo que cruzo el caudal volando de orilla a orilla, para ocultarse nuevamente entre las plantas.
     Pero con el cambio de ubicación, sí que logramos ver al mustélido acuático, delatada por sus movimientos, aunque tan sólo unos instantes. También divisamos, a pesar del fuerte contraluz, a los dos miembros de una pareja de águilas imperiales posadas en sendos postes, mientras podíamos oír al zorzal charlo y los arrullos de palomas torcaces, de las que vimos alguna que otra pasar por allí. Una familia de mitos se movía por unas encinas próximas, mientras se descubrió entre el matorral por unos momentos una curruca cabecinegra hembra, a la cual habíamos oído. También pasaron unos pocos cormoranes, y vimos a la garza real.
     Del Encinarejo no movimos hacia La Lancha. Lucía me acompañó durante todo este recorrido, lo que nos dio más tiempo para hablar sobre nuestras vidas y ponernos al día, que ya hacía más de un año que no nos habíamos visto. Por el camino vimos urracas, rabilargos, tórtolas turcas, alguna abubilla, perdices, trigueros, petirrojos y pinzones, e hicimos algunas paradas para observar el terreno en las que pudimos ver colirrojos y al andarríos grande. Sobre una redondeada roca de granito aparecían un par de mochuelos, como parte de la misma, a modo de dos pequeños bolos graníticos puestos sobre ella. Un par de madrileños que venían con un niño, que pararon junto a nosotros se entusiasmaron bastante con estos avistamientos, que además, por su entusiasmo motivado, parecían estar descubriendo estas aves por primera vez. Una satisfacción que ya es menos patente en los que nos hemos acostumbrado a ver con cierta asiduidad estos animales, pero que no debemos olvidarnos del placer que supone seguir observándolos, pese a lo comunes que puedan resultar.
     Bajando por la zona de curvas, divisamos un buitre leonado y un negro. Pero eché de menos a lo largo de todo el trayecto no haber visto ningún ciervo. Paramos en el Mirador del Jándula, desde donde vimos más buitres, aunque más lejos. El águila real, posada sobre una roca, a lo lejos, que poco después emprendió el vuelo compartiendo el espacio aéreo con los buitres. Más cerca, vimos un ejemplar damero de águila imperial alejándose. Y por las inmediaciones no nos faltaron los petirrojos, frecuentes ahora, en la invernada, y las torcaces que sobrevolaron el área. También divisamos con los telescopios un ciervo. Inma además estrenaba su “tele” ese día.
     Seguimos hacia la presa del Embalse del Jándula sobrevolada por múltiples aviones roqueros. También vimos algunos buitres planeando, y un leonado particularmente pasó volando bastante cerca. Con Paquillo rememoramos cuando él vio el lince por aquella zona en el Voluntariado en el que nos conocimos Inma, él y yo, así como la valoración del trabajo que allí acometimos con los eucaliptos. Julia, un compañero de su grupo y yo entramos un momento en el túnel a ver los murciélagos que allí reposan durante el día. Desde los aparcamientos, volvimos a levantar la mirada al cielo para ver al águila imperial volando entre los buitres.
     De camino hacia arriba fue muy propicio que me encontrara a Raimundo, con quien me quedé a comer y a echar el resto del día, puesto que el grupo tenía una visita al interior de una finca privada. El zumbido de las abejas entre los florecidos romeros era continuo. Poco antes de comer se escuchaba la curruca cabecinegra, y un macho acabó elevándose sobre el lentisco donde se ocultaba, para volver a esconderse a continuación.


















     Después de almorzar Raimundo sugirió que deberíamos darnos un paseo. Acertada proposición, pues no muy lejos un grupo de gente acababa de ver al lince. Entre ellos estaban los madrileños con los que había coincidido por la mañana. No debimos esperar demasiado rato para verlo. Aunque dada nuestra posición y la del felino resultaba difícil hacer una observación cómoda. Lo descubrimos inmóvil, contra una roca. Algo llamaba poderosamente su atención, que le atrapaba la mirada como para ignorar la expectación que había despertado entre el público que lo contemplaba. Y tras una breve pero apresurada y certera carrera el lince se precipitó sobre su presa por excelencia, un joven conejo en el que yo por lo menos, no había deparado en su presencia. Quizá porque mi atención en el lince estaba tan centrada como la del lince lo estaba en el conejo. Pero durante el tiempo que duró el acecho, me dio tiempo a suponer que podría estar haciendo lo que finalmente hizo. ¡Acabábamos de ver la secuencia de un documental, en vivo!

Es predador especialista con su presa específica

     El conejo no emitió chillido alguno al ser cazado. Pensé que pudiera haber sido silenciado por el murmullo de la gente que me rodeaba, pero lo cierto es que nadie lo escuchó. No tardó mucho en comisquearlo en el mismo sitio donde cazó al lagomorfo, junto a un lentisco, y poco a poco se fue alejando del lugar. Pero antes de largarse volvió a brincar entre las rocas, en las que estuvo un rato echado al sol, tranquilo. Tras perderse de la vista de todo el mundo, la gente volvió a dispersarse, colocándose cada cual en su posición para seguir oteando el paisaje a la espera de que la suerte les sonría de nuevo.


















     Prologando la espera tan solo divisábamos las urracas sobre el terreno por que cruzaban palomas de vez en cuando, más algún que otro lejano ciervo que descubríamos. Y unas horas más tarde, cuando estábamos apunto de marcharnos, de nuevo se dejó ver el punteado gato. Había vuelto de su campeo a la misma área donde anteriormente había cazado. Costaba seguirle sus movimientos entre rocas, lentiscos y acebuches. De hecho yo dejé de verle pronto. Pero Raimundo, que volvió a estar acertado, supo posicionarse mejor y consiguió verle durante más tiempo y más cerca. Volvió a tener éxito al cazar de nuevo, otro joven conejo, y tras comérselo consiguió cruzar la pista, y recuperar su intimidad, penetrando en el monte que lo apartaba de curiosas miradas y objetivos fotográficos. No todos los días se puede presenciar al felino mediterráneo en acción, ejerciendo su papel de depredador. Ya podíamos irnos más que satisfechos. A parte de los ciervos, de regreso, con la luz del atardecer, pude ver también algún gamo.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)
  • Pinzón Común (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Triguero (Miliaria calandra)

sábado, 18 de julio de 2015

OBSERVACIONES EN LA LAGUNA DE LA VEGUILLA

     Aproveché esta mañana, en la que el calor daba tregua, para acercarme andando a la Reserva Natural del Complejo Lagunar de Alcázar de San Juan. Dado que en la Mancha Húmeda se funden las lagunas con los amplios y llanos campos, es posible observar la variada avifauna que se congrega en estos entornos, pertenecientes a ambos mundos, al lacustre y al estepario. Mi corto paseo se limita a la Laguna de la Veguilla, y mis observaciones se ciñen a lo que fui capaz de identificar a simple vista, debido a que no me traído los prismáticos aquí, un error imperdonable que no se puede permitir un naturalista.
     Las manchas de agua que reflejaban el cielo en su espejo y verdor del carrizal a su alrededor, en el horizonte, en medio del asolado páramo manchego, me indicaban donde se hallaba el humedal que visitaba por primera vez. Aunque yo ya me había fijado en la silueta de la cigüeña sobre su nido situado en un poste, que destacaba en el paisaje. Puntos negros y puntos blancos en el agua, aguardaban a ser identificados. Sobre ellos, la oscura silueta del aguilucho lagunero contra el gris del cielo no suponía ninguna duda.
     Llegando hacia el Centro de Visitantes había conejos entre los tarajes y golondrinas volando a ras del camino. Una abubilla levantó el vuelo desde el suelo, donde se desplazaba una lavandera blanca. También se movía alguna paloma torcaz, abejarucos y gorriones. Antes de dirigirme al primer observatorio, me asome a una alberca junto al centro, donde placidamente nadaban un par de fochas.


     Desde el observatorio pude comprobar que aquellos puntos blancos que veía lo lejos eran flamencos, y los puntos negros se correspondían con fochas y ánades reales, y quizás alguna especie de pato más. Todavía estaban lejos, pero ya podía distinguirlos. Los vencejos bajaban desde las altas capas del aire donde se suelen mover, a beber a la laguna, dando pasadas sobre las mismas, recordándome a las golondrinas que volaban justo a mi espalda, sobre el terreno. Desde el observatorio podía oír a las golondrinas y a los abejarucos mientras miraba a los zampullines sumergirse, o al aguilucho lagunero sobrevolar el carrizal. Más al fondo revoloteaban, entre risotadas, un par de gaviotas reidoras.
     Caminando por los alrededores de la laguna, sin saber que llegaría a un segundo observatorio, destacaban los conejos por su número. Era fácil encontrar sus letrinas y excavaciones por el terreno. También las urracas resultaban frecuentes en el lugar. Desde el segundo observatorio podía ver los flamencos, los patos y las fochas más cerca. También a un par de aguiluchos laguneros, y alguna paloma bravía. Pero el ave que más me llamó la atención fue el morito que pasó volando. Cercanos al observatorio, hubo un pequeño grupo de gorriones en un taray. Un par de bandos de estorninos volaban, lejos y altos.


     Se despejó la mañana, brillaba y calentaba el sol y el cielo se tornó azul. Tras un rato, seguí el camino, que me llevó a un tercer observatorio, donde permanecí más tiempo que en los anteriores. Bullía la vida. Además de los flamencos, ánades y fochas, nada más llegar se levantaron de las someras aguas las avefrías que probablemente advirtieron mi presencia. O tal vez las inquietara el paso de tres aguiluchos laguneros. Por las aguas cercanas a la orilla merodeaban pequeñas limícolas, que probablemente fueran andarríos. El morito, estaba posado por allí cerca, sobre la jungla de carrizos. Y de las entrañas de la jungla se descubrió el gallo azul, el calamón. Una pareja de grajillas posadas en un poste, y el paso de alguna que otra paloma, bravías y torcaces, completan el elenco de aves que fácilmente podía reconocer, sin necesidad de prismáticos, pero con la frustración de no poder observarlas con más detalle. Y adonde estaban las avefrías vinieron a posarse un grupo de cigüeñuelas.
     Pero distintos espectáculos se sucedieron mientras aguardaba allí. Una limícola estuvo hostigando insistentemente con gritos y picados a un aguilucho lagunero que cicleaba en el cielo. Otro aguilucho lagunero se bañaba en la laguna. Junto a las cigüeñuelas volvieron las avefrías, que volvieron a alzar el vuelo un par de veces más, junto con las pequeñas limícolas de la orilla, cada vez que el aguilucho lagunero aparecía por las inmediaciones. Salieron de la espesura del carrizal un par de calamones, que pronto se quitaron de mi vista. Varias cigüeñas cicleaban sobre la laguna. Escuché en un par de ocasiones al ruiseñor bastardo, y multitud de sonidos más que llegaban a mis oídos que no sabía ponerles nombre del ave que los emitía.


     Aparentemente el camino no seguía más adelante. Volví sobre mis pasos, y volví a parar un rato en el segundo observatorio. Poco después hice lo mismo, dirigiéndome al primero. Nada nuevo que añadir en ninguna de ambas paradas.
     Tras el rato que pasé en el observatorio donde estuve al principio, decidí moverme por el lado opuesto a los observatorios, por la otra orilla, tratando de bordear la laguna, explorar un poco, y quizás llegar a encontrar el camino que me llevara a la segunda laguna, de las tres que forman este humedal. Descubrí otro pequeño observatorio bastante alejado del agua, miré a mis pies, y concluí que seguramente funcionaría cuando el nivel del agua subiera. También encontré un par de calvas en el carrizal que abrían la vista a la laguna. El cielo que surcaban las gaviotas sombrías había vuelto a nublarse, a descolorarse entre el gris y el blanco.


     Durante mi andanza pude oír los monótonos arrullos de la tórtola común y a las urracas alarmadas. Pude ver a los flamencos, las cigüeñuelas y a las menudas limícolas de las aguas superficiales allí donde me lo permitían los carrizos. Como no encontré la forma de seguir adelante, bien para rodear la laguna, bien para el encontrar el camino hacia la próxima, volví para atrás. Los crotoreos de las cigüeñas, que ahora planeaban sobre mí, me hicieron alzar la vista para contemplarlas. La melódica estrofa de una cogujada me permitió descubrirla en el suelo.


      Volví a sentarme un rato en el primer observatorio donde estuve cuando llegué. Por una ventana lateral pude ver a un grupo de golondrinas posadas sobre las secas ramas de un taray. Los flamencos se habían acercado ahora a la masa de agua que desde aquí se vislumbraba en primera línea. En esta ocasión me fue posible ver una pareja de malvasías cabeciblancas. Pude identificar a estos pequeños patos gracias a la cabeza blanca y al pico azul del macho. Y junto al observatorio empezó a caminar un andarríos chico, que por la cercanía, pude ver con total claridad. Y ya de regreso a Alcázar escuché unos reclamos entre unas piedras que asocié con collalbas. No tardé en ver que se trataban de una pareja de collalbas grises.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Morito (Plegadis falcinellus)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Calamón Común (Porphyrio porphyrio) 
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleucos)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)

martes, 7 de enero de 2014

ENCUENTROS CON EL LINCE

     Prometía un día espléndido, una vez pasada la borrasca que estuvo barriendo la sierra y que nos dejó la tan necesaria lluvia en los primeros días de enero. Así sucedió hace dos días, el primero del año en el que brilló el sol, y bajo su luz, se manifestó una enorme actividad de vida animal que parecía haber despertado repentinamente de un sueño letárgico. Ello convirtió el día en una reseñable jornada naturalista, que sin desmerecer a ninguna especie, estuvo marcada por la presencia del mítico lince ibérico.
     Era un día de trabajo. Momentos antes había dejado a Paco y a Lola, unos clientes, en el muladar. La oscuridad previa al amanecer aún ensombrecía el paisaje mientras Miryam y yo recorríamos lentamente los carriles en los que nos encontrábamos a los pájaros más madrugadores que ya comenzaban su jornada. Un zorzal común, y más adelante un petirrojo, así como unas perdices que vimos a un lado del camino.
     Llegamos a un oteadero desde donde controlábamos todo el barranco. Además del sonido del agua correr, a nuestros oídos llegaban los reclamos del petirrojo, procedentes de los arbustos de las inmediaciones, y los potentes pitidos del pito real, desde algún remoto lugar. Desde nuestra ubicación, en una ladera de umbría, mirábamos con cierta envidia las cimas de los cerros más altos, bañadas por los primeros rayos del sol. La claridad iba desterrando las sombras, y nos descubría unos montes por fin reverdecidos, agostados hace apenas un mes. Unos ciervos se movían por la cuerda de los colinas, mientras otros trotaban más abajo, por sus laderas. En los pequeños prados del fondo del valle no era difícil descubrir a las urracas. Las torcaces las veíamos pasar en vuelo. En la lejanía, el águila imperial emitía su canto, pero no podíamos verla. Los carboneros también cantaban, y uno viró bruscamente y modificó su trayectoria de vuelo al toparse bruscamente con nosotros.
     Después de algún tiempo de observación, de esperar sin movernos del sitio, la sensación de frío nos empujó a desplazarnos. Bajando a la vaguada, un conejo se apresuró a cobijarse bajo un lentisco. El arroyo portaba un generoso caudal. Recorriendo despacio el camino a través de pequeños prados alternados con manchas de bosque, íbamos descubriendo multitud de pájaros. Al pasar de un prado a otro, cambiaban las urracas por los rabilargos. En solitario aparecía el colirrojo tizón y la abubilla. En bandos se movían los gorriones, los pinzones y las totovías, que se levantaban al acercarnos con el coche. Los estorninos tomaban baños en los charcos del camino que atravesaban una dehesa. Al parar para observarlos un momento, también descubrimos un pico picapinos en la base del tronco de una encina, y a un lado de la pista, las grajillas se mezclaban con otro grupo de estorninos.
     Llegando a la última pradera, un mirlo macho levanta el vuelo para refugiarse en la espesura de unas zarzas, mientras que resultaba muy llamativo un petirrojo que se asomaba en un lentisco, delatado por su vistosa mancha pectoral roja. Paramos un rato para contemplar un gazapo que permanecía inmóvil, erguido sobre sus extremidades posteriores. En cuanto reiniciamos la marcha, corrió a ocultarse. Más adelante ya estaba el río, que sobrevoló una garza real.
     Pero la Naturaleza a veces nos obliga a improvisar. Cuando nos disponíamos a dar la vuelta para dirigirnos a otro oteadero, una silueta en el contraluz llamó poderosamente mi atención. Se trataba de un lince que avanzaba sobre el terreno en intervalos de cortas carreras que interrumpía con breves paradas en las que se agazapaba. De vez en cuando agitaba su corta cola con cierto nerviosismo. Tras una de sus paradas, cambió el ritmo de su marcha y ya entonces solo caminó despacio hasta volver a detenerse. Una vez que comprobamos que estaba dedicándose a acechar conejos, ignorándonos por completo, fue cuando decidimos bajar de coche, y acercarnos un poco más con suma cautela. Era un ejemplar de mota intermedia. Se amagó y dormitó unos minutos. Cuando abrió los ojos, se incorporó, se sentó, bostezó y se acicaló. Durante sus escasos paseos comprobamos que era un macho. Y al igual que a nosotros, parecía gustarle el sonido de los pájaros, moviendo sus blanquinegras orejas y girando la cabeza en su dirección, cuando el silencio lo rompía el mirlo o el herrerillo capuchino. Cuando a lo lejos oía a las urracas, incluso movía algo más que las orejas y levantaba la cabeza, buscándolas. Todo esto transcurrió en apenas unos 10 minutos, pasados los cuales se quedó Miryam vigilando al confiado gato moteado, y sin más demora, yo salí a buscar a Paco y Lola, cuyo principal motivo de su visita era poder fotografiar al lince.


     Durante el trayecto, entre ir y volver, debí pasar por alto muchas cosas, pero aunque solo fuera de pasada, no pude ignorar algún ciervo cercano al camino, o las perdices, urracas y rabilargos que volaban cuando pasaba corriendo a su lado. Pero sí hubo un animal que nos hizo detenernos a la vuelta. Lola había visto otro lince a un lado del camino. Iba andando con la parsimonia que caracteriza a la especie cuando no se la molesta. Era un ejemplar de mota fina, y aunque estaba algo más alejado que el lince que nos esperaba un poco más adelante, pudieron fotografiarlo, y ver que se trataba de una hembra. Interrumpió su tranquilo andar para sentarse un momento, antes de continuar su camino y que dejásemos de verla.
     Cuando llegamos al pequeño prado donde se había quedado Miryam, allí aún permanecía también el lince. Paco y Lola fueron quienes más lo disfrutaron sin duda, sobre los 20 minutos que el lince decidió seguir en nuestra compañía. Durante ese rato, el perezoso lince seguía repitiendo el comportamiento ya descrito, dormitar y lamerse tranquilamente, hasta que nos abandonó.


     Nosotros volvimos hacia atrás, pasando despacio por la explanada donde habíamos visto a la lincesa, por si la suerte volvía sonreírnos, pero no fue así. Despedimos a Myriam, que debía irse, y nosotros decimos volver hacia la pradera donde habíamos estado viendo al macho. Inevitablemente nuestra atención mientras íbamos en el interior del coche la centraban conversaciones sobre el lince. Al pasar por los prados adehesados se veían las totovías que volaban en pequeños bandos. El cielo se había tornado grisáceo. Por un instante vimos la silueta del águila imperial. En el prado aguardamos, esperando durante unas horas, hasta después de comer, pero el lince no volvió a campear por allí. De lejos, de vez en cuando se veía pasar algún cormorán sobre el río.
     Metidos en la tarde, retornamos al mirador desde el que controlábamos el valle por donde discurría el arroyo. La actividad de la fauna había mermado bastante con respecto a la mañana. Por el camino, ya con poca frecuencia, se dejaron ver los pinzones, al pasar por el valle algún que otro conejo, y subiendo hacia el punto de observación paramos para ver un mochuelo que no tardó mucho tiempo en abandonar las rocas entre las que se guarnecía. Pasamos el tiempo en nuestro elevado lugar de observación, viendo los pocos ciervos que o bien desfilaban marchando en fila, o bien se descubrían cuando asomaban a los claros, así como las palomas que pasaban o las urracas que revoloteaban por allí.
     Pasado este tiempo de espera, y antes de anochecer, volvimos al muladar. Yendo por la pista que hasta el muladar conducía, se levantaron las perdices a nuestro paso, y acercándonos al mismo ya podíamos contemplar los buitres que lo custodiaban, unos pocos todavía en vuelo, muchos aposentados en rocas y árboles del entorno, y hasta sobre el mismo suelo, que aguardaban con paciencia el momento de dejarse caer. Entre la multitud de leonados, se podía encontrar algún negro. Y habiendo visto que los grandes carroñeros alados estaban allí, nos marchamos siguiendo el carril por donde habíamos venido, donde, una vez dejado atrás el muladar, nos cruzamos con una manada de ciervas que se quedaron próximas al camino, mirándonos pasar.

(*) Fotografías: gentileza de Miryam Lara.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

domingo, 15 de diciembre de 2013

PONIENDO A PUNTO EL MULADAR

      Cuando se está en el campo, aunque se esté trabajando o centrado en una actividad ajena al mismo, resulta difícil ignorar las manifestaciones de las criaturas que lo pueblan. Más si cabe, se distraerá con facilidad la atención si se tienen inquietudes por la observación, si se trata de un naturalista. Así sucedió ayer, cuando acompañé a José Manuel y a José Luis a preparar los hides para uno de nuestros muladares, trabajo que nos llevó todo el día, y que a pesar de no estar dedicado a la observación de fauna, no por ello dejamos de parar a ratos para dedicarnos a ver pasar los animales que nos acompañaron.
     De camino hacia muladar, por la mañana, mientras recorríamos el carril, vimos perdices, rabilargos, unos ciervos y también algún conejo. Pasamos prácticamente todo el día en el recinto del muladar, donde mientras preparábamos los hides, me limitaba a escuchar el canto del carbonero, que provenía de alguna encina lejana, y los reclamos de los petirrojos, procedentes de los lentiscos próximos.
     Pero también llegó en la mañana un sonido más estimulante a nuestros oídos, las voces de alarma de las urracas. Ante la insistencia de los cacareos decidimos hacer una pausa, y acercarnos prudentemente a la zona donde algo alteraba la tranquilidad de los blanquinegros córvidos. Nos movíamos lentamente y en silencio por el camino, mirando los movimientos de las urracas. No debimos de esperar mucho para descubrir que lo que inquietaba alas urracas, como el lector ya habrá intuido, era el lince. Se trataba de una lincesa de mota fina, que se paseaba por allí, y que perdimos de vista bajo las jaras mientras ascendía lentamente por una solariega ladera.
     Reanudamos el trabajo, y más tarde escuchamos el canto del águila imperial. Alzando la vista, la descubrimos surcando el cielo, en vuelo de crucero. A menudo también se oían los rabilargos y las perdices. Por las cercanías pasó un pequeño bando de pinzones. Hacía las primeras horas de la tarde, con el calor, empezaron a elevarse los buitres.
     Y otra vez las urracas empezaron a revolucionarse, en mitad de la tarde, en la misma zona que en la mañana. Pero esta vez no fuimos, y seguimos en nuestro trabajo. Teníamos la certeza de que se trataba otra vez del lince, si no de la misma lincesa que por la mañana, al menos sí que sería fijo otro ejemplar. Los contantes gritos de las urracas cesaron casi de repente, y la calma y el silencio volvieron a reinar en aquel rincón del monte. Enfrascados en nuestro trabajo, ya casi no le echábamos cuentas al alboroto de las urracas, y cuando a José Manuel le dio por levantar la vista, descubrió de nuevo a la lincesa paseándose por el camino. Había pasado junto adonde teníamos aparcado el coche, y con su característica parsimonia se movía junto al perímetro del muladar. Se sentó un rato, pasado el cual, retomó su lenta marcha hasta perderse una vez más entre el matorral. Sin más demora, ya terminamos nuestras labores antes de que anocheciese.


(*) Fotografía cedida por Iberian Lynx Land.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

lunes, 18 de noviembre de 2013

DOS DÍAS DE CAMPO: UNO DE TRABAJO Y OTRO DE OCIO

     Dos días atrás, he pasado un par de días seguidos de campo en la Sierra de Andújar. Aunque uno fue por motivos de trabajo y el siguiente por ocio, no suponen diferencia en cuanto a observaciones de fauna se refiere.

     Junto a José Manuel y Rafa, nos desplazamos hasta una finca para transportar los hides a otra finca más cercana a Andújar donde esperamos poder sacarle más partido. Durante el recorrido podían verse ciervos a ambos lados de la carretera en algunos puntos, así como urracas, rabilargos y palomas. Algún que otro pito real voló cerca de la carretera, desde los postes de madera donde a veces se instalan. Mientras cargábamos los hides en el remolque, éramos sobrevolados por buitres de ambas especies, que como casi siempre los leonados eran más numerosos que los negros. En el camino de vuelta, vimos más de lo mismo, sin detenernos a mirarlos detenidamente.
     Algunas perdices correteaban mientras pasábamos por la finca adonde íbamos a colocar los hides. Poco después de nuestra llegada, vino José Luis para ayudarnos. No nos llevo mucho tiempo esta labor y pasamos el resto del día en la finca, haciendo trabajo de campo. Mientras nos dedicamos a ello podían oírse las urracas, pero no emitiendo alarma, las repetitivas notas del pito real, la aguda voz del petirrojo que emanaba de los lentiscos circundantes, y los reclamos de los carboneros.
     Más buitres cicleaban por la zona, y más ciervos podíamos ver al movernos por los carriles. Vimos unas pocas totovías al emprender el vuelo cuando pasamos por su lado, pero habían pasado completamente desapercibidas mientras estaban posadas en el suelo. Una abubilla despegó de la pista para quitarse de nuestro camino. En un pequeño paseo nos topamos con un par de culebras de herradura, muy activas por el calor de la soleada tarde. La última hora de luz la aprovechamos para hacer una espera desde dos oteaderos diferentes. Yo me quedé con José Manuel. Con el tiempo se dejaron ver ciervos que empezaban a moverse, y acabamos por sorprender a un azor elevándose a cielo descubierto. Los sapos parteros empezaron a cantar desde la vaguada que quedaba debajo de nosotros, a los que de vez en cuando se le unían los mochuelos. Cuando íbamos saliendo de la finca, con las últimas luces, sobre una roca localizamos un mochuelo.

     Al día siguiente quedé con Raimundo para salir al campo. Habiendo pedido el pertinente permiso para entrar, durante la primera mitad del día estuvimos en la finca donde había estado el día anterior, y por la tarde fuimos hasta La Lancha.
     Podían verse los estorninos posados en los tendidos eléctricos paralelos a la carretera de camino a la sierra, pero fue a un gavilán al ave que dedicamos una breve parada. Las perdices se movían a la entrada de la finca, y de camino adonde estaban los hides vimos algún ciervo y urracas, pero atraía más nuestra atención el gran número de buitres leonados, entre los que se mezclaba algún negro, que surcaban el despejado cielo azul. Y entre los grandes carroñeros alados, también volaba alta una joven águila real. Pasamos un rato sentados sobre unas grandes rocas, de donde podíamos ver cómodamente la gran columna de buitres que poco a poco de fue alejando. Seguidamente escuchamos al águila imperial, y no tardamos en ver una pareja de adultos que iban persiguiéndose. Entre tanto, a nuestro alrededor, se oían los petirrojos, de los que también acabamos viendo alguno.


Ciervo macho

     Después de un rato cambiamos de sitio. Nos movíamos con calma y parando a menudo para mirar los ciervos. También íbamos viendo al paso las urracas, palomas torcaces y algún pito real. Desde el sitio que habíamos elegimos como observatorio pudimos ver además de ciervos, unos cuantos gamos y siete muflones que descansaban a la sombra de unas encinas. Así mismo, durante la espera, pasaron palomas y unas grajillas. Los rabilargos también se movían por la zona, y el pito real iba de tronco en tronco con su vuelo ondulante a la vez que lanzaba al aire sus pitidos.
    Bajamos a almorzar a una vaguada por la que debería estar corriendo un pequeño arroyo por estas fechas, pero apenas si contenía agua estancada en charcos en algunos puntos más hondos, recogida de las escasas lluvias caídas hasta ahora. En estas pequeñas pozas era fácil ver los renacuajos del sapo partero.
     Nos fuimos después de comer hasta las curvas de La Lancha para observar desde allí. Durante el recorrido se nos cruzaron rabilargos, urracas y algún mirlo. Algunas perdices que andaban por la pista, se echaban a un lado en vuelo cuando nos acercábamos a ellas. Las tórtolas turcas solían acompañar a los estorninos posadas en los cables de los tendidos eléctricos. Los ciervos y los gamos aparecían en algunos tramos, y un punto junto al camino vimos una tarabilla hembra. Poco antes de llegar a las primeras curvas, un arrendajo se apresuró a esconderse entre el ramaje de las encinas.


Ciervos

     Con el tiempo de espera en diferentes curvas localizamos ciervos, y a lo largo de la tarde fueron pasando algunos buitres leonados. También hubo paso de palomas torcaces. Entre los romeros del entorno se escuchaban los reclamos de las currucas rabilargas, mientras que la cabecinegra parecía preferir los lentiscos, que compartía con los petirrojos. Se mostró una hembra de curruca rabilarga, y también se dejaron ver unas cabecinegras y los petirrojos. Valle abajo se movían los mirlos volando a ras de suelo, a veces alarmados, ocultándose entre la vegetación que cubría la ladera. Un par de conejos aparecieron tranquilamente en un claro entre la vegetación y las rocas. Un alcaudón real se descubrió en su posadero a través de su fuerte canto. Pasó una pareja de chovas, a las que antes verlas, escuchamos. Y las urracas, aunque de vez en cuando graznaban, parecía que no había nada que las inquietase en las cercanías.


(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
15/11/2013
Sierra de Andújar
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Varios
15/11/2013
Sierra de Andújar
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Bastantes
15/11/2013
Sierra de Andújar
Buitre Negro
(Agypius monachus)
Pocos
15/11/2013
Sierra de Andújar
Azor Común
(Accipiter gentilis)
Un ind.
15/11/2013
Sierra de Andújar
Perdiz Roja
(Alectoris rufa)
Algunas
15/11/2013
Sierra de Andújar
Paloma Torcaz
(Columbia palumbus)
Algunas
15/11/2013
Sierra de Andújar
Mochuelo Europeo
(Athene noctua vidalii)
Un ind. Oído
15/11/2013
Sierra de Andújar
Abubilla
(Upupa epops)
Un ind.
15/11/2013
Sierra de Andújar
Pito Real
(Picus viridis sharpei)
Pocos. Oído
15/11/2013
Sierra de Andújar
Totovía
(Lullula arborea)
Pocas
15/11/2013
Sierra de Andújar
Petirrojo Europeo
(Erithacus rubecula)
Oído
15/11/2013
Sierra de Andújar
Carbonero Común
(Parus major)
Oído
15/11/2013
Sierra de Andújar
Rabilargo Ibérico
(Cyanopica cooki)
Pocos
15/11/2013
Sierra de Andújar
Urraca
(Pica pica melanotos)
Algunas. Oída
15/11/2013
Sierra de Andújar
Culebra de Herradura
(Hemorrhois hippocrepis)
2 inds.
15/11/2013
Sierra de Andújar
Sapo Partero Ibérico
(Alytes cisternasii)
Oído
16/11/2013
Sierra de Andújar
Conejo Europeo
(Oryctolagus cuniculus algirus)
2 inds.
16/11/2013
Sierra de Andújar
Muflón
(Ovis orientalis)
7 inds.
16/11/2013
Sierra de Andújar
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Varios
16/11/2013
Sierra de Andújar
Gamo
(Dama dama)
Algunos
16/11/2013
Sierra de Andújar
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Varios
16/11/2013
Sierra de Andújar
Buitre Negro
(Agypius monachus)
Pocos
16/11/2013
Sierra de Andújar
Gavilán Común
(Accipiter nisus)
Un ind.
16/11/2013
Sierra de Andújar
Águila Real
(Aquila chrysaetos)
Un joven
16/11/2013
Sierra de Andújar
Águila Imperial Ibérica
(Aquila adalberti)
2 adultos. Oída
16/11/2013
Sierra de Andújar
Perdiz Roja
(Alectoris rufa)
Algunas
16/11/2013
Sierra de Andújar
Paloma Torcaz
(Columbia palumbus)
Algunas
16/11/2013
Sierra de Andújar
Tórtola Turca
(Streptopelia decaocto)
Algunas
16/11/2013
Sierra de Andújar
Pito Real
(Picus viridis sharpei)
Pocos. Oído
16/11/2013
Sierra de Andújar
Petirrojo Europeo
(Erithacus rubecula)
Pocos. Oído
16/11/2013
Sierra de Andújar
Tarabilla Común
(Saxicola torquatus rubicola)
Una hembra
16/11/2013
Sierra de Andújar
Mirlo Común
(Turdus merula)
Pocos. Oído
16/11/2013
Sierra de Andújar
Curruca Rabilarga
(Sylvia undata)
Una hembra. Oída
16/11/2013
Sierra de Andújar
Curruca Cabecinegra
(Sylvia melanocephala)
Pocas. Oída
16/11/2013
Sierra de Andújar
Alcaudón Real
(Lanius meridionalis)
Un ind. Oído
16/11/2013
Sierra de Andújar
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Un ind.
16/11/2013
Sierra de Andújar
Rabilargo Ibérico
(Cyanopica cooki)
Pocos. Oído
16/11/2013
Sierra de Andújar
Urraca
(Pica pica melanotos)
Varias. Oída
16/11/2013
Sierra de Andújar
Grajilla Común
(Corvus monedula)
Pocas
16/11/2013
Sierra de Andújar
Chova Piquirroja
(Pyrrhocorax pyrrhocorax)
2 inds. Oída
16/11/2013
Sierra de Andújar
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Algunos
16/11/2013
Sierra de Andújar
Sapo Partero Ibérico
(Alytes cisternasii)
Pocos (larvas)