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viernes, 16 de septiembre de 2016

PRELUDIOS DE BERREA Y PASO MIGRATORIO DE AVES EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Septiembre siempre es una buena época para hacer una escapada a la Sierra de Andújar, pues el paso migratorio de la aves viajeras que se van a África a pasar el invierno y la berrea del ciervo que comienza en estas fechas que anuncian que el otoño está por llegar, llenan de vida estos alomados montes. Y tras la vuelta del Voluntariado en Pirineos, aprovechamos Fran, Alberto antes de que se fuese a Almería, y yo el lunes 12 para hacer una ruta por la sierra.
     Calurosa jornada, que no obstante nos deparó muchas y variadas observaciones. Iniciamos nuestra salida por la carretera de la cadena, donde en los agostados pastos de los cerrillos pudimos ver un alcaudón real, estorninos, grajillas y urracas. Nos llamó la atención una posada en el cabeza de una vaca que estaba tumbada. Por la zona de los bajos chaparros que hay más adelante fueron los rabilargos los que vimos cercanos a la carretera, y al llegar a las viñas, aparecían las tórtolas turcas en los tendidos eléctricos.
     Nos acercamos a una vieja piscina donde se acumula el agua de lluvia, y que actúa como una trampa para los anfibios. Pero no encontramos ninguno, al menos en la parte libre de agua. La causa, una culebra de collar. Se trataba de un individuo adulto, que carecía por completo del collar que exhiben los jóvenes y que da nombre a la especie. Esa ausencia de collar en los ejemplares adultos es lo que caracteriza a la especie ibérica de esta culebra acuática, taxonómicamente separada de la especie europea en fechas recientes.

Culebra de Collar Mediterránea

     Pero no era la única culebra que allí había, pues encontramos un joven macho de culebra bastarda. Con dos culebras compartiendo tan reducido espacio, a saber desde cuanto tiempo, normal que no encontrásemos ranas, ni tritones, ni gallipatos que solían haber. A esta especie la sacamos de la piscina, pues de llegar a inundarse si lloviera, moriría ahogada. También aprovechamos y colocamos un par de tablones a modo de rampas, para facilitar la salida de ciertos animales que podrían caer y perecer allí.

Culebra Bastarda, macho joven

     Dimos una pequeña vuelta por la zona, hasta salir a un sitio con una buena panorámica de la sierra. Parecía como si hubieran estado esperando a que llegáramos, pero ante nosotros empezaron a desfilar rapaces en vuelo. El contraluz nos impidió que identificásemos con seguridad una gran águila, pero nos impidió disfrutar del planeo de un cercano buitre negro. No tardaron en sumársele un milano negro, y un águila calzada de fase oscura, volando casi simultáneamente ofreciéndonos una perspectiva, primero frontal y luego ventral. Algo más lejos volaba otro buitre negro, en compañía de unos leonados, mientras por las cercanías había aparecido un águila calzada de morfo claro. Atrapados en el dilema de tener que elegir a que rapaz observar, mientras estábamos con los ojos puestos en los prismáticos, irrumpió en la zona un grupo de 25 halcones abejeros, en el que estaban representadas todas sus coloraciones. La calzada volaba junto a ellos, mientras se arremolinaban cogiendo altura. Y la exhibición de rapaces cesó cuando se lanzaron hacia el sur.
     Volviendo hacia el coche, deparamos en un papamoscas cerrojillo y en un herrerillo común, que no se dejaron ver mucho rato. En la carretera se nos cruzó algún mirlo, y vimos un gran grupo de estorninos, aparte de rabilargos. Paramos en otro lugar desde donde había buenas vistas de la sierra, pero aquí no tuvimos tanta suerte. En el rato que estuvimos tan solo pasaron unas palomas torcaces, pero al bajarnos del coche cuando llegamos, nos entretuvimos mirando un par de inquietos herrerillos capuchinos, que se movían entre las ramas de una encina, mientras emitían su canto.
     Nos dirigimos después al área recreativa del Encinarejo, donde almorzamos, y pasamos la sobremesa esperando a que se disminuyeran un poco las altas temperaturas de la tarde. Pero antes, al llegar, paramos en el mirador un rato, tanto como aguantamos expuestos al sol. Ya pudimos escuchar aquí la berrea. Sobre la dehesa que controlábamos visualmente, vimos pasar alguna torcaz, pero fijamos la atención en el águila imperial, que también volaba por allí. En un tocón que sobresalía del río, se soleaba un galápago leproso, y siguiendo el cauce pasó un ánade real con en fase de eclipse. Tras la breve espera, seguimos un poco más abajo, en busca de las sombras de los pinos y los fresnos. Al llegar, antes de bajarnos del coche, vimos a la garza real. Nos acercamos cautelosamente a la orilla del río, donde entre la vegetación de la orilla pudimos escuchar al ruiseñor bastardo y los reclamos del petirrojo y la curruca cabecinegra. La garza estaba tan bien mimetizada que apenas podíamos verla. En cambio si localizamos al ánade nadando a la sombra orilla del río, donde entre el efecto del claroscuro juego de luces y sombras, y su críptico plumaje de eclipse tampoco hubiera sido fácil descubrirlo de no ser por sus movimientos. Se oyeron los verdecillos, pero sin llegar a verlos. Los jilgueros, por su parte, que también cantaron, sí que se mostraron. Escuchamos los agudos pitidos del agateador y los sonoros trinos del trepador azul, los cuales acabamos viendo. Igualmente oímos las leves voces del mito, y lo encontramos moviéndose por las ramas. También descubrimos paseándose por las ramas a un carbonero. Oímos las notas del pico picapinos, y también acabamos viéndolo. Y entre tanto, un papamoscas gris se movía por los alrededores, de rama en rama. También escuchamos los graznidos del águila imperial, y con solo levantar la vista vimos a una pareja de adultos sobrevolando los montes.
     El siguiente sitio al que nos encaminamos por la tarde fue a La Lancha. A lo largo del trayecto pudimos ciervos y gamos, perdices, urracas y rabilargos, más algún papamoscas. Un arrendajo salió volando entre un grupo de rabilargos. Le dedicamos sendas paradas a una totovía que se posó en la rama baja de un pino, y a un pito real posado en el suelo, a al sombra de una encina. Como todavía apretaba el calor eludimos pararnos en las curvas, y seguimos hasta el Embalse del Jándula. Nada más llegar, vimos tres cormoranes, en la orilla cercana, que se lanzaron al agua. En torno a la presa se concentraban los aviones comunes, y desde esta descubrimos una hembra de cabra montés. Seguimos nuestra andadura, que nos llevó al desaguadero del embalse, por donde vimos al macho del roquero solitario. Y sentados a las orillas del pantano, vimos por el otro borde unas garzas reales, más una que volando a ras del agua, cruzó el pantano de lado a lado.
     Con el objetivo de hacer una espera durante las últimas horas de la tarde, y que la temperatura había descendido, volvimos hacia las curvas. Bajo los eucaliptos del primer trecho por el que circulábamos, vimos unos pinzones en la pista, y algún papamoscas más. Y las perdices, que se mueven ahora en grandes bandos familiares, con los perdigones ya grandes. Hicimos una corta parada para asomarnos a ver el valle por el que bajan las aguas del Jándula. Entre los lentiscos de la ladera, vimos moverse algún mirlo, y en el cielo divisamos al águila culebrera. De vuelta al coche se nos cruzó una veloz lagartija colilarga.
     Desde las curvas avistamos sobre todo ciervos, cuyos machos ya berreaban con vigor, aunque todavía no se ensalzaban en combates. Por lo demás, no había demasiada actividad de aves. Tan solo el vuelo de las palomas sobre las lomas en las que centrábamos nuestra atención, donde tan solo detectábamos el movimiento ocasional de algunas urracas y rabilargos. Mientras veía un alcaudón real posado en un cable, podía oír el reclamo de la curruca rabilarga. Y lejos, volaban unos buitres contra la puesta de sol.
     Apurando las últimas luces, cambiamos de lugar donde dedicarnos un rato a esperar y observar. En el trecho que debimos recorrer, nos encontramos con una joven culebra de herradura en el carril, que primero optó por la inmovilización, para después lanzarse disparada hacia la cuneta, donde se escabulló entre el pasto y las rocas. Tan solo seguimos viendo ciervos en el poco rato que tuvimos de espera hasta que oscureció. Y en un breve paseo que di bordeando una curva, pude ver tan solo un conejo. De vuelta, ya por la noche, vimos un chotacabras posado en el camino, que se fue volando al acercarnos, y más adelante, pasó en vuelo sobre la carretera un cárabo.


Lista de Especies de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Papamoscas Gris (Muscicapa striata)
  • Papamoscas Cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)
  • Culebra de Collar Mediterránea (Natrix astreptophora)
  • Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)

sábado, 18 de julio de 2015

OBSERVACIONES EN LA LAGUNA DE LA VEGUILLA

     Aproveché esta mañana, en la que el calor daba tregua, para acercarme andando a la Reserva Natural del Complejo Lagunar de Alcázar de San Juan. Dado que en la Mancha Húmeda se funden las lagunas con los amplios y llanos campos, es posible observar la variada avifauna que se congrega en estos entornos, pertenecientes a ambos mundos, al lacustre y al estepario. Mi corto paseo se limita a la Laguna de la Veguilla, y mis observaciones se ciñen a lo que fui capaz de identificar a simple vista, debido a que no me traído los prismáticos aquí, un error imperdonable que no se puede permitir un naturalista.
     Las manchas de agua que reflejaban el cielo en su espejo y verdor del carrizal a su alrededor, en el horizonte, en medio del asolado páramo manchego, me indicaban donde se hallaba el humedal que visitaba por primera vez. Aunque yo ya me había fijado en la silueta de la cigüeña sobre su nido situado en un poste, que destacaba en el paisaje. Puntos negros y puntos blancos en el agua, aguardaban a ser identificados. Sobre ellos, la oscura silueta del aguilucho lagunero contra el gris del cielo no suponía ninguna duda.
     Llegando hacia el Centro de Visitantes había conejos entre los tarajes y golondrinas volando a ras del camino. Una abubilla levantó el vuelo desde el suelo, donde se desplazaba una lavandera blanca. También se movía alguna paloma torcaz, abejarucos y gorriones. Antes de dirigirme al primer observatorio, me asome a una alberca junto al centro, donde placidamente nadaban un par de fochas.


     Desde el observatorio pude comprobar que aquellos puntos blancos que veía lo lejos eran flamencos, y los puntos negros se correspondían con fochas y ánades reales, y quizás alguna especie de pato más. Todavía estaban lejos, pero ya podía distinguirlos. Los vencejos bajaban desde las altas capas del aire donde se suelen mover, a beber a la laguna, dando pasadas sobre las mismas, recordándome a las golondrinas que volaban justo a mi espalda, sobre el terreno. Desde el observatorio podía oír a las golondrinas y a los abejarucos mientras miraba a los zampullines sumergirse, o al aguilucho lagunero sobrevolar el carrizal. Más al fondo revoloteaban, entre risotadas, un par de gaviotas reidoras.
     Caminando por los alrededores de la laguna, sin saber que llegaría a un segundo observatorio, destacaban los conejos por su número. Era fácil encontrar sus letrinas y excavaciones por el terreno. También las urracas resultaban frecuentes en el lugar. Desde el segundo observatorio podía ver los flamencos, los patos y las fochas más cerca. También a un par de aguiluchos laguneros, y alguna paloma bravía. Pero el ave que más me llamó la atención fue el morito que pasó volando. Cercanos al observatorio, hubo un pequeño grupo de gorriones en un taray. Un par de bandos de estorninos volaban, lejos y altos.


     Se despejó la mañana, brillaba y calentaba el sol y el cielo se tornó azul. Tras un rato, seguí el camino, que me llevó a un tercer observatorio, donde permanecí más tiempo que en los anteriores. Bullía la vida. Además de los flamencos, ánades y fochas, nada más llegar se levantaron de las someras aguas las avefrías que probablemente advirtieron mi presencia. O tal vez las inquietara el paso de tres aguiluchos laguneros. Por las aguas cercanas a la orilla merodeaban pequeñas limícolas, que probablemente fueran andarríos. El morito, estaba posado por allí cerca, sobre la jungla de carrizos. Y de las entrañas de la jungla se descubrió el gallo azul, el calamón. Una pareja de grajillas posadas en un poste, y el paso de alguna que otra paloma, bravías y torcaces, completan el elenco de aves que fácilmente podía reconocer, sin necesidad de prismáticos, pero con la frustración de no poder observarlas con más detalle. Y adonde estaban las avefrías vinieron a posarse un grupo de cigüeñuelas.
     Pero distintos espectáculos se sucedieron mientras aguardaba allí. Una limícola estuvo hostigando insistentemente con gritos y picados a un aguilucho lagunero que cicleaba en el cielo. Otro aguilucho lagunero se bañaba en la laguna. Junto a las cigüeñuelas volvieron las avefrías, que volvieron a alzar el vuelo un par de veces más, junto con las pequeñas limícolas de la orilla, cada vez que el aguilucho lagunero aparecía por las inmediaciones. Salieron de la espesura del carrizal un par de calamones, que pronto se quitaron de mi vista. Varias cigüeñas cicleaban sobre la laguna. Escuché en un par de ocasiones al ruiseñor bastardo, y multitud de sonidos más que llegaban a mis oídos que no sabía ponerles nombre del ave que los emitía.


     Aparentemente el camino no seguía más adelante. Volví sobre mis pasos, y volví a parar un rato en el segundo observatorio. Poco después hice lo mismo, dirigiéndome al primero. Nada nuevo que añadir en ninguna de ambas paradas.
     Tras el rato que pasé en el observatorio donde estuve al principio, decidí moverme por el lado opuesto a los observatorios, por la otra orilla, tratando de bordear la laguna, explorar un poco, y quizás llegar a encontrar el camino que me llevara a la segunda laguna, de las tres que forman este humedal. Descubrí otro pequeño observatorio bastante alejado del agua, miré a mis pies, y concluí que seguramente funcionaría cuando el nivel del agua subiera. También encontré un par de calvas en el carrizal que abrían la vista a la laguna. El cielo que surcaban las gaviotas sombrías había vuelto a nublarse, a descolorarse entre el gris y el blanco.


     Durante mi andanza pude oír los monótonos arrullos de la tórtola común y a las urracas alarmadas. Pude ver a los flamencos, las cigüeñuelas y a las menudas limícolas de las aguas superficiales allí donde me lo permitían los carrizos. Como no encontré la forma de seguir adelante, bien para rodear la laguna, bien para el encontrar el camino hacia la próxima, volví para atrás. Los crotoreos de las cigüeñas, que ahora planeaban sobre mí, me hicieron alzar la vista para contemplarlas. La melódica estrofa de una cogujada me permitió descubrirla en el suelo.


      Volví a sentarme un rato en el primer observatorio donde estuve cuando llegué. Por una ventana lateral pude ver a un grupo de golondrinas posadas sobre las secas ramas de un taray. Los flamencos se habían acercado ahora a la masa de agua que desde aquí se vislumbraba en primera línea. En esta ocasión me fue posible ver una pareja de malvasías cabeciblancas. Pude identificar a estos pequeños patos gracias a la cabeza blanca y al pico azul del macho. Y junto al observatorio empezó a caminar un andarríos chico, que por la cercanía, pude ver con total claridad. Y ya de regreso a Alcázar escuché unos reclamos entre unas piedras que asocié con collalbas. No tardé en ver que se trataban de una pareja de collalbas grises.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Morito (Plegadis falcinellus)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Calamón Común (Porphyrio porphyrio) 
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleucos)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)

martes, 28 de mayo de 2013

DE LA CAMPIÑA OLIVARERA A LA CALDERA DE LOS CARACOLES

     Con la idea de revisar el sendero del Pinar de Cánava previamente a la actividad de Educación Ambiental que en unos días realizaremos, ayer Azu y yo nos desplazamos hasta allí en su furgo. Además de comprobar su estado, queríamos ver las posibilidades que ofrece para el desempeño de las actividades previstas, y el tiempo que se tarda en llegar hasta la Caldera de los Caracoles, el fin del sendero.
    Tanto el camino hasta llegar a Jimena, donde da inicio el sendero, pasando por la campiña olivarera, de vez en cuando interrumpida por algún sembrado de cereal, como el camino del propio sendero, nos dieron la posibilidad de observar diversas aves. Fuimos a la ida dirección Úbeda, y de allí hasta Jimena, pasando por Jódar. Los cernícalos comunes volaban acercándonos a Linares, y pasada esta ciudad lo hacía algún que otro aguilucho cenizo sobre los campos de cereal. Posadas en los tendidos eléctricos aparecían algunas palomas torcaces, y en un número bastante más reducido unas pocas tórtolas comunes, pero entre ellas fue la azul carraca el ave que más interés suscitó poder ver, por desgracia solo de pasada, sin tener la posibilidad de parar a contemplarla por ir por una carretera nacional. Más adelante, vimos el águila culebrera planeando sobre el olivar.

Cascada

     En cuanto llegamos a Jimena, empezamos a recorrer el sendero, deteniéndonos a observar el variado mosaico de plantas con flores que circundan la pista, las cascadas y las cárcavas por las que corre la abundante agua caída este mes de mayo, y por supuesto los pájaros. Así, al comienzo de nuestro paseo, en el cercano roquedo podíamos ver revolotear el pequeño bando de palomas bravías, junto a sus vecinas, las grajillas. Altos volaban los vencejos bajo el cielo grisáceo, con su incesante griterío. Se puede decir que intercambiamos nuestros conocimientos. Azu me mostraba y me explicaba sobre las plantas que aparecían en nuestro recorrido, y yo le enseñaba lo que sabía sobre los pájaros que íbamos viendo.

Pastizal

Roquedo

     Subiendo, nos detuvimos un rato a ver el pastizal mecido por la brisa, que producía verdes olas que ascendían por la ladera hasta romperse donde afloraban las rocas. Pronto empezamos a escuchar los cantos de los carboneros y los pinzones al adentrarnos en el pequeño bosque de grandes y torturados pinos carrascos, y que al esperarnos un poco, conseguíamos descubrir moviéndose entre las ramas. Los arrullos de la paloma torcaz también resonaban en el pinar. Un alarmado mirlo voló bajo, entre las coscojas.
     Más arriba del pinar vuelve a aparecer una plantación de olivar, que hay que atravesar para llegar a Los Caracoles, construcciones de piedra que moraron los antiguos canteros del lugar, levantadas con los guijarros de roca que allí mismo encontraban. Podíamos escuchar cantar a los verdecillos, mientras un azul macho de roquero solitario se dejaba ver claramente posado en unas rocas del entorno.

Los Caracoles

     Dilatamos el tiempo todo lo posible en nuestro entretenido paseo de reconocimiento, pero debíamos volver. Aunque ello tampoco evitó que nos dedicásemos el tiempo que consideráramos oportuno en cualquier otra parada que improvisáramos. Así lo hicimos al volver a pasar por el pinar, donde nos entretuvimos un rato observando a placer a unos escribanos montesinos. También volvimos a ver a los pinzones.
      Así mismo, el camino de regreso a Andújar nos dio muchas posibilidades de ver más aves, algunas ya vistas, más otras nuevas especies. Cambiamos ahora la ruta, y fuimos dirección Jaén. Además de palomas, antes de llegar a Mancha Real pudimos ver una abubilla, cuervos y un milano negro. Pero el grueso de nuestros avistamientos está entre Jaén y Andújar. Pasar junto a una laguna en medio del olivar, que a pesar de su marcada estacionalidad se encuentra ahora llena de agua gracias a las generosas lluvias, nos permitió ver, aunque en reducido número, ánades reales, cigüeñuelas y avocetas. No muy lejos, y en corto trecho vimos al ratonero sobre un poste, unos cuantos cernícalos primillas volando sobre unas despejadas colinas, y el paso migratorio prenupcial de unos pocos halcones abejeros.

(*) Fotografías: gentileza de Azucena Roa.


Lista de Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Cernícalo Primilla (Falco naumanni)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Carraca Europea (Coracias garrulus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)

lunes, 11 de febrero de 2013

LA SIERRA DE ANDÚJAR: PARAISO PARA LA FAUNA. UNA MEMORABLE JORNADA NATURALISTA

     Que el valor natural más grande que atesora la Sierra de Andújar es su fauna, no es un secreto para ningún naturalista, aficionado o profesional, fotógrafo de campo o mero observador de la Naturaleza. Numerosas especies emblemáticas encuentran en este rincón de Sierra Morena un refugio donde vivir, pero su observación no resulta fácil. Y más difícil todavía resulta observar varias de ellas en la misma jornada campera. Eso sería algo así como que te tocase la lotería, algo estadísticamente muy poco probable. Pues hace dos días me tocó la lotería. Fue un sábado de trabajo, gratificante jornada laboral donde las haya. En compañía de José Luis, José Manuel y Rafael, realizamos una ruta interpretativa para un grupo de madrileños por la sierra.
     Mis primeras observaciones de campo son del Sendero del Jabalí, cuyo recorrido empezamos a media mañana y apenas nos llevó un par de horas. Antes, solo había visto a las negras grajillas distribuidas entre las ramas desojadas de los chopos negros que hay junto al puente que cruza el Río Jándula, cuando subíamos de camino al inicio del sendero. Muy escasas al principio, esas observaciones parecían presagiar una sesión estéril de campo, limitadas a pinzones y carboneros, que con sus cantos anunciaban la incipiente primavera, pero que no se dejaron ver. El día, aunque soleado, era fresco. En una parada, junto a unos piruétanos, me fijé en un pajarillo que revoloteaba inquieto entre su apretado ramaje. En un principio pensé que se trataría de alguna curruca pero al conseguir fijar los prismáticos sobre el ave, descubrí con sorpresa que se trataba de un hermoso reyezuelo listado. Aunque interesante el avistamiento de un reyezuelo donde los haya, no dejaba de extrañarme que no se viesen otras aves. Más adelante pudimos ver una perdiz sobre un bolo granítico, y a un mirlo ocultarse entre un lentisco.
     Pero el panorama cambió de repente en el último tramo del sendero, en la bajada hacia el Encinarejo, y como si de una exhibición de cetrería se tratara, las más grandes de las rapaces que aquí viven, entraron en escena, casi al mismo tiempo. La voz del águila imperial nos hizo alzar la vista al cielo, y en un determinado momento pude contar cinco individuos distintos. Los dos ejemplares que volaban más cerca pronto se perdieron entre las copas de pinos piñoneros, y los otros tres se desplazaban en sentido opuesto, muy altos, hasta que dejaron de ser puntos en el cielo azul, para desvanecerse entre algunas de las dispersas nubes. Poco más adelante improvisamos otra parada para contemplar al águila real, que volaba más cerca de lo que lo habían hecho las imperiales. Sobre el águila real, apareció una imperial, y ambas se perdieron pronto. A continuación pasó un buitre negro planeando. Cuando ya salimos al claro del bosque, y mirábamos sobre la senda por la que habíamos descendido, podíamos observar el vuelo de dos águilas reales, y más altas, las siluetas de dos águilas imperiales. Las imperiales, aunque muy alejadas, nos sobrevolaron describiendo asombrosos picados, y bajo ellas pasaron una pareja de buitres leonados, planeando suavemente, volando en línea recta. Y la función terminó.
     Antes de comer, prolongamos el paseo hasta los lastrones, donde pasamos el rato contemplando un cormorán que posado sobre una roca en medio del río, extendía sus alas para secar su plumaje. Pero no dejábamos de mirar a nuestro alrededor. Nunca se sabe donde puede aparecer el lince. Prestábamos atención a las urracas, pero estaban en calma. Al volver hacía los merenderos donde almorzamos, pude ver un petirrojo, y desde allí, escuché al chochín, que cantaba oculto desde alguna parte en la orilla del río.
     Después de comer fuimos hasta el Embalse del Jándula. Por el carril del Encinarejo vimos rabilargos y una abubilla, y por la carretera, a diferencia de la ida, sí que pudimos ver algunas aves a la vuelta. Al poco de incorporarnos a la carretera y de haber cruzado el puente del Río Jándula, vimos unos cuantos buitres leonados. Más adelante se suman un mirlo y un pito real, así como algunas palomas torcaces, y en una parada que hicimos en el Mirador del Barranco de Valdeinfierno vimos más buitres.
     Al principio de la carretera de La Lancha, en una breve detención, pudimos ver un pico picapinos y un pito real juntos, acompañados por algunos rabilargos. Al dejar la zona de las viñas, y adentrarnos entre las grandes fincas, empezamos a ver urracas, tórtolas turcas y zorzales charlos en los primeros prados adehesados, donde también pudimos observar una tarabilla común y un colirrojo tizón. En el último tramo de carretera, antes coger el carril, ya nos fue posible ver a los huidizos gamos y algún confiado ciervo. También se dejaron ver unos conejos. Al empezar a recorrer el carril, se nos cruzo fugazmente un azor, y poco más adelante salió un ratonero desde la copa de una encina que fue a posarse por un momento a una roca,  justo antes de volver a emprender el vuelo y perderse de nuestra vista.
     Antes de parar en las curvas de La Lancha, me fijé al pasar por aquel tramo en un grupo de rabilargos. Antes de bajar al pantano, pero tan solo logramos ver un par de ciervos y oír cantar a la perdiz. Entre los lentiscos se movía algún que otro mirlo. Y también había por allí unos pinzones. Estaba muy concurrido el camino. Como paparazzis que persiguen a un famoso, no faltaba en cada curva un grupo de curiosos fotógrafos y observadores que dirigían los objetivos de sus cámaras y telescopios hacia el interior de la finca buscando al lince. Pero por el comportamiento de los naturalistas allí congregados, el famoso no posaba para ellos. Algunos se entretenían tomando macros de flores, y otros apuntaban hacia arriba tratando de capturar imágenes de los aviones roqueros.
     Bajamos al embalse, y desde la presa, fuimos descubriendo de dos en dos, hasta siete hembras de cabra montés. Una pareja de chovas anunció su presencia con su graznido, a la vez que dibujaban en el aire espectaculares curvas con sus acrobáticos vuelos.
     Hacia las últimas horas de la tarde, volvimos a las curvas. El lince había sido visto momentos antes de nuestra llegada. Fue como un déjà vu, como en aquellos años en los que todavía no había visto al gran gato machado, en los que salía en su busca como principal objetivo, y sentía que el azar se burlaba de mí. Pero la corta espera dio sus frutos, y el lince volvió a aparecer donde lo habían estado viendo. Aunque se podía ver a simple vista, era necesario recurrir a los prismáticos y al telescopio para apreciar la belleza felina de la fiera mediterránea. Estuvo un considerable rato allí, por lo que todo el grupo pudo contemplarlo, y disfrutar de su presencia.
     Sin duda alguna, fue una jornada naturalista que me atrevería a calificar de inmejorable, y desde luego es la más completa de cuantas recuerdo, vividas en mi sierra. Lo único que lamento es no disponer de ninguna foto de este día, pero en mi retina llevo grabadas las imágenes de todo cuanto vi. Aunque me quedaron por observar otras muchas especies faunísticas, desde luego fue una jornada única, irrepetible, que en la que convergieron el lince, los buitres leonado y negro, las águilas imperial y real, el azor, el ratonero, el reyezuelo listado, la cabra montés… emblemas y rarezas, pero todas ellas especies singulares que habitan en la Sierra de Andújar.


Lista De Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Azor Común (Accipiter gentilis)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicuros ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Reyezuelo Listado (Regulus ignicapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

viernes, 16 de noviembre de 2012

RUTAS POR SIERRA MÁGINA: EL ADELFAL DEL RÍO CUADROS Y EL CAÑO DEL AGUADERO


    Ayer volvimos los cuatro a Sierra Mágina con la idea de seguir haciendo reconocimiento de senderos. Pero antes de nada nos pasamos por el Centro de Visitantes del Castillo de Jódar. Mientras recorríamos las estribaciones de Sierra Mágina se observaban las lejanas grajillas, como puntos negros en el cielo. Un cuervo cruzó más bajo sobre la carretera.
     En esta ocasión teníamos previsto reconocer los senderos del Adelfal del Río Cuadros y el Castillo de Albánchez, pero la falta de tiempo no nos dejó hacer este último. Aunque ambos son muy cortos, están bastante alejados uno del otro, e invertimos bastante tiempo en el recorrido del primero.

Río Cuadros

     Constituye el Adelfal del Río Cuadros una senda botánica exuberante, donde además de las gigantes adelfas, también se pueden apreciar ejemplares enormes de lentisco, cornicabra y agracejo. Las condiciones microclimáticas y de humedad de la garganta por la que discurre el río, permite estos inusuales crecimientos en plena región mediterránea. La orla del encajonado valle la constituyen bosques de pinos carrascos que trepan por las pronunciadas pendientes.

Área recreativa del Adelfal del Río Cuadros

     El incesante sonido de la corriente agua hace imperceptible el canto de cualquier pájaro en el interior del adelfal. Tampoco resulta fácil conseguir avistar ningún animal entre la espesura. No obstante logramos ver dos ardillas, además de poder observar por un rato un ave al que no esperábamos encontrar, el mirlo acuático. Afortunadamente el rechoncho pájaro de agua permaneció posado sobre una roca del río durante unos momentos, más que suficiente para identificarlo sin lugar a dudas.

Vistas hacia las cumbres de Sierra Mágina, desde el Adelfal

     Aunque el trayecto es lineal, volvimos recorriendo un pequeño tramo del paralelo sendero de las Viñas, bajo el pinar. Aquí fue un carbonero el que delató su presencia a través de su canto.
     Tras almorzar ya no teníamos tiempo para ir a Albánchez de Mágina, así que recorrimos con el coche un tramo del camino del Caño del Aguadero. Los pequeños bandos de pinzones nos salían al paso, y también pudimos ver una collalba negra.

Camino del Caño del Aguadero

     
(*) Fotografías: gentileza de Merche Coco.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Mirlo Acuático Europeo (Cinclus cinclus)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

jueves, 29 de marzo de 2012

SALIDA POR LA CAMPIÑA DEL SUROESTE JIENNENSE

     Esta mañana hemos estado Raimundo y yo recorriendo los campos suroccidentales de Jaén. La jornada no ha podido ser mejor. En algo de más de tres horas hemos tenido avistamientos muy interesantes de aves esteparias.
     Al salir de Andújar y cruzar el Guadalquivir, pasaron volando sobre la carretera tres ánades reales, y una cigüeña. A medio camino me topé con unos cuervos y ya no tuve ningún avistamiento hasta casi llegar a Torre del Campo, donde vi un ratonero apostado en las ruinas de un cortijo. Tras recoger a Raimundo, salimos en dirección a Santiago de Calatrava. Además de un cernícalo posado en un poste, resultaba fácil descubrir entre los olivos conejos, mirlos y perdices. También pudimos ver tres golondrinas dáuricas y algunas tórtolas turcas posadas en los tendidos eléctricos. Y desde el asfalto despegaban las cogujadas para aterrizar en los campos conforme avanzábamos.
     Nos detuvimos junto a un cortado rocoso prospectado por grajillas y palomas bravías. No tardamos en descubrir a unos conejos que también se movían en sus inmediaciones. Afinando más la búsqueda, logré ver unas currucas capirotadas en un olivo próximo, pero Raimundo localizó un objetivo más llamativo. Se trataba de un búho real que dormitaba en una repisa, en la parte más sombría del talud rocoso. No nos acercamos, para evitar molestarlo. Durante el rato que permanecimos observándolo, pasó un cernícalo.
     Seguimos nuestro recorrido, viendo algunos verderones cantando desde lo alto de los olivos, y algunos pequeños bandos de los coloridos jilgueros. Al pasar por un verde campo de cereal no tarda en aparecer una hembra de aguilucho cenizo, sobrevolando los verdes pero mermados tallos del cereal, debido a la escasez de lluvia.
     Dejamos la carretera, para meternos por un carril que se adentraba en los campos entre estos campos de cereales, rodeados por olivares. El primer objetivo en el que fijamos los prismáticos fue un ratonero, pero no tardamos en descubrir a una pareja de aguiluchos cenizos. Poco después, varios de ejemplares de este aguilucho volando altos en el cielo, más dos cuervos. Cuando reanudamos la marcha, paramos en seguida, pues aunque algo lejos, entre las esmirriadas briznas del cereal, descubro un macho de avutarda, engalanado con el plumaje nupcial. Aunque más mérito tuvo Raimundo al ver a la hembra, más discreta, caminando sobre el terrizo suelo del olivar inmediato con el que lindaba el sembrado de cereal. Entre los olivos cercanos también vimos una perdiz, y una abubilla que se nos cruzó por delante.
     Después fuimos en dirección hacia Escañuela. Hicimos nuestra última parada junto a un viejo cortijo rodeado por unos eucaliptos para dar un breve paseo. Enseguida nos llamó la atención las impresionantes acrobacias aéreas de los cenizos, acompañadas por un agudo silbido que casi recuerdan más a un limícola, que a una rapaz. También escuchábamos el canto de verdecillos, gorriones y carboneros. Entre los altos y densos pastos secos de un barbecho cercano, fue fácil descubrir a un macho de tarabilla posado en lo más alto del tallo de una herbácea. Algo más lejos, pero con la misma facilidad, se dejó ver un alcaudón común. De entre los olivos levantó el vuelo un pequeño grupo de palomas torcaces. Por el tejado del cortijo se movían unos cuantos gorriones y estorninos, y entre las ramas de los eucaliptos lo hacían unos pocos carboneros.
     Al acercarnos a la sombra de estos árboles, salió de entre el ramaje un búho chico que fue a posarse a la rama baja de otro eucalipto contiguo. Con sumo cuidado nos acercamos hasta poder observarlo, pero no tardó mucho en volver a levantar el vuelo, esta vez buscando un árbol más alejado en el que ocultarse. El vuelo del búho, al descubierto y en pleno día, atrajo sobre si mismo el ataque combinado de una pareja de cernícalos, por lo que pronto hubo de volver a ocultarse entre la espesura de otro árbol. Aunque no deja de ser llamativa la escena que representaron los dos cernícalos picando contra el búho, decidimos no buscar su nuevo escondite para no seguir molestándolo. Los cernícalos también dejaron de acosarlo en cuanto se ocultó, y abandonaron el lugar.

Búho Chico

(*) Fotografía: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avutarda Común (Otis tarda)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tortola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Búho Chico (Asio otus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)