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lunes, 15 de enero de 2018

FIN DE SEMANA LINCERO

     El emblemático lince ibérico fue el protagonista indiscutible del pasado fin de semana en la zona pública de la Sierra de Andújar, haciéndonos testigos a Raimundo y a mí, aunque no en exclusividad, sino también a otras muchas personas de diversas procedencias, probablemente demasiadas, que desafiaron el frío y la lluvia, para presenciar dos de las facetas quizás más apasionantes en la vida de este felino: la caza y la cópula.
     Cuando llegamos el sábado a las concurridas “curvas de La Lancha”, lo habían estado viendo unos 15 minutos antes, carroñeando los restos de un cérvido, unos decían ciervo y otros gamo, y aunque pude verlos con los prismáticos, no me paré a tratar de averiguar de que especie eran aquellos despojos. Habían sido justo los minutos en los que yo me había demorado en llegar al punto de encuentro con Raimundo, y estaba un poco molesto por ello. Podíamos haber perdido la oportunidad de observar el lince ese día.


     Pero unos maullidos, posiblemente del ejemplar que había estado comiendo carroña, se propagaron por el lugar, y nos devolvió la confianza en que podíamos verlo. Decidimos cambiar de sitio. Nos desplazamos andando, y llegamos a un sitio donde lo estaban viendo. Un lince estaba a la caza de su presa por excelencia, el conejo, pero no estaba empleando su habitual rececho para sorprender a su presa y capturarla al salto. Estaba llevando a cabo una insólita técnica que de hecho en un principio dudé que estuviera cazando, hasta que me despejó la incertidumbre con el conejo en las fauces. Un animal como el lince, sin ninguna adaptación anatómica para la excavación, se empleaba a fondo en los alrededores de una gazapera. Más que excavar, parecía como sí solo arañase el terreno con las retráctiles uñas con las que están dotadas las zarpas de todos los felinos del mundo.
     Mientras, habíamos divisado otro lince que bajaba por la ladera del monte, en dirección al que estaba excavando. Este por su parte había conseguido extraer dos jóvenes conejos, uno que mal herido se ocultó entre unos romeros cercanos. Pero seguía obstinado en su prospección, tanto que no advirtió que un congénere se le aproximaba sigilosamente. Cuando llegó a su altura, se asustó, dando un pequeño brinco hacia atrás, cogiendo con diligencia el conejo muerto que yacía al lado, y desapareciendo de nuestra vista en la espesura de la vaguada.


     El lince que acababa de llegar también estuvo merodeando y olisqueando la gran boca abierta al exterior por el lince que se había marchado, pero no se entregó a ello tan afanosamente como el que se había ido. Localizó al pequeño conejo que se había ocultado entre unos romeros cercanos, donde puede que muriera, porque lo cogió sin ningún esfuerzo. Tras haberlo comisqueado, se dirigió al agujero, y sin emplearse tan afondo en remover tierra como el otro, consiguió extraer otro gazapo. Acto seguido, se largó exactamente por donde se fue el primero. Se trataba de una pareja, pues poco después, los pudimos ver juntos de nuevo sobre una gran roca de granito.
     Además aquella mañana de sábado, pues nos fuimos a medio día, antes de que empezara a llover, vimos también por allí a los buitres leonados y una pareja de negros, más un águila imperial. Y en general otras aves como mirlos, el petirrojo, palomas, la curruca cabecinegra, gorriones o el pito real que vimos en el camino, o que habían estado en el punto de observación, eclipsadas por el lince para el gran público. Porque la siguiente mañana, el domingo, estuvo lloviendo, y no fue precisamente un día para contemplar aves, exceptuando al trepador azul que pude oír mientras llegaba Raimundo, y un mochuelo y una abubilla que vimos por el camino. Ciervos y gamos, también fueron mamíferos que vimos ambos días, sobre todo por el camino. Y entre las aves que repitieron están urracas, rabilargos, pinzones, estorninos y perdices. Los conejos parecen que vuelven a repuntar en la zona, tras haber quedado su población reducida al mínimo por la hemorrágica vírica de años atrás.
     Nada más llegar el domingo a las curvas, encontramos a la gente concentrada en una de ella en medio del camino. Obviamente estaban viendo al lince. Tuve suerte de poder aparcar a un lado del camino, sin estorbarle a nadie, que otros que llegaron después se vieron obligados a dejar sus coches en mitad de la pista. El silencio unánime del grupo nos comunicaba que el lince andaba cerca. Y no uno, sino dos, una pareja estaba a menos de 100 metros de nosotros. Ya habían copulado, según nos dijeron. Otra vez sentía que habíamos llegado tarde.


     Tan cerca estaban, que oíamos el gruñido casi continuo que emitía la hembra, agazapada, sin apartar la vista de su compañero, el cual la rondaba insistentemente, bajo la constante lluvia. De vez en cuando se movían por las inmediaciones, desapareciendo entre las jaras y los romeros. Yo temía que en una de esas veces que se levantaba la hembra, emprendieran una carrera y se largaran. Me resultaba increíble que estuvieran tan entregados, el macho en intentar montar a la hembra, y esta, que parecía poco receptiva, en intentaba evitarlo, sin importarles el gran número de gente que allí nos reunimos.
     El macho cada vez se envalentonaba más, y la hembra ya recurrió a repelerlo en un conato de lucha a zarpazos, pero aquel consiguió finalmente su objetivo, y yo presencié mi primera cópula de lince, a pesar de estar tras una mata de romero. Mientras el macho montaba a la hembra, mordiéndola por el cogote, está permanecía echada en el suelo, gruñendo sin cesar.



     Tras finalizar la cópula, seguían permaneciendo juntos ambos consortes, allí mismo, pero el interés de la gente por los linces empezó a decrecer. Hay que entender que la mayor parte de de cualquier animal discurre dentro de una rutina, que en el caso del lince es bastante tranquila. Quizás también  la lluvia, que por momentos arreciaba, también desanimara al público. Yo mismo me fui un par de veces al coche. Y poco antes de dejar de llover, los linces se marcharon ladera arriba. La gente, y los coches, empezaron a irse poco a poco también. Y como testimonio de aquellas magníficas horas en las que estuvimos contemplando las escenas de amor con las que nos deleitaron aquella pareja de linces, algunos espectadores dejaron abandonadas las colillas de sus cigarros sobre el camino.


     Pero pese al protagonismo casi absoluto que le damos al lince, conviene recordar que no es en si mismo un ser aislado que vive independiente o de maneja ajena al entorno en el que se mueve. Ni siquiera es tan simple como la estrecha relación trófica que guarda con el conejo, animal que constituye la base en su dieta. El lince interactúa con el resto de elementos, vivos y no vivos de su hábitat. El lince precisa de las jaras, los romeros y los lentiscos, donde ocultarse para cazar, o descansar tranquilamente. Necesita de las inertes rocas, entre cuyas oquedades suelen realizar sus camadas. Y así, los conejos, las jaras y los lentiscos, y las rocas constituyen el mundo del lince ibérico en un delicado y complejo equilibrio en la Sierra de Andújar.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.
                                                                                                             

Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus sharpei)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

lunes, 2 de enero de 2017

COMENZANDO EL AÑO CAMPEANDO POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Inmejorable inicio del año. Ya empieza a ser costumbre que inaugure los años saliendo al campo. Aprovechando ayer mi día libre, que previsiblemente será de los pocos que tenga en enero, salí en compañía de Rocío, a sugerencia suya, a dar una vuelta por la sierra. Y yo le propuse ir al camino de La Lancha, a probar suerte con el lince. Salimos más bien tarde, pero el día dio bastante de si, pese a llevar un plan más bien tranquilo y relajado, y no ir expresamente en busca de nada.
     Durante el trayecto de ida paramos en alguna ocasión para fijarnos en los pajarillos que había junto al camino. Petirrojos y pinzones sobre todo, pero también algún colirrojo tizón y tarabillas. Nos detuvimos también a ver los trigueros en alambradas y encinas cercanas, y a un par de zorzales charlos, algo lejos, en una dehesa por la que pasamos. Más cerca que los charlos, vimos también una abubilla en la misma parada, sondeando el suelo con su largo y curvo pico, a la sombra de una encina. Por supuesto tampoco faltaron urracas, ni estorninos, pero no les prestamos demasiada atención. Pero me extraño no ver ni un ciervo en todo el camino.

Sierra de Andújar

     Al poco tiempo de llegar a las curvas, donde había bastante gente repartida por diferentes puntos del camino, vimos una pareja de buitres negros que nos pasaron volando bastante cerca. Se oían los arrullos de la paloma torcaz y las ásperas notas de reclamo de la curruca capirotada, y de vez en cuando también berreaba algún ciervo. También oímos el canto del águila imperial, pero tampoco se dejaba ver. Vimos un conejo al lado de un lentisco. Los buitres leonados planeaban diseminados por el cielo, en todas direcciones, en lugar de hacerlo en las típicas concentraciones aprovechando las corrientes térmicas. Alguna paloma pasaba en vuelo por el lugar. Las pocas urracas también aparecían dispersas por la zona, y aunque de vez en cuando se oían, no eran alarmas que marcaran la presencia de ningún carnívoro, como a menudo lo hacen con el lince. Y no tardó en aparecer el águila imperial, el adulto al que habíamos oído hacia un rato.
     Poco antes de almorzar, emprendimos un paseo que pronto se vería interrumpido. Habían detectado a un lince en algún lugar. Cuando una mujer nos dejó mirar por su telescopio, contemplamos a un remoto lince, a contra luz, tumbado placidamente sobre una gran roca, al sol. A pesar de las malas condiciones de luz, y la lejanía, siempre que se consigue observar un lince en libertad es un momento especial, y quizás más tratándose del primero, y espero que no el último, del año. Pero no se quedo demasiado tiempo allí, y tras acicalarse y lamerse con esmero, bajó de la roca al suelo, y entre la vegetación desapareció. Fue entonces cuando Rocío y yo nos fuimos a comer.
     Mientras comíamos sentados al borde del camino volvimos a ver un conejo, quizás el mismo de antes, junto a los lentiscos por los que se movía algún que otro mirlo. Se seguía oyendo a la curruca cabecinegra, y llegó a salir unos instantes de los lentiscos que la cobijan. Con sus habituales griteríos, de repente irrumpió en aquel mismo rodal de lentiscos donde estuvo el conejo, los mirlos y la curruca, un bando de rabilargos. Y a lo lejos, el pito real repitió seguidamente sus potentes notas sonoras, componiendo su característica estrofa.

Abeja libando el néctar de la flor del romero

     Reanudamos el paseo poco después de comer, con varias paradas para mirar a los buitres leonados, al buitre negro y al águila imperial, que también se podía escuchar con fuerza. Esta vez, además de al adulto, llegamos a ver a un damero. Vimos también petirrojos y unas perdices. Divisamos al azul roquero solitario entre granitos, mientras daban pasadas sobre la pista aviones roqueros. Las abejas (Apis mellifera) zumbaban entre los romeros en flor. No muy lejos se encontraban las colmenas, visibles desde el camino. Y al término de nuestro paseo oímos el chasquido que producen los ciervos al chocar sus cuernas. Nos asomamos un poco más adelante por si descubríamos la pelea, pero tan solo vimos un grupo de seis machos que enseguida se marcharon. En cambio un joven vareto se mostró más confiado. Parece que el hecho de que no se cace en esa finca, ha cambiado el comportamiento de los animales, mostrándose más tranquilos y confiados.
     Al comenzar a caminar de vuelta, presenciamos como el águila imperial adulta, entre cacareos, picaba sobre el damero. Más buitres deslizándose por el aire, y aviones revoloteando por los alrededores del carril. Nos paramos un rato a mitad de recorrido, y nos sentamos a contemplar los seres animados del paisaje. De nuevo repetía el macho del roquero solitario posado en su pétreo hábitat. Un petirrojo se movía inquieto por un lentisco próximo al camino. Un par de urracas, la una sobre una encina, y la otra en el suelo, se veían cláramente pese a la distancia, por su destacado blanquinegro plumaje. También vimos otro conejo, algo lejos, cerca de unos acebuches.

Anocheciendo

     No tardamos mucho en volver al coche para irnos, pues aunque todavía quedaba un buen rato de luz aprovechable, tenía cosas que preparar. Durante el camino de vuelta vimos más ciervos, separados por grupos de machos y hembras. Alguno de ellos eran portadores de grandes cuernas. Vimos también un grupo de gamos en una dehesa, algunos de los cuales, con alocados brincos y carreras, idas y venidas, y sus colas totalmente levantadas mostrando el escudo anal completamente blanco, parecían estar jugando y divirtiéndose, en lugar de indicar algún tipo de peligro inminente. Y de las aves volvieron a repetir los estorninos, los trigueros, los colirrojos, los petirrojos, los pinzones, más la abubilla, que voló no lejos de un gran ciervo macho, que corría paralelo a la valla que le impedía cruzar la pista.

(*) Fotografías: gentileza de Rocío Ferrer.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)

sábado, 9 de enero de 2016

RUTA CAMPERA POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Mi segunda salida campera del año fue hace tres días a la Sierra de Andújar, en compañía de Raimundo y Esteban, y en la que pude conocer a Ana. No estaba en el mejor momento de salud, y el día, gris, húmedo y frío, se tornó en una jornada bastante completa en lo que a observaciones de fauna se refiere.
     Como de costumbre, quedamos al inicio de la carretera que sube a la sierra, pero en lugar ir directamente hacia allí, nos dimos una vuelta por la zona de Los Cerrillos. Entre los olivares, otros cultivos y el cinturón de pastizal que constituyen Los Cerrillos, área de transición entre la sierra y los campos de labor, podían verse urracas, estorninos, tórtolas turcas, y lavanderas blancas y cogujadas. Sobre unos juncos que crecían junto a un arroyó se posó una tarabilla. En nuestro camino se cruzó literalmente un gavilán, volando bajo y a gran velocidad, al que paramos a ver hasta ocultarse en unas adelfas. Por allí cerca también pudimos ver una garcilla bueyera.
     Nos acompañaron en nuestro camino por la sierra urracas, rabilargos, tórtolas turcas, algunos pinzones y unos mirlos. Nuestro destino fue La Lancha, y llegando a las curvas donde aguardaríamos en espera de ver al lince, nos fijamos en un alcaudón real que oteaba desde lo alto de un poste. Pero eché de menos durante el recorrido los ciervos que suelen verse junto al camino, seguramente refugiados en la tranquilidad de áreas más interiores, alejados del trasiego de vehículos de esta época.
     En nuestras observaciones descubrimos algunos ciervos lejanos. Unas perdices tomaban un baño de tierra en una pista. Divisamos un par de chovas en vuelo a las que antes escuchamos sus llamadas. Sonaban entre los arbustos los reclamos de las currucas cabecinegras y rabilargas. En el interior de un acebuche al que me acerqué atraído por sus reclamos descubrí unos herrerillos y una familia de mitos. Nunca supe si tal algarabía se debía a algún conflicto de relaciones interespecíficas. Los buitres planeaban dispersos, siendo complicado distinguir los leonados de los negros de lejos, a falta de luz contra el gris cielo.

Buitre Leonado

Buitre Negro






































     Entre los buitres, apareció el águila imperial. Nos acercamos hacia donde estaba, pero pronto nos centramos en buscar otra cosa. Nos acababan de decir que un lince acababa de cruzar el camino, y el moteado gato no tardó en dejarse ver. Lo estuvimos contemplando desde unos 200 metros de distancia, unos cuantos minutos. Probablemente se tratara del mismo ejemplar que vimos Raimundo y yo el 2 de enero, y aunque entonces lo vimos en un par de ocasiones, fue a más de un kilómetro de distancia. En su camino hizo una parada para orinar, marcando así su territorio. Pero su camino lo llevó a volcar al otro lado de la ladera. Ya que lo había visto, y no tenía mayor interés en seguirlo. Me quedé con Esteban, y mientras esperábamos que Ana y Raimundo volvieran, vimos un verderón posarse en la alambrada.
     Apuntar, eso sí, que con la presencia de tanta gente como acude a este lugar atraída por el celo del lince, tanto como los propios linces, resulta fácil verlos, pues más tarde o más temprano alguien acaba localizándolo, más lejos o más cerca. No es lo más atractivo observarlo entre tanta gente para el naturalista, ni tampoco el fotógrafo consigue imágenes exclusivas e inéditas de la especie, pero es un aliciente esta facilidad con la que se puede descubrir al lince, que también se mueve más impulsado por sus instintos reproductores en esta época, periodo delicado y crucial para la especie. Y aunque se pude presumir más o menos un comportamiento éticamente correcto en los observadores y fotógrafos de naturaleza, también es cierto que estas concentraciones en el camino de La Lancha pueden constituir una barrera que los linces no pueden cruzar, sobre todo cuando se forman procesiones de gente que, llevados por el interés que suscita observarlos y que lógicamente siente cualquiera al que le gusten los animales, les siguen a cada paso, para satisfacer la curiosidad que sana y egoístamente tenemos los amantes de la Naturaleza. Por desgracia sigue quedando algún descerebrado, que intuyendo la trayectoria que seguirá el lince, se coloca cortándole el paso en aras de capturar la foto “perfecta”, pero afortunadamente son muchos los que toman consciencia de ello, y aunque se apelotonen en un determinado punto para verlo, este queda transversal o paralelo al sentido en el que se desplaza el animal.
     Cuando de nuevo nos juntamos los cuatro, elegimos un nuevo destino, y tiramos para el Encinarejo. Volvimos a ver al alcaudón real cuando nos íbamos. De camino, vimos rabilargos, urracas y bastantes tórtolas turcas. Paramos para ver una pareja de pitos reales en una dehesa. Mientras uno de los componentes voló lejos, el otro se posó en una encina no muy lejana, pero como es costumbre en los pájaros carpinteros optó por ponerse en la otra cara del tronco, opuesta a nosotros. Más adelante volvimos a parar, junto a un arroyo en cuyo entorno encontramos un tritón ibérico, en fase terrestre, y que aunque era adulto, se trataba de un ejemplar inmaduro.

Tritón Ibérico

     Pasaron los cormoranes sobre el Río Jándula, mientras comíamos en la aledaña área recreativa del Encinarejo, sobrevolada por los aviones roqueros. Después de almorzar dimos un paseo junto al río. Revoloteaba un mosquitero entre los cantos rodados entre los que corría el agua, adonde acudieron a beber unos jilgueros. Fue fácil descubrir al escribano montesino en las desnudas ramas de un sauce. Se escuchó el regañante reclamo del carbonero provenir del soto fluvial.
     Pasamos el resto de la tarde, hasta que nos fuimos, en el mirador, desde donde divisamos ciervos ciervos y gamos al frente. Los aviones roqueros también volaban por allí, y además de los cormoranes, también pasó la garza real, dejándonos oír su graznido. Acudió un carbonero que estuvo posado brevemente en los lentiscos cercanos. Y vimos el vuelo batido del martín pescador recorrer el cauce, junto a la deshojada fresneda, que más tarde eligió una rama como posadero no muy lejos del mirador desde el que lo observábamos.

Martín Pescador

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Avión Zapador (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Tritón Ibérico (Lissotriton boscai)

domingo, 11 de enero de 2015

AGUARDO EN EL HIDE DEL MULADAR

     En un rincón de las estribaciones de Sierra Madrona hay un muladar, desde donde a través de las ventanas de un hide, tuve una apasionante vivencia campera hace un par de días. Fui testigo de unas espectaculares secuencias que tuvieron por protagonistas a las aves necrófagas, como si estuviera visionando un documental, que aquí narro lejos de la elocuencia de haberlo podido presenciar en directo.
     En camino, por la noche, se nos cruzó un ratón en la carretera. Circulando ya por los carriles interiores de la finca, vimos una liebre con las luces de la furgoneta, e intuimos las siluetas de unos ciervos en la oscuridad, bajo el resplandor de la luna decreciente. Una vez colocados en el interior del hide, cada cual en su sitio, solo rompía el silencio el búho real con su cantar, mientras esperábamos el amanecer.
     Con el clareo de las primeras luces, pudimos ver la primera ave que hizo su aparición en el muladar, una hembra de colirrojo tizón que se posó sobre el cadáver del ciervo. Sopló el aire con cierto vigor, el rato posterior a la salida del sol que bañaba de luz las altas lomas, pero no hacía demasiado frío. Un par de zorzales se posaron en las partes altas del las encinas, mientras ya podíamos ver los buitres leonados posados en los cercanos riscos. Despegaron los primeros, pero pasaron de largo. Escuchamos al águila imperial, y también a los cuervos, pero todavía no había entrado nada al muladar. Los bandos de palomas también pasaban cerca. Unos aviones roqueros revolotearon por allí. Otro grupo de buitres cicleó sobre el muladar, pero altos, antes de alejarse, mientras una lavandera cascadeña se afanaba en la caza de insectos entorno a la carroña.
     El grueso de colonia de buitres leonados, junto algún negro, volaba, desfilando hacia otra parte. El vuelo bajo de una joven águila real junto a un viejo buitre negro sobre el muladar, creó el primer momento de gran expectación en el grupo que aguardaba que llegara a posarse alguna gran rapaz a tiro de sus objetivos fotográficos. Poco después un par de buitres leonados, dieron unas vueltas sobre el muladar, volando bajo, pero también se fueron.

Águila Imperial joven, sobre la copa de una encina

     A nuestras espaldas podían oírse los arrendajos, y mientras uno de estos córvidos se entretenía en picotear un trozo de carne en un posadero de una encina seca, se dejó caer el águila imperial, que vino a pararse sobre la copa de una encina. Era un ejemplar joven que permaneció bastante rato en el sitio que eligió de posadero, mientras simultáneamente unos milanos reales comenzaron a sobrevolarnos. Y solo cuando el águila se fue, se dedicaron los milanos a dar pasadas y hacer picados para tratar de coger con sus garras algún trozo de carne. Solo un milano se atrevió a aterrizar en el suelo, aunque por un breve momento, tras llevarse un jirón de carne. Entre tanto un joven buitre negro se paró cerca del muladar, lejos del hide, pero después de un rato se acabo marchando.
     Se sucedió el rato de actividad de las rapaces, con la calma, en el que el grupo deparaba entonces en los colirrojos tizones y los arrendajos que visitaban el muladar. Alguna paloma se adentraba en el interior de las copas de las encinas del interior del recinto acotado, mientras que de vez en cuando, algún que otro zorzal pasaba volando. También se acercaron los primeros rabilargos, que expulsaron a la lavandera cascadeña de las inmediaciones de la carroña. De todos modos, a la cascadeña le salió otro competidor más directo. Una lavandera blanca, ligeramente más grande, que también se dedicaba a capturar insectos, alejaba a la cascadeña de su lado, allá donde iba. Se oían a las perdices por detrás de nuestra posición. Un cernícalo pasó raudo sobre el muladar. Y llegó el primer cuervo, a posarse sobre una encina, desde donde emitía su llamada, hasta que poco después apareció su compañero.

El vuelo de una joven Águila Real

     De repente los rabilargos y los arrendajos desaparecieron. Y del cielo cayó una joven águila real, que en seguida se vio acosada por la pareja de cuervos, hasta posarse en interior de la frondosa copa de una encina. No podíamos verla, pero sabíamos que estaba allí. Los rabilargos, los arrendajos y uno de los cuervos marcaban su posición con sus voces de alarma. Pero el águila trepó con un aleteo hasta la percha superior de la encina, coronándola, y descubriéndose ante nuestra atónita mirada. Y desde ahí se tiró al suelo, donde anduvo y estuvo picoteando los viejos esqueletos. Alzó el vuelo para intentar apostarse en un posadero, la rama seca de una encina, pero el lance de los cuervos puso al gigante alado en retirada.

Deslizándose planeando
Aterrizando






























     Pero no esperamos mucho tiempo, cuando la joven águila imperial vuelve aparecer, parándose directamente en el suelo, bajo una encina. Y casi a la vez llegó otra vez la joven real, que fue a colocarse frente a la imperial. Los retoños de otra encina que teníamos delante no nos dejaron ver con claridad la breve escaramuza, que acabó abandonado la imperial para posarse sobre la copa de una encina. La real imitó a su competidora, apostándose en otra encina. Y en una tercera encina, la pareja de cuervos estaba tan pendiente de las águilas como nosotros. Más impaciente que la imperial, la real cambia de encina, a lo que los cuervos responden arrojándose en picado sobre ella, en el corto trayecto. Las águilas permanecieron tranquilamente sobre sendas encinas durante un largo rato. La primera en irse fue la real, y bastante después hizo lo mismo la imperial.


Levantando el vuelo
Increpada por un cuervo






























     Los milanos también retornaron con sus acrobacias aéreas, sus virajes y sus picados para llevarse algún pedazo de carne consigo. El cernícalo también volvió a aparecer por allí. Un nuevo visitante fue la abubilla, prospectando el suelo. Los cuervos siguieron por allí, y bajando a recoger trozos de carne sueltos. Los arrendajos pasaban y parecían pararse por curiosear. Los rabilargos iban y venían sobre la carcasa del ciervo. Los colirrojos tizones se dedicaban a capturar insectos, sin que mediasen enfrentamientos con las dos lavanderas. Y el desfile de buitres comenzó de nuevo, esta vez en dirección al roquedo.
     Entrada la tarde, cuando ya no se espera que llegue ningún comensal del muladar, avisamos al guarda para que viniese a buscarnos. Es muy importante seguir este procedimiento, pues aunque aparentemente no haya ningún ave cerca, si alguna llega a detectarnos salir directamente desde el hide, podría recelar. Antes de salir de la finca pudimos ver tres abubillas, unos ciervos, un gavilán y algunos muflones. Por la carretera vimos los estorninos congregados en los cables de los tendidos eléctricos, un par de cigüeñas en los campos, más un par de ratoneros sobre sendos postes de las dehesas del Valle de los Pedroches.

Fotografías: gentileza de Julen Gayarre y Luke Massey.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nissus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)

domingo, 15 de junio de 2014

UNA TARDE PASEANDO POR LA ROPERA

     Después de bastante tiempo sin ir, ayer David y yo salimos a dar un paseo por la zona de La Ropera a últimas horas de la tarde. Y como otras veces que hemos elegido aquel sitio por su proximidad a Andújar, para echar un rato de campo y poder observar fauna, no nos decepcionó. Las tórtolas turcas y algún que otro gorrión adornaban los cables de los tendidos eléctricos sobre los que se hallaban posados por la carretera. Sobre las aguas abiertas del ancho tramo final del Río Jándula nadaban algunos ánades reales, mientras los rabilargos revoloteaban entre los olivos y los árboles de la ribera.
     Aparcamos en las inmediaciones del puente. La humedad del río y el calor reinante a pesar de las horas crepusculares, propiciaban que estuviésemos envueltos en un cierto bochorno. Desde el puente, veíamos los desconfiados patos que se habían alejado aguas abajo. También descubrimos una garza real que entre los sauces, asomaba sobre el cauce. De las verdes eneas que proliferaban a ambas orillas del río junto al puente, emanaban las ásperas notas del carricero común. Una brizna de enea que se agitaba a un ritmo diferente a las demás, era movida por una gran carpa que nadaba por las someras aguas de donde brotaba.
      Cruzamos el puente y echamos a andar paralelos a la orilla, aguas abajo, entre bosque de ribera y olivar. Entre los muchos vencejos que con su incesante griterío volaban sobre el río, los acompañaban algunos abejarucos. En los claros donde el bosque en galería se abría, aprovechábamos para mirar hacia el río, pero en cuanto nos deteníamos, las garzas y los ánades reales que tratábamos de observar echaban a volar sin darnos muchas más opciones. Y también por este lado del río había rabilargos
     Nos resultó llamativo el gran número de pollos volantones de golondrina común que se concentraban sobre un sauce, mientras otras tantas pasaban sobre el río. Del interior del bosque de aquella orilla procedían también los arrullos de la tórtola común, y la voz aflautada de la oropéndola. Un tronco encallado en el lecho del río y que emergía sobre la corriente, servía de islote a unos galápagos que se soleaban con los últimos rayos de la tarde. Y mientras esto sucedía, un pollo volantón se posó en el tallo de una planta de la orilla por la que caminábamos, muy cerca de nosotros. Pero no era una golondrina, si no algo que acaparó nuestra atención con especial interés. Habíamos tenido junto a nosotros un pájaro moscón.
     Poco más adelante terminó nuestro paseo, pero no retomamos la vuelta inmediatamente, si no que esperamos un rato. Íbamos tranquilamente, y delante nuestra alzaron el vuelo un par de abubillas. Al pasar por el lugar donde habíamos visto al moscón, escuchamos al martín pescador, que David que llegó a ver. Los galápagos permanecían apurando su baño de sol sobre el tronco. Bajo las aguas se intuía la difusa silueta de grandes carpas que a veces nadaban a ras de la superficie del agua turbia, dibujando onduladas  estelas, que a veces asomaban sus aletas dorsales. Sobre el olivar cercano volaban algunos estorninos, y más lejos también lo hacía un bando de estos negros pájaros sobre la chopera del otro lado del río.
     Esta vez no conseguimos ver ninguna garza, pero si patos. A los vencejos y a las golondrinas comunes que se dedicaban afanosamente a prospectar el río a la caza de mosquitos y otros insectos alados, se sumaban ahora al elenco aviones comunes y golondrinas dáuricas. Quizás también estaban allí al principio, cuando veníamos, pero entonces no me percaté de su presencia. Entre el sotobosque de sauces, los rabilargos formaban una algarabía, quizás en conflictos entre ellos mismos, o tal vez fuera otra cosa lo que los inquietara, pero que nunca llegamos a descubrir. En las sombras del camino se descubre un mirlo que acto seguido vuelve a refugiarse entre la segura espesura de la vegetación.
     Acercándonos al puente, entre el canto del carricero también se oyó la estrofa musical del ruiseñor bastardo. Y al llegar al puente, antes de cruzarlo, observamos un pájaro que se movía nerviosamente entre el suelo y los tallos secos del pasto. Estaba comiendo hormigas en aquel sitio, por lo que pudimos observarlo con todo detenimiento, durante un rato, hasta que se decidió a volar hasta el interior de la copa de un chaparro. Se trataba de una curruca que puso el broche de oro y el cierre a nuestras observaciones de la tarde, la mirlona.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Pájaro Moscón (Remiz pendulinus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

martes, 7 de enero de 2014

ENCUENTROS CON EL LINCE

     Prometía un día espléndido, una vez pasada la borrasca que estuvo barriendo la sierra y que nos dejó la tan necesaria lluvia en los primeros días de enero. Así sucedió hace dos días, el primero del año en el que brilló el sol, y bajo su luz, se manifestó una enorme actividad de vida animal que parecía haber despertado repentinamente de un sueño letárgico. Ello convirtió el día en una reseñable jornada naturalista, que sin desmerecer a ninguna especie, estuvo marcada por la presencia del mítico lince ibérico.
     Era un día de trabajo. Momentos antes había dejado a Paco y a Lola, unos clientes, en el muladar. La oscuridad previa al amanecer aún ensombrecía el paisaje mientras Miryam y yo recorríamos lentamente los carriles en los que nos encontrábamos a los pájaros más madrugadores que ya comenzaban su jornada. Un zorzal común, y más adelante un petirrojo, así como unas perdices que vimos a un lado del camino.
     Llegamos a un oteadero desde donde controlábamos todo el barranco. Además del sonido del agua correr, a nuestros oídos llegaban los reclamos del petirrojo, procedentes de los arbustos de las inmediaciones, y los potentes pitidos del pito real, desde algún remoto lugar. Desde nuestra ubicación, en una ladera de umbría, mirábamos con cierta envidia las cimas de los cerros más altos, bañadas por los primeros rayos del sol. La claridad iba desterrando las sombras, y nos descubría unos montes por fin reverdecidos, agostados hace apenas un mes. Unos ciervos se movían por la cuerda de los colinas, mientras otros trotaban más abajo, por sus laderas. En los pequeños prados del fondo del valle no era difícil descubrir a las urracas. Las torcaces las veíamos pasar en vuelo. En la lejanía, el águila imperial emitía su canto, pero no podíamos verla. Los carboneros también cantaban, y uno viró bruscamente y modificó su trayectoria de vuelo al toparse bruscamente con nosotros.
     Después de algún tiempo de observación, de esperar sin movernos del sitio, la sensación de frío nos empujó a desplazarnos. Bajando a la vaguada, un conejo se apresuró a cobijarse bajo un lentisco. El arroyo portaba un generoso caudal. Recorriendo despacio el camino a través de pequeños prados alternados con manchas de bosque, íbamos descubriendo multitud de pájaros. Al pasar de un prado a otro, cambiaban las urracas por los rabilargos. En solitario aparecía el colirrojo tizón y la abubilla. En bandos se movían los gorriones, los pinzones y las totovías, que se levantaban al acercarnos con el coche. Los estorninos tomaban baños en los charcos del camino que atravesaban una dehesa. Al parar para observarlos un momento, también descubrimos un pico picapinos en la base del tronco de una encina, y a un lado de la pista, las grajillas se mezclaban con otro grupo de estorninos.
     Llegando a la última pradera, un mirlo macho levanta el vuelo para refugiarse en la espesura de unas zarzas, mientras que resultaba muy llamativo un petirrojo que se asomaba en un lentisco, delatado por su vistosa mancha pectoral roja. Paramos un rato para contemplar un gazapo que permanecía inmóvil, erguido sobre sus extremidades posteriores. En cuanto reiniciamos la marcha, corrió a ocultarse. Más adelante ya estaba el río, que sobrevoló una garza real.
     Pero la Naturaleza a veces nos obliga a improvisar. Cuando nos disponíamos a dar la vuelta para dirigirnos a otro oteadero, una silueta en el contraluz llamó poderosamente mi atención. Se trataba de un lince que avanzaba sobre el terreno en intervalos de cortas carreras que interrumpía con breves paradas en las que se agazapaba. De vez en cuando agitaba su corta cola con cierto nerviosismo. Tras una de sus paradas, cambió el ritmo de su marcha y ya entonces solo caminó despacio hasta volver a detenerse. Una vez que comprobamos que estaba dedicándose a acechar conejos, ignorándonos por completo, fue cuando decidimos bajar de coche, y acercarnos un poco más con suma cautela. Era un ejemplar de mota intermedia. Se amagó y dormitó unos minutos. Cuando abrió los ojos, se incorporó, se sentó, bostezó y se acicaló. Durante sus escasos paseos comprobamos que era un macho. Y al igual que a nosotros, parecía gustarle el sonido de los pájaros, moviendo sus blanquinegras orejas y girando la cabeza en su dirección, cuando el silencio lo rompía el mirlo o el herrerillo capuchino. Cuando a lo lejos oía a las urracas, incluso movía algo más que las orejas y levantaba la cabeza, buscándolas. Todo esto transcurrió en apenas unos 10 minutos, pasados los cuales se quedó Miryam vigilando al confiado gato moteado, y sin más demora, yo salí a buscar a Paco y Lola, cuyo principal motivo de su visita era poder fotografiar al lince.


     Durante el trayecto, entre ir y volver, debí pasar por alto muchas cosas, pero aunque solo fuera de pasada, no pude ignorar algún ciervo cercano al camino, o las perdices, urracas y rabilargos que volaban cuando pasaba corriendo a su lado. Pero sí hubo un animal que nos hizo detenernos a la vuelta. Lola había visto otro lince a un lado del camino. Iba andando con la parsimonia que caracteriza a la especie cuando no se la molesta. Era un ejemplar de mota fina, y aunque estaba algo más alejado que el lince que nos esperaba un poco más adelante, pudieron fotografiarlo, y ver que se trataba de una hembra. Interrumpió su tranquilo andar para sentarse un momento, antes de continuar su camino y que dejásemos de verla.
     Cuando llegamos al pequeño prado donde se había quedado Miryam, allí aún permanecía también el lince. Paco y Lola fueron quienes más lo disfrutaron sin duda, sobre los 20 minutos que el lince decidió seguir en nuestra compañía. Durante ese rato, el perezoso lince seguía repitiendo el comportamiento ya descrito, dormitar y lamerse tranquilamente, hasta que nos abandonó.


     Nosotros volvimos hacia atrás, pasando despacio por la explanada donde habíamos visto a la lincesa, por si la suerte volvía sonreírnos, pero no fue así. Despedimos a Myriam, que debía irse, y nosotros decimos volver hacia la pradera donde habíamos estado viendo al macho. Inevitablemente nuestra atención mientras íbamos en el interior del coche la centraban conversaciones sobre el lince. Al pasar por los prados adehesados se veían las totovías que volaban en pequeños bandos. El cielo se había tornado grisáceo. Por un instante vimos la silueta del águila imperial. En el prado aguardamos, esperando durante unas horas, hasta después de comer, pero el lince no volvió a campear por allí. De lejos, de vez en cuando se veía pasar algún cormorán sobre el río.
     Metidos en la tarde, retornamos al mirador desde el que controlábamos el valle por donde discurría el arroyo. La actividad de la fauna había mermado bastante con respecto a la mañana. Por el camino, ya con poca frecuencia, se dejaron ver los pinzones, al pasar por el valle algún que otro conejo, y subiendo hacia el punto de observación paramos para ver un mochuelo que no tardó mucho tiempo en abandonar las rocas entre las que se guarnecía. Pasamos el tiempo en nuestro elevado lugar de observación, viendo los pocos ciervos que o bien desfilaban marchando en fila, o bien se descubrían cuando asomaban a los claros, así como las palomas que pasaban o las urracas que revoloteaban por allí.
     Pasado este tiempo de espera, y antes de anochecer, volvimos al muladar. Yendo por la pista que hasta el muladar conducía, se levantaron las perdices a nuestro paso, y acercándonos al mismo ya podíamos contemplar los buitres que lo custodiaban, unos pocos todavía en vuelo, muchos aposentados en rocas y árboles del entorno, y hasta sobre el mismo suelo, que aguardaban con paciencia el momento de dejarse caer. Entre la multitud de leonados, se podía encontrar algún negro. Y habiendo visto que los grandes carroñeros alados estaban allí, nos marchamos siguiendo el carril por donde habíamos venido, donde, una vez dejado atrás el muladar, nos cruzamos con una manada de ciervas que se quedaron próximas al camino, mirándonos pasar.

(*) Fotografías: gentileza de Miryam Lara.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)