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domingo, 28 de mayo de 2017

VOLUNTARIADO DE OLIVARES VIVOS: OBSERVACIONES EN LA CAMPIÑA SUR DE SEVILLA

     Olivares Vivos es un Proyecto Life que pretende recuperar la biodiversidad en el cultivo del olivar mediante diferentes actuaciones tales como la plantación de especies vegetales mediterráneas en lindes y zonas de escorrentía, por un lado para frenar la erosión, y la colocación de cajas-nido para murciélagos, paseriformes insectívoros y lechuzas que contribuyan al control biológico de las poblaciones de insectos y roedores que podrían perjudicar los campos. Por su parte, las 20 fincas colaboradoras en este proyecto, distribuidas por casi toda Andalucía, obtienen un certificado que garantiza al consumidor de sus productos (aceite, esencialmente), la contribución de las mismas al restablecimiento de la biodiversidad.
     Una de las formas de llevar a cabo estas actividades es a través del Voluntariado. Entre el 21 y el 26 de mayo he podido participar en un Voluntariado que se ha desarrollado en dos fincas de la campiña sur de Sevilla y otra en Antequera. Con María Cano y Paco Martín como monitores del grupo y el reencuentro con Cata en el que fue el tercer voluntariado en el que coincidimos, he conocido a Alegría, Edu, Zarine, Miguel, Rebe y Manu, integrando un gran equipo y compartiendo una intensa vivencia durante los cinco días, y un par de significativas jornadas camperas.
     Durante nuestros dos primeros días de trabajo, el 22 y 23 de mayo, en la misma finca, realizamos interesantes observaciones de algunas de las especies de aves esteparias más singulares de la Campiña Sur de Sevilla. Nos dedicamos, además de a la plantación y a la colocación de cajas-nido, a la instalación de un bebedero para aves. Para la plantación, a modo experimental, se utilizó terracote, una sustancia granular que contiene abono y una sustancia que retiene el agua y la va liberando progresivamente según la demanda la planta, dado que el mes de mayo no es propicio para plantar.

Milano Negro
     No era difícil observar el vuelo de los vencejos y los milanos negros por el entorno mientras nos dedicábamos a nuestra labor. Al oído de Paco no pasaron desapercibidos los cantos del zarcero común, de la curruca mirlona y de la terrera común, que nos indicó de quien era cada cual. A la terrera la llegamos a localizar en vuelo, mientras cantaba, y también echarse a tierra. Además llegué a ver un zarcero entre los tarajes que atestiguan el paso de un arroyo, ahora seco. Por el camino de vez en cuando andaban las cogujadas, a las cuales también escuchamos, y entre los olivos corría alguna liebre. Además también se llegó a escuchar el reclamo de la curruca cabecinegra, la estrofa del carbonero y la repetitiva nota del buitrón. Irrumpieron en el espacio aéreo unos buitres leonados, compartiéndolo con milanos. Vimos además algún que otro ratonero, y el paso de una carraca que desapareció sobre los olivos.
     El paisaje agrario en el que nos hallábamos trabajando, entre el olivar, el cereal y hasta un campo de espárragos, encierra ya de por si un enorme potencial de vida. Aunque quizás no fueran las aves los animales que más atención acapararon, sino las garrapatas, que con su presencia sembraron la inquietud entre algunos componentes del grupo. Pero nada hicieron estos arácnidos que tuviéramos que lamentar.
     Pero fue la tarde del lunes 22, acompañados por dos anilladores de la zona que conocían María y Manu, cuando nos dedicamos con mayor exclusividad a movernos por el entorno de Lantejuela en busca de aves que observar. El sol todavía atizaba con fuerza sobre la campiña, pero al poco de habernos incorporado a un carril, divisamos unos cernícalos primillas posados en un tendido eléctrico, en compañía de un par de cuervos, y casi simultáneamente teníamos a una pareja de aguiluchos cenizos realizando cabriolas a un lado del camino, sobre el campo de cereal, lo que nos obligó a hacer una parada. Entre tanto se podía oír a las calandrias, y a lo lejos pasaron en vuelo unas garcillas bueyeras. Las cogujadas casi pasaban inadvertidas entre los terrones y los surcos en un campo, en el que descubrimos un pollo volantón de triguero.

Dehesa al anochecer

     Algún tiempo después nos desplazamos al territorio del elanio azul, donde no tardamos en ver aparecer a ambos miembros de la pareja en repetidas ocasiones. Incluso se llegaron a posar en lo más alto de alguna de encinas que salpicaban el campo de alrededor. Con el telescopio descubrimos también una perdiz posada en las ramas de la encina. Y mientras caía la tarde, entretenidos con los elanios, o las liebres que salían de entre los girasoles, pasaron también por el lugar un cuco que se perdió sobre el dosel del olivar cercano, la abubilla por un cortijo cercano, un sisón volando a bastante altura, un alcaraván aterrizar por la zona, y una carraca que llegó a posarse en una encina próxima, aunque fuera de nuestra vista. La silbante voz del alcaraván y el maullido del mochuelo le ponían voz a las últimas horas vespertinas.
     Apurando las últimas luces alargamos un poco más la jornada, en búsqueda de mochuelos. Pero tan sólo conseguimos oírlos. Así como al alcaraván y al chotacabras pardo, del que sí logramos ver un ejemplar en la zona en la que estuvimos esperando.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Europea (Lepus granatensis)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Elanio Común (Elanus caeruleus)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Primilla (Falco naumanni)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Carraca Europea (Coracias garrulus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Calandria Común (Melanocorypha calandra)
  • Terrera Común (Calandrella brachydactyla)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Zarcero Común (Hippolais polyglotta)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Triguero (Miliaria calandra)

lunes, 29 de febrero de 2016

ESCAPADA A LAS TABLAS DE DAIMIEL

     Llevábamos ya tiempo con la idea de ir a las Tablas de Daimiel, y por fin hoy, Elena, Fran y yo conseguimos escaparnos. Y como de costumbre, en las Tablas siempre aguardan sorpresas. Cada vez que allí he ido he tenido oportunidad de contemplar distintas cosas. Las poblaciones de aves fluctúan al ritmo que lo hace el nivel del agua, y los acentuados cambios estacionales.
     Mientras esperábamos a Fran para partir en la temprana mañana, Elena y yo nos entreteníamos con las aves urbanas, tórtolas turcas, estorninos, golondrinas y gorriones comunes, mirándolos y escuchándolos. Aunque por la carretera no íbamos muy pendientes de mirar, no escaparon a nuestra atención las urracas, los abundantes estorninos y alguna cogujada, más otros que nos fue imposible determinar que eran. Circunvalando ya Daimiel vimos un cernícalo al borde de la autovía, pero nos resultó más llamativo el paso migratorio de los milanos negros, que en un disgregado grupo, escalaban cotas en el espacio aéreo describiendo espirales.
     Llegando al Río Guadiana, cruzado por el puente del Molino de Molemocho, destacaban en sus aguas un ingente número de fochas, y las cigüeñas, ocupando los nidos sobre los viejos chopos. Fue nuestra primera escala. Al bajarnos del coche llegan a nuestros oídos los crotoreos de las cigüeñas, y la repetitiva estrofa del ruiseñor bastardo. Las golondrinas revoloteaban por los alrededores, y el pequeño zampullín común nadaba y se sumergía cerca de las ojeras del puente, donde por la despejada orilla se movía la inquieta lavandera blanca. Pasaban de vez en cuando algún cormorán, cigüeña o gaviota sombría cruzando el cielo, y mientras observábamos las fochas, a nuestras espaldas cantó con fuerza un cercano ruiseñor bastardo que tuvo la amabilidad de asomar de su escondite entre las apretadas eneas y permitirnos que lo contemplásemos.


Las someras aguas de las Tablas de Daimiel

































     Dirigiéndonos hacia los aparcamientos, junto a las oficinas del Parque Nacional, pude ver estorninos y alguna cogujada, más un bando mixto de pájaros poco antes de llegar, entre los que estaban los inconfundibles jilgueros, reconocidos por la banda alar amarilla. Entre los tarajes de las inmediaciones podía verse urracas y palomas torcaces.
     Nuestro primer objetivo fue la Laguna Permanente. En nuestras andaduras, nos vimos envueltos por nubes de mosquitos en más de una ocasión. En el paseo hasta llegar a los observatorios, escuchamos al buitrón, y localizamos entre las desnudas ramas de los chopos y los tarajes, gracias a sus cantos, al carbonero y al herrerillo común. Antes de entrar en los observatorios, ya habíamos divisado en un pequeño cerro de la otra orilla a los ánsares pastando sobre el césped. Desde el interior del observatorio, pudimos verlos mejor, y además, a un par de cormoranes, posados en un pequeño islote, y de entre los pequeños bandos de grullas, diseminados por el cielo, uno de ellos compuesto por cinco, que se precipitó tras la colina donde estaban los ánsares. Descubrimos también, buscando en la profundidad del horizonte, a unas gaviotas sombrías, unas nadando, otras volando, un par de somormujos lavancos, una garza real en una orilla, bastante disimulada entre los tallos de la jungla de espadañas y carrizos secos, y un pequeño grupo de avefrías que pasaron volando.
     La siguiente meta fue ir hasta la Isla del Pan, pero haciendo el recorrido a la inversa a lo que usualmente hacen los visitantes, desde la Isla del Maturro, en lugar desde la Entradilla. Empelamos bastante rato en completar el corto itinerario. La razón, las múltiples paradas que nos obligaban las aves a improvisar. Destacaban sobre las someras aguas de la Tabla de la Hita los patos, los llamativos machos blancos del pato cuchara, y junto a ellos, las pequeñas cercetas, que compartían con alguna focha.
     Las lavanderas blancas se movían por las cenagosas orillas, y mientras las mirábamos se descubre desde el carrizal un pájaro de mayor porte, con el dorso gris pardusco, que irresistiblemente atrajo mi atención como imán sobre él. A menudo, estos pájaros de plumaje discreto, que pocas veces se dejan ver tan claramente, constituyen todo un desafío identificarlos. Mi sorpresa vino, cuando al girarse me muestra su pecho teñido parcialmente de azul, dibujándole una especie de collar, característica por la cual recibe su nombre. Se trataba de un pechiazul, bien de una hembra, bien de un macho del primer año, que aun carecía de la amplia mancha de intenso azul que colorea todo el pecho, a veces interrumpida por una pequeña mancha central blanca o roja, de los adultos de su sexo. Y aunque no es la primera vez que veo a esta especie, no pude ocultar el entusiasmo que sentí al verlo, recogiendo así mi premio particular con el que me obsequiaron las Tablas de Daimiel en esta visita aquí descrita.
     No tardamos mucho en afinar más, y descubrir unos cuantos pechiazules más. Uno se dejó ver posado en una alta rama que se elevaba sobre el nivel de los carrizos, pero la mayoría aparecían por las orillas, compartiéndolas con las lavanderas, un petirrojo que también salió por allí, y algún bisbita. Gaviotas y cormoranes podían verse en vuelo, pero más nos atraían los bandos de grullas, con su ensordecedor trompeteo mientras surcaban el firmamento. Cantaba el ruiseñor bastardo, y también podía oírse a veces al mosquitero. Más adelante acabamos viendo alguno, cuando asomaba entre las eneas y carrizos exteriores de las orillas. También vimos algunos ánades reales, y al aguilucho lagunero sobrevolar las tablas.
     Estaban bastante concurrido el Parque hoy por la mañana, a pesar de ser lunes. Caminando bajo el bosque de tarajes de la Isla del Pan escuchamos y pudimos ver unos gorriones morunos. Se oía también al ruiseñor bastardo, pero no lo vimos. Poco antes de llegar al observatorio pudimos ver un buitrón sobre una mata. Tras unos momentos en que pudimos mirarlo a placer, el diminuto pájaro desafió la corriente de aire, alzando el vuelo, a la vez que emitía su monótono canto, hasta dejarse caer en el suelo, un poco más allá de donde lo habíamos visto. Y seguimos viendo grullas pasar durante el tiempo que allí permanecimos, y apenas si le echamos cuentas a los aviones que también sobrevolaban la zona.

Grullas en vuelo

     De camino entre las Islas del Descanso y la Entradilla, vimos un par de fochas, y unas cercetas, y de nuevo, el vuelo rasante del aguilucho lagunero sobre la vegetación palustre. Escuchamos al ruiseñor bastardo y al buitrón mientras nos dirigíamos al observatorio de la Laguna de Aclimatación, lugar que elegimos para comer, desde donde además de los anátidos y rálidos que allí mantienen en condiciones controladas, vimos un bisbita caminado por la orilla, el único ave completamente silvestre, que puede entrar y salir libremente a través de la malla metálica que cubre la laguna. Yo salí antes, a llevar algunas cosas al coche, lo que me permitió advertir a una pareja de tarabillas, posadas en las puntas más altas de los arbustos del entorno, y poder oírlas cantar.

Pareja de Fochas

     Después de comer, fuimos hacia la Torre de Prado Ancho, parando en cada uno de los observatorios que había en el camino. La actividad de las aves parecía haber menguado a primeras horas de la tarde. Al iniciar el camino, pudimos ver un carbonero entre los tarajes del principio. Algunas urracas y palomas más adelante, y el paso de algún que otro cormorán. Nos fue fácil ver al macho de tarabilla posado en una señal. En las breves estancias en los observatorios tampoco conseguimos ver gran cosa. Tan solo un ánsar, dos ánades reales, un par de parejas de cercetas, además unas pocas fochas y cormoranes. Entre ellos había uno muy llamativo, que pudimos observarlo no muy lejos, que ya lucía el plumaje de celo, con la cabeza blanca, y desplegaba sus alas mientras nadaba. Cerca ya de la torre, volvemos a dedicar unos momentos para levantar la vista al cielo, y no dejar de mirar con cierto asombro las escuadras de las vociferantes grullas.
     Desde lo alto de la torre observamos un grupo de machos de patos cuchara, entre los que se movía una cigüeñuela. No muy lejos también nadaban unos ánades reales. Más al fondo había cormoranes sobre el agua, o bien pasaban volando, como también lo hizo un pequeño grupo de ánsares. Mientras tanto el aguilucho lagunero seguía sus prospecciones, dando pasadas sobre las tablas. Y en el borde de una de las junglas de carrizos y eneas que circundan las tablas, descubrimos a la garza real.

Tabla de Prado Ancho

     La vuelta la hicimos por un camino paralelo, entre barbechos restaurados con vegetación forestal mediterránea. Se oía el triguero y el buitrón en aquellos parajes, y podían verse alguna bandada jilgueros, gorriones y estorninos, así como a las solitarias tarabillas posadas en los tallos más altos de los pastos y a las cogujadas corretear por el camino. Además de las grullas, pudimos ver en el aire evolucionar una disgregada columna de milanos negros a lo lejos. Algunos pasaron más cerca. También pasaron unas grajillas, que graznaban de cuando en cuando. Llegando casi al Centro de Visitantes, saltó una liebre de donde se encontraba encamada. Lo más curioso es que salió corriendo después de haber pasado cerca de ella, y ni nos habíamos dado cuenta.
     En la parcela donde se encuentran los merenderos, junto a las oficinas del Parque, había tórtolas turcas, y también fui capaz de ver una abubilla en la linde, donde pronto pasó desapercibida entre los chaparros. Sobre las leñosas matas pudimos ver también una tarabilla macho, pero atrajo más nuestra atención poder ver al descubierto una curruca rabilarga, pequeña en comparación con la tarabilla, ya que por unos instantes la inquieta curruca nos permitió verla cerca de la tranquila tarabilla.
     Faltaba poco más de una hora para la puesta de sol, y mi idea era que antes que oscureciese, poder ir a la Laguna de Navaseca. Iba con cierto nerviosismo, por querer abarcarlo todo. Las numerosas fochas que nadaban cerca del puente del Molino del Molemocho, avanzaban ahora por tierra, como si de gallinas se tratara, dirigiéndose hacia el corral para recogerse.

Avifauna de la Laguna de Navaseca: fochas y flamencos

     Comprobé con satisfacción las actuaciones de mejora llevadas a cabo en el entorno de la laguna procedente de la estación depuradora, observatorios en su perímetro, y señalización limitando la velocidad a su alrededor por el paso de fauna. Y no es para menos, pues la vida bulle allí, concentrada como en un oasis. No nos detuvimos demasiado tiempo. De entrada nos da la bienvenida la algarabía formada por las gaviotas reidoras, y conseguimos ver con suma facilidad los flamencos, las gallinetas, las cigüeñulelas y los zampullines que no pudimos encontrar en las Tablas de Daimiel. Tampoco faltaban aquí las fochas, ni los ánsares ni los ánades reales. Además, en una de nuestras breves paradas, conseguimos ver una agachadiza común, que alzó el vuelo desde la orilla junto a la que pasamos. Las golondrinas también volaban por el entorno de la laguna, papando mosquitos. En nuestro ligero recorrido perimetral, además de parar para ver las aves acuáticas, también lo hicimos para observar un par de trigueros posados en una valla.
     De vuelta a las Tablas, pudimos ver la puesta de sol antes de cruzar el Guadiana. Aprovechamos para disfrutar del incandescente atardecer desde la carretera, cuyas últimas luces irisaban el cielo, reflejado también en el espejo del agua.

Atardecer en las Tablas de Daimiel

     Sin más demora, dejamos el coche en los aparcamientos, junto a las oficinas, y a un ritmo ligero andamos hacia la Isla del Pan. Nuestra intención era ver la llegada de las grullas a sus dormideros antes que se fuera la luz. Pero quedamos gratamente sorprendidos nada más llegar con otro espectáculo pocas veces observable, la jornada de caza vespertina de un búho chico. Con vuelo inaudible se deslizaba aleteando a ras de los matorrales de bajo porte que cubren la isla, efectuando quiebros y cortos cernidos justo antes de dejarse caer a tierra. Enseguida volvía a despegar y continuaba con su actividad, alejándose poco a poco, hasta desvanecerse entre tinieblas. Lejanos bandos de grullas se desplazaban por el aire, de las cuales solo podíamos ver sus siluetas contra el anaranjado horizonte del poniente. Hasta nuestros oídos llegaban sus voces. Yéndonos de Daimiel, un enclave que nunca decepciona mis expectativas, cruzó la carretera un ratón.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemos sylvaticus)
  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Zampullín Chico (Tachibaptus ruficollis)
  • Somormujo Lavanco (Podiceps cristatus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus ruber)
  • Ánsar Común (Anser anser)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Cerceta Común (Anas crecca)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Grulla Común (Grus grus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Agachadiza Común (Gallinago gallinago)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Búho Chico (Asio otus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Pechiazul (Luscinia svecica)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Moruno (Passer hispaniolensis)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)

martes, 28 de abril de 2015

BICHEO Y PAJAREO EN LA SIERRA DE CARDEÑA

     Debido a la alteración que sufre el tráfico en la Sierra de Andújar durante la romería, que por un lado impide la libre circulación en un sentido u otro según el momento del día, y por otro restringe el acceso a las pocas áreas públicas que hay, además de la muchedumbre que se concentra en el espacio natural, José Luis Molina y yo nos vimos obligados a buscar un plan alternativo para nuestra salida campera de ayer. Le propuse ir a la vecina Sierra de Cardeña, mucho más tranquila. Salir al campo en compañía de alguien con una valencia naturalista y científica tan amplia, que lo mismo identificaba pájaros que insectos, sin apenas vacilar, a pesar de ser la primera vez que pisaba estas sierras, y explicar con asombrosa seguridad como los reconocía, me producía una profunda admiración.
     Nuestro punto de encuentro, y también de despedida, fue Montoro, donde mientras esperaba su llegada, me estuve entreteniendo en mirar una cogujada que se movía por los jardines. Atravesamos Montoro por su espectacular balcón natural al Río Guadalquivir, donde entre los muchos estorninos negros que había, nos fijamos en uno que presentaba albinismo. Acompañaban a los estorninos, también en gran número, los aviones comunes, cuyos nidos vimos en los ojos del puente por el que cruzamos el río. Nuestra jornada naturalista había empezado con la avifauna urbana. Iba buscando una vía alternativa para ir hasta Cardeña, pero al no encontrarla, acabé incorporándome a la carretera nacional.
     Sobre los tejados de las casas del pueblo de Cardeña también surcaban los aviones en una ingente cantidad. Nos dirigíamos hacia la Aldea del Cerezo viendo por las dehesas aledañas al carril las urracas y las palomas torcaces al paso. Nos deteníamos a mirar pájaros como el alcaudón, y herrerillos y gorriones molineros que José Luis identificaba sin pestañear, y que también podíamos escuchar. Especial atención merecían los rabilargos, que por estar ausentes en Almería, les dedicábamos algo de nuestro tiempo a mirarlos con detenimiento, y a escuchar sus voces. Estas cortas paradas, nos permitían observar otros como el alarmado mirlo, que se descubría al salir de su escondite, la abubilla o las perdices que andaban entre la hierba. Nos percatábamos de otras aves, como la totovía, solo por el oído.
     Otra de nuestras paradas fue para inspeccionar un arroyo que pasaba bajo el camino, solo en la zona inmediata. No tardamos en descubrir en las translucidas aguas a un galápago europeo, otro que por estar ausente en Almería, le gustó mucho a José Luis poder verlo. Además, encontramos unas larvas de gallipato, y un cangrejo rojo de río (Procambarus clarkii).

Galápago Europeo

     Llegando al pueblo despoblado vimos al triguero cantando desde un arbusto. Nos dedicamos a prospectar un tramo de un arroyo cercano a la aldea, pero ello no nos impidió fijarnos en los pájaros como los gorriones comunes o las golondrinas dáuricas que por allí había, así como tórtolas turcas. Otros pájaros más forestales, como pinzones y algún carbonero, también estaban presentes, y además de poder verse, también se les oía. Por un momento también estuvo maullando el mochuelo.
     Nuestro paseo por el arroyo nos permitió encontrar gran número de renacuajos de anuros, y de variados tipos. Destacaban los cabezones de los sapos de espuelas, por su número y el considerable tamaño de los mismos. En el caso opuesto se hallaban los pequeños y negros renacuajos del sapo corredor. Además había otros que no es fácil asegurarse su identificación con solo verlos. En el fondo arenoso de este arroyo también vimos unos escorpiones de agua (Nepa cinerea).

Pareja de Escorpiones de Agua

     Volaban entre los juncos y la hierba que crecía junto al arroyo bastantes caballitos del diablo de tonalidades verdes con brillo metálico. A nuestro paso, las raudas ranas comunes se lanzaban al agua, desapareciendo bajo las ovas, los ranúnculos o las lentejas de agua. En cambio las verdes ranitas meridionales confían más en su mimetismo con la vegetación para pasar inadvertidas. No obstante fuimos capaces de ver tres.

Ranita Meridional

     Los reptiles tampoco faltan cerca de los arroyos, y pudimos ver una lagartija ibérica, y encontrar una culebrilla ciega en los alrededores de la orilla, aún sin ser ninguna de estas especies propias de las corrientes de agua. El galápago europeo en cambio sí está ligado al agua, y además exige cierta calidad, como lo es este arroyo aunque sea de carácter estacional, donde encontramos un pequeño ejemplar de este escaso quelonio. Entre las mariposas que por allí volaban está la comúnmente conocida como blanquita de la col (Pieris rapae) y Vanessa cardui.

Un pequeño galápago europeo

     Después de almorzar, nos fuimos de la Aldea del Cerezo hacia otro lugar de la sierra. Cambiamos las abiertas dehesas por el monte más o menos cerrado. Un tramo del camino lo recorrimos en coche, viendo por fin algún que otro conejo, además de alguna de las aves ya mencionadas que son frecuentes en estos parajes. Paramos junto a otro arroyo que pasaba bajo el camino, y al cual no podíamos acceder, pero escuchamos en las zarzas cercanas al ruiseñor, y a los verdecillos y al trepador azul por los alrededores. Logramos ver a los verdecillos, así como a unos abejarucos, palomas y al arrendajo.
     Una segunda etapa del camino la recorrimos a pie. Durante la caminata vimos algunos pinzones, unas perdices y alguna lagartija colilarga. Escuchamos a la totovía y al pito real. También nos fijamos en una bonita mariposa arlequín (Zerynthia rumina).
     Llegamos a un mirador desde donde contemplábamos una magnífica panorámica del Valle del Río Yeguas, encajonado entre las Sierras de Andújar, al otro lado, y Cardeña, y donde se extendía la cercana Sierra Madrona por el norte. Además del paisaje de Sierra Morena, en el rato que allí estuvimos, nos fue posible ver pasar algunas palomas, y cuervo que captó nuestra atención por sus graznidos. La curruca cabecinegra cantaba entre las jaras y romeros, ladera abajo.
     El regreso hacia el coche fue algo más provechoso. Entraban en escena las rapaces, al caldearse el día, empezando por el águila culebrera, que estuvo deleitándonos con sus espectaculares cernidos. Poco más adelante paramos a mirar un pequeño bando de chovas que previamente habíamos oído. El arrendajo podía verse cuando volaba entre las encinas. Y en un lado del camino nos fijamos en un par de lagartijas colilargas, que habían hecho ruido en sus correrías entre la hojarasca.
     Nos paramos en otro pequeño arroyo, donde ya casi no corría el agua, donde se encontraba el mirlo al frescor de la mayor densidad de plantas que crecían en la vaguada. Entre las rocas se movía una lagartija ibérica. Y nos encontramos con un pequeño tritón ibérico, un adulto inmaduro que se encontraba en fase terrestre.


Tritón Ibérico

     Siguiendo el camino, el gorgoteo de los abejarucos sobre nuestras cabezas hizo que nos detuviésemos a dedicarles un poco de nuestro tiempo a estos coloridos pájaros. Lejanos, volaban los buitres, de los que solo apreciábamos su silueta. Mucho más cerca pudimos observar a un par de halcones abejeros, que pasaron tan próximos que pudimos oír sus agudos silbidos. Y en el resto del camino hacia el coche nos centramos en los escarabajos que se nos cruzaron, una aceitera (Berberomeloe majalis) y un Carabus lusitanicus.

Aceitera

     Cuando íbamos llegando a Montoro, nos dimos cuenta de una gran concentración de cigüeñas blancas, que estaban en paso. Y tanto José Luis, de vuelta a Córdoba, como yo, de regreso a Andújar, nos encontramos sobrevolando la autovía algunos milanos negros.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopela decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Molinero (Passer montanus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Europeo (Emys orbicularis)
  • Culebrilla Ciega (Blanus cinerea)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Tritón Ibérico (Lissotriton boscai)
  • Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

domingo, 6 de abril de 2014

UNA EXTRAORDINARIA JORNADA DE PAJAREO EN LA SIERRA DE ANDÚJAR: ESPECIES SEDENTARIAS, ESTIVALES Y EN PASO. AVES EMBLEMÁTICAS, COMUNES Y RARAS

    Mis últimas salidas de campo son también jornadas laborales, por lo que suelo repetir en los mismos sitios, y aunque no hay dos días iguales, habitualmente acabo contemplando casi las mismas especies. Memorando la salida de hace dos días he caído en la cuenta de que fue una de las jornadas más prósperas que he vivido (51 especies identificadas de vertebrados, de las cuales 46 fueron aves), en la que dediqué las algo más 12 horas de luz que tienen ahora los días, a moverme por un área inferior a las 1.000 Ha en la Sierra de Andújar. Una sesión de campo llena de gratas sorpresas entre los integrantes del mundo alado, probablemente debido a la recién entrada primavera.
     Se levantaba la mañana. Dirigiéndome hacia el punto de encuentro donde recogería a los clientes, una liebre cruzó el camino aún en penumbra bajo el pinar. Mientras los esperaba, pude contemplar en compañía de uno de ellos el vuelo matutino de un azor sobre el dosel forestal que acabo internándose en la copa de un pino. Cuando cargaron sus cosas en el coche, salimos inmediatamente hacía la zona de campeo. A su entrada se oía con fuerza la estrofa del carbonero, y bajando lentamente por la pista íbamos viendo conejos que buscaban refugio bajo las rocas o entre los arbustos, perdices que o bien corrían campo a través o bien levantaban el vuelo a la vez que emitían su voz de alarma, y más adelante ciervos. En una breve parada que hicimos en un recodo del camino se escuchaba con intensidad el pinzón. Habíamos parado para observar un rato un canchal, pero había un fuerte contraluz.
     Pronto volvimos a parar en un balcón desde el que podíamos otear una dehesa, y donde estuvimos algunas horas. Se escuchaba el canto del pinzón, del verdecillo, del carbonero, y de vez en cuando retumbaba el del pito real. Por la pequeña dehesa se movían urracas y perdices. Un par de mochuelos se maullaban respondiéndose uno al otro, y en la lejanía se oía el cuco. Al elevar la vista sobre las faldas de los montes, entre el sotobosque, descubríamos ciervos. Entre los romeros que tapizaban la ladera donde nos encontrábamos se oía la áspera voz de la curruca rabilarga, a la que se unió una hembra de escribano montesino. Pasado algún tiempo apareció el águila real elevándose en el cielo, y más tarde se acercó el buitre negro remontando su pesado vuelo. Después pasó otra águila que me desconcertó porque parecía ser una perdicera subadulta que se perdió entre los montes sin que me atreviese a asegurar su identificación. A lo lejos, sobre los montes, cicleaban unos buitres leonados, y entre ellos un águila imperial.
     Seguimos la ruta bajando hacia la dehesa. En el trayecto levantaban el vuelo algunos pinzones, y a nuestro paso vimos urracas y palomas torcaces. Paramos un rato junto al arroyo, para ver una roca donde hay letrina de lince. Sobre el cauce pasó volando una pareja de golondrinas dáuricas. Continuamos el camino, pasando por la dehesa donde según avanzábamos íbamos viendo pinzones y estorninos. Un zorzal charlo levantó el vuelo a nuestro paso. Improvisamos una parada para intentar observar un pájaro que se ocultaba entre las ramas de las encinas, entre las que volaba pero difícil de ver cuando se posaba, y que solo me permitió un instante para comprobar que se trataba de un torcecuello. Sonaba el melódico canto de la totovía.
     Llegando a las proximidades del río vimos unas lavanderas blancas. Salimos a dar un breve paseo junto a la orilla, donde el ruiseñor común cantaba infatigablemente, acompañado por el coro de las ranas. El chochín también cantaba con fuerza entre las próximas rocas graníticas, e incluso se acabo por dejar ver. De vez en cuando sonaba la estrofa del ruiseñor bastardo. De la orilla de en frente provenían los potentes reclamos del trepador azul. Los herrerillos también manifestaban su presencia mediante su variado repertorio de cantos y reclamos. También entre los chopos del otro lado del río se movían las grajillas. Algunos galápagos se apresuraban a sumergirse en las aguas, alertados a nuestro paso. También descubrimos por la zona un pequeño escorpión.

Escorpión Común (Buthus occitanus)

     Tras un rato en el río, nos movimos hacia otro lugar. Al pasar otra vez por la dehesa había estorninos y pinzones, y algún que otro gorrión. Yendo por una explanada más abierta pudimos ver algunos conejos, también un alcaudón real al que le dedicamos una parada. Despacio, íbamos subiendo por una cuesta hasta llegar al centro del valle por el que discurría un arroyo, que formaba una olla. En el interior de la olla se encuentra una pequeña alberca, donde también había algunos galápagos. Por las paredes de la olla trepaban manchas de quejigo mezcladas con otras especies mediterráneas. Provechoso rato pasamos aquí, pues además del escribano soteño y la curruca cabecinegra, también escuchamos a un ave que solo está aquí de paso, pero que hace su viaje migratorio prenupcial catando, el mosquitero musical. Además, aunque algo lejos vimos pasar una cigüeña negra. Pero también concurrieron en el lugar otras aves planeadoras, aunque no cigüeñas, si no rapaces. El paso, algo tardío, de un grupo de 18 milanos negros, y bajo ellos, cicleaba una encapuchada águila culebrera. Y ahora pudimos despejar la duda que nos quedó por la mañana, porque esta vez pudimos ver claramente al ejemplar subadulto de águila perdicera, que además iba acompañado de un juvenil. Otro momento de distracción que tuvimos se lo debimos a una Empusa pennata, una esbelta mantis que coloquialmente es llamada mantis palo.

Empusa pennata

      Bajamos de nuevo hacia la explanada para dirigirnos ahora hacia otro punto desde el que tener vistas para otear. Las perdices, emparejadas, se movían por los prados adehesados, por donde volaban urracas y algunas palomas. En este punto elevado pasamos las horas centrales y más calurosas del día, donde comimos, y donde vimos algunos buitres y águilas culebreas. Y como testigos de boda, asistimos a la formalización de una pareja de culebreras, con la entrega de una culebra como regalo de compromiso. Un deleite para nuestra vista, al que se añadieron otros tres ejemplares más, que vimos poco después. Tampoco nos faltó el águila imperial, que pasó por el lugar.
      Nos dirigimos de nuevo hacia el río. Por los espacios abiertos de la explanada se movía la abubilla, hincando su pico en el suelo, y una pareja alcaudones comunes vigilaban su territorio desde sendos lentiscos donde se encontraban apostados. El triguero cantaba desde una encina. La actividad se había reducido, pero todavía era posible ver algunos estorninos y pinzones por las dehesas que íbamos atravesando de camino al río. Las ranas, el ruiseñor y el herrerillo seguían cantando, pero parecía que unos pájaros habían cambiado a otros. Ahora también estaba el verderón, que cantaba con fuerza desde lo alto de un fresno. También un pequeño bando de jilgueros apareció por allí. Al acercarme a la orilla, llegué a ver por unos instantes al ruiseñor común, con el gaznate abierto, cantando con todo su vigor.
     Al irnos vimos algún que otro mirlo pululando por las dehesas. También descubrimos a un picapinos con su ondulante vuelo y emitiendo sus característicos pitidos monosilábicos. Íbamos hacía el primer sitio donde estuvimos por la mañana observando, para terminar la jornada. La curruca rabilarga y el verdecillo estuvieron haciéndonos compañía el resto de la tarde. También pasó un pequeño bando integrado por 7 golondrinas comunes. Los ciervos, poco a poco, iban mostrándose más activos con el crepúsculo, que también vimos después, al irnos, junto al camino.
     Y así concluyó una jornada primaveral en la que en prácticamente el mismo lugar concurrieron algunas las especies de aves más representativas de la Sierra de Andújar, entre sedentarias, más otras de carácter estival, más otras que solo estaban en paso migratorio, e incluso una especie, el águila perdicera, que podríamos decir que aquí es una rareza.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):                                                                  

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Azor Común (Accipiter gentilis)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila Imperial (Aquila adalberti)
  • Águila de Bonelli (Aquila fasciata)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Torcecuello Euroasiático (Jynx torquilla)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Ruiseñor Cómún (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Musical (Phylloscopus trochilus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)