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domingo, 11 de septiembre de 2016

CENSO DE AVES MIGRATORIAS EN EL PUERTO DEL PORTALET

     A través de la SEO, he podido participar como voluntario en el Proyecto LINDUS 2 entre los días 1 y 10 de Septiembre que se desarrolla en los Pirineos oscenses en los Puertos de Somport y Portalet para el censo de aves migratorias. Aunque me habría gustado poder alternar los días entre ambos puertos de montaña, a mí concretamente me tocó en el Portalet, ubicado en el Valle de Tena, donde he vuelto a coincidir con Alberto por tercera vez en un Voluntariado, y donde conocimos a David, venido de Cantabria, quien fue nuestro compañero. Los tres primeros días tuvimos como monitor a Marco, el resto fue Marta. El alojamiento fue en el Refugio de Telera, en Piedrafita de Jaca.
     Nuestro principal cometido, el conteo de aves en paso migratorio, transcurría normalmente de 9.00 a 18.00. Para ello nos repartíamos en dos puntos para realizar las observaciones, quedando el puerto entre ambos. A menudo nos venía largo el horario, por la escasez de aves que iban en migración hacia el sur, que contábamos con cuentagotas. Ello también hacía que fuera fácil realizar nuestra labor.

Pic du Midi d'Ossau (2.884 m.)

     Picos de escalpadas aristas y agujas rocosas, se alzaban entre valles tapizados de denso pasto agostado en su mayor parte, componen el paisaje del entorno del Puerto del Portalet, destacando el Pic du Midi d’Ossau, gran mole pétrea que aún conservaba algunos neveros en las umbrosas gritas de su cara meridional.

La flor de la carlina, con un abejorro

     Eran muy llamativas las flores de las carlinas, a las que acudían abejorros y pequeños escarabajos. Los helechos crecen al abrigo de las grietas entre las rocas, donde se concentra mayor humedad, así como los arándanos, de bajo porte, que también aparecen en densas manchas por algunas laderas solariegas. Enebros rastreros, y algún que otro pequeño pino silvestre, creciendo totalmente aislado, entre las rocas de los asolados prados alpinos, atestiguan lo que debió ser un bosque antaño. Vacas y ovejas evitan que vuelva a proliferar el pinar, manteniendo “limpias” las numerosas pistas de esquí, como cicatrices de las heridas que el ser humano infringió a las montañas, que hay en la vertiente española antes de llegar al puerto. El lado francés, donde comienza el Parc National des Pyrénées justo al pasar la frontera, al que hicimos una pequeña excursión el día 7, cambia por completo, pues enseguida se adentra la carretera en frondosos hayedos, todavía bastante verdes pero que ya empezaban a teñirse de naranja para recibir el otoño, entre los que se mezclan pinos y abetos. Este cambio tan sustancial seguramente no solo se deba a que la cara norte sea más húmeda y fresca, sino que además deben influir las restricciones legales del país galo, más estrictas que las españolas en cuanto a usos y aprovechamiento, destinadas a la conservación de este espacio natural.

Los Pirineos al sur del Puerto del Portalet

Los Pirineos al norte del Portalet (Parc National des Pyrénées)

































     Los abejeros pasaban en grupos muy reducidos, de dos o tres individuos, e incluso alguno solitario. Rara vez superaron esas cifras. Las pocas águilas calzadas, las culebreras y los alimoches siempre pasaron en solitario. Tan solo el primer día vimos pasar un bando de catorce cigüeñas blancas. Además de estas grandes aves planeadoras, también teníamos que fijarnos en los pequeños paseriformes, pero tan solo podíamos estimar las cifras de golondrinas y aviones comunes. Estos últimos aún resultaban más confusos para el conteo, pues los que anidaron en los edificios del puerto, todavía permanecían asentados en el lugar. En alguna ocasión vimos al papamoscas cerrojillo y a la lavandera blanca, que aunque también van de paso, estaban temporalmente instalados allí. Sobre todo en los primeros días, veíamos también pequeños grupos de escribanos hortelanos, a los que tampoco les quedaría mucho tiempo para marcharse de allí. Tal vez por eso dejamos de verlos los últimos días. Nos resultó imposible asegurar ninguna especie de bisbita, que aparecían bien moviéndose entre el denso pasto, o bien posados en las rocas.
     Aunque no permanezcan establecidos de manera completamente sedentaria en el lugar, y acaben desplazándose a cotas inferiores cuando la nieve cubra el abrupto paisaje, no faltaron ningún día buitres leonados, milanos reales, cernícalos, collalbas grises, colirrojos, ni aviones. Tampoco hubo día en el que no viésemos alguna marmota, pastando o vigilando atentamente desde algún promontorio o roca dominante del terreno desde el que controlase visualmente su territorio. Igualmente siempre oíamos sus agudos silbidos inundar los valles, alarma que emitían ante cualquier señal de peligro por pequeña que fuera, desde unos excursionistas, hasta la aproximación de milanos e incluso cernícalos.

Lagartija Roquera, hembra

Lagartija Roquera, macho


























     Los gorriones comunes solían transitar el puerto, junto a las edificaciones, mientras los pardillos se veían y escuchaban a alejarse de estas instalaciones. La lagartija roquera también se dejaba ver por los alrededores del puerto, en rocas soleadas. A menudo detectábamos a las escandalosas chovas piquirrojas, formando ingentes hordas que evolucionaban describiendo espirales en el cielo, o se lanzaban hacía algún remoto lugar en el espacio hasta perderlas de vista. También podía verse con frecuencia el vuelo del águila real, pero con más asiduidad que esta, contemplamos al quebrantahuesos. Casi siempre solitario y lejano, patrullaba el buitre-águila con barba sus vastos dominios en los que irrumpíamos como testigos. Especialmente bueno fue el avistamiento que David y yo tuvimos la tarde del segundo día, cercano, viéndolo primero volar bajo nuestra posición, hasta alcanzar nuestra altura, mirándolo de frente, para seguir inmediatamente escalando cotas en el aire, volando en círculos sobre nuestras cabezas.
     Otro animal que repitió casi a diario, y que aun sabiendo que su distribución abarca los Pirineos, pero que para nada esperaba poder ver, fue el armiño. Luciendo su ocre librea veraniega, nos deleitaba en sus alocadas carreras con sus saltos y piruetas, que más que patas, parecía tener muelles. Curioso, a veces se asomaba con cautela entre las rocas o se erguía sobre sus patas traseras. El primer día, tras descubrirlo, pudimos escuchar sus chillidos bajo una roca, lo que le llevo a Marco a pensar que quizá se tratara de una pareja en cópula, y algún tiempo después Alberto y David, mientras esperaban algún ave que contar para el censo, pudieron ver a ambos en sus correrías. En lo que a mí respecta, pude observar como un par de collalbas grises intentaban, sin éxito, expulsarlo del lugar donde ellas estaban, y en otra ocasión mis compañeros y yo presenciamos como una cernícala picó sobre el ágil mustélido, pero sin culminar su ataque aéreo. Ambas especies de aves, prudentemente, se limitaron sólo a dar unas pasadas cercanas, pues de alguna manera deben conocer que serían ellas las perdedoras de llegar a confrontarse con el pequeño carnívoro.

Armiño, con pelaje estival

     En torno a las charcas que había en la zona, sobrevoladas por grandes libélulas y pequeños caballitos del diablo, era fácil descubrir pequeñas ranas bermejas, saltando entre la hierba. También logramos encontrar algún ejemplar de mayor talla. Se mezclaban con ellas los sapos parteros comunes, que también resultaban fáciles de ver moviéndose entre la orla de hierba que circunda las charcas. Mayor dificultad supuso dar con los tritones palmeados, de los que tan solo encontramos cuatro adultos, dos de ellos inmaduros.

Rana Bermeja

Tritón Palmeado
Sapo Partero Común














     Cuando íbamos hacia el puerto, solíamos descubrir por las cercanías antes de llegar, algún ratonero, y ver algunas urracas y cornejas. Pájaros como el acentor común o el escribano cerillo solo pudimos verlas ocasionalmente mientras aguardábamos el paso de las aves viajeras. A la hembra del roquero rojo tan solo la descubrimos un par de veces en sus cortos vuelos entre las rocas en las que se posaba, y tan solo vimos uno de los últimos días un joven jilguero.
     También los cuervos los vimos una sola vez (día 4), cuando subimos al Pic d’Estrèmére, donde por supuesto tampoco faltaron las chovas ni los buitres leonados. Y otra ave que contemplamos desde la cumbre fue una joven águila real.
     Una tarde (día 3) acompañamos a Marta a reconocer el entorno del punto de observación de la laguna que servía como abrevadero a las vacas, donde ella pasaba las mañanas haciendo conteos. Vimos buitres, al águila real, cernícalos, algún milano, bisbitas, collalbas, pequeñas ranas bermejas en una surgencia de agua más limpia, que no estaba pisoteada por las vacas, pero como novedad también vimos unas alondras, al ascender por unos pastizales desde donde levantaron el vuelo, a las que reconocimos por su canto. David también descubrió en un pastizal a tres sarrios, los únicos que vimos en todo el Voluntariado. Al bajar, pudimos ver a la hembra del aguilucho lagunero. De vuelta al abrevadero, vimos cernícalos posados en el suelo, pero también estaba presente la garza real.

(*) Fotografías: gentileza de David Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Marmota Alpina (Marmota marmota)
  • Armiño (Mustela erminea)
  • Sarrio (Rupicapra pyrenaica pyrenaica)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)
  • Alimoche Común (Neophron pernopterus)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Alondra Común (Alauda arvensis)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Acentor Común (Prunella modularis)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Roquero Rojo (Monticola saxatilis)
  • Papamoscas Cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Cerillo (Emberiza citrinella)
  • Escribano Hortelano (Emberiza hortulana)
  • Lagartija Roquera (Podarcis muralis)
  • Tritón Palmeado (Lissotriton helveticus)
  • Sapo Partero Común (Alytes obstetricans)
  • Rana Bermeja (Rana temporaria

martes, 21 de junio de 2016

SUBIDA A LOS LAVADEROS DE LA REINA, DESDE LA DEHESA DEL CAMARATE

     De nuestra estancia en Sierra Nevada, la jornada más significativa en lo que a observación de fauna se refiere, fue el día 13, cuando, guiados por Javier Plana, guía-interprete del Parque, y por David Sánchez, subimos hasta los Lavaderos de la Reina desde la Dehesa del Camarate. Y todavía fueron más observaciones de las que aquí cuento, pues he omitido la avifauna urbana, que pudimos ver desde que salimos de La Calahorra, así como por los pueblos por los que pasamos, tanto de ida como a la vuelta.

Mostajo en flor
     A pesar de su nombre, nada tiene que ver con un bosque aclarado de matorral y de suaves pendientes la Dehesa del Camarate, punto de quedada y lugar de inicio de nuestra ruta, una parte coche, la otra andando. Todo lo contrario, un frondoso bosque de mostajos, robles y cerezos, mezclados con las densidades de arces y majuelos que componen el sotobosque, trepa por la umbría del valle del Río Alhama, donde también se pueden encontrar algunos abedules junto al río, y hasta tejos en los lugares más secretos de este “Bosque Encantado”. Un exuberante vergel de cuyas entrañas se manifestaban sonoramente el chochín y la curruca capirotada, mientras por las ramas superiores se paseaba, cantando, el herrerillo común. Toda una joya botánica, conservada en su estado primigenio de las alteraciones humanas, y sin duda uno de los rincones más hermosos que atesora Sierra Nevada.



Tejo

     Hicimos algunas paradas a lo largo del trayecto, en algunos puntos significativos de la Dehesa del Camarate, donde nuestros guías acompañantes nos aportaban datos relevantes del lugar. En un tentadero, pues el nombre de Dehesa de esta finca ahora incorporada al Parque Nacional le viene porque criaban vacas bravas, de las que todavía quedan algunas, pudimos ver lavanderas blancas por el entorno, y en el cielo descubrir los cicleos de una pareja de águilas calzadas. La primera que vimos, de fase oscura, me desconcertó un poco hasta poder identificarla, despejándome todas las dudas al aparecer su conyugue, del morfo más habitual, el claro. A cierta altura ya, en otra parada donde el bosque se va aclarando paulatinamente, dejando entrever las verdes manchas de hierbazales, se elevó en el cielo una ruidosa congregación de chovas piquirrojas.

Chovas Piquirrojas, evolucionando en el azul cielo

     Dejamos los coches en la difusa frontera donde robles y mostajos van progresivamente desapareciendo, ganándole terreno los prados al arbolado. A lo lejos podía oírse el cuco, pero más cerca teníamos el cacareo de las urracas, revoloteando entre los escaramujos y majuelos. También entonaba su armoniosa estrofa la totovía. A nuestro alrededor se movían infinidad de mariposas, atraídas por el suelo empapado de aquellos prados montanos, donde la primavera aún vive su apogeo, resistiéndose a la inminente llegada del estío. Entre esos lepidópteros diurnos destacaba la vistosa Iphiclides podalirius que gratamente me sorprendió por su relativa abundancia.
     Nueve kilómetros de marcha a pie, principalmente ascendente, nos separaban hasta llegar a los Lavaderos de la Reina, paseo que discurría entre piornos almohadillados y enebros y sabinas rastreras, y en el que cruzamos por arroyos de aguas cristalinas que se precipitaban por los barrancos, alimentándose del deshielo en las rocosas cumbres donde todavía perduraba algo de nieve. No pasaron desapercibidos los buitres leonados a lo largo nuestra andanza, que aunque volaban altos eran bastante visibles, y al principio también se dejó ver alguna que otra tarabilla común. Interrumpimos la caminata para mirar a un grupo de jabalíes, avanzando entre los piornos y los enebros de una soleada ladera. Piara mixta en cuanto a la edad pues estaba compuesta por adultos, bermejos y rayones. Estampa inédita a mis ojos, pues acostumbrado a descubrirlos emboscados, me sorprendió verlos rompiendo monte entre esos arbustos de montaña, desprotegidos por completo de árboles.

Escribano Hortelano

     Pero mi atención fue captada por un pájaro que surgió casi simultáneamente que los jabalíes junto al camino y que volando paralelamente a este, se posó un poco más abajo, sobre un arbusto del borde. Volando de espaldas a nosotros, por las bandas blancas laterales de su cola, delató que se trataba de un emberizido. Por los tonos marrones, salpicado de negro, del dorso, pensé que sería un escribano montesino, pero al posarse al descubierto me llevé la grata sorpresa de poder comprobar que se trataba nada más y nada menos que de un escribano hortelano. Entonces caí en la cuenta que el sonido que se repetía en los alrededores era su monosilábico canto. Este ejemplar en concreto se mostró bastante confiado, y estuvo revoloteando a nuestro alrededor, posándose siempre en puntos bien visibles, y relativamente cercanos. Todo un lujo poder contemplar en tan buenas condiciones a este pájaro.

Una alfombra de diversas flores tapizaba el entorno del camino



Collalba Gris































     Las notas del escribano hortelano no cesaron de oírse por el área contigua al camino, y aunque lo seguíamos viendo cuando salía volando, se ocultaban de nuestra vista al posarse de nuevo. Se le suma con su incesante repertorio musical la alondra, y entre otros pájaros que pudimos ver por el camino aparecen las collalbas grises entre las rocas, al escalar cotas, y algún colirrojo tizón entre las grandes piedras por las que desfilaban algunos de los arroyos que atravesamos, recorridos por la lavandera cascadeña. Pudimos ver a pasar también por una de estas vaguadas por las que corrían los arroyos, otra piara de jabalíes. Entre la hierba de las orillas se desplazaban aceiteras (Berberomeloe majalis) de lustrosa capa negra brillante. En otros herbazales, también bastante húmedos, pero ya alejados de los arroyos, encontramos algún ejemplar de Eumigus monticola. Pasábamos junto a una sucesión de cascadas y saltos de agua del tramo alto del Río Maitena, cerca ya de las primeras nieves. En este abrupto paisaje vimos las primeras cabras monteses, resguardadas a la sobra de las grandes rocas.

Aceiteras
Eumigus monticola

La flor lila de Pinguicola nevadensis
     La primavera nos brindó la oportunidad de observar en flor algunas especies que salpicaban de color los verdes prados de montaña, como las azules gitanillas (Gentiana verna) o el amarillo cuernecillo (Lotus corniculatus glacialis/carpetanus), o las endémicas violetas (Viola crassiuscula) y la tiraña de Sierra Nevada (Pinguicula nevadensis). Y asociadas a ellas se dan multitud de insectos, como las mariquitas de los siete puntos (Coccinella septempunctata) y mariposas, entre ellas la moteada Issoria lathonia. En las pedreras aparecían cubriendo el suelo como blancos copos caídos, la estrella de las nieves (Plantago nivalis), también en flor.

Gentiana verna














Issoria lathonia

     Almorzamos junto al borreguil de una laguna de acorazonada forma. A nuestras espaldas, quedaban las oscuras y desnudas cimas de los Tajos Negros, cubiertos aún por blancas manchas de nieve. Durante la comida, y el descanso que allí hicimos, se acercaron algunas cabras, mientras otras se dejaron ver en la lejanía. De vez en cuando se levantaba un ingente bando de escandalosas chovas. Altos, también podíamos divisar a los buitres en vuelo. Y además se estuvo escuchando un rato el canto del bisbita campestre. Las chorreras y surgencias de agua en este antiguo circo glacial en el que nos hallamos por encima de los 2.600 metros de altitud, conforman los llamados Lavaderos de la Reina, que junto al deshielo en la falda norte de los Tajos Negros de Cobatillas originan la escorrentía que ve nacer al Río Maitena. Nuestra compañera Lorena aprovechó también el descanso para entrevistar a Javier, sobre el paraje en el que nos encontrábamos, y sobre Sierra Nevada en general.

Saltos de agua del tramo alto del Río Maitena. Al fondo, Tajos Negros de Cobatillas
Cabra Montés, hembra pastando en un prado de montaña

     Después de comer seguimos subiendo un poco más hasta llegar a la primera mancha de nieve, que sacó nuestro lado más infantil. Y como si estuviera confinado a la nieve, vimos allí a una de las reliquias glaciales de Sierra Nevada. Una pareja de acentores alpinos moviéndose por las rocas. De vuelta, siguiendo el cauce del río para disfrutar de la espectacularidad de sus saltos de agua, desmantelamos los restos de una corraleta que encontramos. Y haciendo honor a su nombre, en estos saltos de agua vimos de nuevo a un par de lavanderas de las cascadas.
     Los nueve kilómetros que nos quedaban de vuelta sobre nuestros pasos nos permitieron volver a ver collalbas grises, buitres y escribanos hortelanos, además de pardillos y un cernícalo vulgar que se suman a la lista de avistamientos. Las cabras monteses se mostraban más activas al atardecer, y se dejaron ver con más facilidad a nuestro regreso. Y de nuevo nos topamos con los jabalíes. Primero con una hembra que conducía ella sola a cuatro rayones, y que no deparó en nosotros, por lo que la vimos moverse tranquilamente por los piornales. Y después nos encontramos con otra piara mixta, que probablemente sería alguna de las que habíamos visto a la ida. Cerca ya de los coches, donde los arbustos tenían ya cierto porte, se nos cruzó un macho de cabra montés.

Jabalina, acompañada de sus rayones, entre piornos y enebros

     Pero nuestras observaciones continúan durante el trayecto de bajada por la Dehesa del Camarate, improvisando breves paradas. Una pequeña cabra montés que cruzó el camino, y otra manada de jabalíes avanzando por el robledal fueron los motivos. Además también pude ver a una pareja de oropéndolas en vuelo, cruzando un barranco de lado a lado. Y hasta una cierva para rematar nuestra visita, a las puertas de la Dehesa del Camarate, especie esta, introducida en algunas fincas aledañas a Sierra Nevada para su caza, por donde va colonizando poco a poco algunas áreas.

(*) Fotografías: gentileza de David Sánchez.                                                                              


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):                                        

  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Alondra Común (Alauda arvensis)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Bisbita Campestre (Anthus campestris)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Acentor Alpino (Prunella collaris)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Hortelano (Emberiza hortulana)

martes, 31 de julio de 2007

VIAJE A SOMIEDO

     Hace un par de días regresé de un magnífico viaje por tierras asturianas, acompañado por tres grandes naturalistas de la SEO. Este viaje, al que fui invitado por Esteban Ureña, me ha permitido conocer a José Rico y a Juanjo Lorite.
     A lo largo de casi cinco días hemos estado buscando al oso pardo por distintos puntos de las montañas de Somiedo, sin encontrarlo. En cambio si hemos podido observar otras especies faunísticas muy interesantes.
    Fuimos en el coche de Juanjo, y hemos estado alojados en un hostal en Pola de Somiedo. Un viaje de estas características, entre cuatro personas, resulta muy económico, y además, íbamos provistos con bastante comida, que unido al buen tiempo que hemos disfrutado estos días, ha favorecido que no interrumpiésemos nuestras jornadas camperas ni para comer.

El paisaje montañoso de Somiedo

     Salimos el día 25 por la mañana con destino a Pola de Somiedo. El punto de partida elegido fue Jaén, ya que cada uno de nosotros pertenece a municipios diferentes de la provincia. Dada la gran distancia que debíamos cubrir de trayecto, empleamos casi todo el día viajando, llegando a Pola pasada la media tarde.
     Las altas temperaturas estivales pronto empiezan a elevarse durante el día, lo que dificultó bastante que avistásemos aves durante el camino. No obstante en el sur de Madrid tuvimos ocasión de ver una gran concentración de halcones abejeros, cicleándo en el cielo, en los primeros pasos migratorios. Por los páramos leoneses pudimos ver un águila culebrera posada sobre un poste, además de varias cornejas por los campos. Justo antes de entrar en el túnel de la autopista que hay antes del puente colgante que cruza el Embalse de los Barrios de Luna, nos sobrevoló un blanquinegro alimoche. Tras pasar el túnel y cruzar el puente nos incorporamos a la carretera que nos llevaría a Pola, atravesando la Comarca de Babia. Pasado el Puerto de Somiedo, ya entre las verdes montañas del Parque Natural donde parece que no ha llegado el verano, improvisamos una parada para contemplar el paisaje de hayedos y prados que trepan por las laderas hasta perderse en las cumbres rocosas, donde, gracias al telescopio, descubrimos un rebaño de rebecos, los primeros de nuestro viaje.
     Al llegar a Pola, dejamos nuestros equipajes en las habitaciones del hostal, para reunirnos a continuación con Borja Riesgo, un amigo de Esteban que conoció durante un Voluntariado Ambiental en Andújar. Después de cenar, volvimos a quedar con él para tomar unas sidras en la terraza de un bar que sacaban las botellinas del río, donde se mantenían frescas gracias a la corriente. Borja no pudo acompañarnos en todas nuestras andanzas por su trabajo, pero nos indicó lugares a los que ir.

     Al día siguiente teníamos previsto hacer una ruta senderista desde Valle del Lago hasta el Lago del Valle. Jose ya conocía el lugar, y fuimos en coche hasta el pequeño poblado del Valle del Lago, donde aparcamos al inicio del sendero. El sendero era ascendente, aunque sin demasiada pendiente, hasta llegar al Lago del Valle. Su trazado discurre por el fondo de un valle, entre montañas, paralelo a un riachuelo con un generoso caudal.
     Al poco de empezar nuestra ruta, el azar nos brindó la oportunidad de ver a un escribano hortelano posado en el tejado de una casa, un pájaro cuya observación es más bien complicada. Un pariente suyo que si resulta más fácil de observar es el escribano montesino, especie de los que pudimos ver varios ejemplares a lo largo del camino. El colirrojo tizón se descubría en sus incesantes movimientos entre los muros de piedras. Además resultaba bastante patente la presencia de los carboneros comunes, a los cuales veíamos y oíamos con frecuencia. Sin embargo los carboneros garrapinos eran algo más discretos, aunque también llegamos a observar algunos. Avistamientos de córvidos de hábitos forestales tales como la corneja, la urraca y el arrendajo no faltaron tampoco en el recorrido, así como del montaraz cuervo. Y por supuesto las rapaces también estaban allí representadas, por algunos ratoneros y los poderosos planeos del buitre leonado, y también un alimoche que vimos al comienzo de nuestra marcha.
     Pero no solo las aves nos amenizaron el paseo. Al principio nos llamó bastante la atención las enormes babosas negras con las que nos topamos, que debido a la abundancia con la que frecuentaban el lugar, poco a poco fueron perdiendo interés en verlas. En una soleada rampa se nos cruzó una pequeña víbora cantábrica, a la que cedimos el paso, y dejamos que tranquilamente se ocultara en la grieta de una roca, a un lado de la senda. Aproximándonos al lago, entre la umbría de la vegetación y la humedad del suelo debido a la escorrentía superficial, se movían pequeñas ranas bermejas, pero también conseguimos ver un ejemplar particularmente grande.

Rana Bermeja

     El Lago del Valle ofrecía una vista sin igual. Se trataba de un precioso lago de aguas cristalinas, con un islote en medio, rodeado por altas cumbres. Carecía de arboleda a su alrededor, sustituida por un cinturón no muy denso de retamas, interrumpido por afloramientos rocosos, y por coladas de guijarros de piedra que caían ladera abajo desde las montañas hasta el lago.

Lago del Valle

     En sus aguas abundaban los cardúmenes de piscardos. Las escandalosas chovas piquirrojas dominaban aquellas montañas, y junto a ellas convivían las piquigualdas, cuyo canto difería mucho de la anterior especie de chova, así como del graznido del resto de los córvidos ibéricos. Precisamente fue su canto lo que las delató, y nos permitió localizarlas en el cielo. Los cuervos, aunque menos numerosos, también se veían por las cercanías. También descubrimos la silueta de otro alimoche sobrevolando las inmediaciones del lago, y algo después, un ratonero.
     Jose decidió quedarse a la sombra una retama, y barrer con el telescopio las faldas de las montañas que bordean el lago, mientras los demás nos decantamos por hacer un recorrido perimetral. Mientras él pudo observar varios rebecos, nosotros pudimos contar hasta una decena de pequeños sapos parteros en los canchales próximos a la orilla, en la primera parte del paseo. Más adelante, también muy cerca del borde del lago, encontramos cuatro tritones alpinos, y próximo a ellos, un lución en un minúsculo prado.
     Al regreso, antes de llegar a la pequeña villa donde dejamos el coche, paramos en un rústico bar donde probamos unos chupitos de licor de miel y de orujo de hierbas. Antes de entrar, nos percatamos de un rebeco que pastaba tranquilamente, monte arriba, relativamente cerca del bar. Se trataba de un individuo que se había acostumbrado a la presencia humana.
     De vuelta en Pola, quedamos con Borja, quien nos llevó al Mirador del Presidente, en Caunedo. Pero antes de marcharnos tuvimos oportunidad de darnos un pequeño paseo, y de asomarnos al río que pasa por el pueblo, donde descubrimos al mirlo acuático.
     Nada más llegar al mirador, tuvimos ocasión de ver un corzo bastante cerca, que pronto se quitó de nuestra vista. Allí apuramos hasta la última luz de la tarde, buscando al oso, sin resultado. Todo cuanto conseguimos observar a lo largo de esta espera fueron rebecos, y un ratonero.

Bosque de Hermo
     En el día central de nuestro viaje fuimos al Bosque de Hermo, donde también había estado antes ya Jose. Salimos por la mañana dirección sur, hacía el Puerto de Somiedo, para incorporarnos a la carretera que va a Villablino. Pasado este pueblo leonés, nos desviamos en Caboalles de Abajo por la carretera que conduce a Degaña. Cuando pasamos Caboalles de Arriba, hicimos una parada en el Puerto Cerredo que ofrecía unas espectaculares vistas de las montañas. Después de Degaña seguimos dirección a Ventanueva, pasando por el Puerto del Rañodoiro. En este tramo el paisaje estaba compuesto por frondosos bosques, donde improvisamos una breve parada, sin bajarnos del coche, para identificar un halcón abejero que cicleaba a cielo descubierto, sobre el techo del bosque. Poco antes de Ventanueva, tomamos la carretera hacía Gedrez, y desde allí nos dirigimos a nuestro objetivo: el Bosque de Hermo.
     Aparcamos el coche, y empezamos a ascender por un camino envuelto por un túnel de exuberante vegetación. Entre las viejas hayas, que conforman el maduro bosque, crecen algunos servales o mostajos. Y sobre el suelo, tapizado por la hojarasca, los helechos y las arandaneras salen adelante aprovechando los resquicios de luz que las espesas copas de los árboles dejan penetrar. Las babosas negras abundaban por doquier. También pudimos encontrar a lo largo del camino tres pequeñas salamandras, y más adelante, una cuarta de mayor tamaño. El entrenado oído de Juanjo captó el canto del chochín procedente del corazón del hayedo.

Salamandra Común

     A cierta altura, llegamos a un pequeño claro del bosque, que se abría a un mirador, ofreciéndonos un balcón desde el que contemplar toda la ladera de una montaña. Al llegar sorprendimos a un zorro que merodeaba por los alrededores. Aquí permanecimos, esperando en vano a que apareciera el oso, hasta la puesta de sol. En cambio los rebecos resultaban fáciles de ver. La espera también nos dio la oportunidad de ver pasar algunos ratoneros y milanos negros. Los gritos del halcón peregrino llamaron nuestra atención, y escudriñando con el telescopio el farallón rocoso que teníamos en frente, acabamos por descubrir a los dos miembros de la pareja que tenía allí su territorio.
     A media tarde abandonamos un rato nuestra larga espera para estirar un poco las piernas. Salimos los cuatro a dar un paseo, siguiendo hacía adelante, el camino por donde habíamos venido. Los griteríos de los arrendajos se escuchaban en las profundidades del bosque, y de vez en cuando, surgía alguno entre la espesura para volver a perderse rápidamente en lo más intrincado de la densa vegetación. En un claro entre las copas de las hayas, llegamos a descubrir un gavilán. En el barro de la pista por la que andábamos, encontramos dos rastros paralelos de huellas de lobo, que estuvimos siguiendo un rato, hasta encontrar un excremento.

Uno de los caminos que surcan el Bosque de Hermo

     Volvimos al mirador, donde reanudamos nuestra paciente espera, hasta que con la caída de la tarde, empezaron a escucharse los alaridos de los cárabos, procedentes de diversos rincones de las entrañas del bosque. Incluso una de estas rapaces nocturnas se atrevió a emitir su sobrecogedora llamada muy cerca del mirador, a nuestro lado.
     Antes de que terminase de oscurecer, volvimos al coche, pero nuestra jornada aún no finalizó. Emprendimos la Ruta de la Puertos, de noche. Realizar tan largo recorrido, nos llevó casi toda la noche y nos dejó agotados, pero mereció la pena por los avistamientos de animales que tuvimos, por lo que también nos dejó muy satisfechos. Volvimos a Ventanueva, y de allí fuimos hasta Moal, donde tomamos la carretera que sube al Puerto del Connio, pasando por Centenales y llegando casi hasta Cecos, desde donde regresamos a Degaña por la carretera que pasa por Busante, Tormaleo, Sisterna y Rebollar.
     Los sapos comunes fueron los animales con los que más veces nos topamos a lo largo del camino, pero no fueron los únicos. También nos encontramos con tres erizos en la carretera y hasta una pequeña musaraña cruzó la calzada a toda prisa delante del coche. Bajando una pequeña cuesta se nos cruzaron un grupo de tres corzos, que probablemente se tratara de una corza acompañada por dos corcinos ya crecidos. Los faros del coche nos permitieron descubrir fuera de la carretera a un ciervo y a un zorro, por el brillo de sus ojos al reflejar la luz. Bajando una cuesta sorprendimos a un cárabo, de plumaje gris, posado en una baliza para la nieve, que al acercarnos voló a un pino cercano, donde también lo veíamos. Y hasta tres cárabos más, otro más grisáceo y dos de plumaje rojizo, llegamos a ver posados en postes en distintos puntos del recorrido; además de un búho chico que volaba a baja altura sobre la carretera.

     Cuando finalizamos la Ruta de los Puertos, en Degaña, aún nos quedaba un buen rato hasta volver a Pola de Somiedo. Prácticamente estuvimos toda la noche desplazándonos con el coche. Faltaba poco para que amaneciese cuando estábamos cruzando el Puerto de Somiedo. Pero en lugar de llegar hasta el hostal, fuimos hacia La Peral, donde en el mismo coche, estuvimos durmiendo unas pocas horas.
     Al despertarnos con la luz de la fresca mañana, teníamos un par de cuervos rondando al lado del coche. Cuando se marcharon, fue cuando nos bajamos del coche y subimos hasta el Mirador del Príncipe. En el entorno de la pequeña aldea vimos bisbitas ribereños alpinos, carboneros, pardillos y colirrojos, además de un escribano cerillo. El cansancio acumulado hizo que solo estuviésemos unas cuantas horas en el mirador. Desde allí localizamos ciervos en los altos prados, y rebecos en las altas rocas, así como un huidizo corzo en las profundidades del valle que se abre a los pies del mirador. También llegamos a ver en ese rato el veloz vuelo del halcón peregrino, y algún tiempo después, la silueta de un águila culebrera. Sin embargo ni rastro de nuestro ansiado objetivo: el oso.
     A pesar de que la mañana se presentaba prometedora, debíamos regresar al hostal a descansar. Estuvimos durmiendo hasta pasado el medio día, cuando, tras almorzar, volvimos a reanudar nuestra jornada campera. Esta vez teníamos previsto dirigirnos a los Lagos de Saliencia, zona que también conocía Jose.
     De camino hacía los Lagos de Saliencia, podíamos observar a las descaradas tarabillas, siempre posadas en oteaderos bien visibles. Poco antes de llegar al Alto de la Farrapona, donde aparcamos el coche, para iniciar una marcha a pie que nos llevaría al primero de los lagos, descubrimos un camachuelo común moviéndose entre un arbusto en la linde de la carretera. Se trataba de un macho, inconfundible, en el que destaca su pecho y vientre de color rojo que contrasta con el casco negro que cubre su cabeza.
     El camino hacia el Lago de la Cueva desfilaba entre roquedos por los que se movían algunos colirrojos, y que eran sobrevolados por los aviones. Al llegar a las proximidades del lago pudimos observar cinco cuervos, y los acrobáticos vuelos de las chovas piquirrojas. El Lago de la Cueva se hallaba en las profundidades de una oquedad del terreno, donde resonaba la tenue voz del sapo patero. Al bajar por el talud vimos algunas ranas bermejas, pero al acercarnos a la orilla tan solo encontramos un sapo partero. Y aunque hubiésemos querido llegar hasta el siguiente lago, ya no nos quedaban suficientes horas de luz. De regreso al coche, un vistazo atrás para contemplar por última vez el paisaje montano del entorno del lago, nos descubrió la silueta de un acentor posado sobre una roca.
     Una vez en que llegamos al coche, emprendimos un breve recorrido nocturno, bajando hasta Torrestío por una pista forestal. Como la noche anterior, se nos cruzaron sapos, aunque no tantos. Entre aquellas soledades nocturnas que envolvían las montañas, transitamos con mucha tranquilidad por la pista, a nuestro ritmo, gracias a la ausencia de tráfico. Pero aún así no se movía ningún animal silvestre por aquellos parajes desarbolados. Ya llegando a Torrestío, en la parte baja y llana del recorrido donde algunos árboles crecían al borde del camino, vimos el fugaz paso de un búho chico. Llegamos al pueblo y dimos la vuelta. Subiendo la cuesta hasta el Alto de la Farrapona no vimos nada, pero bajando hacía Pola se nos cruzó un corzo, y oímos las risotadas de un lejano cárabo en una parada que hicimos. 

Un teito, típica cabaña asturiana

     El último día, sin demorarnos demasiado y tras despedirnos de Borja, hicimos el equipaje y emprendimos el viaje de regreso. Invertimos casi todo el día en el camino de vuelta a casa, y de nuevo nos tocó sufrir los rigores veraniegos sureños cuando llegamos, casi de noche.
     Al cruzar el Puerto de Somiedo pudimos contemplar un cernícalo, y un poco más adelante, una pareja de alimoches que cierran la lista de tantas especies cuantas observamos en este viaje.


(*) Fotografías: gentileza de José Rico.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
25/07/2007
Somiedo
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Algunos
25/07/2007
Prov. León (Babia)
Alimoche Común
(Neophron percnopterus)
Un ind. (adulto)
25/07/2007
Prov. Madrid (sur)
Abejero Europeo
(Pernis apivorus)
Varios
25/07/2007
Prov. León
Culebrera Europea
(Circaetus gallicus)
Un ind.
25/07/2007
Prov. León
Corneja Común
(Corvus corone corone)
Algunas
26/07/2007
Lago del Valle. Caunedo (Mirador del Presidente)
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Bastantes
26/07/2007
Caunedo (Mirador del Presidente)
Corzo
(Capreolus capreolus)
Un ind.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Alimoche Común
(Neophron percnopterus)
2 inds. (adultos)
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Algunos
26/07/2007
Lago del Valle. Caunedo (Mirador del Presidente)
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Varios
26/07/2007
Pola de Somiedo
Mirlo Acuático Europeo
(Cinclus cinclus)
Un ind.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
Algunos
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Carbonero Común
(Parus major)
Varios. Oído
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Carbonero Garrapinos
(Parus ater)
Pocos. Oído
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Varios
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Urraca
(Pica pica melanotos)
Varias
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Corneja Común
(Corvus corone corone)
Varias
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Cuervo Común
(Corvus corax)
Varios
26/07/2007
Lago del Valle
Chova Piquirroja
(Pyrrhocorax pyrrhocorax)
Bastantes. Oída
26/07/2007
Lago del Valle
Chova Piquigualda
(Pyrrhocorax graculus)
Varias. Oída
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Escribano Montesino
(Emberiza cia)
Varios
26/07/2007
Valle del Lago
Escribano Hortelano
(Emberiza hortulana)
Un ind.
26/07/2007
Lago del Valle
Lución
(Anguis fragilis)
Un ind.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Víbora Cantábrica
(Vipera seoanei)
Un ind.
26/07/2007
Lago del Valle
Tritón Alpino
(Triturus alpestris)
4 inds.
26/07/2007
Lago del Valle
Sapo Partero Común
(Alytes obstetricans)
10 inds.
26/07/2007
Valle del Lago - Lago del Valle
Rana Bermeja
(Rana temporaria)
Varias
26/07/2007
Lago del Valle
Foxino
(Phoxinus bigerri)
Bastantes
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Erizo Europeo
(Erinaceus europaeus)
3 inds.
27/07/2007
Bosque de Hermo. Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Zorro Rojo
(Vulpes vulpes)
2 inds. total
27/07/2007
Bosque de Hermo
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Varios
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Un ind.
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Corzo
(Capreolus capreolus)
3 inds.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Milano Negro
(Milvus migrans)
Pocos
27/07/2007
Bosque de Hermo
Gavilán Común
(Accipiter gentilis)
Un ind.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Pocos
27/07/2007
Bosque de Hermo
Abejero Europeo
(Pernis apivorus)
Un ind.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Halcón Peregrino
(Falco peregrinus brookei)
2 inds. (adultos)
27/07/2007
Bosque de Hermo. Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Cárabo Común
(Strix aluco sylvatica)
Oído. 4 inds.
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Búho Chico
(Asio otus)
Un ind.
27/07/2007
Bosque de Hermo
Chochín Común
(Troglodytes troglodytes)
Oído
27/07/2007
Bosque de Hermo
Arrendajo Común
(Garrulus glandarius)
Algunos
27/07/2007
Bosque de Hermo
Salamandra Común
(Salamandra salamandra bernardezi)
4 inds.
27/07/2007
Ruta de los Puertos (Moal - Rebollar)
Sapo Común
(Bufo bufo spinosus)
Bastantes
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Rebeco
(Rupicapra rupicapra parva)
Bastantes
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Varios
28/07/2007
La Peral. Lagos de Saliencia - Torrestío
Corzo
(Capreolus capreolus)
Un ind.
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Culebrera Europea
(Circaetus gallicus)
Un ind.
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Halcón Peregrino
(Falco peregrinus brookei)
Un ind.
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Cárabo Común
(Strix aluco sylvatica)
Oído
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Búho Chico
(Asio otus)
Un ind.
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Avión Común
(Delichon urbicum)
Varios
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Bisbita Alpino
(Anthus spinoletta)
Varios
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Acentor Común
(Prunella modularis)
Un ind.
28/07/2007
La Peral. Lagos de Saliencia - Torrestío
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
Algunos
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Tarabilla Común
(Saxicola torquatus rubicola)
Pocas
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Carbonero Común
(Parus major)
Pocos
28/07/2007
La Peral. Lagos de Saliencia - Torrestío
Cuervo Común
(Corvus corax)
7 inds. total
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Chova Piquirroja
(Pyrrhocorax pyrrhocorax)
Varias
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Pardillo Común
(Carduelis cannabina)
Algunos. Oído
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Camachuelo Común
(Pyrrhula pyrrhula)
Un macho
28/07/2007
La Peral (Mirador del Príncipe)
Escribano Cerillo
(Emberiza citrinella)
Un ind.
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Sapo Partero Común
(Alytes obstetricans)
Un ind. Oído
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Sapo Común
(Bufo bufo spinosus)
Pocos
28/07/2007
Lagos de Saliencia - Torrestío
Rana Bermeja
(Rana temporaria)
Algunas
29/07/2007
Puerto de Somiedo
Alimoche Común
(Neophron percnopterus)
Una pareja adulta
29/07/2007
Puerto de Somiedo
Cernícalo Vulgar
(Falco tinnunculus)
Un ind.