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martes, 30 de junio de 2015

RUTA POR EL RÍO CEBOLLÓN

      A propuesta de Lucía, me sumé al grupo que había formado junto a Sergio, un amigo suyo, para hacer una ruta este domingo por el Río Cebollón, en la Sierra de Tejeda, Alhama y Almijara. Además de mí, también iba Toñi por mediación de Lucía, y por parte de Sergio iban su prima Cristina, Gema y Jon. Sin conocernos entre todos de antes, el camino que anduvimos juntos, nos unió en un gran equipo humano. A nivel personal, me sorprendió muy gratamente la variedad de fauna silvestre que pudimos observar, sobre la cual he escrito este relato.
     Salimos pronto de Málaga, hacia la Sierra de Alhama, Tejeda y Almijara, en la que fue mi cuarta visita a este espacio natural. Algunas de las aves que pude reconocer durante el camino por las estribaciones de la sierra fueron el alcaudón real, posado en una visible percha; aviones roqueros, siempre volando cerca de los escalpados peñascos, un pito real que se cruzó por la carretera mientras circulábamos por un encinar; el águila real, cicleando sobre un valle; una abubilla más un par de abejarucos posados en cables de tendido eléctrico; garzas reales en el Embalse de los Bermejales, ánades reales en un pequeño estanque próximo a La Resinera; y el cernícalo, volando cercano a un talud rocoso.
     Aparcamos en La Resinera, donde hay un Punto de Información que visitamos antes de comenzar la caminata. Entre la vegetación del entorno se ocultó un mirlo, y se podían escuchar a los piquituertos y al verderón cantar. Cruzamos el Río Cacín por un puente cercano a La Resinera, y aunque el camino iba paralelo al río, se elevaba poco a poco sobre este, donde podían contemplarse los peces a través de sus cristalinas y amansadas aguas. Antes de llegar al Río Cebollón, pasamos de andar por una chopera al pinar. El calor ya era fuerte entrada la mañana, y eso repercutía en que fueran pocos los animales que manifestaban su actividad. Tan solo un macho de lagartija colilarga, que vino a pararse a nuestros pies en mitad en mitad del polvoriento carril, una pequeña rana y unos cuantos renacuajos en un reguero que cruzaba el camino, y el reclamo de un arrendajo, monte arriba, que después voló, fue todo cuanto vimos antes de empezar a andar por el río.

Macho de Lagartija Colilarga

     Caminamos por el lecho de uno de los pocos ríos andaluces trucheros, donde también vive el mirlo acuático y nuestro cada vez más escaso cangrejo de río autóctono, en medio de una composición paisajística de montañas y pinares. Advertimos la ausencia de bosque en galería formado por especies propiamente riparias, pero la conectividad del río con el entorno era completamente natural. Los pinos llegaban hasta las orillas, de hecho muchos eran los que yacían sobre el cauce, y bajo sus sombras proliferaban los helechos. Supongo que el agua estaría más fría de lo que parecía, pero la sensación térmica resultaba muy agradable, y era la única manera de desafiar el calor, andando bajo el sol.
     Ir andando por un río, sobre cantos rodados, entre rocas y otras posibles dificultades, obliga a poner bastante atención adonde se pisa. Atención que se le resta a la posibilidad de poder observar algún animal, o simplemente contemplar las maravillas que nos brindaba el paraje que nos rodeaba. Además, la corriente acallaba cualquier otro sonido que pudiera oírse en los alrededores. Tan solo era posible advertir alguna rana al saltar en alguna tranquila poza de aguas quietas, que no estuviese influida directamente por la corriente, donde también nadaban zapateros por su superficie. Las arañas tejían sus complejas redes entre los brezos de los márgenes, y allí donde el río se estrechaba, extendían sus trampas de seda de lado a lado. Y entre los insectos voladores destacaban distintas especies de mariposas, libélulas de abdomen rayado y caballitos del diablo de alas negras (Calopterix haemorrhoidalis). Encontramos en algunos someros fondos por los que pasamos las armaduras de los cangrejos de río. Por el fondo también se movían unos pequeños y alargados peces que vimos en algunos puntos, que quizás se tratase de alevines de alguna especie de mayor porte.
     Llegamos hasta un dique donde paramos un rato a bañarnos. Esta parada me sirvió para encontrar un sapo común que iba tratando de vadear el río, haciéndole frente al empuje de la corriente. Y estar allí un rato también me permitió fijarme en los vencejos y en los aviones roqueros que volaban sobre nosotros. Y una de las veces que alcé la mirada, descubrí al águila perdicera, no muy alta, lo que nos permitió contemplarla a placer. Cuando reanudamos la marcha, aguas arriba, todavía cerca del dique, encontré otro sapo común, pero esta vez a bastante profundidad.

Sapo Común Ibérico, recientemente catalogado como especie propia, y
separado taxonómicamente del Sapo Común Europeo

     Antes de parar a almorzar vimos una pareja de lavanderas cascadeñas, a las que también escuchamos, así como algún que otro pinzón. Comimos bajo la sombra de unos pinos, sobre un ramal del río que se encontraba completamente seco. Y es que según nos habían dicho, este año bajaba menos agua, debido a la escasez de lluvia de este año.
     Cuando retomamos el camino vi algún pinzón más, y también logré ver dos chochines en diferentes sitios. Me resultó curioso llegar a verlos, pues más fácil detectarlos por su canto o su reclamo, y en cambio no los escuché. Al que sí pude oír fue al mito, pero no verlo. Aparecían algunos arces cercanos a la orilla. Y por una orilla descubrí un pequeño sapo al moverse entre la hierba, que resultó ser el sapo partero bético, endemismo andaluz que es la primera vez que veo. Más adelante, también en la orilla, pudimos ver un joven lagarto ocelado.

Sapo Partero Bético

     Finalmente llegamos hasta dos pozas muy cerca la una de la otra, con la suficiente profundidad para cubrirnos, donde pasamos un buen rato, tanto por la cantidad de tiempo que pasamos allí como por lo divertido que fue. Eso sí, aquí se nos adhirieron a la piel pequeñas sanguijuelas, pero que tampoco nos ocasionaron ninguna herida. Por encima de los taludes que contenían estas ”piscinas” naturales, crecían unos pequeños olmos de montaña.
     La vuelta fue más rápida, y en lugar de ir todo el tiempo por el río, utilizamos durante un buen trecho la senda que había paralela. Andar más metido en monte que en el río hizo que viésemos algunas lagartijas colilargas. No obstante desde el camino también pude ver algunas lavanderas cascadeñas. Por poco tiempo, seguimos equivocadamente un camino que ascendía por el monte. Esta pequeña confusión nos deleitó con una bonita panorámica del paraje por donde discurría el río. Todavía hacía bastante calor al atardecer, así que después de llevar algún tiempo andando fuera, apetecía volver al río y refrescarse. En una de estas ocasiones en las que volvimos al agua, encontramos un ejemplar adulto de cangrejo de río común o europeo (Austropotamobius pallipes), también llamado cangrejo de patas blancas, nuestra especie autóctona, y que sin embargo resulta más difícil de encontrar que el invasor cangrejo rojo americano, responsable de su rarefacción.

Cangrejo de Río Común o Europeo, o Cangrejo de Patas Blancas

      Antes de salir definitivamente al camino, hicimos una breve parada para observar el alto vuelo de un halcón peregrino. Cerca, también volaban los vencejos. Entre las plantas del camino, vimos el frágil vuelo de hasta tres ejemplares de Nemoptera bipennis, un precioso insecto alado, que lejanamente puede recordar a una mariposa o a una libélula, pero que no tiene ningún parentesco cercano ni con la una ni con la otra.
     Las aves empezaban a mostrarse muy activas con la caída de la tarde, y cerca ya de La Resinera, se oían los pájaros carpinteros, al pito real por el pinar y al pico picapinos por la chopera. El mosquitero papialbo cantó por el río del cual ya nos habíamos salido completamente, y también se oyó el reclamo de la oropéndola por la chopera. Se dejaron ver unos arrendajos; una paloma torcaz, que pasó en vuelo; un pico picapinos, que fue a pararse en la rama de un chopo; un escribano montesino que se cruzo volando por el camino, del cual despegó una abubilla para adentrarse en el bosque. Gema, Jon y yo mismo, que íbamos más rezagados, nos perdimos el ciervo que vieron los demás. No solo traíamos con nosotros los residuos que habíamos generado cuando cominos, si no que además recogimos algunos que encontramos en nuestra andadura.
     De camino a Alhama de Granada, al anochecer, además de observarse perfectamente la proximidad entre Júpiter y Venus, que en unos días coincidirán en el mismo punto en el cielo, levantamos de la carretera a un chotacabras pardo.
     Diez horas de refrescante ruta, dieciocho kilómetros recorridos por un idílico rincón de nuestra Naturaleza que hasta hace un par de días era desconocido para los siete que integramos el grupo, y que desde luego no defraudó nuestras expectativas.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila de Bonelli (Aquila fasciata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mosquitero Papialbo (Phylloscopus bonelli)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Lagarto Ocelado (Timon lepidus lepidus)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Sapo Partero Bético (Alytes dickhilleni)
  • Sapo Común Ibérico (Bufo spinosus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

lunes, 11 de mayo de 2015

PROGRAMA ANDARRÍOS EN EL JÁNDULA

     Participé ayer como voluntario en el Programa Andarríos junto a los miembros de AMECO (Asociación Medioambiental para la Conservación de Animales y Plantas), que a través de la medición de diferentes parámetros físico-químicos y biológicos del agua mediante su muestreo, mediciones de caudal, velocidad del agua y anchura del río, comprobación del estado de conservación de la vegetación de la ribera y las zonas adyacentes, anotación de la fauna observada y realización del sondeo de nutria para detectar su presencia, busca conocer la calidad de las aguas del tramo de río seleccionado, la ribera y su entorno colindante, con el objetivo de detectar cualquier indicio de degradación e intentar corregir los factores que la provoquen. El río escogido fue el Jándula (afluente del Guadalquivir), en su tramo medio, para lo que nos desplazamos a las Áreas Recreativas de la Recta y del Encinarejo, cercanas entre si. De las varias partes en las que se divide el programa, mi principal contribución fue la identificación de las especies de vertebrados que pueblan el río y la ribera, y el entorno aledaño, sobre la cual versa la siguiente narración.
     Nos dirigimos primero a La Recta, donde pasamos el grueso del día, un área recreativa que a pesar de encontrarse en Lugar Nuevo, una finca de interés público, tiene limitaciones horarias su acceso, lo cual permite un mejor estado de conservación. Levantamos algunos pinzones del carril por el que avanzábamos de camino al sitio donde nos instalamos, y algún que otro rabilargo merodeando por el área recreativa. Aunque todavía era muy temprano, todavía no había nadie, así que en cuanto me bajé del coche puse en marcha el oído dado que era el momento propicio. Sonaba el agateador en alguna parte, entre los fresnos y las encinas del área recreativa, mientras que en la otra dejaba oír su repetitiva estrofa el triguero. De la espesura de los sauces y zarzas podía escucharse las voces del mirlo, el repertorio de notas musicales del ruiseñor común, la estrofa del ruiseñor bastardo, y un lejano cuco.

Culebra Viperina, en actitud defensiva, emulando a una víbora, por lo
que debe su nombre. En cualquier caso no es más que una farsa,
porque incluso en el extraño caso de llegar a morder no podría inocular
veneno alguno, por carecer de él, por lo que es una especie
completamente inofensiva.

    En cuanto nos acercamos a la orilla no tardamos en ver una culebra viperina de considerable porte. Y casi inmediatamente otra, esta vez una cría. Tampoco nos llevó mucho tiempo en encontrar los excrementos de nutria sobre las rocas del río. La lavandera blanca, daba pasadas sobre el tramo del río en el que empezábamos a trabajar, y de vez en cuando se posaba en las piedras del río. De vez en cuando aparecía el mirlo en algún claro entre la espesura, pero siempre eran avistamientos fugaces. Río arriba había una garza real posada, que por la distancia que nos separaba, permaneció allí tranquilamente durante bastante tiempo. Se podían encontrar diversas especies de escarabajos en las flores. Lejanas, vimos las siluetas de grandes aves planeadoras, imposibles de asegurar de que se trataban. Apareció un ratonero volando sobre las copas de los árboles, que se mostró en un par de ocasiones. Altos, pasaron sobre nosotros un par de buitres negros, en vuelo de crucero. También volaban altos los vencejos, pero iban y venían continuamente. Los aviones comunes y las golondrinas dáuricas volaban más bajo, bien papando los mosquitos que se movían sobre el cauce, bien a ras del agua, dando pasadas sobre su superficie para beber.
     Avanzada la mañana, el cuco se había callado por completo, el ruiseñor común ya prácticamente permanecía en silencio, y el bastardo tan solo se oía de vez en cuando. Pero había empezado a oírse la melódica voz de la oropéndola. Un agudo sonido llamó mi atención, y pude ver que trataba de un andarríos chico que se había acercado hasta donde estábamos, y al verse sorprendido, se retiraba alarmado. El triguero se seguía oyendo con fuerza, a los que se sumaron a cantar los pinzones, los verdecillos, y algún verderón. Además arrullaban las palomas torcaces, así como las ranas, que ya se oían croar. A las palomas torcaces se las podía ver a veces, como también a una abubilla que se dejó ver por el área recreativa. También irrumpió en aquel tramo de río donde estábamos un pequeño bando de jilgueros, que pasó en seguida.
     Poco a poco aumentaban su actividad las culebras de agua, que descubríamos cruzando la masa de agua a lo ancho, nadando a gran velocidad con la cabeza asomada. Era fácil ver los cardúmenes de alevines en las aguas tranquilas y someras, pero no sucedía lo mismo con los adultos, que se prestaban rápidamente a la huída en cuanto notaban nuestra proximidad. No obstante logré ver con la suficiente claridad algunos ejemplares de barbo y de pez sol. Del agua extrajimos varias ninfas de libélula y otros invertebrados, que nos sirvieron como medidores biológicos de la calidad del agua, y que por supuesto fueron devueltos a su medio tras ser observados. Libélulas y caballitos del diablo adultos, de distinta coloración y variados tamaños, volaban sobre el cauce. Y entre las piedras de la orilla, de vez en cuando asomaba alguna lagartija colilarga, entre ellas, un gran macho adornado con los colores del celo.
     Hacia el medio día, salimos andando, río abajo, sirviéndonos de la sombra que nos brindaba la arboleda riparia. Bajo la cubierta arbustiva cantaba el chochín, mientras el carbonero lo hacía desde las copas de los árboles, que moviéndose entre las ramas, logramos descubrirlo. Entre ambos estratos vegetales se delataba el petirrojo, llegando a ver una pareja. Diferentes clases de hongos saprófitos crecían sobre los troncos de los pinos muertos que yacían en el suelo. Unos parecidos a los yesqueros, otros similares a agallas. Allí donde podía verse el río entre algún hueco de la vegetación, si había alguna roca, esta servía a los galápagos para tomar un baño de sol.
     Saliendo a una zona más aclarada, escuchamos el ruido de un animal corriendo monte a través. Se trataba de una hembra de gamo, que probablemente se habría ocultado en la fresca sombra de la ribera para pasar el día, y que huía al percatarse de que nos acercábamos. Un banco de arena de la margen del río por la que caminábamos aparecía minado por los cráteres de las larvas de la hormiga león. Había también bastantes caballitos del diablo que volaban por allí, algunos enlazados en la cópula. Y de entre la variedad de escarabajos nos fijamos en uno considerablemente mayor que los demás, que resultó ser una hembra de Melolontha papposa apoyada en las hojas de un pequeño taray. Escuché el gorgojeo de los abejarucos, y los divisamos en el cielo, junto con vencejos. También cruzó el espacio aéreo del claro del bosque alguna paloma. Los chapoteos en el agua llamaban mucho nuestra atención, por si podía ser la nutria, pero se trataba de los saltos de los peces, o de los galápagos al lanzarse al agua, buscando apartarse de nuestra vista. Cuando nos asomábamos al río, entre la turbidez del agua, aparecían las grandes sombras de los barbos, o los pequeños y plateados alburnos al nadar cerca de la superficie. Un par de patos levantaron el vuelo desde el agua, y fueron río abajo. En alguna ocasión se vio al mirlo pululando en la otra orilla, y las lavanderas blancas en su trasiego a lo largo del cauce o con su incesante balanceo de la cola cuando permanecían posadas.

Hembra de Melolontha papposa.

     Con la llegada paulatina de la gente, o tal vez por el aumento del calor en las primeras horas de la tarde, dejaron de verse las culebras vadeando el río. En cambio los galápagos aprovechaban para solearse en aquellos puntos más tranquilos, que no usaba la gente como zona de baño. Los pájaros también habían disminuido su actividad, y mientras el grupo pasábamos las horas de calor a la sombra, solo pude ver un alcaudón común que se posó en la rama baja de un fresno del área recreativa. En los fondos arenosos y someros, donde el agua no parecía tan turbia, podían verse con tanta nitidez las percas soles, que era fácil apreciar su dimorfismo sexual.
     Pasadas las horas de más calor, nos dirigimos al Encinarejo, un área recreativa que está en una zona pública a la que se puede ir en cualquier momento. Pero aquí no hicimos mediciones de ningún parámetro del agua, si no que nos limitamos a evaluar el estado de la cubierta vegetal. A la ida por el Encinarejo, se veían a los rabilargos, esperando pacientemente a que la gente abandonase la zona, para acercarse a buscar algún resto de comida. No estuvimos mucho tiempo allí. Nos acompañó una hembra de lagartija colilarga en el lugar que escogimos para hacer la valoración sobre la vegetación. Terminándola, oímos a la curruca cabecinegra, que poco después se mostró un macho, con su frágil vuelo sobre unos arbustos. Una vez acabado nuestro trabajo, saliendo del área recreativa, ya se veían los bandos de rabilargos en los merenderos donde había estado gente, y también algún mirlo.

Lagartija Colilarga, hembra.

     De nuestro trabajo concluimos que las condiciones del agua, si bien no son las óptimas, permiten albergar diferentes formas de vida. En cuanto al estado de la vegetación, estamos ante un bosque en galería aceptablemente bien conservado. No obstante la intervención humana está patente en las estructuras presentes del entorno, y en la presencia de eucaliptos y especies de árboles ornamentales en las zonas recreativas, así como en la presencia de un mayor número de especies exóticas de peces, que nativas en el río. Además, es muy importante hacer un llamamiento al poco civismo que demuestran algunas personas que disfrutan de estos enclaves naturales, dejando tirada la basura, aún cuando existen contenedores para depositarla, en incluso para el reciclaje.

                                                                                                                           
Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Gamo (Dama dama)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleuca)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)

lunes, 9 de septiembre de 2013

EXCURSIÓN SENDERISTA POR LA VEGUETA DEL FRESNO

     El Voluntariado acabó ayer. Uno de los días más destacables, en cuanto a observación de fauna, fue el pasado jueves, cuando recorrimos el sendero de la Vegueta del Fresno, el cual requiere autorización previa.
      El día fue caluroso. En el camino entre Cardeña y la Aldea del Cerezo fue posible ver algunas urracas. En el entorno del mismo poblado deshabitado volaban las golondrinas dáuricas, y entre las copas encinas se movía algún herrerillo, aunque nos pusimos a caminar al poco de llegar.

Paisaje del entorno del sendero de la Vegueta del Fresno

     Nos “acompañó” amablemente la Directora del Parque Natural en el camino, desplazándose, eso sí, en coche oficial a pesar de estar prohibida la circulación de vehículos a motor por el sendero, y más en verano, cuando hay riesgo máximo de incendio. Algo paradójico que chocó en la mente de más de un compañero voluntario. A pesar de ello, los avistamientos de animales se fueron sucediendo a lo largo del camino, más bajando hacia el Río Yeguas, que a la vuelta subiendo.
     De la dehesa del entorno de la Aldea del Cerezo cambia el paisaje al encinar mezclado con sotobosque, más espeso en la umbría, algo que se puede apreciar bien al discurrir el camino paralelo a una vaguada. Los mirlos se apresuraban a ocultarse en la espesura de las umbrías, mientras las perdices levantaban el vuelo sobre la aclarada ladera de la solana, y rabilargos en grupo y arrendajos en solitario podían verse volar en cualquier sentido. Alguna que otra lagartija colilarga se cruzaba.
     Poco antes de llegar al pinar de la zona baja, donde proliferan los pinzones, y algunas palomas, apareció la silueta del águila culebrera tras las copas de los pinos. Donde el pinar se aclaraba, y se mezclaba con lentiscos y otros arbustos mediterráneos podía verse algún que otro conejo a la carrera, hasta que se quitaba de nuestra vista.

Ranas

Hembra de Trithemis kirbyi































Exuvias de ninfas
     Anduvimos más allá del fin del sendero, por el lecho rocoso, y entre las pozas del Río Yeguas, tratando de capturar algunas libélulas. A una orilla la Sierra de Andújar, y a la opuesta la Sierra de Cardeña, de donde veníamos y adonde volveríamos después. Cristina, cámara en mano, demostraba especial habilidad para acercarse a las rápidas y huidizas libélulas. Entre las rocas encontramos numerosas exuvias, fantasmagóricas carcasas de piel muerta pertenecientes a las ninfas que poblaron las aguas, y de las que emergieron los imagos alados de libélula. Abundaban las pequeñas lagartijas ibéricas que se movían entre las redondeadas rocas de granito, lavadas por el caudal de agua, cuando corre, y junto a las pozas, que atestiguan esa corriente ahora ausente, se hacinaban multitud de ranas. Una lavandera cascadeña voló cauce abajo, emitiendo sus monótonos pitidos y más adelante, donde dimos la vuelta, vimos pasar un águila real.

Macho inmaduro de Trithemis annulata

Hembra de Onychogomphus forcipatus
































     Volvimos, y nos reunimos al final del sendero, a la sombra para identificar los especímenes de libélula capturados, y proceder a su liberación posterior. Tras la suelta de las últimas libélulas comenzamos, con no demasiadas ganas, el camino de vuelta, subiendo cuesta constantemente y con bastante calor. Pero apenas habíamos empezado a andar, cuando vimos un grupo de buitres que cicleaba sobre un cerro no muy lejos. Con los prismáticos vimos que estaban presentes las dos especies, tanto el negro como el leonado, aunque en mayor número este último. Los gritos del águila imperial desvelaron que también había un ejemplar volando junto a los buitres. Poco después se mostró otra águila imperial que posiblemente acudió en respuesta a las voces que le lanzó su compañera. Poco a poco los buitres se fueron lanzando en vuelo de crucero hasta perderse, y así mismo las águilas también dejaron de verse.

Lecho del Río Yeguas

(*) Fotografías: gentileza de Cristina Conejero.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

martes, 14 de mayo de 2013

TALLER FOTOGRÁFICO DE ANFIBIOS Y REPTILES EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Iberian Lynx Land organizó hace dos días un Taller de Fotografía de Anfibios y Reptiles en la Sierra de Andújar al que asistí, a pesar de no ser fotógrafo, como parte de la organización, junto a los prestigiosos fotógrafos de Naturaleza José Luis Ojeda y José Manuel Cañones. Allí pude reencontrarme con Miryam Lara, compañera con quien trabajo en Educación Ambiental y también gran fotógrafa de campo que participaba como asistente. La ponencia y la identificación de las especies de anfibios y reptiles en el campo corrieron a cargo del herpetólogo Luis Pedrajas, en cuya charla de introducción también hizo un esfuerzo por desmitificar las supersticiones que giran entorno a muchas de las especies que engloban estas dos fascinantes clases de vertebrados, que pese a ser dos grupos bien diferenciados son tratados por la misma ciencia, la herpetología. Las prácticas de campo se desarrollaron entorno al Río Jándula, en La Lancha y en el Embalse de Jándúla por la mañana, y en El Encinarejo por la tarde, momento en el que ya no estuve.
     Pero más allá de los anfibios y reptiles que centraban la jornada del día, yo no limité mis observaciones a estas especies, pues el campo ofrece infinitas posibilidades de disfrutar de todos sus pobladores. Ya en la Casa de La Elvira, punto de encuentro y lugar donde se impartió la teoría, mientras esperábamos que llegaran todos los asistentes, podía ver los gorriones en el entorno y escuchaba el canto cercano del herrerillo.
     El primer lugar al que nos dirigimos fue al viejo poblado de La Lancha, donde nos dedicamos a la búsqueda de reptiles entre sus ruinas. Por el camino, aunque distraído en la tertulia con Luis y José Luis, a quienes acompañé en el mismo coche, no dejé de apercibirme de urracas, rabilargos y perdices que veía al pasar. Tan solo dedicamos una breve parada a ver un mochuelo que tomaba un baño de sol matutino sobre un poste.

Macho de Lagartija Colilarga

Detalle de la cabeza
























     Al llegar a La Lancha, antes de empezar a movernos para buscar reptiles, nos reunimos bajo la sombra de los grandes eucaliptos, en un área despejada. El día era soleado, más bien cálido, bastante propicio para que los reptiles estuvieran activos. Acordamos hacer algunas batidas por los alrededores, y volver allí para que los asistentes pudieran tomar fotos cómodamente. Entre los restos de las casas daban pasadas las golondrinas dáuricas. Los mirlos salían alarmados de entre los arbustos al aproximarnos a ellos. Y más altos, los vencejos destacaban sus oscuras siluetas negras contra el claro cielo azul. Yo participé activamente en la búsqueda de reptiles, y aunque bajo la mayor parte de las piedras y troncos que moví aparecía una gran diversidad de artrópodos como escarabajos, cochinillas, escorpiones y escolopendras, no tardé en encontrar culebrillas ciegas, que tras ser fotografiadas, devolví a su lugar de origen. Por otro lado, Luis había capturado un bello ejemplar macho de lagartija colilarga, vestido de gala con los lustrosos colores del celo. Más tarde encontró una pequeña salamanquesa común. Mientras los fotógrafos centraban sus objetivos en estos modelos de “”sangre fría”, temidos por mucha gente que ignoran el papel que juegan en el medio, los buitres empezaron a concentrarse sobre nuestras cabezas. Próxima a ellos también planeaba la encapuchada águila culebrera, rapaz especializada en la caza de culebras y otros reptiles.

Salamanquesa Común

Detalle de la cabeza
























     En las siguientes batidas íbamos ampliando el radio de búsqueda. Al llegar a las proximidades de un abrupto balcón que abre las vistas a la profunda garganta excavada por el Río Jándula en el granito, donde está presa que contiene las aguas del embalse, apareció la cigüeña negra cicleando en el cielo, ascendiendo hasta dejarse llevar y perderse.
     Hacía medio día aconteció uno de los momentos más interesantes de la jornada. José Manuel llamó nuestra atención haciendo señas. Había descubierto un lince bebiendo agua en un exiguo charco. Nos acercamos rápido. Pudimos verlo a corta distancia, aunque también durante corto tiempo, pero el suficiente para algunos incluso le echasen unas pocas fotos. Al tímido felino no parecía gustarle tanto espectador, pero tampoco se apresuró al irse, no emprendió ninguna huida acelerada, y como un fantasma se desvaneció bajo las sombras entre la alta hierba. Nunca más volvió a aparecer.
     Tras la fuga del gato, el grupo volvió al juntarse en la explanada del poblado donde estaban, pero José Manuel, Luis y yo nos acercamos al mermado charco donde estuvo bebiendo con la intención de encontrar alguna rana. Corría un pequeño reguero, pero no había ninguna rana. En cambio, sobre un apilamiento de rocas amontonadas en aquel sitio, entre cuyos huecos prosperaban los cardos y otras herbáceas, descubrimos una culebra bastarda. Se trataba de un ejemplar adulto de unos 70 u 80 cm. Estaba mudando la piel. La pude coger con firmeza de la parte posterior del cuerpo pero al pasársela a Luis, se resbaló y con sorprendente celeridad se nos escapó.
     Después bajamos hasta el Embalse del Jándula, donde continuamos la jornada. En el breve trecho de camino que nos separaba del pantano, vimos una pareja de oropéndolas. En el desaguadero de la presa retomamos nuestra búsqueda donde esperábamos encontrar ranas y culebras viperinas, pero tan solo fueron algunas ranas todo cuanto pudimos ver y capturar. En las masas de agua estancada también se agrupaban algunos bancos de blackbass, o percas americanas, que habían quedado allí atrapados de los recientes desembalses. La lavandera cascadeña también se movía por allí.

Ranas Verdes Ibéricas

     Y el calor de las primeras horas de la tarde pegaba con fuerza y tras fotografiar las ranas, fuimos saliendo del desaguadero para dirigirnos nuevamente a los coches. Al cruzar la presa nos detuvimos a mirar una cabra montés. Estaba en el desaguadero, donde momentos antes habíamos estado nosotros. El taller continuaría en El Encinarejo, pero para mí ya estaba llegando a su fin. En el regreso, además de urracas y rabilargos, levantamos algún pequeño bando de pinzones del camino, pero prestamos más atención al desfile de abejarucos posados en los cables que al pasar a su lado, se lanzaban a volar.

(*) Fotografías: gentileza de Miryam Lara.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

·         Lince Ibérico (Lynx pardinus)
·         Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
·         Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
·         Buitre Leonado (Gyps fulvus)
·         Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
·         Perdiz Roja (Alectoris rufa)
·         Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
·         Vencejo Común (Apus apus)
·         Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
·         Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
·         Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
·         Mirlo Común (Turdus merula)
·         Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
·         Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
·         Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
·         Urraca (Pica pica melanotos)
·         Gorrión Común (Passer domesticus)
·         Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
·         Culebrilla Ciega (Blanus cinereus)
·         Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
·         Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
·         Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)
·         Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
·         Perca Americana (Micropterus salmoides)