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viernes, 16 de septiembre de 2016

PRELUDIOS DE BERREA Y PASO MIGRATORIO DE AVES EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Septiembre siempre es una buena época para hacer una escapada a la Sierra de Andújar, pues el paso migratorio de la aves viajeras que se van a África a pasar el invierno y la berrea del ciervo que comienza en estas fechas que anuncian que el otoño está por llegar, llenan de vida estos alomados montes. Y tras la vuelta del Voluntariado en Pirineos, aprovechamos Fran, Alberto antes de que se fuese a Almería, y yo el lunes 12 para hacer una ruta por la sierra.
     Calurosa jornada, que no obstante nos deparó muchas y variadas observaciones. Iniciamos nuestra salida por la carretera de la cadena, donde en los agostados pastos de los cerrillos pudimos ver un alcaudón real, estorninos, grajillas y urracas. Nos llamó la atención una posada en el cabeza de una vaca que estaba tumbada. Por la zona de los bajos chaparros que hay más adelante fueron los rabilargos los que vimos cercanos a la carretera, y al llegar a las viñas, aparecían las tórtolas turcas en los tendidos eléctricos.
     Nos acercamos a una vieja piscina donde se acumula el agua de lluvia, y que actúa como una trampa para los anfibios. Pero no encontramos ninguno, al menos en la parte libre de agua. La causa, una culebra de collar. Se trataba de un individuo adulto, que carecía por completo del collar que exhiben los jóvenes y que da nombre a la especie. Esa ausencia de collar en los ejemplares adultos es lo que caracteriza a la especie ibérica de esta culebra acuática, taxonómicamente separada de la especie europea en fechas recientes.

Culebra de Collar Mediterránea

     Pero no era la única culebra que allí había, pues encontramos un joven macho de culebra bastarda. Con dos culebras compartiendo tan reducido espacio, a saber desde cuanto tiempo, normal que no encontrásemos ranas, ni tritones, ni gallipatos que solían haber. A esta especie la sacamos de la piscina, pues de llegar a inundarse si lloviera, moriría ahogada. También aprovechamos y colocamos un par de tablones a modo de rampas, para facilitar la salida de ciertos animales que podrían caer y perecer allí.

Culebra Bastarda, macho joven

     Dimos una pequeña vuelta por la zona, hasta salir a un sitio con una buena panorámica de la sierra. Parecía como si hubieran estado esperando a que llegáramos, pero ante nosotros empezaron a desfilar rapaces en vuelo. El contraluz nos impidió que identificásemos con seguridad una gran águila, pero nos impidió disfrutar del planeo de un cercano buitre negro. No tardaron en sumársele un milano negro, y un águila calzada de fase oscura, volando casi simultáneamente ofreciéndonos una perspectiva, primero frontal y luego ventral. Algo más lejos volaba otro buitre negro, en compañía de unos leonados, mientras por las cercanías había aparecido un águila calzada de morfo claro. Atrapados en el dilema de tener que elegir a que rapaz observar, mientras estábamos con los ojos puestos en los prismáticos, irrumpió en la zona un grupo de 25 halcones abejeros, en el que estaban representadas todas sus coloraciones. La calzada volaba junto a ellos, mientras se arremolinaban cogiendo altura. Y la exhibición de rapaces cesó cuando se lanzaron hacia el sur.
     Volviendo hacia el coche, deparamos en un papamoscas cerrojillo y en un herrerillo común, que no se dejaron ver mucho rato. En la carretera se nos cruzó algún mirlo, y vimos un gran grupo de estorninos, aparte de rabilargos. Paramos en otro lugar desde donde había buenas vistas de la sierra, pero aquí no tuvimos tanta suerte. En el rato que estuvimos tan solo pasaron unas palomas torcaces, pero al bajarnos del coche cuando llegamos, nos entretuvimos mirando un par de inquietos herrerillos capuchinos, que se movían entre las ramas de una encina, mientras emitían su canto.
     Nos dirigimos después al área recreativa del Encinarejo, donde almorzamos, y pasamos la sobremesa esperando a que se disminuyeran un poco las altas temperaturas de la tarde. Pero antes, al llegar, paramos en el mirador un rato, tanto como aguantamos expuestos al sol. Ya pudimos escuchar aquí la berrea. Sobre la dehesa que controlábamos visualmente, vimos pasar alguna torcaz, pero fijamos la atención en el águila imperial, que también volaba por allí. En un tocón que sobresalía del río, se soleaba un galápago leproso, y siguiendo el cauce pasó un ánade real con en fase de eclipse. Tras la breve espera, seguimos un poco más abajo, en busca de las sombras de los pinos y los fresnos. Al llegar, antes de bajarnos del coche, vimos a la garza real. Nos acercamos cautelosamente a la orilla del río, donde entre la vegetación de la orilla pudimos escuchar al ruiseñor bastardo y los reclamos del petirrojo y la curruca cabecinegra. La garza estaba tan bien mimetizada que apenas podíamos verla. En cambio si localizamos al ánade nadando a la sombra orilla del río, donde entre el efecto del claroscuro juego de luces y sombras, y su críptico plumaje de eclipse tampoco hubiera sido fácil descubrirlo de no ser por sus movimientos. Se oyeron los verdecillos, pero sin llegar a verlos. Los jilgueros, por su parte, que también cantaron, sí que se mostraron. Escuchamos los agudos pitidos del agateador y los sonoros trinos del trepador azul, los cuales acabamos viendo. Igualmente oímos las leves voces del mito, y lo encontramos moviéndose por las ramas. También descubrimos paseándose por las ramas a un carbonero. Oímos las notas del pico picapinos, y también acabamos viéndolo. Y entre tanto, un papamoscas gris se movía por los alrededores, de rama en rama. También escuchamos los graznidos del águila imperial, y con solo levantar la vista vimos a una pareja de adultos sobrevolando los montes.
     El siguiente sitio al que nos encaminamos por la tarde fue a La Lancha. A lo largo del trayecto pudimos ciervos y gamos, perdices, urracas y rabilargos, más algún papamoscas. Un arrendajo salió volando entre un grupo de rabilargos. Le dedicamos sendas paradas a una totovía que se posó en la rama baja de un pino, y a un pito real posado en el suelo, a al sombra de una encina. Como todavía apretaba el calor eludimos pararnos en las curvas, y seguimos hasta el Embalse del Jándula. Nada más llegar, vimos tres cormoranes, en la orilla cercana, que se lanzaron al agua. En torno a la presa se concentraban los aviones comunes, y desde esta descubrimos una hembra de cabra montés. Seguimos nuestra andadura, que nos llevó al desaguadero del embalse, por donde vimos al macho del roquero solitario. Y sentados a las orillas del pantano, vimos por el otro borde unas garzas reales, más una que volando a ras del agua, cruzó el pantano de lado a lado.
     Con el objetivo de hacer una espera durante las últimas horas de la tarde, y que la temperatura había descendido, volvimos hacia las curvas. Bajo los eucaliptos del primer trecho por el que circulábamos, vimos unos pinzones en la pista, y algún papamoscas más. Y las perdices, que se mueven ahora en grandes bandos familiares, con los perdigones ya grandes. Hicimos una corta parada para asomarnos a ver el valle por el que bajan las aguas del Jándula. Entre los lentiscos de la ladera, vimos moverse algún mirlo, y en el cielo divisamos al águila culebrera. De vuelta al coche se nos cruzó una veloz lagartija colilarga.
     Desde las curvas avistamos sobre todo ciervos, cuyos machos ya berreaban con vigor, aunque todavía no se ensalzaban en combates. Por lo demás, no había demasiada actividad de aves. Tan solo el vuelo de las palomas sobre las lomas en las que centrábamos nuestra atención, donde tan solo detectábamos el movimiento ocasional de algunas urracas y rabilargos. Mientras veía un alcaudón real posado en un cable, podía oír el reclamo de la curruca rabilarga. Y lejos, volaban unos buitres contra la puesta de sol.
     Apurando las últimas luces, cambiamos de lugar donde dedicarnos un rato a esperar y observar. En el trecho que debimos recorrer, nos encontramos con una joven culebra de herradura en el carril, que primero optó por la inmovilización, para después lanzarse disparada hacia la cuneta, donde se escabulló entre el pasto y las rocas. Tan solo seguimos viendo ciervos en el poco rato que tuvimos de espera hasta que oscureció. Y en un breve paseo que di bordeando una curva, pude ver tan solo un conejo. De vuelta, ya por la noche, vimos un chotacabras posado en el camino, que se fue volando al acercarnos, y más adelante, pasó en vuelo sobre la carretera un cárabo.


Lista de Especies de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Papamoscas Gris (Muscicapa striata)
  • Papamoscas Cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)
  • Culebra de Collar Mediterránea (Natrix astreptophora)
  • Culebra Bastarda (Malpolon monspessulanus)

martes, 8 de diciembre de 2015

REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Hace un par de días que Elena, Manu y yo hemos vuelto a acompañar a Laura por los mismos sitios en los que estuvimos hace unas tres semanas, para que realizara un reportaje fotográfico para el trabajo sobre el que se estuvo documentando entonces de la Sierra de Andújar como destino turístico. Pero esta vez completamos el recorrido, mostrándole otras zonas, que la vez anterior, por falta de tiempo, no pudimos ir.
     Iniciamos nuestra ruta por Los Cerrillos, que ya saliendo de Andújar, antes de llegar a la zona, nos ofrecían una angostada imagen de verano en pleno Diciembre, teñidos por oscuras tonalidades de ocre y marrón. La causa, la total ausencia de lluvias en más de un mes, junto a temperaturas más elevadas de lo que es (o era) habitual.
     Encontramos no obstante un considerable número avefrías asentadas en el ondulado paraje, a las que paramos a ver por la curiosidad que despiertan en quienes solo tenemos oportunidad de observarlas en invierno cerca de casa. Había también lavanderas blancas, “pajaritas de las nieves”, que aunque difícilmente llegue a nevar en estas latitudes, y a tan bajas altitudes (menos de 300 metros), se las considera aves mensajeras del frío, aún cuando algunas de ellas crían y viven de manera permanente en las riberas próximas. Las tarabillas comunes, posadas en las alambradas o en los tamujos, el colirrojo tizón, y los bisbitas pratenses, moviéndose entre la hierba, completan el elenco de aves invernantes en el lugar, mezcladas con las residentes como los estorninos negros, dispersos por el prado, las blanquinegras urracas, y las cogujadas comunes, agolpadas en un pequeño grupo más compacto. Vimos también un alcaudón real, que se alejó desde el tamujo donde estaba apostado hasta una alambrada.

Vista panorámica de la Sierra de Andújar

     Atravesando el monte bajo de encinar conforme ascendíamos, pasaban rabilargos sobre la carretera. Paré a ver unos estorninos negros en las ruinas de una casa, y mientras pasó volando un zorzal común.
     Sonaban los pitidos del pico picapinos en el umbrío pinar por el que caminábamos hacia la piscina de la vieja casa, y acabamos viendo fugazmente el ondulante vuelo de este pájaro carpintero. La piscina mantenía más o menos el mismo nivel de agua. Pero en esta ocasión solo encontramos un par de gallipatos, y ningún tritón, aunque también había tres pequeñas ranas. Manu, un gran entendido en setas, no hizo fijarnos en un par de concentraciones de Leocarpus fragilis, un pequeño hongo que prolifera a modo de diminutas bolitas entre las acículas de pino caídas en el suelo, y también encontró un ejemplar de Mycena pura y un yesquero del pino (Fomitopsis pinicola). Las rúsulas que asomaban sobre la densa capa de pinocha, estaban desecadas debido a la completa falta de lluvia.

Un par de metamorfos de rana verde ibérica

     Siguiendo nuestro itinerario por las Viñas, llegamos hasta otro rincón en el que se abre el paisaje a la vista, a través de una vaguada donde en la ladera de la solana crecen los pinos piñoneros entre grandes bolos graníticos, y en la de la umbría se elevan las encinas sobre el matorral, y en la hondonada el otoño tardío da sus pinceladas de amarillo en unos chopos. Al llegar, podíamos oír el canto de las perdices, que salieron volando al asomarnos a este balcón natural. También se escuchaba al mirlo. Recogí un poco de la mucha basura que por desgracia queda abandonada en la zona. Manu, por su parte, nos mostró un champiñón (Agaricus sylvaticus) que encontró, de olor anisado y rubescencia (tendencia al rojo).
     En vez de tirar para La Lancha, como la ocasión anterior, nos dirigimos primero hacia la Recta de Lugar Nuevo, donde hicimos un breve recorrido, y luego hacia el Encinarejo, con la intención de hacer más completa la visita guiada a Laura. Momentos antes de cruzar el puente de hierro sobre el Río Jándula, nos topamos con un joven vareto de gamo en la carretera, que no podía huir hacia el monte por las vallas.

Joven gamo, atrapado entre la carretera y una malla cinegética

     Nuestra primera parada por el Encinarejo fue en el mirador, donde hace unos años, por estas épocas en las que da comienzo el celo del lince, solía haber algún naturalista en paciente espera, probando a la suerte. Pero parece que el felino mediterráneo se ha rarificado aún más en el lugar, que a día de hoy los naturalistas prefieren “las curvas de La Lancha”, por lo que estuvimos allí solos, tranquilamente un rato. Nada más llegar, un cormorán emprendió el vuelo. Descubrimos una garza real, casi invisible, posada entre las deshojadas ramas de los fresnos, que también se fue volando al cabo de un tiempo. Podían oírse los arrullos de las torcaces, y alguna se vio en vuelo. Y a lo lejos, vimos a los buitres leonados.
     También estuvimos un rato por la zona de la presa, donde desde el puente estuve viendo a los inquietos mosquiteros revolotear entre las piedras del río y las ramas de los sauces de la orilla. Y mientras pasaron algunos grupos de cormoranes.

Río Jándula


Macrolepiota sp.
     El siguiente sitio al que fuimos fue a una de las playas del Embalse del Encinarejo, donde también recogimos algo de la basura que la gente deja abandonada en el campo. Encontramos Amanita muscaria formando un extenso corro de brujas bajo los grandes eucaliptos. Esta especie de hongo no micorriza con esta especie de árbol, sino con encinas, lo que nos indica que la arboleda natural que allí debía encontrarse es el encinar. Junto a ellas también crecían Pisolithus arhizus, cuya seta no tiene la forma típica, sino que se asemeja más a una bola. Cerca de allí, encontramos un par de parasoles (Macrolepiota sp.), sin abrir, y que debido a la sequía, posiblemente ya no lo hagan.

Amanita muscaria














     De vuelta, paramos en el camino para mirar una altanera águila imperial que cicleaba sobre el pinar. Hicimos una última parada en el área del Encinarejo, donde están los inservibles observatorios de Doña Rosa y Los Lastrones, por su ineficaz función e incómodo diseño, y lo mal ubicados que están. Al llegar, pudimos ver como alzaba el vuelo un cormorán, golpeando el agua con las alas al despegar. Y al águila que habíamos visto viniendo, se le sumó otra más que podíamos ver desde aquí. Antes de salir de nuevo a la carretera, pudimos ver un conejo que se escondió bajo unas zarzas.
     Nuestra siguiente etapa del recorrido transcurrió por el camino de La Lancha, donde nada más pasar las Viñas vimos un pequeño bando de gorriones, y de ahí en adelante no faltaron urracas, rabilargos, algunos pinzones, unos zorzales charlos y un grupo de totovías. Pero sobre todo dedicamos nuestras paradas a los gamos y a los ciervos. En una de esas paradas que dedicamos a los ciervos, vimos también una abubilla. Había también bastante tráfico por el camino. Y como si fuéramos repitiendo la misma rutina que la ocasión anterior, paramos a almorzar cerca de la tumba que hay junto al camino, donde un petirrojo se volvió a dejar ver, como aquella vez. Encontramos en “las curvas” bastante concurrencia de gente ya, esperando que la suerte les sonría y se deje ver el lince.
     Paramos en La Lancha antes de bajar al Embalse del Jándula, y anduvimos un rato por el viejo poblado. Sobre los altos eucaliptos vimos unos picogordos, y entre las ruinas del poblado encontramos un sapo corredor. Había también algunos estorninos, a los que podía oírseles la variedad de voces que pueden emitir. Al asomarnos al borde de un talud desde el que se contempla una panorámica del valle por el que discurre el Río Jándula, asustamos a unas perdices que levantaron el vuelo dejando oír su reclamo de alarma. Era llamativo ver en flor algunos romeros y cantuesos por el entorno. Manu encontró unas setas de cardo (Pleurotus eryngii ferulae) por las cercanías.

Sapo Corredor
Flor de cantueso































     Cuando llegamos al pantano, dejamos el coche, cruzamos  andando la presa, y atravesamos el túnel. Pude ver algún que otro colirrojo en el entorno de la presa, sobre la que estaban concentrados en gran número los aviones roqueros.
     Paseando hacia el Mirador del Rey, en las últimas horas de la tarde, podían verse pasar algunos cormoranes. Se oyeron los graznidos de la chova piquirroja, y pude localizarla volando sobre la presa. En la orilla del otro lado, de nuevo nos faltaron las cabras en la inmensa pared de granito. Ladera arriba por donde discurre el sendero, las cornicabras, salpicadas como manchas amarillas, naranjas o rojas entre los siempre verdes acebuches, labiérnagos, y sus primos los lentiscos, nos indican que estamos ya a finales del otoño. No así la temperatura, que resultaba agradable incluso para estar apunto de oscurecer. De vuelta al coche empezó a ulular el búho real, al que estuvimos un rato escuchando mientras las últimas luces de la tarde se iban disipando.

Embalse del Jándula

     A la vuelta, paramos por última vez un rato en la zona de “las curvas”, donde estuvimos escuchando berrear con fuerza a algún ciervo. Pero nuestra atención estaba puesta en el cielo. Le explicamos a Laura que toda Sierra Morena, fue declarada Reserva Starlight, la más extensa del planeta, lo que significa que es un lugar idóneo para la observación astronómica por la calidad de su cielo, en el que afortunadamente hay muy poca contaminación lumínica. Y sin que todavía hubiese oscurecido completamente, ya se apreciaba la Vía Láctea. Además podía verse con claridad Casiopea, el Cisne y el Delfín.
     Y de nuevo nos volvimos a encontrar con el molesto obstáculo que suponen las vallas a los grandes animales de interés cinegético. Acorralado en el camino por las vallas que hay a ambos lados, nos topamos con un ciervo que trataba de huir desesperadamente del coche, al que solo pude dejar atrás, cuando se apartó lo bastante de la pista.

Fotografías: gentileza de Laura Plaza.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Bisbita Común (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

miércoles, 31 de diciembre de 2014

ÚLTIMA JORNADA DE CAMPO DEL AÑO EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Un año más termino pasando sus últimos días en el monte, en la cercana Sierra de Andújar. Nunca hay dos días iguales en el campo, aun estando en los mismos lugares e incluso repitiendo en las mismas horas. Siempre se puede observar algo diferente. De estos últimos días, destaco el de hoy, en el que hemos apurado al máximo las horas de luz.
     Avanzando lentamente por las dehesas podían verse urracas, rabilargos, palomas y perdices moviéndose agrupadas. Nos detuvimos un momento al escuchar a las urracas, pero como en muchos casos, no marcaban nada.
     También aparecían los conejos, que a lo sumo eran dos los que podían verse juntos. La mayoría en solitario, denotando la triste realidad que han dejado tras de si las enfermedades que han diezmado las poblaciones del lagomorfo que era tan común antaño. Sin conejos en el monte, sus depredadores habituales se ven avocados a buscar fuentes de alimento alternativas, entrando en conflicto con intereses humanos, o ampliar sus territorios y dispersarse más. Esta es la principal causa que hayamos cerrado un año tan catastrófico para el lince ibérico, con la fatídica cifra de 27 muertes por causas no naturales… que se sepa, según datos oficiales. Principalmente han sido atropellos, pero también ha habido algún ejemplar que se ha dejado la vida en la trampa o en el tiro de escopeta de algún desaprensivo cazador. También por la caza los ciervos se mostraban bastante huidizos.
     Las totovías, invisibles en el suelo, no se descubrían hasta que no levantaban el vuelo, o bien cuando emitían su melódico canto. Entre las apretadas zarzas que crecen junto al río se escuchaba al petirrojo, que de vez en cuando se descubría. Un cormorán pasó volando siguiendo el curso del río. Entre los deshojados fresnos podía oírse los reclamos del pico picapinos, que no vimos hasta que no emprendió su ondulante vuelo. La hierba crujía con nuestros pasos, y en lugar de mostrar flexibilidad, estaba rígida debido a la escarcha.
     Subimos hasta una alta loma desde donde oteamos el terreno un rato. Vimos pasar unos ciervos, que se desplazaban apresurados, tal vez asustados por tres perros que parecían extraviados, que habíamos visto momentos antes. La presencia de estos animales en el monte, bien perdidos en tras las monterías, o abandonados directamente por sus dueños, provoca serios perjuicios en las especies silvestres y en el ganado doméstico. Pasaron también algunas palomas, y un arrendajo que se metió en la copa de un pino.
     Bajamos hacia las dehesas, por un umbrío barranco donde el bosque mediterráneo alcanza su máximo esplendor con las siempre verdes encinas y los ahora dorados quejigos, mezclado los madroños de hojas de verde brillante y sus vistosos frutos rojos, los verdes oscuros del mirto, del agracejo o del lentisco, y las rojas cornicabras, ofreciendo a la vista un hermoso contraste cromático. En esta vaguada hay rincones donde no penetran los rayos de sol en todo el día, blancos por el hielo, de la escarcha que se acumula de un día para otro. En las dehesas, donde la vegetación no es tan apretada como en el barranco, podían verse fácilmente las urracas, los rabilargos y las perdices. La observación de los conejos repetía prácticamente en los mismos sitios.
     Tras hacer un recorrido prospectando las dehesas bajas, volvemos a dirigirnos a otro punto en las partes altas, desde donde otear el terreno. Un par de zorzales cambiaron su rumbo a descubrir nuestra posición. Pasado el medio día, me aposté contra una roca de granito en una ladera, desde donde tener una cómoda perspectiva. En un momento que me dio por volver la mirada atrás descubro una enorme serpiente que se arrastra detrás de mí. Pero lo que me desconcierta es que no logro identificarla claramente, por presentar una librea negra que no me es familiar entre las especies de ofidios propias de aquí. De hecho, hasta barajé la posibilidad que pudiera tratarse de una especie exótica, mientras me inclinaba sobre ella para poder verle la cabeza. Cuando consigo vérsela, concluyo que se trata de una culebra de herradura, inusualmente negra, en la que casi resultaban inapreciables las manchas que lucen los ejemplares ibéricos. Este diseño es más característico de los individuos norteafricanos. Sobrepasaba el metro de longitud, pero también resultaba sorprendente que estuviera activa en pleno invierno, que aunque había sido relativamente cálido, desde hace unos días helaba bastante.

Culebra de Herradura

     A la hora del almuerzo hizo su aparición, aunque en la lejanía, el águila imperial. Por la zona empezaron a mostrarse muy activos los pequeños pájaros a primera hora de la tarde. Sobre todo se veían petirrojos y mosquiteros, pero también un pequeño agateador trepando el tronco de un pino, y un reyezuelo que no cesaba de moverse entre las ramas de una encina.
      De vuelta hacia las zonas bajas paramos en un par de lugares, a media altura, a hacer unas breves esperas. Desde el primer sitio donde estuvimos se empezaban a ver ciervos otra vez por las laderas de los montes, más activos por la tarde que por la mañana. Por aquí se oyeron jilgueros. También se oyó al águila imperial, y poco más tarde apareció para posarse sobre la horrible estructura metálica de una torreta eléctrica. En el segundo sitio donde paramos veíamos los prados de las dehesas ya en penumbra, por donde también había ya algún ciervo pastando. Un grupo de urracas se concentraba en un sitio, emitiendo su alarma, pero de nuevo no señalaban nada. También se dejaron oír los pitidos del pito real y el reclamo del herrerillo.
     Llegamos hasta la inmediación del río, donde poco a poco se nos hizo de noche, en una espera en el interior del coche. Se escuchaban los reclamos de petirrojos, del chochín y de la curruca cabecinegra. También se oyó graznar una garza real. Con la oscuridad, empezaron a oírse los reclamos de los mirlos. Con su pesado vuelo, la negra silueta de un búho real surcó el cielo hasta posarse en una torreta eléctrica. Con el telescopio pudimos apreciar con algo más de detalle, tanto como nos permitía la poca luz que ya quedaba, al compacto búho, que llegó a ulular. Mientras, también empezó el cárabo a hacerlo desde el bosque de ribera. Y desde la lejanía, también llegaron a nuestros oídos los ladridos de un zorro.
     Recorriendo los caminos, en dirección a la carretera, se nos cruzaron tres gamos, vimos más ciervos, los conejos parecían más activos de noche, y finalmente también se atrevió a atravesar el caminote lado a lado un pequeño ratón.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Reyezuelo Listado (Regulus ignicapilla)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Culebra de Herradura (Hemorrhois hippocrepis)

domingo, 16 de noviembre de 2014

ESCAPADA A SIERRA MADRONA, POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Tras varios días seguidos de lluvia, aprovechamos la calma de ayer Raimundo y yo para salir de campo. Fuimos hasta Sierra Madrona, atravesando la Sierra de Andújar. Más allá de los animales que pudimos ver, destacó la presencia del agua en el paisaje, que se precipitaba a través de los arroyos, o se acumulaba en charcos.
     Carretera arriba, hacia la sierra, me fijé en unas palomas torcaces posadas en un eucalipto, en los estorninos alineados en los tendidos eléctricos, y en los rabilargos que se movían por el entorno. En Las Viñas realizamos nuestra primera parada, corta, pero en la que nos dio tiempo a escuchar la continua y variada cascada de notas de los estorninos, acompañados del agudo canto de los petirrojos, como música de fondo, a la que de vez en cuando se le imponía los graves reclamos de algún cercano herrerillo o del pico picapinos que no acertamos a ver.
     Seguimos adelante, viendo algunas urracas por las cercanías de la carretera. La siguiente parada la hicimos al cruzar el Río Jándula para contemplar a un par de cercanas grajillas posadas en la desnuda rama de un chopo, la mayoría de los cuales están vestidos ahora de amarillo.
     Pocos ciervos y numerosos buitres fueron la razón principal de algunas de nuestras siguientes paradas. A veces resultaba difícil determinar la especie de buitre que estábamos viendo, pues aunque no volaban demasiado altos, lo hacían contra el gris oscuro de las nubes. Las siluetas nos ayudaban bastante a discernir los negros que se mezclaban con los cuantiosos leonados. Entre tanto podían escucharse a los arrendajos y al pito real, que habíamos visto cuando íbamos en marcha por la carretera, así como también rabilargos y algunos zorzales. Los bandos de pinzones también podían verse fácilmente al levantarlos a nuestro paso. Dediqué una pequeña parada a un petirrojo posado sobre la horquilla más alta de una rama seca. En otra parada nos acercamos a un arroyo, donde una rana se delató al saltar al agua. Más otra parada en la que nos dedicamos a recolectar unos cuantos madroños, tarea que mientras realizábamos, nos acompañaba con sus cantos el trepador azul, el herrerillo y los petirrojos que estaban por los aledaños.


Arroyo de la Sierra de Andújar

     Abundaban los buscadores de setas en Sierra Madrona. Podíamos ver sus coches aparcados junto a la carretera al pasar. El lugar que elegimos para campear fue el tramo alto del Río Jándula. Dirigiéndonos hacia allí, paralelos a las cumbres rocosas, podíamos ver altos a los buitres leonados sobrevolándolas. El primer sitio al que quisimos ir era la Hoz del Jándula, pero el abundante caudal de este río, al que le aunaba el del Robledillo, nos lo impidieron. Envidiamos al andarríos grande y a la garza real que podían desplazarse en vuelo sobre el río, y posarse allá donde les daba la gana. De lejos se oía al ruiseñor bastardo. Y llegamos a ver a una pequeña rana que prefería la tranquilidad de un pequeño charco, que los agitados caudales de los ríos próximos.

Hoces del Río Jándula

     El siguiente sitio al que fuimos, donde almorzamos y echamos casi el resto de la tarde, hasta que decidimos irnos, fue otra zona próxima al río. Unos pitidos cortos y de timbre agudo se repetían a un ritmo continuo sin variaciones. En mis pensamientos era incapaz de identificar al pájaro que producía semejante sonido. No podían ser los cuatro cormoranes que se movían por allí, y que paraban sobre unas piedras, aguas arriba, ni la garza que levantó el vuelo cuando nos vio aparecer. Tampoco eran los aviones roqueros, ni los lejanos buitres que con su vuelo cicleante coronaban la sierra. Dejé de prestarle atención, y entre tanto Raimundo localizó un grupo integrado por seis cabras en el roquedo de la otra orilla. Estuvimos siguiéndolas con la vista en su ascenso por la inclinada cornisa, hasta que se perdieron.

Cabras Monteses

     Apenas unos momentos después, por puro azar, dejé caer la mirada perdida sobre la corriente del río, sin estar buscando nada más allá del sosiego. Pero hay algo que irrumpe a la superficie desde el fondo oculto por las turbias aguas y me obliga a fijarme en ello. Un breve instante de desconcierto me sacude la mente, tratando de averiguar lo que es. Podría ser la cabeza de un pez, pero es una silueta más grande la que asoma en el río, avanzando aguas abajo, y que seguidamente desaparece bajo el líquido elemento. Justo en ese preciso instante, me atrevo a decirle a Raimundo que acabo de ver una nutria, aun cuando el margen de la duda, por la fugacidad del acontecimiento, estaba en mi cabeza.
     Deliberábamos los dos sin quitarle la vista al río. Cada segundo pasaba lentamente, y me hacía perder a pasos agigantados la esperanza de que volviera a emerger la señora del río. Pero lo hizo, dándome tiempo a señalársela a Raimundo. Ahora iba vadeando las aguas de tal manera que también podíamos apreciar la parte dorsal del alargado cuerpo del mustélido acuático. Y con los prismáticos, descubrimos que lleva un enorme pez atrapado entre sus fauces. Raimundo cae en la cuenta sobre la autoría en la nutria de esos repetitivos y silbantes sonidos que llevábamos oyendo desde hacía rato. Y efectivamente comprobamos que dejábamos de oírlos cada vez que se sumergía, y que nuevamente escuchábamos cada vez que asomaba la cabeza. Curso abajo se fue, hasta que la perdimos de vista y dejamos de oírla.
     Continuamos un rato más por las inmediaciones. Por aquel tramo del río se movían ahora un par de lavanderas cascadeñas. Los cormoranes estaban aguas arriba, y aguas abajo una garza real que de vez en cuando lanzaba al aire su graznido mientras volaba. Un mirlo, dando su voz de alarma, salió al descubierto desde unos sauces de la orilla. Y descubrimos un galápago sobre una piedra en medio del ya umbrío río por la caída de la luz. Pero la nutria era la protagonista del reciente recuerdo en nuestra memoria y en nuestro intercambio de impresiones.
     Los ciervos se volvieron más activos con la caída de la tarde, que vimos en mayor número al volver. Incluso paramos para ser testigos de una pelea entre machos. Aún luchan y aún berrean los señores del bosque en pleno Noviembre. Mientras los contemplábamos, un petirrojo que salió de un lentisco, se interpuso en mi campo visual. Pude ver otro más cuando íbamos circulando, y también una perdiz que se nos cruzó por la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

domingo, 30 de octubre de 2011

RECORRIDO: EL ENCINAREJO - LA LANCHA

     Temprano, en la mañana de ayer, quedamos Raimundo y yo para salir por la Sierra de Andújar. Nuestro punto de quedada, como viene siendo habitual, fue al comienzo de la carretera que sube a la sierra. Yo llegué un poco antes. La mañana, todavía oscura, era húmeda y fresca debido a la niebla. Equivocadamente temí que se podía estropear el día si persistían esas condiciones de visibilidad tan poco propicias para observar animales. Mientras esperaba a Raimundo pude ver algunos gorriones y unos bandos numerosos de estorninos que evolucionaban en formas indefinidas mientras se desplazaban. También pasó una garcilla bueyera.

     Cuando llegó Raimundo, acordamos subir al Encinarejo, y luego a La Lancha. Llevábamos como objetivo buscar al lince, pero no nos dedicamos a ello de forma intensa. A los pocos kilómetros la niebla se disipó y dio paso a un día luminoso. Al borde de la carretera asomó un zorzal común que pronto se volvió a ocultar en el arbusto del que salió al pasar con el coche. Más adelante vimos urracas y rabilargos. Antes de bajar al Jándula, nos percatamos que la niebla se hacinaba en el valle del río.

Perspectiva otoñal de la fresneda del Río Jándula,
envuelta en la niebla.

     Antes de llegar al mirador paramos por el gusto de admirar la belleza del río, de los fresnos, ya casi desnudos de hojas, envueltos por la bruma. Las primeras lluvias han caído muy tarde este otoño, pero han sido bien avenidas por la Naturaleza, que aguardaba con impaciencia despertar de su letargo estival. Los pastos, aunque todavía secos, ya han empezado a quedar aplastados en el suelo tras las lluvias, esperando ser regenerados por la nueva hierba verde, que ya ha empezado a brotar. Una multitud de pequeños pajarillos trinaban en el bosque, para los que el otoño supone una segunda primavera. Entre ellos se oía el del canto del escribano soteño y del ruiseñor bastardo. Al acercarnos al río sorprendimos a una garza real, que levantó el vuelo graznando, y sobre la raíz de un fresno, se posó un petirrojo.


Río Jándula

     Subimos al mirador, pero ni nos detuvimos, viendo que la niebla empezaba a subir, y estaba en ese momento concentrada a esa altura. Preferimos seguir hacia delante, bajar hacia el río, donde la niebla ya se había aclarado. Nada más parar sorprendimos a un chochín posado en un lugar bastante descubierto. Aunque no tardó mucho en cambiar de ubicación y ocultarse, pudimos verlo claramente el tiempo suficiente. Otra garza real pasó volando y graznado sobre el cauce del río, y más altos, pasaron tres escuadras de cormoranes río arriba. El martín pescador, previamente escuchado, también se dejó ver fugazmente, en sus rápidos vuelos batidos sobre el río. Otras aves que se mostraron fueron una abubilla, un pico picapinos, un picogordo, pinzones, mirlos, petirrojos y colirrojos. Algunas urracas, las cuales de vez en cuando cacareaban, atraían nuestra atención sobre ellas. Un cuantioso grupo de escandalosos rabilargos cruzaron el río de lado a lado. Los reclamos de la perdiz y los relinchos del pito real también se oían de vez en cuando, y todavía berreaba algún ciervo.

Telaraña con gotitas de agua condesadas
en sus hilos de seda, consecuencia de la bruma.

     Subimos al mirador, donde ya se había despejado la niebla, pero la luz era muy intensa y molesta para la vista. Además, los primeros domingueros ya habían llegado, y su enemistad con el silencio, nos estaban invitando a marcharnos. El rato que aquí estuvimos, continuamos oyendo algunos ciervos berrear, y acabamos viendo uno. También seguimos escuchando al pito real, hasta que uno cruzó cerca de nosotros, y algunos otros se movían entre los fresnos de en frente. Se escuchaba al mochuelo y al zorzal charlo, pero quien seguía centrando nuestra atención eran las urracas al cacarear. Delante de nosotros, un gran bando de torcaces levantó repentinamente el vuelo, y automáticamente provocó la reacción que barriéramos el lugar con los prismáticos y el telescopio buscando algún posible depredador terrestre que las hubiera asustado. Pero no encontramos nada, y después de que volvieran a repetir tal comportamiento nos dimos cuenta que solo cambiaban de sitio para comer, además por la misma zona, lo que aparentemente podía significar que no hubiera por allí ningún carnívoro que las acechara. Los maullidos de un ratonero también atrajeron nuestra atención, descubriendo un ejemplar que fue a posarse a un pino, de donde más tarde retornó hacia el lugar de donde vino, también maullando.

     Partimos hacia La Lancha buscando la tranquilidad que en el Encinarejo perdimos. Por la carretera seguimos viendo a los típicos córvidos de la sierra, y un pito real sobre un poste. Por la carretera de La Lancha pudimos ver algunas tarabillas, gorriones y perdices, pero lo que exigió que nos parásemos fueron dos individuos dameros de águila imperial volando en compañía de algunos buitres leonados. También conseguimos oír sus reclamos mientras planeaban en el aire. Nos parecía curioso que en todo el tramo que llevábamos no hubiésemos visto ningún ciervo, y de hecho, no vimos los primeros hasta poco antes de llegar a la primera “curva de La Lancha”. Y también, poco antes de llegar a esta “curva”, identificamos un buitre negro volando junto a algunos leonados.

Vareto

     En esta primera “curva”, donde paramos con la idea de buscar al lince, nos acabamos entreteniendo observando a las grandes rapaces de la zona. Al momento de llegar, centramos nuestra observación en buscar el origen de los cacareos de unas urracas cerro arriba. Una vez más se trataba de una falsa alarma. Pero siguiendo con nuestras prospecciones del terreno hacía arriba, descubrimos en el cielo buitres leonados, otra águila imperial, más tres buitres negros, uno de los cuales pasó planeando lentamente sobre nosotros. El siguiente rato se desarrolló sin demasiada actividad, y tan solo se descubrió un arrendajo.
     Cambiamos de sitio, de “curva”, y de paso por otras “curvas” aprovechamos para preguntar a otros naturalistas que allí se encontraban, si habían avistado al lince, a lo que nos respondieron negativamente. La poca atención que prestaban a sus telescopios al pasar, desde luego indicaban que no estaban viendo nada especial en ese momento. Nos alejamos bastante hasta llegar a una de las últimas “curvas”, donde nada más llegar vimos una cierva. Con el telescopio llegamos a ver algún ciervo más, pero parecía haber cesado la actividad de los animales. Al sol hacía calor, lo que favoreció que saliera de entre las rocas una lagartija colilarga. Allí aprovechamos para comer, a la sombra de las encinas, y tan solo oímos al herrerillo común y algunos reclamos de las currucas cabecinegra y rabilarga.
     Antes de regresar, volvimos a parar en la “curva” del principio. De nuevo las urracas parecían nerviosas con sus revuelos y cacareos, pero seguían sin chivar la presencia de ningún lince. Una bandada de palomas, emprendió el vuelo de algún lugar. En el interior de una grieta longitudinal de un poste descubrimos a un atareado pico picapinos, delatado por su constante picoteo.

Ciervo

     El camino de vuelta estuvo más animado que a la ida, con algunas paradas improvisadas, especialmente en el tramo antes de incorporarnos a la carretera general. Vimos bastantes más ciervos, e incluso un pequeño grupo de gamos. Se nos cruzó un pito real, y sobre una piedra descubrimos un mochuelo que nos dejó observarlo durante bastante rato. También volvimos a ver a buitres leonados, tarabillas, urracas y rabilargos. Ya por la carretera general, nuestros avistamientos se limitan a algunos estorninos y tórtolas turcas, pero conseguimos parar en un vado apartado de la carretera para observar a un gavilán cicleando a cielo descubierto.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicuros ochruros)
  • Tarabilla Común (Saxicola torcuatus rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curuca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)