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lunes, 20 de marzo de 2017

TALLER DE ANFIBIOS EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Ayer asistimos David y yo a un Taller de Anfibios de la Sierra de Andújar, cuya parte práctica se desarrolló en la finca de Lugar Nuevo. Coincidimos además con Leocadio Rueda, y con Merche y Roland. No fue demasiado relevante en cuanto a la cantidad de especies observadas, pero sí que resultaron interesantes de ver. Seguramente que no me percaté de todas las aves que había en el entorno.
     Tras la amena charla teórica, en el Cercado del Ciprés, en la que nos fueron presentadas las diferentes especies de anfibios, tanto en fase adulta como larvaria, que pueblan la Sierra de Andújar, salimos hacia Lugar Nuevo para iniciar su búsqueda. Tampoco fue demasiado larga la práctica, pues tan sólo invertimos media mañana, hasta pasado el medio día. Podían oírse los pinzones y los trigueros por las cercanías de donde habíamos dejado los coches. También se escuchaba al carbonero, que detectamos en una encina. Y cuando todavía no habíamos empezado ni siquiera a caminar, en el claro cielo azul contemplamos como un ratonero se dedicaba a tratar de expulsar a un águila imperial con sus picados.
    Íbamos prospectando las charcas y las pozas junto al camino en las que abundaban los negros renacuajos del sapo corredor. También encontramos con alguna que otra culebra viperina, quizás el más especializado depredador de larvas de anfibios en estas latitudes. Además de los renacuajos del sapo corredor, vimos también algunos de ranita meridional. Yo encontré un macho adulto de sapo corredor.

Sapo Corredor

    Llegamos hasta un acaudalado arroyo en el que esperábamos encontrar alguna larva de sapo partero, pero tan sólo vimos gran número de pequeñas e inmaduras culebras viperinas lanzarse al agua, además de alarmados mirlos que se alejaban a nuestro paso. El murmullo del agua no conseguía apagar el potente canto del chochín, escondido entre los tamujos.
     La sorpresa vino cuando en una zona en la que esperábamos encontrar algún renacuajo de sapillo pintojo, apareció uno de sapillo moteado. Es la primera vez que tengo consciencia de verlo, y gracias a la identificación del experto que nos acompañaba. Esto demuestra que la naturaleza es dinámica y cambiante, y que no se pueden establecer reglas fijas para definir el comportamiento territorial de los animales, ni asegurar nunca lo que se va a ver en el campo antes de salir y haberlo observado, por común que resulte. Un buen ejemplo de ello lo constituyen los ciervos y los buitres leonados, que pese a lo frecuentes que suelen ser en la Sierra de Andújar, no los vimos este día. Y otra observación que me llamó bastante la atención, fue volviendo hacia los coches, cuando vimos una pareja de chorlitejos chicos próximos al camino, en el verde prado de la dehesa en la que habíamos estado buscando batracios al principio. Se mostraron confiados, pues en lugar de levantar el vuelo, se alejaron a pie. Lo más probable que sean aves en paso, que estén provisionalmente allí antes de retomar su viaje.

(*) Fotografías: gentileza de David Torres.


Lista de Especies Observadas:

  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Chorlitejo Chico (Charadrius dubius)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Sapillo Moteado Ibérico (Pelodytes ibericus)
  • Sapo Corredor (Epidalia calamita)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)

domingo, 19 de febrero de 2017

SALIDA POR LA SIERRA DE CAZORLA

     A diferencia de la mayoría de las veces en las que Raimundo y yo hemos quedado para salir de campo, que lo hemos hecho en la Sierra de Andújar, ayer fuimos a la Sierra de Cazorla. Salimos desde Baeza, donde nos encontramos. Me apetecía bastante volver por allí, que ya llevaba tiempo sin ir, y aunque el cielo estaba encapotado por la nubosidad, sentía que iba a ser un buen día, que algo grande nos esperaba.
     Subiendo por la carretera de la sierra, nos salía al paso algún que otro pinzón, más un carbonero común que puede apreciar claramente posado en una rama de un arbusto deshojado. Un poco antes de llegar al Puerto de las Palomas, levantó el vuelo desde un árbol contiguo a la calzada, un falcónido que no pudimos identificar, pues el cielo gris sólo nos dejó ver la silueta negra del ave de puntiagudas alas y cola larga al paso, ya que nos fue imposible parar con seguridad. Desde el mirador del puerto, localizamos algunas cabras monteses, entre ellas un par de hembras con chivos.
     Prosiguiendo nuestro camino, vimos aves de mayor porte que el carbonero y los pinzones, tales como torcaces, cornejas y algún mirlo. Y además unos ciervos cerca de la carretera. También desde la carretera divisamos algunos buitres leonados cicleando en el cielo. Hicimos otra parada para mirar un arroyo que se precipitaba por un profundo tajo. El continuo murmullo del agua no consiguió apagar el canto del trepador azul ni del carbonero garrapinos, que logré distinguir en el breve periodo que allí estuvimos.
     Raimundo me descubrió un lugar donde no había estado antes, pero del que había oído hablar, las lagunas de Valdeazores y Aguas Negras. Al llegar al sitio donde aparcamos el coche, sin bajarnos, descubrimos al pico picapinos posado apoyado sobre el fino tronco de un joven pino resinero. Por la zona se escuchaba con facilidad a los piquituertos, del que divisamos unos pocos en la horquilla de un alto pino laricio, y los carboneros garrapinos, que no tardamos en ver al ponernos a caminar. Las graznantes voces de los arrendajos y las alarmas de los mirlos, también nos permitieron advertir sus movimientos entre el ramaje o en vuelo. Al chochín tan sólo pudimos oírlo, pero al mito, tras haber escuchado su agudo canto, conseguimos dar con él. El sonido de rocas sueltas desplomándose por una ladera nos permitió ver unos gamos machos.


Quebrantahuesos




































     Allí donde el valle por el que descendíamos, se abría un poco más, descubriendo el espacio aéreo, podíamos ver algún buitre. No dejaban de atraparme la atención los buitres. No sólo por su armonioso planeo entre los paredones rocosos, pues por suerte puedo decir que estoy acostumbrado a verlos, sino que buscaba algo entre ellos. ¡Y por fin más adelante lo encontré! El quebrantahuesos, que tras varias décadas desaparecido por fin vuelve a volar en libertad en estas vastas y abruptas sierras. Raimundo determinó que se trataba de un ejemplar subadulto, pero la importancia de su edad quedaba relativizada, con la emoción del momento de haber contemplado por primera vez al buitre barbudo en estado silvestre en la Sierra de Cazorla.

Laguna de Aguas Negras
     Llegamos a la Laguna de Aguas Negras, donde nadaba una focha, y se oía alguna otra entonando su reclamo entre las eneas de los bordes. Sobre Valdeazores volaban unos pocos buitres, de los que seguía sin apartar la mirada. Entre las rocas por las que corría el Río Borosa descubrimos a la llamativa lavandera cascadeña, y casi a la vez vimos a un zorro escabullirse entre la vegetación arbustiva. Paramos a comer por allí.
     Deshaciendo el camino recorrido, hacia el coche, volvimos a toparnos con algunas de las aves que ya habíamos visto, arrendajos, mirlos y carboneros garrapinos. Pero al llegar al coche se suma otro párido más a la lista, el herrerillo capuchino, delatado por su canto, desde un espino albar. Además, de las profundidades del pinar, llegaron a nuestros oídos las notas del pito real.
     De vuelta por la carretera, paramos a ver un pequeño grupo de gamos, a los que les apuntaba las cuernas en forma de varas, lejos de parecerse a las palas que exhibirán al final de su desarrollo. También vimos cornejas y torcaces. Y volvimos a parar para mirar un rato a una ardilla que desde el suelo se lanzó a trepar por el tronco de un pino. Culminamos la jornada con otro rato de espera y observación en el Puerto de las Palomas, donde además de las cabras, entre los que vimos un par de machos monteses lejanos, también oímos el ajeo de la perdiz y nos estuvieron entreteniendo con su repertorio de voces una pareja de cornejas.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Carbonero Garrapinos (Periparus ater)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Piquituerto (Loxia curvirostra)

lunes, 22 de febrero de 2016

PASEO POR EL ARROYO DEL GALLO

     Subimos a la sierra a primeras horas de la tarde hace un par de días David y yo a recorrer un tramo del Arroyo del Gallo hasta llegar al conocido Salto del Gallo, donde se precipita el agua desde más de 20 metros de altura por una pared de granito. Aunque el día fue soleado y algo cálido, afortunadamente las últimas lluvias han propiciado que se mantenga la corriente de agua. Veníamos de haber echado la mañana en La Ropera, buscando espárragos, y como íbamos con la furgoneta, nos quedamos a dormir por La Lancha.
     Las urracas y los estorninos volaban por las verdes praderas donde pastan las vacas, que vimos al pasar por el paraje de Los Cerrillos. Más adelante, donde el denso monte bajo de chaparros abarca el paisaje desde los márgenes de la carretera hasta casi donde llega la vista, aparecen los grupos de rabilargos en nuestro camino.
     Antes de empezar nuestra marcha, nos cargamos de energía con un delicioso cocido montañés que había traído David de su casa, y que calentamos en la cocina de la furgo. Un petirrojo moviéndose entre las ramas de un pequeño pino inaugura nuestra caminata poco antes de llegar al arroyo. Nos fijamos en los renacuajos de sapo partero que vimos en las primeras pozas. La escorrentía del agua apenas podía silenciar al chochín, que entonaba con fuerza su voz entre la vegetación circundante al arroyo. Frondosos pinares crecen en ambas laderas que definen el cauce, por donde avanzaban nuestros pasos, que albergaban agateadores, trepadores y verdecillos, delatados por sus cantos, así como pinzones y carboneros, que además de oírlos, podíamos ver alguno que otro deambulando entre los claros del bosque. En algunas áreas el pinar está siendo aclarado selectivamente, para permitir el desarrollo de las encinas. Una abubilla se internó en el pinar, que había emprendido el vuelo desde las inmediaciones del arroyo. De vez en cuando pasaba alguna paloma torcaz volando sobre las copas, y también se podían oír sus arrullos mezclarse con otros sonidos del bosque. Altos, divisamos dos ratoneros volando sobre nosotros. Al llegar al Sato del Gallo unos aviones roqueros sobrevolaban la zona, y se descubrió una pareja de mirlos, saliendo entre los labiérnagos. Allí nos quedamos un rato, contemplando un paisaje, que hasta donde la vista alcanzaba, no había ninguna intervención humana que perturbara su esencia natural. Antes de marcharnos, David pudo ver una rana saltar al agua de una poza.

Procesionaria del Pino
(Thaumetopoea pityocampa)
     Prosiguen los pájaros del bosque inundándolo con su repertorio melódico en nuestro paseo a la vuelta. Pero me llama la atención el chochín, que pasa del canto al reclamo, y David no tarda en descubrir al diminuto pájaro en una retama cercana. Nos permite el normalmente inquieto pajarillo observarlo a placer, sin cesar su reclamo mientras tanto. Por unos instantes se oyó a la chova piquirroja, que aunque debió pasar cerca, no logramos ver. Aunque la falsa primavera, adelantada por las suaves temperaturas invernales, ya ha hecho que desfilen precozmente por el suelo las columnas de procesionaria (Thaumetopoea pityocampa), todavía se pueden ver alguna oruga en los bolsones que tejen en la punta de las ramas de los pinos piñoneros.
     Bañándose con los últimos rayos de sol de la tarde, sobre el verde césped que le da su nombre con la que es conocida en lengua inglesa, descubrimos una culebra de collar, una de nuestras especies de serpientes más difíciles de observar. Y digo nuestra, con todas sus consecuencias, pues mientras me dedico a escribir estas líneas, dos días después de esta andanza aquí descrita, me llega la noticia que justo hoy ha sido catalogada como especie propia, separada de la del resto de Europa, al existir la barrera de la reproducción cruzada en áreas de simpatría en el sur de Francia, donde coexisten lo que hasta ahora eran meramente dos subespecies de Natrix natrix. Esta rara culebra de agua que carecía del típico collar negro alrededor del cuello que le da su nombre común en castellano, no dudo en poner en práctica todos sus recursos defensivos. Primero se quedó quieta, tratando de pasar inadvertida entre la hierba, hasta el punto que David la pasó por encima sin advertir su presencia. Después produjo una secreción olorosa maloliente, y a continuación se enroscó haciéndose la muerta, hasta que encontró un agujero bajo una pequeña piedra en el que se introdujo. Decidimos ya dejarla en paz, pues la habíamos estado contemplando durante el tiempo suficiente.


Culebra de Collar Ibérica


























     Cogimos la furgoneta y nos dirigimos a un prado no muy lejano. Íbamos a comprobar una charca temporal en la que encontramos múltiples puestas de sapo corredor. Y aunque no dudamos que aquellos cordones gelatinosos de huevos negros pertenecían al sapo corredor, lo verificamos, al encontrar algunos adultos por la zona aledaña. En nuestras prospecciones también encontramos un escorpión, miriápodos, babosas, una culebrilla ciega y una salamanquesa rosada. Pero lo que más abundaba en el césped del prado eran las peludas orugas de los prados (Ocnogyna baetica), un endemismo ibérico, a veces confundido con la procesionaria, que ni siquiera es urticante.

Sapos Corredores


Oruga de Ocnogyna baetica

























     Repetimos el paseo por el arroyo antes de anochecer. La umbría vaguada por la que baja el agua ya estaba sumida en la penumbra. Los pájaros que cantaban por la tarde estaban ahora callados, sustituidos de vez en cuando por mirlos y algún petirrojo que interrumpían el silencio. Pudimos ver a un par de gamos habían salido a pastar de la espesura del pinar al claro cercano al cauce del arroyo, sin que se percataran de nuestra presencia. Más adelante también pudimos ver un par de agateadores en una encina, avanzando tronco arriba. Tenía la esperanza de poder escuchar retumbar el eco de la voz del cárabo en aquellos bosques, pero no acompañó la suerte.
     Cuando volvimos a la furgoneta, nos fuimos hacia La Lancha. La idea era en esta ruta nocturna encontrarnos con animales cruzando el camino que pudiéramos observar. Nada nuevo bajo el sol, o mejor dicho, bajo la luna, casi llena. Tan solo se nos cruzaron un par de sapos corredores, un conejo y un ratón, más un par de ciervos que vimos junto al camino, en tan largo trayecto. Estacionamos nuestra "casa" con ruedas en una de las curvas de La Lancha, con vistas a las lomas serranas en las que campea el lince entre encinas y lentiscos, donde tras cenar una tortilla de huevos camperos con los espárragos que recolectamos por la mañana, nos quedamos a pasar la noche, y ver si el nuevo día nos depararía alguna sorpresa mañanera. El silencio imperante en la noche, envolvía el ambiente montaraz en una profunda soledad.


Lista de Especies de Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Culebrilla Ciega (Blanus cinereus)
  • Salamanquesa Rosada (Hemidactylus turcicus)
  • Culebra de Collar Mediterránea (Natrix astreptophora)
  • Sapo Partero Ibérico (Alytes cisternasii)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)

viernes, 14 de marzo de 2014

PRELUDIO DE PRIMAVERA EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Hace un par de días salí por la sierra con un cliente. La jornada no me aportó nada que no hubiera visto antes, pero mereció la pena en cuanto a la gran cantidad de aves que observamos. Y es que a las especies residentes y habituales de la zona, hay que añadirle la presencia de las invernales más rezagadas, que aún no han abandonado estos parajes, y la llegada de las primeras estivales, que anunciando la incipiente primavera, permanecerán hasta el verano o el otoño.
     Por el carril que recorríamos, dirigiéndonos al área de campeo, vimos algún que otro ciervo, y también unos conejos, los cuales nos hizo detenernos unos instantes para contemplarlos. Seguimos nuestro recorrido que nos llevó un lugar desde el que divisábamos un valle con bosque adehesado. Entre los claros se movían perdices, urracas y conejos, y de vez en cuando hacía aparición alguna paloma en vuelo. Desde algún rincón de la dehesa provenían los pitidos del pito real. Más cerca, a nuestro lado podíamos oír la curruca rabilarga entre las jaras y romeros, y también a unos verdecillos que también llegamos a ver. La vegetación se espesaba subiendo por las laderas de los montes que circundaban el valle, por lo que resultaba muy difícil encontrar algún animal por allí, pero en un pino que crecía en lo más alto de un lejano monte, veo algo con los prismáticos que parece ser la silueta de una gran rapaz. Cuando dirijo el telescopio al pino y miro, descubro que se trata de un águila imperial. Permaneció allí durante bastante tiempo, hasta que en un determinado momento, cuando quisimos volver a verla, se había ido. Pero no estaba en el cielo, porque probablemente se habría echado al otro lado del monte.
     Después de un tiempo proseguimos nuestra ruta bajando hacia el valle, viendo más de cerca los conejos, que se apresuraban a refugiarse bajo los lentiscos, las perdices que salían corriendo, y las más desconfiadas urracas que echaban a volar antes de que nos acercáramos. Marchábamos paralelos a un arroyo que sobrevolaban unas golondrinas, las primeras del año, y bajo un pinar en el que vimos algún carbonero entre las ramas, y pinzones que estaban en el suelo y levantaban el vuelo a nuestro paso. Al pasar por una explanada donde la vegetación no era muy densa podíamos ver pequeños grupos de rabilargos y palomas, el vuelo ondulante del pito real que se alejaba de árbol en árbol y la abubilla que picoteaba en el prado. En los aledaños de una casa y una nave había algunos gorriones, camino adelante vimos más pinzones y también estorninos que se movían sobre la alfombra verde de hierba que revestía el suelo.
     Llegamos cerca del río, donde en sus cercanías proliferan los conejos, y estuvimos allí un rato entre varios pájaros que primero localizamos de oído, y que con paciencia lográbamos descubrir a los autores de algunas de las melodías tales como carboneros, herrerillos y el petirrojo. Más difícil de descubrir, pero también más grato cuando lo conseguimos, fueron los chochines. Uno de ellos se movía entre grandes rocas, más que volando parecía saltar como si fuese un ratón, hasta desaparecer entre las fisuras de los granitos. Otro se movía entre las apretadas ramas de un espino albar y hasta acabar penetrando en una zarza. En cambio no llegamos a ver a los agateadores ni a la totovía que también cantaban por allí cerca, ni tampoco al trepador azul que piaba con fuerza al otro lado del río o las ranas que se las oía cerca del agua. Entre los alisos y fresnos del río vimos pasar un pico picapinos, que de alguna forma nos atrajo a acercarnos a la orilla. Los galápagos, que estaban activos a pesar de ser un día fresco y nublado, se lazaron al agua en cuanto nos asomamos a la orilla. Desde aquí vimos una garza real aguas arriba, posada también en la orilla. Y desde aguas arriba vinieron algunos cormoranes, siguiendo el cauce del río, y después pasó, también en la misma dirección, una cigüeña negra.
     Al volver por el mismo camino vimos al mirlo, y a los pinzones los acompañaba un bando mixto de algunos verdecillos y unos pocos jilgueros. Subíamos entre apretado monte hacia otro sitio donde probar suerte, paralelos a la vaguada de un arroyo. Al llegar a la olla que formaba el pequeño valle, rodeada por cerros en los que crecían encinas y quejigos, vimos un pequeño grupo de gamos. Escuchábamos procedentes de estas manchas boscosas pinzones y carboneros. Al rato vimos unos mitos, a los que previamente habíamos oído.
     Bajando por el camino, pero para ir a otro sitio se nos cruzó un mirlo y vimos una abubilla sobre la pista. En el prado de la explanada descubrimos fácilmente al moteado zorzal charlo, que caminaba entre lavanderas blancas. También vimos alguna perdiz, y urracas, así como al pito real. Los rabilargos aparecían en otra zona, mientras subíamos una cuesta que nos llevaría a un punto elevado desde donde observar la explanada. Una pareja de cuervos voló por encima de nosotros, a poca distancia.
     El sol empezaba a brillar tímidamente entre las nubes, y el día parecía despejarse, pero no duró demasiado. Pero sin embargo permitió que los buitres echaran a volar, y así, mientras nosotros bajábamos desde la elevación en la infructuosamente habíamos estado observando un rato, los buitres se precipitaban sobre algún lugar que no podíamos ver. Entonces conduje hasta el primer lugar desde el que estuvimos observando al inicio de la jornada, y desde allí divisamos que los buitres se habían concentrado en torno a unos huesos secos de un animal de los que no sacaron mucho provecho. No eran muchos, un negro y seis leonados, más algunos más que ya habían echado a volar.
    No nos quedamos a esperar a que los últimos buitres se fueran. Ya empezaba a atardecer. Desde allí emprendí un recorrido hacia otro punto elevado. Se trataba de un amplio canchal de granito entre cuyas grietas crecían chaparros, y circundado por pinares. Podíamos oír a la curruca rabilarga entre los chaparros que le daban cobertura para no ser descubierta. Los ciervos empezaban mostrarse otra vez activos al atardecer, pero más llamativo me resultó escuchar los alaridos del cárabo cuando todavía había bastante luminosidad y quedaba rato para que anocheciese. De hecho, sacándole partido a esas últimas horas de luz que le quedaban al día, empezamos a ver sobre nuestras cabezas, como una detrás de otra, pero guardando cierta distancia entre ellas, fueron pasando varias águilas culebreras.


Lista de especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Agateador Común (Certhia brachyodactyla)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

viernes, 21 de junio de 2013

LOS PECES DEL CURSO BAJO DEL RÍO JÁNDULA

     Ayer asistí a unas jornadas sobre Peces Continentales, impartidas en el Cercado del Ciprés, por Francisco Blanco, miembro de la Asociación de Educación Ambiental el Bosque Animado. Debido al calor del último día de la primavera, nos dedicamos por la mañana al taller práctico de identificación de especies en el tramo bajo del Río Jándula, correspondiente al área recreativa del Encinarejo, junto al embalse del mismo nombre, y el propio río, aguas abajo de la presa. Entre los asistentes estaban personal del Parque Natural de la Sierra de Andújar como José María Molina, Director del Parque, y Pedro García, Biólogo del Parque, y participantes a quienes conocía como Mª José Bueno, Merche Coco y Florent Prunier.

Aguas del Embalse del Encinarejo.
Los embalses constituyen una de las principales amenazas para la
Ictiofauna Ibérica. Por un lado las presas constituyen una barrera 
infranqueable en los desplazamientos de nuestras especies, 
que suelen ser reófilas (que ocupan corrientes); y por otro, sus aguas 
favorecen la proliferación de especies exóticas, mejor adaptadas 
a los ambientes lénticos (aguas quietas).

     Al llegar al puente que cruza el Río Jándula pudieron verse grajillas entre los chopos cercanos, y rabilargos merodeando por el área recreativa en busca de restos dejados por la gente con los que alimentarse. Recorriendo la pista, hasta los puntos escogidos para la pesca, se dejaban ver los pinzones, y algún que otro mirlo.


Barbo Gitano, distinguible de la Carpa por su corta aleta dorsal

Colmilleja (izquierda)

































     Para las capturas de los peces contamos con algunos asistentes que pertenecen a una asociación de pescadores, y emplearon sedal y nasas como métodos de pesca. Las capturas evidenciaron una triste realidad de la que prácticamente no se libra ningún río ibérico, y es que actualmente están poblados por más especies alóctonas que autóctonas. De las seis especies que se pescaron, dos tercios eran exóticas. Además, las poblaciones de algunas de estas especies foráneas, también son más numerosas que nuestras especies nativas, que estuvieron representadas por el barbo y tres pequeñas colmillejas.

Percas Soles.
El objeto de su introducción fue el incentivo de su pesca deportiva. El
impacto que ocasionan es por competencia por el espacio y el alimento,
así como su capacidad de ejercer cierta presión predadora sobre
algunas especies de peces autóctonas y sus puestas, provocando el
desplazamiento, la disminución e incluso la desaparición de estas.

Alburno.
Se introdujo para ser utilizada como cebo vivo para la pesca de otras
especies. Compite con otras especies por el espacio y el alimento,
llegando a desplazarlas. También es vector de parásitos, transmisibles
a otras especies.









































     La presencia de esas especies introducidas en nuestras aguas, las lleva a desarrollar un comportamiento invasor, que no solo perjudica la ictiofauna oriunda de las cuencas fluviales, si no también a especies de otros grupos. Estas especies fueron los alburnos, las carpas, las percas soles y la perca americana, más conocida como black bass o blablá. La razón por la que estas especies han llegado a nuestros ríos, responde a la demanda por la afición a la pesca, es decir, que proceden de sueltas deliberadas realizadas en distintos momentos. Todas las capturas fueron devueltas al agua, no sin que algunos de los asistentes nos cuestionáramos hasta que punto era correcto hacerlo con las invasoras.

Perca Americana, mejor conocida por black bass o bablá.
Poseé dos aletas dorsales que la hacen inconfundible. 

Detalle de la enorme boca del black bass, que lo convierte en un voraz
predador de las aguas continentales, que además de afectar a las
poblaciones de otros peces, también influye en las de los galápagos.
Fue introducido para la pesca, por su estimadada carne.

Carpa, diferenciable del Barbo por su larga aleta dorsal.
Parece ser que fue introducida en épocas antiguas por interés
gastronómico. La problemática de esta especie radica en que remueve
los fondos allí donde vive, aumentando la turbidez del agua y
empeorando su calidad, perjudicando a la vegetación acuática y
desplazando a otros peces. Además, puede portar
parásitos y enfermedades para otras especies de peces.

La Carpa puede presentar acusadas variaciones individuales. Por sus
grandes escamas, irregularmente distribuidas por el cuerpo, a la
variedad del ejemplar de arriba se la llama carpa "espejo".











































































     Aunque los peces sean quizás los habitantes más representativos del río, no son los únicos cuyas vidas transcurren ligadas a los cursos de agua. Los galápagos leprosos se lanzaban pronto al agua desde las piedras donde se soleaban en cuanto detectaban la presencia de alguien. O también insectos como las libélulas, cuyas ninfas necesitan el agua tanto como los peces. Florent pudo capturar un bello macho de vivo color rojo de Trithemis annulata, una especie de odonato que empezó a colonizar la Península Ibérica en tiempos recientes, llegada por sus propios medios desde el norte de África.

Macho de Trithemis annulata

     Las aves características de los sotos fluviales nos dejaban escuchar sus melodías, tales como el variado repertorio de notas del ruiseñor común o la aflautada voz de la oropéndola, a las que se les sumaba las estrofas del chochín, del ruiseñor bastardo, del mirlo o del escribano soteño. En el pinar contiguo al bosque de ribera, podían oírse a los pinzones, al herrerillo común y alguna vez también al pito real. En el eucaliptal del embalse, José María pudo coger una lagartija colilarga para quitarle una astilla que llevaba clavada.
     La parte teórica de estas jornadas fue también bastante amena y didáctica, pues aprendimos algunas claves básicas para distinguir rápidamente unas especies de otras que aparentemente son similares.

(*) Fotografías: gentileza de María José Bueno.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psamodrommus algirus)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Carpa (Cyprinus carpio)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Colmilleja (Cobitis paludica)
  • Perca Americana (Micropterus salmoides)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)