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miércoles, 14 de septiembre de 2016

RUTA AL IBÓN DE ANAYET

     Dedicamos la mañana completa del jueves 8 a hacer una ruta ascendente a pie de algo más de dos horas hasta el Ibón de Anayet. El punto de partida era la carretera que sube hasta la estación de esquí de Anayet, donde comienza el sendero propiamente dicho hasta llegar al ibón, a los pies del pico Anayet.
     Antes de empezar la marcha, ya era posible ver algunas aves por la zona, como un par de garzas reales, cornejas y cernícalos. Al poco tiempo de comenzar a andar, nos fue posible ver al águila culebrera a lo lejos, pero nos entretenían más las tarabillas norteñas, unos pardillos y algún que otro escribano cerillo, que por su cercanía, dedicábamos más tiempo tratando de observar. También había por allí algunas urracas y collalbas grises, a las que no hacíamos tanto caso.
     Llegando a la estación de esquí, pudimos ver algunas marmotas entre las rocas que encauzaban un riachuelo, donde en diferentes puntos sorprendimos al mirlo acuático. Por la misma estación pululaba una lavandera blanca. Y además de collalbas también revoloteaban entre las rocas de los alrededores del sendero los colirrojos tizones.

El Pico Anayet, con sus 2.574 m. y su cima cubierta por nubes, se alza sobre el ibón con el que compararte nombre

     Almorzamos a orillas del ibón, sentados en unas rocas mientras contemplábamos un cuantioso y compacto bando de aviones comunes revolotear sobre el agua, a la caza de mosquitos. Por los alrededores también se movían collalbas, una de las cuales nos llamó la atención por quedarse en varias ocasiones suspendida sobre el agua momentáneamente, como si de un cernícalo se tratara. En las aguas descubrimos una gran sanguijuela negra, que se desplazaba con movimientos ondulantes de su cuerpo por el líquido elemento. También planeaban los buitres leonados, cercanos a los altos roquedos. Pasó volando un quebrantahuesos, a no demasiada altura, siendo uno de los mejores avistamientos que tuvimos de este buitre barbudo. Y también pasó sobre el ibón, a baja altura, un halcón peregrino, que raudo, se dirigió hacia las paredes del antiguo circo glacial que contienen el lago.
     Después de un rato de sobremesa, recorrimos el perímetro del ibón, pudiendo observar a un par de mirlos acuáticos volar por sus bordes, y lanzarse al agua a la captura de algún insecto. En un extremo del ibón, por el que escurría el agua formando un arroyo, teníamos una sobrecogedora perspectiva de un valle glacial. Ningún indicio de lo que llamamos civilización había a nuestro alrededor, ni carreteras, ni edificios… ¡nada! Sólo nosotros y las montañas cuyas cumbres más altas escondían las plomizas nubes. Unas cornejas prospectaban entre la hierba, no muy lejos de las orillas del ibón.
     En el descenso, a la vuelta, vimos algún mirlo acuático más por el torrente que discurría paralelo a la senda que llevábamos. También los buitres se deslizaban por el aire, próximos a los riscos. Más abajo, en los canchales donde se acumulan las rocas sueltas que se desprenden por los efectos erosivos de los agentes meteorológicos, podían verse collalbas y colirrojos. Y entre el pasto que circunda el camino pasó una lagartija de turbera. Se trataba de un macho que pudimos ver con más calma al salir a un área abierta.

Lagartija de Turbera, macho

      Entre los derrubios de las rocas, amontonadas, encontraban las marmotas el lugar propicio donde construir sus vivares, a la vez que puntos elevados desde los que custodiar el territorio, constituyendo un refugio inexpugnable. A lo largo de esta senda podíamos observar más cerca que nunca a estos rollizos roedores, pudiendo fijarnos en las poderosas zarpas delanteras adaptadas a la excavación, y en las pequeñas orejas y en los ojos ubicados en la parte superior de la cabeza, muy cerca de la plana frente, reduciendo al máximo la parte de sus cabezas que exponen al asomarse a las bocas de su guaridas subterráneas a algún predador que acechara en las inmediaciones. Con frecuencia se yerguen apoyándose sobre sus extremidades posteriores cuando algo les llama la atención. David consiguió aproximarse bastante a uno de estos centinelas, pero sin pasarle inadvertido, pues antes de retirarse, le lanzo dos potentes silbidos, mientras todavía aguantaba en su posición.

Marmota

     Al llegar a la estación de esquí volvimos a ver al águila culebrera, o tal vez otra distinta a la que vimos por la mañana, a saber, pero al igual que los cernícalos que también prospectaban el área, nos demostró que poco tiene que envidiar a los pequeños halcones en cuanto a su habilidad para cernirse, a pesar de la considerable mayor talla que ostenta el águila encapuchada. Y también volvimos a ver por aquellos pastizales, antes de llegar adonde habíamos dejado el coche, a las collalbas, las tarabillas y las urracas.

(*) Fotografías: gentileza de David Gómez.
                                                                                                

Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Marmota Alpina (Marmota marmota)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Mirlo Acuático (Cinclus cinclus)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Norteña (Saxicola rubetra)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Cerillo (Emberiza citrinella)
  • Lagartija de Turbera (Zootoca vivipara)

domingo, 19 de junio de 2016

PASEO MATUTINO POR LOS ALREDEDORES DEL CASTILLO DE LA CALAHORRA

     Entre los días 4 y 17 de Junio he vuelto a participar en el Voluntariado organizado por Amigos de la Tierra y EcoCampus UAM en Sierra Nevada, donde de nuevo he coincido con Pedro, que como monitor ha conducido el grupo para desempeñar las actividades (principalmente señalización del tramo del GR 7 comprendido entre Ferreira y el Puerto de la Ragua), rutas, visitas y excursiones, y también me he reencontrado con Cris, compañera de Daimiel del año pasado, con quien no han faltado las risas y buenos ratos. El resto del grupo lo integraron Lorena, Loyola, Nátalia y Rosalia, a quienes he tenido oportunidad de conocer allí, y compartir una intensa vivencia durante esas casi dos semanas.
     Pero no todo en Sierra Nevada han sido montañas. En La Calahorra, pequeño pueblo del Marquesado del Zenete, donde hemos estado alojados, conocido por su castillo levantado sobre un cerro, dominando visualmente el paisaje aledaño, y en cuyo entorno se congrega un curioso elenco de aves pertenecientes al hábitat urbano, a los roquedos y a los páramos abiertos. Quizás no sean circunstancias que exclusivamente sucedan en La Calahorra, pero en cualquier caso me llamó la atención descubrirlo en un paseo en la primera mañana que allí desperté.

Castillo de La Calahorra

     Me levanté pronto, tal vez debido a que las emociones contenidas por poder estar allí, asistiendo otra vez en un nuevo voluntariado, no me dejaron conciliar un sueño profundo. Salí antes del desayuno, y con la idea de llegar al castillo, me adentré en el pueblo. Los aviones comunes estaban muy activos, volando en los alrededores del edificio del colegio que está frente al hotel. Sobre ellos también pasaban los vencejos comunes, que también vi por el pueblo, además de algunos gorriones comunes y estorninos negros. Pero la verdad es que tampoco les presté mucha atención. Fue subiendo las empedradas callejas de las faldas del castillo donde ya me entretuve un poco más en tratar de descubrir a los gorriones chillones, que se podían escuchar por las últimas casas antes de salir a terreno abierto. También allí escuche al colirrojo tizón, que fácilmente se dejó observar.
     Por los alrededores del castillo volaban los vencejos y los aviones roqueros, pero eran particularmente llamativas las chovas piquirrojas, por poder verse y oírse tan de cerca. Los muros del castillo también son utilizados por estorninos negros y los gorriones comunes y chillones, que se movían por el lugar. Mientras iba rodeando el castillo con mi paseo, también vi algunas cogujadas por la zona, y cuando bajaba para hacia el pueblo para encaminarme hacia el hotel descubrí a la collalba negra.
     No fue este el único paseo hasta el castillo, aunque sí en el que pude realizar el inventario más completo de aves. Muchas noches, después de cenar, nuestras caminatas nocturnas grupales culminaban en la colina sobre la que se alza el castillo, donde las estrellas y las constelaciones solían acaparar buena parte de nuestras conversaciones. También pudimos visitarlo un día por dentro. El castillo pues, se acabó convirtiendo en un importante referente de nuestro Voluntariado.


Lista de las Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)

miércoles, 4 de mayo de 2016

SENDERISMO EN CONTADERO-SELLADORES Y EN EL CENTENILLO

     Con la idea de hacer senderismo y de observar un poco el área nororiental de la Sierra de Andújar, Elena, Fran y yo, nos desplazamos hace un par de días hasta aquella zona, a la finca de Contadero-Selladores, donde hace unas semanas estuve de Voluntariado, y a la aldea minera de El Centenillo, lugares a los que tenemos menos oportunidad de acudir con frecuencia.

Bosque Mediterráneo, autóctono y bien conservado, cubriendo los montes de Contadero-Selladores

     La Naturaleza en su apogeo primaveral, impregnaba de vida los lugares por los que pasamos, en los que estuvimos. Saliendo de Andújar era fácil ver estorninos y tórtolas turcas en los tendidos eléctricos que se elevan sobre los campos de cultivo aledaños al pueblo. Al pasar por la zona donde comienza el monte aparecían las urracas. Pero no es hasta donde empezamos a circular por la estrecha y bacheada carretera que nos conduciría hasta Contadero-Selladores donde se amplían nuestras observaciones de aves, y donde tenemos oportunidad de pararnos con más detenimiento a tratar de verlas con calma. Urracas, rabilargos y palomas torcaces se suceden con regularidad a lo largo del camino, intercaladas con algunas abubillas mirlos y pinzones.
     Cuando nos parábamos a ver algo, solíamos descubrir otras cosas, con lo que se alargaban nuestras detenciones. Así nos pasó donde paramos a contemplar los abejarucos, que también vimos a la abubilla, detectamos a los trigueros por su canto, posados en las alambradas, mientras se paseaban las golondrinas sobre los floridos mantos de hierba que cubrían el campo. Otras paradas más breves, y específicas, se las dedicamos a los alcaudones, tanto comunes como a un real, y a los aláudidos más montaraces, las cogujadas montesinas y a las totovías, a los cuales también escuchamos. Pararnos para ver una liebre que cruzó la pista con bastante tranquilidad para lo apresuradas que suelen ser, nos permitió ver también unas perdices. Apenas pudimos ver unos instantes, en sus huidizos vuelos al pito real, el zorzal charlo y un críalo, alejándose del camino a nuestro paso. En una zona de pastizal más abierto podían verse con facilidad las tórtolas turcas, estorninos, gorriones y trigueros, pero aquí nos detuvimos a mirar a unas lavanderas boyeras, machos de subespecie alemana que se encuentran en paso. Detenernos más adelante para mirar con los prismáticos a unos buitres de altos vuelos, nos dio la oportunidad de ver elevarse una nutrida columna de chovas piquirrojas, volando en espiral en una corriente térmica. También se dejó ver algún que otro ciervo, y paramos en la carretera para ver a un lagarto que soleaba en el asfalto.
     Paramos un rato también en el Mirador de los Pastores, desde donde vimos pasar volando vencejos, aviones y palomas sobre las dehesas de los alrededores. Después iniciamos el Sendero de los Cuatro Términos porque culmina en un punto donde se juntan los términos municipales de Andújar, Villanueva de la Reina, Baños de la Encina y El Hoyo. Jara pringosa, enebros de la miera, labiérnagos y madroños constituyen el sotobosque que circunda este sendero, del que despuntan encinas y alcornoques, y bajo cuya sombra brotan las peonías. Nos vimos envueltos en la esencia misma del Monte Mediterráneo. Carboneros, pinzones y arrendajos aportaban sonido al bosque, a los cuales llegamos a ver.

Las dehesas, vistas desde el Mirador de los Pastores

     Almorzamos en el Área Recreativa de La Aliseda, por donde pasó un águila calzada sobre el dosel del pinar. Podía oírse el canto de la tórtola común, y también se movió por allí algún que otro arrendajo. Después nos dirigimos hacia la aldea de El Centenillo, donde completamos nuestros recorridos senderistas con dos cortos itinerarios. En ambos contemplamos restos del patrimonio minero de la zona. Primero hicimos el Sendero circular de Pozo Nuevo, con espectaculares vistas a las lomas del este, nexo de unión entre la Sierra de Andújar y Despeñaperros. Se oyeron pinzones y algún carbonero durante el recorrido.

Sierras orientales, a caballo entre Andújar y Despeñaperros

     Al pasar por el poblado de El Centenillo, para dirigirnos al inicio del Sendero del Cerrillo del Plomo pudimos ver gorriones y estorninos, pero nos fijamos en una lavandera boyera que se movía por sus aledaños. Al mirarla detenidamente, nos dimos cuenta que se trataba de un macho de la raza italiana, que exhibía el casco de la cabeza gris oscuro.
     El Sendero del Cerrillo del Plomo es lineal, bajando por lo más profundo en un valle, entre pinares, hasta llegar al cerro propiamente dicho, donde escuchamos al agateador y al pico picapinos. Al pájaro carpintero lo acabamos viendo cuando levantó el vuelo. De vuelta, cuando íbamos subiendo se nos cruzó una joven lagartija colilarga y vimos a una pareja de chovas, que habían llamado nuestra atención con sus voces. De los pinares circundantes a la senda también las ásperos sonidos del arrendajo.

Anochecer en la Sierra de Andújar

     En el camino de vuelta, al atardecer, se multiplicaron el número de ciervos que vimos, alguno hasta en la misma pista. Pero al poco de haber iniciado el camino nos detuvimos a contemplar el vuelo de tres águilas calzadas. Durante la marcha levantamos a nuestro paso, pinzones y totovías, así como algún mirlo que se cruzó en el camino. Además se atravesó la carretera un apresurado zorro, y al pararnos para tratar de verlo, descubrimos la silueta de una rapaz posada junto a una alberca. Cuando levantó el vuelo comprobamos que se trataba de un ratonero, Pero se siguieron sucediendo cosas, y en la alberca deparamos que nadaban una pareja de patos. Cuando salieron a tierra, y dejó de darles directamente la luz del sol, aseguramos que se trataba de azulones. Otra parada se la dedicamos a un águila culebrera que estaba posada en lo alto de una torreta metálica del tendido eléctrico. Nos paramos un rato en el Mirador de los Alarcones, a comisquear algo, mientras contemplábamos con las últimas luces el Embalse del Rumblar. En el entorno, había trigueros, estorninos, gorriones y tórtolas turcas. Al caer la oscuridad, solo vimos algunos ciervos más, de los que estaban junto a la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Elena Pulido.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Europea (Streptopela turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopela decaocto)
  • Críalo Europeo (Clamator glandarius)
  • Abejaruco Común (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Boyera Alemana (Motacilla flava flava)
  • Lavandera Boyera Italiana (Motacilla flava cinereocapilla)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Lagarto Ocelado (Timon lepidus lepidus)

jueves, 18 de junio de 2015

UNA VISITA GUIADA HASTA LA LANCHA

     Bastante más tarde de lo que es aconsejable, pasado el medio día, iniciamos Fran, Hada y yo una jornada campera hace un par de días. Y más importante aún es salir pronto, sobre todo si se quiere observar animales, en los últimos días de una primavera que agoniza abrasada por un precoz verano, en los que la tónica habitual es el fuerte calor. Pero nuestra intención solo  era dar un paseo por la sierra, lejos de dedicarnos, pretenciosamente, a tratar de observar nada en concreto. Por suerte para nosotros, justo hasta el día anterior, había llovido, y también refrescado bastante durante la semana, por lo que disfrutamos de unas temperaturas suaves, y hasta se podía soportar estar al sol un rato.
     Hada, que vino de visita a Andújar, fue quien me propuso acompañarlos, y Fran a quien se le ocurrió que fuésemos hasta el Embalse del Jándula. A pesar de la demora con la que salimos, y que yo no iba demasiado atento al entorno, sino más bien integrado en las conversaciones con mis amigos, resultó la jornada más fructífera de lo que esperaba, deparándonos alguna grata sorpresa.
     Hasta llegar a las Viñas, no me percaté de la presencia de ningún ave, que seguro que la hubo, a lo largo del trayecto. Fueron unos rabilargos que cruzaron la carretera. Más adelante un abejaruco posado en un poste, y a continuación nos detuvimos un momento para observar un mochuelo posado en un cable del tendido eléctrico, a pleno sol, totalmente expuesto. Prestaba más atención a un grupo de urracas que a nosotros, de hecho, cambio de posición, posándose sobre el mismo tendido, pero más cerca del coche desde cuyo interior lo observábamos. Las urracas seguían apareciendo en el entorno cuando reanudamos el camino.
     Aunque lo difícil sería no ver ciervos en la Sierra de Andújar, si se tiene un mínimo interés en la fauna, lo menos es dedicarle un vistazo cuando te encuentras con los primeros, y así lo hicimos nosotros. Era una hembra acompañada por la cría del año anterior, y su moteado cervatillo de este año. La simpatía que despiertan las crías del resto de mamíferos en los seres humanos hizo que nos fijásemos más en su belleza salpicada de manchas blancas sobre una brillante librea rojiza, que en las pardas ciervas adultas. No muy lejos de los ciervos, estaba sus próximos parientes los gamos, un grupo de paletos machos que exhibían ya una cornamenta plenamente desarrollada, pero todavía cubierta por el terciopelo. Así pudimos ver las claras diferencias que distinguen fácilmente a ambas especies de cérvidos.
     La tormenta del día anterior debió ser bastante fuerte, pues en algunos tramos de carretera encontramos coladas de barro cubriendo el asfalto. Pero también dejó agua acumulada en las pozas de los arroyos, que aliviará la sed de plantas y animales, aunque solo dure unos días.
     Las tórtolas turcas preferían dejarse ver volando bajo las copas de las encinas, que posadas sobre ellas o sobre algún poste, como también lo hacían urracas y rabilargos. Volvimos encontrarnos con otra área compartida por ciervos y gamos. En esta ocasión fue un pequeño gamo, que con la gracilidad de sus trotes y saltos atrajo nuestra atención. Alguna que otra perdiz que vimos en algún momento de nuestro recorrido, seguida por sus pollos, trepaba ladera arriba, o se movía en zigzag entre las rocas y los lentiscos.
     Pero como de lo que se trataba es de hacerle a Hada una visita guiada, en la que pudiera hacerse una idea de las cosas más pintorescas de nuestro entorno, Fran hizo una parada en las tumbas esculpidas en granito que hay junto al camino. 
Descubrimos aquí, a pesar de su mimetismo, un insecto palo, al que estuvimos mirando con curiosidad.
     En las primeras “curvas de La Lancha” nos detuvimos un rato para ver un alcaudón real posado en un poste, hasta que se fue de allí. Hicimos una parada en las últimas curvas, para probar suerte. Pero tan solo vimos pequeños y dispersos grupos de ciervos sesteando a la sombra de las encinas. De vez en cuando miraba a un cielo, en el que alternaban nubes y claros, tratando de descubrir el vuelo de alguna rapaz. Y en una de estas ocasiones pasó un buitre negro a baja altura, deslizándose por el aire sin aparente esfuerzo.
     La siguiente parada fue en el Mirador del Embalse del Jándula, desde donde además de contemplar las aguas estancadas del pantano, y el paisaje que las contiene, se podía ver el infatigable vuelo de los vencejos y las golondrinas. También pude escuchar las notas del agateador y del pico picapinos, pero sin llegar a verlos.
     Bajando hacia la presa, improvisamos una parada para tratar de identificar un pequeño pájaro que al final no se dejó ver. En cambio no fue necesario parar para asegurarnos que eran perdices unas aves que se dejaron caer en vuelo desde el camino, ladera abajo. Ya íbamos buscando un lugar donde almorzar. Pensé en un pequeño rellano, junto a la orilla del embalse, pero al llegar daba el sol, y además el pasto seco no invitaba a sentarnos en el suelo. Pero desplazarnos hasta aquí nos permitió ver un arrendajo, que también nos dejó escuchar su áspera voz.
     Optamos finalmente por comer en la presa, a la sombra de la bóveda bajo la cual cría una colonia de aviones comunes. Antes de empezar a comer nos asomamos al otro lado de la presa, donde descubrimos un par de hembras de cabra montés, acompañadas por sendos chivos, al fondo del precipicio, a la orilla del río, donde nadaban plácidamente un par de ánades reales. Mientras comíamos, además de ver y entrar salir constantemente a los aviones para cebar a su prole, de escuchar sus continuos reclamos, también se vieron los gorriones comunes por el entorno de la presa. Después de comer nos volvimos a asomar a la presa, y nos dejamos maravillar por el vuelo de los aviones, que pasaban a nuestra altura, o por debajo. La mayoría comunes, pero también algún roquero, lo que nos permitía ver sus patentes diferencias. Ya no vimos las cabras, pero fijándome en los patos, que vestían el discreto plumaje de eclipse, me di cuenta que había cuatro más.
     En las siguientes horas, nos dedicamos a dar un paseo calmadamente, para bajar la comida. En torno a la boca del túnel que hay junto la presa revoloteaban los aviones roqueros, mientras que la hembra del roquero solitario permanecía posada sobre un muro de piedra. Hacia la salida al otro lado del túnel se agolpaban los opiliones en las paredes.
     Decidimos bajar al canal de desembalse previsto para cuando el pantano acumula más agua de la que puede contener. Atravesamos otro túnel que aprovechaban los aviones para construir sus nidos en el techo. En los charcos que había entre las grietas del lecho rocoso que forma el suelo viven las ranas, que no dudaban en refugiarse en sus aguas al acercarnos. Al salir sorprendimos a una lagartija colilarga.
    Nos sentamos al borde del acantilado granítico, donde estuvimos un buen rato, viendo el continuo trasiego de los aviones. Dos cabras, probablemente las de antes, caminaban por el fondo, junto al río, donde en la otra orilla sobre la lisa superficie de los granitos se soleaban un par de galápagos. Se oía el croar de las ranas. La oropéndola intercambiaba su aflautado canto con las ásperas notas de su reclamo, y vimos un par de machos persiguiéndose entre los eucaliptos del río. Se escuchaba también la melodía del roquero solitario, y acabamos viendo al macho sobre la repisa del muro en la que estuvo posada la hembra antes. Un mirlo se movía entre las adelfas y otros arbustos que crecían en la pared rocosa, y un arrendajo pasó volando alto hacia el lado del pantano. Después seguimos caminando por el desaguadero, viendo las ranas saltar a los charcos formados por la lluvia.
     Al regresar por el túnel de la presa, pudimos oír con mucha claridad los agudos chillidos de los murciélagos. Tomamos el camino de vuelta, pero teníamos previsto hacer más paradas. Nos detuvimos para recorrer a pie un corto camino. En un trecho en el que había barro se concentraban las abejas para tomar agua. De nuevo pude oír al pico picapinos, pero al igual que la vez anterior tampoco conseguí verlo. Pero sí vimos otra lagartija colilarga volviendo hacia el coche, más un pájaro que no me dio tiempo a identificar.

Pollos de Golondrina Común en el nido

     La siguiente parada fue para andorrear entre las ruinas del viejo poblado de La Lancha. En la primera de las casas a las que entramos vimos una salamanquesa en el techo. En el resto destacaba la presencia de los nidos de golondrina, sobre todo comunes, y algunos de ellos estaban ocupados con pollos. Los adultos iban y venían, entraban y salían. También vimos alguna que otra golondrina dáurica volando por el entorno del poblado, como también lo hacían las palomas torcaces entre los altos eucaliptos, bajo alguno de los cuales podía oírse el zumbido de las abejas. Y muy altas pasaron una pareja de chovas, a las que primero oímos graznar.

     Antes de llegar de nuevo a las famosas curvas, utilizadas como oteaderos para la observación por los naturalistas, paramos para mirar tres córvidos apostados en lo alto de unas rocas, que no puedo asegurar que fueran grajillas. Pararnos a mirar a las negras aves, me llevó a descubrir bajo ellas a un muflón macho que asomaba la cabeza entre las piedras, dotado de grandes cuernos, pero sin que le viéramos el cuerpo.
     Paramos un rato en otra “curva” diferente de donde estuvimos a la ida. Con la caída de la tarde, pudimos ver más ciervos, que ya empezaban a moverse. Pero yo seguía mirando al cielo, ya prácticamente despejado, extrañado por la ausencia de buitres, o alguna otra rapaz. Así mismo también estuvimos echando en falta los conejos. El pito real cantó desde alguna parte del inmenso paisaje que se abría a nuestros ojos. Un paisaje adehesado con pastos agostados y raquíticas encinas que lejanamente, contemplado bajo las luces anaranjadas del atardecer, nos recordaba a las sabanas africanas. También se oían los rabilargos, pero no las urracas. Pude ver un arrendajo en uno de los momentos que rodeé la mirada hacia el monte que se elevaba a nuestras espaldas. También vi un mamífero que no pude identificar, pero que por su silueta y su apresurada forma de moverse me recordó a un tejón, que antes que me diese tiempo a llevarme los prismáticos a los ojos, ya se había ocultado entre los lentiscos de la vaguada.
     Cogimos el coche ya con la idea de volver a Andújar, aunque íbamos despacio, casi parando a ver algún ciervo o gamo que nos llamase la atención. Y entre las muchas urracas, una cabalgaba a lomos de un ciervo usándolo como atalaya móvil para capturar los insectos  que espantara el ciervo a su paso, mientras pacía. El posible beneficio que el ciervo sacaría de portar una urraca sería una huída a tiempo en caso de que córvido se alertara. Un pito real, que voló desde un poste de madera al encinar. Los mirlos comenzaban su actividad crepuscular. Y por fin vemos conejos, aunque solo fueron cuatro. Y tras ver al cuarto, pude ver a una abubilla posarse sobre una piedra, y desplegando su cresta.
     Pues como digo, no teníamos prevista ninguna parada más, pero vi un pequeño animal que brincaba sobre el pasto, en la penumbra, que atrajo mi atención como un imán. Esos aires gatunos que gastaba al moverse me dispararon todas las alarmas en una fracción de segundo, y a grito de ¡lince!, aún sin estar seguro completamente, hice parar el coche. Ya no tardamos en confirmar que estábamos viendo un precioso cachorro de lince ibérico, cubierto por esa especie de borra que le da un aspecto rechoncho tan diferente del apretado y moteado pelaje que estiliza el aspecto de los adultos. Pero, ¿solo? Nuestra pregunta tampoco tardó en responderse, pues pronto localicé a la madre, prácticamente invisible, tumbada en el pasto. La ligera inclinación del terreno, la hierba seca y la tenue luz, nos dificultaban verlos con claridad a pesar de estar a menos de 50 metros. Pero los saltos y las carreras del cachorro nos brindaron un espectáculo inolvidable.
     Al rato, cuando llegó otro coche que se paró poco más adelante de nosotros, se levantó la madre, y se marchó monte arriba, seguida por la cría que iba trotando con enérgicos saltos que contrastaban con el pausado andar su progenitora, perdiéndose enseguida de vista, bajo las copas de las encinas. A pesar de la escasa inclinación del terreno, apenas había fondo. Después de ese rato de emoción contenida, nos quedamos allí mismo para liberarla, hablando de lo sucedido, sin deparar en que había un tercer lince adulto, que solo vimos cuando asomó media cabeza por encima del pasto, enseñándonos sus puntiagudas orejas rematadas en los pinceles. Pero después de un tiempo, también acabó largándose por donde se lo hicieron la madre y el cachorro. Es posible que pudiera tratarse de una cría del año pasado.

     En ese intermedio que hubo entre la observación de la madre y la cría con la del tercer lince, deparé en una tórtola turca posada en un poste, una hembra de pinzón sobre el camino, y un alcaudón, probablemente el común, parado en la alambrada, que enfrascado en la tertulia, no aseguré su identificación. Y volviendo a aquel símil, quizás no muy acertado, sobre dehesas ibéricas y sabanas, las encinas serían como las acacias, los ciervos jugarían el papel de los antílopes, y el lince se asemejaría al leopardo en nuestras “sabanas mediterráneas”.
     Para Hada y Fran fueron sus primeros linces, nada más y nada menos que ¡un triple bimbo lincero! Para mí, un avistamiento igualmente emocionante, fue la primera vez que veo linces en un mes de Junio. También la primera vez que veo tres juntos. Y además la primera vez que consigo ver un cachorro de la última fiera mediterránea, que representa una esperanza de supervivencia para la especie de felino más amenazada del mundo.
     En el coche seguimos hablando del extraordinario acontecimiento que acabábamos de vivir. No obstante eso no me impedía reconocer la hermosa silueta de los ciervos contra el cielo del anochecer, o distinguir aún a otro pito real que salió volando desde otro poste donde estaba posado, o escuchar los maullidos de los mochuelos a través de la ventanilla. Más adelante pude ver un mochuelo levantar el vuelo desde una piedra, y casi inmediatamente, nos detuvimos a ver a uno que salió volando desde la carretera para posarse sobre un chaparro, desde el que se cambio a un poste de la valla del camino, situándose con este movimiento aún más cerca. Y mientras se dejó ver este último mochuelo, pude llegar a escuchar al chotacabras pardo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

domingo, 15 de junio de 2014

UNA TARDE PASEANDO POR LA ROPERA

     Después de bastante tiempo sin ir, ayer David y yo salimos a dar un paseo por la zona de La Ropera a últimas horas de la tarde. Y como otras veces que hemos elegido aquel sitio por su proximidad a Andújar, para echar un rato de campo y poder observar fauna, no nos decepcionó. Las tórtolas turcas y algún que otro gorrión adornaban los cables de los tendidos eléctricos sobre los que se hallaban posados por la carretera. Sobre las aguas abiertas del ancho tramo final del Río Jándula nadaban algunos ánades reales, mientras los rabilargos revoloteaban entre los olivos y los árboles de la ribera.
     Aparcamos en las inmediaciones del puente. La humedad del río y el calor reinante a pesar de las horas crepusculares, propiciaban que estuviésemos envueltos en un cierto bochorno. Desde el puente, veíamos los desconfiados patos que se habían alejado aguas abajo. También descubrimos una garza real que entre los sauces, asomaba sobre el cauce. De las verdes eneas que proliferaban a ambas orillas del río junto al puente, emanaban las ásperas notas del carricero común. Una brizna de enea que se agitaba a un ritmo diferente a las demás, era movida por una gran carpa que nadaba por las someras aguas de donde brotaba.
      Cruzamos el puente y echamos a andar paralelos a la orilla, aguas abajo, entre bosque de ribera y olivar. Entre los muchos vencejos que con su incesante griterío volaban sobre el río, los acompañaban algunos abejarucos. En los claros donde el bosque en galería se abría, aprovechábamos para mirar hacia el río, pero en cuanto nos deteníamos, las garzas y los ánades reales que tratábamos de observar echaban a volar sin darnos muchas más opciones. Y también por este lado del río había rabilargos
     Nos resultó llamativo el gran número de pollos volantones de golondrina común que se concentraban sobre un sauce, mientras otras tantas pasaban sobre el río. Del interior del bosque de aquella orilla procedían también los arrullos de la tórtola común, y la voz aflautada de la oropéndola. Un tronco encallado en el lecho del río y que emergía sobre la corriente, servía de islote a unos galápagos que se soleaban con los últimos rayos de la tarde. Y mientras esto sucedía, un pollo volantón se posó en el tallo de una planta de la orilla por la que caminábamos, muy cerca de nosotros. Pero no era una golondrina, si no algo que acaparó nuestra atención con especial interés. Habíamos tenido junto a nosotros un pájaro moscón.
     Poco más adelante terminó nuestro paseo, pero no retomamos la vuelta inmediatamente, si no que esperamos un rato. Íbamos tranquilamente, y delante nuestra alzaron el vuelo un par de abubillas. Al pasar por el lugar donde habíamos visto al moscón, escuchamos al martín pescador, que David que llegó a ver. Los galápagos permanecían apurando su baño de sol sobre el tronco. Bajo las aguas se intuía la difusa silueta de grandes carpas que a veces nadaban a ras de la superficie del agua turbia, dibujando onduladas  estelas, que a veces asomaban sus aletas dorsales. Sobre el olivar cercano volaban algunos estorninos, y más lejos también lo hacía un bando de estos negros pájaros sobre la chopera del otro lado del río.
     Esta vez no conseguimos ver ninguna garza, pero si patos. A los vencejos y a las golondrinas comunes que se dedicaban afanosamente a prospectar el río a la caza de mosquitos y otros insectos alados, se sumaban ahora al elenco aviones comunes y golondrinas dáuricas. Quizás también estaban allí al principio, cuando veníamos, pero entonces no me percaté de su presencia. Entre el sotobosque de sauces, los rabilargos formaban una algarabía, quizás en conflictos entre ellos mismos, o tal vez fuera otra cosa lo que los inquietara, pero que nunca llegamos a descubrir. En las sombras del camino se descubre un mirlo que acto seguido vuelve a refugiarse entre la segura espesura de la vegetación.
     Acercándonos al puente, entre el canto del carricero también se oyó la estrofa musical del ruiseñor bastardo. Y al llegar al puente, antes de cruzarlo, observamos un pájaro que se movía nerviosamente entre el suelo y los tallos secos del pasto. Estaba comiendo hormigas en aquel sitio, por lo que pudimos observarlo con todo detenimiento, durante un rato, hasta que se decidió a volar hasta el interior de la copa de un chaparro. Se trataba de una curruca que puso el broche de oro y el cierre a nuestras observaciones de la tarde, la mirlona.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Pájaro Moscón (Remiz pendulinus)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

viernes, 18 de marzo de 2011

UNA VUELTA POR LA ROPERA

     En la tarde de hace un par de días, David y yo estuvimos moviéndonos por la desembocadura del Río Jándula en el Guadalquivir. Nuestro paseo, aunque corto, pues solo duró algo más de dos horas, no por ello dejó de ser intenso y tuvimos unos increíbles avistamientos.
     Nada más llegar, y sin habernos apeado todavía del coche, ya podíamos observar a la curruca capirotada moviéndose inquieta entre los sauces del río, aún desnudos, solo con algunas yemas y hojas que empiezan tímidamente a asomar e indican el despertar de la primavera. Cuando bajamos, una explosión de sonidos bombardeaba nuestros oídos. Entre ellos verdecillos y pardillos, y además de los siempre presentes rabilargos y gallinetas, ya delataban su presencia mediante su canto el cuco y el críalo. Una pareja de esta última especie pudimos ver nada más empezar a andar por un camino. Otra ave que también se mostró emparejada fue la abubilla, a la que vimos según avanzábamos. Un andarríos chico y unas pocas cigüeñuelas se encontraban en la pequeña laguna de las inmediaciones del carril donde habíamos aparcado.
     El camino, todavía embarrado, discurre paralelo al río, delimitado por la maleza ribereña compuesta por sauces y zarzas, entre las cuales se movía un pequeño bando de mitos. Nos dirigíamos a otra pequeña laguna que se forma en un meandro del río. A nuestro paso descubrimos que al sedentario ruiseñor bastardo, se le sumaba el recién llegado ruiseñor común, ambos habitantes de estos medios y a los cuales escuchamos. Entre los claros del sotobosque descubríamos garzas reales, garcetas comunes y gallinetas en los carrizales de las inaccesibles orillas del río.
     Pero en uno de estos claros pudimos contemplar algo que llamó nuestra atención, que provocó nuestra expectación. Se trataba de un bando de 17 flamencos, al que estuvimos observando atónitos, gratamente sorprendidos, y con cautela para no asustarlos. Esto es una muestra de las enormes posibilidades de este humedal y de la increíble riqueza faunística que potencialmente es capaz de albergar. Continuamos nuestra marcha, ligeros para no espantarlos, y pasamos a su lado consiguiendo que no levantaran el vuelo. David, que fue el primero en verlos, lamentó no llevar la cámara de fotos.
     Llegamos hasta la pequeña laguna, donde algunos galápagos se apresuraron a refugiarse en sus turbias aguas, y una pareja de ánades azulones levantaron el vuelo. Escuchamos los maullidos del ratonero, y al asomarnos a la orilla del río, bajo la cobertura de algunos sauces de porte arbóreo, conseguimos ver que se trataba de una pareja entregada a la parada nupcial, que se respondía mutuamente mediante reclamos y sobrevolaba delimitando su territorio. Y desde esta posición también descubrimos a un macho de pato cuchara nadando tranquilamente sobre las aguas del río, en compañía de algunos ánades reales. Antes de reanudar la marcha pudimos también escuchar el tenue y fugaz canto del martín pescador. Rodeamos la laguna, y en una zona más despejada de vegetación conseguimos ver una pareja de cigüeñas y unos picogordos, que previamente habíamos escuchado. También desde esta zona era posible distinguir el canto de herrerillos, carboneros y pinzones, así como el escribano soteño.
     Volvimos al camino inicial, con la intención de llegar hasta el coche. Algunos mirlos y conejos lo cruzaron. El grupo de flamencos seguía en el mismo sitio, así que volvimos a pasar con cuidado para no molestarlos y disfrutar de la presencia de estos visitantes esporádicos. En cambio, las habituales garzas y garcetas se mostraron más huidizas. En la pequeña laguna del principio, cerca del coche, volvimos a ver al andarríos pero esta vez dirigimos nuestras atentas miradas a otro limícola que estaba posado allí. Sin duda alguna se trataba de un correlimos, pero nos fue imposible identificar la especie concreta. En esta ocasión también conseguimos ver un gavilán. Y entre los paseriformes que observamos a la vuelta están unos mosquiteros y un grupo de gorriones morunos que revoloteaban entre las ramas de los arbustos mientras que volando en pleno cielo vimos golondrinas y aviones.
     Cogimos el coche y fuimos hasta el puente que cruza el río. En este corto trecho vimos gallinetas, lavanderas blancas y gorriones comunes. Una vez que cruzamos el puente, nos paramos a observar una joven águila imperial. No avanzamos mucho más en el camino que se adentra entre el monte y los olivares, y nos volvimos a bajar para asomarnos al último cañón que encauza al Río Jándula antes de su desembocadura. Desde aquí vimos unos pocos ánades reales y cormoranes en el río. Las sierras del fondo eran sobrevoladas por algunos buitres. Y a nuestro alrededor se dejaron ver jilgueros, cogujadas y trigueros entre los olivos, así como una curruca cabecinegra entre la espesura de los arbustos que recubren el talud del río.
     Y así concluyo nuestra breve pero satisfactoria jornada en este enclave de lujo, expuesto a ciertas agresiones humanas, ya que no goza de ninguna figura de protección ambiental. Concretamente el cultivo del olivar, cada vez más intensivo, ha llegado incluso a sustituir a la vegetación de la ribera en algunos tramos de río, cuando menos en zonas de monte que han sido degradadas con esta finalidad. Y aunque las fuertes riadas de estos dos últimos inviernos hayan demostrado al hombre cual es la verdadera fuerza de la Naturaleza, que ha reclamado lo que es suyo y ha devuelto las aguas a su cauce, el daño ya está hecho. Sería cuestión, a partir de ahora, dejar que donde yacen los secos esqueletos de esos olivos ahogados por las aguas, plantados en un lugar inapropiado, volviera a regenerarse naturalmente.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garceta Común (Egretta garzetta)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleucos)
  • Críalo Europeo (Clamator glandarius)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Moruno (Passer hispaniolensis)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)