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lunes, 29 de mayo de 2017

VOLUNTARIADO DE OLIVARES VIVOS: RUTA HACIA LA LAGUNA DE FUENTE DE PIEDRA

     La otra jornada relevante en cuanto a avistamientos de aves durante el Voluntariado de Olivares Vivos fue la tarde del jueves 25 de mayo, tras visitar las instalaciones de la Finca La Torre, donde habíamos estado trabajando por la mañana. Saliendo ya de la finca me había fijado en la cogujada montesina y el macho de la tarabilla común, ambos posados sobre una cerca paralela al camino, y además nos detuvimos a ver un lagarto ocelado que estaba en el polvoriento camino.

Sisón, en el campo de siega
     Nos dirigíamos hacia la Laguna de Fuente de Piedra, pero antes nos vimos obligados a improvisar algunas paradas. La primera y más larga fue mientras atravesábamos un campo de cereal que llevaría poco tiempo cosechado, cuando Paco escuchó al sisón. Nada más apearme del coche un macho levantó el vuelo del lado de la carretera donde habíamos aparcado, y se pasó al otro lado ocultándose entre la hierba. Tampoco tardamos mucho en escuchar los reclamos de otros machos desde distintos puntos del campo, y enseguida localizamos al primero, asomando la cabeza y el cuello sobre la hierba, engalanado con el plumaje del celo. Y conforme el tiempo avanzaba descubrimos otros sisones, aunque más lejos, y entre ellos, alguna hembra también. Todo un premio poder observar unos cuantos ejemplares del ave del presente año, cuyas poblaciones se van rarificando poco a poco por el uso de pesticidas en la agricultura y la intensificación de los cultivos.
     Pero los sisones no eran las únicas aves allí presentes. Algún que otro cernícalo prospectaba el campo, mientras se escuchaban las calandrias y se dejaban ver sobre los restos del cereal cortado.

La cabeza de un sisón macho asomando sobre la hierba

     Antes de llegar al mirador de la laguna, nos detuvimos junto a un campo de cereal sobre el que volaban unas pagazas piconegras afanadas a la captura de insectos. Al otro lado nos fue posible ver unos estorninos.

Flamencos
     En el mirador en el que paramos no estuvimos demasiado rato. Tan sólo fuimos para apreciar la gran mancha que forman los flamencos agregados en el dormidero sobre hondonada que forma la laguna, ahora seca y gris. También vimos alguna gaviota reidora volar por el entorno de la laguna.
     De camino al observatorio que hay junto al Centro de Visitantes José Antonio Valverde, vimos dos mochuelos posados cerca de la carretera, de la que levantó el vuelo algún que otro pinzón a nuestro paso, un macho de aguilucho cenizo volar sobre una parcela de olivar, y algunos conejos en los taludes.
     Desde el Centro de Visitantes, mirando hacia el lecho gris ceniza de la laguna se veían algunos flamencos dispersos, y entre ellos un tarro blanco. Desde los tarajes del borde cantó el ruiseñor. Varios conejos se movían por los alrededores, entre alguna grajilla que había posada también en el suelo, aunque el grueso de estos córvidos podían observarse cómodamente en el tejado del Centro. Y los aviones zapadores pululaban por encima de la altura del tejado a la captura de mosquitos, mientras las gaviotas reidoras surcaban el cielo. Vimos las fochas en una mancha de agua junto al Centro.

Atardecer en la Laguna de Fuente de Piedra

     Entramos a un observatorio desde el que podía verse otra área encharcada donde permanecimos prácticamente hasta que la luz se agotó. Albergaba una diversa multitud de aves acuáticas, desde los grandes flamencos a los pequeños zampullines comunes que de vez en cuando se desvanecían con sus inmersiones bajo el agua. El vocerío de las gaviotas reidoras y las cigüeñuelas predominaba sobre los demás, aunque también pudimos escuchar al avefría que pasó volando sobre el observatorio. Un alcaraván aterrizó cerca de una orilla, pero la vegetación lo ocultaba de la vista. Además de los zampullines chicos, también había un cuellinegro vestido con el llamativo plumaje de verano. Las avocetas también destacaban entre las aves, aunque el grupo más diverso lo integraban las anátidas, desde la pareja de los grandes tarros blancos, a las tres diminutas malvasías que localizamos. Y por supuesto no faltaban los comunes ánades reales y porrones europeos, así como algunos patos colorados.
     Como telón de fondo aparecían las afueras del pueblo de Fuente de Piedra, donde podían verse las cigüeñas sobre su nido, y los bandos de estorninos.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis)
  • Zampullín Cuellinegro (Podiceps negricollis)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Tarro Blanco (Tardona tardona)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Pato Colorado (Netta rufina)
  • Porrón Europeo (Aythya ferina)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Pagaza Piconegra (Gelochelidon nilotica)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Calandria Común (Melanocorypha calandra)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Avión Zapador (Riparia riparia)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Lagarto Ocelado (Timon lepidus lepidus)

lunes, 19 de septiembre de 2016

SEGUIMIENTO DE LA MIGRACIÓN POSTNUPCIAL DE RAPACES EN CABO DE GATA

     El pasado sábado participé en un Voluntariado organizado por la Asociación SERBAL, que de manera similar al de los Pirineos, consistía en el censo de rapaces en migración, a su paso por Cabo de Gata. Y más allá de mis intereses ornitológicos, me apetecía asistir para volver a encontrarme con amigos como Fran, José Luis Molina, con quien quedé para viajar hasta Almería desde Jaén, y con Alberto, una vez más, y compartir con ellos un día de campo. Además pude conocer a otros pajareros almerienses bastante avezados en la materia.
     De camino hacia el punto de encuentro ya iba fijándome en los estorninos, tórtolas turcas y golondrinas por la carretera. Desde la terraza del bar donde desayunamos podíamos ver a los gorriones por la playa, y el paso en vuelo de algunas gaviotas patiamarillas. De las que había posadas en la playa, una era una gaviota de Audouin.

Cabo de Gata

     Para realizar el seguimiento del paso migratorio de rapaces se había acordado hacerlo de 9.00 a 14.00, divididos en dos grupos, aunque no muy separados, en Vela Blanca. Participamos un total de 16 personas. Hubo más bien poco paso, pero nos entreteníamos con las aves residentes. Al poco de llegar localizamos una pareja de cuervos, y no tardaron mucho en aparecer los cernícalos, que estuvieron dando vueltas por la zona, dejándose ver en repetidas ocasiones. También divisamos un halcón peregrino que permaneció apostado en unas rocas, a la sombra. Después de un rato desde que empezara a darle el sol, salió volando, y como una centella, se lanzó en picado tras un acantilado donde lo perdimos. Más tarde, volvió a dejarse ver, o quizás fuese el otro miembro de la pareja, a saber.
     El paso migratorio estuvo marcado por la presencia de gavilanes. Primero vimos un par de ellos, que venían costeando y pasaron cerca de donde estábamos. Más tarde aparecieron otros tres haciendo lo mismo, y casi a la vez un grupo de más de diez que pasaron muy altos. Entre unos y otros, nos entreteníamos con los movimientos de un par collalbas negras por la zona, con las cogujadas montesinas, o mirando las gaviotas. Desde una ladera se dejaron caer en vuelo dos perdices.
     De vuelta adonde habíamos dejado el coche, vimos moverse una curruca entre el esparto, que reconocimos como cabecinegra por su reclamo, ya no nos dejó observarla posada en campo abierto en ningún momento. Y cuando nos íbamos a ir, pasaron los aguiluchos. Primero una hembra de lagunero, cerca de la cual volaba también un cernícalo, y poco después fue un joven cenizo. Rai, que se quedó más tiempo mientras los demás nos fuimos a comer, pudo ver además tres halcones abejeros y algún gavilán más.

Gaviotas Patiamarillas

     Después de comer, unos se marcharon, y otros nos quedamos a seguir pajareando. Para ello nos acercamos a uno de los observatorios de las salinas. Todavía hacía bastante calor, pero era fácil localizar a los flamencos, y a las avocetas, que se encontraban en mayor número que las cigüeñuelas. Las gaviotas sobrevolaban las salinas, pero las que nadaban en el agua resultaban más fáciles de observar. Entre las patiamrillas, que se encontraban en mayor cuantía, también había alguna gaviota de Audouin. Entre las gaviotas amerizaron y nadaban junto a ellas jóvenes tarros blancos, que a menudo solo mostraban la popa, cuando sumergían la parte anterior de su cuerpo en busca de alimento. También vimos algunos tarros adultos en otra zona de la lámina de agua. Por las orillas correteaban chorlitejos, que de no ser por la ayuda de los telescopios, y las indicaciones de Sergio y José Luis, difícilmente habría llegado a averiguar que eran grandes. También había agujas colinegras compartiendo las orillas y las aguas someras con los chorlitejos, pero Fran, que se dedicó a observar concienzudamente una aguja en particular, la más cercana, sembró la duda sobre su identidad. Y efectivamente resultó ser una aguja colipinta.

Aguja Colipinta

     A la salida del observatorio vimos a una golondrina que daba vueltas por los alrededores, barriendo la zona volando cercana al suelo. Entre los tarajes se movió un carricero común. Nos dirigíamos ahora hacia la desembocadura de Rambla Morales. De camino vimos unos vencejos, que no identificamos.

Carricero Común

     Con tan solo bajarnos del coche cuando aparcamos, ya podíamos observar los ánades reales y las fochas en el agua, y sobrevolando el lugar se encontraban cuatro de las cinco especies habituales de los hirúndidos ibéricos, golondrinas comunes y dáuricas, aviones comunes y zapadores. Tan solo nos faltó asegurar el avión roquero. En sendas flores de pitas, no muy distantes entre sí, se encontraban posados un alcaudón real y un cernícalo. Y el ruiseñor bastardo entonaba su característica estrofa desde su escondite en la espesura del carrizal.
     Hicimos un breve recorrido hacia la playa. La masa de agua se abría más, permitiéndonos observar además de patos y fochas, a los flamencos. Y además de los azulones, había también con ellos una pequeña cerceta común. Y a parte de las fochas, también vimos una gallineta vadear las aguas cercanas a la orilla. Mirando al otro lado, a los secos espartos que crecen en las arenas litorales, localizamos un par de lavanderas boyeras.

Flamenco joven, apunto de despegar

     Al final de la rambla, donde se junta con la playa y las aguas parecían formar una laguna, se agrupaban los flamencos, y delante de ellos nadaban una pareja de malvasías cabeciblancas. Tres andarríos chicos se dieron un par de vueltas en busca de alguna orilla despejada de vegetación en la que pararse. También pasó un vuelvepiedras, volando a ras del agua, en dirección a la playa. Y entre la jungla de carrizos que circunda la rambla, se descubría a ratos un carricero.
     Volviendo hacia los coches vimos un fumarel dar pasadas sobre la masa de agua, que de no ser por la entrenada capacidad de observación de José Luis, para fijarse en los mínimos detalles, no creo que hubiese sacado que se trataba de un común, en plumaje de invierno ya. Llegando adonde estaban los coches, pasó en vuelo un macho de aguilucho lagunero, y vimos también a una abubilla que fue a posarse a las pitas donde habían estado el alcaudón y el cernícalo. La noche se nos echó encima haciendo una última espera en las Amoladeras.

(*) Fotografías: gentileza de Francisco Silva.


Lista de Aves Observadas (Orden Sistemático):

  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Tarro Blanco (Tardona tardona)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cerceta Común (Anas crecca)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Gavilán Común (Accipiter nissus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Chorlitejo Grande (Charadrius hiaticula)
  • Aguja Colinegra (Limosa limosa)
  • Aguja Colipinta (Limosa lapponica)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleucos)
  • Vuelvepiedras Común (Arenaria interpres)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota de Audouin (Larus audouinii)
  • Gaviota Patiamarilla (Larus michahellis)
  • Fumarel Común (Chlidonias niger)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Zapador (Riparia riparia)
  • Lavandera Boyera (Motacilla flava iberiae)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Carricero Común (Acrocephalus scirpaceus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)

lunes, 9 de mayo de 2016

RECORRIENDO EN ENTORNO DE LAS TABLAS DE DAIMIEL

     Fin de semana de lluvia en Daimiel. He estado allí gracias a otro Voluntariado en el que he participado, esta vez organizado por WWF/Adena, de la mano de Carlos y María como monitores. Ello me ha permitido conocer a nueva gente, como a Marina, Juan o Alejo, entre otros, y reencontrarme con compañeros de otros Voluntariados tales como Alex, compañero de Punta Entinas-Sabinar en 2012 y con quien hice el viaje, con Cata, compañera de Monfragüe, y Julio, compañero de Daimiel, ambos del año pasado, y también con Ángel y Antonio, a quienes conocí hace menos de un mes en un reciente Voluntariado, también de WWF, en Contadero-Selladores.
     A pesar de la lluvia, las Tablas y su entorno no decepcionan. Siempre hay algo especialmente emotivo para el naturalista, que merece la pena recordar. Y ese destacado día fue el sábado. Por la mañana, antes de comer, nos dedicamos a construir un par de vivares para conejos con rocas, y la tarde la empleamos en desbrozar y repasar los alcorques en una plantación, para la restauración vegetal del entorno de las Tablas, en el que se intercambiaban diferentes especies de árboles y arbustos mediterráneos, y no seguía un marco de plantación definido, con el objetivo de dar un aspecto más natural al futuro bosque que logre allí crecer.

Río Guadiana, desde el Molino de Molemocho

     En camino hacia el lugar de trabajo por la mañana, cruzamos el puente del Molino del Molemocho, donde multitud de fochas compartían las aguas del Río Guadiana con algún somormujo, y se divisaban las cigüeñas en los viejos chopos donde tienen sus nidos. Pero lo más llamativo era una garcilla cangrejera, que teñida por su anaranjada librea nupcial, resaltaba contra el verde de la higuera que la sostenía.
     Dirigiéndonos hacia el sitio del trabajo pudimos ver algún cernícalo, estorninos, así como cogujadas apartarse del camino que recorríamos. Antes de empezar el trabajo, nos llevaron adonde Julio y yo habíamos estado con el resto de nuestros compañeros en Septiembre del año pasado. Y comprobamos con satisfacción que el amor propio con el levantamos aquellos majanos con cepas de parras había dado sus frutos, pues encontramos claros signos de ocupación por los conejos. Allí, pudimos observar un rato una garcilla bueyera que caminaba por el prado, pero lo que más me llamaba la atención no lo percibía por la vista, sino por los oídos, el canto de la codorniz.

Amapolas y avena silvestre,
integrantes de los herbazales aledaños a las Tablas de Daimiel

     Con el frenético vuelo de los vencejos sobre nuestras cabezas, acompañado por sus incesantes pitidos, surcando un cielo ennegrecido que constantemente amenazaba con desatarse en lluvia, construimos los majanos para los conejos, en medio de prados de verde avena silvestre, entre las que resaltaban las flores de las amapolas. Además del sonido de los vencejos, que estaba como telón de fondo, se repetía con frecuencia la codorniz, agazapada en aquel prado, a nuestro lado, pero a la que nunca llegamos a ver. De vez en cuando también oíamos al buitrón, a la cogujada, al triguero o al alcaraván, o chorlito como lo llaman en Ciudad Real, según me dijo Carlos. Salvo el alcaraván, nos fue posible ver a los otros tres pájaros mencionados, así como un macho de tarabilla posado durante un rato sobre la flor de un cardo. Además de los vencejos, también volaban por allí aviones y golondrinas, estas últimas dando pasadas a ras de la avena y las amapolas.

Hembra de Micrommata sp.

Esta llamativa araña verde es una de los invertebrados que nos salió
removiendo rocas para la construción de vivares de conejo.




























     Casi acabando empezó a llover. A comer nos fuimos al Área Recreativa que hay junto a las Oficinas del Parque Nacional y el Centro de Visitantes. Por las inmediaciones podían verse con facilidad tórtolas turcas, urracas, gorriones y jilgueros. Pasando en vuelo, seguía viéndose golondrinas, aviones y alguna torcaz.


Vivar para conejos, hecho con piedras y disimulado con pasto

     Retomamos el trabajo por la tarde en la plantación, realizando labores de mantenimiento que consistían en acondicionar los alcorques y en retirar los tubos protectores cuando, por el desarrollo de la planta, se les habían quedado estrechos y podía asfixiarla. Al igual que por la mañana, oímos a la codorniz, y alguna vez también al alcaraván, pero sin llegar a verlos, mientras aviones, golondrinas y vencejos nos sobrevolaban.
     A media tarde dejamos el trabajo, y comenzamos una interesante visita guiada por el entorno del Parque Nacional. En primer lugar nos dirigimos a la Torre de Prado Ancho, desde donde contemplamos la tabla que lleva el mismo nombre del mencionado observatorio. A primer golpe de vista no había gran cosa. Algunos ánades reales y alguna gallineta que nadaban por la tabla, o el aguilucho lagunero dando pasadas sobre la espesura de las eneas verdes. Afinando la vista, entre esta densa formación vegetal y la mala luz, llegamos a ver a la garza real en una orilla, bastante disimulada.
     Moviéndonos por el mosaico de campos de vides, de olivos y de pastizales que configuran el paisaje estepario que circunda las Tablas de Daimiel, llegamos a ver aves tales como el alcaraván, trigueros y cogujadas, de vocación tan terrestre como lo es la liebre dentro los mamíferos, a la cual también vimos. Así mismo también contemplamos el vuelo de una de las rapaces asociadas al suelo por excelencia, el aguilucho cenizo. No faltaron las aves de vivos y llamativos colores como los abejarucos, la abubilla, y hasta una carraca que descubrimos sobre el tejado de una vieja casa. Lástima que por la luz, no pudiésemos apreciar el azul de su plumaje en todo su esplendor. Urracas, palomas torcaces, cernícalos y estorninos completan las aves del páramo manchego que pudimos ver. La guinda fue a una casa a la que nos llevaron, de cuyo tejado despegó un cernícalo al acercarnos. También había estorninos en el tejado, y bajo la repisa del mismo anidaban las golondrinas. Pero lo mejor fue que vimos salir a la lechuza por un agujero de la pared. Muy pocas veces se puede observar a la blanca dama de la noche volar bajo una luz, todavía intensa.
     Culminamos nuestro recorrido con una visita a la Laguna de Navaseca, donde el rato que allí estuvimos costaba concentrarse en algo específico debido a la explosión de vida que allí se concentra. Los flamencos, los gigantes entre las aves acuáticas, son llamativos además de por su tamaño, por su esbelta figura y los colores que los adornan. Las fochas y las gallinetas destacaban por su número, y entre ellas era posible descubrir a los pequeños zampullines comunes, vestidos con sus galas de cortejo. Las ruidosas cigüeñuelas, le hacían la competencia con sus griteríos a las gaviotas reidoras. Menos numerosas, y también más discretas eran las avocetas, las gaviotas sombrías y los fumareles cariblancos. Entre la constante algarabía formada por gaviotas y cigüeñuelas, se le sumaba el ruiseñor bastardo. Además de los ánades reales y patos cuchara, que resultaban las anátidas abundantes, localizamos algunas malvasías cabeciblancas, porrones comunes y patos colorados, además de un par de tarros blancos. Y tampoco faltaban aquí las garzas, representadas por las blancas garcetas comunes y las garcillas bueyeras.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis)
  • Somormujo Lavanco (Podiceps cristatus)
  • Garcilla Cangrejera (Ardeola ralloides)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garceta Común (Egretta alba)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Tarro Blanco (Tardona tardona)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Pato Colorado (Netta rufina)
  • Porrón Europeo (Aythya ferina)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura lecocephala)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Codorniz Común (Coturnix coturnix)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Fumarel Cariblanco (Chlidonias hybrida)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Lechuza Común (Tyto alba alba)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Carraca Europea (Coracias garrulus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Buitrón (Cisticola  juncidis)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)

domingo, 19 de julio de 2015

PASEO POR LA LAGUNA DEL CAMINO DE VILLAFRANCA Y LA LAGUNA DE LAS YEGUAS

     En mi segunda visita al Complejo Lagunar de Alcázar de San Juan, en la mañana del presente día, me dediqué a buscar los caminos que llevaban a la Laguna del Camino de Villafranca y la Laguna de las Yeguas. Como el día anterior, estuvo la mañana nublada al principio, despejada después. Empleé el mismo tiempo que ayer, unas cuatro horas, pero en lugar de esperar en observatorios, lo invertí en caminar alrededor de las lagunas. Y aunque la jornada matutina dominical no me deparó tantas observaciones como la del sábado, sí que me dejó alguna agradable sorpresa.
     Mis observaciones comienzan a la salida del pueblo, con un bando de pardillos, a los que primero escuché, otro cercano grupo de gorriones, y una tórtola turca posada en el suelo entre ambos. Ya que debía pasar cerca de la Laguna de la Veguilla inevitablemente vi los flamencos en sus aguas, y a las gaviotas reidoras y sombrías, y a los vencejos sobrevolándolos. Los conejos se movían entre las lindes del bosque de tarajes y los campos, y las grajillas, emparejadas, permanecían posadas en sus respectivos postes, lanzándose algún graznido de vez en cuando. Desde lo alto de un pequeño montículo, minado por los conejos que asomaban por las bocas de las madrigueras, oteaban unas urracas. Un joven pinar, a modo de bosque-isla, rompía la monotonía del paisaje dominado por el sistema agrario. Pero los pinos en formación, alineados, denotaba su origen en una repoblación forestal. Más adelante, por el mismo camino que iba recorriendo, también lo andaban un par de cogujadas, que de vez en cuando cantaban, hasta que salieron volando. Un milano negro, gaviotas sombrías, y unas solitarias palomas volaron sobre el barbecho que separa la Laguna de la Veguilla de la Laguna del Camino de Villafranca, la más extensa de todas.

Laguna del Camino de Villafranca

     Pero una gran extensión gris denotaba su carácter estacional y que la laguna estaba seca. No había resistido el tórrido estío. Los grises oscuros de las partes centrales y más hondas indicaban que aún queda barro fresco, frente a la dura costra gris claro del perímetro de la laguna. Ningún ave acuática quedaba allí. Tan solo alguna que otra golondrina revoloteaba por la zona. Los tarajes eran más pequeños, y el bosque que forman rodeando la laguna es mucho más estrecho e interrumpido que en la Laguna de la Veguilla, pero igualmente era aprovechado como refugio por los conejos, o por alguna abubilla o las urracas para posarse en las ramas. Me asomé a los dos observatorios de esta laguna, y evidentemente no vi nada. Pero me llevé una terrible sensación de abandono de estas instalaciones. Una liebre se dio una carrera hasta un olivar.

Entorno de las lagunas

Páramo de los alrededores


























     Pude escuchar aisladamente un sonido, que no había oído antes, pero que captó mi atención. Miré hacia arriba tratando de descubrir al autor, pero no lo conseguí. Se volvió a repetir más cerca, y después se fue alejando paulatinamente, pero sin ver nada. Acto seguido, la silueta de un ave, que era casi un punto en el cielo, se echó a tierra. Tal vez fuera solo casualidad, pero lo sucedido me dio una pista de quien se podía tratar, y acerté a la primera. Con el móvil, pude comprobar que había escuchado, y aunque fuera fugazmente, también había conseguido ver por primera vez, a la ganga. Me acerqué a probar suerte, y salió otra volando de alguna parte, que aterrizó más cerca. Acercándome cautelósamente a esta segunda ganga, salió volando la primera desde bastante cerca de por donde iba, sin que la hubiese visto antes. Se perdió en el horizonte, y yo ya iba centrado en tratar de descubrir a la segunda en el suelo. Mientras, pude ver otro par de gangas más, que pasaron volando en el mismo sentido en que yo caminaba, y que a saber donde se dejarían caer. La suerte me sonrío, y gracias a sus movimientos por tierra la pude ver a unos 50 metros de distancia. Un día más volví a maldecir haberme venido sin los prismáticos, pues además estuvo un considerable rato, antes de emprender el vuelo, efectuando cortos desplazamientos por tierra que interrumpía con la quietud.

Costra salina sobre el fondo de la seca Laguna de las Yeguas

     El calor empezaba apretar, pero seguí mi camino hasta la Laguna de las Yeguas, que también se encuentra seca. Unos gorriones revoloteaban por el tejado de una casa. Los tarajes crecen como arbustos aislados y dispersos a su alrededor, y la presencia de algunas matas de salicornia denotan que su naturaleza es salobre. Traté de rodearla, pero cuando comprobé que el camino se separaba demasiado de la laguna, retrocedí. Tan solo vi alguna golondrina por aquí. Pequeños saltamontes acompañaban mis pasos con sus saltos. Una pequeña y rápida lagartija se me cruzó sin que me diera tiempo a verla con claridad, ocultándose rápidamente bajo el pasto.















     Al llegar de nuevo a La Laguna del Camino de Villafranca, tomé otro camino, el de la otra orilla a los observatorios. El seco camino me acabó llevando al pinar, después de una calurosa y estéril caminata. En la suave ladera de un pequeño cerro volaban dos cernícalos, cerniéndose, cayendo en picado y nuevamente remontando. Dos agrupaciones de cigüeñas se elevaban con las corrientes térmicas, y se deslizaban suavemente por el aire cuando llegaban al final. Junto con ellas volaba una rapaz que no pude identificar.
     Pasé junto a la Laguna de la Veguilla. Como un oasis en el desierto, el agua es fuente de vida. Porque aunque no eran las horas más propicias, además de los flamencos, pude ver en esta ocasión a unas cigüeñuelas. Pasaron un par de bandos de estorninos. Las golondrinas daban pasadas a ras del suelo y sobre los espesos tarajes, y escuché a los pardillos.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Gaviota Sombría (Larus fuscus)
  • Ganga Ibérica (Pterocles alchata)
  • Paloma Bravía (Columba livia)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)

viernes, 18 de marzo de 2011

UNA VUELTA POR LA ROPERA

     En la tarde de hace un par de días, David y yo estuvimos moviéndonos por la desembocadura del Río Jándula en el Guadalquivir. Nuestro paseo, aunque corto, pues solo duró algo más de dos horas, no por ello dejó de ser intenso y tuvimos unos increíbles avistamientos.
     Nada más llegar, y sin habernos apeado todavía del coche, ya podíamos observar a la curruca capirotada moviéndose inquieta entre los sauces del río, aún desnudos, solo con algunas yemas y hojas que empiezan tímidamente a asomar e indican el despertar de la primavera. Cuando bajamos, una explosión de sonidos bombardeaba nuestros oídos. Entre ellos verdecillos y pardillos, y además de los siempre presentes rabilargos y gallinetas, ya delataban su presencia mediante su canto el cuco y el críalo. Una pareja de esta última especie pudimos ver nada más empezar a andar por un camino. Otra ave que también se mostró emparejada fue la abubilla, a la que vimos según avanzábamos. Un andarríos chico y unas pocas cigüeñuelas se encontraban en la pequeña laguna de las inmediaciones del carril donde habíamos aparcado.
     El camino, todavía embarrado, discurre paralelo al río, delimitado por la maleza ribereña compuesta por sauces y zarzas, entre las cuales se movía un pequeño bando de mitos. Nos dirigíamos a otra pequeña laguna que se forma en un meandro del río. A nuestro paso descubrimos que al sedentario ruiseñor bastardo, se le sumaba el recién llegado ruiseñor común, ambos habitantes de estos medios y a los cuales escuchamos. Entre los claros del sotobosque descubríamos garzas reales, garcetas comunes y gallinetas en los carrizales de las inaccesibles orillas del río.
     Pero en uno de estos claros pudimos contemplar algo que llamó nuestra atención, que provocó nuestra expectación. Se trataba de un bando de 17 flamencos, al que estuvimos observando atónitos, gratamente sorprendidos, y con cautela para no asustarlos. Esto es una muestra de las enormes posibilidades de este humedal y de la increíble riqueza faunística que potencialmente es capaz de albergar. Continuamos nuestra marcha, ligeros para no espantarlos, y pasamos a su lado consiguiendo que no levantaran el vuelo. David, que fue el primero en verlos, lamentó no llevar la cámara de fotos.
     Llegamos hasta la pequeña laguna, donde algunos galápagos se apresuraron a refugiarse en sus turbias aguas, y una pareja de ánades azulones levantaron el vuelo. Escuchamos los maullidos del ratonero, y al asomarnos a la orilla del río, bajo la cobertura de algunos sauces de porte arbóreo, conseguimos ver que se trataba de una pareja entregada a la parada nupcial, que se respondía mutuamente mediante reclamos y sobrevolaba delimitando su territorio. Y desde esta posición también descubrimos a un macho de pato cuchara nadando tranquilamente sobre las aguas del río, en compañía de algunos ánades reales. Antes de reanudar la marcha pudimos también escuchar el tenue y fugaz canto del martín pescador. Rodeamos la laguna, y en una zona más despejada de vegetación conseguimos ver una pareja de cigüeñas y unos picogordos, que previamente habíamos escuchado. También desde esta zona era posible distinguir el canto de herrerillos, carboneros y pinzones, así como el escribano soteño.
     Volvimos al camino inicial, con la intención de llegar hasta el coche. Algunos mirlos y conejos lo cruzaron. El grupo de flamencos seguía en el mismo sitio, así que volvimos a pasar con cuidado para no molestarlos y disfrutar de la presencia de estos visitantes esporádicos. En cambio, las habituales garzas y garcetas se mostraron más huidizas. En la pequeña laguna del principio, cerca del coche, volvimos a ver al andarríos pero esta vez dirigimos nuestras atentas miradas a otro limícola que estaba posado allí. Sin duda alguna se trataba de un correlimos, pero nos fue imposible identificar la especie concreta. En esta ocasión también conseguimos ver un gavilán. Y entre los paseriformes que observamos a la vuelta están unos mosquiteros y un grupo de gorriones morunos que revoloteaban entre las ramas de los arbustos mientras que volando en pleno cielo vimos golondrinas y aviones.
     Cogimos el coche y fuimos hasta el puente que cruza el río. En este corto trecho vimos gallinetas, lavanderas blancas y gorriones comunes. Una vez que cruzamos el puente, nos paramos a observar una joven águila imperial. No avanzamos mucho más en el camino que se adentra entre el monte y los olivares, y nos volvimos a bajar para asomarnos al último cañón que encauza al Río Jándula antes de su desembocadura. Desde aquí vimos unos pocos ánades reales y cormoranes en el río. Las sierras del fondo eran sobrevoladas por algunos buitres. Y a nuestro alrededor se dejaron ver jilgueros, cogujadas y trigueros entre los olivos, así como una curruca cabecinegra entre la espesura de los arbustos que recubren el talud del río.
     Y así concluyo nuestra breve pero satisfactoria jornada en este enclave de lujo, expuesto a ciertas agresiones humanas, ya que no goza de ninguna figura de protección ambiental. Concretamente el cultivo del olivar, cada vez más intensivo, ha llegado incluso a sustituir a la vegetación de la ribera en algunos tramos de río, cuando menos en zonas de monte que han sido degradadas con esta finalidad. Y aunque las fuertes riadas de estos dos últimos inviernos hayan demostrado al hombre cual es la verdadera fuerza de la Naturaleza, que ha reclamado lo que es suyo y ha devuelto las aguas a su cauce, el daño ya está hecho. Sería cuestión, a partir de ahora, dejar que donde yacen los secos esqueletos de esos olivos ahogados por las aguas, plantados en un lugar inapropiado, volviera a regenerarse naturalmente.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garceta Común (Egretta garzetta)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Cuchara Común (Anas clypeata)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleucos)
  • Críalo Europeo (Clamator glandarius)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Moruno (Passer hispaniolensis)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)