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martes, 4 de agosto de 2009

SALIDA POR LA SIERRA SUR

     Salimos de Torre del Campo con dirección a Jaén, Raimundo y yo, ayer por la tarde, cuando el mercurio empezó a bajar, para hacer un recorrido por la Sierra Sur. La ruta fue circular, saliendo y volviendo a Jaén.
     De Jaén salimos hacía Puente La Sierra, y al comienzo de nuestro trayecto, en los canchales próximos al Paraje de los Cañones, por donde discurre el Río Eliche, vimos algunas collalbas negras. Más adelante, por unos encinares, en Ventisqueros, vimos un águila culebrera y tres ciervos. Bajamos por un valle hasta el lecho del Río Valdearazo, donde en un pequeño puente de piedra vimos una culebra viperina y alevines de peces. El camino continuaba paralelo al río, por la margen derecha del mismo, entre choperas de chopo negro y pinares de pino carrasco, donde vimos pinzones vulgares, palomas torcaces, arrendajos y dos ardillas. Hicimos otra breve parada y nos asomamos a una poza del río donde vimos un par de ranas saltar al agua. De nuevo nuestro camino empezaba a ascender, dejando atrás los bosques que daban paso a canchales donde vimos un cernícalo vulgar y algunas collalbas negras. Más adelante, atravesamos una zona de pinar donde vimos una urraca persiguiendo un críalo y después de pasar por el Puerto del Alamillo, y de bajar por una vieja carretera, mal asfaltada, en la parte baja tomamos un camino que se bifurcaba a la derecha subiendo cuesta y que se dirigía hacía Despeñaburros y que llegaba hasta Valdepeñas. Por esta zona vimos dos zorzales charlos, palomas torcaces y un gavilán. El carril volvía a bajar hasta un valle por el que discurría el Arroyo de la Fresnedilla donde crecen unos cuantos chopos negros y algún nogal. Junto a un viejo cortijo que tiene una fuente, paramos a cenar, y aquí también aprovecharon los mosquitos para hacer lo mismo, picarnos y cenar a nuestra costa. Pero aparte de este pequeño inconveniente, vimos en el lugar un mirlo, un par de lavanderas cascadeñas y toda una familia de mitos. Siguiendo el camino volvemos a tomar altura, donde, ya de noche, hicimos una parada en la que escuchamos chotacabras gris y autillos. Llegando a Valdepeñas, bajamos por una cuesta pedregosa y muy empinada, donde se nos cruzó un escorpión, y desde aquí fuimos hasta la Cañada de las Hazadillas sin ver nada. Una vez aquí hicimos una espera larga con el objetivo de avistar garduñas, pero sin éxito. En cambio sí escuchamos ulular a los cárabos a lo lejos, y en el pilón conseguimos ver una culebra viperina y un gallipato. Y finalmente cuando volvíamos para Torre del Campo, a la altura de Puente La Sierra levantamos un chotacabras pardo que estaba posado en la carretera.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Críalo Europeo (Clamator glandarius)
  • Autillo Europeo (Otus scops)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Europeo (Caprimulgus europaeus)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Collalba Negra (Oenanthe leucura)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Rana Verde Ibérica (Rana perezi)

sábado, 4 de abril de 2009

SESIÓN FOTOGRÁFICA EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Ayer quedamos José y yo para salir de campo, para bichear. Concretamente José quería que lo llevase a algún sitio que él no conociera, así que fuimos a La Ropera, donde desemboca el Río Jándula en el Guadalquivir, y a un par de lugares por la zona de las Viñas de Peñallana. Pero lo que empezó siendo una ruta por la sierra acabó convirtiéndose en una doble sesión fotográfica: una espera improvisada en el hide en un comedero de pájaros, que nos deparó alguna agradable sorpresa, y una jornada nocturna buscando batracios.
     Bien entrada la mañana llegó José a Andújar, y sin entretenernos mucho salimos hacia La Ropera. De camino, entre los campos vimos gorriones y estorninos, y volando sobre ellos, aviones. En cuanto llegamos, aparcamos en la anchura de un cruce de caminos y salimos a pasear, paralelos al río, corriente abajo. Ya se respiraba un ambiente primaveral, con olor a tierra húmeda. Los reclamos de los mirlos y los rabilargos resultaban muy patentes. Entre los escasos huecos de las zarzas, que nos permitían ver el turbio río, descubrimos también una garza real posada entre las resecas eneas del año pasado, y las nuevas y verdes que empiezan ahora a rebrotar.
    Llegamos a hasta una pequeña laguna, formada por el agua del río, de la que salieron algunos ánades reales al acercarnos. Entre los sauces nos asomamos a la orilla del río, y en frente descubrimos unas gallinetas que nadaban en un remanso del río, pero que no tardan en ocultarse entre la vegetación de la otra orilla. Y por el aire vemos venir, siguiendo el cauce del río, un pequeño bando de garcillas bueyeras, que antes de llegar a nuestra altura, describen una curva, haciéndonos un arco. Era patente que no pasábamos desapercibidos para las aves, a pesar de estar bajo las espesas copas de los sauces.
     Cuando llegamos al coche, antes de marcharnos, cruzamos el río por el viejo puente y nos asomamos a contemplar el Río Jándula desde el último cañón antes de su final. La luminosidad del día nos permitió disfrutar de una bella vista de la sierra, del verde primaveral de sus pastos. En este lugar las aguas de río bajaban transparentes y sobre ellas nadaban algunos patos y un par de cormoranes, y sobre ellos, cicleaba alto un ratonero en la lejanía del cielo.
     En lugar de subir a la sierra por la carretera que lleva a Puertollano, lo hicimos por la Carretera de la Cadena, alternativa que no conocía José. En este recorrido, por los cerrillos desprovistos de vegetación arbustiva donde pastan las vacas, vimos en su compañía garcillas bueyeras, además de algún triguero posado en las alambradas. Más adelante, según ascendemos, esas lomas se cubren de un denso monte bajo de encinas de porte arbustivo mezcladas con jaras, que termina en pinares aclarados donde empiezan las primeras “viñas”. Entre estas casas de campo abundaban las tórtolas turcas y los estorninos negros.
    Cuando llegamos al sitio donde tenía previsto, aparcamos bajo un pino, y nos acercamos a una casa abandonada, en cuya piscina se acumula agua en la parte más profunda durante todo el año y permite que vivan allí ranas y tritones. Pero las últimas lluvias han provocado que el nivel del agua haya subido hasta ocupar todo el fondo. De las tablas, troncos, y algunos plásticos que allí flotan, saltaron algunas ranas a sumergirse en el agua cuando llegamos. En cambio había otras que no parecían tener esa facilidad para la inmersión, y por el contrario eran mucho más confiadas, permitiéndonos acercarnos al borde de la piscina. Cuando nos acercamos pudimos ver que se trataban de ranitas meridionales.
     Siguiendo con nuestro paseo, atravesamos un pequeño pinar aledaño a la vieja casa, y salimos a un camino desde donde se divisa una amplia panorámica de la sierra, que llega hasta Madrona y desde donde se ve el Embalse del Encinarejo. Allí almorzamos. Un grupo de mitos y las notas sonoras del agateador, procedentes del interior del pinar, nos amenizaron la comida mientras disfrutábamos contemplando el paisaje.
     Después de comer retomamos nuestro camino por la Carretera de la Alcaparrosa. A estas horas el calor apretaba y la actividad de la fauna había mermado hasta desaparecer, haciéndonos muy monótono el recorrido. Antes de llegar a la carretera general, le sugerí a José llegarnos por otro lugar que conozco, que al menos ofrece buenas vistas. Fuimos a un balcón natural, formado por grandes rocas graníticas, ante el que se abre un valle encajonado por un canchal, en la ladera de la solana, y por una loma cubierta por la vegetación, en la ladera de la umbría. Pero salvo unos pinzones que levantaron el vuelo al llegar, no vimos ningún otro animal.
     Entonces fue José quien me propuso a mí un cambio en nuestra ruta, y me propuso acercarnos a un comedero de aves para tratar de hacer unas fotos. Contaba con la pertinente autorización para poder acceder a aquel lugar. Cuando llegamos al sitio rápidamente montamos el hide y nos metimos en su interior, aguardando la llegada de los pájaros atraídos por las migas que habíamos depositado disimuladamente en las oquedades de una roca. No tardó mucho en llegar un rabilargo que se posó en la horquilla de una encina y temíamos que bajase a comerse la comida de los pájaros, pero por fortuna para nosotros los córvidos son aves muy astutas, desconfío del hide y rápidamente se fue.
     A continuación empezaron a oírse las estrofas musicales de los paridos, y poco a poco se fueron posando en la roca y en las ramas que sirven como estandarte para los fotógrafos que allí acuden, los herrerillos común y capuchino. Entraban y salían alternativamente de comedero, y a veces coincidían durante cortos intervalos de tiempo. El carbonero también hizo acto de presencia en las inmediaciones, pero sin embargo no entró al comedero.

Herrerillo Común

Herrerillo Capuchino

























Macho de
Curruca Cabecinegra
     Esta misma dinámica de alternancia de entradas y salidas, la estuvieron llevando a cabo una pareja de currucas cabecinegras, que llegaron a coincidir con un petirrojo que también se acercó a comer, aunque más tímidamente.

Hembra de Curruca Cabecinegra












Petirrojo

     La tarde había avanzado y empezábamos a aburrirnos, cuando de repente descubrimos al pie de la roca que un astuto ratón se había atrevido a robarnos un papel de envoltorio de la magdalena que habíamos desmenuzado. Nos habíamos dejado la bolsa fuera del hide, y abierta. Pronto abandonó el ratoncillo aquel papel, más grande que él mismo, y trepó a lo más alto de la roca a apurar lo que se habían dejado los pájaros, donde llegó un segundo ratón a compartir el festín.

Ratón de Campo

Joven Lirón Careto
     Pero también se marcharon repentinamente los ratones, quizás porque encima de la roca debían sentirse demasiados expuestos a algún posible depredador. Y efectivamente no tardó en aparecer un enemigo ocasional de los ratones: el lirón careto. Algo desconfiado e inquieto al principio, exploraba todo a su alrededor. Se escondía a menudo entre las grietas de la roca, y solo asomaba la cabeza, intentando descubrir nuestra presencia, olisqueando el aire en busca de algún olor que nos delatara, moviendo sus pabellones auditivos en todas direcciones persiguiendo detectar algún sonido, mirándolo todo con sus saltones ojos negros. Poder contemplar tan cerca a este enmascarado roedor supuso una enorme satisfacción para nosotros, y el descubrimiento de un nuevo comensal de aquel comedero. Pero seguidamente salieron a escena otros lirones, y por turnos, continuaron con sus andanzas y prospecciones del terreno. Haciendo gala de su habilidad trepadora, se atrevieron a subir a alguna de las ramas utilizadas como perchas para los pájaros. Y por supuesto terminaron con los restos de comida que quedaban, mientras casi había anochecido.

Pareja de Lirones Caretos
















     Pero la sesión fotográfica no terminó aquí. Estábamos eufóricos por el largo rato de observación que nos permitieró aquella familia de lirones, un animal que normalmente es huidizo y difícil de ver, y con el entusiasmo del momento, en vez de volver, decidimos continuar nuestra jornada campera. Y así nos desplazamos hasta el Encinarejo.
     La noche primaveral nos ofreció un concierto de ranas y sapos en este paraje cuando llegamos, y precisamente nos dedicamos a buscar a sus autores. Mientras el canto de la rana común provenía del río, la ranita meridional y el sapo corredor parecían croar alejados del mismo. Con un poco de paciencia, mirando en los charcos, no tardamos en descubrir a las primeras ranitas, que parecían ser relativamente frecuentes. En cambio nos costó más encontrar algunos sapos corredores, los cuales, más activos que sus verdes primas, trataban de escapar en cuanto nos aproximábamos. Pero siempre con paciencia, la mejor aliada de un naturalista, conseguimos observar con calma a estos anuros y fotografiarlos, concluyendo así nuestra salida campera.

Ranita Meridional

Sapo Corredor

























(*) Fotografías: gentileza de José Rico.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ratón de Campo (Apodemus sylvaticus)
  • Lirón Careto (Eliomys quercinus lusitanicus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curuca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Parus caeruleus)
  • Herrerillo Capuchino (Parus cristatus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Rabilargo (Cyanopica cyanus cooki)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Emberiza calandra)
  • Sapo Corredor (Bufo calamita)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)
  • Rana Verde Ibérica (Rana perezi)

domingo, 24 de junio de 2007

ANDANDO POR LOS RÍOS DE LA CABRERA Y ROBLEDILLO

     El verano acaba de empezar. Ayer salimos Antonio y yo por la sierra, buscando las sombras y el frescor de las proximidades de los ríos. Primero lo llevé a enseñarle el Río de la Cabrera por la mañana, y después fuimos hasta el Río Robledillo donde estuvimos hasta que pasaron las horas más cálidas del día. La noche nos pilló bajando al Embalse del Jándula.
     Salimos temprano por la mañana para que no pillase el calor, y llegamos directos hasta el Río de la Cabrera. No nos entretuvimos en pararnos a observar ni las urracas, ni los rabilargos, ni los mirlos que vimos mientras subíamos para la sierra. Casi con la misma celeridad salimos a andar, río arriba, en cuanto aparcamos el coche junto al puente. Apenas conservaba ya agua el río, salvo en algunos puntos sombríos o en las pozas más hondas. En esos puntos de agua se concentraban multitud de pequeños peces, y era fácil descubrir a las ranas y a los galápagos al zambullirse cuando nos asomábamos a laguna de estas charcas. También logramos ver alguna culebra viperina. Los mirlos salían de entre las adelfas y los tamujos, alarmados por nuestras pisadas. Pero las aves que acapararon una mayor atención por nuestra parte fueron dos águilas imperiales que pasaron volando cerca. Llegamos a los pies del Rosalejo, sobrevolado por algunos buitres, donde dimos la vuelta. Pero justo antes de volver, caminábamos entre una mancha de adelfas de la que salió un fuerte sonido acompañado por una brusca sacudida de algunas ramas. Saciamos nuestra curiosidad asomándonos con precaución, y descubrimos unos cuantos jabalíes que se habían refugiado allí para pasar el día. El hecho de haber procedido con cuidado hizo que no se alarmaran los animales, y sin molestarlos más, retornamos nuestra marcha. Volviendo, además de los mirlos, también vimos el vuelo batido de un martín pescador.
     De camino hacia Sierra Madrona el calor empezaba a azotar en la extensa llanura central de la Sierra de Andújar. Las jaras pringosas que cubren estos llanos campos solariegos rezumaban su aceite esencial, impreganado sus hojas, refulgiendo un brillo graso bajo la luz del sol. Y a lo lejos se divisaba una gran concentración de buitres.
     Al llegar al Río Robledillo, tomamos un carril que iba paralelo al curso fluvial, aguas arriba. Cuando nos fue imposible seguir el camino, aparcamos, y almorzamos bajo la aliseda que conforma el bosque de galería de este río, por el que aún bajaba agua corriente. Después de comer salimos a dar un paseo, siguiendo el curso del río. Fundamentalmente encontramos cangrejos rojos (Procambarus clarkii) en sus aguas, pero también había ranas que de vez en cuando croaban desde las orillas. Los mirlos eran las aves que se veían con mayor facilidad, pero también pudimos observar algún que otro carbonero, y escuchar la voz del chochín que emanaba del interior del soto ribereño.
     Las horas más cálidas del pasaron y reemprendimos nuestro recorrido. Íbamos de vuelta. La actividad de la fauna resurgía según avanzaba la tarde. Los habituales ciervos que pueblan la Sierra de Andújar que hasta ahora no habíamos observado, se dejaron ver, pero todavía protegidos bajo la sombra. En el cable de un tendido eléctrico, paralelo a la carretera, había posadas unas tórtolas comunes. Alguna perdiz, acompañada por sus pollos ya crecidos, se aventuró a cruzar la carretera. Las urracas y los rabilargos revoloteaban en bandadas de un lado a otro.
     Cogimos el camino hacia el Embalse del Jándula casi al final de la tarde, y se nos hizo de noche antes de llegar a La Lancha. Salvo por los ciervos y algún que otro mirlo que apuraba las últimas luces del día, el camino bajando al pantano no estuvo demasiado animado. Paramos a cenar en la presa, aprovechando la iluminación de la misma, y después seguimos el camino hasta el final. Cuando regresábamos, al salir del túnel de piedra para cruzar la presa vimos asomada al borde de la misma una garduña. Rápidamente nos bajamos del coche y con una linterna pudimos seguir sus movimientos. Con una espectacular agilidad se desplazó por la pared casi vertical de la presa hasta que la perdimos definitivamente en la oscuridad donde no llegaba el haz de luz. Pero aún nos aguardaban más avistamientos nocturnos, por lo que el camino de vuelta fue más aprovechable que la ida. Además de los ciervos, vimos varios mochuelos y algunos chotacabras. Los jóvenes mochuelos se mostraban demasiado confiados, y nos permitieron deleitarnos observándolos. Y aunque fue muy breve, pero también descubrimos el trote de un tejón que corría subiendo por un cerro junto al borde de la carretera.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garduña (Martes foina)
  • Tejón Europeo (Meles meles)
  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Tórtola Europea (Streptopelia turtur)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Martín Pescador Común (Alcedo actthis)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo (Cyanopica cyanus cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Rana Verde Ibérica (Rana perezi)

domingo, 26 de junio de 2005

DESCUBRIENDO LA SIERRA SUR DE JAÉN

     No siempre los espacios naturales gozan de una figura de protección que haga justicia a sus valores ambientales. En las sierras situadas al sur de Jaén hay un buen ejemplo de ello, un amplio espacio natural de media montaña, bien conservado pese a no gozar de ninguna categoría de protección ambiental que en compañía de Esteban, he tenido la oportunidad de conocer este fin de semana.
      Salí para Torre del Campo el viernes después de comer. Habíamos quedado a media tarde para que el calor fuese disminuyendo mientras íbamos de camino a la sierra, pero también poder aprovechar la luz. Dejamos el coche en una vaguada, y empezamos a trepar por una empinada ladera. Al principio de nuestro ascenso no encontramos con la lamentable escena de un enorme lagarto ocelado que yacía ahogado en el interior de una bañera que los pastores utilizan como abrevadero para el ganado, una trampa mortal de la que no pueden salir estos y otros animales por no tener sujeción en la que agarrarse.
      Pasamos las horas a la sombra, mirando el farallón rocoso de en frente, mientras escuchábamos cantar de vez en cuando a la oropéndola en nuestro lado. En aquella pared de piedra vimos a unas lejanas cabras, pero lo más apasionante fue ver el vuelo del águila perdicera, hasta detenerse sobre una roca, donde la pudimos ver a placer gracias al telescopio de Esteban.
     Oscureciendo, bajamos hacia el coche. Entre escaramujos y majuelos se intuía la silueta de los escandalosos mirlos cuando volaban de un arbusto a otro. Cenamos donde habíamos dejado el coche, y cuando casi nos íbamos a montar para irnos, Esteban me hizo apreciar el canto del chotacabras gris, que yo no conocía.
     Seguimos recorriendo la Sierra Sur de noche. Por un camino bordeado de grandes pinos salió volando un ave grande, de gris librea, que afortunadamente para nosotros, se paró en una rama sobre el camino, iluminada por los faros del coche con claridad más que de sobra para comprobar que se trataba de un cárabo. Además permaneció allí, sin quitarnos ojo, un rato considerable. Y solo cuando el cárabo se fue, reanudamos la marcha nosotros.
     Ya había superado con creces mis expectativas, pero aún nos aguardaba otra sorpresa. Esteban descubrió unos ojos brillar en una higuera pegada al camino. Se trataba de una garduña, que no pudimos ver con claridad, moviéndose entre el ramaje del árbol. No habíamos podido verla en las mejores condiciones, pero era mi primera garduña y estaba más que satisfecho.
     Lo que no esperaba para nada es llegar a ver más garduñas aquella misma noche, y disfrutar viéndolas con toda la nitidez que nos daban las luces del coche. Fuimos a la Cañada de las Hazadillas, un área recreativa a la que acuden a buscar restos de comida en la basura que deja la gente en los contenedores, y al llegar, no tardaron en desperdigarse correteando por todas partes. Pero la curiosidad de estos mustélidos, hizo que algunas se detuvieran en sus carreras, para mirarnos con atención, momentos en los cuales también nosotros podíamos observarlas con detenimiento. Algunas de estas curiosas garduñas, que no hacían sino estimar el riesgo que podíamos suponer para ellas, lo hacían levantándose sobre sus patas traseras, y una, demostrando sus dotes para trepar árboles, lo hizo encaramada al tronco de un pino, por el que no tardo mucho en seguir subiendo para quitarse de nuestra vista.
     Llegada la calma, tras la gran espantada, oímos algunos gritos producidos por ellas. En un principio pensamos que se trataría de alguna pelea puntual entre ellas, pero dado que se repetían cada cierto tiempo, nos acercamos cautelosamente esperando descubrir la causa. Los gritos cesaron. Probablemente las garduñas se habrían percatado de nuestro acercamiento antes de llegar y habrían huido. Pero en las inmediaciones había un contenedor, y también podrían estar ahí. Esperamos un poco, haber que pasaba, pero nada sucedía. Entonces Esteban cogió una lata vacía del suelo, y la dejó caer dentro. Procedió así por precaución, ya que de estar dentro y verse sorprendidas, pueden saltar y morder para defenderse. Al hacer esto, confirmamos que había alguna dentro, pues volvió a chillar, pero lo que nos pareció más curioso es que no hubiera saltado, y salido huyendo. Repetimos la prueba, dos veces más, y sucedió igual. Entonces decidimos asomarnos, para averiguar que pasaba, y descubrimos dos jóvenes garduñas en el fondo del contenedor. No eran capaces de trepar ni podían saltar hasta el borde desde tanta profundidad. Afortunadamente para ellas, bastó con que cada uno de nosotros desde un lateral, inclinásemos el contenedor, para que pudiesen volver a estar libres.
     Para el sábado por la mañana teníamos previsto recorrer un tramo de río, buscando indicios de nutria. Bajando de la casería de Esteban, donde habíamos pasado la noche, nos paramos para ver una ardilla en el claro de un bosquete. Llegando al río, pudimos ver unas garzas reales en la orilla, pero lo más llamativo fue ver también un águila calzada posada no muy lejos de las garzas. No encontramos huellas ni excrementos de nutria a lo largo de la caminata por el cauce del río, aunque ello tampoco quiere decir que este ausente. Simplemente no los encontramos. Sí que pudimos ver ranas y culebras de agua, y también una garza real más en el punto donde decidimos volver.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Garduña (Martes foina)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Águila Perdicera (Hieraaetus fasciatus)
  • Aguililla Calzada (Hieraaetus pennatus)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Europeo (Caprimulgus europeaus)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Rana Verde Ibérica (Rana perezi)