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domingo, 10 de diciembre de 2017

RUTA GUIADA POR LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Junto con Inma y con Paco, ayer pasé una gran jornada en la Sierra de Andújar. Fue un día de trabajo, para unas rutas guiadas con Iberus, pero cuado pasas el tiempo entre personas tan entusiastas con lo que hacen, el trabajo se convierte en todo un estímulo. Inma y yo recogimos a nuestros respectivos clientes en el Centro de Visitantes de las Viñas de Peñallana, y desde allí, yo detrás de ella, nos dirigimos hacia La Lancha.
     En nuestro recorrido vimos urracas y rabilargos, pero sin duda los que hacían las delicias de las observaciones de nuestros clientes eran los abundantes ungulados de los montes mediterráneos andujareños, ciervos y gamos, que exigían improvisar algunas paradas. Por el camino vimos también pinzones y un cernícalo.
     En una parada en la que nos apeamos del coche acabamos localizando un pequeño rebaño de muflones, compuesto por seis hembras y dos machos. Vimos también un discreto mochuelo, sobre unas rocas de granito, a la sombra de unas encinas, pese a la cerrada nubosidad del día. Se podían escuchar petirrojos por el entorno, mientras alguna lavandera blanca se paseaba por el carril.
     Paramos también al llegar a las curvas, apartados de las grandes concentraciones de gente, donde pudimos observar conejos. Al menos cinco ejemplares distintos. A quienes comprendemos el funcionamiento de estos ecosistemas, nos produce mayor entusiasmo contemplar a este modesto animal que a un ciervo, pues el conejo es una presa fundamental en la dieta de los depredares de este medio natural. También vimos algún mirlo que prospectaba el suelo. Se escuchaba a la curruca rabilarga, y acabamos descubriendo una moviéndose entre las ramas de un madroño cercano.

Lince Ibérico

     Poco después hicimos otra parada porque sabíamos que se estaba viendo el lince. Y nada más bajarnos del coche lo localicé, encaramado junto a unos romeros. Permaneció bastante rato echado en el suelo, dormitando, y mientras tanto se nos unió Paco con su grupo. Pero tras cesar su descanso no se incorporó inmediatamente, sino que aprovechó su amagada posición para iniciar un rececho. Y desplazándose ligeramente a cortos trechos se lanzó a por un conejo. El lance no tuvo éxito, como ocurre la mayoría de las veces en la naturaleza, del que salieron dos raudos conejos por la loma donde ocurrió, y tras la que se había ocultado el lince. Las urracas, hasta una curruca cabecinegra, parecían reprocharle su fracaso. Delataban su presencia, todavía en la zona, pese a que nosotros no podíamos verlo. Y decidimos seguir nuestra ruta.
     Nuestra siguiente parada fue para observar las cabras monteses de los alrededores del embalse del Jándula, mientras les servimos un aperitivo campero a nuestros clientes, con productos locales y ecológicos, escuchábamos los reclamos del carbonero. El aire que entraba valle arriba, venía cargado de humedad. Pero a parte de las cabras, en las rocas también había posados unos buitres leonados, más otros que pasaron en vuelo. Con estos, también venía un buitre negro. También se dejaron ver un par de chovas. De vuelta, pasado el medio día, a parte de ciervos y gamos en el camino, me fijé en un zorzal charlo posado en la rama alta de una encina, y en un macho de tarabilla en un alambre.
     Tras dejar a los clientes en el punto de encuentro, y para aprovechar el resto del día, Inma y yo nos fuimos hacia la finca privada para ayudarle a Paco con los suyos. Por el camino nos dedicamos con mayor interés a fijarnos en los pájaros. Entre una multitudinaria bandada de pinzones, Inma fue capaz de dar con un pinzón real, que yo no llegué a ver, porque no tardaron mucho en levantar el vuelo, formando una gran algarabía con sus reclamos. También buscamos entre los estorninos negros algún pinto, pero no lo encontramos. Tan sólo un avefría compartía aquellos campos, pero sin mezclarse con ellos. Pero además habíamos visto lavanderas blancas por los campos donde estaban los estorninos y los pinzones, más una lavandera cascadeña, un par de pitos reales por el camino, pardillos, a los que también oímos, y unos jilgueros.
     Entrando en la finca pude ver un verdecillo. Por el entorno del sitio que elegimos para hacer una espera se movía una lavandera blanca y un bisbita por el suelo, mientras un ruidoso y compacto bando de los estorninos cambiaba a menudo de encina donde se dejaba caer. Vimos también dos conejos. Cuando nos pusimos a almorzar, Inma no tardó en divisar dos linces que bajaban descendiendo entre las rocas de la ladera de enfrente nuestra. Avisamos a Paco, que estaba en otro punto para que estuviese atento. Y los linces, una madre con su cría del año llegaron a un prado donde estuvieron moviéndose por largo rato, antes de volver a ascender ladera arriba hacia al final de la tarde, cuando algunos rayos de sol atravesaban la cortina de nubes, y bañaban de luz algunas áreas de los montes adyacentes. Los mochuelos habían empezado a cantar con el crepúsculo. Pero la humedad atmosférica puso activos a los sapos, y de noche, cuando íbamos de regreso hacia el Centro, los encontramos. Un par de sapos corredores, y uno de espuelas, a los que nos entretuvimos haciéndoles fotos con la ayuda de una pequeña linterna, y posteriormente apartamos de la carretera para evitar que fueran atropellados.

Sapo Corredor

Sapo de Espuelas



























Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalli)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Bisbita Pratense (Anthus pratensis)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)

lunes, 20 de marzo de 2017

TALLER DE ANFIBIOS EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Ayer asistimos David y yo a un Taller de Anfibios de la Sierra de Andújar, cuya parte práctica se desarrolló en la finca de Lugar Nuevo. Coincidimos además con Leocadio Rueda, y con Merche y Roland. No fue demasiado relevante en cuanto a la cantidad de especies observadas, pero sí que resultaron interesantes de ver. Seguramente que no me percaté de todas las aves que había en el entorno.
     Tras la amena charla teórica, en el Cercado del Ciprés, en la que nos fueron presentadas las diferentes especies de anfibios, tanto en fase adulta como larvaria, que pueblan la Sierra de Andújar, salimos hacia Lugar Nuevo para iniciar su búsqueda. Tampoco fue demasiado larga la práctica, pues tan sólo invertimos media mañana, hasta pasado el medio día. Podían oírse los pinzones y los trigueros por las cercanías de donde habíamos dejado los coches. También se escuchaba al carbonero, que detectamos en una encina. Y cuando todavía no habíamos empezado ni siquiera a caminar, en el claro cielo azul contemplamos como un ratonero se dedicaba a tratar de expulsar a un águila imperial con sus picados.
    Íbamos prospectando las charcas y las pozas junto al camino en las que abundaban los negros renacuajos del sapo corredor. También encontramos con alguna que otra culebra viperina, quizás el más especializado depredador de larvas de anfibios en estas latitudes. Además de los renacuajos del sapo corredor, vimos también algunos de ranita meridional. Yo encontré un macho adulto de sapo corredor.

Sapo Corredor

    Llegamos hasta un acaudalado arroyo en el que esperábamos encontrar alguna larva de sapo partero, pero tan sólo vimos gran número de pequeñas e inmaduras culebras viperinas lanzarse al agua, además de alarmados mirlos que se alejaban a nuestro paso. El murmullo del agua no conseguía apagar el potente canto del chochín, escondido entre los tamujos.
     La sorpresa vino cuando en una zona en la que esperábamos encontrar algún renacuajo de sapillo pintojo, apareció uno de sapillo moteado. Es la primera vez que tengo consciencia de verlo, y gracias a la identificación del experto que nos acompañaba. Esto demuestra que la naturaleza es dinámica y cambiante, y que no se pueden establecer reglas fijas para definir el comportamiento territorial de los animales, ni asegurar nunca lo que se va a ver en el campo antes de salir y haberlo observado, por común que resulte. Un buen ejemplo de ello lo constituyen los ciervos y los buitres leonados, que pese a lo frecuentes que suelen ser en la Sierra de Andújar, no los vimos este día. Y otra observación que me llamó bastante la atención, fue volviendo hacia los coches, cuando vimos una pareja de chorlitejos chicos próximos al camino, en el verde prado de la dehesa en la que habíamos estado buscando batracios al principio. Se mostraron confiados, pues en lugar de levantar el vuelo, se alejaron a pie. Lo más probable que sean aves en paso, que estén provisionalmente allí antes de retomar su viaje.

(*) Fotografías: gentileza de David Torres.


Lista de Especies Observadas:

  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Chorlitejo Chico (Charadrius dubius)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Sapillo Moteado Ibérico (Pelodytes ibericus)
  • Sapo Corredor (Epidalia calamita)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)

lunes, 16 de enero de 2017

EL LANCE DEL LINCE

     Inesperadamente no trabajé hace dos días, lo que me brindó la oportunidad de salir al campo en compañía de Julia, Lucía y Paquillo, que junto a otros compañeros de su promoción de Ciencias de Ambientales de Málaga, entre los que están Lola, promotora de la quedada, vinieron a pasar este fin de semana en la Sierra de Andújar. El grupo había contratado una visita guiada por Inma y Paco, y durante nuestro recorrido me encontré con Raimundo, con quien pasé la mitad de la jornada. Una jornada naturalista que además haría las delicias del más exigente de los naturalistas, en la que se dejaron ver las seis especies emblemáticas que residen permanentemente en este privilegiado enclave de Sierra Morena que es Andújar, acompañadas de un variado elenco de otras especies igualmente interesantes, siendo de entre aquellas primeras el lince el que en mejores condiciones pude observar.

La cauta mirada del lince

     Me encontré con el grupo en El Encinarejo. Ellos ya me llevaban cierta ventaja, pues hasta que supe que ese sábado no trabajaría, ya llevaban en el campo casi un par de horas, y habían visto a la nutria. Por el camino yo había visto algunas de las aves más usuales que suelen verse al recorrer ese trayecto, estorninos, algunas urracas y al mirlo. Lamentaba no haber podido llegar antes, y haber compartido el avistamiento de la nutria, pero mientras aún esperábamos su aparición en las tranquilas aguas del río, podíamos oír a un par de gorriones chillones posados en un cable, ver a los mosquiteros y a la lavandera cascadeña pulular entre los guijarros del río y a unos cuantos estorninos sobre un eucalipto seco. Pero tan solo vimos salir de la espesura de la vegetación a un picogordo que cruzo el caudal volando de orilla a orilla, para ocultarse nuevamente entre las plantas.
     Pero con el cambio de ubicación, sí que logramos ver al mustélido acuático, delatada por sus movimientos, aunque tan sólo unos instantes. También divisamos, a pesar del fuerte contraluz, a los dos miembros de una pareja de águilas imperiales posadas en sendos postes, mientras podíamos oír al zorzal charlo y los arrullos de palomas torcaces, de las que vimos alguna que otra pasar por allí. Una familia de mitos se movía por unas encinas próximas, mientras se descubrió entre el matorral por unos momentos una curruca cabecinegra hembra, a la cual habíamos oído. También pasaron unos pocos cormoranes, y vimos a la garza real.
     Del Encinarejo no movimos hacia La Lancha. Lucía me acompañó durante todo este recorrido, lo que nos dio más tiempo para hablar sobre nuestras vidas y ponernos al día, que ya hacía más de un año que no nos habíamos visto. Por el camino vimos urracas, rabilargos, tórtolas turcas, alguna abubilla, perdices, trigueros, petirrojos y pinzones, e hicimos algunas paradas para observar el terreno en las que pudimos ver colirrojos y al andarríos grande. Sobre una redondeada roca de granito aparecían un par de mochuelos, como parte de la misma, a modo de dos pequeños bolos graníticos puestos sobre ella. Un par de madrileños que venían con un niño, que pararon junto a nosotros se entusiasmaron bastante con estos avistamientos, que además, por su entusiasmo motivado, parecían estar descubriendo estas aves por primera vez. Una satisfacción que ya es menos patente en los que nos hemos acostumbrado a ver con cierta asiduidad estos animales, pero que no debemos olvidarnos del placer que supone seguir observándolos, pese a lo comunes que puedan resultar.
     Bajando por la zona de curvas, divisamos un buitre leonado y un negro. Pero eché de menos a lo largo de todo el trayecto no haber visto ningún ciervo. Paramos en el Mirador del Jándula, desde donde vimos más buitres, aunque más lejos. El águila real, posada sobre una roca, a lo lejos, que poco después emprendió el vuelo compartiendo el espacio aéreo con los buitres. Más cerca, vimos un ejemplar damero de águila imperial alejándose. Y por las inmediaciones no nos faltaron los petirrojos, frecuentes ahora, en la invernada, y las torcaces que sobrevolaron el área. También divisamos con los telescopios un ciervo. Inma además estrenaba su “tele” ese día.
     Seguimos hacia la presa del Embalse del Jándula sobrevolada por múltiples aviones roqueros. También vimos algunos buitres planeando, y un leonado particularmente pasó volando bastante cerca. Con Paquillo rememoramos cuando él vio el lince por aquella zona en el Voluntariado en el que nos conocimos Inma, él y yo, así como la valoración del trabajo que allí acometimos con los eucaliptos. Julia, un compañero de su grupo y yo entramos un momento en el túnel a ver los murciélagos que allí reposan durante el día. Desde los aparcamientos, volvimos a levantar la mirada al cielo para ver al águila imperial volando entre los buitres.
     De camino hacia arriba fue muy propicio que me encontrara a Raimundo, con quien me quedé a comer y a echar el resto del día, puesto que el grupo tenía una visita al interior de una finca privada. El zumbido de las abejas entre los florecidos romeros era continuo. Poco antes de comer se escuchaba la curruca cabecinegra, y un macho acabó elevándose sobre el lentisco donde se ocultaba, para volver a esconderse a continuación.


















     Después de almorzar Raimundo sugirió que deberíamos darnos un paseo. Acertada proposición, pues no muy lejos un grupo de gente acababa de ver al lince. Entre ellos estaban los madrileños con los que había coincidido por la mañana. No debimos esperar demasiado rato para verlo. Aunque dada nuestra posición y la del felino resultaba difícil hacer una observación cómoda. Lo descubrimos inmóvil, contra una roca. Algo llamaba poderosamente su atención, que le atrapaba la mirada como para ignorar la expectación que había despertado entre el público que lo contemplaba. Y tras una breve pero apresurada y certera carrera el lince se precipitó sobre su presa por excelencia, un joven conejo en el que yo por lo menos, no había deparado en su presencia. Quizá porque mi atención en el lince estaba tan centrada como la del lince lo estaba en el conejo. Pero durante el tiempo que duró el acecho, me dio tiempo a suponer que podría estar haciendo lo que finalmente hizo. ¡Acabábamos de ver la secuencia de un documental, en vivo!

Es predador especialista con su presa específica

     El conejo no emitió chillido alguno al ser cazado. Pensé que pudiera haber sido silenciado por el murmullo de la gente que me rodeaba, pero lo cierto es que nadie lo escuchó. No tardó mucho en comisquearlo en el mismo sitio donde cazó al lagomorfo, junto a un lentisco, y poco a poco se fue alejando del lugar. Pero antes de largarse volvió a brincar entre las rocas, en las que estuvo un rato echado al sol, tranquilo. Tras perderse de la vista de todo el mundo, la gente volvió a dispersarse, colocándose cada cual en su posición para seguir oteando el paisaje a la espera de que la suerte les sonría de nuevo.


















     Prologando la espera tan solo divisábamos las urracas sobre el terreno por que cruzaban palomas de vez en cuando, más algún que otro lejano ciervo que descubríamos. Y unas horas más tarde, cuando estábamos apunto de marcharnos, de nuevo se dejó ver el punteado gato. Había vuelto de su campeo a la misma área donde anteriormente había cazado. Costaba seguirle sus movimientos entre rocas, lentiscos y acebuches. De hecho yo dejé de verle pronto. Pero Raimundo, que volvió a estar acertado, supo posicionarse mejor y consiguió verle durante más tiempo y más cerca. Volvió a tener éxito al cazar de nuevo, otro joven conejo, y tras comérselo consiguió cruzar la pista, y recuperar su intimidad, penetrando en el monte que lo apartaba de curiosas miradas y objetivos fotográficos. No todos los días se puede presenciar al felino mediterráneo en acción, ejerciendo su papel de depredador. Ya podíamos irnos más que satisfechos. A parte de los ciervos, de regreso, con la luz del atardecer, pude ver también algún gamo.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Chillón (Petronia petronia)
  • Pinzón Común (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Triguero (Miliaria calandra)

viernes, 6 de mayo de 2016

UNA VISITA RÁPIDA A LA SIERRA DE BAZA

     Antes de salir para Daimiel, a otro Voluntariado, me urgía dejar terminada esta crónica, escrita con un poco de prisa. Ayer acompañé a Fran Checa a una reunión en Benamaurel. Cuando terminó, nos encontramos con Fran Silva, y este nos llevó a aprovechar un rato por la tarde a un rincón de la Sierra de Baza, al Cortijo Narváez, donde se encuentra el Centro de Visitantes del Parque Natural y un Complejo Rural. De camino se nos había cruzado un zorzal charlo. Encontramos cerradas las instalaciones. Pero a cambio disfrutamos de la tranquilidad de no tener a nadie cerca, hablar de nuestras cosas, reírnos y de conectar con la Naturaleza del entorno. Como si quisieran intervenir en nuestra conversación, solían escucharse a los piquituertos desde lo alto de los cipreses y los cedros, a los carboneros garrapinos y a los pinzones de entre los pinos, los arrullos de la torcaz procedentes del interior del bosque, y de vez cuando también un cercano pico picapinos con sus monosilábicas notas.
     Tras almorzar nos dimos un breve paseo por los alrededores. Mientras concluíamos que una pequeña encina que había nacido bajo unos cipreses era obra de los arrendajos, reputados sembradores de bosques, nos sorprendió un ciervo que bajaba a la carrera por la ladera. Se situó unos instantes cerca de nosotros, quieto, pudiendo ver que era un macho en el que despuntaban los pivotes óseos de la incipiente cuerna, carraspeó, sacudiendo la cabeza, quizás tratando de librarse del acoso de las moscardas, y se marchó. Y mientras mirábamos la cantidad de muérdago que amenazaba la vida de algunos pinos laricios, descubrimos a una ardilla en la copa de otro, pegada al tronco. Nuestro paseo nos llevó a la mancha de cipreses donde de vez en cuando cantaba y tamborileaba en la madera el pico picapinos, pudiendo ver al pájaro carpintero volar, mientras pasaban cantando los pequeños bandos de verdecillos y piquituertos. Llegamos a ver algún piquituerto posado en la parte superior de estos lanceolados árboles de los que extraen las semillas de sus gálbulos.
     Pero Silva no podía quedarse toda la tarde con nosotros, de manera que cuando nos despedimos, Checa y yo decidimos hacer el par de senderos que de allí parten. Pero una cosa es lo que planificas, o lo que teníamos intención de hacer, y otra es lo que luego realmente haces, a menudo en función de la disponibilidad de tiempo. Y es que nos entretuvimos más de lo que quisimos en el itinerario circular que recorrimos. Antes de empezar el recorrido, estando en el entorno del cortijo, recibí la llamada del coordinador de WWF/Adena, para confirmar mi plaza en el Voluntariado. El sendero discurría casi ininterrumpidamente entre bosques de pino laricio, resinero y carrasco, mezclados entre si. Al poco rato de empezar la caminata, llegamos a una fuente donde se agolpaban los piquituertos, y algún que otro pinzó, para beber. El canto del carbonero garrapinos podía escucharse casi todo el tiempo, y más tarde acabamos viendo algunos.
     Llegamos a un mirador, elevado y sobre un área despejada, desde el que podíamos contemplar las cumbres de la Sierra de Baza que nos rodeaban. Oímos las graznantes llamadas de las chovas, y las descubrimos altas, surcando el cielo plomizo de la tarde. Del pinar surgían los ásperos reclamos del arrendajo, consiguiendo ver alguno. También vimos algunas palomas torcaces, en vuelos altos y rápidos, sobre el techo de las copas de los pinos, y algún mirlo, volando bajo, a los cuales además pudimos escuchar. Los relinchos del pito real y las agudas notas del agateador también sonaron entre los murmullos del bosque, pero sin que llegásemos a verlos. Logramos ver al herrerillo capuchino, aunque apenas un instante, gracias a que lo delató su canto.
     Cuando llegamos de vuelta al Cortijo de Narváez, determinamos que se nos haría muy tarde si hacíamos también el otro sendero. Antes de montarnos en el coche para irnos, pudimos observar sobre el tejado del cortijo al carbonero común. Pero toda esta historia tan solo es un fragmento que he querido destacar de la Naturaleza con la que estuve en contacto y de los avistamientos que realicé en el día de ayer. La siguiente lista de especies es por lo tanto, solo una parte del total que pude observar, por la carretera, en el entorno de Benamauriel por el que anduve mientras esperaba a que Fran terminase, y en Sierra Mágina, donde paramos a cenar en un área recreativa.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Carbonero Garrapinos (Periparus ater)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)

jueves, 14 de enero de 2016

DÍA ÉPICO EN UN RINCÓN DE LA SIERRA DE ANDÚJAR

     A propuesta de Raimundo, volvimos por la Sierra de Andújar hace dos días. Frente al pleno al seis de Raimundo en lo que a observaciones de lince se refiere por salida, esta fue mi cuarta salida y la tercera en la tengo la inmensa fortuna de poder no solo ver, sino también de escuchar los potentes maullidos del gran gato rabón. El lugar elegido, como en las ocasiones anteriores fueron “las curvas” de La Lancha, donde había más gente de lo que esperábamos.
     Tras el anterior día de lluvia, la jornada fue soleada y de temperatura más agradable de lo que debiera para estas fechas. La atmósfera limpia y la luz le otorgaban pureza y brillo a los colores del paisaje que nos envolvían. Por la carretera se dejaron ver una abubilla que salió volando de la cuneta al pasar junto a ella, algún mirlo, y unas perdices en vuelo, cuando superamos el tramo de niebla cercano a Andújar. Más adelante, vimos urracas y pinzones, antes de detenernos unos momentos a contemplar el algodonoso mar de nubes que se extendía sobre el Valle del Jándula, del que solo despuntaba el santuario a lo lejos a modo de isla, como un castillo flotante en las densas nubes de un mundo mágico. Esta parada también me permitió ver tres colirrojos tizones que revoloteaban por los alrededores, y me entretenían con sus flexiones.

Valle del Río Jándula, inundado por el mar de nubes

     Paramos otra vez para ver un mochuelo apostado en los bolos graníticos de una dehesa. Al rato voló a refugiarse en el ramaje de una encina cercana. Estaban también presentes en las cercanías del camino donde estábamos parados la lavandera blanca y el buitrón, y un poco más adelante nos aguardaba la tarabilla. Destacaba en el prado verde la blancuzca silueta del zorzal charlo entre los negros estorninos que comisqueaban entre la hierba. Entre otros bolos resaltaban las ramificadas cornamentas de un par de ciervos. En el resto del bacheado camino vimos algunos pinzones más, unos mitos y un arrendajo.
     Al llegar a las primeras curvas nos encontramos con el banco de niebla que nos privaba del amplio campo visual que abarca los dominios del lince. Nos enfrentamos a una sensación contradictoria. Por un lado experimentamos cierto alivio por no haber llegado más temprano, pero por otro lado sentimos temor que pasado el medio día no hubiesen abierto aún las nieblas, y nos quedamos sin ver nada. A pesar de todo no teníamos más opción que resignarnos, y esperar. Mientras me entretenía observando las numerosas currucas capirotadas, y algún que otro pinzón, moviéndose entre la vegetación próxima. Y la niebla poco a poco, no tardó en disiparse.
     En un paseo me encontré con Armando, que había venido con unos amigos suyos de Málaga. Mientras charlábamos, después de algunos años desde la última vez que nos habíamos visto, nos entreteníamos con las currucas rabilargas que de vez en cuando asomaban entre los romeros y lentiscos desde los que emitían sus reclamos, con urracas y rabilargos que de vez en cuando nos ponían en alerta cuando graznaban, con el paso de alguna paloma torcaz y los buitres leonados que empezaron a remontar en vuelo. Junto a un conejo que se soleaba en un claro, maullaron una pareja de mochuelos cercanos que también tomaban el sol apostados en una roca de granito. También se escuchaba a la curruca cabecinegra. Pero fue el águila imperial la que tuvo un mayor protagonismo cuando pasó sobre nuestras cabezas.
     Entre tanto, habíamos tenido noticia que un lince había cruzado el camino cerca de donde estábamos, pero solo lo había visto una persona, y rápidamente se perdió de vista. Yo me disponía a enfocar con los prismáticos a un escribano montesino, posado sobre una jara pringosa al otro lado del camino, cuando Armando me advirtió que un lince estaba cruzando el camino delante de nosotros. Fueron solo unos momentos los que se dejó ver, pero suficientes para que se concentrara gran número de personas en la zona. Justo después de cruzar llegó Rafa, que también hacía tiempo que no veía, y le dije que se acababa de cruzar justo donde él y otro compañero suyo habían dejado el coche. Pudimos ver a aquel macho unos instantes más, caminando entre la espesa vegetación, pero enseguida lo perdimos de vista, y nunca más supimos de su paradero. Al parecer se trataba de un joven macho.
     Pero no tardamos mucho en recibir la noticia que también estaban viendo otro lince en otra curva. Me lo tomé con calma y fui el último de mis compañeros en llegar al lugar. Al llegar encontré un ingente número de objetivos de cámaras y prismáticos apuntando desde el borde del camino hacia abajo. Y abajo se encontraba una lincesa dedicada a su aseo, acicalándose sobre una roca expuesta al sol. Al rato empezó a caminar pausadamente hacia abajo, alejándose del camino. De vez en cuando se perdía entre los lentiscos y los acebuches. En su ruta, iba marcando con orina algunos puntos. Según se iba alejando, llegaba el momento en el que me parecía más interesante observar a una pareja de buitres negros que habían aparecido por la zona. Esta hembra probablemente fuera aquel primer ejemplar de lince del que supimos que había cruzado el camino.
     Cuando dejó de verse, Raimundo y yo nos fuimos a comer. Mientras almorzábamos escuchábamos al pito real y a la perdiz, y me distraía con las currucas capirotadas que revoloteaban entre los lentiscos cercanos. También lo hizo algún pinzón, y además una hembra de mirlo sobre una jara, me permitió descubrir al más discreto acentor común que había junto a ella. Y en unas rocas descubrí al azul roquero solitario macho.
     Cerca de donde comimos había gente que había seguido a la lincesa, ya muy lejos. Mientras la pareja de águilas imperiales empezó a volar junta, mientras lanzaban sus graznidos al aire por el que se deslizaban. ¡Todo un espectáculo! Más cercanos que la lincesa, podía verse algún que otro ciervo deambular tranquilamente por los montes.

Águila Imperial Ibérica

     Nos acercamos a reunirnos nuevamente con mis amigos de Málaga. En el corto paseo escuchaba los reclamos de la curruca rabilarga y cabecinegra. Pude ver aparecer un macho de la cabecinegra surgir del interior de un mirto. También veía las acrobacias de un par de chovas en el cielo, mientras graznaban. Pero comprobamos que no graznaban para mantener el contacto entre ellas, que tanto revuelo se debía a la presencia de un gavilán que perturbaba su tranquilidad. No dudaron los ágiles córvidos en lanzarse en un furioso ataque contra la pequeña rapaz forestal hasta expulsarla de su territorio.
     El rato que estuve con los malagueños vimos a otra pareja de chovas, aposentadas sobre otras grandes piedras. Más abajo se movía algún ciervo, y sobre la roca en que había una pareja de mochuelos al medio día, había ahora un par de perdices.
     Raimundo se volvió un poco antes que yo adonde habíamos comido y desde donde tenían localizada a la lincesa. Cuando llegué me dijo que la habían vuelto a ver. Mientras caía la tarde vimos un par de conejos corretear en un claro y el vuelo de las perdices precipitándose ladera abajo. El cacareo de una urraca atrajo nuestra atención, pero enseguida comprobamos que se trataba de un pequeño grupo de cuatro de estos córvidos comunicándose entre ellos sobre el área descubierta de un cortafuegos. Escuché un par de notas del pico picapinos, y algo más tarde lo localicé sobre un poste de madera. Algo más lejos, también localicé al alcaudón real posado sobre una encina.

Pico Picapinos

     Recogimos las sillas, y al guardar el trípode de su cámara, Raimundo me comentó que seguro que volvíamos a ver otro lince ya que lo había guardado. Caminábamos hacia donde estaban mis amigos de Málaga, ya para despedirnos de ellos. Poco antes de llegar adonde estaban ellos iba con la mirada perdida en el fondo del barranco, donde me daba la impresión de estar viendo un animal, sobre la divisoria de aguas de un pequeño promontorio, en la frontera entre las sombras y las luces de la tarde. Hay momentos en los que la vista, ayudada por la imaginación, juega malas pasadas a los naturalistas, y vemos algún animal donde solo hay una piedra o un tronco, así que confieso haber cometido el error de no comprobarlo. Ciertamente fue un fallo, porque apenas un instante tras verlo y tomar esa equivocada decisión en mi cabeza, aquel tronco muerto cobró vida, y empezó a emitir unos potentes maullidos que hicieron las delicias de todos quienes se acercaron atraídos por la desgarradora voz del lince.
    Aquel lince, que en la distancia parecía de mayor tamaño que los otros dos de las primeras horas de la tarde, empezó a ascender por la ladera envuelta en las sombras crepusculares. A lo largo de su aparentemente errática trayectoria, en la que llegó a volver sobre sus pasos, orinó, marcando su territorio, y también posó sentado, como si contemplase el área de sierra que controla. Y la fiera del monte mediterráneo volvió a romper el silencio en la sierra con sus maullidos, o quizás más bien rugidos, deleitándonos a todos los oyentes allí presentes la jornada vespertina. ¡Todo un regalo de la Naturaleza, la experiencia vivida en este día!


Lince Ibérico

     La jornada la completan un ciervo que vimos volviendo por la noche, y una liebre que se nos cruzó en la carretera.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Acentor Común (Prunella modularis)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicuros ochruros)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Buitrón (Cisticola junciduis)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

HACIENDO PRUEBAS EN EL MULADAR

     Y tras haber preparado los hides del muladar, llegó el momento de inaugurarlos. Ya sabíamos que el muladar daba buen resultado, pues las reses que habían aparecido muertas y que habían sido llevadas allí (como dicta la ley), fueron devoradas por los buitres en poco tiempo. Hace dos días se dejaron allí los despojos de la montería del día anterior, y ayer, aprovechando que me había llamado Raimundo, fuimos a probar suerte, y aunque no acudió ningún buitre, fuimos compensados sobradamente por la presencia del águila imperial, que poquísimas veces brinda la oportunidad de poder verla tan de cerca.
     De camino a la sierra, por la carretera, pude fijarme en los estorninos, en las tórtolas turcas y en los rabilargos. Habíamos quedado en la sierra con José Luis. Mientras lo esperábamos, podíamos ver unos ciervos, que aunque lejanos, eran bastante visibles cruzando un cortafuegos, y más próximos, un grupo de muflones. Las urracas se movían entre las copas de las encinas, mientras lavanderas blancas y zorzales charlos lo hacían entre los secos pastizales de la dehesa.
     Cuando llegó José Luis, nos montamos en su coche y fuimos los tres hasta el muladar. Durante el breve trayecto por los carriles vimos un pequeño bando de gorriones, unas tórtolas turcas y algunas perdices. Y antes de llegar a la puerta del cercado del muladar, nos detuvimos a ver los buitres, no demasiado lejos, que había a un lado del camino, dos negros y unos cuantos leonados.
     Sin más demora, entramos en el muladar, Raimundo y yo nos metimos en un hide, y José Luis se marchó. A través de la ventana podíamos ver como cientos de buitres montaban la guardia desde las rocas de las colinas de en frente. La mayoría eran los comunes leonados, entre los cuales destacaban los oscuros negros, mucho menos numerosos y repartidos ente aquellos. Esperábamos que tarde o temprano levantaran el vuelo y se dejaran caer sobre la carne. En varias ocasiones se elevaron las columnas de buitres, volando en ciclos sobre el muladar, pero las horas pasaron y esperamos en vano.
     En cambio fueron otras aves las que visitaron el muladar. Un petirrojo y una hembra de colirrojo tizón pusieron entretenimiento en nuestra espera. Ambos pájaros estuvieron dejándose ver por allí con asiduidad, saltando desde sus perchas en las ramas de las encinas al suelo, por donde se movían entre las vísceras a la caza de insectos. Las urracas también hicieron varias veces acto de presencia, y se llegaron a congregar hasta seis a la vez. Caracterizadas por su inteligencia, no picoteaban desde el principio, si no que primero vigilaban el entorno, y cuando estaban en grupo, siempre había alguna que no comía, y oteaba desde algún punto elevado. Permanecían en contacto entre ellas mediante cortos graznidos. La presencia de las desconfiadas urracas nos trasmitía la esperanza de que los buitres se acabaran acercando, pues como es bien sabido, a menudo los buitres descubren las carroñas gracias a estos córvidos de llamativo plumaje. También podíamos ver el paso de algunas aves, como las palomas torcaces, o una pareja de chovas piquirrojas que localizamos porque graznaban mientras iban volando.



     Y ante la relajada situación empezamos a comer, cuando de repente Raimundo, casi sin poder contener la emoción, me dice que ha venido el águila mientras me señala la copa de una encina al borde del muladar. Apenas podíamos verla claramente entre el ramaje, sobre el que se desmarcaba el perfil de la cabeza en contraste con el blancuzco cielo. Durante unos minutos aguardamos con tensión, ante la imprevisible reacción de la rapaz, pues podía irse igual que había venido, pero pasados los cuales, se dejó caer al suelo con las alas entreabiertas como un paracaídas. Ahora podíamos ver claramente que era un ejemplar adulto. Una vez aterrizó, no vaciló mucho en ponerse a comer, pues había visto a las urracas hacerlo, e incluso llegaron a compartir el festín simultáneamente. Mientras comía, podía oírse la voz de otro ejemplar posado en alguna parte de los alrededores, pero que no podíamos ver. Cuando se tomaba una pausa para levantar la cabeza para mirar en todas direcciones, temíamos que se marchara. Graznando, se aproximaron un par de cuervos, que no llegaron a posarse en el muladar. Sobre un cuarto de hora estuvo el águila dándose un atracón de carne. Pasado este tiempo fue a posarse a una encina seca, donde permaneció unos minutos más hasta que decidió irse. Estábamos muy emocionados con haber podido observar un águila imperial a poco más de 15 metros de distancia, durante casi media hora, porque si bien es cierto que solemos verla con frecuencia en estos montes de la Sierra de Andújar, también es cierto que suele ser en vuelo y a muy largas distancias.


     Seguimos algunas horas más, viendo como los perezosos buitres de las colinas permanecían sin moverse del sitio, y los que habían aparecido en vuelo, se alejaban poco a poco. Probablemente no tuvieran hambre. También pasó una joven águila imperial, pero no se detuvo. Y aprovechando un momento de calma, en la que no había ni urracas, abandonamos el hide y salimos del muladar. Fuimos andando hasta el coche. En nuestra caminata se nos cruzó un bando de pinzones y un pito real. Una vez en el coche acordamos rematar la jornada en El Encinarejo, tentando la suerte con el lince, o tal vez la nutria. Por la carretera vimos gamos, gorriones y trigueros en determinados puntos, y una garza real cuando cruzamos el puente del Río Jándula. Siguiendo por el carril del área recreativa fueron mirlos y rabilargos lo que pudimos ver.
     Mientras la luz iba mermando, permanecimos en nuestra última espera en el mirador, acompañados por un par de petirrojos y una curruca cabecinegra. Bajo las encinas de la dehesa que observábamos en frente, se movían algunos ciervos. Pasaron unos pocos cormoranes volando sobre nosotros, siguiendo el curso del río, y sobre sus aguas descubrimos el batido vuelo del martín pescador que por unos instantes estuvo posado en las deshojadas ramas de un sauce. Invisible en cambio resultaba el ruiseñor bastardo que emitía su estrofa musical desde su escondite cercano al borde del río.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)