lunes, 4 de septiembre de 2017

VIGILANCIA DE INCENDIOS EN EL XORRET DE CATÍ

     Con el calificativo alicantino podría resumir mi mes de agosto, que desde el 31 de julio al 1 de septiembre ha transcurrido en esta provincia levantina. Y el grueso de mi estancia se centra en el Xorret de Catí, un enclave natural situado entre las Sierras del Maigmó, de El Cid y del Fraile. Tan prolongada permanencia se debe a que he participado en tres turnos seguidos, de 11 días cada uno, de un Voluntariado sobre vigilancia de incendios forestales, a lo largo de los cuales he tenido la oportunidad de conocer a bastantes personas, cada cual con sus peculiaridades, pero todas interesantes a su manera, que he tenido por compañeros y monitores, y que pasaron por la casa donde conviví un mes. Además, para el primer turno me reencontré con David e Irene, dos años después de conocernos en Sierra Nevada. Los monitores, siempre dos, fueron Raquel y Cristian en el primero y segundo turno, y Neus y Rossana en el tercero.

Sierra del Cid

La Sierra del Cid, vista desde la casa






























     Por parejas y en turnos de 4 horas, bien por la mañana o bien por la tarde, vigilábamos desde puntos fijos, que en función de la cantidad de gente que hubiésemos, ocupábamos preferentemente unos u otros. El primordial en ocupar era aquel que designaban como Mirador, bajo la crestería de la Sierra del Fraile, y que paradójicamente muchos preferían que no les tocase, porque había que ir andando, y subiendo cuesta casi todo el tiempo. El siguiente punto en prioridad respondía al nombre en clave de Ermita, por la proximidad a una ermita, y el tercero se llamaba Cachuli, pero nadie me supo explicar el porqué de ese nombre. Estos dos puntos eran torretas de vigilancia, pero a Cachuli sólo pude ir un par de veces durante el segundo turno, ya que llegamos a estar 13 voluntarios, a uno de cubrir todas las plazas. Esos nombres usábamos para comunicarnos con los walkie-talkies. A parte, los días de alerta 3 (alto riesgo de incendio), y los fines de semana, por la gran afluencia de gente que pudiera acudir a la zona, había una ronda de vigilancia nocturna, que era opcional para los voluntarios, y a las que me sumé en algunas ocasiones.
     Cuando no teníamos guardia hacíamos diversas actividades complementarias. Algunas relacionadas con el cometido del Voluntariado, como lo eran la Cartografía, para familiarizarnos con los mapas y las brújulas, y aprender a calcular el rumbo en caso de detectar alguna columna de humo (por suerte no hubo que hacer ningún aviso), gymkhanas destinadas a la orientación, rutas tanto diurnas como nocturnas para el reconocimiento de la zona, o visitar el Parque de Bomberos de Elda. Y otras actividades que eran más de ocio, como visitar lugares de baño en algún río, la vía ferrata en la Sierra del Fraile y la escalada en La Foradá. Además Cristian nos dio una iniciación sobre primeros auxilios, una tarde en el primer turno Gabriel nos enseñó un poco de acroyoga, con Neus hicimos una excursión reconociendo plantas, y un día de lluvia, Víctor, compañero del segundo y tercer turno, nos dio unas nociones de defensa personal. También hicimos un par de batidas de limpieza. Una de ellas tras el final de una etapa de la vuelta ciclista que terminaba allí, y dejaron basura esparcida por todo el área y a lo largo de la carretera, y además encontramos una garduña muerta, probable víctima de atropello por el trasiego de vehículos en los días previos y posteriores.

Sierra del Maigmó

     De esas actividades, las que más me gustaron fueron las rutas senderistas. Dos subidas al Despenyador (1262 m.), en el primer turno con Gabriel y guiados por Raquel, y en el segundo turno en compañía de Bruno, Fer y Mar, también conducidos por Raquel. Otras dos fueron al Pantanet, que no es un embalse, una andando por carretera en el segundo turno, pero la más aventurera fue por donde nos llevó Rossana en el tercer turno, siguiendo la crestería de la Sierra del Fraile. Otra caminata muy agradable fue siguiendo un sendero PR en el tercer turno que Tomás conocía, ofreciéndonos buenas vistas panorámicas de las Sierras del Maigmó y de El Cid. Además en este recorrido pasamos por un pozo de nieve y una pequeña gruta. Las dos rutas nocturnas que hice en el primer y segundo turno fueron en torno a La Foradá, más larga en el segundo turno, conducidos por Saúl y Víctor, además de una subida hasta el Mirador. Pero además están las andanzas que pude hacer por libre, bajo las paredes de la cresta del Fraile, siguiendo una pista forestal abandonada que llega hasta la roca que le da el nombre a la sierra, aunque en mi opinión parece una gárgola, primero con Saúl, en el segundo turno, y posteriormente lo repetí en el tercero con Héctor. Y aparte, el día de la vuelta ciclista tuvimos que ir andando desde la casa hasta la torre de Ermita a hacer una guardia, pasando por otro pozo de nieve, aunque a Susana no le gustó demasiado este atajo.

La crestería de la Sierra del Fraile
La roca que le da nombre a la Sierra del Fraile

     Pinos carrascos más bien jóvenes formaban los bosques del Xorret de Catí, con algunas manchas de encinar, carrascas como las llaman aquí, que atestiguan el bosque primigenio que allí debió existir. Coscojas, jaras y espino negro (Rhmanus lycioides) componían el estrato arbustivo. Concretamente el espino negro, indicador de que la naturaleza del terreno es caliza, me lo identificó Marcos, el hermano de Bruno, un compañero que estuvo en los dos primeros turnos, con quien me reí un montón, y que alguno de los sobrenombres que me puso, tenía que ver con mi faceta bichera. El paisaje también estaba integrado por bancales de cultivo de almendros, y hasta cerezos, indicador de que existe cierto grado de humedad en la zona, seguramente aportada por el aire que entra desde el cercano Mar Mediterráneo.
     No destaca el Xorret en cuanto a fauna, al menos por cantidad, a pesar de haber cierta variedad. Quizás por la época, o porque yo no estuve muy acertado, pero en general hacía sólo observaciones puntuales de aves, que es el grupo más numeroso y fácil de reconocer. Y de estas, me resultó curioso que fueran los piquituertos los que en más ocasiones detecté por vista u oído, y probablemente también fueran los más numerosos, cuando en la mayor parte de los lugares en los que he estado, no es ni mucho menos el ave más frecuente. Al arrendajo también se le veía o se le escuchaba con relativa asiduidad. Los vencejos comunes tenían algunos días en los que se dejaban ver en gran número. Y de las aves de presa, el pequeño cernícalo era la que más a menudo se movía, bien en torno a los bancales, o bien cerca los riscos y las altas rocas. El águila real o la culebrera sólo las vi algunos días sueltos.
     Tal vez ante la escasez de aves y otros vertebrados, me empleé más a fondo que quizás en ninguna otra etapa de mi afición como naturalista, a fijarme en el complejo universo de los insectos y los arácnidos. Saúl, que disponía de un objetivo macro que acoplaba al móvil, hizo fotos con bastante detalle de estos pequeños animales. A veces era cómico ver como Gabriel, o algún otro compañero intentaba desembarazarse con poco éxito de las avispas que siempre compartían nuestros desayunos en la terraza, o el talento innato de Tamara para encontrar arañas y avisarme para que las expulsara de su habitación. En cambio despertaban mucha expectación polillas, crisopas, escarabajos y hasta mantis que acudían, atraídas por la luz, a esa misma terraza por la noche, cuando después de haber cenado, interrumpíamos nuestros juegos o nuestras charlas, para centrar nuestra atención sobre los lances de caza que las salamanquesas ejercían sobre ellas. Hasta tres salamanquesas que por estar allí siempre, llegamos a reconocer individualmente. Alguna estilizada Empusa pennata de las que acudían precisamente a la luz para capturar polillas, se convirtió en el cazador cazado, al ser presa de una gran salamanquesa.

Cymbalophora pudica

Dendrolimus pini
Sphinx maurorum














     Algunas de estas polillas eran bastante vistosas, como Cymbalophora pudica de alas anteriores densamente punteadas, o de considerable tamaño como Sphinx maurorum, o los varios ejemplares de Dendrolimus pini, haciendo notable su presencia en las paredes de la terraza, aunque las más frecuentes eran las de la procesionaria (Thaumetopoea pytiocampa) más modestas en cuanto a tamaño y discreta librea gris. Pero además de estos lepidópteros nocturnos, también había mariposas diurnas en la zona, tales como Hipparchia fidia, que además resultaba corriente localizarla.

Hipparchia fidia en cópula

     Desde los puestos de vigilancia, cuando no estaba inmerso en alguna conversación con el compañero de turno, trataba también de localizar algún ave. Y según el punto, era más fácil de ver unas u otras especies. Varias veces pude ver los aviones roqueros, los vencejos comunes, y algún real, volando sobre las paredes que se elevaban verticalmente tras el Mirador, o cuando hacíamos alguna excursión por la Sierra del Fraile. Las chovas piquirrojas, que creí que serían frecuentes por allí, sólo pasaron muy de tarde en tarde, y en pequeño número. Por la ladera que asciende hacia esta sierra era usual toparse con las lagartijas colilargas, y alguna vez también con el lagarto bético, o fardacho como lo llaman allí, separado como especie propia del lagarto ocelado hace pocos años. Por el camino que iba a la torre de Ermita, se veían de vez en cuando arrendajos, torcaces o pinzones, o se escuchaba al pito real. Y desde la misma torre, a parte de piquituertos, vencejos y algún cernícalo, llegué a ver y a escuchar a la curruca rabilarga, al herrerillo capuchino y a los carboneros garrapinos y común.

Hembra de Lagartija Colilarga

     Cerca del propio Xorret, que sería como una especie de surgencia de agua, ahora oculta y canalizada por una estructura construida por el ser humano, había una pequeña charca, artificial también, que no obstante está muy naturalizada por los juncos que crecen en su entorno, que usaban como posaderos las múltiples libélulas que por allí revoloteaban, y en cuyas orillas era fácil encontrar ranas de apreciable tamaño. Aquí los piquituertos elegían las horquillas altas de los chopos para posarse. Las ardillas, de cuando en cuando, solían también verse por los alrededores. Y hasta una perdiz seguida por su prolífica pollada, llegué a ver por la zona. Aunque las perdices, al igual que algún conejo, cuando llegaba a verlos, solían estar en el entorno de los bancales.

Rana Verde Ibérica

     La propia casa también se convertía en un punto de observación durante mi estancia al aire libre. Las golondrinas comunes y dáuricas a veces se concentraban por los aledaños, siendo fácil verlas en vuelo. Alguna vez también pasaron unas abubillas. De vez en cuando observaba fugazmente una pequeña lagartija marrón, que no terminaba de ver claro. Suponía que podría ser una cenicienta, pero no fue hasta los últimos días, cuando conseguí fotografiar una, y que me identificaron como lagartija de Edwards, una de las tres especies en las que los taxónomos separaron la cenicienta. Y no sólo cerca de la casa, sino también en claros con rocas, tomillos y matorrales bajos la encontré.

Juvenil de Lagartija de Edwards

     Las arañas que solían encontrarse dentro de la casa eran las patilargas Pholcus phalangioides, completamente inofensiva y beneficiosa como todas arañas. En los exteriores teníamos localizada a una hembra de Argiope lobata, aguardando pacientemente en el centro de su telaraña vertical construida en el pasto seco frente a la puerta de casa, a que algún saltamontes o un insecto volador cayese en su trampa invisible, especie de la que Víctor y yo vimos otro espécimen en otro sitio. También encontramos tanto cerca de casa como en otras zonas algunos negros ejemplares de la valiente e imponente Amblyocarenum walckenaeri. Jorge, compañero del primer turno con él que me quedó pendiente hacer una guardia, y María, compañera del segundo turno, trataban de evitar encuentros con estos artrópodos de ocho patas a toda costa.

Macho de Amblyocarenum walckenaeri

Hembra de Argiope lobata, con un saltamontes como presa






























     Los escorpiones, que solíamos encontrar activos por las noches en las que salíamos de ruta o de vigilancia, se ocultaban bajo piedras durante las horas diurnas. Bajo las rocas, y cerca de casa también, podían verse luciérnagas y milpiés. Y en una de mis prospecciones volteando piedras, a parte de alguna lagartija, encontré un día un eslizón ibérico. Si se hace esta práctica de levantar piedras, que menos que tras de la molestia ocasionada a cualquier inquilino que se encuentre bajo ellas por satisfacer nuestro gusto en contemplarlos, que dejar la piedra en la posición original en la que se hallaba, y posteriormente permitir que el animal que sea retorne a ella, y no antes, para evitar un posible aplastamiento.

Escorpión, también conocido como alacrán

Eslizón Ibérico


























Sapo Común Ibérico
     Que en aquel lugar se mantenía cierta humedad nos lo ponían de manifiesto los sapos comunes que en más de una noche llegamos a encontrar por la carretera o en los caminos durante nuestros recorridos. Estas salidas nocturnas también nos permitieron ver un joven mochuelo una noche, y algún chotacabras.
     Se abrió la media veda estando allí, aunque paradójicamente Natalia, una compañera del segundo turno con una gran sensibilidad por los animales e interesada en aprender sobre la fauna, y yo apreciamos un mayor número de cazadores en la zona, que sus potenciales piezas, perdices y palomas. Con el paso de los días también se notaban cambios en el comportamiento de las aves, que ya empezaba a agruparse para sus viajes migratorios. Los vencejos hacía tiempo que no los veía, y empezaba a verse alguna tarabilla por los bancales y los espacios abiertos. Y en compañía de Neus y de Susana, detectamos a los abejarucos a través de su canto, que revoloteaban altos sobre nuestras cabezas. Tuvimos lluvia en los últimos días, y hasta una espectacular noche de tormenta que contemplamos desde la terraza, como el resplandor de los relámpagos iluminaba la noche.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ardilla Roja (Sciurus vulgaris)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Vencejo Real (Tachymarptis melba)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Carbonero Garrapinos (Periparus ater)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Eslizón Ibérico (Chalcides bedriagai)
  • Lagarto Bético (Timon nevadensis)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Lagartija de Edwards (Psamodromus edwardsianus)
  • Sapo Común Ibérico (Bufo spinosus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

lunes, 29 de mayo de 2017

VOLUNTARIADO DE OLIVARES VIVOS: RUTA HACIA LA LAGUNA DE FUENTE DE PIEDRA

     La otra jornada relevante en cuanto a avistamientos de aves durante el Voluntariado de Olivares Vivos fue la tarde del jueves 25 de mayo, tras visitar las instalaciones de la Finca La Torre, donde habíamos estado trabajando por la mañana. Saliendo ya de la finca me había fijado en la cogujada montesina y el macho de la tarabilla común, ambos posados sobre una cerca paralela al camino, y además nos detuvimos a ver un lagarto ocelado que estaba en el polvoriento camino.

Sisón, en el campo de siega
     Nos dirigíamos hacia la Laguna de Fuente de Piedra, pero antes nos vimos obligados a improvisar algunas paradas. La primera y más larga fue mientras atravesábamos un campo de cereal que llevaría poco tiempo cosechado, cuando Paco escuchó al sisón. Nada más apearme del coche un macho levantó el vuelo del lado de la carretera donde habíamos aparcado, y se pasó al otro lado ocultándose entre la hierba. Tampoco tardamos mucho en escuchar los reclamos de otros machos desde distintos puntos del campo, y enseguida localizamos al primero, asomando la cabeza y el cuello sobre la hierba, engalanado con el plumaje del celo. Y conforme el tiempo avanzaba descubrimos otros sisones, aunque más lejos, y entre ellos, alguna hembra también. Todo un premio poder observar unos cuantos ejemplares del ave del presente año, cuyas poblaciones se van rarificando poco a poco por el uso de pesticidas en la agricultura y la intensificación de los cultivos.
     Pero los sisones no eran las únicas aves allí presentes. Algún que otro cernícalo prospectaba el campo, mientras se escuchaban las calandrias y se dejaban ver sobre los restos del cereal cortado.

La cabeza de un sisón macho asomando sobre la hierba

     Antes de llegar al mirador de la laguna, nos detuvimos junto a un campo de cereal sobre el que volaban unas pagazas piconegras afanadas a la captura de insectos. Al otro lado nos fue posible ver unos estorninos.

Flamencos
     En el mirador en el que paramos no estuvimos demasiado rato. Tan sólo fuimos para apreciar la gran mancha que forman los flamencos agregados en el dormidero sobre hondonada que forma la laguna, ahora seca y gris. También vimos alguna gaviota reidora volar por el entorno de la laguna.
     De camino al observatorio que hay junto al Centro de Visitantes José Antonio Valverde, vimos dos mochuelos posados cerca de la carretera, de la que levantó el vuelo algún que otro pinzón a nuestro paso, un macho de aguilucho cenizo volar sobre una parcela de olivar, y algunos conejos en los taludes.
     Desde el Centro de Visitantes, mirando hacia el lecho gris ceniza de la laguna se veían algunos flamencos dispersos, y entre ellos un tarro blanco. Desde los tarajes del borde cantó el ruiseñor. Varios conejos se movían por los alrededores, entre alguna grajilla que había posada también en el suelo, aunque el grueso de estos córvidos podían observarse cómodamente en el tejado del Centro. Y los aviones zapadores pululaban por encima de la altura del tejado a la captura de mosquitos, mientras las gaviotas reidoras surcaban el cielo. Vimos las fochas en una mancha de agua junto al Centro.

Atardecer en la Laguna de Fuente de Piedra

     Entramos a un observatorio desde el que podía verse otra área encharcada donde permanecimos prácticamente hasta que la luz se agotó. Albergaba una diversa multitud de aves acuáticas, desde los grandes flamencos a los pequeños zampullines comunes que de vez en cuando se desvanecían con sus inmersiones bajo el agua. El vocerío de las gaviotas reidoras y las cigüeñuelas predominaba sobre los demás, aunque también pudimos escuchar al avefría que pasó volando sobre el observatorio. Un alcaraván aterrizó cerca de una orilla, pero la vegetación lo ocultaba de la vista. Además de los zampullines chicos, también había un cuellinegro vestido con el llamativo plumaje de verano. Las avocetas también destacaban entre las aves, aunque el grupo más diverso lo integraban las anátidas, desde la pareja de los grandes tarros blancos, a las tres diminutas malvasías que localizamos. Y por supuesto no faltaban los comunes ánades reales y porrones europeos, así como algunos patos colorados.
     Como telón de fondo aparecían las afueras del pueblo de Fuente de Piedra, donde podían verse las cigüeñas sobre su nido, y los bandos de estorninos.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis)
  • Zampullín Cuellinegro (Podiceps negricollis)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Flamenco Común (Phoenicopterus roseus)
  • Tarro Blanco (Tardona tardona)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Pato Colorado (Netta rufina)
  • Porrón Europeo (Aythya ferina)
  • Malvasía Cabeciblanca (Oxyura leucocephala)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Focha Común (Fulica atra)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Cigüeñuela Común (Himantopus himantopus)
  • Avoceta Común (Recurvirostra avosetta)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Avefría Europea (Vanellus vanellus)
  • Gaviota Reidora (Chroicocephalus ridibundus)
  • Pagaza Piconegra (Gelochelidon nilotica)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Calandria Común (Melanocorypha calandra)
  • Cogujada Montesina (Galerida theklae)
  • Avión Zapador (Riparia riparia)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Tarabilla Europea (Saxicola rubicola)
  • Grajilla Occidental (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Lagarto Ocelado (Timon lepidus lepidus)

domingo, 28 de mayo de 2017

VOLUNTARIADO DE OLIVARES VIVOS: OBSERVACIONES EN LA CAMPIÑA SUR DE SEVILLA

     Olivares Vivos es un Proyecto Life que pretende recuperar la biodiversidad en el cultivo del olivar mediante diferentes actuaciones tales como la plantación de especies vegetales mediterráneas en lindes y zonas de escorrentía, por un lado para frenar la erosión, y la colocación de cajas-nido para murciélagos, paseriformes insectívoros y lechuzas que contribuyan al control biológico de las poblaciones de insectos y roedores que podrían perjudicar los campos. Por su parte, las 20 fincas colaboradoras en este proyecto, distribuidas por casi toda Andalucía, obtienen un certificado que garantiza al consumidor de sus productos (aceite, esencialmente), la contribución de las mismas al restablecimiento de la biodiversidad.
     Una de las formas de llevar a cabo estas actividades es a través del Voluntariado. Entre el 21 y el 26 de mayo he podido participar en un Voluntariado que se ha desarrollado en dos fincas de la campiña sur de Sevilla y otra en Antequera. Con María Cano y Paco Martín como monitores del grupo y el reencuentro con Cata en el que fue el tercer voluntariado en el que coincidimos, he conocido a Alegría, Edu, Zarine, Miguel, Rebe y Manu, integrando un gran equipo y compartiendo una intensa vivencia durante los cinco días, y un par de significativas jornadas camperas.
     Durante nuestros dos primeros días de trabajo, el 22 y 23 de mayo, en la misma finca, realizamos interesantes observaciones de algunas de las especies de aves esteparias más singulares de la Campiña Sur de Sevilla. Nos dedicamos, además de a la plantación y a la colocación de cajas-nido, a la instalación de un bebedero para aves. Para la plantación, a modo experimental, se utilizó terracote, una sustancia granular que contiene abono y una sustancia que retiene el agua y la va liberando progresivamente según la demanda la planta, dado que el mes de mayo no es propicio para plantar.

Milano Negro
     No era difícil observar el vuelo de los vencejos y los milanos negros por el entorno mientras nos dedicábamos a nuestra labor. Al oído de Paco no pasaron desapercibidos los cantos del zarcero común, de la curruca mirlona y de la terrera común, que nos indicó de quien era cada cual. A la terrera la llegamos a localizar en vuelo, mientras cantaba, y también echarse a tierra. Además llegué a ver un zarcero entre los tarajes que atestiguan el paso de un arroyo, ahora seco. Por el camino de vez en cuando andaban las cogujadas, a las cuales también escuchamos, y entre los olivos corría alguna liebre. Además también se llegó a escuchar el reclamo de la curruca cabecinegra, la estrofa del carbonero y la repetitiva nota del buitrón. Irrumpieron en el espacio aéreo unos buitres leonados, compartiéndolo con milanos. Vimos además algún que otro ratonero, y el paso de una carraca que desapareció sobre los olivos.
     El paisaje agrario en el que nos hallábamos trabajando, entre el olivar, el cereal y hasta un campo de espárragos, encierra ya de por si un enorme potencial de vida. Aunque quizás no fueran las aves los animales que más atención acapararon, sino las garrapatas, que con su presencia sembraron la inquietud entre algunos componentes del grupo. Pero nada hicieron estos arácnidos que tuviéramos que lamentar.
     Pero fue la tarde del lunes 22, acompañados por dos anilladores de la zona que conocían María y Manu, cuando nos dedicamos con mayor exclusividad a movernos por el entorno de Lantejuela en busca de aves que observar. El sol todavía atizaba con fuerza sobre la campiña, pero al poco de habernos incorporado a un carril, divisamos unos cernícalos primillas posados en un tendido eléctrico, en compañía de un par de cuervos, y casi simultáneamente teníamos a una pareja de aguiluchos cenizos realizando cabriolas a un lado del camino, sobre el campo de cereal, lo que nos obligó a hacer una parada. Entre tanto se podía oír a las calandrias, y a lo lejos pasaron en vuelo unas garcillas bueyeras. Las cogujadas casi pasaban inadvertidas entre los terrones y los surcos en un campo, en el que descubrimos un pollo volantón de triguero.

Dehesa al anochecer

     Algún tiempo después nos desplazamos al territorio del elanio azul, donde no tardamos en ver aparecer a ambos miembros de la pareja en repetidas ocasiones. Incluso se llegaron a posar en lo más alto de alguna de encinas que salpicaban el campo de alrededor. Con el telescopio descubrimos también una perdiz posada en las ramas de la encina. Y mientras caía la tarde, entretenidos con los elanios, o las liebres que salían de entre los girasoles, pasaron también por el lugar un cuco que se perdió sobre el dosel del olivar cercano, la abubilla por un cortijo cercano, un sisón volando a bastante altura, un alcaraván aterrizar por la zona, y una carraca que llegó a posarse en una encina próxima, aunque fuera de nuestra vista. La silbante voz del alcaraván y el maullido del mochuelo le ponían voz a las últimas horas vespertinas.
     Apurando las últimas luces alargamos un poco más la jornada, en búsqueda de mochuelos. Pero tan sólo conseguimos oírlos. Así como al alcaraván y al chotacabras pardo, del que sí logramos ver un ejemplar en la zona en la que estuvimos esperando.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Liebre Europea (Lepus granatensis)
  • Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Elanio Común (Elanus caeruleus)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Cernícalo Primilla (Falco naumanni)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Carraca Europea (Coracias garrulus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Calandria Común (Melanocorypha calandra)
  • Terrera Común (Calandrella brachydactyla)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Buitrón (Cisticola juncidis)
  • Zarcero Común (Hippolais polyglotta)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Mirlona (Sylvia hortensis)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Triguero (Miliaria calandra)

domingo, 26 de marzo de 2017

UN DÍA DE TRABAJO EN LA CAMPIÑA DEL SUROESTE JIENNENSE

     Con el objetivo de darle un acelerón a las plantaciones, antes de que avance la primavera, que se están llevando a cabo dentro del proyecto de Olivares Vivos con el propósito de restaurar con especies vegetales mediterráneas áreas improductivas, lindes o corregir cárcavas de arroyos y torrentes, se contrató una cuadrilla a tal efecto de la que he formado parte. Pese a la dureza del trabajo de campo, pocas cosas gratifican tanto como saber que estoy siendo participe de una acción que mejorará la naturaleza, en este caso el cultivo del olivar, contribuyendo a incrementar su biodiversidad. Y si además realizas estas labores junto a personas con las que compartes las mismas motivaciones conservacionistas como lo son el equipo humano de Iberus Medio Ambiente, un día de trabajo puede acabar pareciendo que más bien has salido para tratar de disfrutar con la observación de fauna y la contemplación de la naturaleza, como de hecho nos pasó ayer.
     Sin descuidar el trabajo, acudimos por segundo día consecutivo a la misma finca que el día anterior, de la campiña suroccidental de Jaén, donde se mantienen todavía algunos campos de cereal, diversificando el paisaje, e interrumpiendo la fiebre del monocultivo del olivo. Los aguiluchos cenizos se entregaban a sus paradas nupciales, ejecutando en el aire acrobáticas cabriolas y picados, acompasados al ritmo de sus silbidos. También las golondrinas daban continuas pasadas sobre el sembrado cerealista, del que no podíamos ignorar la procedencia del reclamo de los sisones, que ocultos entre las verdes espigas, dejaban oír a menudo sus leves ventosidades. Algo más tarde escuchamos también el característico siseo que producen al volar, cuando un macho se levantó para interceptar a otro en el aire, al pasar por su territorio.

Gallipato


     Del olivar se llegó a escuchar la silbante voz del alcaraván, pero lo que más se solía oír eran los jilgueros y los verdecillos. Tampoco faltaban en estos medios agrarios las cogujadas. Pasó también por la zona un ánade real, y algo más tarde un ratonero. Y además de las aves, mientras nos dedicábamos a plantar, nos encontramos también con un gallipato, no muy grande, y poco después apareció una culebra de escalera, un ejemplar subadulto.
     Al finalizar la jornada laboral, en lugar de irnos directamente, aprovechamos un rato más para dedicarnos ahora en exclusiva a mirar a las aves de los espacios abiertos y las zonas agrícolas, especialmente a los aguiluchos. Por el carril vimos también una abubilla. Aunque también atrajo mucho nuestra atención la avutarda, un macho que se paseaba por un barbecho. Y al irnos vimos unos cuervos.


Lista de Especies Observadas:

  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Aguilucho Cenizo (Circus pygargus)
  • Sisón Común (Tetrax tetrax)
  • Avutarda Común (Otis tarda)
  • Alcaraván Común (Burhinus oedicnemus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Culebra de Escalera (Rhinechis scalaris)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)

lunes, 20 de marzo de 2017

TALLER DE ANFIBIOS EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Ayer asistimos David y yo a un Taller de Anfibios de la Sierra de Andújar, cuya parte práctica se desarrolló en la finca de Lugar Nuevo. Coincidimos además con Leocadio Rueda, y con Merche y Roland. No fue demasiado relevante en cuanto a la cantidad de especies observadas, pero sí que resultaron interesantes de ver. Seguramente que no me percaté de todas las aves que había en el entorno.
     Tras la amena charla teórica, en el Cercado del Ciprés, en la que nos fueron presentadas las diferentes especies de anfibios, tanto en fase adulta como larvaria, que pueblan la Sierra de Andújar, salimos hacia Lugar Nuevo para iniciar su búsqueda. Tampoco fue demasiado larga la práctica, pues tan sólo invertimos media mañana, hasta pasado el medio día. Podían oírse los pinzones y los trigueros por las cercanías de donde habíamos dejado los coches. También se escuchaba al carbonero, que detectamos en una encina. Y cuando todavía no habíamos empezado ni siquiera a caminar, en el claro cielo azul contemplamos como un ratonero se dedicaba a tratar de expulsar a un águila imperial con sus picados.
    Íbamos prospectando las charcas y las pozas junto al camino en las que abundaban los negros renacuajos del sapo corredor. También encontramos con alguna que otra culebra viperina, quizás el más especializado depredador de larvas de anfibios en estas latitudes. Además de los renacuajos del sapo corredor, vimos también algunos de ranita meridional. Yo encontré un macho adulto de sapo corredor.

Sapo Corredor

    Llegamos hasta un acaudalado arroyo en el que esperábamos encontrar alguna larva de sapo partero, pero tan sólo vimos gran número de pequeñas e inmaduras culebras viperinas lanzarse al agua, además de alarmados mirlos que se alejaban a nuestro paso. El murmullo del agua no conseguía apagar el potente canto del chochín, escondido entre los tamujos.
     La sorpresa vino cuando en una zona en la que esperábamos encontrar algún renacuajo de sapillo pintojo, apareció uno de sapillo moteado. Es la primera vez que tengo consciencia de verlo, y gracias a la identificación del experto que nos acompañaba. Esto demuestra que la naturaleza es dinámica y cambiante, y que no se pueden establecer reglas fijas para definir el comportamiento territorial de los animales, ni asegurar nunca lo que se va a ver en el campo antes de salir y haberlo observado, por común que resulte. Un buen ejemplo de ello lo constituyen los ciervos y los buitres leonados, que pese a lo frecuentes que suelen ser en la Sierra de Andújar, no los vimos este día. Y otra observación que me llamó bastante la atención, fue volviendo hacia los coches, cuando vimos una pareja de chorlitejos chicos próximos al camino, en el verde prado de la dehesa en la que habíamos estado buscando batracios al principio. Se mostraron confiados, pues en lugar de levantar el vuelo, se alejaron a pie. Lo más probable que sean aves en paso, que estén provisionalmente allí antes de retomar su viaje.

(*) Fotografías: gentileza de David Torres.


Lista de Especies Observadas:

  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Chorlitejo Chico (Charadrius dubius)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Sapillo Moteado Ibérico (Pelodytes ibericus)
  • Sapo Corredor (Epidalia calamita)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)