miércoles, 14 de mayo de 2014

TALLER DE AVES FORESTALES EN LA SIERRA MORENA CORDOBESA OCCIDENTAL

     Con motivo del Taller de Aves Forestales realizado durante este fin de semana en el Camping de Puente Nuevo (Villaviciosa de Córdoba), nos desplazamos el viernes por la tarde hasta allí Eva, Nazaret, Patricia y yo. El Taller lo organizaba El Bosque Animado, y lo impartía Rafael Romero Porrino, que a pesar de su juventud, es ya un reputado ornitólogo, fruto de la pasión que demuestra por las aves. Tras la presentación y la primera sesión teórica, hicimos un pequeño recorrido nocturno hasta el cercano Río Guadiato para observar a través del oído. Escuchamos a los ruiseñores, las ranas y los grillos, entre el sonido de la corriente, y a un lejano cárabo que también podía oírse desde el camping.

     Al alba del sábado, con el cárabo ululando a lo lejos, y las golondrinas y gorriones comenzando su jornada en el entorno del camping, iniciamos una interesante actividad, hacia las 6.40. Volvimos a orillas del Guadiato, para observar el paisaje sonoro, pero esta vez siguiendo una metodología de escucha, apuntando todas aquellas especies que lográsemos identificar por el oído en intervalos de 10 minutos. Hicimos un total de 6 tramos, por lo que estuvimos una hora sin movernos del sitio, en silencio, en los que el coro de ruiseñores, acompañados por el chochín, jugaron el papel protagonista durante todo el concierto. Las ranas comunes y la ranita meridional también pusieron sus cantos en escena.
     En el primer tramo todavía resonaban las risotadas del cárabo, que se prolongaron hasta el segundo. Y comienza también a sonar desde el principio la flauta del bosque, la oropéndola, que llegó hasta el quinto intervalo, donde ya solo emitió su áspera voz de reclamo.
     Aparecen en el segundo tramo la curruca capirotada, que solo faltó en el quinto tramo, y el ruiseñor bastardo, que estuvo callado durante el cuarto intervalo. O simplemente quizás pasaron desapercibidos a mi oído, al mezclarse con otros cantos.
     Se incrementan las especies que fui capaz de discriminar su voz en el tercer tramo, con el reclamo del verderón, los arrullos de la paloma torcaz, los graznidos del cuervo y el tamborileo de un pico picapinos. La paloma ya se estuvo escuchando hasta el final. Sin embargo al pico picapinos no lo pude detectar en el siguiente tramo.
     La única especie que figura en el cuarto tramo, y exclusivamente en este, es la chova piquirroja, de la que además pude ver a un par de ellas que pasaron en vuelo.
     Entra en escena el verdecillo, con su chorreo de notas, en el quinto tramo. La oropéndola ya solo deja oír su reclamo, antes de callarse. De dejan ver dos torcaces, además de seguir oyéndose sus arrullos. El picapinos vuelve a manifestarse mediante sus golpes en la madera de algún tronco, dejándose ver posteriormente en vuelo y emitiendo una nota de reclamo.
     Prosiguen los arrullos de las palomas y tamborileo del picapinos en el sexto y último tramo, al que se añaden los agudos pitidos del agateador, acompañando a los incesantes ruiseñores comunes, al chochín, al ruiseñor bastardo y a la curruca capirotada.
    Esta interesante estación de escucha pretendía demostrarnos como va variando el elenco de especies que cantan según el momento del día, a pesar de que una hora es poco tiempo para comprobarlo. Cuando nos dirigíamos hacia el camping, pasó un cuervo, que también lanzó al aire algunos graznidos.


Encinar

     Volvimos al camping, antes de iniciar la segunda actividad práctica, donde era fácil ver gorriones, golondrinas, estorninos y urracas en sus correrías entre sus instalaciones y las parcelas de acampada. Cantaban ya verdecillos y verderones por los alrededores, acompañando a la oropéndola.
     Y sin mucha demora, antes de que apretara el calor, nos dirigimos hasta el Monte de Cabeza Aguda para comenzar una ruta ornitológica, siguiendo el Sendero de las Fuentes. Antes de llegar al punto de parada pudimos ver el batido vuelo del pito real adentrarse en el pinar, dos zorzales charlos, un par de ciervas, y un águila calzada. Sobre el sitio donde aparcamos volaban los vencejos.
     El recorrido circular estuvo marcado por interesantes observaciones. Comenzamos escuchando el melódico cantar de una pareja de totovías que volaban en círculos, para a continuación fijarnos en los herrerillos comunes revoloteando entre las ramas de un eucalipto, del que salió volando una paloma torcaz que se internó en el pinar próximo, donde se podía oír al mirlo y los agateadores. Desde el camino despegaron unos pinzones. Otra águila calzada planeaba en el cielo, y más allá, pasaban buitres leonados en vuelo de crucero.
     Al llegar a una vaguada adehesada, Rafa hizo que nos detuviésemos a escuchar el canto del mosquitero papialbo, que con un poco de paciencia acabamos descubriendo cuando volaba de encina en encina, cuando permanecía fugazmente posado en las ramas bajas. Además, se podía oír el repetitivo canto del triguero. En aquella vaguada había charcas en las que había algunos renacuajos, y en cuyas inmediaciones encontramos un pequeño sapo corredor. El calor empezaba a apretar, y era preferible estar a las sombra. Mirando al cielo contemplamos el paso de un buitre negro, y el vuelo en círculos de otra águila calzada. Poco más adelante Rafa localizó una tarabilla norteña posada sobre la flor de un gamón, a pleno sol. Más abajo, entre unos pequeños eucaliptos, por donde pasaron unos jilgueros, Rafa detectó por el oído a la curruca carrasqueña, y aunque fugazmente, la acabamos viendo en vuelo, y posarse de nuevo, aunque entre las ramas. Y no muy lejos de aquella vaguada, en las profundidades del encinar que ascendía por la suave ladera, donde cantaba el petirrojo, Rafa nos indicó donde se encontraban una pareja de colirrojos reales.

Pinar

     A lo largo del sendero, nos encontramos con algunos pilones y fuentes, que dan su nombre al sendero. En uno de estos pilones, que conservaba agua todavía, por hallarse bajo las sombras del encinar, encontramos una joven culebra viperina. Se podía escuchar por los alrededores el canto del chochín y de la curruca capirotada.
     Ascendía el camino de nuevo, por una leve cuesta. De un talud, salieron volando un par de escribanos montesinos, que nos dejaron escuchar sus reclamos. Al adentrarnos en un pinar oímos el agudo canto del agateador. También escuchamos las estrofas de los carboneros, al ansioso herrerillo capuchino, y los pinzones, los cuales acabamos viendo. También oímos los ásperos graznidos del arrendajo, y viendo a tres de estos córvidos. Al salir de la espesura del bosque vimos al águila culebrera.
     En el entorno del lugar donde habíamos dejado aparcados los coches podía oírse el griterío de los gorriones chillones. De vuelta, por el camino pudimos ver un par de abejarucos, de los que también se oían sus gorgoteos. Y al llegar al camping, un milano negro volaba por las cercanías. Podían oírse verderones y verdecillos. Conocimos a Rafael Tamajón, un experto en entomología, pero sobre todo en aracnología, quien formaba parte de la organización y se incorporó a curso desde ese momento, con quien mis compañeras y yo compartimos buenos ratos de charlas.

     El domingo por la mañana comenzamos otra ruta ornitológica, el ascenso al pico Névalo. En el punto de partida, y cuando apenas habíamos empezado a andar, pudimos escuchar al torcecuello. Los rabilargos frecuentaban la zona de transición entre el olivar y el bosque. Al poco tiempo de haber empezado a andar, paramos ante los chillidos del críalo, pudiendo ver una pareja bastante cerca. Se escuchaba también la melodía de la totovía, pero en cambio no llegamos a verla.
     Al entrar al pinar, nos paramos en una zona dominada por coscojas y encinas de porte arbustivo, mezcladas con zarzas, donde podían oírse muchos pájaros. Dominaba, no obstante, el potente canto del ruiseñor sobre todos los demás. Además podía distinguir claramente al mirlo y al chochín. Las currucas carrasqueña, y especialmente la capirotada y también el petirrojo, casi pasaban desapercibidos por la agudeza de sus voces. Y de fondo seguíamos teniendo el canto de la totovía, al que se sumó el reiterativo cuco.
     La marcha por un camino abierto, bajo el pinar, nos permitieron escuchar las estrofas del carbonero común, los arrullos de la paloma torcaz, los relinchos del pito real y las notas de los verdecillos. Entre las ramas de una encina, la borde del camino, vimos una pareja de herrerillos capuchinos, a los que habíamos localizado por el oído.

Restos del Castillo del Névalo

     Cerca ya de la cumbre, a pesar de su modesta altitud, el bosque desaparecía, para dejar paso al matorral, más o menos denso, donde podía oírse a la curruca cabecinegra, dejándose ver un par de ejemplares en su frágil vuelo entre los arbustos. Además de contemplar el paisaje de Sierra Morena, que nos rodeaba allá adonde mirásemos, desde la cima podíamos ver el veloz vuelo de los vencejos, acompañados de sus pitidos, al pasar cerca de donde estábamos. Bajo una estructura techada, quedaban los restos de un nido de golondrina dáurica, que el año pasado había estado ocupado por vencejo cafre, según nos contó Rafa. Pero nuestra estancia allí estuvo dedicada la observación de buitres, sobre todo leonados, entre los que se dejó ver algún que otro negro. También vimos el vuelo de un gavilán y de un cuervo.

Vista panorámica de Sierra Morena

     Bajamos por el mismo camino. Los pinzones habían empezado a cantar bajo las sombras del pinar por el que volvíamos. Persistían los arrullos de las torcaces. Y en aquella zona arbustiva, seguían cantando, aunque con menos intensidad el ruiseñor, el mirlo y el chochín, dejándose ver por allí un petirrojo. Y bajo el fuerte sol del medio día, caminando por la zona donde el bosque se pierde, dando paso al olivar, oímos al jilguero, entre las insistentes notas del triguero.
     Además de las urracas, las golondrinas, los gorriones y los estorninos, cuando llegamos al camping al finalizar la actividad, pudimos ver el águila culebrera. El Taller de Aves Forestales concluyó después de comer.
    

(*) Fotografías: gentileza de Rafael Tamajón.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
10/05/2014
Monte de Cabeza Aguda
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
2 hembras
10/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Milano Negro
(Milvus migrans)
Un ind.
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Algunos
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Buitre Negro
(Aegypius monachus)
Un ind.
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Culebrera Europea
(Circaetus gallicus)
Un ind.
10/05/2014
Cabeza Aguda. Sendero de las Fuentes
Aguililla Calzada
(Aquila pennata)
3 inds. (morfo claro)
10/05/2014
Río Guadiato. Cabeza Aguda.
Paloma Torcaz
(Columba palumbus)
3 inds. Oída
10/05/2014
Río Guadiato. Camping
Cárabo Común
(Strix aluco sylvatica)
Oído
10/05/2014
Monte de Cabeza Aguda
Vencejo Común
(Apus apus)
Pocos
10/05/2014
Monte de Cabeza Aguda
Abejaruco Europeo
(Merops apiaster)
2 inds. Oído
10/05/2014
Monte de Cabeza Aguda
Pito Real
(Picus viridis sharpei)
Un ind.
10/05/2014
Río Guadiato
Pico Picapicnos
(Dendrocopos major)
Un ind. Oído
10/05/2014
Cabeza Aguda. Sendero de las Fuentes
Totovía
(Lullula arborea)
2 inds. Oída
10/05/2014
Río Guadiato. Sendero de las Fuentes
Chochín Común
(Troglodytes troglodytes)
Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Petirrojo Europeo
(Erithacus rubecula)
Oído
10/05/2014
Río Guadiato
Ruiseñor Común
(Luscinia megarhynchos)
Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Colirrojo Real
(Phoenicurus phoenicurus)
Una pareja. Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Tarabilla Norteña
(Saxicola rubetra)
Un ind.
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Mirlo Común
(Turdus merula)
Oído
10/05/2014
Monte de Cabeza Aguda
Zorzal Charlo
(Turdus viscivorus)
2 inds.
10/05/2014
Río Guadiato
Ruiseñor Bastardo
(Cettia cetti)
Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Curruca Carrasqueña
(Sylvia cantillans)
Un ind. Oída
10/05/2014
Río Guadiato. Sendero de las Fuentes
Curruca Capitortada
(Sylvia atricapilla)
Oída
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Mosquitero Papialbo
(Phylloscopus bonelli)
Un ind. Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Carbonero Común
(Parus major)
Pocos. Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Herrerillo Común
(Cyanistes caeruleus)
Pocos. Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Herrerillo Capuchino
(Lophophanes cristatus)
Pocos. Oído
10/05/2014
Río Guadiato. Sendero de las Fuentes
Agateador Común
(Certhia brachyodactyla)
Oído
10/05/2014
Río Guadiato. Sendero de las Fuentes. Camping
Oropéndola Europea
(Oriolus oriolus)
Oída
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Arrendajo Común
(Garrulus glanndarius)
3 inds. Oído
10/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Urraca
(Pica pica melanotos)
Pocas. Oída
10/05/2014
Río Guadiato
Chova Piquirroja
(Pyrrhocorax pyrrhocorax)
2 inds. Oída
10/05/2014
Río Guadiato
Cuervo Común
(Corvus corax)
Un ind. Oído
10/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Pocos. Oído
10/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Gorrión Común
(Passer domesticus)
Pocos. Oído
10/05/2014
Monte de Cabeza Aguda
Gorrión Chillón
(Petronia petronia)
Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Algunos. Oído
10/05/2014
Río Guadiato. Sendero de las Fuentes. Camping
Verdecillo Común
(Serinus serinus)
Oído
10/05/2014
Río Guadiato. Camping de Puente Nuevo
Verderón Común
(Chloris chloris)
Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Pocos. Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Escribano Montesino
(Emberiza cia)
2 inds. Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Triguero
(Miliaria calandra)
Oído
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Culebra Viperina
(Natrix maura)
Un ind. juvenil
10/05/2014
Sendero de las Fuentes
Sapo Corredor
(Epidalea calamita)
Un adulto inmaduro
10/05/2014
Río Guadiato
Ranita Meridional
(Hyla meridionalis)
Oído
10/05/2014
Río Guadiato
Rana Verde Ibérica
(Pelophylax perezi)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Varios
11/05/2014
Subida al Névalo
Buitre Negro
(Aegypius monachus)
Pocos
11/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Culebrera Europea
(Circaetus gallicus)
Un ind.
11/05/2014
Subida al Névalo
Gavilán Común
(Accipiter nisus)
Un ind.
11/05/2014
Subida al Névalo
Paloma Torcaz
(Columba palumbus)
Un ind. Oída
11/05/2014
Subida al Névalo
Vencejo Común
(Apus apus)
Algunos. Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Críalo Europeo
(Clamator glandarius)
2 inds. Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Cuco Común
(Cuculus canorus)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Torcecuello Euroasiático
(Jynx torquilla)
Oído.
11/05/2014
Subida al Névalo
Pito Real
(Picus viridis sharpei)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Totovía
(Lullula arborea)
Oída
11/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Golondrina Común
(Hirundo rustica)
Pocas
11/05/2014
Subida al Névalo
Chochín Común
(Troglodytes troglodytes)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Petirrojo Europeo
(Erithacus rubecula)
Un ind. Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Ruiseñor Común
(Luscinia megarhynchos)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Mirlo Común
(Turdus merula)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Curruca Carrasqueña
(Sylvia cantillans)
Oída
11/05/2014
Subida al Névalo
Curruca Cabecinegra
(Sylvia melanocephala)
2 inds. Oída
11/05/2014
Subida al Névalo
Curruca Capirotada
(Sylvia atricapilla)
Oída
11/05/2014
Subida al Névalo
Carbonero Común
(Parus major)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Herrerillo Capuchino
(Lophophanes cristatus)
2 inds. Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Rabilargo Ibérico
(Cyanopica cooki)
Algunos
11/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Urraca
(Pica pica melanotos)
Pocas
11/05/2014
Subida al Névalo
Cuervo Común
(Corvus corax)
Un ind.
11/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Algunos
11/05/2014
Camping de Puente Nuevo
Gorrión Común
(Passer domesticus)
Algunos
11/05/2014
Subida al Névalo
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Verdecillo Común
(Serinus serinus)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Oído
11/05/2014
Subida al Névalo
Triguero
(Miliaria calandra)
Oído

domingo, 6 de abril de 2014

UNA EXTRAORDINARIA JORNADA DE PAJAREO EN LA SIERRA DE ANDÚJAR: ESPECIES SEDENTARIAS, ESTIVALES Y EN PASO. AVES EMBLEMÁTICAS, COMUNES Y RARAS

    Mis últimas salidas de campo son también jornadas laborales, por lo que suelo repetir en los mismos sitios, y aunque no hay dos días iguales, habitualmente acabo contemplando casi las mismas especies. Memorando la salida de hace dos días he caído en la cuenta de que fue una de las jornadas más prósperas que he vivido (51 especies identificadas de vertebrados, de las cuales 46 fueron aves), en la que dediqué las algo más 12 horas de luz que tienen ahora los días, a moverme por un área inferior a las 1.000 Ha en la Sierra de Andújar. Una sesión de campo llena de gratas sorpresas entre los integrantes del mundo alado, probablemente debido a la recién entrada primavera.
     Se levantaba la mañana. Dirigiéndome hacia el punto de encuentro donde recogería a los clientes, una liebre cruzó el camino aún en penumbra bajo el pinar. Mientras los esperaba, pude contemplar en compañía de uno de ellos el vuelo matutino de un azor sobre el dosel forestal que acabo internándose en la copa de un pino. Cuando cargaron sus cosas en el coche, salimos inmediatamente hacía la zona de campeo. A su entrada se oía con fuerza la estrofa del carbonero, y bajando lentamente por la pista íbamos viendo conejos que buscaban refugio bajo las rocas o entre los arbustos, perdices que o bien corrían campo a través o bien levantaban el vuelo a la vez que emitían su voz de alarma, y más adelante ciervos. En una breve parada que hicimos en un recodo del camino se escuchaba con intensidad el pinzón. Habíamos parado para observar un rato un canchal, pero había un fuerte contraluz.
     Pronto volvimos a parar en un balcón desde el que podíamos otear una dehesa, y donde estuvimos algunas horas. Se escuchaba el canto del pinzón, del verdecillo, del carbonero, y de vez en cuando retumbaba el del pito real. Por la pequeña dehesa se movían urracas y perdices. Un par de mochuelos se maullaban respondiéndose uno al otro, y en la lejanía se oía el cuco. Al elevar la vista sobre las faldas de los montes, entre el sotobosque, descubríamos ciervos. Entre los romeros que tapizaban la ladera donde nos encontrábamos se oía la áspera voz de la curruca rabilarga, a la que se unió una hembra de escribano montesino. Pasado algún tiempo apareció el águila real elevándose en el cielo, y más tarde se acercó el buitre negro remontando su pesado vuelo. Después pasó otra águila que me desconcertó porque parecía ser una perdicera subadulta que se perdió entre los montes sin que me atreviese a asegurar su identificación. A lo lejos, sobre los montes, cicleaban unos buitres leonados, y entre ellos un águila imperial.
     Seguimos la ruta bajando hacia la dehesa. En el trayecto levantaban el vuelo algunos pinzones, y a nuestro paso vimos urracas y palomas torcaces. Paramos un rato junto al arroyo, para ver una roca donde hay letrina de lince. Sobre el cauce pasó volando una pareja de golondrinas dáuricas. Continuamos el camino, pasando por la dehesa donde según avanzábamos íbamos viendo pinzones y estorninos. Un zorzal charlo levantó el vuelo a nuestro paso. Improvisamos una parada para intentar observar un pájaro que se ocultaba entre las ramas de las encinas, entre las que volaba pero difícil de ver cuando se posaba, y que solo me permitió un instante para comprobar que se trataba de un torcecuello. Sonaba el melódico canto de la totovía.
     Llegando a las proximidades del río vimos unas lavanderas blancas. Salimos a dar un breve paseo junto a la orilla, donde el ruiseñor común cantaba infatigablemente, acompañado por el coro de las ranas. El chochín también cantaba con fuerza entre las próximas rocas graníticas, e incluso se acabo por dejar ver. De vez en cuando sonaba la estrofa del ruiseñor bastardo. De la orilla de en frente provenían los potentes reclamos del trepador azul. Los herrerillos también manifestaban su presencia mediante su variado repertorio de cantos y reclamos. También entre los chopos del otro lado del río se movían las grajillas. Algunos galápagos se apresuraban a sumergirse en las aguas, alertados a nuestro paso. También descubrimos por la zona un pequeño escorpión.

Escorpión Común (Buthus occitanus)

     Tras un rato en el río, nos movimos hacia otro lugar. Al pasar otra vez por la dehesa había estorninos y pinzones, y algún que otro gorrión. Yendo por una explanada más abierta pudimos ver algunos conejos, también un alcaudón real al que le dedicamos una parada. Despacio, íbamos subiendo por una cuesta hasta llegar al centro del valle por el que discurría un arroyo, que formaba una olla. En el interior de la olla se encuentra una pequeña alberca, donde también había algunos galápagos. Por las paredes de la olla trepaban manchas de quejigo mezcladas con otras especies mediterráneas. Provechoso rato pasamos aquí, pues además del escribano soteño y la curruca cabecinegra, también escuchamos a un ave que solo está aquí de paso, pero que hace su viaje migratorio prenupcial catando, el mosquitero musical. Además, aunque algo lejos vimos pasar una cigüeña negra. Pero también concurrieron en el lugar otras aves planeadoras, aunque no cigüeñas, si no rapaces. El paso, algo tardío, de un grupo de 18 milanos negros, y bajo ellos, cicleaba una encapuchada águila culebrera. Y ahora pudimos despejar la duda que nos quedó por la mañana, porque esta vez pudimos ver claramente al ejemplar subadulto de águila perdicera, que además iba acompañado de un juvenil. Otro momento de distracción que tuvimos se lo debimos a una Empusa pennata, una esbelta mantis que coloquialmente es llamada mantis palo.

Empusa pennata

      Bajamos de nuevo hacia la explanada para dirigirnos ahora hacia otro punto desde el que tener vistas para otear. Las perdices, emparejadas, se movían por los prados adehesados, por donde volaban urracas y algunas palomas. En este punto elevado pasamos las horas centrales y más calurosas del día, donde comimos, y donde vimos algunos buitres y águilas culebreas. Y como testigos de boda, asistimos a la formalización de una pareja de culebreras, con la entrega de una culebra como regalo de compromiso. Un deleite para nuestra vista, al que se añadieron otros tres ejemplares más, que vimos poco después. Tampoco nos faltó el águila imperial, que pasó por el lugar.
      Nos dirigimos de nuevo hacia el río. Por los espacios abiertos de la explanada se movía la abubilla, hincando su pico en el suelo, y una pareja alcaudones comunes vigilaban su territorio desde sendos lentiscos donde se encontraban apostados. El triguero cantaba desde una encina. La actividad se había reducido, pero todavía era posible ver algunos estorninos y pinzones por las dehesas que íbamos atravesando de camino al río. Las ranas, el ruiseñor y el herrerillo seguían cantando, pero parecía que unos pájaros habían cambiado a otros. Ahora también estaba el verderón, que cantaba con fuerza desde lo alto de un fresno. También un pequeño bando de jilgueros apareció por allí. Al acercarme a la orilla, llegué a ver por unos instantes al ruiseñor común, con el gaznate abierto, cantando con todo su vigor.
     Al irnos vimos algún que otro mirlo pululando por las dehesas. También descubrimos a un picapinos con su ondulante vuelo y emitiendo sus característicos pitidos monosilábicos. Íbamos hacía el primer sitio donde estuvimos por la mañana observando, para terminar la jornada. La curruca rabilarga y el verdecillo estuvieron haciéndonos compañía el resto de la tarde. También pasó un pequeño bando integrado por 7 golondrinas comunes. Los ciervos, poco a poco, iban mostrándose más activos con el crepúsculo, que también vimos después, al irnos, junto al camino.
     Y así concluyó una jornada primaveral en la que en prácticamente el mismo lugar concurrieron algunas las especies de aves más representativas de la Sierra de Andújar, entre sedentarias, más otras de carácter estival, más otras que solo estaban en paso migratorio, e incluso una especie, el águila perdicera, que podríamos decir que aquí es una rareza.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):                                                                  

  • Liebre Ibérica (Lepus granatensis)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Azor Común (Accipiter gentilis)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila Imperial (Aquila adalberti)
  • Águila de Bonelli (Aquila fasciata)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Torcecuello Euroasiático (Jynx torquilla)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Ruiseñor Cómún (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Musical (Phylloscopus trochilus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

viernes, 14 de marzo de 2014

PRELUDIO DE PRIMAVERA EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     Hace un par de días salí por la sierra con un cliente. La jornada no me aportó nada que no hubiera visto antes, pero mereció la pena en cuanto a la gran cantidad de aves que observamos. Y es que a las especies residentes y habituales de la zona, hay que añadirle la presencia de las invernales más rezagadas, que aún no han abandonado estos parajes, y la llegada de las primeras estivales, que anunciando la incipiente primavera, permanecerán hasta el verano o el otoño.
     Por el carril que recorríamos, dirigiéndonos al área de campeo, vimos algún que otro ciervo, y también unos conejos, los cuales nos hizo detenernos unos instantes para contemplarlos. Seguimos nuestro recorrido que nos llevó un lugar desde el que divisábamos un valle con bosque adehesado. Entre los claros se movían perdices, urracas y conejos, y de vez en cuando hacía aparición alguna paloma en vuelo. Desde algún rincón de la dehesa provenían los pitidos del pito real. Más cerca, a nuestro lado podíamos oír la curruca rabilarga entre las jaras y romeros, y también a unos verdecillos que también llegamos a ver. La vegetación se espesaba subiendo por las laderas de los montes que circundaban el valle, por lo que resultaba muy difícil encontrar algún animal por allí, pero en un pino que crecía en lo más alto de un lejano monte, veo algo con los prismáticos que parece ser la silueta de una gran rapaz. Cuando dirijo el telescopio al pino y miro, descubro que se trata de un águila imperial. Permaneció allí durante bastante tiempo, hasta que en un determinado momento, cuando quisimos volver a verla, se había ido. Pero no estaba en el cielo, porque probablemente se habría echado al otro lado del monte.
     Después de un tiempo proseguimos nuestra ruta bajando hacia el valle, viendo más de cerca los conejos, que se apresuraban a refugiarse bajo los lentiscos, las perdices que salían corriendo, y las más desconfiadas urracas que echaban a volar antes de que nos acercáramos. Marchábamos paralelos a un arroyo que sobrevolaban unas golondrinas, las primeras del año, y bajo un pinar en el que vimos algún carbonero entre las ramas, y pinzones que estaban en el suelo y levantaban el vuelo a nuestro paso. Al pasar por una explanada donde la vegetación no era muy densa podíamos ver pequeños grupos de rabilargos y palomas, el vuelo ondulante del pito real que se alejaba de árbol en árbol y la abubilla que picoteaba en el prado. En los aledaños de una casa y una nave había algunos gorriones, camino adelante vimos más pinzones y también estorninos que se movían sobre la alfombra verde de hierba que revestía el suelo.
     Llegamos cerca del río, donde en sus cercanías proliferan los conejos, y estuvimos allí un rato entre varios pájaros que primero localizamos de oído, y que con paciencia lográbamos descubrir a los autores de algunas de las melodías tales como carboneros, herrerillos y el petirrojo. Más difícil de descubrir, pero también más grato cuando lo conseguimos, fueron los chochines. Uno de ellos se movía entre grandes rocas, más que volando parecía saltar como si fuese un ratón, hasta desaparecer entre las fisuras de los granitos. Otro se movía entre las apretadas ramas de un espino albar y hasta acabar penetrando en una zarza. En cambio no llegamos a ver a los agateadores ni a la totovía que también cantaban por allí cerca, ni tampoco al trepador azul que piaba con fuerza al otro lado del río o las ranas que se las oía cerca del agua. Entre los alisos y fresnos del río vimos pasar un pico picapinos, que de alguna forma nos atrajo a acercarnos a la orilla. Los galápagos, que estaban activos a pesar de ser un día fresco y nublado, se lazaron al agua en cuanto nos asomamos a la orilla. Desde aquí vimos una garza real aguas arriba, posada también en la orilla. Y desde aguas arriba vinieron algunos cormoranes, siguiendo el cauce del río, y después pasó, también en la misma dirección, una cigüeña negra.
     Al volver por el mismo camino vimos al mirlo, y a los pinzones los acompañaba un bando mixto de algunos verdecillos y unos pocos jilgueros. Subíamos entre apretado monte hacia otro sitio donde probar suerte, paralelos a la vaguada de un arroyo. Al llegar a la olla que formaba el pequeño valle, rodeada por cerros en los que crecían encinas y quejigos, vimos un pequeño grupo de gamos. Escuchábamos procedentes de estas manchas boscosas pinzones y carboneros. Al rato vimos unos mitos, a los que previamente habíamos oído.
     Bajando por el camino, pero para ir a otro sitio se nos cruzó un mirlo y vimos una abubilla sobre la pista. En el prado de la explanada descubrimos fácilmente al moteado zorzal charlo, que caminaba entre lavanderas blancas. También vimos alguna perdiz, y urracas, así como al pito real. Los rabilargos aparecían en otra zona, mientras subíamos una cuesta que nos llevaría a un punto elevado desde donde observar la explanada. Una pareja de cuervos voló por encima de nosotros, a poca distancia.
     El sol empezaba a brillar tímidamente entre las nubes, y el día parecía despejarse, pero no duró demasiado. Pero sin embargo permitió que los buitres echaran a volar, y así, mientras nosotros bajábamos desde la elevación en la infructuosamente habíamos estado observando un rato, los buitres se precipitaban sobre algún lugar que no podíamos ver. Entonces conduje hasta el primer lugar desde el que estuvimos observando al inicio de la jornada, y desde allí divisamos que los buitres se habían concentrado en torno a unos huesos secos de un animal de los que no sacaron mucho provecho. No eran muchos, un negro y seis leonados, más algunos más que ya habían echado a volar.
    No nos quedamos a esperar a que los últimos buitres se fueran. Ya empezaba a atardecer. Desde allí emprendí un recorrido hacia otro punto elevado. Se trataba de un amplio canchal de granito entre cuyas grietas crecían chaparros, y circundado por pinares. Podíamos oír a la curruca rabilarga entre los chaparros que le daban cobertura para no ser descubierta. Los ciervos empezaban mostrarse otra vez activos al atardecer, pero más llamativo me resultó escuchar los alaridos del cárabo cuando todavía había bastante luminosidad y quedaba rato para que anocheciese. De hecho, sacándole partido a esas últimas horas de luz que le quedaban al día, empezamos a ver sobre nuestras cabezas, como una detrás de otra, pero guardando cierta distancia entre ellas, fueron pasando varias águilas culebreras.


Lista de especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Cigüeña Negra (Ciconia nigra)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Rabilarga (Sylvia undata)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Agateador Común (Certhia brachyodactyla)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo (Corvus corax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

martes, 7 de enero de 2014

ENCUENTROS CON EL LINCE

     Prometía un día espléndido, una vez pasada la borrasca que estuvo barriendo la sierra y que nos dejó la tan necesaria lluvia en los primeros días de enero. Así sucedió hace dos días, el primero del año en el que brilló el sol, y bajo su luz, se manifestó una enorme actividad de vida animal que parecía haber despertado repentinamente de un sueño letárgico. Ello convirtió el día en una reseñable jornada naturalista, que sin desmerecer a ninguna especie, estuvo marcada por la presencia del mítico lince ibérico.
     Era un día de trabajo. Momentos antes había dejado a Paco y a Lola, unos clientes, en el muladar. La oscuridad previa al amanecer aún ensombrecía el paisaje mientras Miryam y yo recorríamos lentamente los carriles en los que nos encontrábamos a los pájaros más madrugadores que ya comenzaban su jornada. Un zorzal común, y más adelante un petirrojo, así como unas perdices que vimos a un lado del camino.
     Llegamos a un oteadero desde donde controlábamos todo el barranco. Además del sonido del agua correr, a nuestros oídos llegaban los reclamos del petirrojo, procedentes de los arbustos de las inmediaciones, y los potentes pitidos del pito real, desde algún remoto lugar. Desde nuestra ubicación, en una ladera de umbría, mirábamos con cierta envidia las cimas de los cerros más altos, bañadas por los primeros rayos del sol. La claridad iba desterrando las sombras, y nos descubría unos montes por fin reverdecidos, agostados hace apenas un mes. Unos ciervos se movían por la cuerda de los colinas, mientras otros trotaban más abajo, por sus laderas. En los pequeños prados del fondo del valle no era difícil descubrir a las urracas. Las torcaces las veíamos pasar en vuelo. En la lejanía, el águila imperial emitía su canto, pero no podíamos verla. Los carboneros también cantaban, y uno viró bruscamente y modificó su trayectoria de vuelo al toparse bruscamente con nosotros.
     Después de algún tiempo de observación, de esperar sin movernos del sitio, la sensación de frío nos empujó a desplazarnos. Bajando a la vaguada, un conejo se apresuró a cobijarse bajo un lentisco. El arroyo portaba un generoso caudal. Recorriendo despacio el camino a través de pequeños prados alternados con manchas de bosque, íbamos descubriendo multitud de pájaros. Al pasar de un prado a otro, cambiaban las urracas por los rabilargos. En solitario aparecía el colirrojo tizón y la abubilla. En bandos se movían los gorriones, los pinzones y las totovías, que se levantaban al acercarnos con el coche. Los estorninos tomaban baños en los charcos del camino que atravesaban una dehesa. Al parar para observarlos un momento, también descubrimos un pico picapinos en la base del tronco de una encina, y a un lado de la pista, las grajillas se mezclaban con otro grupo de estorninos.
     Llegando a la última pradera, un mirlo macho levanta el vuelo para refugiarse en la espesura de unas zarzas, mientras que resultaba muy llamativo un petirrojo que se asomaba en un lentisco, delatado por su vistosa mancha pectoral roja. Paramos un rato para contemplar un gazapo que permanecía inmóvil, erguido sobre sus extremidades posteriores. En cuanto reiniciamos la marcha, corrió a ocultarse. Más adelante ya estaba el río, que sobrevoló una garza real.
     Pero la Naturaleza a veces nos obliga a improvisar. Cuando nos disponíamos a dar la vuelta para dirigirnos a otro oteadero, una silueta en el contraluz llamó poderosamente mi atención. Se trataba de un lince que avanzaba sobre el terreno en intervalos de cortas carreras que interrumpía con breves paradas en las que se agazapaba. De vez en cuando agitaba su corta cola con cierto nerviosismo. Tras una de sus paradas, cambió el ritmo de su marcha y ya entonces solo caminó despacio hasta volver a detenerse. Una vez que comprobamos que estaba dedicándose a acechar conejos, ignorándonos por completo, fue cuando decidimos bajar de coche, y acercarnos un poco más con suma cautela. Era un ejemplar de mota intermedia. Se amagó y dormitó unos minutos. Cuando abrió los ojos, se incorporó, se sentó, bostezó y se acicaló. Durante sus escasos paseos comprobamos que era un macho. Y al igual que a nosotros, parecía gustarle el sonido de los pájaros, moviendo sus blanquinegras orejas y girando la cabeza en su dirección, cuando el silencio lo rompía el mirlo o el herrerillo capuchino. Cuando a lo lejos oía a las urracas, incluso movía algo más que las orejas y levantaba la cabeza, buscándolas. Todo esto transcurrió en apenas unos 10 minutos, pasados los cuales se quedó Miryam vigilando al confiado gato moteado, y sin más demora, yo salí a buscar a Paco y Lola, cuyo principal motivo de su visita era poder fotografiar al lince.


     Durante el trayecto, entre ir y volver, debí pasar por alto muchas cosas, pero aunque solo fuera de pasada, no pude ignorar algún ciervo cercano al camino, o las perdices, urracas y rabilargos que volaban cuando pasaba corriendo a su lado. Pero sí hubo un animal que nos hizo detenernos a la vuelta. Lola había visto otro lince a un lado del camino. Iba andando con la parsimonia que caracteriza a la especie cuando no se la molesta. Era un ejemplar de mota fina, y aunque estaba algo más alejado que el lince que nos esperaba un poco más adelante, pudieron fotografiarlo, y ver que se trataba de una hembra. Interrumpió su tranquilo andar para sentarse un momento, antes de continuar su camino y que dejásemos de verla.
     Cuando llegamos al pequeño prado donde se había quedado Miryam, allí aún permanecía también el lince. Paco y Lola fueron quienes más lo disfrutaron sin duda, sobre los 20 minutos que el lince decidió seguir en nuestra compañía. Durante ese rato, el perezoso lince seguía repitiendo el comportamiento ya descrito, dormitar y lamerse tranquilamente, hasta que nos abandonó.


     Nosotros volvimos hacia atrás, pasando despacio por la explanada donde habíamos visto a la lincesa, por si la suerte volvía sonreírnos, pero no fue así. Despedimos a Myriam, que debía irse, y nosotros decimos volver hacia la pradera donde habíamos estado viendo al macho. Inevitablemente nuestra atención mientras íbamos en el interior del coche la centraban conversaciones sobre el lince. Al pasar por los prados adehesados se veían las totovías que volaban en pequeños bandos. El cielo se había tornado grisáceo. Por un instante vimos la silueta del águila imperial. En el prado aguardamos, esperando durante unas horas, hasta después de comer, pero el lince no volvió a campear por allí. De lejos, de vez en cuando se veía pasar algún cormorán sobre el río.
     Metidos en la tarde, retornamos al mirador desde el que controlábamos el valle por donde discurría el arroyo. La actividad de la fauna había mermado bastante con respecto a la mañana. Por el camino, ya con poca frecuencia, se dejaron ver los pinzones, al pasar por el valle algún que otro conejo, y subiendo hacia el punto de observación paramos para ver un mochuelo que no tardó mucho tiempo en abandonar las rocas entre las que se guarnecía. Pasamos el tiempo en nuestro elevado lugar de observación, viendo los pocos ciervos que o bien desfilaban marchando en fila, o bien se descubrían cuando asomaban a los claros, así como las palomas que pasaban o las urracas que revoloteaban por allí.
     Pasado este tiempo de espera, y antes de anochecer, volvimos al muladar. Yendo por la pista que hasta el muladar conducía, se levantaron las perdices a nuestro paso, y acercándonos al mismo ya podíamos contemplar los buitres que lo custodiaban, unos pocos todavía en vuelo, muchos aposentados en rocas y árboles del entorno, y hasta sobre el mismo suelo, que aguardaban con paciencia el momento de dejarse caer. Entre la multitud de leonados, se podía encontrar algún negro. Y habiendo visto que los grandes carroñeros alados estaban allí, nos marchamos siguiendo el carril por donde habíamos venido, donde, una vez dejado atrás el muladar, nos cruzamos con una manada de ciervas que se quedaron próximas al camino, mirándonos pasar.

(*) Fotografías: gentileza de Miryam Lara.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Común (Turdus philomelos)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Capuchino (Lophophanes cristatus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

HACIENDO PRUEBAS EN EL MULADAR

     Y tras haber preparado los hides del muladar, llegó el momento de inaugurarlos. Ya sabíamos que el muladar daba buen resultado, pues las reses que habían aparecido muertas y que habían sido llevadas allí (como dicta la ley), fueron devoradas por los buitres en poco tiempo. Hace dos días se dejaron allí los despojos de la montería del día anterior, y ayer, aprovechando que me había llamado Raimundo, fuimos a probar suerte, y aunque no acudió ningún buitre, fuimos compensados sobradamente por la presencia del águila imperial, que poquísimas veces brinda la oportunidad de poder verla tan de cerca.
     De camino a la sierra, por la carretera, pude fijarme en los estorninos, en las tórtolas turcas y en los rabilargos. Habíamos quedado en la sierra con José Luis. Mientras lo esperábamos, podíamos ver unos ciervos, que aunque lejanos, eran bastante visibles cruzando un cortafuegos, y más próximos, un grupo de muflones. Las urracas se movían entre las copas de las encinas, mientras lavanderas blancas y zorzales charlos lo hacían entre los secos pastizales de la dehesa.
     Cuando llegó José Luis, nos montamos en su coche y fuimos los tres hasta el muladar. Durante el breve trayecto por los carriles vimos un pequeño bando de gorriones, unas tórtolas turcas y algunas perdices. Y antes de llegar a la puerta del cercado del muladar, nos detuvimos a ver los buitres, no demasiado lejos, que había a un lado del camino, dos negros y unos cuantos leonados.
     Sin más demora, entramos en el muladar, Raimundo y yo nos metimos en un hide, y José Luis se marchó. A través de la ventana podíamos ver como cientos de buitres montaban la guardia desde las rocas de las colinas de en frente. La mayoría eran los comunes leonados, entre los cuales destacaban los oscuros negros, mucho menos numerosos y repartidos ente aquellos. Esperábamos que tarde o temprano levantaran el vuelo y se dejaran caer sobre la carne. En varias ocasiones se elevaron las columnas de buitres, volando en ciclos sobre el muladar, pero las horas pasaron y esperamos en vano.
     En cambio fueron otras aves las que visitaron el muladar. Un petirrojo y una hembra de colirrojo tizón pusieron entretenimiento en nuestra espera. Ambos pájaros estuvieron dejándose ver por allí con asiduidad, saltando desde sus perchas en las ramas de las encinas al suelo, por donde se movían entre las vísceras a la caza de insectos. Las urracas también hicieron varias veces acto de presencia, y se llegaron a congregar hasta seis a la vez. Caracterizadas por su inteligencia, no picoteaban desde el principio, si no que primero vigilaban el entorno, y cuando estaban en grupo, siempre había alguna que no comía, y oteaba desde algún punto elevado. Permanecían en contacto entre ellas mediante cortos graznidos. La presencia de las desconfiadas urracas nos trasmitía la esperanza de que los buitres se acabaran acercando, pues como es bien sabido, a menudo los buitres descubren las carroñas gracias a estos córvidos de llamativo plumaje. También podíamos ver el paso de algunas aves, como las palomas torcaces, o una pareja de chovas piquirrojas que localizamos porque graznaban mientras iban volando.



     Y ante la relajada situación empezamos a comer, cuando de repente Raimundo, casi sin poder contener la emoción, me dice que ha venido el águila mientras me señala la copa de una encina al borde del muladar. Apenas podíamos verla claramente entre el ramaje, sobre el que se desmarcaba el perfil de la cabeza en contraste con el blancuzco cielo. Durante unos minutos aguardamos con tensión, ante la imprevisible reacción de la rapaz, pues podía irse igual que había venido, pero pasados los cuales, se dejó caer al suelo con las alas entreabiertas como un paracaídas. Ahora podíamos ver claramente que era un ejemplar adulto. Una vez aterrizó, no vaciló mucho en ponerse a comer, pues había visto a las urracas hacerlo, e incluso llegaron a compartir el festín simultáneamente. Mientras comía, podía oírse la voz de otro ejemplar posado en alguna parte de los alrededores, pero que no podíamos ver. Cuando se tomaba una pausa para levantar la cabeza para mirar en todas direcciones, temíamos que se marchara. Graznando, se aproximaron un par de cuervos, que no llegaron a posarse en el muladar. Sobre un cuarto de hora estuvo el águila dándose un atracón de carne. Pasado este tiempo fue a posarse a una encina seca, donde permaneció unos minutos más hasta que decidió irse. Estábamos muy emocionados con haber podido observar un águila imperial a poco más de 15 metros de distancia, durante casi media hora, porque si bien es cierto que solemos verla con frecuencia en estos montes de la Sierra de Andújar, también es cierto que suele ser en vuelo y a muy largas distancias.


     Seguimos algunas horas más, viendo como los perezosos buitres de las colinas permanecían sin moverse del sitio, y los que habían aparecido en vuelo, se alejaban poco a poco. Probablemente no tuvieran hambre. También pasó una joven águila imperial, pero no se detuvo. Y aprovechando un momento de calma, en la que no había ni urracas, abandonamos el hide y salimos del muladar. Fuimos andando hasta el coche. En nuestra caminata se nos cruzó un bando de pinzones y un pito real. Una vez en el coche acordamos rematar la jornada en El Encinarejo, tentando la suerte con el lince, o tal vez la nutria. Por la carretera vimos gamos, gorriones y trigueros en determinados puntos, y una garza real cuando cruzamos el puente del Río Jándula. Siguiendo por el carril del área recreativa fueron mirlos y rabilargos lo que pudimos ver.
     Mientras la luz iba mermando, permanecimos en nuestra última espera en el mirador, acompañados por un par de petirrojos y una curruca cabecinegra. Bajo las encinas de la dehesa que observábamos en frente, se movían algunos ciervos. Pasaron unos pocos cormoranes volando sobre nosotros, siguiendo el curso del río, y sobre sus aguas descubrimos el batido vuelo del martín pescador que por unos instantes estuvo posado en las deshojadas ramas de un sauce. Invisible en cambio resultaba el ruiseñor bastardo que emitía su estrofa musical desde su escondite cercano al borde del río.

(*) Fotografías: gentileza de Raimundo Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Martín Pescador Común (Alcedo atthis)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Triguero (Miliaria calandra)