martes, 30 de junio de 2015

RUTA POR EL RÍO CEBOLLÓN

      A propuesta de Lucía, me sumé al grupo que había formado junto a Sergio, un amigo suyo, para hacer una ruta este domingo por el Río Cebollón, en la Sierra de Tejeda, Alhama y Almijara. Además de mí, también iba Toñi por mediación de Lucía, y por parte de Sergio iban su prima Cristina, Gema y Jon. Sin conocernos entre todos de antes, el camino que anduvimos juntos, nos unió en un gran equipo humano. A nivel personal, me sorprendió muy gratamente la variedad de fauna silvestre que pudimos observar, sobre la cual he escrito este relato.
     Salimos pronto de Málaga, hacia la Sierra de Alhama, Tejeda y Almijara, en la que fue mi cuarta visita a este espacio natural. Algunas de las aves que pude reconocer durante el camino por las estribaciones de la sierra fueron el alcaudón real, posado en una visible percha; aviones roqueros, siempre volando cerca de los escalpados peñascos, un pito real que se cruzó por la carretera mientras circulábamos por un encinar; el águila real, cicleando sobre un valle; una abubilla más un par de abejarucos posados en cables de tendido eléctrico; garzas reales en el Embalse de los Bermejales, ánades reales en un pequeño estanque próximo a La Resinera; y el cernícalo, volando cercano a un talud rocoso.
     Aparcamos en La Resinera, donde hay un Punto de Información que visitamos antes de comenzar la caminata. Entre la vegetación del entorno se ocultó un mirlo, y se podían escuchar a los piquituertos y al verderón cantar. Cruzamos el Río Cacín por un puente cercano a La Resinera, y aunque el camino iba paralelo al río, se elevaba poco a poco sobre este, donde podían contemplarse los peces a través de sus cristalinas y amansadas aguas. Antes de llegar al Río Cebollón, pasamos de andar por una chopera al pinar. El calor ya era fuerte entrada la mañana, y eso repercutía en que fueran pocos los animales que manifestaban su actividad. Tan solo un macho de lagartija colilarga, que vino a pararse a nuestros pies en mitad en mitad del polvoriento carril, una pequeña rana y unos cuantos renacuajos en un reguero que cruzaba el camino, y el reclamo de un arrendajo, monte arriba, que después voló, fue todo cuanto vimos antes de empezar a andar por el río.

Macho de Lagartija Colilarga

     Caminamos por el lecho de uno de los pocos ríos andaluces trucheros, donde también vive el mirlo acuático y nuestro cada vez más escaso cangrejo de río autóctono, en medio de una composición paisajística de montañas y pinares. Advertimos la ausencia de bosque en galería formado por especies propiamente riparias, pero la conectividad del río con el entorno era completamente natural. Los pinos llegaban hasta las orillas, de hecho muchos eran los que yacían sobre el cauce, y bajo sus sombras proliferaban los helechos. Supongo que el agua estaría más fría de lo que parecía, pero la sensación térmica resultaba muy agradable, y era la única manera de desafiar el calor, andando bajo el sol.
     Ir andando por un río, sobre cantos rodados, entre rocas y otras posibles dificultades, obliga a poner bastante atención adonde se pisa. Atención que se le resta a la posibilidad de poder observar algún animal, o simplemente contemplar las maravillas que nos brindaba el paraje que nos rodeaba. Además, la corriente acallaba cualquier otro sonido que pudiera oírse en los alrededores. Tan solo era posible advertir alguna rana al saltar en alguna tranquila poza de aguas quietas, que no estuviese influida directamente por la corriente, donde también nadaban zapateros por su superficie. Las arañas tejían sus complejas redes entre los brezos de los márgenes, y allí donde el río se estrechaba, extendían sus trampas de seda de lado a lado. Y entre los insectos voladores destacaban distintas especies de mariposas, libélulas de abdomen rayado y caballitos del diablo de alas negras (Calopterix haemorrhoidalis). Encontramos en algunos someros fondos por los que pasamos las armaduras de los cangrejos de río. Por el fondo también se movían unos pequeños y alargados peces que vimos en algunos puntos, que quizás se tratase de alevines de alguna especie de mayor porte.
     Llegamos hasta un dique donde paramos un rato a bañarnos. Esta parada me sirvió para encontrar un sapo común que iba tratando de vadear el río, haciéndole frente al empuje de la corriente. Y estar allí un rato también me permitió fijarme en los vencejos y en los aviones roqueros que volaban sobre nosotros. Y una de las veces que alcé la mirada, descubrí al águila perdicera, no muy alta, lo que nos permitió contemplarla a placer. Cuando reanudamos la marcha, aguas arriba, todavía cerca del dique, encontré otro sapo común, pero esta vez a bastante profundidad.

Sapo Común Ibérico, recientemente catalogado como especie propia, y
separado taxonómicamente del Sapo Común Europeo

     Antes de parar a almorzar vimos una pareja de lavanderas cascadeñas, a las que también escuchamos, así como algún que otro pinzón. Comimos bajo la sombra de unos pinos, sobre un ramal del río que se encontraba completamente seco. Y es que según nos habían dicho, este año bajaba menos agua, debido a la escasez de lluvia de este año.
     Cuando retomamos el camino vi algún pinzón más, y también logré ver dos chochines en diferentes sitios. Me resultó curioso llegar a verlos, pues más fácil detectarlos por su canto o su reclamo, y en cambio no los escuché. Al que sí pude oír fue al mito, pero no verlo. Aparecían algunos arces cercanos a la orilla. Y por una orilla descubrí un pequeño sapo al moverse entre la hierba, que resultó ser el sapo partero bético, endemismo andaluz que es la primera vez que veo. Más adelante, también en la orilla, pudimos ver un joven lagarto ocelado.

Sapo Partero Bético

     Finalmente llegamos hasta dos pozas muy cerca la una de la otra, con la suficiente profundidad para cubrirnos, donde pasamos un buen rato, tanto por la cantidad de tiempo que pasamos allí como por lo divertido que fue. Eso sí, aquí se nos adhirieron a la piel pequeñas sanguijuelas, pero que tampoco nos ocasionaron ninguna herida. Por encima de los taludes que contenían estas ”piscinas” naturales, crecían unos pequeños olmos de montaña.
     La vuelta fue más rápida, y en lugar de ir todo el tiempo por el río, utilizamos durante un buen trecho la senda que había paralela. Andar más metido en monte que en el río hizo que viésemos algunas lagartijas colilargas. No obstante desde el camino también pude ver algunas lavanderas cascadeñas. Por poco tiempo, seguimos equivocadamente un camino que ascendía por el monte. Esta pequeña confusión nos deleitó con una bonita panorámica del paraje por donde discurría el río. Todavía hacía bastante calor al atardecer, así que después de llevar algún tiempo andando fuera, apetecía volver al río y refrescarse. En una de estas ocasiones en las que volvimos al agua, encontramos un ejemplar adulto de cangrejo de río común o europeo (Austropotamobius pallipes), también llamado cangrejo de patas blancas, nuestra especie autóctona, y que sin embargo resulta más difícil de encontrar que el invasor cangrejo rojo americano, responsable de su rarefacción.

Cangrejo de Río Común o Europeo, o Cangrejo de Patas Blancas

      Antes de salir definitivamente al camino, hicimos una breve parada para observar el alto vuelo de un halcón peregrino. Cerca, también volaban los vencejos. Entre las plantas del camino, vimos el frágil vuelo de hasta tres ejemplares de Nemoptera bipennis, un precioso insecto alado, que lejanamente puede recordar a una mariposa o a una libélula, pero que no tiene ningún parentesco cercano ni con la una ni con la otra.
     Las aves empezaban a mostrarse muy activas con la caída de la tarde, y cerca ya de La Resinera, se oían los pájaros carpinteros, al pito real por el pinar y al pico picapinos por la chopera. El mosquitero papialbo cantó por el río del cual ya nos habíamos salido completamente, y también se oyó el reclamo de la oropéndola por la chopera. Se dejaron ver unos arrendajos; una paloma torcaz, que pasó en vuelo; un pico picapinos, que fue a pararse en la rama de un chopo; un escribano montesino que se cruzo volando por el camino, del cual despegó una abubilla para adentrarse en el bosque. Gema, Jon y yo mismo, que íbamos más rezagados, nos perdimos el ciervo que vieron los demás. No solo traíamos con nosotros los residuos que habíamos generado cuando cominos, si no que además recogimos algunos que encontramos en nuestra andadura.
     De camino a Alhama de Granada, al anochecer, además de observarse perfectamente la proximidad entre Júpiter y Venus, que en unos días coincidirán en el mismo punto en el cielo, levantamos de la carretera a un chotacabras pardo.
     Diez horas de refrescante ruta, dieciocho kilómetros recorridos por un idílico rincón de nuestra Naturaleza que hasta hace un par de días era desconocido para los siete que integramos el grupo, y que desde luego no defraudó nuestras expectativas.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Águila de Bonelli (Aquila fasciata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Halcón Peregrino (Falco peregrinus brookei)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Mosquitero Papialbo (Phylloscopus bonelli)
  • Mito Común (Aegithalos caudatus irbii)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)
  • Lagarto Ocelado (Timon lepidus lepidus)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Sapo Partero Bético (Alytes dickhilleni)
  • Sapo Común Ibérico (Bufo spinosus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

jueves, 18 de junio de 2015

UNA VISITA GUIADA HASTA LA LANCHA

     Bastante más tarde de lo que es aconsejable, pasado el medio día, iniciamos Fran, Hada y yo una jornada campera hace un par de días. Y más importante aún es salir pronto, sobre todo si se quiere observar animales, en los últimos días de una primavera que agoniza abrasada por un precoz verano, en los que la tónica habitual es el fuerte calor. Pero nuestra intención solo  era dar un paseo por la sierra, lejos de dedicarnos, pretenciosamente, a tratar de observar nada en concreto. Por suerte para nosotros, justo hasta el día anterior, había llovido, y también refrescado bastante durante la semana, por lo que disfrutamos de unas temperaturas suaves, y hasta se podía soportar estar al sol un rato.
     Hada, que vino de visita a Andújar, fue quien me propuso acompañarlos, y Fran a quien se le ocurrió que fuésemos hasta el Embalse del Jándula. A pesar de la demora con la que salimos, y que yo no iba demasiado atento al entorno, sino más bien integrado en las conversaciones con mis amigos, resultó la jornada más fructífera de lo que esperaba, deparándonos alguna grata sorpresa.
     Hasta llegar a las Viñas, no me percaté de la presencia de ningún ave, que seguro que la hubo, a lo largo del trayecto. Fueron unos rabilargos que cruzaron la carretera. Más adelante un abejaruco posado en un poste, y a continuación nos detuvimos un momento para observar un mochuelo posado en un cable del tendido eléctrico, a pleno sol, totalmente expuesto. Prestaba más atención a un grupo de urracas que a nosotros, de hecho, cambio de posición, posándose sobre el mismo tendido, pero más cerca del coche desde cuyo interior lo observábamos. Las urracas seguían apareciendo en el entorno cuando reanudamos el camino.
     Aunque lo difícil sería no ver ciervos en la Sierra de Andújar, si se tiene un mínimo interés en la fauna, lo menos es dedicarle un vistazo cuando te encuentras con los primeros, y así lo hicimos nosotros. Era una hembra acompañada por la cría del año anterior, y su moteado cervatillo de este año. La simpatía que despiertan las crías del resto de mamíferos en los seres humanos hizo que nos fijásemos más en su belleza salpicada de manchas blancas sobre una brillante librea rojiza, que en las pardas ciervas adultas. No muy lejos de los ciervos, estaba sus próximos parientes los gamos, un grupo de paletos machos que exhibían ya una cornamenta plenamente desarrollada, pero todavía cubierta por el terciopelo. Así pudimos ver las claras diferencias que distinguen fácilmente a ambas especies de cérvidos.
     La tormenta del día anterior debió ser bastante fuerte, pues en algunos tramos de carretera encontramos coladas de barro cubriendo el asfalto. Pero también dejó agua acumulada en las pozas de los arroyos, que aliviará la sed de plantas y animales, aunque solo dure unos días.
     Las tórtolas turcas preferían dejarse ver volando bajo las copas de las encinas, que posadas sobre ellas o sobre algún poste, como también lo hacían urracas y rabilargos. Volvimos encontrarnos con otra área compartida por ciervos y gamos. En esta ocasión fue un pequeño gamo, que con la gracilidad de sus trotes y saltos atrajo nuestra atención. Alguna que otra perdiz que vimos en algún momento de nuestro recorrido, seguida por sus pollos, trepaba ladera arriba, o se movía en zigzag entre las rocas y los lentiscos.
     Pero como de lo que se trataba es de hacerle a Hada una visita guiada, en la que pudiera hacerse una idea de las cosas más pintorescas de nuestro entorno, Fran hizo una parada en las tumbas esculpidas en granito que hay junto al camino. 
Descubrimos aquí, a pesar de su mimetismo, un insecto palo, al que estuvimos mirando con curiosidad.
     En las primeras “curvas de La Lancha” nos detuvimos un rato para ver un alcaudón real posado en un poste, hasta que se fue de allí. Hicimos una parada en las últimas curvas, para probar suerte. Pero tan solo vimos pequeños y dispersos grupos de ciervos sesteando a la sombra de las encinas. De vez en cuando miraba a un cielo, en el que alternaban nubes y claros, tratando de descubrir el vuelo de alguna rapaz. Y en una de estas ocasiones pasó un buitre negro a baja altura, deslizándose por el aire sin aparente esfuerzo.
     La siguiente parada fue en el Mirador del Embalse del Jándula, desde donde además de contemplar las aguas estancadas del pantano, y el paisaje que las contiene, se podía ver el infatigable vuelo de los vencejos y las golondrinas. También pude escuchar las notas del agateador y del pico picapinos, pero sin llegar a verlos.
     Bajando hacia la presa, improvisamos una parada para tratar de identificar un pequeño pájaro que al final no se dejó ver. En cambio no fue necesario parar para asegurarnos que eran perdices unas aves que se dejaron caer en vuelo desde el camino, ladera abajo. Ya íbamos buscando un lugar donde almorzar. Pensé en un pequeño rellano, junto a la orilla del embalse, pero al llegar daba el sol, y además el pasto seco no invitaba a sentarnos en el suelo. Pero desplazarnos hasta aquí nos permitió ver un arrendajo, que también nos dejó escuchar su áspera voz.
     Optamos finalmente por comer en la presa, a la sombra de la bóveda bajo la cual cría una colonia de aviones comunes. Antes de empezar a comer nos asomamos al otro lado de la presa, donde descubrimos un par de hembras de cabra montés, acompañadas por sendos chivos, al fondo del precipicio, a la orilla del río, donde nadaban plácidamente un par de ánades reales. Mientras comíamos, además de ver y entrar salir constantemente a los aviones para cebar a su prole, de escuchar sus continuos reclamos, también se vieron los gorriones comunes por el entorno de la presa. Después de comer nos volvimos a asomar a la presa, y nos dejamos maravillar por el vuelo de los aviones, que pasaban a nuestra altura, o por debajo. La mayoría comunes, pero también algún roquero, lo que nos permitía ver sus patentes diferencias. Ya no vimos las cabras, pero fijándome en los patos, que vestían el discreto plumaje de eclipse, me di cuenta que había cuatro más.
     En las siguientes horas, nos dedicamos a dar un paseo calmadamente, para bajar la comida. En torno a la boca del túnel que hay junto la presa revoloteaban los aviones roqueros, mientras que la hembra del roquero solitario permanecía posada sobre un muro de piedra. Hacia la salida al otro lado del túnel se agolpaban los opiliones en las paredes.
     Decidimos bajar al canal de desembalse previsto para cuando el pantano acumula más agua de la que puede contener. Atravesamos otro túnel que aprovechaban los aviones para construir sus nidos en el techo. En los charcos que había entre las grietas del lecho rocoso que forma el suelo viven las ranas, que no dudaban en refugiarse en sus aguas al acercarnos. Al salir sorprendimos a una lagartija colilarga.
    Nos sentamos al borde del acantilado granítico, donde estuvimos un buen rato, viendo el continuo trasiego de los aviones. Dos cabras, probablemente las de antes, caminaban por el fondo, junto al río, donde en la otra orilla sobre la lisa superficie de los granitos se soleaban un par de galápagos. Se oía el croar de las ranas. La oropéndola intercambiaba su aflautado canto con las ásperas notas de su reclamo, y vimos un par de machos persiguiéndose entre los eucaliptos del río. Se escuchaba también la melodía del roquero solitario, y acabamos viendo al macho sobre la repisa del muro en la que estuvo posada la hembra antes. Un mirlo se movía entre las adelfas y otros arbustos que crecían en la pared rocosa, y un arrendajo pasó volando alto hacia el lado del pantano. Después seguimos caminando por el desaguadero, viendo las ranas saltar a los charcos formados por la lluvia.
     Al regresar por el túnel de la presa, pudimos oír con mucha claridad los agudos chillidos de los murciélagos. Tomamos el camino de vuelta, pero teníamos previsto hacer más paradas. Nos detuvimos para recorrer a pie un corto camino. En un trecho en el que había barro se concentraban las abejas para tomar agua. De nuevo pude oír al pico picapinos, pero al igual que la vez anterior tampoco conseguí verlo. Pero sí vimos otra lagartija colilarga volviendo hacia el coche, más un pájaro que no me dio tiempo a identificar.

Pollos de Golondrina Común en el nido

     La siguiente parada fue para andorrear entre las ruinas del viejo poblado de La Lancha. En la primera de las casas a las que entramos vimos una salamanquesa en el techo. En el resto destacaba la presencia de los nidos de golondrina, sobre todo comunes, y algunos de ellos estaban ocupados con pollos. Los adultos iban y venían, entraban y salían. También vimos alguna que otra golondrina dáurica volando por el entorno del poblado, como también lo hacían las palomas torcaces entre los altos eucaliptos, bajo alguno de los cuales podía oírse el zumbido de las abejas. Y muy altas pasaron una pareja de chovas, a las que primero oímos graznar.

     Antes de llegar de nuevo a las famosas curvas, utilizadas como oteaderos para la observación por los naturalistas, paramos para mirar tres córvidos apostados en lo alto de unas rocas, que no puedo asegurar que fueran grajillas. Pararnos a mirar a las negras aves, me llevó a descubrir bajo ellas a un muflón macho que asomaba la cabeza entre las piedras, dotado de grandes cuernos, pero sin que le viéramos el cuerpo.
     Paramos un rato en otra “curva” diferente de donde estuvimos a la ida. Con la caída de la tarde, pudimos ver más ciervos, que ya empezaban a moverse. Pero yo seguía mirando al cielo, ya prácticamente despejado, extrañado por la ausencia de buitres, o alguna otra rapaz. Así mismo también estuvimos echando en falta los conejos. El pito real cantó desde alguna parte del inmenso paisaje que se abría a nuestros ojos. Un paisaje adehesado con pastos agostados y raquíticas encinas que lejanamente, contemplado bajo las luces anaranjadas del atardecer, nos recordaba a las sabanas africanas. También se oían los rabilargos, pero no las urracas. Pude ver un arrendajo en uno de los momentos que rodeé la mirada hacia el monte que se elevaba a nuestras espaldas. También vi un mamífero que no pude identificar, pero que por su silueta y su apresurada forma de moverse me recordó a un tejón, que antes que me diese tiempo a llevarme los prismáticos a los ojos, ya se había ocultado entre los lentiscos de la vaguada.
     Cogimos el coche ya con la idea de volver a Andújar, aunque íbamos despacio, casi parando a ver algún ciervo o gamo que nos llamase la atención. Y entre las muchas urracas, una cabalgaba a lomos de un ciervo usándolo como atalaya móvil para capturar los insectos  que espantara el ciervo a su paso, mientras pacía. El posible beneficio que el ciervo sacaría de portar una urraca sería una huída a tiempo en caso de que córvido se alertara. Un pito real, que voló desde un poste de madera al encinar. Los mirlos comenzaban su actividad crepuscular. Y por fin vemos conejos, aunque solo fueron cuatro. Y tras ver al cuarto, pude ver a una abubilla posarse sobre una piedra, y desplegando su cresta.
     Pues como digo, no teníamos prevista ninguna parada más, pero vi un pequeño animal que brincaba sobre el pasto, en la penumbra, que atrajo mi atención como un imán. Esos aires gatunos que gastaba al moverse me dispararon todas las alarmas en una fracción de segundo, y a grito de ¡lince!, aún sin estar seguro completamente, hice parar el coche. Ya no tardamos en confirmar que estábamos viendo un precioso cachorro de lince ibérico, cubierto por esa especie de borra que le da un aspecto rechoncho tan diferente del apretado y moteado pelaje que estiliza el aspecto de los adultos. Pero, ¿solo? Nuestra pregunta tampoco tardó en responderse, pues pronto localicé a la madre, prácticamente invisible, tumbada en el pasto. La ligera inclinación del terreno, la hierba seca y la tenue luz, nos dificultaban verlos con claridad a pesar de estar a menos de 50 metros. Pero los saltos y las carreras del cachorro nos brindaron un espectáculo inolvidable.
     Al rato, cuando llegó otro coche que se paró poco más adelante de nosotros, se levantó la madre, y se marchó monte arriba, seguida por la cría que iba trotando con enérgicos saltos que contrastaban con el pausado andar su progenitora, perdiéndose enseguida de vista, bajo las copas de las encinas. A pesar de la escasa inclinación del terreno, apenas había fondo. Después de ese rato de emoción contenida, nos quedamos allí mismo para liberarla, hablando de lo sucedido, sin deparar en que había un tercer lince adulto, que solo vimos cuando asomó media cabeza por encima del pasto, enseñándonos sus puntiagudas orejas rematadas en los pinceles. Pero después de un tiempo, también acabó largándose por donde se lo hicieron la madre y el cachorro. Es posible que pudiera tratarse de una cría del año pasado.

     En ese intermedio que hubo entre la observación de la madre y la cría con la del tercer lince, deparé en una tórtola turca posada en un poste, una hembra de pinzón sobre el camino, y un alcaudón, probablemente el común, parado en la alambrada, que enfrascado en la tertulia, no aseguré su identificación. Y volviendo a aquel símil, quizás no muy acertado, sobre dehesas ibéricas y sabanas, las encinas serían como las acacias, los ciervos jugarían el papel de los antílopes, y el lince se asemejaría al leopardo en nuestras “sabanas mediterráneas”.
     Para Hada y Fran fueron sus primeros linces, nada más y nada menos que ¡un triple bimbo lincero! Para mí, un avistamiento igualmente emocionante, fue la primera vez que veo linces en un mes de Junio. También la primera vez que veo tres juntos. Y además la primera vez que consigo ver un cachorro de la última fiera mediterránea, que representa una esperanza de supervivencia para la especie de felino más amenazada del mundo.
     En el coche seguimos hablando del extraordinario acontecimiento que acabábamos de vivir. No obstante eso no me impedía reconocer la hermosa silueta de los ciervos contra el cielo del anochecer, o distinguir aún a otro pito real que salió volando desde otro poste donde estaba posado, o escuchar los maullidos de los mochuelos a través de la ventanilla. Más adelante pude ver un mochuelo levantar el vuelo desde una piedra, y casi inmediatamente, nos detuvimos a ver a uno que salió volando desde la carretera para posarse sobre un chaparro, desde el que se cambio a un poste de la valla del camino, situándose con este movimiento aún más cerca. Y mientras se dejó ver este último mochuelo, pude llegar a escuchar al chotacabras pardo.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Cabra Montés (Capra pyrenaica hispanica)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Pito Real Ibérico (Picus sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Avión Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
  • Roquero Solitario (Monticola solitarius)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Salamanquesa Común (Tarentola mauritanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)

lunes, 11 de mayo de 2015

PROGRAMA ANDARRÍOS EN EL JÁNDULA

     Participé ayer como voluntario en el Programa Andarríos junto a los miembros de AMECO (Asociación Medioambiental para la Conservación de Animales y Plantas), que a través de la medición de diferentes parámetros físico-químicos y biológicos del agua mediante su muestreo, mediciones de caudal, velocidad del agua y anchura del río, comprobación del estado de conservación de la vegetación de la ribera y las zonas adyacentes, anotación de la fauna observada y realización del sondeo de nutria para detectar su presencia, busca conocer la calidad de las aguas del tramo de río seleccionado, la ribera y su entorno colindante, con el objetivo de detectar cualquier indicio de degradación e intentar corregir los factores que la provoquen. El río escogido fue el Jándula (afluente del Guadalquivir), en su tramo medio, para lo que nos desplazamos a las Áreas Recreativas de la Recta y del Encinarejo, cercanas entre si. De las varias partes en las que se divide el programa, mi principal contribución fue la identificación de las especies de vertebrados que pueblan el río y la ribera, y el entorno aledaño, sobre la cual versa la siguiente narración.
     Nos dirigimos primero a La Recta, donde pasamos el grueso del día, un área recreativa que a pesar de encontrarse en Lugar Nuevo, una finca de interés público, tiene limitaciones horarias su acceso, lo cual permite un mejor estado de conservación. Levantamos algunos pinzones del carril por el que avanzábamos de camino al sitio donde nos instalamos, y algún que otro rabilargo merodeando por el área recreativa. Aunque todavía era muy temprano, todavía no había nadie, así que en cuanto me bajé del coche puse en marcha el oído dado que era el momento propicio. Sonaba el agateador en alguna parte, entre los fresnos y las encinas del área recreativa, mientras que en la otra dejaba oír su repetitiva estrofa el triguero. De la espesura de los sauces y zarzas podía escucharse las voces del mirlo, el repertorio de notas musicales del ruiseñor común, la estrofa del ruiseñor bastardo, y un lejano cuco.

Culebra Viperina, en actitud defensiva, emulando a una víbora, por lo
que debe su nombre. En cualquier caso no es más que una farsa,
porque incluso en el extraño caso de llegar a morder no podría inocular
veneno alguno, por carecer de él, por lo que es una especie
completamente inofensiva.

    En cuanto nos acercamos a la orilla no tardamos en ver una culebra viperina de considerable porte. Y casi inmediatamente otra, esta vez una cría. Tampoco nos llevó mucho tiempo en encontrar los excrementos de nutria sobre las rocas del río. La lavandera blanca, daba pasadas sobre el tramo del río en el que empezábamos a trabajar, y de vez en cuando se posaba en las piedras del río. De vez en cuando aparecía el mirlo en algún claro entre la espesura, pero siempre eran avistamientos fugaces. Río arriba había una garza real posada, que por la distancia que nos separaba, permaneció allí tranquilamente durante bastante tiempo. Se podían encontrar diversas especies de escarabajos en las flores. Lejanas, vimos las siluetas de grandes aves planeadoras, imposibles de asegurar de que se trataban. Apareció un ratonero volando sobre las copas de los árboles, que se mostró en un par de ocasiones. Altos, pasaron sobre nosotros un par de buitres negros, en vuelo de crucero. También volaban altos los vencejos, pero iban y venían continuamente. Los aviones comunes y las golondrinas dáuricas volaban más bajo, bien papando los mosquitos que se movían sobre el cauce, bien a ras del agua, dando pasadas sobre su superficie para beber.
     Avanzada la mañana, el cuco se había callado por completo, el ruiseñor común ya prácticamente permanecía en silencio, y el bastardo tan solo se oía de vez en cuando. Pero había empezado a oírse la melódica voz de la oropéndola. Un agudo sonido llamó mi atención, y pude ver que trataba de un andarríos chico que se había acercado hasta donde estábamos, y al verse sorprendido, se retiraba alarmado. El triguero se seguía oyendo con fuerza, a los que se sumaron a cantar los pinzones, los verdecillos, y algún verderón. Además arrullaban las palomas torcaces, así como las ranas, que ya se oían croar. A las palomas torcaces se las podía ver a veces, como también a una abubilla que se dejó ver por el área recreativa. También irrumpió en aquel tramo de río donde estábamos un pequeño bando de jilgueros, que pasó en seguida.
     Poco a poco aumentaban su actividad las culebras de agua, que descubríamos cruzando la masa de agua a lo ancho, nadando a gran velocidad con la cabeza asomada. Era fácil ver los cardúmenes de alevines en las aguas tranquilas y someras, pero no sucedía lo mismo con los adultos, que se prestaban rápidamente a la huída en cuanto notaban nuestra proximidad. No obstante logré ver con la suficiente claridad algunos ejemplares de barbo y de pez sol. Del agua extrajimos varias ninfas de libélula y otros invertebrados, que nos sirvieron como medidores biológicos de la calidad del agua, y que por supuesto fueron devueltos a su medio tras ser observados. Libélulas y caballitos del diablo adultos, de distinta coloración y variados tamaños, volaban sobre el cauce. Y entre las piedras de la orilla, de vez en cuando asomaba alguna lagartija colilarga, entre ellas, un gran macho adornado con los colores del celo.
     Hacia el medio día, salimos andando, río abajo, sirviéndonos de la sombra que nos brindaba la arboleda riparia. Bajo la cubierta arbustiva cantaba el chochín, mientras el carbonero lo hacía desde las copas de los árboles, que moviéndose entre las ramas, logramos descubrirlo. Entre ambos estratos vegetales se delataba el petirrojo, llegando a ver una pareja. Diferentes clases de hongos saprófitos crecían sobre los troncos de los pinos muertos que yacían en el suelo. Unos parecidos a los yesqueros, otros similares a agallas. Allí donde podía verse el río entre algún hueco de la vegetación, si había alguna roca, esta servía a los galápagos para tomar un baño de sol.
     Saliendo a una zona más aclarada, escuchamos el ruido de un animal corriendo monte a través. Se trataba de una hembra de gamo, que probablemente se habría ocultado en la fresca sombra de la ribera para pasar el día, y que huía al percatarse de que nos acercábamos. Un banco de arena de la margen del río por la que caminábamos aparecía minado por los cráteres de las larvas de la hormiga león. Había también bastantes caballitos del diablo que volaban por allí, algunos enlazados en la cópula. Y de entre la variedad de escarabajos nos fijamos en uno considerablemente mayor que los demás, que resultó ser una hembra de Melolontha papposa apoyada en las hojas de un pequeño taray. Escuché el gorgojeo de los abejarucos, y los divisamos en el cielo, junto con vencejos. También cruzó el espacio aéreo del claro del bosque alguna paloma. Los chapoteos en el agua llamaban mucho nuestra atención, por si podía ser la nutria, pero se trataba de los saltos de los peces, o de los galápagos al lanzarse al agua, buscando apartarse de nuestra vista. Cuando nos asomábamos al río, entre la turbidez del agua, aparecían las grandes sombras de los barbos, o los pequeños y plateados alburnos al nadar cerca de la superficie. Un par de patos levantaron el vuelo desde el agua, y fueron río abajo. En alguna ocasión se vio al mirlo pululando en la otra orilla, y las lavanderas blancas en su trasiego a lo largo del cauce o con su incesante balanceo de la cola cuando permanecían posadas.

Hembra de Melolontha papposa.

     Con la llegada paulatina de la gente, o tal vez por el aumento del calor en las primeras horas de la tarde, dejaron de verse las culebras vadeando el río. En cambio los galápagos aprovechaban para solearse en aquellos puntos más tranquilos, que no usaba la gente como zona de baño. Los pájaros también habían disminuido su actividad, y mientras el grupo pasábamos las horas de calor a la sombra, solo pude ver un alcaudón común que se posó en la rama baja de un fresno del área recreativa. En los fondos arenosos y someros, donde el agua no parecía tan turbia, podían verse con tanta nitidez las percas soles, que era fácil apreciar su dimorfismo sexual.
     Pasadas las horas de más calor, nos dirigimos al Encinarejo, un área recreativa que está en una zona pública a la que se puede ir en cualquier momento. Pero aquí no hicimos mediciones de ningún parámetro del agua, si no que nos limitamos a evaluar el estado de la cubierta vegetal. A la ida por el Encinarejo, se veían a los rabilargos, esperando pacientemente a que la gente abandonase la zona, para acercarse a buscar algún resto de comida. No estuvimos mucho tiempo allí. Nos acompañó una hembra de lagartija colilarga en el lugar que escogimos para hacer la valoración sobre la vegetación. Terminándola, oímos a la curruca cabecinegra, que poco después se mostró un macho, con su frágil vuelo sobre unos arbustos. Una vez acabado nuestro trabajo, saliendo del área recreativa, ya se veían los bandos de rabilargos en los merenderos donde había estado gente, y también algún mirlo.

Lagartija Colilarga, hembra.

     De nuestro trabajo concluimos que las condiciones del agua, si bien no son las óptimas, permiten albergar diferentes formas de vida. En cuanto al estado de la vegetación, estamos ante un bosque en galería aceptablemente bien conservado. No obstante la intervención humana está patente en las estructuras presentes del entorno, y en la presencia de eucaliptos y especies de árboles ornamentales en las zonas recreativas, así como en la presencia de un mayor número de especies exóticas de peces, que nativas en el río. Además, es muy importante hacer un llamamiento al poco civismo que demuestran algunas personas que disfrutan de estos enclaves naturales, dejando tirada la basura, aún cuando existen contenedores para depositarla, en incluso para el reciclaje.

                                                                                                                           
Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Gamo (Dama dama)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Andarríos Chico (Actitis hypoleuca)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Cuco Común (Cuculus canorus)
  • Vencejo Común (Apus apus)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Agateador Común (Certhia brachydactyla)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Oropéndola Europea (Oriolus oriolus)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Verderón Común (Chloris chloris)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Culebra Viperina (Natrix maura)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Barbo Gitano (Luciobarbus sclateri)
  • Alburno (Alburnus alburnus)
  • Perca Sol (Lepomis gibbosus)

martes, 28 de abril de 2015

BICHEO Y PAJAREO EN LA SIERRA DE CARDEÑA

     Debido a la alteración que sufre el tráfico en la Sierra de Andújar durante la romería, que por un lado impide la libre circulación en un sentido u otro según el momento del día, y por otro restringe el acceso a las pocas áreas públicas que hay, además de la muchedumbre que se concentra en el espacio natural, José Luis Molina y yo nos vimos obligados a buscar un plan alternativo para nuestra salida campera de ayer. Le propuse ir a la vecina Sierra de Cardeña, mucho más tranquila. Salir al campo en compañía de alguien con una valencia naturalista y científica tan amplia, que lo mismo identificaba pájaros que insectos, sin apenas vacilar, a pesar de ser la primera vez que pisaba estas sierras, y explicar con asombrosa seguridad como los reconocía, me producía una profunda admiración.
     Nuestro punto de encuentro, y también de despedida, fue Montoro, donde mientras esperaba su llegada, me estuve entreteniendo en mirar una cogujada que se movía por los jardines. Atravesamos Montoro por su espectacular balcón natural al Río Guadalquivir, donde entre los muchos estorninos negros que había, nos fijamos en uno que presentaba albinismo. Acompañaban a los estorninos, también en gran número, los aviones comunes, cuyos nidos vimos en los ojos del puente por el que cruzamos el río. Nuestra jornada naturalista había empezado con la avifauna urbana. Iba buscando una vía alternativa para ir hasta Cardeña, pero al no encontrarla, acabé incorporándome a la carretera nacional.
     Sobre los tejados de las casas del pueblo de Cardeña también surcaban los aviones en una ingente cantidad. Nos dirigíamos hacia la Aldea del Cerezo viendo por las dehesas aledañas al carril las urracas y las palomas torcaces al paso. Nos deteníamos a mirar pájaros como el alcaudón, y herrerillos y gorriones molineros que José Luis identificaba sin pestañear, y que también podíamos escuchar. Especial atención merecían los rabilargos, que por estar ausentes en Almería, les dedicábamos algo de nuestro tiempo a mirarlos con detenimiento, y a escuchar sus voces. Estas cortas paradas, nos permitían observar otros como el alarmado mirlo, que se descubría al salir de su escondite, la abubilla o las perdices que andaban entre la hierba. Nos percatábamos de otras aves, como la totovía, solo por el oído.
     Otra de nuestras paradas fue para inspeccionar un arroyo que pasaba bajo el camino, solo en la zona inmediata. No tardamos en descubrir en las translucidas aguas a un galápago europeo, otro que por estar ausente en Almería, le gustó mucho a José Luis poder verlo. Además, encontramos unas larvas de gallipato, y un cangrejo rojo de río (Procambarus clarkii).

Galápago Europeo

     Llegando al pueblo despoblado vimos al triguero cantando desde un arbusto. Nos dedicamos a prospectar un tramo de un arroyo cercano a la aldea, pero ello no nos impidió fijarnos en los pájaros como los gorriones comunes o las golondrinas dáuricas que por allí había, así como tórtolas turcas. Otros pájaros más forestales, como pinzones y algún carbonero, también estaban presentes, y además de poder verse, también se les oía. Por un momento también estuvo maullando el mochuelo.
     Nuestro paseo por el arroyo nos permitió encontrar gran número de renacuajos de anuros, y de variados tipos. Destacaban los cabezones de los sapos de espuelas, por su número y el considerable tamaño de los mismos. En el caso opuesto se hallaban los pequeños y negros renacuajos del sapo corredor. Además había otros que no es fácil asegurarse su identificación con solo verlos. En el fondo arenoso de este arroyo también vimos unos escorpiones de agua (Nepa cinerea).

Pareja de Escorpiones de Agua

     Volaban entre los juncos y la hierba que crecía junto al arroyo bastantes caballitos del diablo de tonalidades verdes con brillo metálico. A nuestro paso, las raudas ranas comunes se lanzaban al agua, desapareciendo bajo las ovas, los ranúnculos o las lentejas de agua. En cambio las verdes ranitas meridionales confían más en su mimetismo con la vegetación para pasar inadvertidas. No obstante fuimos capaces de ver tres.

Ranita Meridional

     Los reptiles tampoco faltan cerca de los arroyos, y pudimos ver una lagartija ibérica, y encontrar una culebrilla ciega en los alrededores de la orilla, aún sin ser ninguna de estas especies propias de las corrientes de agua. El galápago europeo en cambio sí está ligado al agua, y además exige cierta calidad, como lo es este arroyo aunque sea de carácter estacional, donde encontramos un pequeño ejemplar de este escaso quelonio. Entre las mariposas que por allí volaban está la comúnmente conocida como blanquita de la col (Pieris rapae) y Vanessa cardui.

Un pequeño galápago europeo

     Después de almorzar, nos fuimos de la Aldea del Cerezo hacia otro lugar de la sierra. Cambiamos las abiertas dehesas por el monte más o menos cerrado. Un tramo del camino lo recorrimos en coche, viendo por fin algún que otro conejo, además de alguna de las aves ya mencionadas que son frecuentes en estos parajes. Paramos junto a otro arroyo que pasaba bajo el camino, y al cual no podíamos acceder, pero escuchamos en las zarzas cercanas al ruiseñor, y a los verdecillos y al trepador azul por los alrededores. Logramos ver a los verdecillos, así como a unos abejarucos, palomas y al arrendajo.
     Una segunda etapa del camino la recorrimos a pie. Durante la caminata vimos algunos pinzones, unas perdices y alguna lagartija colilarga. Escuchamos a la totovía y al pito real. También nos fijamos en una bonita mariposa arlequín (Zerynthia rumina).
     Llegamos a un mirador desde donde contemplábamos una magnífica panorámica del Valle del Río Yeguas, encajonado entre las Sierras de Andújar, al otro lado, y Cardeña, y donde se extendía la cercana Sierra Madrona por el norte. Además del paisaje de Sierra Morena, en el rato que allí estuvimos, nos fue posible ver pasar algunas palomas, y cuervo que captó nuestra atención por sus graznidos. La curruca cabecinegra cantaba entre las jaras y romeros, ladera abajo.
     El regreso hacia el coche fue algo más provechoso. Entraban en escena las rapaces, al caldearse el día, empezando por el águila culebrera, que estuvo deleitándonos con sus espectaculares cernidos. Poco más adelante paramos a mirar un pequeño bando de chovas que previamente habíamos oído. El arrendajo podía verse cuando volaba entre las encinas. Y en un lado del camino nos fijamos en un par de lagartijas colilargas, que habían hecho ruido en sus correrías entre la hojarasca.
     Nos paramos en otro pequeño arroyo, donde ya casi no corría el agua, donde se encontraba el mirlo al frescor de la mayor densidad de plantas que crecían en la vaguada. Entre las rocas se movía una lagartija ibérica. Y nos encontramos con un pequeño tritón ibérico, un adulto inmaduro que se encontraba en fase terrestre.


Tritón Ibérico

     Siguiendo el camino, el gorgoteo de los abejarucos sobre nuestras cabezas hizo que nos detuviésemos a dedicarles un poco de nuestro tiempo a estos coloridos pájaros. Lejanos, volaban los buitres, de los que solo apreciábamos su silueta. Mucho más cerca pudimos observar a un par de halcones abejeros, que pasaron tan próximos que pudimos oír sus agudos silbidos. Y en el resto del camino hacia el coche nos centramos en los escarabajos que se nos cruzaron, una aceitera (Berberomeloe majalis) y un Carabus lusitanicus.

Aceitera

     Cuando íbamos llegando a Montoro, nos dimos cuenta de una gran concentración de cigüeñas blancas, que estaban en paso. Y tanto José Luis, de vuelta a Córdoba, como yo, de regreso a Andújar, nos encontramos sobrevolando la autovía algunos milanos negros.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Ánade Azulón (Anas platyrhynchos)
  • Milano Negro (Milvus migrans)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopela decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Abejaruco Europeo (Merops apiaster)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Cogujada Común (Galerida cristata)
  • Totovía (Lullula arborea)
  • Golondrina Dáurica (Cecropis daurica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Herrerillo Común (Cyanistes caeruleus)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Alcaudón Común (Lanius senator)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Estornino Negro (Sturnus unicolor)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Gorrión Molinero (Passer montanus)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Verdecillo Común (Serinus serinus)
  • Triguero (Miliaria calandra)
  • Galápago Europeo (Emys orbicularis)
  • Culebrilla Ciega (Blanus cinerea)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Lagartija Colilarga (Psammodromus algirus)
  • Gallipato (Pleurodeles waltl)
  • Tritón Ibérico (Lissotriton boscai)
  • Sapo de Espuelas (Pelobates cultripes)
  • Sapo Corredor (Epidalea calamita)
  • Ranita Meridional (Hyla meridionalis)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)