domingo, 9 de enero de 2011

DIARIO DE UN VIAJE A ZAMORA

Introducción:

     Para empezar el año David y yo nos fuimos de viaje a Zamora. Concretamente nuestra intención era conocer parte de la naturaleza de esta provincia castellana. Este plan era novedoso para ambos puesto que ninguno de los dos habíamos estado bicheando nunca por esta tierra. El viaje ha sido todo un lujo por muchos factores.
- Expectativas: Se han cubierto muchas de ellas al encontrar casi todas las especies que llevábamos en mente.
- Clima: Aunque algunos días (los pasados en la Sierra de la Culebra) tuvimos lluvia y niebla, la temperatura ha sido siempre muy agradable.
- Economía: En 6 días hemos gastado poco más de 100 € cada uno, y la mayoría de este gasto se corresponde por supuesto al combustible. Evitamos los peajes.

     Para realizar este viaje íbamos con la casa a cuestas literalmente. Fuimos en una furgoneta (wolksvagen caravelle, equipada por westfalia) acondicionada con calefacción, frigorífico, cocina, fregadero, armarios, mesa y cama. Además se le podía desplegar el techo, lo que nos permitía movernos con comodidad en su interior. Aunque pueda parecer una cutrez y lleváramos cierto desorden, hemos estado en las glorias. Era como tener un apartamento con vistas a donde quisiéramos. Así pues, lo mismo comíamos entre avutardas, en medio de un barbecho en llano, casi infinito, donde la vista se perdía en el horizonte, en los campos de Villafáfila, que contemplando un hermoso lago glaciar, la Laguna de los Peces, cerca del Lago de Sanabria. Igualmente dormíamos en plena naturaleza, esperando encontrarnos con bellas panorámicas nada más despertar, y tomar nuestro desayuno consistente en pan tostado con aceite, tomate y lomo y zumo natural de naranja y exprimido a mano, observando uno de esos maravillosos espectáculos que de vez en cuando nos brinda el campo. Y de esta manera lo mismo amanecíamos en el corazón de la Sierra de la Culebra, frente a la loma de una montaña, esperando observar a los lobos, que en los aledaños de un pueblo deshabitado a la orilla de una de esas lagunas esteparias de Villafáfila, donde por la noche sisea la lechuza y durante el día las ruidosas escuadras de ánsares surcan el cielo gris plomizo de Castilla.


1º Día: Llegada a Tierra de Campos.

     Con un poco de resaca, consecuencia de la noche anterior, y algo de retraso para mi gusto, partimos hacia nuestro destino el primer día del año, sobre las 17.00. Prácticamente hicimos todo el viaje de noche y por supuesto llegamos a Tierra de Campos en plena oscuridad, sobre las 23.45. Cenamos a medio camino. Atravesamos Madrid por el Puerto de Guadarrama, pero como ya se nos había echado la noche encima, no pudimos ver, aunque solo fuera de paso, esta sierra limítrofe con Segovia donde aparecen los primeros rodales de pino silvestre, característicos de los bosques de coníferas del norte de la península y prisioneros de las más altas montañas en el sur, aunque en ambas latitudes, muchos de estos pinares procedan de repoblaciones forestales.
     Tampoco vimos ningún animal en toda la autovía, salvo algunos conejos y liebres atropellados, hasta que cogimos el desvío hacía Villafáfila, y a su vez, antes de llegar al pueblo, tomamos otra pequeña carretera que volvía a la principal y que rodea una estación de no se que (creo que de transferencia y que se trataba de una especie de vertedero, pero debía ser muy aséptico porque no olía a nada), más o menos frente a la Casa del Espacio Natural de las Lagunas de Villafáfila. Aquí tuvimos nuestro primer encuentro del viaje con animales, un sapo corredor, cruzando la calzada, indicador de la buena temperatura y de la humedad del ambiente, y dos búhos campestres, que levantaron el vuelo, uno detrás de otro, ante nuestra llegada. Este avistamiento nos pilló desprevenidos, sin la linterna (que alumbra como un foco) a mano, así que nos tuvimos que conformar con la fugaz visión que nos permitió la luz larga de la furgo. Como ya no teníamos nada que hacer y estábamos cansados por el viaje, aparcamos "nuestra casa" en un ancho cruce de carriles y allí dormimos, en medio del campo.


2º Día: Travesía entre campos y lagunas.

     Amaneció con bruma no muy espesa que más o menos pronto de disipó, pero todo el día fue gris y hasta las últimas horas de la tarde no vimos la luz directa del sol. Mientras desayunábamos, estuvimos hablando con un cazador, que nos comentó que se podía ver por aquellas tierras. Entre tanto contemplábamos los vuelos rasantes de un macho de aguilucho pálido, un par de milanos reales que alternaban sus posaderos sobre los postes y un cernícalo posado en un cable rodeado por gorriones molineros. Algunos pequeños bandos de jilgueros y pardillos volaban de aquí para allí, así como alguna lavandera blanca, y algunos trigueros, estorninos y cornejas se movían por el barbecho. Pequeños grupos de ánsares iban y venían buscando un campo donde parar a saciar su apetito, hasta que aparecieron las primeras avutardas con su pesado vuelo y aterrizaron a lo lejos.

Avutardas

     Después hicimos una visita a la Casa del Parque donde nos informaron sobre puntos concretos donde ver avutardas y ortegas, e incluso nos hablaron de una pista forestal concreta para cuando fuéramos a la Sierra de la Culebra. En las pequeñas lagunas del recinto de este centro era posible ver con suma facilidad ánsares y fochas, algún que otro ánade y zampullín, y hasta porrón moñudo, además pollos de avutarda que tienen en condiciones controladas en una parcela para su recuperación. Las únicas aves que se movían con total libertad en este sitio eran los paseriformes: algunas urracas, un mirlo, un alcaudón real, un par de petirrojos y otro par de colirrojos, mosquiteros, unos pocos trigueros, gorriones comunes, algún pardillo y un gran bando de verderones que pululaban entre los escasos arbustos y los desnudos arbolillos.
     Salimos hacía los campos que nos indicaron para carrilear con tranquilidad, apartados de la carretera. Durante prácticamente todos nuestros movimientos por esta zona, no faltaban avutardas, avefrías, ánsares, cornejas, cernícalos, ratoneros, milanos reales, aguiluchos pálidos, aves, que a pesar de estar presentes por doquier en cualquier parte adonde fuéramos, resultaban bastante desconfiadas. Seguramente escarmentadas por los disparos de las muchas escopetas que parece que había en el lugar, emprendían el vuelo antes de posicionarnos a su altura. Los grandes bandadas de fringílidos, sobre todo jilgueros y pardillos, así como los estorninos negros y pintos, también son frecuentes y fáciles de ver. La nota musical del paisaje la ponían los alaúdidos, alondras y calandrias, y alguna lavandera blanca al pasar volando. Ya metidos en carriles, paramos a comer entre un bando de unas 60 avutardas, y en mitad del carril, como puestas a drede para que las encontráramos, dos rémiges de esta gran ave.

Bando de Avutardas

     Hacía la tarde cambiamos de campos. Pero antes de abandonar estos caminos nos topamos con una garza real. Nos dirigimos hacía otras tierras de labor, a probar suerte con la ortega, y la suerte estuvo de nuestro lado. En un campo de alfalfa segada, y acompañadas por avutardas, nos encontramos con 9 ortegas. A pesar de desplazarnos a poca velocidad, y la considerable y prudente distancia que nos separaba de ellas, no nos dieron ni tiempo a parar la furgoneta. Emprendieron la huida sin pestañear, pero nos dejaron escuchar sus arrullos al volar.
     Cuando eran las últimas horas de la tarde, cuando el sol rojo incandescente del crepúsculo empezaba a ocultarse tras el horizonte de la meseta castellana, nos acercamos al pequeño y abandonado pueblo de Otero de Sariegos, a las orillas de la Laguna de la Salina Grande. En las proximidades se vieron un par de grajillas pero aquí nos dedicamos sobre todo a observar la llegada de los gansos a la laguna, a su dormidero tras haber llenado el buche con los diversos granos y semillas que encontraran en los campos, pero también se veían otras anátidas como el azulón, además de algunas fochas. También se observaba en esta zona lacustre algún aguilucho lagunero y una gaviota reidora que dio varias pasadas. Las abundantes lluvias de la estación otoñal e invernal le habían dado a la laguna unas dimensiones descomunales, desmesuradas. Las orillas eran prácticamente inexistentes y la vegetación palustre escaseaba, por lo que no pudimos observar ningún limícola ni ardeido. Pronto, antes de que se ocultase el sol definitivamente, empezaron a maullar los mochuelos de los viejos palomares, y algo más tarde, fueron las lechuzas del pueblo las que nos dejaron escuchar sus chirriantes chillidos.

Lechuza Común
     Dimos un paseo por el pueblo, en las primeras horas de la cerrada noche, pero antes de llegar, vimos un sapo corredor. La llamada de la lechuza se repetía en distintas direcciones (al menos un par de individuos), y algún que otro ejemplar se dejaba ver fugazmente en vuelo entre las ruinas del pueblo, como la repentina aparición de un fantasma blanco que pronto se desvanecía entre tinieblas. Luego, por fin conseguimos sorprender a una lechuza posada en un poste, a bastante distancia, que emprendió la huída en cuanto la luz de la linterna se le acercó. Poco después, la historia se volvió a repetir con otra lechuza, o tal vez misma, que estaba apostada en un palomar en los aledaños del pueblo. Ya las habíamos visto posadas pero no nos permitieron observarlas con detenimiento. Volvimos y cogimos el furgón para hacer un breve recorrido nocturno. Queríamos ir hasta donde estuvimos durmiendo la noche anterior, exactamente hasta aquella estación de cuyo nombre no me acuerdo, próxima a la Casa del Parque, donde vimos aquel par de búhos campestres nada más llegar. Pero esta vez, en lugar de ir por la carretera, íbamos por los carriles que atravesaban campos y lagunas. Se nos cruzaron conejos y liebres a lo largo del laberinto de caminos, pero acabábamos de emprender esta marcha, cuando en un bajo poste de una valla, esta vez sí, pudimos observar a corta distancia y posaba a la blanca dama de la noche. Resulta espectacular contemplar en estas condiciones a una de estas hermosas aves estrictamente nocturnas. Llegamos hasta la estación, pero esta vez no había ningún búho, así que volvimos sobre nuestros pasos. Debido a los cruces de caminos, tuve una pequeña confusión y tomé otra dirección. Acertada confusión, pues esta vez, en un mojón de madera, indicador de un sendero, sorprendimos a otra lechuza. Aunque ya sabíamos que ese camino no nos llevaría de regreso al pueblo, lo continuamos un poco más, hasta encontrar una anchura o un cruce donde poder cambiar de sentido. Bien, pues cuando conseguimos dar la vuelta, otra vez había vuelto la lechuza al mismo mojón, y ante el descaro de la rapaz nocturna, David intentó fotografiarla. Habíamos parado la furgoneta, pero como no estábamos a una buena distancia, intentamos acercarnos un poco más, simplemente soltando el freno de mano, y dejar que la gravedad y la suave pendiente nos acercara silenciosamente, pero la lechuza voló. Iba a arrancar, cuando otra vez vuelve a su posadero. Parecía estar haciéndonos un reconocimiento, como valorando si podríamos suponer un peligro para ella. Finalmente se perdió en la noche, y aunque estuvimos un rato esperándola no volvió. Regresábamos al pueblo, esta vez por el camino correcto, y en aquella misma valla del principio, otra vez estaba la lechuza. Nos permitió acercarnos bastante y la titónida estuvo posando para el objetivo de cámara de David durante bastante rato, y yo, como ayudante de fotografía y técnico de iluminación, estuve enfocándola con el linternón. Por supuesto también nos permitió deleitarnos, observando con los prismáticos su acorazonado rostro blanco y el contraste cromático de su plumaje que le otorga esa bonita librea y ese sigilo al volar. E incluso nos hizo una pequeña exhibición de caza. Desde su oteadero se dejó caer en un charco, justo frente a nosotros, posiblemente para capturar algún batracio. Falló el intento, pero ya que estaba en el agua, aprovechó y se dio una ducha, y con sus largas patas, rojas por el barro, volvió a posicionarse en su posadero, hasta que poco después se marchó. Estábamos alucinando con estos increíbles avistamientos de un ave de la que hasta entonces solo habíamos visto sus furtivos vuelos. Tanto fue así, que intentamos repetir la hazaña aquella misma noche, pero salvo por dos lechuzas volando entorno al campanario del pueblo, no volvimos a ver a las confiadas lechuzas de los campos.

Mojada tras su baño de media noche y con las patas teñidas de rojo por el
barro, la lechuza volvió a su posadero inicial a sacudirse y secarse.

3 Día: El gregario búho diurno de las cunetas.

     Se levantaba el día gris, pero al menos no había niebla, lo que nos permitía ver cómodamente la laguna que teníamos en frente. Más de lo mismo, muchas anátidas y ninguna garza ni ningún limícola. A nuestras espaldas se situaba el pueblo despoblado y los palomares, y en un palomar y en un tejado de una vieja casa, sendos mochuelos se dejaban ver. Habíamos tenido vecinos de furgoneta aquella noche, una pareja de asturianos, aficionados a la naturaleza, con los que estuvimos desayunando allí mismo. Pero antes de desayunar, fui a la lavarme la cara, las manos y a peinarme un poco a la fuente del pueblo, y de paso a dar un pequeño paseo matutino para abrir el apetito. En un palomar encontré egagrópilas de mochuelo y un excremento de zorro, con lo que la conversación tuvo su momento escatológico. Y en el cielo, unos fuertes trinos llamaron nuestra atención y delataron la presencia de un bando de aves. Se trataba de 26 zarapitos trinadores que parecían deambular algo extraviados debido a la falta de orillas en las que sondear con sus largos y curvos picos los animalillos que componen su dieta.
     Habíamos hablado del búho campestre, de como encontrarlo, queríamos asegurarnos de haberlo avistado con seguridad. Nos dijeron que moviéndonos por los caminos que recorrían los campos, era posible levantar algún ejemplar, ya que tenían cierta querencia por apostarse en las cunetas (quizás debido a los pastos más desarrollados que campo a través). Carrileamos por los mismos caminos en los que en la noche anterior había lechuzas, ahora sustituidas por rapaces diurnas como aguiluchos, milanos y ratoneros.

Búho Campestre, de librea clara
     Bajábamos lentamente por una suave pero larga cuesta que terminaba en la vaguada de un pequeño arroyo, donde el camino empezaba otra vez a elevarse someramente sobre los campos, cuando en vuelo a ras de suelo, salió un búho campestre que se posó más o menos cerca, en medio del barbecho. Ahí estuvo largo rato sin moverse, lo que permitió tomarle unas fotografías hasta que una corneja vino a posarse a su lado. La corneja graznaba, pero poco parecía importarle al búho de “orejas” cortas, incluso ante nuestra atónita mirada se atrevió a expulsar una egagrópila. Era cuestión de tiempo y el búho acabó emprendiendo el vuelo, y como si de una persecución se tratara, el córvido, más rápido, se lanzó tras el estrígido, hasta adelantarlo en un picado que no llegó a tener contacto entre ambas aves. El búho vino a posarse al camino, junto a la cuneta opuesta en la que había estado oculto inicialmente, un poco más abajo desde nuestra situación. La corneja se posó en el campo y el búho se volvió a ocultar en la cuneta. Entonces, pensamos en dejarnos caer cuesta abajo, sin encender el motor, pero no había hecho más que soltar el freno de mano, cuando de la misma cuneta desde donde salió el primer búho, y a la misma altura donde estábamos parados, sale otro búho campestre de plumaje algo más claro que también se posó en medio del campo. Resultaba increíble que lo hubiésemos tenido todo el tiempo a nuestro lado y no nos hubiéramos dado cuenta. Ya que estaba más cerca que el otro, también fue objeto de fotografía. Y al igual que el otro, al cabo de un rato volvió a esconderse a la cuneta, no sin antes haber sido hostigado por la corneja. A pesar la inclinación, no bastaba con quitarle el freno de mano a la furgoneta para que bajara sola, así que improvisamos un método para aproximarnos sin hacer demasiado ruido, y fue usar la furgo a modo de monopatín, con un pie dentro y con otro empujando en el suelo. Pues según empezamos a rodar, se levantó un tercer búho y ya empezamos a mostrar signos de sorpresa en nuestras caras. Todavía no se había posado en el suelo y emprendió el vuelo un cuarto búho que fue a parar cerca del otro. Y acto seguido empezaron a salir búhos de ambas cunetas de forma escalonada. Con sus vuelos de un lado para otro, sobrevolando a baja altura el camino y el campo, iban llamando la atención de sus congéneres. Quedamos perplejos ante tal revuelo de búhos que al parecer habían elegido el mismo dormidero diurno, o quizás cazadero. No sabíamos donde mirar y estimamos que había en aquel territorio unos 10 búhos campestres. Ya estábamos entusiasmados con la suerte que tuvimos viendo el primero, cuando menos esperábamos una decena.

Búho Campestre, de librea oscura

      Seguimos hacía adelante viendo la avifauna típica de los espacios abiertos y nos detuvimos en un campo a coger plumas de avutardas, algunas de aguilucho pálido y hasta una rémige de buitre leonado. En el suelo estaban impresas las características huellas tridáctilas de avutarda. A nuestro paso, un joven lebrato emprendió la huida corriendo, y además pude observar a un topillo corriendo por sus caminos y túneles entre la hierba. Volvimos para atrás, pero ya no vimos ningún búho y tomamos un camino paralelo que se bifurcaba. Además de las avutardas y de las rapaces, de un grupo de cogujadas, algunos trigueros y un pinzón, tampoco tuvimos aquí ningún otro avistamiento relevante.
     Había pasado el mediodía y decidimos volver a donde el día de antes habíamos visto las ortegas. Retomamos el camino del pueblo que surca campos y lagunas y paramos a echarle un vistazo a los patos cuchara. Por supuesto en el agua también había gansos, azulones y fochas, y en los alrededores avefrías y cigüeñas. Evolucionando en el aire o posadas en algún poste, siempre descubríamos alguna rapaz. Y mientras mirábamos todo esto, otra vez apareció el escandaloso y divagante bando de 26 zarapitos que vimos en la mañana. En cambio las ortegas no repitieron en el mismo sitio.

Grupo de Avutardas

     Entonces acordamos que era el momento de emigrar de la llanura y dirigirnos a las montañas, y así fue como llegamos hasta la Sierra de la Culebra. Durante el recorrido, a excepción del aguilucho pálido y de las demás aves esteparias y acuáticas, el resto de rapaces mencionadas y las cornejas parecían sentirse cómodamente ubicadas tanto en los campos agrícolas como en los agrestes montes. La vegetación se repartía el espacio según un gradiente altitudinal, de los encinares de las zonas bajas, pasamos a los robles y a los castaños, y a continuación a los pinares de pino negral o resinero y de pino silvestre que aparecían en las cotas más altas, aunque de claro origen antropogénico. También había amplias zonas desprovistas de vegetación arbórea, donde las jaras, los brezos y los piornos cubrían el suelo formando una tupida alfombra verde.
     Paramos para quedarnos en la pista forestal que nos indicaron en la Casa del Parque Natural de las Lagunas de Villafáfila, cerca de Boya. El tiempo se había estropeado bastante por la entrada de una borrasca, la niebla empezó a adueñarse del valle y de las cumbres y también tuvimos algunos chubascos. Ya no teníamos mucho que hacer ese día, así que nos disponíamos a cenar, y a ver tranquilamente las fotos de David en el ordenador, a poner la guía sonora de aves, o incluso ver alguna película o el documental “Las Montañas del Lobo”. Entonces apareció en la pista un coche a baja velocidad que se paró frente a la furgoneta. Pues resultó ser Esteban Ureña y su novia Concha, de quien estábamos avisados que podríamos encontrarnos por allí. Cuando dejó de llover intentamos escuchar aullar a los lobos. Pero como el resultado fue infructuoso, nos despedimos y ellos se fueron al camping donde estaban alojados y nosotros nos quedamos a pasar la noche allí mismo.

Avutardas en vuelo

4º Día: De la Sierra de la Culebra a los Lagos de Sanabria, y viceversa.

     El día comenzó como acabó el anterior, con una densa niebla, que de vez en cuando aclaraba el viento, y una tenue pero continua llovizna. Tuvimos compañía esa noche, y un par de amigos vascos hicieron lo mismo que nosotros, quedarse a dormir allí, en plena sierra. Mientras desayunábamos, mirábamos el paisaje translúcido por la bruma. Solo unos cuantos ciervos se dejaron ver, y entre los brezos de nuestro alrededor, delataron su presencia una curruca rabilarga mediante su áspera voz y un chochín con su reclamo de contacto.
    
No había nada que ver ese día y tanto nuestros acompañantes esporádicos, como nosotros decidimos marcharnos. Tiramos para Sanabria y debido a la niebla y a la lluvia no vimos nada en todo el camino, ni siquiera pudimos disfrutar del paisaje. En el Lago de Sanabria tan solo vimos unos ánades reales, y en sus alrededores un arrendajo, pero al menos contemplamos una buena panorámica del lago.
     Subimos a la gélida Laguna de los Peces, hasta cotas donde la nieve estaba presente. Aunque es territorio de perdiz pardilla y de otros animales muy interesantes, tampoco vimos ningún bicho moverse por el entorno. En medio de una pequeña ventisca bajamos a ver el lago congelado de cerca y a la subida descubrimos un excremento de lobo, con muchísimo pelo de jabalí. Con la ropa empapada, improvisamos un tendero en la furgoneta y utilizamos la calefacción como secadora y nos quedarnos a comer allí.

Laguna de los Peces

     Por la noche, cuando volvimos a la Sierra de la Culebra, el panorama no había cambiado demasiado. Persistía la niebla y la lluvia. Quedamos con Esteban y nos dedicamos aquella noche, hasta altas horas de la madrugada, a buscar al lobo, pero sin obtener un resultado satisfactorio. No obstante, en los momentos que dejó de llover, vimos un ciervo, un par de zorros y una ranita de san antón cruzando la carretera, debido a la temperatura nocturna relativamente cálida que hacía y a lo saturado de humedad que estaba el ambiente.


5º Día: Rumbo a las Tablas de Daimiel.

     Las inclemencias meteorológicas continuaban. El tiempo no nos daba tregua en la Sierra de Culebra. Como ya le comentamos a Esteban la noche anterior, nuestra intención era acercarnos a los Arribes del Duero, pero Esteban dijo que no íbamos a ver nada, porque solo son los domingos cuando zarpan los barcos. También habíamos barajado la posibilidad de llegarnos al colindante Parque Natural de Montesinho, en el norte de Portugal, pero visto lo visto acordamos bajarnos a la Mancha. Ya que decidimos volver hacía el sur, también habíamos pensado en llegarnos por Monfragüe, pero las previsiones del tiempo allí eran muy similares a las que había en la Sierra de la Culebra. Nos fuimos por Salamanca, Ávila y Toledo hasta llegar a las Tablas de Daimiel, aunque nuestra intención inicial había sido Cabañeros.
     Durante el largo camino, algo monótono y tedioso, tan solo vimos algunas cigüeñas, pero sobre todo milanos reales haciendo gala de sus acrobáticos vuelos, ratoneros y cernícalos posados en postes, y al atravesar el Sistema Central, a caballo entre las Sierras de Gredos y Guadarrama, los buitres leonados que coronaban el cielo con sus planeos, se añadían a nuestra la lista de especies observadas. Los únicos pájaros que se aproximaron a la carretera, fueron algunas cornejas, un pequeño grupo de jilgueros, y un macho de tarabilla posado en una alambrada. Por la noche en Daimiel salimos a pasear, y entre los constantes sonidos de las fochas y los sapos, pudimos ver un jabalí.


6º Día: La vuelta a casa.

     Salimos a dar una vuelta antes de desayunar y ante todo contemplamos con enorme satisfacción como las generosas lluvias del otoño y del invierno han devuelto la vida este humedal desecado por la sobreexplotación humana del líquido elemento. No tenía nada que ver con lo que encontramos hace casi dos años. Una marisma convertida en una árida estepa, regenerada de nuevo, gracias al agua caída del cielo. Este enclave natural que comenzó a arder en las profundidades de sus entrañas, ha sido salvado en el último momento por la propia naturaleza, y no por quien lo hirió de gravedad. La recuperación ha sido prodigiosa, se podría decir que a un ritmo vertiginoso, y la vida ha irrumpido de forma explosiva en las Tablas. Otro buen año de precipitaciones como los que venimos teniendo, unido a una explotación sostenible y responsable del acuífero, y es posible que los Ojos del Guadiana vuelvan a llorar.
     Las fochas eran las aves acuáticas más abundantes, pero no las únicas, pues estaban acompañadas por gansos, ánades reales y silbones, patos cucharas y colorados, porrones, gallinetas y zampullines. Escuchamos los relinchos del pito real y poco más tarde acabamos viendo su ondulante vuelo. El ruiseñor bastardo también se dejaba oír, pero el pájaro que parecía haberse adueñado del Parque Nacional era el mosquitero común. Adonde quiera que fuéramos lo veíamos y lo oíamos, y se movía entre carrizos como si de un auténtico pájaro del carrizal se tratara. Entre tarajes vimos gorriones, pero también unos bisbitas. Mientras charlábamos con un guarda en una tabla, avistamos un torcecuello que tranquilamente se atusaba el plumaje en la rama de un taray, y sobre nuestras cabezas volaron algunos cormoranes, gaviotas reidora y sombría, garcillas bueyeras, un par de pequeños grupos de agachadiza común, aguiluchos laguneros y una hembra de esmerejón, cazando a ras de los secos carrizos.

Focha Común

     Después de desayunar hicimos otro itinerario. Las fochas se podían ver sin dificultad alguna desde cualquier observatorio y los mosquiteros se movían a sus anchas por las inmediaciones. Además, la tarabilla común y la lavandera blanca se dejaban ver fácilmente, y también logramos escuchar y ver al buitrón. En cambio, no logramos observar a los verdaderos pájaros del carrizal. Bigotudos, pájaros moscones, escribanos palustres y carricerines reales que hasta hace poco se hacinaban a los últimos y mermados charcos, ahora estaban dispersos por todo el humedal y resultó imposible verlos. Desde el observatorio de la torre se veían en la zona palustre todo tipo de aves acuáticas ya mencionadas, además de los aguiluchos laguneros en vuelo, tratando de sorprender algún pato despistado y en conflictos entre parejas. Las verdes dehesas del fondo eran sobrevoladas por las grullas y en los viñedos próximos se movía un macho de aguilucho pálido. Y a los pies de la misma torre, entre los carrizos de una pequeña charca, se descubrieron un par de zorros.
     Antes de marcharnos definitivamente queríamos ver, lo que en los años difíciles fue el refugio para muchas aves que no encontraban agua en Daimiel, la laguna de aguas residuales. Pero antes hicimos una breve parada en un puente desde donde se podía observar cerceta pardilla. Hasta una veintena de este pequeño y escaso ánade de superficie llegamos a contar en solo un rato. La laguna de decantación de aguas residuales estaba desbordada y las rálidas eran las únicas aves que allí permanecían, las abundantísimas gallinetas y alguna que otra focha. En las orillas también frecuentaban las avefrías y los estorninos.
     Con la satisfacción de haber disfrutado intensamente del viaje pero a la vez con cierte melancolía, cogimos el destino de regreso a casa. En un camino de la carretera al que nos salimos para comer, nos acopañaron mosquiteros, carboneros y pinzones, en unos campos de Cuidad Real vimos las únicas perdices de todo el viaje y atravesando Despeñaperros vimos buitres leonados, los últimos animales de nuestra ruta. Y finalmente, sobre las 17.00 llegamos al cortijo de Javi, donde tenemos nuestro huerto ecológico, para dejar allí, lo que había sido como nuestro hogar, la furgo que a tantos rincones maravillosos nos llevó, y que con algo de pereza limpiamos un poco; y así se puede decir que concluyó nuestro viaje.


(*) Fotografías: gentileza de David Torres.

FECHA
LUGAR
ESPECIE
OBSERVACIÓN
01/01/2011
Villafáfila (estación/vertedero)
Búho Campestre
(Asio flammeus)
2 inds.
01/01/2011
Villafáfila (estación/vertedero)
Sapo Corredor
(Epidalea calamita)
Un ind.
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Liebre Ibérica
(Lepus granatensis)
Pocas
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Conejo Europeo
(Oryctolagus cuniculus algirus)
Pocos
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Zampullín Chico
(Trachybaptus ruficollis)
Pocos
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Garza Real
(Ardea cinerea)
Un ind.
02/01/2011
Villafáfila (campos y lagunas)
Ánsar Común
(Anser anser)
Muchos. Oído
02/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Ánade Azulón
(Anas platyrhynchos)
Varios
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Porrón Moñudo
(Aythya fuligla)
Varios
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Milano Real
(Milvus milvus)
Bastantes
02/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Aguilucho Lagunero Occidental
(Circus aeruginosus)
Pocos
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Aguilucho Pálido
(Circus cyaneus)
Algunos
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Pocos
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Cernícalo Vulgar
(Falco tinnunculus)
Algunos
02/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Focha Común
(Fulica atra)
Varias
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Avutarda Común
(Otis tarda)
Bastantes
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Avefría Europea
(Vanellus vanellus)
Muchas
02/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Gaviota Reidora
(Chroicocephalus ridibundus)
Un ind.
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Ganga Ortega
(Pterocles orientalis)
9 inds.
02/01/2011
Otero de Sariegos. Villafáfila (campos)
Lechuza Común
(Tyto alba alba)
2 inds. Oída
02/01/2011
Otero de Sariegos
Mochuelo Europeo
(Athene noctua vidalii)
Oído
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Alondra Común
(Alauda arvensis)
Pocas. Oída
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Calandria Común
(Melanocorypha calandra)
Oída
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Lavandera Blanca
(Motacilla alba alba)
Pocas
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Petirrojo Europeo
(Erithacus rubecula)
2 inds.
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
2 inds.
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Mirlo Común
(Turdus merula)
Una hembra
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Mosquitero Común
(Phylloscopus collybita)
Pocos
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Alcaudón Real
(Lanius meridionalis)
Un ind.
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Urraca
(Pica pica melanotos)
Pocas
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Corneja Negra
(Corvus corone)
Varias
02/01/2011
Otero de Sariegos
Grajilla Común
(Corvus monedula)
2 inds.
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Estornino Pinto
(Sturnus vulgaris)
Varios
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Bastantes
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Gorrión Común
(Passer domesticus)
Pocos
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Gorrión Molinero
(Passer montanus)
Algunos
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque)
Verderón Común
(Chloris chloris)
Varios
02/01/2011
Villafáfila (campos)
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Bastantes
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque y campos)
Pardillo Común
(Carduelis cannabina)
Bastantes
02/01/2011
Villafáfila (Casa del Parque y campos)
Triguero
(Miliaria calandra)
Algunos
02/01/2011
Otero de Sariegos
Sapo Corredor
(Epidalea calamita)
Un ind.
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Topillo Campesino
(Microtus arvalis)
Un ind.
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Liebre Ibérica
(Lepus granatensis)
Un ind.
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Cigüeña Blanca
(Ciconia ciconia)
Pocas
03/01/2011
Villafáfila (campos y lagunas)
Ánsar Común
(Anser anser)
Muchos. Oído
03/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Ánade Azulón
(Anas platyrhynchos)
Varios
03/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Cuchara Común
(Anas clypeata)
Varios
03/01/2011
Villafáfila (campos). Estribaciones S. Culebra
Milano Real
(Milvus milvus)
Bastantes
03/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Aguilucho Lagunero Occidental
(Circus aeruginosus)
Pocos
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Aguilucho Pálido
(Circus cyaneus)
Algunos
03/01/2011
Villafáfila (campos). Estribaciones S. Culebra
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Algunos
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Cernícalo Vulgar
(Falco tinnunculus)
Algunos
03/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Focha Común
(Fulica atra)
Varias
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Avutarda Común
(Otis tarda)
Bastantes
03/01/2011
Villafáfila (lagunas)
Avefría Europea
(Vanellus vanellus)
Muchas
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Zarapito Trinador
(Numenius phaeopus)
26 inds.
03/01/2011
Otero de Sariegos
Mochuelo Europeo
(Athene noctua vidalii)
2 inds.
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Búho Campestre
(Asio flammeus)
Pocas
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Alondra Común
(Alauda arvensis)
Oída
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Cogujada Común
(Galerida cristata)
Pocas
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Calandria Común
(Melanocorypha calandra)
Oída
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Lavandera Blanca
(Motacilla alba alba)
Pocas
03/01/2011
Otero de Sariegos
Colirrojo Tizón
(Phoenicurus ochruros)
Un ind.
03/01/2011
Otero de Sariegos
Mosquitero Común
(Phylloscopus collybita)
Pocos
03/01/2011
Villafáfila (campos). Estribaciones S. Culebra
Corneja Negra
(Corvus corone)
Algunas. Oída
03/01/2011
Villafáfila (campos). Estribaciones S. Culebra
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Varios
03/01/2011
Otero de Sariegos
Gorrión Común
(Passer domesticus)
Pocos
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Un ind.
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Varios
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Pardillo Común
(Carduelis cannabina)
Varios
03/01/2011
Villafáfila (campos)
Triguero
(Miliaria calandra)
Pocos
04/01/2011
Sierra de la Culebra
Zorro Rojo
(Vulpes vulpes)
2 inds.
04/01/2011
Sierra de la Culebra
Ciervo Rojo
(Cervus elaphus)
Pocos
04/01/2011
Lago de Sanabria
Ánade Azulón
(Anas platyrhynchos)
Pocos
04/01/2011
Sierra de la Culebra
Chochín Común
(Troglodytes troglodytes)
Oído
04/01/2011
Sierra de la Culebra
Curruca Rabilarga
(Sylvia undata)
Oída
04/01/2011
Sierra de la Culebra
Ranita de San Antón
(Hyla arborea molleri)
Un ind.
05/01/2011
Tablas de Daimiel
Jabalí
(Sus scrofa)
Un ind.
05/01/2011
Prov. Salamanca (campos)
Cigüeña Blanca
(Ciconia ciconia)
Pocas
05/01/2011
Prov. Salamanca y Ávila
Milano Real
(Milvus milvus)
Varios
05/01/2011
Sistema Central (Ávila)
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Varios
05/01/2011
Prov. Salamanca y Toledo
Busardo Ratonero
(Buteo buteo)
Pocos
05/01/2011
Prov. Salamanca y Ávila
Cernícalo Vulgar
(Falco tinnunculus)
Pocos
05/01/2011
Tablas de Daimiel
Focha Común
(Fulica atra)
Oída
05/01/2011
Sistema Central (Ávila)
Tarabilla Común
(Saxicola torquatus rubicola)
Un macho
05/01/2011
Prov. Salamanca y Ávila
Corneja Negra
(Corvus corone)
Algunas
05/01/2011
Prov. Salamanca (campos)
Jilguero
(Carduelis carduelis)
Algunos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Zorro Rojo
(Vulpes vulpes)
2 inds.
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Cormorán Grande
(Phalacrocorax carbo)
Pocos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Garcilla Bueyera
(Bubulcus ibis)
Pocas
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Ánsar Común
(Anser anser)
Varios. Oído
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Silbón Europeo
(Anas penelope)
Algunos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Ánade Azulón
(Anas platyrhynchos)
Varios
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Cuchara Común
(Anas clypeata)
Varios
06/01/2011
Puente del Malemocho
Cerceta Pardilla
(Marmaronetta angustirostris)
Algunas
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Pato Colorado
(Netta rufina)
Algunos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Porrón Europeo
(Aythya ferina)
Algunos
06/01/2011
Despeñaperros
Buitre Leonado
(Gyps fulvus)
Algunos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Aguilucho Lagunero Occidental
(Circus aeruginosus)
Algunos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Aguilucho Pálido
(Circus cyaneus)
Un macho
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Esmerejón
(Falco columbarius)
Una hembra
06/01/2011
Cuidad Real (campos)
Perdiz Roja
(Alectoris rufa)
Pocas
06/01/2011
Tablas de Daimiel. Laguna de decantación
Gallineta Común
(Gallinula chloropus)
Muchas
06/01/2011
Tablas de Daimiel. Laguna de decantación
Focha Común
(Fulica atra)
Muchas. Oída
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Grulla Común
(Grus grus)
Pocas
06/01/2011
Laguna de decantación
Avefría Europea
(Vanellus vanellus)
Bastantes
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Agachadiza Común
(Gallinago gallinago)
Pocas
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Gaviota Reidora
(Chroicocephalus ridibundus)
Algunas
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Gaviota Sombría
(Larus fuscus)
Pocas
06/01/2011
Cuidad Real (campos)
Tórtola Turca
(Streptopelia decaocto)
Un ind.
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Torcecuello Euroasiático
(Jynx torquilla)
Un ind.
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Pito Real
(Picus viridis sharpei)
Un ind. Oído
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Bisbita Pratense
(Anthus pratensis)
Pocos
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Lavandera Blanca
(Motacilla alba alba)
Un ind.
06/01/2011
Tablas de Daimiel. Laguna de decantación
Tarabilla Común
(Saxicola torquatus rubicola)
2 parejas
06/01/2011
Tablas de Daimiel
Ruiseñor Bastardo
(Cettia cetti)
Oídos
06/01/2011
Tablas de Daimiel. Laguna de decantación
Buitrón
(Cisticola juncidis)
Pocos. Oído
06/01/2011
Tablas de Daimiel. Cuidad Real (campos)
Mosquitero Común
(Phylloscopus collybita)
Muchos
06/01/2011
Cuidad Real (campos)
Carbonero Común
(Parus major)
Pocos
06/01/2011
Laguna de decantación
Estornino Negro
(Sturnus unicolor)
Bastantes
06/01/2011
Cuidad Real (campos)
Pinzón Vulgar
(Fringilla coelebs coelebs)
Pocos

lunes, 29 de noviembre de 2010

EL ESTRENO DE MIS NUEVOS PRISMÁTICOS: MÁS DE UNA HORA OBSERVANDO UN LINCE

     Desde la semana pasada que por fin me mandaron mis prismáticos nuevos (de techo; 10x50), tras un mes esperado desde que los encargué, ya tenía ganas de salir al campo a estrenarlos. Aunque pueda parecer romántico, antes de ir a Málaga (1) quería hacerles el rodaje por mi tierra, en la Sierra de Andújar, concretamente mi intención era que vieran la luz por primera vez donde había visto un lince la última y única vez en mi vida: en el Encinarejo, en el llamado por los naturalistas el "mirador del lince", el pasado 3 de noviembre de 2009.
     El tiempo meteorológico no había acompañado mucho los últimos días. Ha llovido, y los días que no ha llovido tampoco ha estado el cielo despejado. Otros días, mis ocupaciones me impedían salir al monte. Pero el lunes 22 de noviembre tomé la determinación, ¡ahora o nunca! Salvo porque no ha llovido, el día tampoco ha sido precisamente luminoso que digamos, por los densos bancos de nubes que cubrían y descubrían el sol a merced del viento.
     Lo único bueno es que era lunes, un día laboral para la mayoría de los mortales, por lo tanto esperaba encontrar una sierra vacía de gente. Pero tampoco la hora a la que salí era buena, pues ya iba más tarde de lo que hubiese querido. Salí de Andújar acelerado, con cierta tensión acumulada, como esperando recuperar el tiempo perdido. No iba prestando demasiada atención al entorno, estaba más bien distraído, pensando en lo fabuloso que sería volver a ver un lince para desvirgar mis prismáticos como se merecen.
     Cuando ya había dejado atrás la zona de las Viñas de Peñallana, en una curva veo a dos fotógrafos que apuntaban los objetivos de sus cámaras con mucho interés hacía abajo, por detrás del quitamiedos. Me detengo a su altura, y uno de ellos, con señas, me dice que pare el coche. Pues en la misma curva donde estaba detenido, paro el coche, enciendo las luces de emergencia, y salgo apresurado del coche dejándome la puerta abierta y llevando los prismáticos aún con las tapas puestas, que se las quité en apenas los dos pasos que di.
     Cuando me asomé por el quitamiedos no daba crédito a lo que estaba viendo. Un joven lince a menos de cinco metros de mí, sentando en una roca de granito, a la sombra de un lentisco, sin ningún signo de inquietud aparente por la presencia de tres observadores. Con la respiración contenida, estuve mirándole unos minutos hasta que desapareció como un fantasma, con un sigilo tremendo. Una valla impedía que nos adentráramos a buscarlo, aunque tampoco sabíamos con certeza ninguno de los tres que rumbo había tomado.

     Tras una corta búsqueda visual sobre el terreno, que resultó infructuosa, estos fotógrafos de Andújar, Pedro Alcántara y José Manuel Cañones, que acababa de conocer, me estuvieron comentando que se les acaba de cruzar un poco antes de que yo llegase, que lo habían estado siguiendo por el borde de la carretera, me enseñaron algunas de las fotos que le habían hecho, así como las fotos de las nutrias del Río Jándula que momentos antes habían tomado. Vamos, que llevaban la jornada redonda.
     Estábamos a punto de despedirnos, cuando uno de ellos lo vuelve a ver más abajo, caminando tranquilamente. El misterioso gato cerval había surgido otra vez, como de la nada, en las proximidades de la carretera ¡un kilómetro más abajo desde nuestra posición! Rápidamente cogemos los coches, y nos lanzamos como centellas hasta donde había vuelto aparecer. Es más, para el paso tan lento que llevaba, nos pareció que había llegado demasiado rápido a este sitio en tan poco tiempo, e incluso pensamos que se pudiera tratar de otro ejemplar. Desde luego, si era el mismo que habíamos visto inicialmente, debió atravesar la finca en línea recta, sin torcerse demasiado. Solo las fotos revelaran esta duda, porque lo cierto es que se trataba casualmente de otro individuo juvenil.
     Bueno, volvamos al gran gato manchado. En esta ocasión lo pudimos observar durante largo rato y con más detenimiento, a distancias tan cortas que me sentía agobiado por perturbar la tranquilidad del animal. En cambio el lince parecía pasar de nosotros, apenas nos dedicaba miradas, por lo que resultaba difícil verle los ojos verdes a la última fiera ibérica. Estuvo apostado entre lentiscos, dándome una lección de porqué es tan difícil de ver, gracias a su perfeccionado mimetismo; se paseó entre granitos, haciendo gala de su bella figura finamente moteada, orejas pinceladas, barbas poco aparentes por su temprana edad, de rabo corto y largas patas, que le capacitan para ese silencioso andar.


     Por otro corto momento volvió a desvanecerse. En esta ocasión lo descubrí yo. Había traspasado la valla sin hacer el más mínimo ruido y se sentó a la sombra de un pino, lo suficientemente cerca como para poder contemplarlo, aunque no para seguir fotografiándolo. Permaneció en esta posición sin inmutarse, un buen rato, hasta que apareció un conejo. Aunque el conejo estaba a una distancia "prudente" del lince, ambos mamíferos, el cazador y la presa, permanecieron inmóviles, mirándose fijamente. El lince aún estaba sentado y el conejo se había levantado sobre sus patas posteriores manteniendo bien tiesas las orejas. El canto de dos mochuelos en pleno medio día, daba más suspense al momento. Nosotros estábamos expectantes, con el corazón acelerado, esperando ser testigos de una escena de caza. Pero el conejo fue el primero en romper esta especie de tenso desafío que había mantenido con su enemigo natural y se ocultó.

     Poco después el lince debió ver otro conejo, o algo que le llamara la atención porque lo cierto es que de repente se agazapó, como acechando una presunta presa. Y con un par de cortas avanzadillas, arrastrándose por el suelo, se perdió entre unos cantuesos. La inclinación del terreno, a favor de la vaguada de un arroyo, no nos permitía seguir viéndolo. Tal vez seguir esperando hubiera sido lo más acertado, pero lo cierto es que ya llevábamos más de una hora pendientes del felino. Además, al momento de haber bajado hasta este segundo lugar donde estuvimos viendo al lince, se nos plantó un guarda privado de la finca, que estuvo vigilándonos hasta que nos marchamos, a pesar de que en ningún momento saltamos la malla ni nos metimos en la finca. La presencia de este guarda, y su actitud un tanto caciquil; digamos que me incomodó. Me resultó molesto ser vigilado estando una carretera pública.
     Seguí mi itinerario previsto, tiré para el Encinarejo y después de comer fui para la Lancha, pero el avistamiento de este lince eclipsó todo lo demás que vi a lo largo de la jornada. Ni los omnipresentes ciervos de la Sierra de Andújar, y ni gamos ni muflones, ni los buitres leonados y tampoco el ratonero, ni las garzas reales y tampoco los cormoranes, ni las urracas y tampoco los rabilargos, ni los mirlos y tampoco los zorzales, ni las palomas torcaces y tampoco las tórtolas turcas, ni los picos picapinos y tampoco el alcaudón real, ni los petirrojos y tampoco los colirrojos, ni los mosquiteros y tampoco la curruca cabecinegra, ni los pinzones y tampoco el picogordo, ni la lavandera cascadeña y tampoco el escribano montesino, ni nada ha podido igualar el hecho de ver un lince, tal y como lo he visto. Para completar el día hubiese estado bien haber "bimbado" (2) algo, pero no ha sido así. No obstante el haber visto al lince ha satisfecho con creces mis expectativas. Este ejemplar juvenil de lince, totalmente silvestre, sin collar de seguimiento y emancipado, representa la esperanza viviente para el felino más amenazado del planeta, una especie que está a punto de extinguirse.


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(*) Fotografías: gentileza de Pedro Alcántara.

(1) Aquel fin de semana (del 26 al 28 de noviembre) fui a Málaga a unas jornadas durante sábado y domingo en las que se supone que iba a salir por las Sierras de Alhama, Tejeda y Almijara, y subir a La Maroma (2068 m). Me fui el viernes para poder pajarear antes por la Desembocadura del Guadalhorce. Pero como llovió, se jodió el invento.

(2) Bimbar: es una palabra de la jerga naturalista que significa observar e identificar por primera vez una especie nunca antes vista.

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Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Lince Ibérico (Lynx pardinus)
  • Muflón (Ovis orientalis)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rebecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochuros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Zorzal Charlo (Turdus viscivorus)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Picogordo (Coccothraustes coccothraustes)
  • Escribano Montesino (Emberiza cia)

viernes, 29 de octubre de 2010

UNA ESPERA DE NUTRIA EN EL RÍO JÁNDULA

     Ayer salí con José Rico para subir al Encinarejo a hacer una espera de nutria. Colocamos el hide en una orilla del Jándula, desde donde controlábamos un paso estrecho del río y un profundo ensanchamiento del mismo. Pasamos una larga jornada de espera, hasta que prácticamente oscureció, pero valió la pena, pues conseguimos avistar al mustélido acuático, aunque solo fuera fugazmente.
     Quedamos sobre las 10.00 en Andújar, en el mismo cruce desde donde sale la carretera que lleva a la sierra, y sin detenernos en el camino, llegamos directamente hasta el Encinarejo. Preparamos todo cuanto necesitábamos para pasar el día en el hide, y nos armamos de paciencia para hacer la espera. Mientras montábamos el hide, algunos cormoranes volaron sobre nosotros, y para las 11.00 ya estábamos dentro, expectantes para no perder detalle de cuanto sucedía a nuestro alrededor.
     En las primeras horas de la mañana se mostraron muy activos los pájaros cantando, y así escuchamos al chochín, al trepador azul, al piquituerto, al carbonero, a la curruca cabecinegra, al escribano soteño, al ruiseñor bastardo, al pico picapinos y al pito real, así como los cacareos de las desconfiadas urracas, que parecían estar delatando nuestra presencia al resto de los habitantes del bosque. Algo después, aunque no llegamos a verla, oímos al águila imperial en la lejanía. Poco a poco se empezaron a confiar algunos pájaros, y por la playa de la misma orilla donde estábamos empezaron a moverse varias lavanderas cascadeñas, las cuales se dejaron ver a lo largo de casi todo el día. También pasó alguna lavandera blanca, pero sus visitas fueron más breves. Entre tanto, los mosquiteros también se dejaron ver durante toda la jornada, moviéndose inquietos entre los sauces y las zarzas. Algunas gallinetas también estuvieron acompañándonos casi todo el día. En más de una ocasión, las abundantes carpas llamaron nuestra atención por la agitación del agua que producen cuando se asoman a la superficie, e incluso las tuvimos muy cerca, prospectando los someros fondos próximos a la playa donde nos hallábamos.

Lavandera Cascadeña
sobre una roca de granito en medio del Río Jándula

Ciervo
bebiendo agua del Río Jándula
     Las horas iban pasando despacio, y esporádicamente algunos animales se iban mostrando más confiados, y de esta manera un ciervo se acercó a tomar unos tragos de agua en la otra orilla. Pero el sonido de los disparos de la cámara de Jose, no escaparon del fino oído del ungulado que dejó de beber para buscar el origen de procedencia del ruido. No obstante tampoco pareció molestarle demasiado, pues hasta lanzó un berrido al aire. Una urraca se llegó a posar en la misma playa donde nos encontrábamos, pero enseguida levantó el vuelo. También una garza real se posó en el río, entre los cantos rodados del estrechamiento, pero tampoco permaneció mucho tiempo ahí. Los martines pescadores solo pasaron velozmente en un par de ocasiones frente al hide, y un andarríos grande llegó a posarse en un bolo de río delante de nosotros, pero enseguida se fue por donde vino. En cambio un carbonero y las lavanderas cascadeñas se mostraron mucho más confiadas, hasta el punto que llegaron a apostarse directamente en el hide. Y junto con los mosquiteros que revoloteaban entre la maleza, también llegamos a ver petirrojos y una curruca capirotada.

Andarríos Grande
caminando en una somera orilla del Río Jándula


















     Ya eran más de las 16.00. El sol de la tarde había calentado el interior de nuestro escondite y estábamos ya algo inquietos. De repente, en la parte estrecha del río escuchamos un brusco alboroto en el agua. Se trataba de la nutria que por fin se había dignado a aparecer, pero sin darnos mucho tiempo a su observación, pues enseguida se sumergió en las profundidades del ensanchamiento contiguo del río. A pesar de ello, estuvo nadando por la superficie del agua el tiempo justo para poder verla y para que Jose le tomase algunas fotos. Y aunque permanecimos un rato más esperándola, hasta apurar las últimas horas de la tarde, no se volvió a presentar.


Nutria
nadando en las aguas del Río Jándula

     Mientras desmontábamos el hide y recogíamos se escuchaba en las proximidades la alarma del mirlo, y conforme oscurecía un lejano cárabo comenzó a ulular. Y para rematar el día, cuando regresábamos ya de noche, al pasar el puente de hierro que cruza el Río Jándula, nos topamos con una piara de jabalíes compuesta por dos adultos y cuatro o cinco bermejos.

(*) Fotografías: gentileza de José Rico.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Nutria Paleártica (Lutra lutra)
  • Jabalí (Sus scrofa)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Andarríos Grande (Tringa ochropus)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Martín Pescador (Alcedo actthis)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Pico Picapinos (Dendrocopos major)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Chochín Común (Troglodytes troglodytes)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)
  • Curruca Cabecinega (Sylvia melanocephala)
  • Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla)
  • Mosquitero Común (Phylloscopus collybita)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Trepador Azul (Sitta europaea caesia)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Piquituerto Común (Loxia curvirostra)
  • Escribano Soteño (Emberiza cirlus)
  • Carpa (Cyprinus carpio)

viernes, 22 de octubre de 2010

UN DÍA CUALQUIERA EN LA SIERRA DE ANDÚJAR

     El miércoles pasado por la mañana, quedé con Rocío para enseñarle algunos de los rincones más emblemáticos de la Sierra de Andújar. Queríamos aprovechar que estábamos entre semana y la sierra estaría tranquila. El día se presentaba prometedor, puesto que hacía buen tiempo y no teníamos ninguna prisa en volver.
     En primer lugar fuimos hasta el Río Cabrera. Por el camino, mientras recorríamos estos montes de la Sierra Morena oriental, vimos algunos ciervos, bandos de rabilargos y de pinzones, un carbonero común y un pito real. Pero debido a que esta estrecha carretera de curvas sinuosas, por desgracia cada vez tiene más tráfico, llegamos pronto y directos al río, sin habernos parado. Anduvimos por el lecho del río, todavía seco, pero apenas nos habíamos apeado del coche, y ya escuchamos la corvina voz del águila imperial, y más tarde, cuando regresábamos, conseguimos ver una pareja sobrevolando su territorio. Durante el paseo también vimos buitres leonados y algunos arrendajos, y también se nos cruzó un conejo. Como el día fue caluroso a pesar de ser octubre, entre los cantos rodados del río correteaban pequeñas lagartijas ibéricas, y en las pozas más hondas que aún conservan agua, se apresuraban a refugiarse los galápagos leprosos asustados por nuestros pasos. En el barro de las proximidades de estas pozas encontramos baños de jabalíes. Pero nos supuso una gran decepción no poder llegar hasta las inmediaciones del Rosalejo, pues una valla que atravesaba el río, nos cortaba el paso. Otra aberración más del hombre en su afán de dominio. Cuando ya nos marchábamos de este enclave, recorriendo el carril que nos llevaría de nuevo a la carretera, pudimos observar a un ratonero posado en un poste.
     Al bajar al puente de hierro que cruza el Río Jándula, no faltaron las grajillas, siempre presentes en las inmediaciones de este puente, saltando entre las ramas de los chopos negros, y por el carril que nos conduciría al Encinarejo, sorprendimos más cerca, a otro ratonero en un poste, que levantó el vuelo en cuanto frené el coche, pero nos brindó la oportunidad de contemplar su silueta volando sobre nuestras cabezas. Aquí comimos, en los merenderos del área recreativa, acompañados por colirrojos y petirrojos, que revoloteaban entre las rocas y los arbustos respectivamente. Después de comer, nos desperezamos y fuimos a caminar un poco, subiendo hasta las casas del embalse. En este paseo pudimos ver animales pertenecientes a todas las clases zoológicas. Por los mamíferos estaban gamos y algunos conejos. Las aves, como casi siempre, fueron las más numerosas y variadas, con una hembra de gavilán, un par de garzas reales y otro par de cormoranes grandes, una gallineta, una abubilla, mirlos, perdices, un cuervo, urracas, rabilargos y un macho de curruca cabecinegra. Los reptiles estaban representados por una salamanquesa común y un galápago leproso. Una rana, que rauda saltó a refugiarse su poza, fue el único anfibio que vimos. Los peces del río, aunque numerosos, solo resultaron ser grandes carpas. Y hasta algunos invertebrados aparecieron ante nosotros, con un ciempiés por parte de los miriápodos, y en cuanto a los insectos, en el mismo carril se nos cruzaron un curioso ortóptero ("saltamontes") saltando con sus patas traseras superdesarrolladas, y una mantis (Iris oratoria) bastante fotogénica que no dudó en ponerse en guardia ante nuestra presencia.
     Hacía la tarde fuimos hasta La Lancha y conseguimos llegar con luz. Durante este recorrido seguimos viendo ciervos, gamos y conejos, y más rabilargos, urracas, perdices y tórtolas turcas. En las paradas que hicimos en la pista conseguimos observar pinzones, buitres leonados, una pareja de buitre negro, y un cernícalo haciendo honor a su nombre, cerniéndose en el cielo, suspendido en el firmamento. Aunque las lluvias caídas hasta ahora no han sido muy intensas, y el celo del ciervo, la berrea, ha sido difuso, no por ello dejamos de escuchar sus berridos que aún retumban en las serranías de la Cordillera Mariánica, e incluso fuimos testigos de un combate entre dos jóvenes machos, que chocaban sus cuernas escasamente ramificadas. En las cercanías del Embalse del Jándula nos detuvimos para hacer una pequeña ruta a pie. Bajamos hasta un túnel de piedra donde encontramos plumas de cárabo y vimos un murciélago, a saber de que especie. Mientras bajábamos vimos ciervos y palomas torcaces, y sobre las aguas del pantano volaban bandadas de cormoranes. Poco después, volvimos a hacer otra parada, esta vez en La Lancha para andorrear entre las ruinas de las casas del viejo poblado. Nada más bajarnos, nos encontramos con un viborezno de víbora hocicuda en el mismo rellano donde aparqué el coche, que no sé como no atropellé. Al estar en un llano despejado de hierbas y de piedras, pudimos observarlo con todo lujo de detalles, e incluso manipularlo, con cierta precaución, para evitar que se refugiara bajo las ruedas del coche. Finalmente llegamos hasta la presa, desde donde vimos más ciervos, una lavandera cascadeña, dos garzas reales y una pareja de acrobáticas chovas piquirrojas. Hicimos el corto sendero que hay en este lugar, y cenamos escuchando el potente ulular del búho real. Ya de noche, regresemos por el mismo camino que a la ida. Un conejo, los ciervos y los gamos que nunca faltan en este recorrido, así como la fugaz visión de un mochuelo que oteaba desde el poste de una valla que linda con la carretera, y que emprendió el vuelo en cuanto la luz del coche le rozó, fue todo lo que vimos y así terminamos el día. ¡Lástima que ni Rocío ni yo tengamos cámara de fotos!


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Conejo  Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Gavilán Común (Accipiter nisus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Águila Imperial Ibérica (Aquila adalberti)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Gallineta Común (Gallinula chloropus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Tórtola Turca (Streptopelia decaocto)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Búho Real (Bubo bubo)
  • Abubilla (Upupa epops)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Lavandera Cascadeña (Motacilla cinerea)
  • Petirrojo Europeo (Erithacus rubecula)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Mirlo Común (Turdus merula)
  • Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala)
  • Carbonero Común (Parus major)
  • Arrendajo Común (Garrulus glandarius)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Cuervo Común (Corvus corax)
  • Grajilla Común (Corvus monedula)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Pinzón Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
  • Galápago Leproso (Mauremys leprosa)
  • Salamanquesa común (Tarentola mauritanica)
  • Lagartija Ibérica (Podarcis hispanica)
  • Víbora Hocicuda (Vipera latastei)
  • Rana Verde Ibérica (Pelophylax perezi)
  • Carpa Común (Cyprinus carpio)

viernes, 20 de agosto de 2010

UN BREVE PASEO A LA LANCHA

     Hace un par de días, aprovechando la vuelta de las vacaciones de David, salimos a hacer una pequeña ruta hasta La Lancha. La tarde estaba algo revuelta, el aire que corría era fresco y estaba cargado de humedad, y hasta una corta lluvia estival nos sorprendió en una de nuestras paradas a lo largo de un recorrido que hemos repetido en innumerables ocasiones y donde nunca faltan ni los ciervos ni los buitres.

Buitre Leonado o Común
       Posados en granitos y rompiendo con su perfil el cielo, todavía azul, de las primeras horas de la tarde, descubrimos a tres buitres leonados. Ello constituyó nuestro primer alto en el camino, y uno de los buitres, además de estar más o menos cerca, se mostró confiado, lo que permitió que David le tomara algunas fotografías. Poco más adelante nos volvimos a detener sin bajarnos del coche, a observar a una pareja de confiadas tarabillas, posadas en el alambre de una malla colindante con la estrecha carretera, que por su descaro, David también pudo fotografiar. Más adelante, cuando dejamos la carretera para incorporarnos al carril, sorprendemos a un mochuelo posado en una roca de granito, desde donde oteaba sus alrededores. Dada la distancia, fue imposible de fotografiar, pero el mochuelo se mostró tranquilo, por lo que fue fácil de observar, e incluso se lanzó al suelo, entre los amarillentos pastos, y sin haber capturado nada, volvió a su posadero inicial. Bajábamos despacio hacía el valle del Río Jándula, parando en las curvas del camino que discurre paralelo al barranco que descubre la profunda panorámica de un paisaje surcado por suaves colinas, que muchos aficionados a la naturaleza conocen como “las curvas de La Lancha”, y donde dedican largas esperas al lince. En estas paradas solo conseguimos ver algunos ciervos pastando, y coronando el cielo que se había tornado gris, buitres, varios leonados y algún negro. Otros animales que se dejaron ver a lo largo del camino fueron algunos gamos, conejos, bastantes perdices, urracas y rabilargos, un par de pitos reales y un alcaudón real. Cuando llegamos al Embalse del Jándula, solo conseguimos ver unos pocos cormoranes y una garza real en vuelo.

Hembra de Tarabilla Común

     La jornada nos la completaron, al volver ya de noche por la misma carretera, un par de confiados chotacabras pardos, que nos permitieron bajarnos del coche y acercarnos a ellos. Por supuesto David aprovechó para fotografiarlos dado que permanecieron tranquilamente apostados sobre el firme durante largo rato. Más adelante nos encontramos en la carretera con un mochuelo, que aunque tampoco se inmutó ante la aproximación del coche, voló en cuanto oyó con su agudo oído abrirse las puertas. Y finalmente, un poco después nos topamos con un cárabo, que con prontitud levantó el vuelo, para posarse en un poste bajo, antes de perderse definitivamente en la oscuridad, entre espesura de un pinar, pero que nos dio el tiempo justo para deleitar nuestras retinas.

Chotacabras Pardo o Cuellirojo

Fotografías: gentileza de David Torres.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Ciervo Rojo (Cervus elaphus)
  • Gamo (Dama dama)
  • Conejo Europeo (Oryctolagus cuniculus algirus)
  • Cormorán Grande (Phalacrocorax carbo)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Buitre Negro (Aegypius monachus)
  • Perdiz Roja (Alectoris rufa)
  • Mochuelo Europeo (Athene noctua vidalii)
  • Cárabo Común (Strix aluco sylvatica)
  • Chotacabras Cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis)
  • Pito Real (Picus viridis sharpei)
  • Tarabilla Común (Saxicola torquatus rubicola)
  • Alcaudón Real (Lanius meridionalis)
  • Rabilargo Ibérico (Cyanopica cooki)
  • Urraca (Pica pica melanotos)