domingo, 11 de septiembre de 2016

CENSO DE AVES MIGRATORIAS EN EL PUERTO DEL PORTALET

     A través de la SEO, he podido participar como voluntario en el Proyecto LINDUS 2 entre los días 1 y 10 de Septiembre que se desarrolla en los Pirineos oscenses en los Puertos de Somport y Portalet para el censo de aves migratorias. Aunque me habría gustado poder alternar los días entre ambos puertos de montaña, a mí concretamente me tocó en el Portalet, ubicado en el Valle de Tena, donde he vuelto a coincidir con Alberto por tercera vez en un Voluntariado, y donde conocimos a David, venido de Cantabria, quien fue nuestro compañero. Los tres primeros días tuvimos como monitor a Marco, el resto fue Marta. El alojamiento fue en el Refugio de Telera, en Piedrafita de Jaca.
     Nuestro principal cometido, el conteo de aves en paso migratorio, transcurría normalmente de 9.00 a 18.00. Para ello nos repartíamos en dos puntos para realizar las observaciones, quedando el puerto entre ambos. A menudo nos venía largo el horario, por la escasez de aves que iban en migración hacia el sur, que contábamos con cuentagotas. Ello también hacía que fuera fácil realizar nuestra labor.

Pic du Midi d'Ossau (2.884 m.)

     Picos de escalpadas aristas y agujas rocosas, se alzaban entre valles tapizados de denso pasto agostado en su mayor parte, componen el paisaje del entorno del Puerto del Portalet, destacando el Pic du Midi d’Ossau, gran mole pétrea que aún conservaba algunos neveros en las umbrosas gritas de su cara meridional.

La flor de la carlina, con un abejorro

     Eran muy llamativas las flores de las carlinas, a las que acudían abejorros y pequeños escarabajos. Los helechos crecen al abrigo de las grietas entre las rocas, donde se concentra mayor humedad, así como los arándanos, de bajo porte, que también aparecen en densas manchas por algunas laderas solariegas. Enebros rastreros, y algún que otro pequeño pino silvestre, creciendo totalmente aislado, entre las rocas de los asolados prados alpinos, atestiguan lo que debió ser un bosque antaño. Vacas y ovejas evitan que vuelva a proliferar el pinar, manteniendo “limpias” las numerosas pistas de esquí, como cicatrices de las heridas que el ser humano infringió a las montañas, que hay en la vertiente española antes de llegar al puerto. El lado francés, donde comienza el Parc National des Pyrénées justo al pasar la frontera, al que hicimos una pequeña excursión el día 7, cambia por completo, pues enseguida se adentra la carretera en frondosos hayedos, todavía bastante verdes pero que ya empezaban a teñirse de naranja para recibir el otoño, entre los que se mezclan pinos y abetos. Este cambio tan sustancial seguramente no solo se deba a que la cara norte sea más húmeda y fresca, sino que además deben influir las restricciones legales del país galo, más estrictas que las españolas en cuanto a usos y aprovechamiento, destinadas a la conservación de este espacio natural.

Los Pirineos al sur del Puerto del Portalet

Los Pirineos al norte del Portalet (Parc National des Pyrénées)

































     Los abejeros pasaban en grupos muy reducidos, de dos o tres individuos, e incluso alguno solitario. Rara vez superaron esas cifras. Las pocas águilas calzadas, las culebreras y los alimoches siempre pasaron en solitario. Tan solo el primer día vimos pasar un bando de catorce cigüeñas blancas. Además de estas grandes aves planeadoras, también teníamos que fijarnos en los pequeños paseriformes, pero tan solo podíamos estimar las cifras de golondrinas y aviones comunes. Estos últimos aún resultaban más confusos para el conteo, pues los que anidaron en los edificios del puerto, todavía permanecían asentados en el lugar. En alguna ocasión vimos al papamoscas cerrojillo y a la lavandera blanca, que aunque también van de paso, estaban temporalmente instalados allí. Sobre todo en los primeros días, veíamos también pequeños grupos de escribanos hortelanos, a los que tampoco les quedaría mucho tiempo para marcharse de allí. Tal vez por eso dejamos de verlos los últimos días. Nos resultó imposible asegurar ninguna especie de bisbita, que aparecían bien moviéndose entre el denso pasto, o bien posados en las rocas.
     Aunque no permanezcan establecidos de manera completamente sedentaria en el lugar, y acaben desplazándose a cotas inferiores cuando la nieve cubra el abrupto paisaje, no faltaron ningún día buitres leonados, milanos reales, cernícalos, collalbas grises, colirrojos, ni aviones. Tampoco hubo día en el que no viésemos alguna marmota, pastando o vigilando atentamente desde algún promontorio o roca dominante del terreno desde el que controlase visualmente su territorio. Igualmente siempre oíamos sus agudos silbidos inundar los valles, alarma que emitían ante cualquier señal de peligro por pequeña que fuera, desde unos excursionistas, hasta la aproximación de milanos e incluso cernícalos.

Lagartija Roquera, hembra

Lagartija Roquera, macho


























     Los gorriones comunes solían transitar el puerto, junto a las edificaciones, mientras los pardillos se veían y escuchaban a alejarse de estas instalaciones. La lagartija roquera también se dejaba ver por los alrededores del puerto, en rocas soleadas. A menudo detectábamos a las escandalosas chovas piquirrojas, formando ingentes hordas que evolucionaban describiendo espirales en el cielo, o se lanzaban hacía algún remoto lugar en el espacio hasta perderlas de vista. También podía verse con frecuencia el vuelo del águila real, pero con más asiduidad que esta, contemplamos al quebrantahuesos. Casi siempre solitario y lejano, patrullaba el buitre-águila con barba sus vastos dominios en los que irrumpíamos como testigos. Especialmente bueno fue el avistamiento que David y yo tuvimos la tarde del segundo día, cercano, viéndolo primero volar bajo nuestra posición, hasta alcanzar nuestra altura, mirándolo de frente, para seguir inmediatamente escalando cotas en el aire, volando en círculos sobre nuestras cabezas.
     Otro animal que repitió casi a diario, y que aun sabiendo que su distribución abarca los Pirineos, pero que para nada esperaba poder ver, fue el armiño. Luciendo su ocre librea veraniega, nos deleitaba en sus alocadas carreras con sus saltos y piruetas, que más que patas, parecía tener muelles. Curioso, a veces se asomaba con cautela entre las rocas o se erguía sobre sus patas traseras. El primer día, tras descubrirlo, pudimos escuchar sus chillidos bajo una roca, lo que le llevo a Marco a pensar que quizá se tratara de una pareja en cópula, y algún tiempo después Alberto y David, mientras esperaban algún ave que contar para el censo, pudieron ver a ambos en sus correrías. En lo que a mí respecta, pude observar como un par de collalbas grises intentaban, sin éxito, expulsarlo del lugar donde ellas estaban, y en otra ocasión mis compañeros y yo presenciamos como una cernícala picó sobre el ágil mustélido, pero sin culminar su ataque aéreo. Ambas especies de aves, prudentemente, se limitaron sólo a dar unas pasadas cercanas, pues de alguna manera deben conocer que serían ellas las perdedoras de llegar a confrontarse con el pequeño carnívoro.

Armiño, con pelaje estival

     En torno a las charcas que había en la zona, sobrevoladas por grandes libélulas y pequeños caballitos del diablo, era fácil descubrir pequeñas ranas bermejas, saltando entre la hierba. También logramos encontrar algún ejemplar de mayor talla. Se mezclaban con ellas los sapos parteros comunes, que también resultaban fáciles de ver moviéndose entre la orla de hierba que circunda las charcas. Mayor dificultad supuso dar con los tritones palmeados, de los que tan solo encontramos cuatro adultos, dos de ellos inmaduros.

Rana Bermeja

Tritón Palmeado
Sapo Partero Común














     Cuando íbamos hacia el puerto, solíamos descubrir por las cercanías antes de llegar, algún ratonero, y ver algunas urracas y cornejas. Pájaros como el acentor común o el escribano cerillo solo pudimos verlas ocasionalmente mientras aguardábamos el paso de las aves viajeras. A la hembra del roquero rojo tan solo la descubrimos un par de veces en sus cortos vuelos entre las rocas en las que se posaba, y tan solo vimos uno de los últimos días un joven jilguero.
     También los cuervos los vimos una sola vez (día 4), cuando subimos al Pic d’Estrèmére, donde por supuesto tampoco faltaron las chovas ni los buitres leonados. Y otra ave que contemplamos desde la cumbre fue una joven águila real.
     Una tarde (día 3) acompañamos a Marta a reconocer el entorno del punto de observación de la laguna que servía como abrevadero a las vacas, donde ella pasaba las mañanas haciendo conteos. Vimos buitres, al águila real, cernícalos, algún milano, bisbitas, collalbas, pequeñas ranas bermejas en una surgencia de agua más limpia, que no estaba pisoteada por las vacas, pero como novedad también vimos unas alondras, al ascender por unos pastizales desde donde levantaron el vuelo, a las que reconocimos por su canto. David también descubrió en un pastizal a tres sarrios, los únicos que vimos en todo el Voluntariado. Al bajar, pudimos ver a la hembra del aguilucho lagunero. De vuelta al abrevadero, vimos cernícalos posados en el suelo, pero también estaba presente la garza real.

(*) Fotografías: gentileza de David Gómez.


Lista de Especies Observadas (Orden Sistemático):

  • Marmota Alpina (Marmota marmota)
  • Armiño (Mustela erminea)
  • Rebeco Ibérico (Rupicapra pyrenaica)
  • Garza Real (Ardea cinerea)
  • Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia)
  • Buitre Leonado (Gyps fulvus)
  • Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)
  • Alimoche Común (Neophron pernopterus)
  • Milano Real (Milvus milvus)
  • Busardo Ratonero (Buteo buteo)
  • Abejero Europeo (Pernis apivorus)
  • Aguilucho Lagunero Occidental (Circus aeruginosus)
  • Culebrera Europea (Circaetus gallicus)
  • Águila Real (Aquila chrysaetos)
  • Aguililla Calzada (Aquila pennata)
  • Cernícalo Vulgar (Falco tinnunculus)
  • Paloma Torcaz (Columba palumbus)
  • Alondra Común (Alauda arvensis)
  • Golondrina Común (Hirundo rustica)
  • Avión Común (Delichon urbicum)
  • Lavandera Blanca (Motacilla alba alba)
  • Acentor Común (Prunella modularis)
  • Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros)
  • Collalba Gris (Oenanthe oenanthe)
  • Roquero Rojo (Monticola saxatilis)
  • Papamoscas Cerrojillo (Ficedula hypoleuca)
  • Urraca (Pica pica melanotos)
  • Chova Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
  • Corneja Negra (Corvus corone)
  • Cuervo Grande (Corvus corax)
  • Gorrión Común (Passer domesticus)
  • Jilguero (Carduelis carduelis)
  • Pardillo Común (Carduelis cannabina)
  • Escribano Cerillo (Emberiza citrinella)
  • Escribano Hortelano (Emberiza hortulana)
  • Lagartija Roquera (Podarcis muralis)
  • Tritón Palmeado (Lissotriton helveticus)
  • Sapo Partero Común (Alytes obstetricans)
  • Rana Bermeja (Rana temporaria

2 comentarios:

  1. ¡Una gran aventura! Espero coincidir en más y seguir aprendiendo contigo.

    Un abrazo,
    David

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  2. Me ha encantado el texto y compartir esa semana con vosotros. ¡Espero volveros a ver algún día, ya que tengo bastantes zonas pendientes por el sur!

    Un abrazo guacharrico majico.

    Marta :D

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