La segunda etapa de mi estancia de casi un
mes por los Pirineos oscenses, discurre entre los días 1 y 11 del mes presente,
en el que he vuelto a participar como voluntario en el Proyecto Lindus 2 que la SEO lleva a cabo para el censo
de aves migratorias a su paso por este sistema montañoso, que han de atravesar
prácticamente por obligación, tanto en su viaje prenupcial, como en el
postnupcial, una vez finalizada la reproducción. Pero este año cambié mi
elección de puerto de montaña, por conocer un lugar diferente, el de Somport en
lugar de Portalet, aunque también he tenido la oportunidad de pasar por allí,
donde me reencontré con Marta y con Marco, de conocer a los voluntarios que allí
estuvieron, y de volver a ver al armiño, a las águilas reales, alguna gran rana bermeja adulta, y a las últimas marmotas que todavía quedaban activas. Y en vez de asistir al primer turno, como el año pasado, estuve en
el último, por lo que ya no quedaban alimoches, ni escribanos hortelanos, ni alcaudones dorsirrojos, ni tarabillas norteñas que ver, ya que emigran a finales de verano.
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Rana Bermeja (Puerto de Portalet) |
En Somport están de técnicos Pilar, a quien
ya conocía del año pasado, y Héctor. Ale, a quien conocí hace dos años en un
Voluntariado en Monfragüe, terminaba su turno allí, y pude coincidir con ella
un rato para contarnos un poco sobre como nos va la vida. Como compañeras con
las que compartí las vivencias del día a día, estuvieron Toñi, Cris, y Claudia,
quien se incorporó algunos días más tarde. También nos acompañó un par de días
Pablo, quien está haciendo sus prácticas de carrera con la SEO, precisamente recopilando
datos sobre las rutas migratorias de las aves por los Pirineos.
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El hayedo del puerto, ya deshojado |
Nos alojábamos en el albergue de Canfranc
Estación, donde a diario, con tan sólo asomarse al Río Aragón, que también
presta su nombre al valle, podíamos disfrutar de los mirlos acuáticos que se
movían a lo largo de aquel tramo del cauce. Censábamos de 9.00 a 18.00, por intervalos
de una hora, y posteriormente pasábamos los datos en el albergue. Contábamos
con tres puntos de observación, el hito 304, cerca del propio Puerto de
Somport, y la cima del Tobazo, a 2.000 metros de altitud, que eran los dos que
visitábamos asiduamente, más el Col de Ladrones, cerca del pueblo, reservado
para cuando las nieblas impedían ir a los otros dos, y que hecho fue donde
acudimos los dos primeros días, y donde gracias a Héctor vimos una cigüeña
negra que divisó contra el cielo gris. Además, durante el fin de semana,
montábamos el stand informativo en Canfranc Estación, y paralelamente también
anotábamos las aves que por allí se vieran. Porque no sólo apuntábamos las
migradoras, sino también las sedentarias, elaborando así una relación de aves
bastante exhaustiva.
Diversas especies de aves planeadoras, y particularmente rapaces, utilizaron
el Puerto de Somport y el Valle del Aragón en su viaje hacia el sur aquellos
días. Los últimos halcones abejeros, que ya pasaban dispersos, en lugar de concentrados
en grandes grupos. También en solitario viajaban las águilas calzadas. Algún
gavilán, ratonero y milanos reales, entre los que había que discernir entre la población
residente y los que estaban en paso. En el caso de los milanos resultaba más
sencillo, pues en migración solían ir agregados en pequeños grupos. Especies que testimonialmente pasaron, y constituían la sorpresa del día, fueron los
aguiluchos pálido y lagunero, la cigüeña negra y el águila pescadora (que yo ni
siquiera vi, por lo alejada que estaba, a pesar de indicármela Héctor),
localizadas por los ojos expertos de los técnicos que nos acompañaban. Nos quedamos con las ganas de ver pasar algún cormorán, pero sobre todo la llegada de las grullas.
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El entorno del Puerto de Somport |
Pero no sólo detectamos el paso de las
grandes aves planeadoras. También pájaros en el sentido más estricto, tenían
Somport en sus rutas viajeras como lugar de paso. De hecho el ave migratoria que
en cuanto a importancia numérica se refiere que cruzó los Pirineos por este
puerto, fueron las pequeñas golondrinas comunes. Desde pequeños grupos
inferiores a cuatro o cinco, incluso alguna en solitario, hasta algún bando que
aglutinaba más de cien ejemplares que Pilar llegó a contar. Con sus parientes
los aviones roqueros resultaba más difícil saber si iban de paso, o pertenecían
a la población local. Otro tanto igual ocurría con los zorzales charlos, que a
menudo sorprendíamos posados en la cúspide de los pinos negros (Pinus uncinata), con los mosquiteros que
se desplazaban tranquilamente entre la vegetación arbustiva, o los bandos de
pinzones que se movían por allí. Fuimos testigos en los últimos días de la
llegada de los primeros lúganos, pero la gran sorpresa nos la dieron los mirlos
capiblancos. Irrumpieron en bandos de hasta una docena estos túrdidos que era
la primera vez que observaba, avisando de su llegada con su poderoso reclamo, y
teniendo la delicadeza alguno de sus integrantes de pararse en los pinos
cercanos a tomar un breve descanso, más que suficiente como para permitirnos contemplarlos
a la perfección, pudiendo apreciar además de la característica mancha pectoral
que los distingue, la finas motas claras con la que está salpicado su oscuro
plumaje. Podría decir que sólo por el bimbo de esta especie, valieron la pena
las largas jornadas de campo.
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Vistas desde el Tobazo |
En cualquier caso, no siempre es fácil
establecer el estatus poblacional de muchas de las aves citadas, que aunque se
hallan establecidas en los Pirineos como estivales o residentes, más tarde o
más temprano todas efectuarán movimientos, cuanto menos de dispersión, cuando
lleguen los fríos y las nieves. Y a veces, aún teniendo claro que se trataba de
especies en migración, como es el caso de las golondrinas, nos despistaba el
rumbo de vuelo que tomaban, aunque evidentemente lo harían para reagruparse y
virar posteriormente en sentido sur. Y las aves no eran las únicas que parecían
estar sujetas al imperativo migratorio. También algunas mariposas, entre las
que se cuentan los blancos piéridos, y ejemplares de Vanessa atalanta parecían estar impulsadas, a pesar de su aparente
fragilidad, a desafiar la dureza de los perfiles montañosos.
Pero el elenco de aves sedentarias es
todavía más amplio. Aves que a diario contemplábamos, en cualquier ubicación
donde nos estableciésemos, eran los buitres leonados, que al empezar a calentar
el sol por las mañanas, empezaban a ascender en columnas aprovechando las
corrientes térmicas, o bien surcando el espacio aéreo sobre las cumbres a las
horas centrales del día o primeras de la tarde. Era fácil ver también algún
quebrantahuesos, a veces dos, haciendo lo mismo que los buitres, y en alguna
ocasión junto a ellos. Entonces podíamos apreciar comparativamente las patentes
diferencias que hay en las siluetas de estas dos grandes aves necrófagas.
También los milanos reales se dejaban ver a diario, bien algún residente en la
zona, bien los que iban de paso.
La algarabía de las chovas piquiguardas me
llamaba mucho la atención. Su registro de voces difiere mucho de los graznidos
de su prima, la chova piquirroja, también allí presente, y en mayores cifras.
La corneja es otro córvido al que veíamos y escuchábamos todos los días, de
hecho andaban por Canfranc Estación, como las palomas lo hacen en cualquier
otro pueblo o ciudad.
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Corneja Negra |
Además, en cada punto de observación
contábamos con una serie de aves habituales. Si en el pueblo de Canfranc
Estación además de las cornejas y los mirlos acuáticos, también se solían ver
las lavanderas cascadeñas, en los pastizales y los pedregales del Tobazo nunca
faltaban los bisbitas alpinos ni las collalbas grises, y también era fácil
localizar a los acentores alpinos, mientras que el hito 304 siempre veíamos al
pequeño carbonero garrapinos. A parte de los zorzales, otros que también tenían
predilección por posarse en las horquillas de los pinos eran los piquituertos. Pero
además de las aves, también era frecuente que desde este punto de observación,
descubriéramos los corzos en el algún claro del bosque, o los oyéramos ladrar,
al zorro prospectando su territorio en los bordes del bosque, y los rebaños de
sarrios en las laderas de montaña. Los sarrios, que ya empezaban a cambiar el
pelaje de verano por el de invierno, y que pronto comenzarán con el celo,
tampoco entrañaba demasiada dificultad encontrarlos en el camino del Tobazo.
Los prados en torno a las instalaciones de las pistas de esquí que debíamos
atravesar en nuestro trayecto hacia el Tobazo, eran un buen lugar para ver
lavanderas blancas, bandadas de pardillos y a los escribanos cerillos. La
lagartija roquera también resultaba fácil descubrirla soleándose por las rocas
de los alrededores del hito 304. Y los días que fuimos al Col de Ladrones,
siempre vimos al escribano montesino y al acentor común. Además, en una fosa
que contenía agua, había renacuajos de rana bermeja. El colirrojo tizón era
habitual verlo también en los aledaños del Puerto de Somport, por las
inmediaciones del Col de Ladrones y del Tobazo, así como los gorriones comunes
y el mirlo común lo eran en Canfranc Estación.
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Los alrededores del Col de Ladrones |
Si no a diario, no resultaba demasiado
rara la observación del águila real, cernícalos y algún ratonero en algunos
puntos. El halcón peregrino fue una rapaz a la que sólo vimos en alguna
ocasión. Como también lo fue una garza real que habitaba un pequeño pantano
cerca del puerto, que vertía sus aguas al río donde un día pude ver un par de
truchas en sus trasparentes aguas, indicando la buena calidad de las mismas con
su presencia. Por el puerto, o incluso desde el Tobazo también vimos en alguna ocasión
a los verderones serranos, pero siempre pasando fugazmente en vuelo. Lo mismo
que el par de veces en sendos días que llegué a ver las perdices pardillas. Me
frustró no conseguir verlas paradas, puesto que era la primera vez que las
observé. El arrendajo, siempre próximo a los bosques, era fácil de descubrir
por sus gritos y en sus vuelos desde el hito 304 y en el Col de Ladrones, lugar
este último donde también se manifestaban carboneros y herrerillos comunes. Más
montaraz, al cuervo se le podía ver con mayor facilidad desde el Tobazo, por
donde también se solían desplazar verdecillos y pardillos. Desde el Tobazo
llegamos a ver también en alguna ocasión unas urracas.
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El hayedo de Canfranc, aún con hojas |
El pico picapinos y los mitos, los vimos
el día que Claudia y yo teníamos que quedarnos a cargo del stand junto a la
estación de tren del pueblo. Por la tarde, que teníamos libre, decidimos dar un
paseo por el Arboreto de Canfranc, un bosque tan denso donde apenas llegaba la
luz al suelo, y donde tan sólo oíamos los trinos del trepador azul, las notas
del herrerillo capuchino, pero sin llegar a ver ningún pájaro, a excepción del
alarmado mirlo. Los caminos ascendentes se cruzaban por otros que seguían
paralelos las curvas de nivel de la falda de la montaña. Y sin saber
exactamente por donde apareceríamos cuando decidimos volver, salimos a un claro
de bosque, junto al pueblo, en el que se congregaban multitud de pájaros. Se
escuchaba al chochín, y podíamos ver algún carbonero común, petirrojos y a la
curruca capirotada. También se dejó ver, y bastante cerca el carbonero
palustre, mientras que con el paso del tiempo en el rato que allí echamos,
empezaron a oírse las lastimeras notas del camachuelo común, que en aquel
momento no identifiqué. Este lugar descubierto fortuitamente por Claudia y por
mí, se convirtió en un punto de interés que en días sucesivos, o bien por la
mañana antes de irnos, o bien por la tarde al volver de nuestra jornada de
censos en el puerto, visitábamos los técnicos, mis compañeras voluntarias y yo.
Se daban cita allí las cinco especies de páridos ibéricos. También los
agateadores, probablemente ambas especies, aunque los días que yo los vi fue
imposible determinar cual, además del trepador azul. Y tampoco faltaba algún
mosquitero, el acentor común, la curruca capirotada, el chochín, el reyezuelo
listado, petirrojos o algunos camachuelos pululando por allí. Una madrugada
escuché ladrar los corzos por allí cerca mientras hacía una espera, y acabé
viendo una ardilla a la entrada del bosque.
Lista
de Especies Observadas (Orden Sistemático):
- Ardilla Roja
(Sciurus vulgaris)
- Zorro Rojo (Vulpes vulpes)
- Sarrio (Rupicapra pyrenaica pyrenaica)
- Corzo (Capreolus capreolus)
- Garza Real (Ardea cinerea)
- Cigüeña
Negra (Ciconia nigra)
- Buitre
Leonado (Gyps fulvus)
- Quebrantahuesos
(Gypaetus barbatus)
- Milano Real
(Milvus milvus)
- Abejero
Europeo (Pernis apivorus)
- Busardo
Ratonero (Buteo buteo)
- Gavilán
Común (Accipiter nissus)
- Aguilucho
Lagunero Occidental (Circus
aeroginosus)
- Aguilucho
Pálido (Circus cyaneus)
- Águila Real
(Aquila chrysaetos)
- Águila
Calzada (Aquila pennata)
- Cernícalo
Vulgar (Falco tinnunculus)
- Halcón
Peregrino (Falco peregrinus brookei)
- Perdiz
Pardilla (Perdix perdix)
- Pico
Picapinos (Dendrocopos major)
- Golondrina
Común (Hirundo rustica)
- Avión
Roquero (Ptyonoprogne rupestris)
- Bisbita
Alpino (Anthus spilonetta)
- Lavandera
Blanca (Motacilla alba alba)
- Lavandera
Cascadeña (Motacilla cinerea)
- Mirlo
Acuático (Cinclus cinclus)
- Chochín
Común (Troglodytes troglodytes)
- Acentor
Común (Prunella modularis)
- Acentor
Alpino (Prunella collaris)
- Petirrojo
Europeo (Erithacus rubecula)
- Colirrojo
Tizón (Phoenicurus ochururos)
- Collalba
Gris (Oenanthe oenanthe)
- Mirlo Común
(Turdus merula)
- Mirlo
Capiblanco (Turdus torquatus)
- Zorzal
Charlo (Turdus viscivorus)
- Reyezuelo
Listado (Regulus ignicapilla)
- Mito Común (Aegithalos caudatus taiti)
- Carbonero
Común (Parus major)
- Herrerillo
Común (Cyanistes caeruleus)
- Carbonero
Garrapinos (Periparus ater)
- Herrerillo
Capuchino (Lophophanes cristatus)
- Carbonero
Palustre (Poecile palustris)
- Trepador
Azul (Sitta europaea caesia)
- Arrendajo
Común (Garrulus glandarius)
- Urraca (Pica pica melanotos)
- Chova
Piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)
- Chova
Piquigualda (Pyrrhocorax graculus)
- Corneja
Negra (Corvus corone)
- Cuervo
Grande (Corvus corax)
- Gorrión
Común (Passer domesticus)
- Pinzón
Vulgar (Fringilla coelebs coelebs)
- Verderón
Serrano (Carduelis citrinella)
- Lúgano (Carduelis spinus)
- Pardillo
Común (Carduelis cannabina)
- Piquituerto
Común (Loxia curvirostra)
- Camachuelo
Común (Pyrrhula pyrrhula)
- Escribano
Montesino (Emberiza cia)
- Escribano
Cerillo (Emberiza citrinella)
- Lagartija
Roquera (Podarcis muralis)
- Rana Bermeja
(Rana temporaria)
- Trucha Común
(Salmo trutta)